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Aquella noche de marzo del 62

¿Mike Powell y sus 8.95 en salto de longitud? ¿13 goles de Just Fontaine en un mundial de fútbol? ¿Joe DiMaggio y su racha de 56 golpes imparables? ¿Barry Allen (the Flash) corriendo a 343 m/s y rompiendo la barrera del sonido? ¿Rocky Marciano y su récord perfecto de 49 victorias en 49 peleas profesionales con 43 knokouts? Pequeñeces. He aquí el mayor récord de todos, el que está llamado a sobrevivir a todos los anteriores, una marca por encima de la genética humana y de la lógica deportiva. Solo al alcance de un colosal jugador de baloncesto de raza negra y 2.18 metros de altura. 100 (¡cien!) puntos en un partido.

¿Es este dato real? ¿100 puntos? ¿En un único partido de baloncesto? Quizás no sucediera realmente y fuese todo fruto de una alucinación colectiva consecuencia de los alucinógenos de la época. No es posible tamaña gesta. Acostumbrados como estamos a que todo, hasta la más banal de las situaciones, se retransmita al segundo, convirtiendo cada acto de nuestra vida cotidiana en un espectáculo, es ya difícil acreditar veracidad a un evento del que no tenemos imágenes. ¿Cómo se convirtió Wilt Chamberlain en un gigante entre pigmeos durante aquella fría noche de marzo del 62? A lo mejor todo fue un sueño, o quizás una pesadilla de los defensores rivales…

Wilton Norman “Wilt” Chamberlain (1936-1999), uno de los jugadores de baloncesto más legendarios de todos los tiempos. Los menos aficionados al deporte de la canasta pero si versados en la cultura pop lo conocerán por su participación en la película Conan El destructor que co-protagonizaría junto con Arnold Schwarzenegger en 1984. Fue un gigante en la cancha que llegó a poseer 70 récords estadísticos (muchos de ellos batidos por él mismo), un pívot tan determinante y dominador que la liga NBA decidió cambiar las reglas del juego para mitigar las hazañas del jugador. Un curriculum aplastante que minimiza los logros de otros astros de la canasta como Kareem Abdul-Jabbar o Michael Jordan. Algunos datos para hacerse una idea de su absoluto dominio y apabullante superioridad: siete veces máximo anotador de la NBA, 11 títulos de máximo reboteador, 9 de porcentaje de tiros de campo e incluso lideró en asistencias una temporada, siendo el único no base en conseguirlo. Chamberlain es el único jugador en la historia de la NBA en promediar al menos 30 puntos y 20 rebotes por partido en una temporada, una hazaña que logró en hasta siete campañas consecutivas. También es el único jugador en promediar al menos 30 puntos y 20 rebotes por partido durante toda su carrera.

Pero todos estos registros individuales palidecen ante la que es considerada la hazaña más increíble del deporte estadounidense, el Everest de las estadísticas: la noche que Wilt anotó 100 puntos. Cifra rotunda e inalcanzable, como si el gigantesco Wilt hubiese decidido casi caprichosamente dejar de anotar cuando hubiese alcanzado la centena, y dejar en esas tres redondas cifras la marca, hoy considerada inasequible para los jugadores de la actualidad. Para muchos, sus 100 puntos en un solo partido suponen el hecho más fascinante conseguido por un deportista. Nadie se le ha acercado jamás, ni remotamente. Solo 10 veces en la historia de la NBA un jugador ha llegado a los 70 puntos o más, siendo el mismísimo Chamberlain quien lo hizo en seis de esas 10 ocasiones.

Según Basketball Reference, la vez en la que el propio Wilt más se acercó a su propio récord fueron los 78 puntos contra los Lakers en un partido con tres prórrogas el 8 de diciembre de 1961. El llamado “Goliat de la perilla” anotó 60 puntos o más en 32 partidos a lo largo de su carrera. El mismo año de su celebérrimo récord promedió a lo largo de toda la temporada (¡pásmense!) 50 puntos por partido.

Wilt the Stilt (sobrenombre que odiaba) ya era un prodigio del atletismo en sus días de colegio. Llegó a alcanzar los 1,98 metros en salto de altura, a correr las 440 yardas en 49,0 segundos, las 880 yardas en 1´58″ y superar los 6.70 metros en salto de longitud. Pero fueron sus, por aquel entonces 2.11 centímetros, los que lo dirigieron inevitablemente al baloncesto convirtiéndose en el más dominante jugador de High School de todos los tiempos. Durante sus años en el instituto suscitó la atención de todo el país desde la pequeña escuela de Overbrook, en Filadelfia Oeste, cuando en un partido contra el equipo del Instituto Roxborough (y sentando un precedente a la marca de 100 puntos) anotó 90 tantos, incluido 60 en un periodo de apenas 10 minutos (¡!??).

