La agencia libre de 2014 se presentaba como una de las más atractivas de la última década. En ella se podía encontrar todo lo que un equipo pudiera necesitar. Entre los que se podían presentar, había leyendas, estrellas, grandes jugadores y secundarios de lujo. Así pues se planteaba un julio más que fascinante. Pero la historia que venimos a contar no empieza ese verano, si no que se prolongó durante toda la temporada anterior. Hablamos de la agencia libre de Carmelo Anthony, estandarte de aquellos Knicks.

Desde el inicio de la temporada 2013-14 se empezó a especualares con quiénes iban a ser los agentes libres que saldrían al mercado y qué opciones podía tener cada uno. A pesar de todos los nombres que había, uno brillaba por encima del resto, Carmelo Anthony. El jugador del barrio de Red Hook, en Nueva York, había vuelto a su ciudad natal en 2011. Concretamente el día 23 de febrero, cuando los Knicks pactaron un traspaso con los Denver Nuggets que llevaría a Melo a casa.

El paso del tiempo abrió la temporada 2013-14, la última de Carmelo con contrato, lo que comportaba que sería agente libre en verano, su primera vez desde que llegó a la liga. Este hecho provocó que la temporada de los Knicks fuera muy importante para el futuro de la liga, pues si los Knicks eran competitivos, probablemente Anthony se quedaría, por lo que las opciones del resto de equipos exigirian que fueran mejores que los de Nueva York y presentaran un buen proyecto.

Ya desde antes del inicio de la temporada muchos equipos se posicionaron y los medios se frotaban las manos.

En octubre, medios como Bleacher Report hablaban de hasta siete posibles salidas para Carmelo. Los rumores fueron acrecentándose según avanzaba la temporada. Hecho principalmente potenciado por la penosa campaña que firmaban los de la Gran Manzana. Así, todos los medios afiliados a equipos interesados comenzaron a hacer trabajo de análisis y opinión con el objetivo de plasmar el porqué Carmelo acabaría en su equipo.

Así se llegó al final de la regular season y los Knicks quedaron novenos de la Conferencia Este, sin clasificación para los Playoffs. Serían los primeros que Melo se perdía desde que llegó a la liga.

Con la resignación que esto debió provocar en Anthony, que vio cómo los equipos que le querían jugaban la postemporada, no fue difícil pensar que los días de Carmelo como Knickerbocker se estaban acabando. Fue con esta amarga situación para los neoyorquinos como se llegó a la agencia libre de 2014.

El equipo presidido por el ‘Maestro Zen’ necesitaba firmar a una estrella para mantener la ilusión de su público que, como siempre, exigía impaciente resultados a su equipo. Esto provocaba que no cupiera la idea de una reconstrucción en Nueva York, como sí estaban haciendo otros equipos históricos de la NBA, véanse Utah o Boston.

 

Como si de una gira de conciertos se tratara, Carmelo Anthony se dispuso a realizar un tour de cuatro días por los Estados Unidos de América.

El viaje empezaba en Chicago, los Bulls fueron los primeros afortunados en recibir a los Anthony -Carmelo y LaLa-. En la Ciudad del Viento la visita arrancó con un tour por el United Center que fue seguido de una larga reunión. Según comentó el periodista Alex Kennedyla reunión se centró “entorno al hecho de que unir a Anthony, Rose, Noah y Gibson -con Thibodeau entrenando- era más que suficiente para ser competitivos en el Este”.

A esta reunión le siguió un workout privado de Derrick Rose, “para demostrar a Anthony su salud y que estaba preparado para competir a alto nivel durante la siguiente temporada”, una de las grandes preocupaciones de Carmelo para firmar por Chicago. Los Bulls dependían mucho de la salud de Rose y como se pudo ver posteriormente, esta no llegaba. Así tanto la salud de Rose como las posibles dificultades para encajar a Anthony en el juego de Thibodeau, eran los factores que podían echar atrás al de Nueva York. La reunión acabó en cena y Anthony y LaLa cogieron otro avión.

Era miércoles y los Anthony se plantaban en Texas. Un día, un estado, dos equipos que visitar. Por la mañana, los Houston Rockets; por la tarde, los Dallas Mavericks. Mientras, en la liga se mantenía una tensión constante con todos los equipos observando qué pasaba con los agentes libres de Miami. Después de los de Miami estaba Melo. Así que los Rockets lo apostaban todo por este último.

Los de Houston querían demostrarle a Melo una sola cosa. Eran la forma más rápida de llegar al anillo, lo que parecía ser el principal objetivo de jugador en aquel día. La prensa le quería y hacía presión, mientras nadie pensaba que LeBron saliera de Miami. Así que era el pez más gordo. “Melo es como Harden, pero claro, más alto y lleva headband“, decían en Houston. Para atraer a Carmelo se hablaba de un nuevo big three. Uno basado en James Harden, Dwight Howard y el propio Melo. E incluso podrían haber retenido a Chandler Parsons.  ¿Quién salía perdiendo claramente? El base del equipo, Jeremy Lin. En la imagen superior ya vemos cómo Melo vestía el dorsal del base de origen taiwanés. La visita acabó como todas, con la franquicia convencida de sus opciones.

Era mediodía y Melo tenía otra cita, ahora en Dallas. La postemporada empezó muy feliz para los de Texas. Esperanzados de atraer más a Melo cerraron un trato con los Knicks para llevarse a Tyson Chandler. Así los Mavs se plantaron en la reunión, presentando los tres jugadores que acompañarían a Melo en un big four. Incluyendo a Dirk Nowitzki, al ya mencionado Chandler y a Monta Ellis. Con Chandler los Mavericks unían a un amigo de Melo a un equipo con un método de juego que era válido para ganar. “Él busca ganar, ser parte de un sistema y de una cultura”, decía el pívot, que aseguró que haría todo lo posible para reclutar a su amigo.

