“¡No sabía que se pudiera hacer eso! No parece biológicamente posible”, comentaba de un salto el periodista Antoni Daimiel en la retransmisión del All-Star 2000 para Canal Plus España. Con un giro inesperado de 360º grados levantaba de sus butacas al público del Oakland Arena. Meses más tarde, en los Juegos Olímpicos de Sídney, realizaría su mejor obra en el arte del mate bautizada como ‘Le Dunk de la mort’. Antes de colgarse el oro con Estados Unidos, y en el partido de la fase de grupos ante Francia, pasaba por encima de Frédéric Weis -2’18 metros- para transformarse en estrella y reventar el aro. Un objeto volador no identificado llamado Vincent Lamar Carter.

Empezó a sentir la llamada viendo al Doctor J dar brincos con la camiseta de los Sixers. Imitaba sus jugadas. Brilló en la universidad de North Caroline y los Warriors reservaron para él una posición privilegiada en el Draft de 1998, la número 5. Al momento fue traspasado a los Raptors a cambio de Antawn Jamison. Acabaría siendo la imagen de Toronto, un jugador sin precedentes que acariciaba los focos del pabellón noche tras noche. Air Canada since 1999.

Este verano firmó un contrato de ocho millones de dólares por una temporada en los Sacramento Kings, convirtiéndose así en el jugador más viejo del curso 2017-2018. Sumergido en la vorágine de partidos de la mejor liga del mundo, cumple 41 años. Vince Carter es historia viva y activa de la NBA. Limitarnos a repasar su trayectoria le restaría importancia a lo que hoy sigue aportando a su equipo y a la competición. Igualmente, valorar su figura atendiendo exclusivamente a su longevidad en la élite sería realmente injusto. A lo largo de su trayectoria  ha conseguido adaptarse al signo de los tiempos. La perdurabilidad de tipos como él o como Manu Ginóbili o Jason Terry se debe principalmente a la capacidad para asumir el rol que les corresponde y llevarlo a la excelencia. Requiere, además, de una ética de trabajo sobresaliente y un ejercicio de compañerismo ejemplar.

El impacto de Vince Carter en la liga -y en el baloncesto mundial- marcó el primer lustro del siglo XXI. Raptors y Nets disfrutaron de su etapa más dominante. En su primera temporada en la NBA promedió 18’3 puntos, 5’7 rebotes y 3 asistencias para convertirse en el mejor rookie. El año 2000 marcaría su carrera profesional. Primer All-Star, campeón del concurso de mates y oro olímpico. Carter ya era uno de los mejores escoltas del planeta.

En Toronto hacía pareja con un jovencísimo Tracy McGrady. Ambos demostraron al mundo que las leyes de la gravedad están para saltárselas. Eran imprevisibles. Letales desde el tiro a 5-6 metros, temibles pisando la zona. Aquel equipo no se metió en Playoffs y Tracy decidió marcharse a los Magic demasiado pronto. El ‘roster’ de los Raptors no daba para más: notable temporada regular, a medio gas en Playoffs para caer en primera o segunda ronda. Pese a las exhibiciones de Carter. Seguían siendo candidatos, pero no remataban en la pelea por el anillo.

El juego de Vince por aquel entonces era apabullante. Su extraordinaria potencia de salto le colocaba en una dimensión superior. Por un tiempo parecía imparable. En 2004 logró que quería y fue traspasado a los Nets. Alcanzó allí topes en su carrera: 27’5 puntos, 5’9 rebotes y 4’7 asistencias en su primer curso. En Toronto sabía que no tenía posibilidades de alcanzar el anillo y quiso cambiar de aires, aunque tampoco lo conseguiría en New Jersey. En Canadá dejó un legado que hoy permanece intacto en la afición. En las primeras visitas le abucheaban, ahora le reciben con una calurosa ovación. Su número 15 en Toronto ya ha sido vestido por Jorge Garbajosa, Amir Johnson o Anthony Bennett, pero no descarten ver este dorsal algún día retirado en su honor.