Más de doscientas universidades se interesaron por sus servicios ofreciéndole becas y planes de estudios pagados. Finalmente se decide por Kansas, donde fue nombrado All-American en dos ocasiones y lideró a los Jayhawks hasta la final del campeonato de 1957, perdiéndola ante Carolina del Norte por 81-80 tras tres prórrogas. A pesar de ello, fue elegido jugador más destacado de la Final Four. Decidió en ese momento convertirse en jugador profesional y fue contratado por Philadelphia Warriors, quienes le habían escogido en 1955 como una elección territorial. Los reglamentos prohibían entonces entrar en la NBA antes de cumplir los cuatro años universitarios, por lo que Wilt no pudo entrar en la liga hasta 1959. En ese periodo de tiempo ficha por los Harlem Globetrotters, donde el entrenador, motivado por la búsqueda del espectáculo y el entretenimiento que caracterizaba al equipo de exhibición más famoso del básquet, coloca los 7 pies y 1 pulgada de Chamberlain en la posición de base, donde despliega toda una gama de movimientos digna de un jugador con mucha menos estatura, velocidad, manejo y habilidad con el balón.

En su primera temporada en la NBA (1960) se convierte en el primer y único jugador -hasta entonces, Wes Unseld repetiría el logro en 1969- en conseguir ser rookie del año y MVP en la misma campaña. Ese año sufren la eliminación en las finales de conferencia a cargo de unos Boston Celtics liderados por su némesis, otro prodigio llamado Bill Russell.

Wilt Chamberlain
Foto: SI.COM

Nos situamos ahora, un 2 de marzo de 1962. En USA, hace 54 años, Kennedy es presidente, el embargo a Cuba es inminente y Ray Charles domina las listas de éxitos. En la noche de un viernes frío en Pennsylvania, (ciudad de la cancha local de los Warriors cuando no podían jugar en Philadelphia por estar ocupada su cancha por otros eventos. Así era la NBA entonces, con muchísimo menos poder y autoridad de la que posee en la actualidad) Chamberlain estableció su récord histórico en un partido en que los Warriors vencieron a los New York Knicks por 169-147. Pero como toda gran hazaña, esta también tiene detrás una gran historia.

Cuando los jugadores bajaron de su autobús para adentrarse en el pabellón de Hershey, (un espacio diseñado originalmente para la práctica del hockey sobre hielo) fueron saludados por los aficionados presentes con una gran pancarta que decía: “Bienvenidos al pueblo del chocolate”. Pero pocos de los 4.124 personas que asistieron al partido (cifra más alta de lo normal, debido a que antes se disputó un partido de la NFL entre los Philadelphia Eagles y los Baltimore Colts) podían imaginar que iban a ser testigos del mayor espectáculo ofensivo conseguido por un solo hombre en la historia del baloncesto profesional. Únicamente a una persona se le ocurrió tal disparate y había predicho tal hazaña: Al Attles, su compañero de equipo en los Warriors, que años después llegaría a ser manager general de los de Golden State. Poco después de que Chamberlain anotase 78 puntos contra los Lakers, le dijo a un amigo: “Wilt anotará 100 puntos en un partido, espera y verás”. The Big Dipper (otro de sus numerosos apodos) llegó al vestuario, parsimoniosamente se deshizo de su elegante traje cruzado y se puso la equipación blanca de su equipo con el dorsal número 13. El conjunto disponía de tiempo suficiente antes de empezar el calentamiento y descubren que en las instalaciones del pabellón está a su disposición una maquina de pinball. Ni corto ni perezoso, Chamberlian jugó varias partidas de petacos con sus compañeros. Como no podía ser de otra forma logró la anotación más alta de todas.

Chamberlain jugó esa noche todos los minutos posibles del partido, 48, consiguiendo 41 puntos en la primera parte y 59 en la segunda. Lanzó 63 veces a canasta, más de la mitad de los 115 intentos de todo su equipo. Sus tiros fueron una gama de mates, bandejas, algunos tiros en suspensión y sus tiros favoritos a una mano cuando ya descendía en el salto.

