Los Ángeles. Ciudad de luces, lujos y celebridades. Hogar de una de las franquicias más exitosas de la historia de la NBA; aquella donde los focos alumbran con más fuerza. Los años han dado para mucho desde que los Lakers dejaran Minneapolis y pusieran ritmo a la soleada California. Plantillas para la historia, jugadores que han dejado una huella imborrable en la competición. Y anillos. Concretamente dieciséis. Los de oro y púrpura siempre están en boca; para bien o para mal. En estos días parece que la tendencia se acerca más a este segundo escenario. No obstante, tiempos mucho peores han pasado por el Staples Center.

Hablar de los Lakers del siglo XXI es hablar de Kobe Bryant. Hay mucho más, aunque poco más grande. ‘La Mamba Negra’ ha escrito páginas doradas en la historia de la franquicia angelina. Su figura da para mucho, pero hay que centrarse también en sus acompañamientos, y no precisamente en los mejores. Shaquille O’Neal, Derek Fisher o Pau Gasol son la cara de la moneda. Junto a ellos, Bryant llenó sus dedos de anillos bajo la batuta de Phil Jackson en el banquillo. Tiempos de felicidad para el escolta salvando alguna que otra disputa en vestuarios. Las rencillas con Shaq agitaron la liga, y la moneda dio la vuelta dramáticamente. Si lo hubiera sabido…

O’Neal se llevó sus virtudes a Miami para ganar otro campeonato casi a las primeras de cambio, mientras Bryant, ya figura absoluta e incontestable en L.A., se tuvo que conformar con un plantel descorazonador. Y aquí es donde toca parar. Estas líneas las protagonizan un trío de excepción, unos jugadores que provocaron, según numerosos rumores, un órdago de Kobe a la dirección de los Lakers. Un o ellos o yo en toda regla que pudo cambiar la historia. Damas y caballeros, recordemos a Smush Parker, Kwame Brown y Chris Mihm.

A cualquier fan acérrimo del oro y púrpura le acaba de recorrer un escalofrío por la espalda. Desde 2005, estos peculiares escuderos acompañaron a Bryant en su nueva etapa en solitario. Más indie; más personal. Cada uno a su manera, estos tres jugadores desesperaron a ‘La Mamba Negra’ a niveles insospechados. Tanto fue así, que años después de dejar atrás tal maldita época en la historia de los Lakers, no dudó en despotricar de lo lindo de todos y cada uno de ellos de manera implacable.

“Le dije a Steve [Nash]: Tú ganaste el MVP, pero yo jugaba con Smush Parker. Él jugaba con Barbosa, y yo con Smush y Kwame Brown. Dios mío…”.

“Smush Parker, con Tierre Brown como suplente. Estoy haciendo 45 lanzamientos por partido, ¿y qué se supone que debo hacer? ¿Pasársela a Chris Mihm? ¿¡Chris Mihm!?”.

Dilapidarias palabras hacia sus compañeros, pero vayamos de uno en uno; empezando por el mayor foco de las iras de Bryant. Smush Parker, del que llegó a decir literalmente que era el peor jugador y que no debería haber llegado a la NBA, aterrizó en los Lakers en 2005 sin pena ni gloria. Una contratación como otra cualquiera. Sorprendentemente, Jackson decidió situarlo como base titular al inicio de la campaña junto a Kobe. Más de 20 puntos en cuatro de sus primeros cinco partidos en California le auparon a la categoría de jugador sólido. Ya sabemos como son la prensa y los aficionados de Los Ángeles para estas cosas. Un par de buenas actuaciones y estábamos delante del nuevo Allen Iverson.

Como cabía esperar, el meteórico ascenso de Parker al estrellato se detuvo en seco al sexto partido con su nueva camiseta. Dos temporadas completas jugando como titular en una franquicia que no acepta el fracaso. Tuvo que ser nada más y nada menos que Jordan Farmar quien le apartara de la pista. Peleas con cuerpo técnico y compañeros y, sobretodo, su poca frecuencia de pases hacia Bryant le pusieron las maletas en la puerta. Poco más supimos de él en la NBA, pero vaya si acumuló millas aéreas.

Tras intentarlo con Heat y Clippers sin ningún éxito, Parker sacó el pasaporte y nunca lo guardó en la caja fuerte. Grecia, República Dominicana, China, Rusia, Croacia, Irán, Venezuela, Mongolia, Túnez o Marruecos vieron pasar a toda un base titular de los Lakers. Allá por donde fue, todos le recordaban como aquel jugador odiado por Bryant hasta el límite.

