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Las raíces del sueño

Cada cierto tiempo, el deporte de alto nivel nos deleita con jugadores cuyo paso por las ligas profesionales fue memorable, ya sea por sus logros, su carisma, su estilo de juego u otros factores. Hablamos de jugadores especiales, con un rasgo distintivo que les permite ganarse el corazón, la confianza y la admiración de aficionados a ese deporte, no necesariamente del equipo en el que juegan.

Hakeem Olajuwon es el perfecto ejemplo de jugador que marca una tendencia, una posición de juego, una manera de jugar. Sus actuaciones sobre una cancha de baloncesto, convertida por él en pista de baile, pasarán a la historia por las lecciones de movimientos al poste bajo que impartió este maestro del juego interior.

Mucho se ha escrito sobre la velocidad, coordinación, precisión y juego de pies del prodigio nigeriano que redefinió la posición de pívot tanto en ataque como en defensa. Y no es para menos, pues “The Dream” es sin duda uno de los mejores y más espectaculares jugadores de la historia de la NBA. Dos veces campeón de la NBA con los Houston Rockets, dos veces MVP de las finales, un MVP, 12 apariciones en el All Star, máximo taponador de la historia de la NBA… Ni siquiera su apabullante palmarés puede reflejar con meros números lo que este jugador supuso para el baloncesto.

No obstante, no son tan conocidos los orígenes de Olajuwon antes de triunfar como jugador de baloncesto ya en la Universidad de Houston junto a Clyde Drexler formando parte del famoso equipo apodado “Phi Slama Jama”. La leyenda de Hakeem se remonta a dieciocho años antes, en su Nigeria natal, más concretamente en su capital, Lagos.

Hakeem Olajuwon no comenzó a jugar al baloncesto hasta los 17 años. Originalmente, sus deportes eran el fútbol y el balonmano. “Si creces en Nigeria, tienes que jugar al fútbol, al tenis de mesa, practicar atletismo, balonmano…” afirmaba en una entrevista. “Cada vez que me veía yendo a la pista de balonmano, el entrenador de baloncesto de mi colegio me decía: ´Akeem (ese era su nombre original hasta que lo modificó a “Hakeem” por su religión, el islam), ese no es tu deporte. El baloncesto es tu deporte.´”

Es evidente que la relación de Olajuwon con el deporte del balonmano acabaría siendo decisiva en su futuro como estrella del baloncesto. Pese a no conocer las reglas del baloncesto ni tener idea de su funcionamiento, las similitudes de ambos deportes en cuanto a velocidad y coordinación de pies facilitaron su adaptación al que acabaría siendo el deporte que dominó durante años.

En la misma entrevista, Olajuwon comenta: “el entrenador fue muy específico. Me dijo: ´sé que no entiendes las reglas, pero tú ponte ahí en medio y tapona todos los tiros que puedas´”. Olajuwon no tardó en ser seleccionado para el equipo nacional de Nigeria, con el que comenzó a mostrar su talento por toda África. Fue Christopher Pond, un entrenador americano de la selección centroafricana, quien advirtió su potencial para triunfar en el baloncesto de alto nivel. Pond, amigo del entonces entrenador de la Universidad de Houston Guy Lewis, y Olajuwon, gestionaron el viaje del prodigio a Houston para incorporarse al histórico programa de baloncesto de la universidad, donde comenzaría su triunfal carrera como jugador de baloncesto tan sólo seis meses después de haber comenzado a practicar el deporte.

Foto: NBA.COM

Hakeem no pudo jugar ningún partido en su primera temporada, la 1980-1981, por normas de la NCAA. Aprovechó aquel año para pulir su talento, mejorar su forma física y en definitiva prepararse para el baloncesto universitario. En su segunda temporada, la primera como jugador activo, ya comenzó a tener cierto impacto, aunque aún se encontraba muy lejos de su cima. Los Houston Cougars llegaron a la Final Four, pero fueron eliminados por los North Carolina Tar Heels de Michael Jordan. Aquel verano, Olajuwon se puso en manos de la entonces estrella de los Houston Rockets, el tres veces MVP y 12 veces All-Star Moses Malone, quien se erigió como mentor del nigeriano. Olajuwon aprendió la importancia del consejo de grandes profesionales, y hoy en día se ofrece constantemente para formar a jugadores con proyección en la NBA (Dwight Howard, Lebron James y Kobe Bryant, entre otros, han pasado por sus entrenamientos).

En su tercera temporada, tras un verano de entrenamientos intensivos con Malone y otros jugadores de la NBA, la bola de nieve comenzó a rodar. Con su espectacular juego y condiciones físicas, el temible equipo de la Universidad de Houston, con Olajuwon y Clyde Drexler como principales activos, se ganó el apodo “Phi Slama Jama”, un juego de palabras que hace referencia al nombre con letras griegas de fraternidades de muchas universidades norteamericanas y los términos “slam” y “jam”, que significan “mate”.

Olajuwon y Drexler llevaron a los Cougars a una nueva Final Four, y esta vez consiguieron llegar a la final, aunque no pudieron hacerse con el título nacional. El legendario entrenador Jim Valvano y su equipo de North Carolina State, uno de los conjuntos más sorprendentes de la historia del baloncesto universitario, derrotaron a los “Phi Slama Jama” contra todo pronóstico.

Tras la salida de Drexler de Houston rumbo a la NBA en 1983, Olajuwon permaneció como la principal estrella del equipo y como uno de los jugadores más dominantes de la NCAA. Pese a ello, no pudo romper su particular maldición con el título universitario, perdiendo contra los Georgetown Hoyas de Patrick Ewing en la final del año 1984.

“The Dream” se presentó al draft de 1984 y fue elegido en la primera posición por los Houston Rockets, por delante incluso de Michael Jordan, que fue elegido en tercera posición. Comenzó así su andadura en la NBA, en la que, fiel a su estilo, hizo de su delicadeza y sus movimientos iconos del baloncesto, en contraste con el baloncesto más puramente físico que reinaba por entonces bajo los tableros de la mejor liga del mundo. Aquel muchacho de Lagos que jugaba al balonmano estaba preparado para convertirse en uno de los mejores pívots de todos los tiempos. Nacía la leyenda. Nacía “The Dream”.

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