Incluso los números que arrojan la estadística de Chamberlain desde la línea de tiros fueron una sorpresa, incluido para el propio Wilt. Era legendaria ya en toda la liga la torpeza del jugador desde la línea de personal. Pocas veces habrá agonizado un atleta tanto con la frustración como el propio Chamberlain desde esa línea en toda su carrera. Con un porcentaje de 54 por ciento de acierto en tiros de campo, su promedio en la línea de tiros libres no iba más allá que un paupérrimo 51 por ciento. Consciente de la ventaja que esa tara en su juego ofrecía a sus rivales, Wilt lo intentó todo, incluso llegó a probar todas las técnicas de tiro posibles y nuevas mecánicas de tiro, de gancho, a una mano, incluido el pueril tiro a dos manos desde las rodillas (conocido como “a la palangana”). Llegó al extremo de acudir a un psiquiatra. “Fui un mes solo. Cuando lo dejé, el psiquiatra lanzaba tiros libres mucho mejor que yo”.
Pero hasta ésto fue diferente la noche de los 100 puntos. Como tocado por una varita mágica, Wilt convirtió sus primeros 9 tiros libres y solo fallo uno de sus 22 primeros lanzamientos. Terminó con 28 tiros libres de 32 intentos (solo otro jugador anotó 28 tiros libres en un solo partido, Adrian Dantley en 1984)

Tan acostumbrado estaba a batir récords que muchos años después recordaba en una entrevista: “Cuando anoté mis nueve primeros tiros desde la línea de personal, pensé que iba a batir algún record de tiros libres” Aunque no se le ocurrió pensar que metería 100 puntos.

Pero quizás lo más sorprendente de aquella noche, el dato más revelador de la capacidad atlética de nuestro hombre, lo que le convierte en un titán por encima de los simples humanos, sea el hecho de que Chamberlain jugó aquel partido sin haber dormido la noche anterior. Wilt había tenido una cita muy tardía en Nueva York aquel día y no llegó a acostarse. Había estado de fiesta y dejándose ver en compañía femenina (no ha trascendido la identidad de su acompañante) por discotecas y pubs nocturnos y cuando llegó a la estación de trenes sufría una molesta resaca.
Cuenta nuestro protagonista que “el día del partido cogí un tren a las 8 de la mañana para Filadefia, cuando finalmente llegué, me encontré con unos amigos que querían almorzar. Cuando terminamos de comer y charlar, era casi la hora de coger el autobús del equipo”. Cuando el jugador entró en los vestuarios, el entrenador de su equipo, Frank Mcguirre, que sabía que Chamberlain no había dormido, con el fin de motivarlo le enseñó dos periódicos de New York con comentarios acerca de su lentitud en la cancha y de cómo los Knicks le iban a machacar en aquel partido. Lejos de regañar a Wilt por su falta de profesionalidad y no haber descansado lo suficiente, sonrío al jugador y le dijo: “Vamos a barrerlos esta noche, Wilt” y eso fue lo que hicieron los Warriors: correr, correr y correr.

Cuando los dos equipos se prepararon para el salto inicial, Chamberlain vio como el pívot contrario Darrel Imhoff se preparaba para marcarlo y le sorprendió el hecho de que no fuese el pívot titular de los Knicks Phil Jordan, ausente en ese partido por gripe (o eso se dijo oficialmente, otras fuentes aseguran que Jordan no podía levantarse de la cama victima de otra monumental resaca, ¿qué les pasaba a las estrellas de la NBA en aquella época?).

Después de que Willie Smith, el árbitro principal del choque lanzase el balón al aire, Chamberlain tocó la pelota para Guy Rodgers. Tras asentar el ataque pasó el balón al alero Paul Arizin, que se levantó y tiró desde la esquina, errando el lanzamiento. Fue entonces cuando Chamberlain recogió el primero de sus 25 rebotes, y machacó el balón en un mate lleno de rabia y coraje, marcando la pauta de todo el partido con sus dos primeros puntos. Wilt anotó los siguientes cinco intentos, sumando 13 puntos. A la conclusión del primer cuarto había conseguido 23 puntos, incluyendo los ya mencionados 9 tiros libres consecutivos. Philadephia ganaba en el marcador por 42-26. Llegó al descanso con 41 puntos en su casillero, lo cual no alteró a Chamberlain que ufano declararía: “A menudo me retiraba con 30 o 35 puntos así que 41 no era nada del otro mundo.”

