“Siempre tuve una pelota naranja en las manos para picar contra el piso e intentar encestar en un aro”.

Walter Herrmann (26 de junio de 1979, Venado Tuerto, Argentina) siempre tuvo claro que sería jugador de baloncesto. Si todo iba bien, el baloncesto tendría la suerte de recibir a una persona que amaba el deporte de la canasta como nada en la vida. Una persona que daría todo por su sueño: jugar al baloncesto.

Todo está en tu mano.

[Cuando niño preguntaba 
si el río llegaría algún día al mar.
Una voz que andaba por ahí
me dijo: “tiempo al tiempo”.]

Y así fue, con sólo 17 años Herrmann empezó a jugar oficialmente en el equipo de su ciudad natal, el Olimpia Basketball Club. Allí coincidió, durante los cuatro años que estuvo (1996-2000) con otros jugadores míticos de Argentina como Alejandro Montecchia (desde el 1996 hasta el 1998) o Andrés Nocioni (96/97).

Las dos siguientes temporadas pasó a jugar en el Atenas de Córdoba (2000/2002) donde dio un gran paso en su carrera siendo nombrado MVP de las finales de la Liga Nacional de Básquet (LNB) en la temporada 01/02. Walter ya triunfaba en Argentina y su salto a Europa era más que evidente.

Este paso se dio de la mano del Jabones Pardo Fuenlabrada causando una gran impresión. Su primera temporada en Europa no dejó indiferente a nadie. Herrmann acabó como MVP de la Temporada 02/03 promediando 23 puntos y casi 10 rebotes por partido. Pero no fue este el único galardón que recibió. Fue, además, seis veces Jugador de la Semana, dos veces Jugador del Mes y, en el All-Star acabó como MVP. Su efectividad estaba fuera de toda duda, si bien, Hermmann llamaba la atención por algo más: cuando la bola tocaba las manos del argentino, la magia se personificaba en jugador de baloncesto y el espectáculo se abría camino en la cancha. Cuando Herrmann jugaba, todos miraban.

Walter causaba sensaciones en España y los equipos grandes se fijaban en él. El jugador argentino había triunfado nada más llegar, dando unos resultados increíbles a la par que espectaculares. En julio de 2003, Unicaja hacía oficial el fichaje de Herrmann que se pondría bajo el mando de Paco Alonso aunque por poco tiempo, ya que fue sustituido en los primeros meses de competición por Sergio Scariolo, quien llevaría grandes éxitos al conjunto malagueño. Pero todo eso viene después.

La superación como forma de vida.

[Well, sing, sing at the top of your voice,
Love without fear in your heart.
Feel, feel like you still have a choice
If we all light up we can scare away the dark.]

Para Herrmann sería un verano que seguro no querrá recordar. Justo un día después de anunciar su fichaje por un equipo de Euroliga, el 19 de julio de 2003 fallecieron su madre (Cristina Heinrich), su hermana (Bárbara Herrmann) y su novia (Yanina Garrone). Una tragedia que azotó a Walter, sus compañeros y al mundo cercano del baloncesto. Herrmann estaba convocado con su selección para el Campeonato Sudamericano de Baloncesto cuando la noticia se dio a conocer. La importancia fue tal que el amistoso que jugaría próximamente su selección ante Venezuela fue suspendido a causa del accidente y Herrmann se retiró del Campeonato.

A mediados del mes de agosto, el jugador argentino se ponía a disposición del Unicaja para preparar la temporada. En su presentación oficial, Herrmann daba una frase que desnudaba al completo sus intenciones: “Espero que el basket me llene la parte que me falta de la familia”. Estuvo a punto de dejarlo todo pero finalmente pensó que el deporte podría hacer que todo volviera a su cauce. Lo que estaba claro era que Herrmann iba a darlo todo en Málaga. Y así fue, Walter acabó la temporada siendo el tercer máximo anotador del equipo y el tercer mejor valorado. Unicaja conseguía la cuarta plaza en la competición nacional que le daba una plaza para disputar la máxima competición internacional, la Euroleague.

Walter herrman en Unicaja

Foto: ACB Photo

Su segunda temporada en Málaga empezaba con otra tragedia para el argentino. Justo un año después del accidente donde fallecieron su madre, su hermana y su novia, a Walter le llegaba una noticia fatal. Su padre había fallecido en Venado Tuerto a causa de un infarto. La noticia le llegaba horas después de convertirse en el protagonista de la victoria ante Brasil, aquella victoria que daba a Argentina el Campeonato Sudamericano de Baloncesto. Sin tiempo para recuperarse del fallecimiento de tres familiares, otra tragedia volvía a azotar a Herrmann. Un mes más tarde, Herrmann formaría parte de la plantilla que daría a Argentina la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. Era parte de la generación que marcaría un antes y un después en el país.

