Kevin Edward McHale jamás perteneció al selecto grupo de jugadores que desde antes incluso del principio de sus carreras al primer nivel vienen marcados por ese don divino que les hace intocables: McHale no fue un Michael Jordan al uso, ni un Magic Johnson, ni siquiera un Larry Bird. Una constancia a prueba de bombas y una gran ética de trabajo se convirtieron en factores decisivos a la hora de pulir su técnica, superando de largo las expectativas más optimistas y convirtiéndolo durante un período de tiempo –más corto de lo que le hubiera gustado- simple y llanamente en el mejor jugador del mundo en su posición. Todos los contrincantes que una y otra vez penetraban en la cámara de tortura sufrían de lo lindo para intentar detener la magia en movimiento de acaso el mejor juego combinado de pies y brazos de espaldas al aro de la historia del baloncesto mundial.

Kevin nació en la pequeña localidad minera de Hibbing, Minnessota, el 19 de diciembre de 1957, fruto de una curiosa mezcla, su padre (Paul) de ascendencia irlandesa, y su madre (Josephine Patricia Starcevic), con orígenes croatas. De cada uno heredó una característica muy útil para la práctica del baloncesto, de su padre la capacidad de trabajo y de superación (Paul fue minero durante más de 40 años y se dice que nunca se tomó ni un día libre por baja médica) y de su madre la altura. De joven, después de superar una poliomielitis, volcó su vida al deporte, pero no al baloncesto en los inicios, sino al más natural hockey sobre hielo, la actividad perfecta en la fría Minnessota y más concretamente en el Iron Range, una región en el interior del estado que es famosa por albergar el Hall of Fame de Hockey en Estados Unidos y también por ser el lugar de nacimiento de varios de los protagonistas del Miracle on Ice[1]. Pero a no tardar demasiado, Kevin cambió de deporte debido a su fisonomía y pronto la elección se demostró más que acertada, en el High School condujo a Hibbing a los cuartos de final del campeonato estatal, y al año siguiente a la final. El diamante en bruto se transformó en Mr Basketball en el año senior y ya era por derecho propio el hombre interior más dominante de Minnessota entre los menores de edad.

El paso lógico constituía la universidad de Minnessota (The U, como la llaman localmente), al menos para el propio interesado. Pero los rectores deportivos no tenían tan clara la elección. La universidad estaba inmersa plenamente en un período de sanciones debido al reclutamiento ilegal de jugadores, esta vez en el intervalo de tiempo en el que el futuro entrenador de la NBA Bill Musselman era el responsable. The U, que solo podía ofrecer tres becas de ámbito deportivo desde 1976 a 1979 debido a la sanción pendiente, estaba encuadrada en una conferencia potente, la Big Ten, y su entrenador, Jim Dutcher, encontraba a McHale demasiado frágil para aguantar cuatro temporadas a buen nivel en un ecosistema tan competitivo y hostil como aquel. Sin embargo, desde otra perspectiva no se compartía dicha idea, Jim Marsh, un asistente de la universidad de Utah, pasó mucho tiempo en Hibbing tratando de convencer al entorno de McHale de la conveniencia de su marcha a Salt Lake City, y a última hora se sumó a la puja la universidad de Kentucky. Ante la inminencia de perder a McHale y viendo la posibilidad real de llegar a producirse, Dutcher dio marcha atrás y lo seleccionó con la última beca disponible. McHale pasó a convertirse automáticamente en un Golden Gopher.

Kevin McHale / Foto: Pinterest

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McHale rememora aquellos primeros meses en el campus de Minneapolis como uno de los momentos más felices de su vida. Una experiencia vital en la que los jóvenes aprenden mucho más fuera de las canchas de juego que en el interior. Sin nadie ser consciente en aquel momento, el Williams Arena de la capital del estado empezaba a ser testigo de las primeras andanzas del mejor jugador nacido nunca en el frío estado de Minnessota. El cambio es brutal, de una pequeña localidad perdida a un campus relativamente grande y a un pabellón donde cabía toda la población entera de Hibbing. La recurrente transición vital que el mismo Larry Bird, en un paralelismo muy significativo, había sufrido en sus carnes un par de años antes.

Estamos en septiembre de 1976. Durante su año de freshman el equipo poseía un nivel bastante alto, con el base Ray Williams y el futuro nº 1 del draft Mychal Thompson (padre de la actual estrella de los Warriors Klay Thompson) como auténticos baluartes, pero a medida que estos hombres iban pasando al profesionalismo y las sanciones hacían mella en el proceso de reclutamiento, McHale se fue quedando solo como única punta de lanza, rodeado casi siempre por jugadores inexpertos. Después de tres años prolíficos individualmente para nuestro hombre, aunque no demsiado destacables en conjunto, el mayor logro llegó en 1980, cuando su universidad jugó la final del N.I.T. (Nacional Invitational Tournament) frente a la Virginia de un freshman llamado Ralph Sampson. Su futuro rival le ganó ampliamente la partida y Virginia se llevó el título. En este preciso momento, sus opciones de lograr un buen puesto en el draft no eran demasiadas, pero un par de buenas actuaciones en partidos de exhibición previos elevaron su cotización. Alguien entre el público sacó una muy buena impresión de lo que había observado, el mismísimo Red Auerbach.

