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El milagro de Danny Manning

‘El milagro de Danny’. Este título tan novelesco o cinematográfico trascendió la frontera de la realidad para convertirse en un sueño, el sueño dorado de la Universidad de Kansas. Los Jayhawks consiguieron, 36 años después, proclamarse campeones de la NCAA gracias principalmente a las actuaciones de Danny Manning, que desde su llegada al centro de Estados Unidos comenzó a forjar una leyenda que le ha llevado a estar entre los mejores jugadores universitarios de la historia del baloncesto norteamericano.

La genética y la sangre baloncestística confluyeron en la figura de Danny, que había visto a su padre Ed jugar tanto en la ABA como en la NBA. Así, el interés de Manning por el baloncesto surgió pronto, y sus capacidades para este deporte quedaron patentes ya en su instituto, el Page High School, donde promedió 18.8 puntos y nueve rebotes por encuentro, convirtiéndose en la referencia de un equipo que consiguió un balance de 26-0 y se alzó con el título estatal. El siempre cambiante mundo del baloncesto provocó que su padre, ya retirado de la práctica profesional, se convirtiese en entrenador asistente de la Universidad de Kansas, lo que obligó a Danny a jugar en su último año de instituto en Lawrence, donde fue nombrado jugador del año en ese Estado.

La trayectoria deportiva de Manning no había hecho más que empezar. Su progresión en el juego fue notable desde el inicio de su etapa universitaria, y en su segundo año llevó a los Jayhawks a la Final Four de la NCAA. Pero su gran explosión, o mejor dicho, el premio a su impacto en el baloncesto universitario llegó precisamente en su último año. Kansas venció a Oklahoma (83-79) en la final del campeonato, y Danny completó una actuación estratosférica: 31 puntos, 18 rebotes, cinco robos y dos tapones. Estos números, unidos a los realizados durante la temporada, le llevaron a ganar los premios Wooden, Naismith y Eastman como jugador universitario del año.

Pero los reconocimientos no terminaron ahí. El equipo de Kansas de 1988 pasó a ser conocido como ‘Danny y los Milagros’, y el jugador recibió el galardón de mejor jugador del torneo, así como el Jugador de la década en la Big Eight Conference. Globalmente, los números sitúan a Danny Manning entre los mejores de la historia del baloncesto universitario: en sus cuatro años, promedió 20,1 puntos, 8,1 rebotes y 2,3 asistencias por partido, además de registrar 45 dobles-dobles y 22 partidos de 30 puntos o más. Se convirtió en el máximo anotador y reboteador de la Universidad de Kansas, además de ser el máximo anotador de todos los tiempos de la Big Eight Conference con un total de 2.951 puntos.

Ante estas sobresalientes actuaciones, las recompensas no tardaron en llegar. La más inmediata fue su presencia en el equipo de Estados Unidos que disputó los Juegos Olímpicos, donde el país norteamericano se colgó la medalla de bronce. La segunda, de carácter más individual y con más sensaciones positivas, fue su elección en el número 1 del draft por Los Angeles Clippers. Danny Manning llegaba de esta forma a la mejor liga de baloncesto del mundo, y lo hacía, estadísticamente, como el mejor jugador de ese año.

Foto: John W. McDonough / Sports Illustrated

Sin embargo, el infortunio hizo acto de presencia en su primera temporada en la NBA, pues Manning sólo pudo disputar 26 partidos debido a un desgarro del ligamento cruzado anterior que le obligó a pasar por quirófano para someterse a una cirugía artroscópica de la rodilla. Aún así, el jugador procedente de la Universida de Kansas promedió 16,7 puntos y 6,6 rebotes por encuentro, lo que se tradujo en una mayor confianza en la franquicia angelina de cara a la siguiente temporada. Pero el regreso no fue todo lo bien que se esperaba y Danny mantuvo sus números sin ser capaz de mejorarlos, llegando a dar una sensación de estancamiento en su baloncesto.

Tras una mejora numérica en la temporada 1991-1992 (19,3 puntos y 6,9 rebotes de promedio), Danny Manning continuó mejorando y al año siguiente firmó los mejores números de su carrera: 22,8 puntos y 6,6 rebotes, situación que provocó que fuera elegido por primera vez para disputar el All-Star Game, situación que repitió al año siguiente. En la campaña 1993-1994, Manning llegó a superar sus estadísticas anteriores (23,7 puntos y siete rebotes), pero tras disputar 42 partidos con la camiseta de los Clippers, fue traspasado a Atlanta Hawks a cambio de Dominique Wilkins y una primera ronda del draft. En Georgia, sus números empeoraron en buena medida por sus problemas de rodilla.

Las lesiones parecían acabar con la trayectoria deportiva de un excelente jugador, pues Danny Manning, traspasado a Phoenix Suns, sólo pudo disputar un total de 79 partidos en las dos siguientes temporadas, evidenciando graves problemas. Sin embargo, cuando todo parecía abocado a un final prematuro, el ala-pívot volvió a obrar el ‘milagro’. Convertido en un suplente de lujo, Manning prácticamente calcó sus números durante tres años, y en la temporad 1997-1998  fue nombrado Mejor Sexto Hombre de la NBA, aportando 13,5 puntos y 5,6 rebotes en 26 minutos de juego desde el banquillo de la franquicia de Arizona, convirtiéndose además en el primer jugador de la liga estadounidense en volver a las canchas tras una cirugía artroscópica en ambas rodillas.

A partir de ese momento, sus minutos en pista y sobre todo sus números disminuyeron considerablemente, y tras un año más en los Suns, Danny Manning pasó por un equipo cada temporada: Milwaukee Bucks, Utah Jazz, Dallas Mavericks y Detroit Pistons. Tras finalizar la temporada 2002-2003, el jugador estadounidense puso el punto y final a su carrera como baloncestista profesional. Después de 15 años como jugador de la NBA, donde fue capaz de vivir las dos caras de la moneda, Manning continuó ligado al baloncesto, primero como entrenador de desarrollo en la Universidad de Kansas y luego como asistente, formando parte del cuerpo técnico de los Jayhawks que se proclamaron campeones de la NCAA en 2008. En 2012 se convirtió en entrenador jefe en Tulsa Golden Hurricane, donde estuvo dos temporadas hasta marcharse a Wake Forest, donde ejerce actualmente como entrenador jefe.

Danny Manning consiguió obrar el milagro. Desde sus 208 centímetros, el jugador estadounidense dominó con autoridad en el instituto y fue capaz de extender esta superioridad a la universidad. ‘El milagro de Kansas’ se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia universitaria y vivió en la mejor liga de baloncesto del mundo las dos caras de la moneda. La cruz llegó en forma de lesiones que le impidieron brillar con más intensidad, pero no le privaron de conseguir el galardón de Mejor Sexto Hombre vistiendo la camiseta de Phoenix Suns. Un hombre dedicado al baloncesto que ahora intenta enseñar todo lo bueno de este deporte en la universidad, el lugar donde comenzó a forjar su leyenda.