De ser en 2014 uno de los descartes de un combinado nacional U18 compuesto por nombres de la talla de Tyus Jones, Justise Winslow, Stanley Johnson, D’Angelo Russell, Rashad Vaughn, Jaylen Brown, Marquese Chriss, Luke Kennard, Myles Turner o Malachi Richardson (todos ellos actualmente en la NBA) a ser un desconocido, pero a la vez, inesperado ídolo.

Pero lo sería en otro país un año después. Y en ese momento, él justo acababa de graduarse en el instituto y su vida había había sufrido algunos cambios. Aquello fue solo el principio de una historia que haría que Pasadena y Creta, el estado de California y una isla de Grecia, tuvieran algo en común. Dos culturas completamente opuestas separadas por poco más de 11.000 kilómetros.

Tyler Dorsey era un chico que nació y se crió en Pasadena, cerca de Los Ángeles, y que como cualquier chaval de su edad, entonces en 2014, disfrutaba jugando al baloncesto en el instituto. Su objetivo no era otro que competir al máximo nivel, y así lo demostraba, consolidándose como uno de los 30 mejores jugadores de una generación encabezada por prodigios como Ben Simmons o Brandon Ingram. La NCAA esperaba una camada de freshmen con potencial para destacar desde el primer momento.

A principios de enero de 2014, Dorsey, siendo ya uno de los más destacados en su posición en todo el país y aún en pleno penúltimo curso en el instituto, anunciaba su compromiso con toda una ‘powerhouse’ como la Arizona de Sean Miller. Y a priori, el compromiso del base parecía cerrar la batería de ‘point guards’ para el curso 2015-16 en el equipo de Tucson.

Pero no. Miller no parecía haber acabado todavía con su labor de ‘recruiting’. Justin Simon, otro base, anunciaba su compromiso con los Wildcats en mayo, y Miller, también asistente de las categorías inferiores de USA Basketball, centraba sus esfuerzos en conseguir dos de los jóvenes más cotizados de la class: Isaiah Briscoe y Alonzo Trier. Esos dos nombres, casualmente, serían la competencia de Dorsey en las pruebas para entrar en el roster del Team USA para el FIBA Américas U18. Briscoe y Trier formaron parte de los 15 elegidos, mientras que Dorsey no pasó el primer corte.

“Aquella fue la primera vez que había sido descartado en un equipo, así que usé eso como una motivación”, decía Dorsey sobre la experiencia vivida con USA.

Foto: Adidas

Interpretaciones de la situación aparte, días después de quedar fuera del combinado USA Tyler Dorsey anulaba su compromiso con Arizona y reanudaba el proceso para elegir un nuevo futuro destino universitario. Y este no fue el único cambio, porque también cambió de instituto para estar más cerca de su hogar. Pasó del St. John Bosco HS de Bellflower al Maranatha de Pasadena.

Tyler empezaba de nuevo y vio una nueva oportunidad en el horizonte para rehacerse. Lo sucedido en verano con el combinado nacional era motivación más que suficiente para seguir trabajando duro.  Dorsey, un base atlético, eléctrico y de un perfil anotador, se consolidaba como uno de los mejores jugadores de toda la nación. Lideró al Maranatha al campeonato estatal y fue designado mejor jugador del estado de California. Aquel meteórico año, sin embargo, no le sirvió para ser elegido para disputar el McDonald’s All-American Game anual, pero sí para saber que Oregon sería su nueva casa los dos años siguientes. A diferencia de lo ocurrido el año anterior, su compromiso con el equipo de Eugene era total, y la confianza de Dana Altman en el base era ciega.

Pero meses antes de emprender una aventura de dos años en la NCAA, algo ocurriría. Y para entender quién es hoy en día Tyler Dorsey, una nueva experiencia en el verano de 2015 haría que ese trabajador y humilde chico nativo de Pasadena se convirtiera, en parte, en el que es hoy. Una sensación que pudo experimentar gracias a las raíces griegas de Samia, su madre.

Samia, de ascendencia griega e israelí, se trasladó de Atenas a los Estados Unidos a los 3 años de edad, y desde entonces, poseía el pasaporte heleno, algo que podía abrirle una nueva vía a su hijo. La oportunidad que se le presentaba a Tyler de adquirir la doble nacionalidad y recibir el pasaporte griego resultaría ser enriquecedora en muchos ámbitos, ya fuese en lo deportivo, en lo cultural y también en lo familiar. Aquello significaría una especie de tributo a su abuelo Antoine, ya fallecido. Aceptó.

“Mi madre y mi familia me dijeron que por qué no considerar jugar para el equipo nacional griego”, decía Dorsey.

Aquella era una historia que conocía de buena mano Tony Stubblefield, miembro del staff técnico de Oregon, que en marzo de 2015 viajaba a Atenas con el objetivo de reclutar al prometedor Georgios Papagiannis, que en aquel momento se debatía entre el profesionalismo o cruzar el charco para jugar en la NCAA. Recogía Sports Illustrated que, durante aquella visita a Grecia, Stubblefield se encontró con su amigo Nikos Papaioannou, un reputado columnista en materia NBA del país.

Tenemos a un chico de Pasadena [Dorsey] que se acaba de comprometer [con Oregon], y cuya madre es griega. ¿Crees que podría jugar para el equipo nacional [de Grecia]?”, mencionó Stubblefield a Papaioannou.

Aquella conversación fue clave para proporcionarle una oportunidad a Tyler con el combinado nacional de un país que apenas conocía. George Vasilakopoulos, entonces presidente de la federación de baloncesto de Grecia, concedió a Dorsey la oportunidad de entrar en el equipo U19 para el Mundial de 2015 que, precisamente, se disputaba en el país heleno. Sólo unas semanas después de graduarse en el instituto y a pocos días del inicio campeonato FIBA, Tyler emprendería un largo viaje a Atenas para formalizar la doble nacionalidad.

