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La doble cara de Ken Bannister

Odiado por la afición contraria; venerado por sus fans. Temido por los rivales; admirado por sus compañeros. Capaz de romper, adrede, los dientes a un rival y regalar cientos de entradas a los aficionados. Ken Bannister es recordado por su extrema dureza en pista. Pero la bestia se calmaba lejos del campo de batalla. Repasamos las luces y sombras de uno de los pívots más carismáticos de los años 90.

En los protocolarios saludos antes del inicio del partido, él no tenía por costumbre estrechar la mano con ningún rival. Bastaba echar un vistazo a su cara marcada para darse cuenta que no jugaba al baloncesto para hacer amigos. El partido que viniera después, sea cual fuera, lo confirmaba. Bloqueos durísimos, infinidad de faltas y mucha intimidación en defensa. A nadie le extrañaba su peculiar mote: ‘The Animal’.

Ken Bannister nació en 1960 en Baltimore. Allí creció y empezó a jugar al baloncesto. Su fuerte carácter salió a reducir muy pronto. Cambió de universidad hasta en tres ocasiones: Trinidad State JC, Indiana State y St Augustine´s. Fue el preludio de toda su carrera: muchos equipos y ciudades, y en ninguno parecía encajar. Eso sí, nunca le faltaron ofertas.

Ni siquiera de la mejor competición posible. La NBA llamó a su puerta por medio de los New York Knicks, quienes escogieron a Bannister en la séptima ronda del Draft de 1984 (posición global número 156). En el roster neoyorquino permaneció dos temporadas, en las que demostró un buen nivel con 7.7 puntos, 4.5 rebotes de media por encuentro. En total, fueron 145 las veces que vistió la camiseta de los Knicks.

A pesar de su buen inicio en la liga norteamericana, Ken probó suerte en Israel, siendo su primera experiencia en Europa. Apenas duró dos años (del 86 al 88), y el interior regresó a Estados Unidos para formar parte de la plantilla de Los Ángeles Clippers. Con ellos estuvo tres campañas, pero sus números no fueron los que promedió en New York. En total, Ken Bannister disputó cinco temporadas en la NBA, en las que consiguió 1.501 puntos, 893 rebotes y 111 asistencias.

Tras su estancia en Los Ángeles y varios problemas con el alcohol, Bannister jugó en la USBL, una liga profesional de primavera. Allí fue donde realizó su mejor temporada, en 1993. El americano fue el máximo anotador de la competición con 30,2 puntos de media por encuentro. Por supuesto, ganó el premio al mejor jugador del año.

Manel Comas, su valedor en España

Sus números, su potencia física (2,06 metros y más de 105 kilos), su carisma, y su ya extensa trayectoria no pasaron desapercibidos en nuestro país. El más ambicioso e interesado fue Manel Comas, entrenador del Taugés Vitoria. Comas había perdido a Joe Arlauckas ese año (93/94), traspasado al Real Madrid . El añorado ‘Sheriff’ buscaba a un pívot duro, y el mejor candidato era Ken. Ese mismo año conseguiría el subcampeonato de Copa del Rey (Bannister fue expulsado en la final) y el mismo escalón en la Copa de Europa, en la primera final europea de su historia. Bannister formó, junto a Ramón Rivas, una de las parejas interiores más intimidadoras de la ACB, convirtiéndose en una de las piezas fundamentales de ese Baskonia con 15.6 puntos y 7.8 rebotes de media en los 25 partidos que vistió la camiseta vitoriana.

Pese a todo, su estancia en Vitoria acabó ahí, y ‘The Animal’ recaló en Zaragoza, donde estuvo dos temporadas. Es en la capital aragonesa donde Bannister guarda sus mejores anécdotas en España.

Alfred Julbe era el entrenador de aquel Anway Zaragoza. Él apostó por el pívot en el rol de tipo duro, en un engranaje donde Andre Turner era el base y Andy Toolson el tirador. Fue en esa misma plantilla en la que se retiró Fernando Romay, con quien Bannister se picó más de una vez en los entrenamientos. El propio Toolson rememora uno de esos momentos: “La intensidad era muy alta, con faltas al límite. Alfred avisaba, nos decía que bajáramos las emociones o alguien se podía lesionar.  Recuerdo que me hicieron un bloqueo debajo el aro. Era… Ken Bannister. Me pilló medio desprevenido y acabé con su codo golpeando mi garganta. Me levanté del suelo sumamente enfadado y le empujé, pero no me dijo nada. Quizás Ken me estaba probando, porque después ese día, nunca volví a tener problemas con él”.

