Muchas carreras se han perdido en el camino. Estamos hartos de escuchar y leer historias con final feliz en las que los protagonistas han dejado atrás un pasado tormentoso para alcanzar el éxito en la NBA. Cada jugador sabe todo lo que ha tenido que sufrir y pelear para abandonar los lugares más inhóspitos de la sociedad norteamericana; aquellos donde comer y dormir caliente es todo un triunfo en el día a día. Pero muchos no han tenido esa suerte. Demasiados. Cuántos nombres estarían ahora en el olvido sin ese golpe de fortuna que ha virado el rumbo por completo; si no hubieran entrado a ese gimnasio, si no hubieran hablado con ese entrenador, si hubieran escuchado más atentamente las voces que le arrastraban al pozo. Un chispazo que regala una vida que podría estar perdida.

En el fondo, para nosotros no son más que eso; historias. Para un gran porcentaje de los jugadores de la liga es una dolorosa realidad que han logrado dejar de lado. Decenas de protagonistas han relatado sus experiencias, pero hay alguien que sobresale por la honestidad y crudeza de su relato. Con el anuncio definitivo de su retirada, toca poner foco en la carrera y vida de todo un campeón de la NBA entre ciertos paréntesis; Caron Butler.

A sus 37 años y con catorce temporadas a sus espaldas, el alero ha decidido poner punto y final a una trayectoria con muchas más luces que sombras en la que ha conseguido dos hitos solo reservados para los más grandes. El pupilo de la Universidad de Connecticut ha sido elegido dos veces All-Star (07′ y 08′) en su mejor época con los Washington Wizards, y desde 2011 viste el anillo correspondiente al título levantado con los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki y compañía, aunque una lesión en enero le impidió vestirse de corto en lo que restó de temporada. Sea como fuere, ahí queda el registro en su palmarés. Nada mal para un jugador mayormente considerado como actor secundario.

Su paso por la liga tras más de una década sobre la cancha ha dado mucho, pero como en toda buena historia, toca hablar del inicio de todo. Butler nació un 13 de marzo de 1980 en la pequeña localidad de Racine, en el estado de Wisconsin, donde los problemas no tardaron en tocar el timbre de su puerta. Criado por su madre y con su tío como dudosa figura paterna, el pequeño Caron comenzó a verse arrastrado por el ambiente contaminado de su alrededor, y como relata en su libro ‘Tuff Juice: My Journey from the Streets to the NBA’, pronto optó por tomar el camino equivocado.

Ante el ejemplo de su tío, que alternaba pasos por prisión por traficar con drogas, Butler dio un paso al frente y decidió seguir su camino. A la tierna edad de 11 años, el futuro alero All-Star ya comercializaba con marihuana por las calles e instituto de su Racine natal y acumulaba detenciones policiales como si de cromos se tratara. El lujo que ostentaban sus entonces compañeros de “profesión” en una localidad marcada por esta lacra le hizo cambiar los libros por fajos de billetes. Cuesta abajo y sin frenos, la vida de Butler llegó a un necesario punto de inflexión que cambiaría sus prioridades para siempre.

Según relata Caron en su propia biografía, con 16 años la policía registró la su taquilla en el instituto y encontró drogas, más de 1.000 dólares en efectivo, y una pistola. Prepararse para poder entrar en la universidad era la menor de sus preocupaciones. Después de este episodio, Butler fue condenado con nueve meses en un correccional donde, según el propio jugador, pasó los peores momentos de su vida. Numerosas peleas y periodos en aislamiento le hicieron recapacitar, y en aquel olvidado lugar encontró tiempo para pensar, leer, y algo que marcaría el resto de su vida; el baloncesto.

La perspectiva ya no era la misma, y Caron Butler pudo reformarse al contrario que muchos de sus vecinos. Al cumplir su pena, comenzó a trabajar en un Burger King mientras seguía entrenando cada vez con mayor intensidad y éxito hasta captar la atención de muchas universidades que ya lo ojeaban. Desafortunadamente, todavía quedaba otro capítulo que casi tira por tierra todo ese trabajo de reinserción.

La policía se presentó en la puerta del domicilio de Caron, y tras un minucioso registro encontraron droga en el garaje. El mundo se le vino abajo ante la posibilidad de una condena prolongada en prisión, pero Butler sostuvo que aquella sustancia no era suya. Muchos han recurrido a este argumento para escapar el inevitable castigo, pero alguien vio algo de verdad en los ojos del futuro jugador NBA. El agente Rick Geller creyó el alegato de aquel joven y todo quedó finalmente en nada. Sin saberlo, había dado una oportunidad de oro a un chaval que veía como su futuro se le escapaba entre los dedos.