11 horas antes del inicio del torneo, el californiano entraba oficialmente en el roster para disputar el Mundial U19. Apenas había entrenado con un bloque que llevaba años unido, pero a la postre acabaría siendo lo de menos, porque Dorsey sería en poco tiempo uno de ellos.

Con el paso de los partidos, el de Pasadena dejó a todos sorprendidos con su juego y con su rápida adaptación a un grupo con el que no había jugado nunca. “Nos sorprendimos cuando llegó y nos dijo que era griego”, aseguraba Konstantinos Mitoglou, entonces jugador de Wake Forest y clave en la adaptación de Dorsey. “Es rápido en transición y muy atlético. Nos ha ayudado en el rebote y es bueno en el uno contra uno. Se ha ajustado muy bien a este equipo”.

La dificultad del idioma era otro el gran desafío para él durante su estancia en Creta. Un obstáculo fue que su entrenador no hablara inglés, por lo que staff técnico y jugadores fueron las principales vías de comunicación del base en los entrenamientos y en los descansos. Pero una vez en la pista, Dorsey empezó a brillar y a sentirse más a gusto. El californiano lideró al grupo en puntos y minutos disputados en todo el torneo a pesar de no ser titular en ningún partido. 

“Espera… ¿Tú eres griego?”, le preguntó uno de los componentes del combinado USA al verle vestido con el uniforme con las letras de ‘HELLAS’ estampadas en la camiseta.

Foto: FIBA

Casualidades del destino, Tyler Dorsey se cruzó con su ‘otro’ país en semifinales del torneo. El base endosó 23 puntos a los americanos, pero los 30 de Jalen Brunson decantaron la balanza para el combinado USA, que a la postre ganarían el torneo ante Croacia. Finalmente los griegos acabaron en cuarta posición el Mundial U19, pero aquella experiencia en Creta mejoraría su reputación y condición de ‘prospect’ de cara a la NCAA. Ganó ese punto de madurez en el juego que le haría un jugador más determinante. “Jugó [el torneo] como si tuviera 30 años”, decía el columnista Nikos Papaioannou refiriéndose al nivel de juego de Dorsey.

Pasó de ser un completo desconocido a ser reconocido casi como un héroe. “Nadie de aquí [antes del torneo] lo conocía de antes, pero ahora le aman”, aseguraba un periodista local.

 

Aquella aventura de verano en Grecia antes de dar el salto a Oregon fue esencial para acelerar su aprendizaje y para estar todavía más preparado. El hecho de conocer una nueva cultura de juego fue una oportunidad de lujo para continuar con su formación.

Y su primer año en Oregon no pasó desapercibido. Tyler Dorsey mostró estar un paso por delante del resto de bases de la competición y se consolidó como uno de los mejores jugadores del año. Los Ducks, con jugadores de la relevancia de Dillon Brooks, Chris Boucher o Dylan Ennis y con Dana Altman en el banquillo, fueron una de las sorpresas agradables del año. El conjunto de Eugene finalizaba la curso cayendo en Elite Eight ante Oklahoma, pero ya habían avisado. Pese a los cantos de sirena de la NBA, Dorsey regresaría a los Ducks para disputar su año sophomore y ser una de las piezas angulares de un prometedor proyecto. No se sentía preparado para acelerar su salto a la mejor liga del mundo, pero ese año, su etapa aprendizaje no cesaba.

Su temporada en Eugene no había pasado desapercibida y el californiano acudió a la llamada de Fotis Katsikaris para estar en la preselección del combinado griego para disputar el Preolímpico de Turín, en el que Grecia buscaba conseguir un pase para disputar los Juegos Olímpicos de Río 2016. Aquella experiencia, a pesar de no estar en la lista definitiva para jugar aquella serie de partidos, le permitió compartir vestuario con profesionales de la talla de, sin ir más lejos, Giannis Antetokounmpo, toda una joven estrella de la NBA en ciernes que le tocó defender entrenamiento sí, entrenamiento también.

“Él [Giannis] me hizo mejor, porque si puedes aprender a lidiar con su longitud y su capacidad atlética, puedes defender a cualquier otro jugador”, confesaba Dorsey en el ‘media day’ de Oregon, evento previo a su segundo año en los Ducks. “Jugar contra él y tener esa experiencia me ha hecho mucho mejor jugador”.

El segundo año (y último) en Eugene fue incluso mejor. Con la espina clavada de caer en Elite Eight la temporada anterior, los Ducks consiguieron llegar todavía más lejos. Llegaron a la Final Four, y Tyler Dorsey fue el jugador desequilibrante que todos esperaban, firmando más de 20 puntos en los cinco partidos del NCAA Tournament. No obstante, tropezaron ante North Carolina, el último escollo antes de la gran final. Aquel partido ante los Tar Heels en Phoenix fue el último encuentro del base californiano con la camiseta de Oregon, ya que un tiempo después, anunciaría su marcha a la NBA, con destino a Atlanta Hawks en la noche del Draft.

Ahora, Dorsey afronta un nuevo reto, pero con la misma actitud que en sus inicios, aquella que le hizo ganarse el respeto del público y entrenadores a pesar de ser un desconocido en un país que él apenas conocía.

Pasadena fue el inicio de todo, Creta lo que le dio confianza y lo que le hizo madurar y, finalmente, Oregon el lugar donde demostró que aquellos que no confiaron en él al principio estaban equivocados.

Aquella oportunidad, gracias al origen de su abuelo y de su madre, forjó su camino. Un recorrido del que, llegado a este punto, Tyler puede sentirse orgulloso.

Foto: Scott Cunningham / NBAE