Otro que hizo un gran esfuerzo por la franquicia a la que aún ahora defiende fielmente fue Nowitzki. El alemán, siempre leal a su franquicia, perdonó más de doce millones por año en un contrato de dos años con el objetivo de abrir espacio salarial para Melo. Carmelo pediría un máximo, aún después de afirmar que el dinero no le importaba, sino que su objetivo era ganar. Dallas era un buen sitio para luchar por victorias, pero Anthony siguió su viaje.

Como en la noche anterior, los Anthony cogían un vuelo. El destino era el de siempre, el que siempre suena cuando una estrella sale al mercado. Los Ángeles. Los Lakers querían a Melo y LaLa quería Hollywood. La reunión fue tremendamente satisfactoria para ambas partes. Contó con la presencia de un Kobe necesitado de un compañero para ganar y leyendas Lakers como Worthy. Adrian Wojnarowski informó poco después que fuentes cercanas a Melo decían que los Lakers “están en el juego”. La franquicia angelina le vendió a Anthony el ser la cara de la franquicia una vez Kobe se retirara.

Los Lakers venían de una temporada nefasta, pero tenían a Kobe, Nash y espacio salarial, así que con Melo sería fácil engañar a complementos por poco dinero. Pero había cosas que asustaban al neoyorquino, la primera era si Kobe compartiría el liderazgo y el balón. Ambos eran amigos desde hacía años, pero aun así esta era una preocupación importante para Carmelo. Por otra parte, los Lakers no tenían entrenador aún. Aspecto que, comparado al resto de equipos, le quitaban muchas opciones.

Los Knicks, el equipo del que venía a la agencia libre y el equipo de casa. Carmelo, como miles o millones de niños americanos creció siguiendo a los Knicks. En aquel momento, los Knicks no podían dar a Carmelo la oportunidad de ganar un anillo. No en aquel momento y, aunque ellos no lo sabían, dos años después tampoco. Durante este verano de 2017 se ha hablado de que Brad Stevens es el mejor activo de los Celtics, y aunque ahora resulte cómico decirlo, en 2014 Phil Jackson lo era para los Knicks. Era la forma con la que podían convencer a Melo, Jackson y aquello que pudiese crear sería todo lo que podían darle.

Los Knicks debían conseguir que Carmelo no se sintiese solo en la pista y hacerse con una estrella más sería un buen comienzo, pero no lo consiguieron. Ese era el equipo de Carmelo, era su alma y podía crear un legado que perdurara eternamente. Además, le podían ofrecer un año más que el resto y mucho más dinero. Quedarse parecía la actuación más correcta, otra podría dar la impresión de traición a su gente.

Así finalizó el viaje de los Anthony, que durante una semana se recorrieron a lo largo y ancho todo Estados Unidos. La noche del 13 de julio de 2014 confirmaba el que sería su destino, con una emotiva carta.

Hace muchos años soñé volver a la ciudad de Nueva York, mi lugar de nacimiento, y en él 23 de febrero de 2011 se hizo realidad. Esta organización me ha apoyado y a cambio, yo quiero quedarme y construir aquí con esta ciudad y mi equipo. En este momento crucial de mi carrera, he mirado por mí y mi familia explorando todas las opciones posibles. Aun con todo, mi corazón nunca vaciló.

Durante estas fechas me he reunido con varias franquicias con un enorme talento y liderazgo. Quiero agradecerles su consideración, creencia en mi talento y la posibilidad de imaginar las posibilidades. 

Siempre recordaré este capítulo en mi vida. En el fondo, soy un New York Knick en el corazón. Y miro adelante para continuar mi carrera en naranja y azul y para trabajar con Phil Jackson, un campeón que construye equipos campeones. El Madison Square Garden es la Mecca del Basketball y estoy rodeado de los mejores fans en el mundo. 

Así Carmelo confirmaba que se quedaba en su casa al firmar por 120 millones de dólares por cinco años, perdonando ocho millones para dar a la franquicia un poco más de margen. Aun perdonando poco, lo que movió a Melo a quedarse fue su amor por la franquicia que había seguido desde pequeño y que estaba entregada a su figura. Ahora, solo tres años después, repasamos su verano de 2014 y podemos pensar en lo mucho que se equivocaba Carmelo.

Su amor por la organización dirigida por aquel entonces por Jackson y sus esperanzas en él cegaron la vista de Carmelo, que perdió así su oportunidad de ganar un anillo en sus mejores años. Ahora, tres veranos después Melo ha decidido salir. Su lealtad y amor a NY han llegado hasta el límite. Es muy injusto solo culpar a los despachos del pésimo estado del equipo y Anthony debe responsabilizarse de una parte. Nunca ha sabido sacar más de los que le acompañaban, que eran escasos. Agotado de perder y enfrentado a la directiva, pidió el traspaso. Durante meses se habló de una cláusula para decidir si aceptaba o no los traspasos, hasta el pasado 24 de septiembre, cuando aceptó una de tales propuestas.

Melo se unía a un ambicioso proyecto liderado por el genial Sam Presti, quien un año después de perder a Durant se ha reforzado con Paul George y Carmelo Anthony, que deja atrás así seis años jugando para el equipo de su vida. Años que han mostrado el amor del neoyorquino a la franquicia y de los aficionados con el jugador. Pero ahora y en un movimiento inteligente, el jugador sale y buscará ganar el anillo que tanto ansía. Si ha sido una buena o mala elección no lo sabremos hasta dentro de unos años.