Érase una vez una ciudad de espaldas al mar en la que unos “locos” empezaron a practicar un extraño deporte. Consistía en avanzar botando un balón más grande de lo normal para posteriormente lanzarlo con la intención de colarlo en una especie de cesta. Tan simple, tan difícil. Esos maravillosos locos fueron los pioneros del baloncesto malagueño. En el campo del Tabaco, en la Plaza de toros de la Malagueta o en la Rosaleda desplegaron su rudimentario baloncesto inoculando, sin saberlo, una irrefrenable pasión. Los que continuaron su legado hicieron de este deporte una forma de vida y se empeñaron en vincular para siempre la palabra baloncesto con la ciudad de Málaga. Lejos de aquellos tiempos de racionamiento y estraperlo, en 1977 se formalizó la relación y se fundó la Sociedad Deportiva Caja de Ahorros de Ronda, gracias al tesón de personas como Alfonso Queipo de Llano, José María Martín Urbano o Paco Moreno. 40 años después la aventura continúa.

La temporada 2016/2017 será difícilmente olvidada por los aficionados malagueños. La ciudad que hoy presume de museos, de sol y mar, puede volver a presumir también de su equipo de baloncesto. El Unicaja se reivindica en su 40 aniversario con un título. Un título que da acceso a las altas esferas y que vuelve a colocar bajo el calor de los focos del mejor baloncesto continental al club cajista. Málaga vuelve a sentirse guapa entre los 16 equipos más poderosos de Europa. Málaga vuelve a ser de Euroliga y proclama así que, 40 años después, los sueños siguen siendo jóvenes.

Mucho se ha escrito ya sobre el título levantado en Valencia, otro capítulo más de la historia de un club forjado en la leyenda improbable. Siempre bailando entre el éxito y el fracaso, caminando por el estrecho bordillo que separa la rutina del perdedor de las ilusiones veladas. Málaga y su Unicaja han aprendido a soñar a base de golpes. Como el golpe cruel del hierro de Ciudad Jardín en la final de 1995. Aquella vez Málaga se echó a la calle para levantar a sus ídolos caídos y tuvieron que construir un pabellón más fuerte y más grande para soportar otros golpes. El de la exclusión de la Euroliga parecía ser el definitivo. Nada más lejos de la realidad.

Diez años antes…

Con el triple de Pepe Sánchez que clasificaba al Unicaja para la Final Four de Atenas se cerraba la etapa más gloriosa del baloncesto malagueño, y una evolución tendente al infinito de los títulos: Copa del Rey (2005) y Liga ACB (2006). A partir de ahí la arena del desierto inundó las gradas del Carpena. Una travesía demasiado larga que ha acabado con los huesos del club en la lona de la Eurocup.

16 años atrás… Europa, desafío conseguido

La final del 95 relanzó el deporte de la canasta en la ciudad. Imbroda y los suyos se empeñaron en remover los cimientos de la cordura. David contra Goliat. Un triple que no fue y el primer aviso de un adolescente rabioso. Tras este espaldarazo la entidad decidió apostar sobre seguro y eligió como cicerone a todo un maestro. Un tipo acostumbrado a ganar: Bozidar Maljkovic. Aquel Unicaja era un equipo joven que quería ser alguien en Europa.

Con Ciudad Jardín como testigo involuntario, Unicaja se plantaba en su primera final europea. En aquella ocasión contra el Limoges, un mal partido de ida en Francia hipotecó el título. La fe en las remontadas imposibles no fue suficiente y el equipo galo acabó levantando el trofeo guiados por un tal Marcus Brown, que años más tarde volvería a Málaga para vestirse de verde y liderar junto a Jorge Garbajosa otro proyecto ganador.

Copa Korac Unicaja

Foto: Reuters / Petar Kujundzic

En los albores del siglo XX y comienzos del XXI se hablaba del cambio de milenio y de la fiebre amarilla. Los Lakers de O’Neal y Bryant dominaban la NBA. En Europa, tiempos convulsos para el baloncesto (la historia se repite). La temporada 2000/2001 fue la de la Suproliga. La FIBA no quiso renunciar al poder y siguió organizando su competición paralela a la nueva Euroliga que ya empezaba a tomar forma. Hubo por tanto dos campeones europeos: el Maccabi ganó la Suproliga y la mítica Kinder de Bolonia se llevó la Euroliga, última antes de las “Final Four”. Fueron cinco partidos de vértigo entre “la apisonadora boloñesa” de Jaric, Rigaudeau, Abbio, Smodis, Griffith o Ginóbili contra el TAU Cerámica de Bennett, Oberto, Scola o Stombergas. Por su parte el Unicaja disputaba su segunda final europea.

Ya en el Carpena, y con nombres ilustres sumados a la causa como los de Veljko Mrsic o Xavi Fernández, llegaría el ansiado título. La Copa Korac por aquel entonces daba sus últimos coletazos ante el nuevo escenario continental que se avecinaba. Fue el preludio de la Copa ULEB, que posteriormente se convertiría en la actual Eurocup. Con los nuevos tiempos también llegarían nuevas reglas al baloncesto europeo: posesiones de 24 segundos, ocho para pasar de campo y los cuartos de diez minutos. Una revolución con la intención de dinamizar el juego que amenazaba con frenar al equipo de Maljkovic. Se cuestionó la adaptación del entrenador Yugoslavo al baloncesto moderno, ya que su estilo se caracterizaba por las posesiones largas y los marcadores bajos. Primaban las defensas y el ‘basket-control’. Sin embargo, y para sorpresa de todos, el Unicaja fue uno de los equipos que mejor asimiló el cambio y desarrolló un juego rápido y vistoso que les llevó a consolidarse en la zona noble del baloncesto nacional.

Dijon, Maccabi Ramat Gan y Ricoh Amsterdam fueron los escollos del equipo malagueño antes de plantarse en la gran final de la Korac, en la que no tuvo piedad del KK Hemofarm de Vrsac al que destrozó en el partido de ida por 77-47, dejando así la final vista para sentencia.

Más allá del título para Málaga y para Andalucía, la importancia radica en el simbolismo de un ascenso sólido hacia la élite. Un ascenso sin prisas y con valores que han llevado al club de los Guindos a disputar 16 años la máxima competición europea y a estar los últimos once entre los 16 mejores equipos del continente. Fueron años de ilusión en los que se consiguió enganchar a una masa social que era capaz de abarrotar las gradas del Martín Carpena día sí y día también. De Maljkovic a Plaza. De Cabezas y Berni a Alberto Díaz. 16 años después el Unicaja vuelve a ganar un título europeo. El futuro, como aquel entonces, vuelve a ser emocionante. Después llegarían los títulos de liga y de Copa y la clasificación para la Final Four, pero la Copa Korac marcó el comienzo de todo. Ahora se presentan nuevos retos para un club y una afición que, 16 años después, sigue mirándose en el espejo de aquella Korac.

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