Un megatón recorrió de nuevo la mejor liga de baloncesto del planeta en los estertores de la tranquilidad estival del mes de agosto, y finalmente los problemas en la cadera de Isaiah Thomas pospusieron pero no arruinaron su resolución. Un traspaso muy especial, por producirse entre los dos últimos finalistas de la Conferencia Este y por los dos grandes protagonistas del mismo.

Danny Ainge tenía serias dudas ante la trampa que representaba ese máximo que demandaría un Isaiah Thomas en último año de contrato, dudas derivadas del estado físico del jugador -unos serios problemas de cadera que amenazaban con lastrar seriamente su rendimiento- y de sus irresolubles lacras defensivas. Y la presencia de un perfil tan especial como el de Kyrie Irving en el mercado, decidido a dejar Cleveland en busca de un rol de primera espada y molesto por verse involucrado en verano en ciertos rumores de traspaso sin haber contado con el respaldo incondicional tras las bambalinas de LeBron en los mismos, hizo el resto. Ainge, tantas veces criticado por no asumir riesgos, apostó fuerte por el anotador nacido en Melbourne, llegando a incluir en el traspaso una de sus preciadas primeras rondas del Draft (proveniente aún de aquella gloriosa jugada que el ejecutivo le organizó a los Brooklyn Nets) y a Jae Crowder y su interesantísimo contrato. Completan el trade Ante Zizic, una segunda ronda de cara a 2020 y, sobre todo, el héroe de Boston: un pigmeo capital en el proceso de desarrollo competitivo del proyecto, involucrado en todos los intentos de reclutamiento de nuevos jugadores (Gordon Hayward incluido), que viene de firmar una de las mejores temporadas individuales de siempre en una franquicia de riqueza histórica sin parangón y del que un Tom Heinsohn que lleva toda la vida en la organización afirma sin duda alguna que es lo más impresionante que ha visto desde Bill Russell y Larry Bird.

Y que, tras la trágica muerte en accidente de tráfico de su hermana pequeña en plenas eliminatorias por el título, hizo de tripas corazón para acaudillar una vez más a los orgullosos verdes con 33 puntos, asimilando aún la devastadora noticia. Puntos que se elevarían a 53 días más tarde, en el que hubiera sido el 23 cumpleaños de Chyna Thomas.

No hay duda de que Ainge ha arrojado su perfil conservador a la papelera este verano, pero la pieza bien merece la apuesta.

Foto: USA Today

El debate ha estallado en torno al éxito alcanzado por Kyrie sin Lebron James capitaneando el barco. Más allá de los injustos juicios relativos a las 33 victorias que lograron los Cavaliers en la temporada previa a la vuelta de ‘The King’ a Ohio (olvidando en dichas argumentaciones el que nuestro protagonista lideraba a sus 21 años un róster formado por Waiters, Deng, Miles, Varejao, Hawes, Jack, Gee, Bennett o el Andrew Bynum reciclado en jugador de bolos, entre otras glorias atemporales), un análisis concienzudo de la estadística avanzada sí que genera datos que enriquecen el coloquio cual pastilla de Avecrem.

Los Cavaliers registraron un -0’5 en el marcador extrapolado a 100 posesiones en los minutos con Irving y sin Lebron James en la pista durante el curso 2015/16, guarismo que se disparó a un -8 la temporada pasada. El asunto podría asustar a priori, pero no olvidemos que hablamos de un muestreo de 635 minutos totales en regular season (que cada cual valore su representatividad), en una plantilla confeccionada por y para el juggernaut de Akron. Más poderosos pueden resultar datos como los 36 puntos por cada 100 posesiones producidos por el base con un 53’5% de acierto efectivo en el tiro, reflejo de un esteta ofensivo sin parangón. Irving domina mil y un recursos en ataque, es un orfebre en el manejo de la naranja como pocas veces se han visto en la NBA y requiere vigilancia constante de su defensor, tal es su capacidad para fabricar puntos de la nada. Y ese concepto, el de la gravedad ofensiva que genera un tipo al que no puedes abandonar jamás para doblar o realizar ayudas defensivas, es un tesoro incalculable.

Un cañonero que ha demostrado carácter para rendir en los momentos más complicados de los playoffs, con todos los focos sobre él. Capaz de anotar 75 puntos totales en dos partidos seguidos de toda una final de la NBA ante el conjunto con el mejor récord de la historia (aquellos Warriors de las 73 victorias), y de acabar decidiendo el anillo con un triplazo en jugada individual y en un séptimo partido.

Los problemas defensivos están ahí (0’99 puntos por posesión permite Irving a sus rivales, mediocre registro pero superior al de Isaiah Thomas), aunque el chico ha demostrado que en momentos calientes de verdad puede atosigar a su par con determinación y buenos resultados. Y su adaptación a la motion offense de Brad Stevens es otro factor que puede generar dudas, pese a que un talento diferencial como el del ex de Duke se presume ideal para que el coach le saque el máximo partido, tanto en situaciones con el balón en sus manos (las favoritas del base) como alejado de él.

Cleveland salvó el brete, evitando descomponerse ante el problema de un jugador de relevancia capital y decidido a partir, y los Celtics han decidido desafiar el reinado eterno de Lebron James en el este, cabalgando tras el genio que se sentaba a la derecha del monstruo de Ohio.

Y todos nos frotamos las manos ante tamaño envite.

Foto: NBA

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