En los últimos años, la Universidad de Kentucky ha sido uno de esos programas en College Basketball que ha causado más sensación. Un hecho indiscutible gracias al incuestionable poder que se le otorga a John Calipari, uno de los entrenadores más influyentes de la NCAA en la última década por sus métodos o, más bien, por su filosofía.

Una filosofía que, por cierto, ha creado una evidente división de opiniones y gran variedad de críticas. Sean justificadas o no, una cosa es clara: Calipari sigue demostrando que su método de formación da resultados.

El one-and-done, cuya traducción viene a ser la de ‘un año y a la NBA’, es una de las normas más criticadas desde hace años. Una vía que usan los jugadores que creen estar preparados para dar el salto a la NBA tras un año de universidad. Aunque cabe recordar que, antes de poder usar esa vía, había jugadores que daban el paso al siguiente nivel sin haber pisado el college, antes de que la NBA estableciera los 19 años como edad mínima.

John Calipari, pues, es uno de esos entrenadores que año tras año consiguen atraer a los mejores jugadores de instituto del país, haciendo de su programa no solo uno de los más competitivos y aspirantes al campeonato NCAA al instante, sino también de Kentucky la mayor fuente de talentos NBA, y de one-and-done, de la última década. Su currículum así lo corrobora: Derrick Rose (en Memphis), John Wall, Anthony Davis, Eric Bledsoe y Karl-Anthony Towns, entre muchos otros, proceden de la fábrica de Calipari. Todos ellos, clasificados entre los mejores de sus respectivas generaciones, aprovecharon la exposición que podía darles un entrenador de su reputación para, el año siguiente, pisar el Draft.

De todas formas, no todos los jugadores que han salido de forma prematura de la ‘factoría’ de Coach Cal han triunfado, porque ese es el mayor riesgo que comporta el one-and-done. Esa es la crítica más generalizada con el método del entrenador de los Wildcats, el motivo por el que se reclama una subida de la edad de acceso a la NBA, haciendo de esta manera que los jugadores que entren a la liga estén más preparados.

Foto: NY Post

Por otro lado, una primera medida que se tomó fue la de, a partir de 2016, establecer un periodo para que los jugadores evaluasen todas sus posibilidades de cara a la NBA. Es decir, cualquier jugador de universidad, sea del año que sea (salvo senior, que es elegible para el Draft automáticamente), puede inscribir su nombre al Draft durante ese lapso de tiempo para conocer toda la información posible, explorar todas sus opciones y, entonces, decidir si mantenerse en el Draft o no, dejando así la puerta abierta a su vuelta a la universidad. En resumidas cuentas, permite a los jugadores contar con una segunda opción si no tienen claro dar el paso al profesionalismo.

Es un nuevo escenario para muchos jóvenes. A la espera de nuevas medidas –muy probable que tarde o temprano lleguen-, todo eso nos lleva a un nombre, a todo un misterio un tanto peculiar. El de Hamidou.

Hamidou Diallo es uno de los jugadores más prometedores de la presente class del Draft de 2018, así como también podría haber sido uno de los ‘prospects’ más intrigantes de la de 2017. El escolta, nativo de Queens, se comprometió con Kentucky en enero tras completar parte de un grado realizado en la Putnam Science Academy de Connecticut, donde se consolidó como uno de los mejores anotadores de todo el país y como un atleta con unas condiciones fuera de lo común.

El neoyorquino, que llevaba desde diciembre sin disputar un partido oficial ni en instituto ni universidad a pesar de haber sido elegible para jugar con Kentucky, tan solo se había ejercitado en las instalaciones de Lexington. No obstante, reconocía que ese periodo de no competir fue difícil para él.

Los chicos venían hacia mí y me decían que me necesitaban. Querían que jugara y cosas así”, decía Diallo. “Me refiero a que esa es fue parte más complicada para mí como jugador de baloncesto y como competidor. Es difícil estar sin competir”.

