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The Empire State of Mind (Part II)

Dejábamos a los New York Knicks codeándose con la flor y nata de la Conferencia Este en nuestro último reporte de mediados de diciembre, y a una parroquia Knickerbocker ilusionada de nuevo y más que dispuesta a dejar a un lado años y años de decepciones acumuladas (apenas tres apariciones en playoffs en los últimos doce, con una única y triste eliminatoria superada).

Pero el que escribe (y tantos otros analistas y aficionados a tan particular equipo) optó por olvidar conscientemente la proverbial capacidad de la franquicia para la autodestrucción, sobradamente contrastada desde la entrada en el siglo XXI, y hoy volvemos al teclado con los Knicks en una terrible racha de doce derrotas en los últimos quince partidos disputados, perdidos en defensa y con sainetes diarios  entre róster y despachos. Espectáculo dentro y fuera de la cancha, en el corazón de la ciudad que nunca duerme.

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Hello darkness, my old friend…

Ciñéndonos al parqué, parece evidente que la debilidad más crítica de la tropa de Jeff Hornacek se concentra en clave defensiva. La falta de esfuerzo coral y sistémico es sangrante por momentos, y Noah (pese a su mejoría evidente, con 10.8 rebotes capturados de media en enero) está muy lejos de llegar a ser ese ancla atrás que el grupo necesita como el respirar. Como resultado, el equipo se desploma hasta las catacumbas en términos de eficiencia (encajando la friolera de 107 puntos por cada 100 posesiones, a niveles de Kings, Suns o Blazers) y regala abominaciones numéricas como los 47 puntos recibidos tras pérdida en las dos derrotas consecutivas ante Raptors y Hawks. O esa manera de dejarse por el camino una victoria apalabrada ya, frente a los Sixers y en el último cuarto.

Y, por si las lagunas a la hora de proteger su canasta no fueran ya suficientes, la delirante desaparición de Derrick Rose previa a la cita contra los New Orleans Pelicans agitó con salvajismo a franquicia y entorno, ojipláticos ante la nula información que el que fuera MVP más joven de la historia de la liga había tenido a bien transmitir antes de esfumarse sin dejar rastro, en un truco digno del mejor prestidigitador. Las explicaciones posteriores de Rose, aludiendo una urgencia familiar y disculpándose por las formas, no cerraron del todo una herida en la que es sencillo intuir ciertas diferencias entre el coach y la estrella que ansía recuperar el brillo y prestigio que sus rodillas le arrebataron.

Pero la función, con Derrick ya de vuelta y asumiendo galones crecientes en ataque (firmando grandes partidos antes Hawks y Celtics, exhuberante en su verticalidad hacia el aro), estaba lejos de finalizar: los focos del circo del Madison volvían a encenderse, para fijar su atención sobre los dos grandes divos del coliseo. El artículo de Charlie Rosen, supuesta voz autorizada de un Phil Jackson desaparecido del mapa durante el “affaire Rose”, parecía colocar a Carmelo Anthony en la rampa de salida (con Cavaliers y Clippers como posibles destinos), y la reunión mantenida entre Zen y cañonero apunta a una tregua de entreguerras. El presidente fantasma y la estrella amenazada (por el brillo de un unicornio letón de más de 7 pies) priorizan la posible recuperación de una senda que aún podría acabar con un billete hacia las eliminatorias por el título. Un corto plazo que más bien parece una huida hacia delante.

Las cuatro últimas plazas para postemporada saldrán baratas en la conferencia, y a eso se agarra también un Hornacek alérgico al inmovilismo (aumentando el protagonismo de Kuzminskas y Baker en las últimas fechas, batallando contra las lesiones pero a la vez premiando su entrega) que trata de asir el timón de una nave convulsa por definición e idiosincrasia.

Nadie dijo que sería facil, Jeff…