‘The Animal’ exhibía su carácter imprevisible, sus dos caras. Esa que agitaba a la afición local por la defensa, por lo civil y lo criminal, de su equipo; y aquella otra que enfurecía a los seguidores rivales y hacía temblar a rivales y árbitros. Uno de ellos, Luis Guirao relató otra experiencia en la cancha: “Era pura potencia, un jugador con un físico increíble y además muy educado. Recuerdo en una ocasión pitarle una quinta falta personal y él rápidamente vino hacia mí, pero realmente se iba al banquillo, no sé si se dio cuenta pero hubo un momento que incluso me asusté”.

Con la camiseta del Zaragoza, Bannister rompió varias costillas a dos rivales la misma temporada. Por supuesto, no hay antecedentes ni precedentes similares. Concretamente, las víctimas de sus bloqueos de cemento fueron Jordi Soler del Cáceres y Curro Ávalos del Unicaja. Éste último salió rebotado a la mesa de anotadores, entre el griterío local. Y el bueno de Ken… solo reía.

Pero no solo las costillas corrían serio peligro cuando ‘El Animal’ se encontraba delante. También los dientes. Que se lo pregunten a Sergei Bazarevich, por aquel entonces base del Cáceres. El ruso estaba destrozando al Zaragoza, y en un tiempo muerto, Bannister ‘solicitó’ a su entrenador encargarse de él. Le dieron luz verde y fue la sentencia para Bazarevich. En una entrada, Ken no fue a taponarlo, e impactó su enorme brazo en la boca de Sergei. Los dientes al suelo. Para Toolson, “eso es lo que había planificado Ken. Lo había preparado y lo pensaba hacer, no fue fortuito”.

Recordada es también su pelea con Richard Scott en el Príncipe Felipe, que valió la expulsión de ambos, aunque pocos se atrevieron a interceder en la refriega.

Pese a todo, Andy Toolson acaba su relato declarando la “admiración y respeto” de todos sus compañeros en el Amway Zaragoza. Puede que contribuyera a ese sentimiento el cariño de Bannister al club maño. Por aquel entonces, el Zaragoza necesitaba una ampliación urgente de capital, y los jugadores se comprometieron a participar simbólicamente de ella para animar a la afición. Ken fue el jugador que más participaciones adquirió y regaló cientos de entradas para los partidos a los aficionados más jóvenes. Un tipo peculiar también fuera de la pista.

En total, Bannister disputó un total de 61 encuentros en Zaragoza, con 14,4 puntos y 7,8 rebotes de promedio por velada. El noviazgo, sin embargo, se terminó cuando Bannister dio positivo por nandrolona durante un control antidoping.

Meses más tarde, el americano recaló en las filas del Fuenlabrada y la misma temporada fichó por el Joventut, donde se reencontró con Alfred Julbe. Aquí, otro episodio sobre la doble cara de Bannister. José Maria Izquierdo, segundo entrenador, expresó: “Sólo estuvo 4 partidos con nosotros pero era un tío que no tenía nada que ver dentro de la pista, ni su aspecto físico, con fuera de la cancha, donde se comportaba educada y afablemente”.

En Joventut y Fuenlabrada protagonizó sus últimos 28 partidos en nuestra liga, en los que mantuvo el nivel hasta el final: amplió su rango de tiro a 4-5 metros, sin dejar de ser expedito en defensa. En sus cuatro cortas pero intensas temporadas en ACB, ‘The Animal’ firmó unos números de 14,6 puntos y 7,8 rebotes por partido. Muchos lo quisieran.

Sin rastro

Bannister dejó España en 1997 y disfrutó tres años más como jugador profesional en ligas menores de América Latina. En su último equipo, el Ipiranga brasileño, Ken, con 40 años, coincidió con un jovencísimo Tiago Splitter, que tenía 14 primaveras por aquel entonces. Lejos de dar un supuesto buen ejemplo al chaval, Bannister no acabó la temporada, ya que le rompió de un codazo ocho huesos de la cara a un jugador rival. La furia, el instinto animal, hasta el final.

En el 2000 colgó la camiseta y… desapareció. Literalmente.

Aún hoy se desconoce el motivo y el lugar del escondite, pero Ken no da señales de vida. Ni el los New York Knicks pudieron dar con él para invitarle a una gala en homenaje a Patrick Ewing.

En la actualidad, Ken Bannister, a sus 57 años, vive junto a su mujer y su hija en Missouri City, un pequeño municipio de Texas, rodeado de lagos y pequeños bosques. Seguramente, ‘The Animal’ habrá encontrado allí la paz que no tuvo ni buscó como profesional de la canasta.

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