Después del partido, Imhoff comentó: “literalmente nos cogía y empaquetaba en el aro junto con el balón. No podía pararle, y cuando tratábamos de hacerlo con más jugadores a su alrededor tampoco funcionaba”. Cuenta la leyenda que después del tercer cuarto Imhoff gritó a su banquillo: “¿por qué no le damos ya por anotados 100 y nos vamos todos a casa?” (declaraciones citadas en el libro biográfico Wilt 1962, escrito por Gary M. Pomerantz)

Norm Sonju, el manager general de los Dallas Mavericks, cuenta la siguiente anécdota sobre Imhoff: “Una vez presentando a Darrell en un clínic que yo dirigía en la parte norte del estado de Nueva York, unos años después de aquel partido famoso, se me ocurrió gastarle una broma. Dije a los niños allí presentes que Himhoff había parado una vez a Wilt Chamberlian y lo había dejado en solo 100 puntos en un partido. Darrel saltó de su asiento para asegurar a los niños que no era así. Les dijo que Wilt sólo había anotado 37 de su puntos contra él, ya que solo jugó 20 minutos.”

Ya en el vestuario de los Warriors durante el descanso, Mcguirre dijo al resto de sus jugadores que ya que Wilt estaba en racha debajo del aro, debían seguir surtiéndole de balones. En el equipo contrario, su entrenador, un novato Eddie Donovan, había predicho la táctica contraria, y sabedor de las pocas posibilidades de parar a Chamberlain una vez que el balón estuviese en sus manos, ordenó impedir a toda costa que los Warriors le pasasen el balón a Wilt. Pero a estas alturas del partido Imhoff estaba cargado de personales y su relevo, Cleveland Buckner, apenas superaba los dos metros de altura. Una autentica perita en dulce para el devorador de los tableros Chamberlain, que abrió el tercer cuarto con dos rápidas canastas más otros dos tiros en suspensión cerca del aro.

En la siguiente jugada se revolvió, saltó y encestó al mismo tiempo que Imhoff cometía falta personal sobre él. Es en este momento cuando todos en el pabellón se dan cuenta de que están presenciando un hecho que puede ser histórico. En ausencia de los modernos videomarcadores en los que los espectadores pueden seguir las estadísticas al dedillo, fue el speaker del pabellón, un fallecido Dave Zinkoff, el encargado de anunciar por la megafonía que Chamberlain había alcanzado la cifra de 50 puntos. El público respondió con un grito ensordecedor seguido de un murmullo incesante con comentarios de sorpresa y expectación.

Wilt anotó 28 puntos en el tercer periodo, encestando 10 de sus 16 intentos. Sus tiros en suspensión hacia atrás no encontraban oposición. Se encontraba cómodo y jugaba a placer. Al llegar al último cuarto llevaba 69 puntos, con el partido estaba sentenciado a favor de su equipo por 125 a 106. Pensó que podría batir su propio récord de 78 puntos pero nunca se le ocurrió la mágica cifra final.

Cuando anotó los seis primeros puntos del último cuarto de forma consecutiva todos los presentes eran conscientes de que se estaba fraguando un nuevo hito y los Warriors ayudaron al pívot pasando con mayor insistencia si cabe. Imhoff lo puso todavía más fácil siendo eliminado cometiendo su sexta falta personal. Wilt no tenía ahora defensor digno, parecía un juego de niños anotar. Cuando todavía restaban siete minutos, el base de Philadelphia Rodgers, que llevaba nada menos que 20 asistencias (consecuencia de la efectividad de nuestro hombre) pasó el balón a Wilt en la línea de tiros libres y este sabedor que esos eran los puntos que batirían su propio record hizo un tiro a una mano, con la chulería de quien se sabe un ser superior. Dos puntos más.

Pero es entonces cuando la historia de este partido se desmadra, el público ruge y esperando ser espectadores de un hecho histórico comienza a gritar: “¡Pásala a Wilt, pásala a Wilt!”. Y eso fue lo que hicieron los Warriors, por dos razones: era el estilo de juego impuesto por su entrenador, llevar el balón al poste bajo buscando los tiros fáciles del pívot y la otra era que querían que su líder batiese el récord. Chamberlain era muy querido en el vestuario de su equipo. A todo el mundo le caía bien, era amable con sus compañeros y siempre se mostraba como un líder humilde y trabajador, dispuesto a la broma oportuna en el vestuario y al sacrificio por conseguir la victoria. Attles evidenció la predisposición de colaboración de todo el equipo con el coloso cuando pudiendo anotar una canasta fácil prefirió pasar a Chamberlain que saltó por encima del aro e incrustó su punto 89.

