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Revolución francesa en el Estudiantes

19 de marzo de 2017. Jornada 25 de la liga ACB. Acabamos de presenciar en 40 minutos un breve de la resumen de lo que es la película del Estudiantes esta temporada. Un resultado inesperado, con Edwin Jackson a los mandos absolutamente desatado.

El equipo del Ramiro asaltó el Martín Carpena con 27 puntos del francés, cortando así la excelente racha ganadora de la que venían los malagueños. Decimos “resultado inesperado” porque, lamentablemente, desde hace ya algunos años las expectativas a principio de temporada de los estudiantiles no pasan por ganar en las pistas más importantes de la liga. Hace ya demasiado tiempo que Estudiantes se agarra a la permanencia como a un salvavidas en un naufragio, ya sea en la pista o en los despachos.

Pero este año se respiran otros aires en el Magariños. Sin hacer un temporadón, parece que, por lo menos, el Estudiantes respira y con una buena dosis de optimismo puede hasta oler los “playoff”. Una tranquilidad relativa se ha instalado en el club a nivel deportivo y gran parte de la culpa la tiene Edwin Jackson. El escolta francés se ha erigido este año como uno de los mejores jugadores de la competición (no en vano es el máximo anotador y el segundo en valoración). Habiendo pasado por sendas etapas fallidas en Barcelona y Unicaja, nos preguntamos el motivo por el que ha explotado en Madrid después de sus malas experiencias anteriores.

“Es mi trabajo, me pagan para anotar”, afirma Jackson. Como si fuera tan fácil. Una explicación demasiado tosca y falta de contenido, por lo que nos hemos atrevido a analizar un poco más a fondo la figura del escolta francés con el fin de arrojar algo de luz sobre su espectacular rendimiento de esta temporada.

¿Quién es Edwin Jackson?

El bueno de Edwin nació el 18 de septiembre de 1990 en Pau (Francia), hijo del ex baloncestista internacional francés Skeeter Jackson. Con su padre, un auténtico trotamundos, aprendió en qué consistía el baloncesto profesional tanto a nivel de exigencia deportiva como de movilidad geográfica. Es un escolta de 1,90 metros, hábil y difícil de defender en el baloncesto FIBA. Tiene un buen físico y se siente cómodo tanto penetrando a canasta como en el tiro exterior.

Tras un primer periplo en la liga francesa entre el Asvel Villeurbanne, el Nanterre y el Rouen Basket, es finalmente en el Asvel (uno de los juguetes rotos del baloncesto europeo) donde Jackson encontrará cierta estabilidad (eso sí, tras un primer año complicado). Durante ese primer año, su amistad con Tony Parker (dueño del equipo) y la fe que este depositó en él, serán claves para su continuidad.

Edwin Jackson Falso 9
Foto: Pro A

En sus primeras temporadas, aunque joven, ya apuntaba maneras. En 2011 decide presentarse al “draft”  pero tras participar en una serie de entrenamientos con los Nets decide retirar su nombre del sorteo. En la siguiente campaña, la 2012-2013, se asentará como estrella indiscutible de su liga, siendo nombrado MVP con 16 puntos anotados por partido y casi 15 créditos de valoración.

El curso 2013-2014 es, hasta su actual explosión anotadora, la mejor de su carrera. Bate por dos veces (34 y 44 puntos) su récord de anotación en un partido, es segundo en la carrera por el MVP de la liga y lidera la tabla de realizadores con 18 puntos por partido. Además, aunque sin mucho protagonismo en aquella cita, se cuelga al cuello la medalla de bronce en el Mundial de Baloncesto de España. Tanto talento no pasa desapercibido para los peces gordos, y en el mes de diciembre el Barcelona se hace con sus servicios. Es en Catalunya, Jackson iniciará su particular travesía por el desierto.