La desgracia no podía con Walter Herrmann. Volvió más fuerte que nunca a Málaga para luchar por todo. Durante la temporada y, en parte, debido a la llegada de Garbajosa a Málaga, Herrmann disminuyó considerablemente sus números. Pero quizás eso no fue lo más importante. En febrero de 2005 y tras clasificarse en la última jornada, Unicaja consigue su primer título nacional, la Copa del Rey disputada en Zaragoza.

Pero lo más grande estaba por llegar. Era su tercera temporada en Málaga y, con la dirección de Sergio Scariolo, se formaba un equipo dispuesto a luchar contra los grandes. El proyecto funcionaba. En la Copa del Rey, Unicaja fue eliminado en semifinales y no pudo defender el trono que había conseguido el año anterior. En Europa, el equipo tuvo un comienzo increíble, con una racha de 11 partidos consecutivos que le sirvió para acabar primeros de grupo. Pero lo grande vino en España. El equipo consiguió acabar líder de la Liga Regular. Ese magnífico resultado se vio compensado al final de temporada cuando Unicaja se proclamaba campeón de la Liga ACB en el Buesa Arena de Vitoria. Herrmann siguió siendo de los grandes.

Un sueño de la mano de Michael Jordan.

 [De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.]

 

En el verano de 2006, Herrmann esperaba una importante cita. A finales de verano se jugaba en Japón el Mundobasket ’06. Su selección acabó sucumbiendo en semifinales ante la que iba a ser la campeona del torneo, la selección española. Herrmann había decidido no renovar con Unicaja y quedarse libre para firmar un buen contrato en septiembre durante el Mundial. Hubo rumores que lo situaban ya en la NBA -donde tenía intenciones de acabar-. El 30 de septiembre se hacía oficial su fichaje por los Charlotte Bobcats, cuyo dueño era Michael Jordan, uno de sus ídolos de la infancia. “El acuerdo estaba decidido desde hacía mucho tiempo pero hasta que no firmara no quería hablar del asunto”. No quiso hablar de su fichaje por los Bobcats, pero su llegada a la NBA sí dio que hablar.

A Herrmann le costó entrar en la rotación de los Bobcats. Consiguió jugar su primer partido el 10 de noviembre disputando tan sólo 6 minutos. No fue hasta finales de diciembre cuando se convirtió en parte imprescindible de la plantilla. Su explosión definitiva vino en el mes de marzo. Herrmann consiguió su primer doble-doble y fue nombrado Novato del Mes de marzo. Su progresión fue a más hasta el final de temporada, consiguiendo anotar hasta 30 puntos, su récord en la NBA. Además, como guinda al pastel, Herrmann conseguía entrar en el segundo equipo de Novatos de la NBA.

Foto: NBA

Foto: NBA

Su segunda temporada invitaba a la ilusión. Había terminado la anterior con un buen récord y la progresión iba a más. A principios de temporada Herrmann no conseguía asentarse. Tanto fue así que el 14 de diciembre los Bobcast lo traspasaban, junto a Primoz Brezec a la ciudad del motor, Detroit. La exigencia en Detroit era mayor y los minutos en una plantilla con gran talento estaban caros. En los Play-Offs, Herrmann sólo jugó 4 partidos en segunda ronda contra Orlando Magic. Los Pistons alcanzarían las Finales de Conferencia, cayendo derrotados ante los Celtics.

En la temporada 08/09, Herrmann jugó 59 partidos durante la Regular Season, aunque sólo lo hizo con 10 minutos de media por partido. Su equipo corrió menos suerte (39-43) y, aunque pasaron a Play-Offs, en primera ronda les esperaban los Cavaliers de LeBron James contra los que cayeron eliminados sin ganar ningún partido. Así, Walter Herrmann terminaba su tercera temporada en la NBA, donde no terminaba de adaptarse y no conseguía resultados. En 2006 cruzó el charco por segunda vez. De la mano de Michael Jordan confiaba en hacerse un hueco en la mejor liga del mundo, pero no fue así.

En agosto de 2009, Caja Laboral Baskonia presentaba una oferta por Walter Herrmann por cuatro temporadas. El equipo vitoriano quería traerse a aquel jugador que despertaba pasiones en Málaga. Y por Málaga pasaba la decisión. El equipo andaluz tenía la opción de igualar la oferta para que Herrmann jugara de verde, pero no fue así y al término del plazo, el 16 de agosto, se confirmaba que Walter Herrmann era nuevo jugador baskonista.

El de Venado Tuerto volvía para ponerse en manos de Dusko Ivanovic. Su sueño en la NBA no prosperó y volvió para recuperarse allá donde se hizo grande. Si bien, la fortuna no estaba del lado del argentino. Antes de comenzar la temporada, Herrmann tendría que pasar por el quirófano, lo que le llevaría a perderse casi media temporada. Tras volver a las pistas, ya en 2010, nada fue lo mismo. De Baskonia se llevaría un título más, volvió a ser campeón de la ACB. Pero no recuperó su juego, no volvió a ser el de siempre.

