Nadie dijo que la NBA no concediera segundas oportunidades. Tras una de las carreras más exitosas en el baloncesto FIBA de los últimos años, Sergio Rodríguez revivirá su etapa NBA en Philadelphia, dentro de un contexto radicalmente diferente (tanto en lo deportivo como en lo económico) a lo que fue su anterior andadura en Estados Unidos.

Más allá de su contrato por un año y 8 millones, al Chacho le espera un equipo con un ecosistema complejo, el cual puede no entenderse bien si se desconocen ciertos aspectos de la trayectoria reciente de la franquicia.

Por ello, en estas líneas se tratará de analizar de modo general lo que le espera al otro lado del charco, anticipando su rol y posibilidades tanto dentro como fuera de la pista.

¿Será esta nueva oportunidad la redención del Chacho? ¿Reúnen los actuales Sixers las condiciones para que Sergio se sienta cómodo en la NBA? Está por ver, pero hay motivos para un moderado optimismo y, sobre todo, nada (o muy poco) que perder para él.

Philly, siguiendo el camino de una ambiciosa reconstrucción

Sergio se va a encontrar un equipo que sigue en reconstrucción, pero ya no es aquel del tan cacareado 10-72. Ahora Philly ha subido un escalón y ya cuenta con cimientos de talento para optar a mayores metas en el medio / largo plazo.

Tras la renuncia de Sam Hinkie como GM de los Sixers y la llegada de Bryan Colangelo, hubo mucho ruido sobre el cambio de dirección en la estrategia de la franquicia, llegando a comentarse en los medios que se iba a encaminar la reconstrucción más extrema y ambiciosa de la historia de la liga (conocida como “The Process”) hacia un plano más “win now”. Se hablaba de ofertas a agentes libres cotizados y traspasos de resultado cortoplacista. Así, sin anestesia.

Pero nada más lejos de la realidad. Colangelo ha apostado por mantener a los miembros con más potencial del bloque del año pasado, conservando también todos los activos de la era Hinkie (incluso las rondas de draft 24 y 26 de este año, que siempre estuvieron en rumores de traspasos) sin arriesgar en el largo plazo.

Al mismo tiempo, se ha incrementado la competitividad de la plantilla firmando veteranos fiables en la agencia libre con contratos cortos y de bajo coste, algo que el equipo echó en falta anteriormente. De esta manera, se pretende que los jóvenes estén tutorizados, mientras que se añade algo de experiencia y talento para evitar el hundimiento del año pasado.

El núcleo lo seguirán formando jugadores de entre 20 – 25 años, la mayoría supervivientes de la etapa experimental que fueron los años de The Process, donde se pusieron a prueba decenas de jugadores (con algunos grandes hallazgos) pero obviamente los resultados deportivos pobres.

La principal diferencia respecto a la anterior temporada es que este bloque ha crecido y disparado su potencial con la incorporación de las dos grandes esperanzas de la franquicia, llamadas a ser la piedra angular sobre la que todo girará en el futuro. Sí, hablamos de Ben Simmons y Joel Embiid, dos especímenes con cualidades para dominar la liga, pero a día de hoy todavía con muchas incógnitas a su alrededor (especialmente Embiid, por su conocido ostracismo con las lesiones que no le ha permitido debutar en dos años). La temporada será un campo de pruebas para entender y descubrir qué hace falta para construir un equipo ganador en torno a ellos.

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Ben Simmons junto a Joel Embiid. Fuente: Instagram @bensimmons

Una vez se confirme lo que pueden ser Ben y Joel en pista, la franquicia conservará aún muchísima flexibilidad de cara al verano de 2017, con la posibilidad de tener dos primeras rondas del draft y disponer de muchos millones de espacio salarial. Ahí será cuando los Sixers del futuro empezarán a cobrar forma

Colangelo habló de “acelerar” la reconstrucción del equipo, pero no de pasar de 0 a 100. Ha decidido conservar la paciencia y esto probablemente le premie en el futuro.

El rol de los nuevos veteranos

Sergio entrará a formar parte de la cuadrilla de veteranos que serán guías y mentores del vestuario, los cuales tendrán una presencia que irá bastante más allá de lo simplemente testimonial.

Jerryd Bayless, Gerald Henderson y el propio Chacho (Carl Landry no está incluido, ya que su continuidad está cuestionada y en cualquier caso tendrá un papel menor), no son “veteranos” en el ocaso de sus carreras, sino que tienen aún bastante recorrido por delante. Salvo el Chacho, ninguno llega a la treintena y vienen de firmar una temporada bastante sólida en sus respectivos equipos.

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Jerryd Bayless durante un partido de su etapa en los Bucks. Fuente: CSN Philly.

No obstante, sus perfiles no dan para copar un puesto de titular en una franquicia competitiva a día de hoy, sino que encajan más bien como jugadores de rotación sólidos que pueden mantener a la segunda unidad con un buen nivel de juego. En el caso de Bayless y Henderson, eso es lo que han sido hasta ahora, y es también para lo que está proyectado Sergio.

