En el cielo de Utah no hay estrellas. La marcha de Gordon Hayward a los Boston Celtics apagó las luces de Salt Lake City. Tras escalar sin fin y sufrir una inevitable derrota por 4-0 en semifinales de conferencia ante los omnipotentes Golden State, los Jazz querían volver y Hayward quiso abandonar y, junto a Kyrie Irving, unirse al renovado proyecto que empezaba en el TD Garden. Aquello hizo daño. Mucho. La franquicia quedaba huérfana. Su líder renunciaba y, con él, la ilusión se desvanecía.

Ningún fichaje pudo compensar el abandono de Gordon. Los pronósticos situaban entonces a Utah fuera incluso de los playoff, un equipo que hacía solo unos meses atesoraba un récord de 51 victorias -quinto en la conferencia oeste- y daba el estoque definitivo a Doc Rivers y los L.A. Clippers de CP3, Griffin y compañía. La estrella era ahora Rudy Gobert, un pívot francés con un rendimiento sobresaliente, pero sin la jerarquía y el talento para capitanear un proyecto ganador.

El primer mes de competición no le fue mal, coqueteaban con la zona alta y proyectaban una imagen enérgica y joven de un equipo sin referentes. Pero dos lesiones de Rudy Gobert en tramos clave -final de año y a unas semanas del All Star- limitaban al mínimo el talento en Utah. Sin su buque insignia caían sin remedio a la mediocridad. Lo que un año atrás era un bloque colectivo sin fisuras, ahora simplemente era uno más. Vagando por la zona intermedia sin pena ni gloria. ¿Un equipo sin estrellas puede llegar a Playoff?

Para analizar a los Jazz, el foco hay que colocarlo entre los cuatro cimientos sobre los que se sostiene la columna vertebral de su juego: el papel de Joe Ingles en la creación, la defensa: de Ricky Rubio a Rudy Gobert, el ataque sin Rodney Hood y el fenómeno Donovan Mitchell.

Joe Ingles, point guard

El sistema ofensivo de los Jazz orbita sobre el australiano. En el baloncesto moderno la tarea del base va más allá de dirigir el juego del equipo. Cualquiera capaz de generar ventajas y ver un segundo antes que el resto lo que sucede es capaz hoy de organizar el ataque. Esa figura ahora en Utah la proyecta Joe Ingles, un alero lento de 2.03m cualificado para manejar el tempo del encuentro y adaptar el ritmo que en cada momento precisen sus compañeros. Dejando a un lado su amplio catálogo de recursos y su altísimo porcentaje desde el lanzamiento exterior, Ingles es un jugador especial.

La filosofía en Utah da a la defensa un papel central para construir. Se centra en demostrarle al rival que es incapaz de anotar, frustrar su talento. Desde ahí, el ataque se limita a seleccionar las mejores opciones. Ejecutar jugadas con alto porcentaje y mantenerse constante de principio a fin. Sin descontrol. Conscientes de que ese es el camino para vencer. En ese esquema Joe se maneja como pez en el agua. Haciendo las funciones de point guard y limitándose a correr solo cuando toca, parece tener siempre el control. Gane o pierda. Con el tiempo ha desarrollado un sexto sentido con el que administrar sus armas y destruir las del rival.

La defensa, de Ricky Rubio a Rudy Gobert

La pizarra de Quin Snyder alberga sistemas para aburrir. Los esquemas de los Jazz reciben todo tipo de influencias, pero sobre todo se nutre de los encajes defensivos y la intensidad que nace en el baloncesto europeo. De ahí que una pieza fundamental para afrontar el recambio de Hayward sea la contratación de Ricky Rubio. El base español vive en una eterna contradicción. Su estilo de juego no encajaba en el viejo continente. Antes de dar el salto a la NBA sufrió las exigentes normas de Xavi Pascual. El catalán -fantástico en la parcela táctica- tiene en la exigencia y el control su puente fuerte. Pero Ricky disfruta del juego en entornos de más libertad, corriendo toda la pista y arriesgando hasta el límite en defensa. En Utah le sucede lo mismo. Quiere y no puede, puede y no quiere.

Ricky ha cambiado pero sigue siendo el mismo. Ahora anota -y tira- más. Su mecánica de lanzamiento da pequeños pasos a lo largo de su carrera. Este año un saltito más. Quizás el factor diferencial esté en su mente. El del Masnou es hoy un jugador más fiable a todos los niveles, es consciente de sus limitaciones y explota sus virtudes a la mínima oportunidad. Dentro de la estrategia de los Jazz, Ricky sabe que es el líder, con permiso de Gobert. Su jerarquía va más allá de su actuación en pista.