Su salida de Baskonia estaba pactada: durante el verano de 2010 se hacía oficial la no continuidad de Herrmann en Vitoria. Su final como jugador estaba cerca… O, al menos, eso parecía.

Gracias por volver, Walter Herrmann, gracias por volver.

[Vuelve a empezar,
aunque sientas el cansancio,
aunque el triunfo te abandone,
aunque el dolor te lastime,
vuelve a empezar.]

“Cada persona tiene su lugar y el mío es Venado Tuerto. Ahora juego por hacer algo, juego para divertirme con mis amigos y nada más”. Tras 16 meses sin pisar una cancha, apartado del baloncesto, Walter Herrmann decide volver. Lo haría en el club de su ciudad natal, el Unión Deportiva de Venado Tuerto. Volver a empezar, a divertirse con los amigos.

El baloncesto recuperaba a un jugador que lo había dado absolutamente todo por disfrutar en una cancha. Aunque volviera para jugar a nivel local, Herrmann lo había dado todo por el baloncesto y eso nunca se olvida.

Su vuelta al mundo profesional estaba más cerca que su retiro. A pesar de todos los contratiempos durante su carrera, Herrmann vuelve a vestirse de corto. Y vuelve a sus inicios, otra vez. En 2013 se confirma su vuelta de la mano del Atenas de Córdoba. Allí se proclamó campeón de la LNB en la temporada 01/02 y allí volvía para hacerse más grande aún.

Una noche de marzo y vestida de verde, la magia volvía a personificarse como jugador de baloncesto. Había vuelto a elegir a Walter Herrmann. Sus 49 puntos, 7 rebotes y 59 de valoración llegaban al último rincón del planeta. Herrmann había vuelto, ahora sí. El Atenas de Córdoba, el club más laureado de Argentina, no conseguiría aquel año ningún título, pero sí tenía en plantilla al jugador que sería nombrado como MVP de la competición. Y no era otro que el ídolo de todo un club. Era Walter Herrmann.

Su gran temporada en uno de los clubes más importantes de Argentina le despejaba la pista para volver a vestir la albiceleste en el Mundial de España. Era 2014 y el argentino volvía a representar a su país tras 8 años, cuando desde Japón cumplió su sueño de la mano de Michael Jordan.

“Es una alegría enorme. Hoy siento como si el Mundial de Japón hubiera sido hace un par de años. No lo siento lejano en el calendario. En el caso mío, que estuve tanto tiempo fuera, tener la chance de volver a integrar una selección nacional es formidable”. La juventud de Herrmann, impropia de los mortales, se extendía más y más. Antes de disputar el Mundial en España, el argentino ya había llegado a un acuerdo para la próxima temporada. Su destino sería el Flamengo brasileño, donde compartiría equipo con Nico Laprovittola.

Nada más llegar a Brasil, la pareja argentina llevaría al Flamengo a proclamarse campeones de la Copa Intercontinental de 2014. Herrmann había vuelto a jugar, ahora volvía a saborear campeonatos. Tras la Intercontinental, llegaría el campeonato brasileño, la NBB. El argentino volvía a hacerse grande, esta vez en Brasil.

Tras ser bicampeón con el Flamengo, Herrmann volvería a su país natal en la temporada 15/16. Se incorporaba al San Lorenzo de Almagro, conjunto que acababa de comprar una de las plazas de la LNB, donde estaría a las órdenes de Julio Lamas. No sería una temporada más para el club de Buenos Aires. Herrmann se erigiría como líder del San Lorenzo, llevándolo a ser campeón, por primera vez en su historia, de la LNB. Por si fuera poco, Herrmann sería proclamado el MVP de aquellas finales. Seguía soñando baloncesto, seguía disfrutando. “Siempre viví en el interior y nunca imaginé que San Lorenzo armaría un equipo de Liga y que yo sería parte. Es un sueño”.

Un final de temporada más y vuelve a rondar, por enésima vez, la idea del retiro definitivo. Frente a frente, dejarlo todo o seguir en el baloncesto. “Ganas tengo, pero hace dos o tres meses pensé en el retiro nuevamente. Desde mi vuelta en Atenas siempre digo que es el último año y no…”. Y no, no será el último año de Herrmann.

Volverá, esta vez, bajo la camiseta del Obras. El retiro de Herrmann sigue aplazándose año tras año, temporada tras temporada.

A sus 37 años, Herrmann goza de una enorme trayectoria, de un gran número de títulos. De una historia fabulosa, repleta de altibajos y de momentos para recordar. Pero sin duda, para él, nada de esto es lo más importante. “La posibilidad de que mis hijos más chicos me vieran adentro de la cancha”. Porque siempre tuvo el baloncesto en su mano. No habrá jamás un revés que pueda detener la vida de Herrmann, aquel que desde Venado Tuerto desafió a la vida, desafió al baloncesto y además ganó la batalla. Y que sus hijos, como nosotros, disfruten de cada minuto que Walter pasa sobre la cancha.

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