Barcelona y Málaga: la irregularidad por bandera

Corrían las Navidades de 2014 y el Barcelona decidió hacerse un regalo. Edwin Jackson estaba en el apogeo de su carrera, era la estrella indiscutible de su equipo y era cuestión de tiempo que algún grande lo cazara. El Barcelona, con Eriksson, Oleson, Abrines y Navarro lesionados, vieron en él a un recambio de garantías que además haría subir la competitividad y el nivel en la lucha por un puesto en el perímetro. ¿El precio? 300.000 euros. El francés, aunque aterrizaba como el principal referente de su anterior equipo, nunca había asumido un reto de esa magnitud y era una incógnita como respondería a la presión. Y cuando se desveló el misterio las noticias no fueron buenas para nadie. Edwin no se adaptó, Pascual nunca acabó de confiar en él y le fue imposible asumir el papel de líder al que estaba acostumbrado. Cuando los exteriores culés se recuperaron, el banquillo se convirtió en el hábitat natural de Jackson, quien acabó con una media de apenas 6 puntos en liga y 3 en Euroliga, sin rastro alguno de aquel “killer” que asaltaba las canchas francesas solo unos meses atrás. Aunque su actitud era buena, no supo jugar nunca el rol de jugador de banquillo, por lo que fue traspasado a Unicaja la siguiente temporada.

Joan Plaza y Edwin Jackson nunca fueron los mejores amigos. Desde el primer momento no hubo “feeling” entre ellos y el escolta tampoco supo asumir la vitola de estrella que se le suponía. Edwin necesita estructuras ofensivas que le permitan tener el balón muchas veces y mucho tiempo, y eso con Plaza no era posible. Además, otros jugadores como Nedovic rendían a un buen nivel en su misma posición. Aunque se adaptó bien al equipo y al entorno (a muchos jugadores de esa plantilla les considera sus “hermanos”), en los 34 partidos que jugó en liga nunca pasó de los 20 puntos (tan solo una vez, en Euroliga, ante CSKA).

Tanto Pascual como Plaza insinuaron alguna que otra vez que el principal problema de Jackson recaía en su cuestionable rendimiento en defensa, aspecto que le lastró con dos entrenadores que tanto peso específico dan a ese apartado. Así que sin confianza en él, Jackson tuvo que buscar aires nuevos y demostrarse a si mismo que a la tercera iba la vencida. Y así ha sido, en Estudiantes.

Explosión en el Estudiantes

Por fortuna para los aficionados al baloncesto, parece que la redención le ha llegado, por fin, en Estudiantes. Durante esta temporada, el escolta francés está firmando unos promedios históricos. Tanto es así, que a falta de diez partidos (10/03/2017), manteniendo sus rivales los promedios de anotación y quedándose él en el sofá de su casa durante los partidos, acabaría igualmente como líder de la competición en ese aspecto. Increíble.

Jackson presenta una media de 23,1 puntos, cifra que no se veía en la ACB desde hace doce años, cuando el bueno de Charlie Bell, por aquel entonces en el Breogán, alcanzó los 27 tantos por velada. Ha llovido.

El francés tiene a tiro también el superar a Rudy Fernandez como el mejor promedio anotador de la liga en los últimos diez años (21,2 puntos de Rudy en la 07-08). No está mal como compensación. Y si comparamos estadísticas referentes tan solo al club madrileño, los números son aún más sorprendentes: Edwin Jackson se ha erigido como el mejor anotador de la entidad desde hace casi 25 años. Casi nada.

Como guinda del pastel, destacar sus actuaciones individuales contra sus ex equipos, aquellos donde no pudo alcanzar su auténtico nivel. 32 puntos le metió al Barcelona ante su nueva afición y 27 al Unicaja en el Martín Carpena. “Siempre es especial jugar contra tu ex equipo, especialmente cuando no te han renovado”, declararía el jugador. Dulce venganza.

Así pues, casi con total seguridad, Jackson conquistará el título honorífico como máximo anotador de la liga y ya veremos también si el del MVP, con el permiso de Tomic y el omnipresente Llull. Pero la pregunta es… ¿por qué? ¿Qué ha cambiado en la figura de Jackson, así como en su entorno, para que su talento haya vuelto a relucir? Presentamos algunas hipótesis. Repetimos: hipótesis, porque no hay ciencias exactas en el baloncesto. Por eso nos gusta tanto.

Edwin Jackson
Foto: ACB Photo

¿Por qué?

Nos remitiremos a nuestros queridos y odiados tópicos para pensar que el rendimiento de un jugador depende de múltiples factores.

