Pocos jugadores han movido tanto a tan temprana edad. Casi ninguno lo ha hecho sin ni siquiera haber llegado a profesional. Nadie lo había conseguido sin habilidades cercanas a lo divino. Un nombre, o en este caso un apellido, mueve montañas, y en estos momentos es cada vez más difícil hablar de la actualidad baloncestística sin mencionar a los Ball.

El líder del clan ha creado un producto fresco, diferente, y que, para bien o para mal, está en boca de todos. Y no, no estamos hablando de la marca Big Baller Brand. Con sus peculiares formas, LaVar Ball ha llevado a su progenie al estrellato con una hoja de ruta que parecía fija, pero que ahora ha tomado un giro de 180 grados. El objetivo de llevar a su hijo mayor, Lonzo, a los Lakers -con todo el circo mediato que está conllevando- ya está cumplido, aunque todavía tenia dos ases en la manga en su residencia en Chino Hills.

LiAngelo (18 años) y LaMelo (16) tenían su futuro ligado a UCLA como ya hiciera su hermano mayor, no obstante, los planes a largo plazo suelen sufrir muchas variaciones. Todo estalló cuando LaVar decidió apartar a su hijo menor del instituto para ser educado en casa; académicamente, y por supuesto en los caminos del baloncesto. Si el Presidente de los Estados Unidos tenía su Trump University, por qué no iba a tener él su Ball High School. LiAngelo y sus manos largas provocaron que su padre y el Jefe del Estado tuvieran sus dimes y diretes por el sonado robo en China, y allí la mecha terminó por consumirse. UCLA ya no era una opción.

Los dos protagonistas de esta historia (perdón, LaVar) iban a dar el salto al profesionalismo sin pasar por la NCAA, y ya sabemos qué localidad será la afortunada en acoger a tan señalada porción del clan. LiAngelo y LaMelo han firmado con el Vytautas Prienai lituano, donde jugarán juntos a partir de los primeros compases del 2018. Se hablará largo y tendido del viaje de los Ball hacia Europa, pero aunque sea por esta única vez, vamos a centrarnos en el lugar que todavía no es del todo consciente de lo que está por acoger.

Para empezar, Prienai es una localidad muy diferente a lo normal allá por la soleada California. No solo por la temperatura. La ciudad no es una de las más importantes de Lituania; apenas llega a los 10.000 habitantes. Situada a alrededor de una hora de la capital, Vilna, y a 40 kilómetros de Kaunas, hogar del poderoso Zalgiris, el nuevo destino de los Ball se convertirá ahora en un de los puntos calientes de la nación. El fluir de prensa, aficionados y curiosos en los días de partido del Vytautas será inmenso en una zona que no está acostumbrada a alteraciones de este calibre. A un país que respira baloncesto, aterriza una, o en este caso dos, y en ocasiones serán tres, de sus próximas mayores atracciones.

Las bondades de Prienai han sido puestas en entredicho e incluso ridiculizadas para fomentar el manido tópico de ir del lujo al barro. Muchos no entienden cómo una familia de tanto renombre en los Estados Unidos, que incluso protagoniza su propio ‘reality show’, puede dejar California rumbo a una pequeña localidad en el centro de Lituania. El general manager del Vytautas, Adomas Kubilius, ha querido poner freno a todas las miradas recelosas hacia su ciudad:

“Esto no es la tundra. Ya me han preguntado si tenemos internet. Realmente, nuestra conexión es de las mejores del mundo. No tienen nada que temer”.

En cuanto al club en cuestión, LiAngelo y LaMelo no van a comenzar su aventura europea en una gran potencia. El Vytautas marcha actualmente en la séptima posición entre diez equipos dentro de la liga lituana, y no es cosa del presente. Los Ball no se enfundarán la elástica de un conjunto histórico de gran palmarés dentro del país. Prienai ha podido celebrar tan solo un título de liga doméstica allá por el 2008. Ya han pasado inviernos. Quizás, el objetivo principal se encuentra en otra competición.

Foto: Diena.lt

El Vytautas también participa en la Liga Báltica frente a equipos de la zona, y aquí la responsabilidad es aún mayor. No en vano, estamos hablando del vigente campeón. El cuadro lituano logró su primer título en estos lares ante sus compatriotas de Pieno, y en estos momentos están situados en la cuarta posición de un grupo con seis rivales más. La ausencia de clubes como el Zalgiris Kaunas o el Lietuvos Rytas ayudan, y mucho. De momento no parece el mejor escenario, pero la irrupción de dos jugadores americanos que vienen con ganas de, literalmente, comerse el mundo, hará que las aspiraciones suban como la espuma.

El panorama no solo cambiará en Prienai y sus alrededores, ya que la mayor sacudida se sufrirá dentro del equipo. El Vytautas es un conjunto formado exclusivamente por jugadores lituanos a excepción de su hasta ahora base titular, el ucraniano Denys Lukashov. Prácticamente ninguno de los hombres dirigidos por el técnico Virginijus Seskus tienen experiencia fuera del país. Es más, el entrenador ni siquiera habla inglés. Su máxima figura es el veterano Tadas Klimavicius, que disputó la Euroliga muchas temporadas con el Zalgiris y guarda una medalla de bronce del Mundial de 2010 con Lituania. Ahora van a tener una toma de contacto fuerte y repentina con la llegada del mediano y el pequeño del clan Ball y todo lo que conlleva.

Viendo las costumbres de LaMelo y sus innumerables lanzamientos en el instituto de Chino Hills, muchos jugadores del Vytautas podrían estar despidiéndose de la pelota. Puede que no la vean mucho a partir de enero. Pero no todo van a ser lamentos, también hay quien se frota las manos. Kubilius no ha podido ocultar su alegría al pensar el dinero que llenará sus arcas próximamente con la expectación que produce el fichaje de dos de los hermanos Ball. Entradas, merchandising y patrocinios. La santísima trinidad para todo dirigente de un equipo profesional. Ah, bueno. También les gusta ganar y eso. No podemos obviar que el club está esperando que una empresa norteamericana se anuncie en sus camisetas por unos 50.000 dólares. Buenos tiempos.

Sin duda, no tardaremos en tener noticias desde Prienai día tras día, y no será difícil conocer más de un equipo del que no oiríamos hablar sin la sonada firma de hace unos días. LiAngelo y LaMelo Ball van a comenzar su andadura en el baloncesto profesional en un país en el que el talento no se da por sentado. Si LaVar presume tanto de la calidad de sus hijos, desde ya les llega el momento de demostrar su valía con el Vytautas y con la mirada de medio globo sobre ellos. Todavía se desconocen los pormenores de sendos contratos, pero se ha comentado la existencia de una cláusula que permitiría cortar a ambos antes del primer mes sin ningún tipo de cargo. En cuanto a salarios, no hay ninguna cifra oficial, aunque Jonathan Givony, de DraftExpress, ha indicado que los jugadores no suelen pasar de los 500 dólares al mes en esta categoría. Incluso, podrían no percibir sueldo. Según Kubilius, los Ball solo pidieron minutos garantizados, un apartamento doble y un coche. Ahora les toca a ellos poner a Prienai en el mapa.