Movistar Estudiantes desciende

Foto: ACB Photo

Y al final llegó el final. Después treinta y tres jornadas de agonía y una de infarto, Movistar Estudiantes será el equipo que ocupe la plaza de descenso a la LEB Oro que quedaba vacante acompañando al ya descendido Guipúzcoa Basket. Ni el incondicional apoyo de su afición, ni los a deshora parches que la directiva del club colegial ha ido cosiendo a un equipo con demasiados agujeros por tapar, ni los más que dudosos -y vergonzosos- ofrecimientos de última hora para que fuera Manresa quien descendiera, han logrado evitar el descenso de los estudiantiles.

Los méritos deportivos y la lógica dictan que tanto Guipúzcoa Basket como Estudiantes deberían ser los equipos que dejaran paso tanto al ya ascendido Quesos Cerrato Palencia como el ganador de la eliminatoria entre Melilla y Huesca, convirtiéndose así en los nuevos integrantes de la irrisoriamente llamada segunda mejor liga del mundo. Pero de todos es sabido que los méritos deportivos y la lógica hace años que pasaron a un segundo plano en nuestro baloncesto, donde el dinero se ha convertido en el único factor válido para decidir la categoría de un club -que no de la liga, muy por debajo de lo que marca su autoestima-.

La ACB, conocedora del habitual desenlace veraniego de todas estas situaciones, da la callada por respuesta y hace oídos sordos a los constantes cantos de sirena mientras se refugia y se remite sus casi inexpugnables “requisitos económicos” los cuales han convertido la liga en una competición irreal y endeudada hasta las cejas, cuyo atractivo decae vertiginosamente con el paso de los años.

Hasta aquí todo normal. Pero sólo hasta aquí. Por fin en muchos años al película de todos los veranos apunta a un final diferente.

Para empezar, a los dos ascensos deportivos, tendríamos que sumar el ascenso “en diferido” del COB, al que la ACB se comprometió el año pasado tras un acuerdo con el club gallego que evitaba daños mayores, después de que éstos se ganaran ese derecho en la pista y en los despachos. Con el presumible ascenso de los orensanos -y digo presumible porque las escasas y contradictorias noticias que llegan desde el noroeste peninsular están dando pie a diversas especulaciones- debería ser el GBC, último clasificado este año, el primer equipo confirmado para jugar el año que viene en la LEB Oro. Pero los guipuzcoanos, nada contentos con el las pocas escenas de su personaje en este filme que promete ser un éxito de taquilla -aunque no de crítica- ha decidido retocar el guión establecido y plantearle el primer contratiempo a la ACB. Los dirigentes del GBC han afirmado que si el único ascenso que se produce es el del COB -ascenso administrativo- ellos reclamaran que el descendido sea el Club Baloncesto Fuenlabrada, quien ha terminado esta temporada en octava posición, es decir, dentro de los puestos de play off por el título, último clasificado la temporada pasada y año en el que ser debería haber hecho efectivo el ascenso -deportivo- de los gallegos.

A todo esto hay que sumarle la aparición de nuevos actores que van a complicar la trama un poco más si cabe, dando un giro inesperado y pudiendo provocar un final tan distinto como dramático y esperanzador. Me refiero al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, al Consejo Superior de Deportes, y a la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia.

El primero de ellos, palentino de pro, es uno de los que últimamente más ha luchado -desinteresadamente o no- para la eliminación de las barreas económicas en el baloncesto nacional. El segundo se ha convertido repentinamente en un azote constante desde que los acuerdos de la ACB con Euroliga han puesto en peligro la participación de la Selección en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro amen de su posible exclusión en el próximo Eurobasket. Y el tercero y más desconocido para la mayoría -aunque sin duda el más importante por el momento-, ha sido el encargado de activar el botón rojo y disparar todas las alarmas en las oficinas de la calle Iradier.

La CNMC es el órgano que garantiza la libre competencia, regulando los mercados y sectores productivos para proteger a los consumidores, y ha dictado una resolución “vinculante” para la supresión del Canón ACB el cual ha calificado como injustificado, desproporcionado y discriminatorio, haciendo hincapié además en que le mismo “no se utiliza para la mejora de la competición”, algo que se lleva advirtiendo desde hace mucho tiempo. Y por si esto no fuera suficiente para mantenernos pegados al asiento, el mismo tribunal de la competencia ha puesto en duda la legalidad del fondo de Ascensos y Descensos cantidad de dinero que ingresan los equipos que ascienden y van a parar a los equipos que descienden- al considerarlo igualmente desproporcionado y discriminatorio, por lo que si su resolución alcanzara firmeza pasaría igualmente a ser vinculante, lo cual abriría la puerta que desde hace demasiado tiempo lleva cerrada a los equipos de la Liga LEB que conseguían el ascenso en la cancha, y haría que los cimientos económicos en los que se basa la propia existencia de la ACB empezaran a resquebrajarse, pues supondría dejar de ingresar más de cinco millones de euros por equipo -los tres millones y medio del Cánon y los poco más de dos del Fondo- que tendría tendría que cubrir la propia Asociación con el desequilibrio económico que eso conllevaría.

Todo esto sin contar la lluvia de reclamaciones por parte de los damnificados durante todos estos años -empezando por el C.B. Tizona (Burgos) que se vio abocado a la desaparición después de ser negado tres veces por la propia ACB, y acabando por el Andorra, último equipo en pagarlo y sin tiempo aun para recuperar la “inversión”- que pondría a prueba la resistencia del paraguas legal y económico de la Asociación de Clubes de Baloncesto, demasiado dañado por los últimos temporales que desde hace meses le vienen azotando, y sin dejar de lado el desorden organizativo y deportivo que supondría.

El final de la película está cerca y todavía son demasiadas las preguntas que plantea este despropósito. Eso sí, de momento todo indica que esta vez veremos un final diferente.

Mientras tanto, las palabras que mejor definen la situación actual de nuestra liga las encontraba hacer unos días en un artículo titulado Cronología de un caos: el último partido de Estudiantes en la ACB firmado por Guillermo Ortiz para la revista Jot Down:

“Nadie sabe nada. Los partidos se siguen jugando con diferencias abismales de presupuesto, decenas de jugadores y entrenadores siguen sin cobrar o sin cobrar en tiempo y forma, y el espectáculo continua.”

Es la ley del showbusiness. El espectáculo debe continuar, aunque éste sea lamentable.

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