Tanto la situación personal, como el puro talento del que disponga, el entorno y la situación que se encuentre en un equipo. Edwin Jackson ya ha demostrado que va sobrado de talento, así que, tomando como referencia las distintas versiones que ha mostrado en los equipos cuya camiseta ha defendido, suponemos que el entorno ha supuesto un factor determinante a la hora de que el escolta se sintiera cómodo para desplegar su mejor baloncesto. Estos son algunos aspectos que pueden haber influido en su explosión:

  • Presión

Sin desmerecer en absoluto a la liga francesa, no sería justo pensar que el nivel de exigencia en el Asvel Villeurbanne es el mismo que en Barcelona o Unicaja, tanto a nivel de rivales como de propio equipo. Asumir los partidos sabiendo que estás obligado a ganarlos tengas delante a un CSKA o a un Olympiakos es algo con lo que hay que aprender a convivir y con lo que no todo el mundo puede lidiar. Y eso sucede en Barcelona y en Málaga, donde, afortunadamente, hace ya años que se acostumbraron a competir con los grandes.

Existe la posibilidad de una acomodación inconsciente a una presión asequible, en la que, aunque siempre es preferible ganar, ésto no suponga una obligación máxima y la prensa no vaya a hacer sangre si no se consigue. No es que pensemos que a la Demencia no les gusta ganar, pero perder contra Baskonia, Barcelona o Madrid, o incluso algunos partidos más, entra dentro de los planes de la temporada y ese margen de error puede suponer un alivio para los jugadores en algunos momentos.

  • Confianza

No descubrimos nada si decimos que cualquier deportista necesita la confianza de su entrenador para rendir al máximo. El juicio constante de un entrenador receloso es una pesada carga para la mochila de un jugador. Si, además, tu entrenador te exige en tu punto débil (como hacían con la defensa Plaza o Pascual) esa sensación se multiplica.

Con Maldonado, Jackson ha encontrado la horma de su zapato. El catalán le da plenos poderes ofensivos e incluso ha salido al paso en el aspecto en el que otros siempre le atacaron, la defensa. “Si miras las estadísticas, Jackson es un jugador que contribuye defensivamente. Es un jugador de equipo”. Entendemos que la liberación que habrá supuesto para Jackson encontrar un entrenador que le dé minutos y le deje jugar a su aire, habrá supuesto una comodidad que sin duda es clave para jugar como lo está haciendo. El mismo Jackson ha achacado a la confianza del entrenador el cambio experimentado durante este año.

  • El rol

Sabido es que Edwin Jackson lleva el número ‘1’ porque no pudo llevar el 11 de Navarro, su ídolo. Es simbólico, pues compartir vestuario con tu referente y cabeza visible del vestuario, probablemente signifique que tú no vas a ser el líder. Y eso le ocurrió a Jackson en Barcelona y Málaga. Venía de Francia acostumbrado a que todas las acciones ofensivas pasaran por sus manos. Era siempre la primera opción. Era el Westbrook del Asvel. En Barcelona y Málaga todo fue distinto. Había varias opciones por delante de él y Jackson no estaba acostumbrado a ello.

“Es imposible meter 20 puntos saliendo del banquillo”, declaraba recientemente cuando se le preguntaba por su reciente explosión. “La importancia va unida a los minutos”. Así pues, al llegar a Estudiantes ha encontrado un sitio en el que retomar ese papel. Nadie tira más que él, nadie recibe más que él, y eso es lo que necesita para sentirse cómodo. Si además los tiros entran, el resto viene rodado.

Podemos deducir, entonces, y teniendo en cuenta sus propias palabras, que no vamos mal encaminados en nuestro análisis. Su rendimiento se basa en la comodidad que le otorgan su papel en el equipo, la confianza del entrenador y el poder estar liberado de toda la presión que le rodeó a su llegada.

¿Futuro en Madrid?

Es imposible saber a ciencia cierta cuánto tiempo más podrá disfrutar la afición estudiantil del Edwin Jackson. Cada vez más preguntado por una hipotética renovación con el club madrileño, el jugador repite siempre las mismas palabras: “estoy centrado en el presente”. De momento, ya han sonado contados de sirena de un posible regreso a Barcelona, aunque, actualmente, no parece el mejor destino para él, ni para nadie.

Mientras, podemos seguir aplaudiendo cada una de las exhibiciones que vaya realizando de aquí a final de temporada, sin descartar los “playoffs”. Por dos motivos: porque eso agrandaría todavía más su magnífica temporada y, por otro lado, porque ver a Estudiantes otra vez en la ronda final de la competición se convertiría en una alegría para todo el baloncesto español.

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