Smush Lakers Former

Foto: Guaros de Lara

El segundo protagonista es todo un número uno del Draft, aunque poco hiciera para demostrarlo. Kwame Brown llegó al mismo tiempo que Parker al Staples Center, y tampoco dejó indiferente a su nueva parroquia. Su pasividad y los problemas físicos pintaron una diana en la cabeza del pívot. Siempre señalado, también, cómo no, por el mismo Kobe. Risas por lograr “encasquetar” a Brown a los Sixers y alusiones a la película Este muerto está muy vivo para hablar de su presencia en pista. No hay mucho cariño para un tipo que promedió la friolera de 7 puntos y 6 rebotes con los Lakers.

Hay que reconocer que mientras eran compañeros, Bryant salió más de una vez a defender a Brown ante la prensa y los aficionados. No obstante, cuando esa relación terminó, no se mordió la lengua. No todo fue malo, y también hay que darle crédito por ello. El pívot fue uno de los enviados a Memphis en el traspaso que llevó a Pau Gasol a L.A. Una parte de esos dos anillos es tuya, Kwame.

Brown siempre será recordado como uno de los peores números uno de Draft de la historia. Los Wizards le escogieron en 2001 por delante de nombres como Tyson Chandler, Pau Gasol, Joe Johnson o Tony Parker. Desde luego, no parece la elección más acertada, y eso que la tomó un tal Michael Jordan. Mejor jugador de todos los tiempos sobre la cancha; en los despachos ya es otra cosa.

Su tercera temporada en Washington, donde promedió 11 puntos y casi 7 rebotes, es la mejor de su carrera. No dice mucho. Después de fracasar en la capital y en los Lakers, Brown cambió de equipo casi año a año. Ni Grizzlies, ni Pistons, ni Bobcats, ni Warriors, ni 76ers. Ninguna de estas franquicias pudo conseguir que el pívot de Carolina del Sur correspondiera a las expectativas previas a su salto al baloncesto profesional.

Por último, y no por ello menos importante, hablemos de Chris Mihm. Si en la enciclopedia del baloncesto buscáramos ‘insípido‘, allí aparecería la foto con su sonrisa y su camiseta dorada. Pocas veces un hombre ha transmitido menos en una cancha de baloncesto. Justito en ataque y justito en defensa. En definitiva, un pívot de último lugar de rotación que se vio titular en el equipo más lujoso del mundo. Cuatro temporadas con los Lakers pasó el jugador de Wisconsin, aunque solo tuviera continuidad en las dos primeras debido a sus interminables problemas con las lesiones. Poco ruido y pocas nueces.

chris mihm

Foto: Ronald Martínez / Sports Illustrated

Esa mala pata (nunca mejor dicho) nos privó quizás de un jugador con cierto peso en la liga. Mihm llegó a la liga con la vitola de gran defensor; destacando en la Universidad de Texas hasta ser elegido en la séptima posición de su Draft. En sus primeros pasos con los Cavaliers no tuvo demasiada continuidad, y en su media temporada con los Celtics tampoco llegó a dar el salto definitivo. Los Lakers apostaron por él y encontraron un jugador de rotación que simplemente cumplía. Su juego no invitaba a florituras, pero siempre estuvo ahí hasta que su físico dijo basta. Nueve campañas duró la carrera de Mihm, y su época en Los Ángeles será lo único por lo que le recordaremos. Desafortunadamente, no por lo bueno.

Fue corto, pero intenso. Los Lakers consiguieron remontar el vuelo en no demasiado tiempo con las incorporaciones de hombres como Gasol y Odom, que dieron carpetazo a la era de este particular ‘big three’. Esta etapa fue de lo más turbulenta y extraña; un yo contra el mundo en toda regla. Bryant quiso ser el gallo del corral, y se encontró con un descampado. El tiro se le fue por la culata en esos momentos, y cerca estuvo de abandonar el barco a la deriva.

Los últimos años de Kobe como profesional no anduvieron muy lejos. Las iras de ‘La Mamba Negra’ viraron sobre todo hacia Dwight Howard. El anteriormente conocido como ‘Superman’ llegó para devolver a los angelinos a lo más alto, aunque el resultado acabara siendo todo lo contrario. El triángulo ofensivo de Phil Jackson se convirtió en el Triángulo de las Bermudas con Parker, Brown y Mihm, y si algo hay que reconocerle a Kobe Bryant es su capacidad de supervivencia. Encontró el avión, logró escapar, y ahora vive para contar las terribles realidades que allí se vivían.

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