El objetivo real de los Boston Celtics para aquel draft era, sin embargo, Ralph Sampson, un jugador del siglo XXI, enorme, coordinado, inteligente y que poseía todas las características que sueña cualquier general manager que se precie. Auerbach pretendía utilizar su número 1 (obtenido después de una serie de traspasos de picks previos) en el jugador de Virginia, sin embargo, después de tensas reuniones con su entorno, éste decidió permanecer los cuatro años de rigor en la universidad y no dar un paso que se suponía arriesgado. L

Los nombres de Joe B. Carroll, Darrell Griffith y Kevin McHale sonaban en todas las quinielas para ocupar los tres puestos del podium. Con los Celtics escogiendo en primer lugar se les presentaba una disyuntiva, la elección lógica parecía el talentoso pívot Carroll, pero de puertas hacia dentro no convencía lo más mínimo. Auerbach y el entrenador Bill Fitch, sin embargo, lanzaron el farol de que lo elegirían, aunque Kevin McHale fue siempre su objeto de deseo. Bill Fitch, por otra parte el padre y ejecutor de la famosa operación, declaraba años más tarde:

“Jamás se nos pasó por la imaginación optar por Carroll, aunque hicimos creer al mundo que sí. Nos gustaba McHale por su defensa, intimidación, capacidad de rebote y su tiro tras media vuelta cerca del aro, pero no lo suficiente como para ponerlo de número 1, por eso buscábamos una operación de traspaso”. – Bill Fitch

A los Golden State Warriors sí que les convencía la opción Carroll, de hecho estaban ansiosos por poder hacerse con sus servicios. Buscaban un center joven que relevara a otro que no había convencido en sus cuatro primeras temporadas, Robert Parish. Un primer acercamiento se produjo en Lexington, en el verano de 1980, durante los trials para la que sería próxima cita olímpica en Moscú (a la que nunca se acudió debido al boicot americano). Bill Fitch y Pete Newell (por entonces ejecutivo de los Golden State Warriors) se vieron las caras para discutir un posible traspaso de derechos, sin resultado aparente en primera instancia. Pero la más que factible pérdida de Parish un año después al convertirse en agente libre precipitó los acontecimientos, se incluía al center de Shreveport en el cambio de cromos. Los Celtics se quedaban con el número 3 del draft más Parish, mientras que los Warriors conseguían a su objeto de deseo, Carroll, más el número 13 (un viejo conocido de la ACB, Ricky Brown).

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Foto:NBA

Tras la famosa operación de Auerbach y Fitch McHale acaba en los Celtics, circunstancia casi impensable en su infancia, cuando se declara un auténtico seguidor de los Lakers, que no olvidemos, ven la luz originalmente en la tierra natal de Kevin, Minnessota. Después de unas disputas contractuales en las que el jugador amenaza con irse a Italia si Auerbach no escucha sus peticiones pecuniarias, al fin éstas llegan a buen puerto. Y su carrera comienza a despegar lenta pero irremediablemente. Tres anillos (81,84 y 86), mejor sexto hombre de la NBA en 1984 y 1985, all-star en siete ocasiones y su ascensión a la titularidad en 1985 después de la lesión de Cedric Maxwell. Kevin McHale, en el pequeño período que abarca desde 1985 a 1987 fue el mejor cuatro del mundo, hasta que una lesión fortuita en su hueso navicular le cortó las alas. Desde entonces se produjo un declive lento hasta ser relegado a la suplencia de nuevo y acabar sus días como profesional en 1993 como una sombra de lo que fue, aunque aún dando clases de maestría al poste bajo.

Kevin, el primer Gopher elegido para el Hall of Fame de Springfield (1999) siempre reserva un pequeño hueco en su corazón para su Hibbing natal, para la U y para aquellos gloriosos días para él en los que aprendió cómo desenvolverse en la vida tanto deportiva como privada. Los orígenes nunca se deben olvidar, no importa lo famoso que hayas sido o donde hayas estado. Para siempre quedarán sus recuerdos.

[1] The Miracle on Ice. Hablamos del apelativo con que se conoce el triunfo de la escuadra de Estados Unidos en la final de los JJOO de invierno de 1980 sobre la URSS. Un grupo de jóvenes universitarios derrotó al experimentado y potentísimo bloque soviético, 4-3, días después de recibir una auténtica paliza en rondas previas.