Foto: bleacherreport.net

A partir de 2009 Carter no volvió a ser el mismo. Ya en Orlando las lesiones comenzaron a castigar su cuerpo. Pensó en cambiar su estilo. Si quería seguir compitiendo al máximo nivel necesitaba replantear su juego y adaptarlo para cuidarse y evaluar sus esfuerzos. Así lo hizo. Los pilares sobre los que se construyó el renovado Vince Carter fueron el lanzamiento exterior y la capacidad para encontrar nuevos espacios en la pizarra. Averiguó la fórmula con la que aportar lo máximo al equipo y, de la misma forma, estar en condiciones de disputar los 82 partidos de temporada regular. Con los Magic de Dwight Howard consiguió disputar una final de Conferencia. La ilusión por el anillo se alejaba y la franquicia le mandó a Phoenix.

En diciembre de 2011 acabaría en los Mavs, vigentes campeones de la NBA. Aterrizó en Dallas como sexto hombre, un revulsivo con experiencia desde el banquillo. Mejoró sus porcentajes en el tiro de tres y aportó a la segunda unidad puntos y defensa. En 2014 firmó con los Grizzlies y su rol dio un paso más. Recaló en una franquicia que peleaba desde el colectivo, conscientes de que no tenían una megaestrella en la que refugiarse. Impusieron un ritmo lento basado en el trabajo atrás y en la lectura de juego de Marc Gasol y Mike Conley. Vince encajó y a los 40 permanecía en la rotación como pieza clave.

Su etapa en Memphis la resume una anécdota con el novato Deyonta Davis. David Fizdale, exentrenador del equipo, contaba su significado en el vestuario en el programa The Jump de ESPN: “Construyó una habitación en su casa para Deyonta Davis (ala-pívot, 20 años y 2’11 metros). Cada vez que no quisiese estar en su apartamento, Deyonta podía ir a la casa de Vince y pasar el rato con él, quedarse por la noche y muchas cosas más”. Un gesto que supera lo deportivo y que destapa el gran tipo que es dentro y fuera de la cancha.

“Lo que significó para nuestro equipo, para nuestros jóvenes, no puede computarse. Todo lo que hizo por nosotros. Además, está todo lo que ha jugado y lo que nos ha ayudado. No creo que hubiéramos llegado a los Playoffs sin él”, sentenciaba Fizdale. En Memphis sus números bajaron de los dobles dígitos por primera vez en su carrera, pero su influencia en la plantilla traspasaba los minutos en los que permanecía en pista.

Vince Carter

Foto: NBAE

Los rumores de retirada cada vez son más fuertes pero Vince no quiere oír hablar de nada de eso. En una entrevista reciente con el New York Post ha dejado claro que esta no será su última temporada en la NBA: “Voy a jugar otro año más, seguro. Tengo que hacerlo. Me siento bien. Lo haré hasta que mi cuerpo o mi mente digan que no, hasta que ya no me quiera preparar para jugar de la manera correcta. Quiero un año más y veremos.”

Ahora en los Kings ve de lejos los Playoffs y su papel se centra en guiar a los más jóvenes. Ellos son los que tienen que dar un paso adelante en la franquicia. En Sacramento hace unas semanas informaron de la intención del cuerpo técnico de sentar a dos veteranos cada noche. Quieren dar más protagonismo a los novatos y pensar a medio-largo plazo. Esto no parece afectarle demasiado a Vince Carter. Aun así, su estado de forma continua siendo envidiable. Este mes de enero, ya cumplidos los 41 años, ha promediado 8’6 puntos y 3’2 rebotes en 21’4 minutos.

El pasado 28 de enero protagonizó un histórico enfrentamiento ante Manu Ginóbili. Carter se fue hasta los 21 puntos aquella noche mientras el escolta argentino anotó 15. Dos leyendas de la NBA que siguen siendo determinantes a los cuarenta. Un ejemplo de longevidad y talento que supera las barreras del tiempo. ¿Cuándo pondrá Vince Carter su punto y final?