El matrimonio entre Francia y Valencia Basket ha dado muy buenos frutos en los últimos años. Varios han sido y son los reyes del país galo que ocupan su trono en el pabellón de la Fuente de San Luís. Los primeros nombres que pueden venir a nuestra cabeza son el de Nando De Colo, por sus inolvidables momentos en el club ‘taronja’, o el de Antoine Diot, porque las alegrías dadas son recientes. Pero hubo un predecesor de estos, el que les abrió el camino y puso el nombre de Valencia en el baloncesto francés. Hablamos de Antoine Rigaudeau, conocido sobre todo por el apodo “Le Roi” (El Rey, en castellano).

El exjugador nació un 17 de diciembre de 1971 en Cholet, donde daría sus primeros pasos hacia la canasta en el club de la ciudad. Su familia vivía a tan solo 200 metros, pero aún así, acabó en el baloncesto de pura casualidad. Su padre no logró inscribir a su hermano en fútbol, al no haber plazas, y se decantó porque su hijo mayor jugara al baloncesto. Antoine, más pequeño, continuó los pasos de su hermano en el deporte de la pelota naranja. Encontró su sitio, y sus cualidades, su altura y su físico pronto le hicieron destacar. Tanto que con tan solo 16 años debutó en la primera liga francesa. “Teníamos que hacerle defender y que fuera defendido por jugadores más potentes”, declara el que era su entrenador en un reportaje que se le hizo al baloncestista cuando comenzaba a brillar en Francia.

En Cholet creció y se dio a conocer en una liga y un país que pronto caería rendido a sus pies. Nunca se había visto un jugador tan determinante con tan pocos años, y con sus dos metros de altura en la posición de base intimidaba como pocos, siendo precursor de un nuevo tipo de jugador exterior. A los 20 años logró su primer MVP en la liga francesa, en 1991, que vino seguido de tres premios más de manera consecutiva. Ocho temporadas en el club avanzando de manera individual, hasta que en 1995 decidió cambiar de aires y dar un paso adelante en su carrera en su país natal. Recaló en el Pau Orthez, donde consiguió ser campeón de la liga y repitió como MVP. Se consagraba en la competición nacional, pero se le quedaba pequeña, y voló rumbo a Italia.

Nace la corona

Bolonia fue su destino, nunca mejor escogido. Un equipo en el que coincidió con jugadores de gran calidad con los que vivió sus años más gloriosos. Corría el año 1997 y en su primera temporada ya consiguió el doblete de Lega y Euroliga, el cambio no le podría haber venido mejor. Lo mejor vino en la recordada 2000-2001, con uno de los conjuntos más completos y talentosos del baloncesto italiano. El entonces Kinder Bolonia de Ettore Messina, acababa de contratar a Marko Jaric y a un emergente y joven Manu Ginóbili. Al lado de estos compañeros y de otros como Griffith, Rigaudeau brilló y pronto fue designado como el mejor jugador francés de todos los tiempos, hasta la aparición de Tony Parker. Triplete en mano, Lega, Copa y Euroliga, Antoine logró completar su palmarés. Y todo esto, sin olvidar, la plata conseguida en los Juegos Olímpicos de Sidney con la selección. Estaba de dulce en su carrera, líder perfecto de su equipo. El ‘chevalier’ se convirtió en rey.

Foto: Cholet Basket

Ese verano, el jugador francés quiso poner fin a su trayectoria en el deporte de la canasta de la mejor manera, sin embargo, aún quedaba baloncesto para rato en su cuerpo. Decidió retractarse de su idea. Las dos siguientes temporadas no fueron tan exitosas, solo copa italiana, ante la marcha de algunos miembros clave de la plantilla. ‘Le Roi’ vio que era su momento para cruzar el charco, pero Estados Unidos demostró no ser lugar para coronas. En Dallas Mavericks apenas disputó encuentros, y su periplo por la NBA acabó siendo cortado sin debutar con los Golden State Warriors. Una experiencia que le sirvió para “conocer un nuevo país y una liga”, algo más parecido a un turista que a un jugador de baloncesto. No encontró su momento y volvió a emigrar, esta vez a tierras españolas.

El capítulo final del rey

Valencia fue la ciudad que convenció al monarca. Los ‘taronja’ venían de ganar su primer título europeo y querían dar un salto de calidad con la incorporación del base francés en su primera temporada disputando la Euroliga. En su primer año en la ciudad del Turia, Rigaudeau cautivó con grandes partidos, tanto en Europa como en la competición liguera. Enmarcables sus 42 de valoración con 33 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias en ACB ante Girona o sus 30 puntos y 4 asistencias para 31 de valoración ante Zalgiris Kaunas en el top 16 de la Euroliga.

El francés fue clave para casi lograr la clasificación a la Final Four de la máxima competición europea, pero el destino jugó una mala pasada a los valencianos. Un reciente atentado en un clima de fuerte tensión en Tel Aviv hizo que el Valencia Basket se negara a viajar para disputar su partido ante el Maccabi, con lo que perdieron el encuentro y les complicó la clasificación para la ronda final. Lejos de lo esperado, fue una temporada decepcionante, pues no se lograron los objetivos esperados.

La buena acogida que tuvo Rigaudeau en su primer año no le acompañó en su segunda campaña y la relación entre Valencia Basket y el francés no acabó como esperaba. La “enfermedad de Haglund”, una inflamación en el talón de Aquiles que arrastraba de hace tiempo, lastró su segunda temporada en el club valenciano. Ya no volvió a repetir actuaciones como las del primer año, su mejor partido fue ante Valladolid con 20 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias. Pero el problema ya no estaba solo en los números, sino que ya no era tan determinante como había sido.

Y en el verano de 2005 jugó sus últimas cartas. Pero ‘Le Roi’ se negaba a irse sin su momento de gloria, y en el Eurobasket logró la medalla de bronce, en el que no fue el mejor, aunque sirvió para vencer a España de gran manera y colgarse el metal ansiado por los galos. Tras el campeonato, no tenía claro que hacer en su carrera. El Valencia Basket confiaba en su continuidad y le esperó, sin embargo, la respuesta de Rigaudeau fue negativa. El club le demandó por incumplimiento de contrato, pero Antoine había dicho basta. Casi 20 años dedicados al baloncesto le parecían suficiente, “voces internas me aconsejan que debo parar” declaraba al anunciar su retirada. Vivió alejado del deporte en el que reinó hasta 2015, cuando probó suerte, sin éxito, en los banquillos en el Paris Levallois.

Aunque las cosas no terminaron como esperaban entre el entonces Pamesa Valencia y Antoine Rigaudeau, el tiempo ha calmado las aguas. El francés aún mantiene casa en la ciudad mediterránea, donde tiene parte de su familia y algunos negocios, con lo que es normal verle por Valencia, e incluso por la Fonteta. Rigaudeau fue el que abrió el camino para que luego viniera Nando De Colo y volviera a hacer a Francia reinar en la casa del baloncesto ‘taronja’. De Colo empezó en Cholet, como ‘le roi’, de gran altura para la posición de base y escolta, la misma que ocupaba el que era su ídolo y al que no dudó en seguir hacia la ciudad del Turia. Fue otro francés de nombre Antoine el que se encargó de la dirección del equipo valenciano hacia su primer título de liga, y al que esperan con brazos abiertos para repetir la gloria. Rigaudeau comenzó una relación, la de Valencia y Francia, que lejos de haberse terminado con él, comenzó gracias a su llegada.