Por el contexto que es Philly a día de hoy, seguro que alguno de ellos partirá de titular (o puede que los tres), pero ninguno adquirirá responsabilidades importantes, sino que su misión será complementar a los jóvenes desde un segundo plano. Se podría estimar que contarán con unos 20 / 25 minutos por partido para poner en valor su bagaje y recursos, especialmente cuando el equipo ande perdido o haya que mantener la cabeza fría.

El Chacho deberá aprovechar esos minutos para aportar el liderazgo en la pista que ha ido forjándose con las grandes situaciones de presión competitiva que ha vivido, como son todas esas Euroligas o ligas ACB que lleva a sus espaldas.

En definitiva, los veteranos tendrán una relevancia con techo marcado, pero sin presión. Ideal para un jugador como Sergio que busca su redención con la liga.

La incógnita de los bases bajo la influencia de Simmons

Para intuir el papel de Sergio en la pista hay que entender la enorme influencia que va a ejercer en ella Ben Simmons.

El australiano ha sido frecuentemente comparado con LeBron por su visión de juego de élite y su combinación de físico/movilidad/manejo de balón que lo definen como un espécimen perfecto para la tan actual etiqueta de “Point Forward”.

El propio Simmons ha declarado que esa es SU posición, y Brett Brown también afirmó que, si bien iba a partir desde el puesto de 4, tendría el balón en sus manos y se encargaría de dirigir el ataque la mayor parte del tiempo.

¿Qué papel le queda entonces a Sergio desde su posición?

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Ben Simmons durante su etapa universitaria. Fuente: Washington Post.

Todavía es pronto para confirmar nada, y esta cuestión será una de las cosas a trabajar y descubrir durante todo el año. No obstante, en los equipos que se han visto jugar de forma similar (mi referencia predilecta son los Heat de LeBron) el base ha aportado esencialmente lo que Simmons no está capacitado para hacer desde ese puesto: defender al base rival y abrir la pista con rango de tiro.

Sergio puede cumplir el requisito del tiro, pero el de la defensa será muy complicado, especialmente conociendo sus limitaciones físicas en la NBA. Bases del perfil de Patrick Beverley o Matthew Delavedova son ideales porque son capaces de ser muy productivos y fiables en estas áreas complementarias a la dirección del juego cediendo la batuta del ataque a otro jugador.

Sin embargo, para compensar sus limitaciones en defensa, hay un rol adicional que Sergio puede cumplir: el de “segundo generador” desde el perímetro. Esto es posible gracias a su gran domino del bloqueo directo (el cual puede explotar enormemente con Embiid o Noel/Okafor, sacando probablemente más provecho que lo que Simmons pueda) y su entendimiento del “tempo” del partido para dinamizar el ataque.

Esta función estaría orientada para suplir a Simmons cuando no esté en pista o darle un respiro cuando las defensas se centren demasiado en él, lo cual pasará mucho. Salvando las distancias, es lo que LeBron ha tenido este año con Irving, quien le ha descargado de la presión anotadora en muchos momentos.

A día de hoy, no hay ningún jugador en los Sixers que pueda asumir ese rol de segundo generador desde el perímetro ya que el equipo va justo de creatividad (si bien probablemente Saric puede estar capacitado para hacerlo desde el interior).

La capacidad ofensiva que tiene Sergio y el ritmo que le imprime al ataque pueden ser los ases en la manga de muchos partidos, haciendo que el equipo no sea tan previsible y las defensas tengan que readaptarse. Tiene que haber vida en ataque más allá de Simmons para que todo pueda fluir, y ahí es donde él debe hacerse fuerte.

Las posibilidades y el futuro de Sergio a medio plazo

A estas alturas es complicado que pueda optar a un puesto de titular en un equipo de Playoffs o a un futuro contrato cuantioso, pero los bases internacionales con su perfil y experiencia son valorados como grandes alternativas para las rotaciones de las plantillas. Y tal y como está el mercado, un contrato de “clase media” (por ejemplo 3 años por 30 millones) es algo inalcanzable para un equipo europeo.

Sergio va a tener la oportunidad de demostrar que vale para esta liga dentro de un contexto que le permitirá enseñar sus cualidades con un número de minutos bastante garantizado. Al finalizar la temporada habrá cobrado el salario de su vida y volverá a ser agente libre, pudiendo elegir sin ningún tipo de compromiso su próximo destino, ya sea en Estados Unidos o en Europa (donde podrá jugar donde quiera pese a un mal año gracias a su gran trayectoria).

Es de esperar que, si su adaptación es buena y el rendimiento le acompaña, el verano que viene tenga una oferta multianual de más de un equipo NBA. La parte del dinero estará decantada, pero le quedaría decidir si le compensa renunciar a su rol dominante en Europa.

Podríamos decir que no hay prácticamente nada que perder, ya que todo queda en sus manos y siempre podrá volver a su situación actual al acabar el año.

El camino para la redención no será fácil, pero nunca antes hubo una oportunidad más propicia para un jugador como Sergio.