Desde aquí se levanta la defensa de Utah. Presión alta al base rival y agitación constante de sus eternos brazos para molestar en cada pase. El resto de exteriores mantienen una primera línea aceptable, muy pendientes al triple. No les importa que con un primer paso rompan la defensa y entren con facilidad en la zona. Ahí estará siempre Gobert para cubrir las espaldas. El francés es la otra pieza que, sin ella, todo se tambalea. Gracias a su inmenso poder de intimidación consigue desviar tiros, cambiarlos y minar la confianza del rival. Genera un miedo a la zona que repele el ataque contrario.

Los puntos y la marcha de Rodney Hood

Apuntan en ESPN que la última vez que los Jazz encadenaron 10 victorias fuera de casa, el actual técnico de los Knicks (Jeff Hornacek) era su escolta titular (1995). Jeff era un tirador temible en su época, y eso es precisamente lo que los Jazz necesitan, un anotador compulsivo. Esa figura, en el caso, no la ostenta el jugador franquicia. Rudy Gobert se nutre del resto de sus compañeros pero no es capaz de crear sus propios tiros con facilidad.

Pese a todo, Andrés Monje publicaba hace unos días en el portal Kia en Zona las estadísticas del equipo con y sin Rudy en pista. Los números revelan una dependencia peligrosa del center. Con Gobert el balance es positivo, el rating defensivo asciende casi en 7 puntos y el porcentaje de rebotes supera el 50%, pasando de ser el 21º al 4º en toda la competición. Tras la lesión, sus promedios son de de 14.9 puntos, 11.1 rebotes, 2.4 tapones. Desde entonces los de Salt Lake City suman 17 victorias y solo 4 derrotas. Su influencia en el equipo está contrastada. Ahora bien, ¿y los puntos que debe anotar el resto?

En el mercado de fichajes la franquicia se deshizo de un escolta anotador de garantías. Rodney Hood se marchó a los Cavs y a los Jazz llegaron en un traspaso a tres bandas Derrick Rose -cortada posteriormente, ahora en Wolves- y Jae Crowder. Deshacerse de una pieza de la valía de Hood tiene una doble lectura: el cambio de filosofía y la posibilidad de dejar un hueco en la plantilla. Rodney puede ganar partidos generando desde su bote tiros sinfín. Crowder da estabilidad al perímetro y aporta la consistencia que necesitará un equipo de playoff. Regularidad y experiencia.

El fenómeno Donovan Mitchell

La marcha de Hood y los cambios estructurales en el juego y roster de Utah no se entienden sin la irrupción del novato Donovan Mitchell. En los primeros meses de temporada Snyder ha encontrado en él un escolta sobre el que construir el futuro. Es líder del equipo en anotación, 19.7 puntos, y protagonista cada noche con su energía y su potencia en la cancha. Destrozando cualquier pronóstico, se ha postulado como claro candidato al rookie del año. Ha nacido una estrella.

En febrero se presentó y ganó en el All Star el concurso de mates. Además se ganó la simpatía de la afición del Staples Center con su homenaje a Vince Carter, realizó uno de sus tres ejercicios con su camiseta de los Raptors. La irrupción de Mitchell en la NBA supera las expectativas de todos, incluso del propio jugador. En USA Today le presentan como un tipo humilde, con una ética de trabajo sobrenatural y un talento todavía por exprimir.

Todo hace pensar que la marcha de Hood le dará aun más espacio en la rotación y un volumen de tiros mayor que entonces. El nivel de Donovan no responde a rachas. El famoso rookie-wall parece no haberle afectado demasiado. Tiene la confianza de la plantilla. Si él crece, mejor para el equipo y sus aspiraciones. Todos lo saben.

En el salvaje oeste entrar en cuartos de conferencia está más caro que nunca. Pelicans, Wolves, Clippers, Spurs, Nuggets y los propios Jazz se rifan cuatro plazas, dos quedarán fuera. El margen de victorias que los separa está entre el 0.5 y el 2.5 a falta de poco más de un mes para que termine la fase regular. El reto de Donovan Mitchell no es sencillo: liderar a los Jazz y meterlos en los playoff por el título.

El cielo de Utah le espera, su estrella empieza ya a parpadear y en el firmamento, la pelea por el anillo.