En un intento desesperado por no pasar una vergüenza aún mayor y mitigar el ridículo que sin duda le harían pasar los tabloides neoyorquinos a su vuelta, Donovan ordenó a su equipo que usase la mayoría de los 24 segundos de posesión antes de lanzar a canasta y hacer inoportunas faltas personales para mantener el balón lejos de las manos de Chamberlain con el fin de restar oportunidades de ataque al equipo contrario. Pero aquello sentó como una afrenta al entrenador local, que colocó en pista a tres de sus suplentes (York Larase, Joe Ruklick y Ted Luckembill) con el único propósito de cometer faltas tan pronto los Knicks tuviesen el balón en su posesión y evitar así que los Knicks lentificasen el juego.

Rick Guerin fue el máximo anotador de los visitantes aquella noche con la nada desdeñable anotación de 39 puntos. El mismo reconoce como fantástica la actuación de Chamberlain pero resta méritos a las tácticas empleadas por su equipo, que destiñeron un poco la gesta. “los Warriors hicieron todo lo posible para que Chamberlain tuviese las máximas oportunidades de encestar. Nos hacía falta cuando recibíamos el balón. Quizás hubiese anotado 100 puntos igual, muy probablemente hubiese alcanzado los 80 o 85 puntos, pero las tácticas empleadas por los Warriors desvirtuaron el partido. No es lo que se supone que es el baloncesto.”

La nota más trivial de la noche quizás correspondiese a Attles, conocido por sus habilidades defensivas, esa noche no falló ni uno solo de sus tiros de campo, además de un tiro libre extra. Con sus 17 puntos fue el segundo máximo anotador de los Warriors, pero… ¿quién demonios iba a recordar aquello?

Chamberlain no llegó hasta los 94 puntos hasta que faltaban 2 minutos y 45 segundos para el pitido final. Con la posesión del balón Rodgers eludió a un defensor de los Knicks y pasó a Wilt, a quien casi se le escapa el balón, pero en un rápido gesto de manos la recupera y con otro de sus clásicos tiros en suspensión anota su punto 96. Los siguientes dos puntos fueron una fácil bandeja a pase de Larese, para, inmediatamente después, robar el balón en el pase desde la línea de atrás. Tal era la voracidad de aquel hombre por anotar que había presionado a toda la cancha la salida del balón obteniendo como resultado un fácil tiro debajo del aro, el que se suponía que pasaría a la historia como el punto número 100… quizás el tiro más fácil de todo el partido para Chamberlain, pero no sabemos si pensando ya en el festejo posterior o en la cita de la noche anterior… ¡falla el tiro! Siendo el balón escupido por el aro.

Wilt Chamberlain
Foto: NBA

En la siguiente jugada de ataque, Rucklick pasó el balón a Chamberlain en la posición de pívot tiró y volvió a fallar. Capturó el rebote y… ¡volvió a fallar! Todo el estadio lanzó un grito sordo de desesperación ante la intriga de la situación. Pero Luckenbill superó a los Knicks en el rebote y casi instintivamente le pasó el balón. Con un rápido movimiento saltó puso sus dos manos férreamente sobre el balón, apretó fuertemente los dientes e incrustó el balón en el aro rígido de la canasta consiguiendo así su punto número 100. Ruklick inmediatamente corrió hacia la mesa de anotadores para asegurarse que la asistencia era acreditada oficialmente como suya.

Restaban 46 segundos de juego pero unas doscientas personas se abalanzaron sobre la pista, invadiendo la cancha en su propósito de tocar al dios negro en que se había convertido Wilt Chamberlain. Vasos y periódicos fueron lanzados al aire en señal de celebración. Los jugadores, incluidos algunos de sus oponentes, se acercaron a él para darle la mano. Los árbitros, sabedores del histórico momento, no pusieron demasiada oposición a las celebraciones y se necesitaron hasta nueve minutos para reanudar el juego y que los últimos segundos del partido se llevaran a cabo. Wilt sonreía, suponemos que pensando en lo redondo de la cifra, y decide dejar así su anotación. Renegando la última posibilidad de ataque. Se limitó a quedarse en el centro de la pista rechazando anotar en la última jugada, más tarde declararía: “100 puntos sonaba mucho mejor que 102.”