Pero ese periodo sin competir bastó. Hamidou optó por beneficiarse de la nueva normativa NBA. Se inscribió al Draft para aprovechar esa ventaja de conocer un poco más sus aspiraciones y, además, probarse a sí mismo ante la atenta mirada de las franquicias en el Combine –realizó únicamente pruebas físicas- y en workouts privados.

La jugada le salió bien a Diallo. Porque a pesar de que hacía meses que no disputaba un solo partido, logró levantar mucha expectación en él, hasta el punto que surgieron rumores de que podría ser elegido entre los veinte primeros del Draft. Como sucedió con Thon Maker, un caso similar que usó una vía alternativa (sin pisar college) para presentarse al Draft, su potencial se valoraba al alza.

Si alguien lo selecciona [a Diallo] en la lotería, me retiro. Cuatro meses sin jugar y ‘lottery pick’. Ya paro, me retiro, bromeaba Calipari.

Al final todo se quedó en eso, rumores. Hamidou Diallo optó por la opción que se esperaba a pesar de la incertidumbre creada, la de realizar su año freshman en Kentucky. Pero levantó un precedente curioso, que a la vez podría aclarar cuáles son sus intenciones de futuro.

Según anotaba Jonathan Givony, analista de DraftExpress, la NBA permite al jugador inscribir y borrar su nombre del Draft dos veces. Si se hace, por ejemplo, en sus años freshman y sophomore, el jugador no podrá presentarse al Draft hasta después de su año senior. En resumidas cuentas, si Diallo, por la razón que sea, borra su nombre del próximo Draft, no podrá presentarse hasta el Draft 2020.

Conociendo de primera mano cómo se valoraba todo su potencial, Diallo se prepara para una temporada que puede marcar su futuro. El de Queens es consciente de ello, y por ello, desde que llegó al campus de Lexington no ha hecho más que trabajar para ser determinante desde el primer momento y, sobre todo, preparándose para ejercer de líder. Y desde luego, entrenar y compartir vestuario con jugadores ya en la NBA, como De’Aaron Fox o Malik Monk, dio a Hamidou una oportunidad para foguearse y crecer.

Si jugase ahora (en 2016-17), sería uno de los mejores jugadores jóvenes del país a campo abierto. Es muy rápido y atlético. Es un 6’6 con una envergadura de 7 pies (unos 2’13 metros). Es extremadamente difícil defenderle, decía De’Aaron Fox sobre el joven escolta en enero.

Diallo, desde el primer día, cumple con la narrativa que se le atribuye a una estrella: llegar el primero al gimnasio y salir el último, con el objetivo de trabajar como el que más y pulir cada aspecto de su juego hasta el más mínimo detalle. El neoyorquino es uno de esos que absorben cualquier conocimiento que les sirvan para competir mejor, un verdadero estudioso del juego. Y un ejemplo ocurrió en Egipto este pasado verano con el Team USA sub 19 -ya superado el periodo del Draft-, en el que no fue casualidad que, por momentos, Hamidou se encargara de ejercer de base. Y gran parte de culpa la tuvo Calipari, también seleccionador del combinado norteamericano.

Foto: UK Athletics

Ahora, se le presenta la ocasión para conocer qué es lo que se ocultaba detrás de bambalinas. Hamidou Diallo es como esa gran película de la que todo el mundo habla pero que todavía nadie ha visto. Es, en efecto, uno de los mejores ‘prospects’ de la actual generación. Se acerca la oportunidad para descifrar cómo es Hamidou, ese misterio que estuvo coqueteando con la opción irse la NBA sin haber jugado un solo partido en la NCAA.

El entrenador me ha dicho desde el primer día que voy a tener que ser un líder en este equipo. No me asusta esa responsabilidad. La he tomado. Ha sido duro algunas veces pero es una gran experiencia y siento que creo estoy mejorando en ello, aseguraba Diallo refiriéndose a su capacidad de liderazgo.

Y como no podía ser de otra forma, la expectación es enorme.

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