La historia de ambos no concluyó allí. Años después, con el protagonista ya asentado en la liga, Butler y Geller volvieron a encontrarse. El agente se identificó y le recordó que él había sido aquel policía que había salvado su vida y la de su familia. Como no podía ser de otra manera, Caron no había olvidado aquello y expresó su eterno agradecimiento a ese hombre que decidió creerle. El contacto no despareció, y desde ese reencuentro ambos charlaban por teléfono después de cada partido del alero.

Rick y Caron. Foto: Journal Times

El baloncesto correspondió a los esfuerzos del natural de Wisconsin por tomar el sendero correcto, y una llamada de la Universidad de Connecticut dio el pistoletazo de salida a tiempos mucho más felices. Butler completó un paso exitoso en la NCAA, y acabó siendo escogido en la décima posición del Draft de 2002 por los Heat. Los que desconocieran el perfil del alero, se encontraron con un excelso tirador perimetral con una gran capacidad defensiva, y eso pronto le valió para obtener su merecido reconocimiento. Su primera campaña en Miami fue espléndida y le valió formar parte del primer quinteto Rookie de la temporada.

Había encontrado su hogar, aunque durara poco. El rompedor traspaso que devolvió a Shaquille O’Neal a Florida envió a Butler rumbo a Los Angeles Lakers, pero eso solo supuso un pequeño alto en la sucesión de franquicias que acabarían haciéndose con sus servicios. Después de vestir el oro y púrpura, Caron cruzó el país destino Washington D.C.. En la capital pudimos ver la mejor versión del alero con dos cursos por encima de los 20 puntos por partido, y las dos selecciones para el All-Star Game, aunque una lesión le privara disputar el encuentro en 2007. Junto a Gilbert Arenas y Antawn Jamison, los Wizards se convirtieron en un rival muy a tener en cuenta en la Conferencia Este, pero las más altas cimas siguieron quedándose lejos.

En febrero de 2010, el ex de UConn volvió a ser traspasado; esta vez a unos Dallas Mavericks que buscaban el campeonato que todavía se les resistía. Butler fue una genial noticia para los tejanos, pero el cruce en primera ronda de Playoffs con sus rivales regionales de San Antonio acabó con su campaña pese a los registros de 19 puntos y 6 rebotes del alero durante la serie.

Caron era una pieza importante en la rotación de Rick Carlisle, no obstante, en la siguiente temporada, una lesión en el tendón rotuliano de su pierna derecha cambió los planes. Los Mavs no acusaron la baja y acabaron imponiéndose contra pronóstico a los todopoderosos Heat del Big-Three en las Finales de la NBA. Nowitzki y Jason Kidd se hicieron con su ansiado anillo, y Butler puso la cota más alta en su currículum. Nadie se lo quita.

Ese mismo verano, Caron firmó por el prometedor proyecto de los Clippers volviendo así a L.A. por la acera de enfrente. Dos años en los que cumplió su trabajo de secundario y aceptó el rol de veterano dentro de una plantilla que quería aspirar a todo. Ya sabemos cómo ha terminado la apuesta. Tras esta experiencia, Butler encadenó contratos con Milwaukee Bucks, Oklahoma City Thunder, Detroit Pistons y, finalmente, Sacramento Kings. En la capital californiana hemos visto los últimos momentos del alero en una cancha de baloncesto hasta que fuera cortado en verano de 2016. Ahora, año y medio después, ha hecho oficial algo que ya dábamos por hecho.

El retiro está tratando bien al bueno de Butler, que dedica su tiempo a dos funciones principales. La primera sigue relacionada con el deporte que le sacó del arroyo, ya que es uno de los analistas de baloncesto universitario de ESPN. La segunda implica que no ha olvidado sus orígenes. Recordando su primer empleo, Caron se graduó en Empresariales por la Universidad de Duke y ahora posee seis restaurantes de Burger King por todo el país. Es de bien nacido ser agradecido.

La historia de Caron Butler podría ser una de tantas. Un chaval que un entorno contaminado consiguió sacar la cabeza y ha llenado sus bolsillos de millones de dólares por jugar al baloncesto. Totalmente cierto, pero lo que hace que este relato sea verdaderamente especial es lo cerca que estuvo de haber escogido la ruta equivocada. Butler fue traficante de drogas, y ahora es millonario por algo bien diferente y legítimo. El baloncesto salvó a aquel chaval de Racine, y éste ha correspondido a ese favor convirtiéndose en All-Star y campeón de la NBA. Esto es lo verdaderamente excepcional.