Ya en el vestuario, al darse cuenta de que había encestado “sólo” 36 de 63 intentos, dijo: “¡Dios mío! esto es terrible nunca pensé que llegaría a tirar tanto en un partido”. Aún así accedió a hacerse una foto conmemorativa. Alguien escribió el número 100 en un papel y Chamberlain posó ufano con el cartel que le acreditaba como hombre récord para toda su vida. La fotografía más famosa y reproducida de las miles que le habían hecho y una de las más celebradas imágenes del deporte del baloncesto, por supuesto, en blanco y negro.

La NBA todavía estaba buscando asentarse en su 16ª temporada, cuando todavía no era una liga enorme como lo es en la actualidad y estaba aún menos establecida que el baloncesto universitario. Así que la organización recibía pocas coberturas televisivas y este partido, en principio intrascendente, no fue retransmitido. No hubo periodistas de la prensa neoyorkina trasladados a cubrir el partido, y solo una pequeña representación de los rotativos locales asistieron, siendo el publicista de los Warriors el encargado de reportar la crónica a las agencias más importantes del país. Únicamente tres fotógrafos estaban presentes en el partido. Lo cual ayudó a aumentar la mística y leyenda del acontecimiento. Se conserva una cinta magnetofónica de la retransmisión radiofónica a cargo del locutor Bill Campbell, pero únicamente los minutos correspondientes al último cuarto y todo gracias a que un estudiante de la universidad de Massachusetts había grabado la redifusión del partido a las tres de la madrugada de aquella misma noche, incluyendo un breve postpartido con entrevistas y descripciones del ambiente que se vivía en el pabellón.

En el año 2000, el supuesto balón con el que se jugó el partido fue subastado por 551.844 dólares, pero la controversia estalló cuando Attles declaró que él poseía el autentico esférico de la velada, ya que fue el propio Chamberlain se lo regaló a él como agradecimiento por sus buenos pases durante el partido. La subasta fue cancelada ante las dudas acerca de la autenticidad del balón.

La misma noche al histórico partido, Chamberlain pidió permiso para volver a New York (quien sabe si con intención de volver a visitar a la misteriosa mujer con la que había pasado la noche anterior) con tres jugadores de los Knicks. Chamberlain, repantigado en su asiento y cabeceando a ratos debido a la falta de sueño, pudo escuchar a los neoyorkinos hablar de “ese cabronazo que nos metió 100 puntos”.

El 4 de marzo los Warriors volvieron a enfrentarse a los Knicks, esta vez en el Madison Square Garden, e Imhoff recibió una larga ovación con el público en pié por haber dejado a Chamberlain en únicamente 58 puntos.

La extraordinaria personalidad de nuestro protagonista y sus múltiples aficiones e inquietudes quedaron de manifiesto el 21 de agosto de 1987, el día que cumplió 50 años, fecha en la que celebra una grandiosa fiesta que se convierte en todo un acontecimiento al que asisten la flor y nata del baloncesto NBA. En un determinado momento se dirigió a todos los presentes recordando las hazañas más destacadas que hicieron de él un jugador irrepetible. Alzando su copa exclama: “He anotado 100 puntos en un partido, he sido profesional durante 14 años, siete veces máximo anotador y reboteador. Pero en este momento el baloncesto no ocupa un lugar primordial en mi vida sino que es un hobbie. Siempre he procurado hacer múltiples actividades como boxeo, cine, carreras de coches… incluso me animaron para que me presentase a las elecciones a presidente de la nación, pero ahora mi mayor objetivo es ser entrenador del equipo olímpico de voleibol. Es un deporte que me apasiona”

De entre todas las hazañas deportivas, los 100 puntos de Wilt en un partido nunca serán olvidados, y es uno de esos récords destinados a perdurar por siempre. Muchas décadas después de aquello, casi invariablemente allí donde iba Wilt Chamberlain alguien afirmaba: “Mira, ese es el que metió 100 puntos”. Pero cuando era entrevistado por las celebraciones de la efeméride, Chamberlain (que falleció en 1999) todavía respondía: “No fue tan asombroso. Si no hubiera salido la noche anterior y hubiera dormido un poco más, podría haber llegado a los 140”. Genio y figura.

Wilt Chamberlain
Foto: NBA

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