El Fenerbahçe se ha plantado en la Final Four. Hasta ahí, todo normal. A principio de temporada, el club otomano era uno de los claros favoritos a presentar credenciales al título tras su subcampeonato en Berlín, pero con los argumentos baloncestísticos a examen, el equipo de Zelko Obradovic había arrojado dudas. Unas dudas tan fáciles de disipar en una serie de cuartos de final contra Panathinaikos como destruir un castillo de naipes.

Los chicos de Zelko iniciaban un camino hacia la gloria -ningún equipo turco ha sido capaz de levantar una Euroliga jamás- en el que encontrarían algún que otro rosal lleno de espinas. A lo largo de la fase regular, la plantilla del Ulker Sports Arena de Estambul mostraba una cara que no concordaba con lo que se esperaba de ellos. Una cara pensada para brillar en el futuro más que a corto plazo. En ataque, se convertían en un equipo rácano rondando los 74 puntos de media por partido. La gran mayoría de los esfuerzos se centraban en la parte de atrás. Una defensa férrea, inabordable y que permitía una media de 74,8 puntos por partido. Encuentros físicos y donde el talento tenía que relucir entre el poco nivel ofensivo mostrado. Noveno en porcentaje de acierto en tiros de dos (51,60) y sexto en porcentaje en tiros de larga distancia (38,30). Guarismos totalmente discretos en un grupo que cuenta con excelentes tiradores como Bogdanovic, Dixon, Datome o Mahmutoglu, entre otros.

En el ámbito estadístico individual, las grandes figuras del plantel no se codeaban con los mejores del continente, salvo uno: Ekpe Udoh. El pívot acabó la temporada como el cuarto mejor jugador valorado tras Langford, Wanamaker y De Colo y como el mejor taponador de Europa con casi tres tapones por partido. Lo único salvable del equipo. Si, por ejemplo, nos vamos al apartado de los máximos anotadores, el primer jugador de Fener se encuentra en la posición 17ª (B. Dixon con 11.34 puntos de media). Una posición muy lejana en lo que a expectativas de título se refiere. Además, la disposición clara de un quinteto titular provocaba un papel casi inadvertido del banquillo. Tan sólo encontramos a cinco jugadores con dos cifras en relación a valoración de equipo. Una valoración de 86,63 situada en séptimo lugar.

La inestabilidad y el no destacar se estaban convirtiendo en una costumbre poco aciaga para el futuro del equipo. No existía regularidad en resultados y mucho menos en el juego. La dura caída en Vitoria por 86-52 y la siguiente derrota en la Mano de Helías hacían prever una temporada de vaivenes constantes. Pasó por varias fases de juego discreto, incluso mediocre, seguramente lastrado por varias lesiones, y hasta sufrió para asegurar el pase al playoff de cuartos. Esos vaivenes  se transformaron en grandes losas pesimistas al acabar la liga regular con cuatro derrotas en los últimos seis partidos. El destino dibujaba un camino tenebroso en el que en play-off tendría enfrente a Panathinaikos y con el factor cancha en contra. Una de las mejores defensas de la competición y un correoso equipo se presentaba con el cartel de favorito ante los chicos de Zelko. Un zorro que tenía todo atado y que gracias a su mentalidad convertiría a su equipo en uno de los aspirantes al trono europeo.

La confrontación ante Panathiniakos con dos partidos en Atenas era más propio de sobrevivir que de otra cosa. 1 victoria. Todos se agarraban a eso. Y resulta que destaparon la cara oculta que llevaban cuidando durante toda la temporada. Reventaron la serie con dos enormes victorias en territorio hostil. La primera, por un 58-71 con un auténtico cerrojo en la segunda mitad. Parcial de 16-43 y carpetazo encima de la mesa. El 59% en acierto en triples junto con la diferencia de valoración (51-83) dejaban claro que la fase regular fue un puro espejismo. Una manera de economizar los recursos para llegar más vivos a la hora de jugarse las habichuelas. Sin duda, el segundo partido confirmaba esta idea y dejaba entrever que todo lo ocurrido anteriormente estaba planeado. 80 puntos anotados con una valoración en común de 99. En ese encuentro, el banquillo no aportó pero las figuras de Bogdanovic y de Udoh salieron a relucir. La gran noticia, a parte de la victoria, era la recuperación para el tramo final de temporada de Bogdanovic. El talento puro sacaba sus armas y se apuntaba a la Final Four. Con este 0-2 que azotaba el panorama baloncestístico europeo, Fenerbahçe optaba a entrar en la historia. Nadie había llegado a la Final Four con el factor cancha en contra y endosando un 0-3. Así, finalmente se firmó ese resultado en el global de la eliminatoria y Obradovic añadía un “título” más a su espectacular curriculum. La transformación del equipo se había completado. El equipo acababa la temporada a pleno rendimiento y los números del play-off lo reflejan a la perfección. Una media de 91,6 de valoración, con 77 puntos por partido en ataque y 64,6 puntos permitidos en defensa. Un porcentaje en triples del 52,1 % de acierto (en fase regular promediaban un 38,3%), 18 asistencias de media y un número a la par de robos y pérdidas.

No pueden llegar de la mejor manera posible los chicos de Zelko. Además, han terminado la temporada regular en Turquía en primera posición y han tenido tiempo para preparar la Final 4 ya que adelantaron su último partido, ante el Ankara Kolejliler. Pero ahora llega la hora de la verdad. Aquí no vale la cara oculta porqué te la parten. Enfrente tendrá al Real Madrid, otro hueso duro de roer. Sin duda, el cara a cara para unas semifinales de Euroliga.

Si te ha gustado, suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada del mejor baloncesto para leer. Kwame Brown no lo hizo y mira en que quedó su carrera.