Una imagen de Michael Jordan con la equipación negra de los Bulls, y otra protagonizada por Kobe Bryant durante uno de esos vuelos con sabor afro. Las dos fotografías que ilustran aquella carpeta no tienen nada de original. Las podría llevar cualquier adolescente francés que cursara bachillerato aquel septiembre de 1999. Pero su propietario es alguien muy poco común. Es la mayor esperanza del baloncesto francés en años.

Didier Dobbels sabe que Tony es especial, y por eso le dedica cada día un poco más de tiempo que al resto de sus jugadores. El entrenador del PSG Racing Basketball intuye el potencial de un muchacho que ha arrasado en las categorías inferiores galas gracias a un físico nunca visto antes en Francia y que ha llegado al club con 17 años procedente del INSEP, el Instituto Nacional de deportes de Francia, como parte de un programa de captación de talento que pronto comenzaría a dar una ingente cantidad de réditos. Rapidísimo, con un primer paso letal y un dribling que ya empieza a parecerse al que desarrollaría a su máximo nivel en la NBA,  es un chico tímido fuera de la pista, pero que dentro se transforma en un base descarado, tanto como para molestar al núcleo veterano del equipo, encabezado por el base internacional Laurent Sciarra, la estrella del equipo. Casi diez años mayor que Tony, está en plena madurez deportiva y es toda una referencia de la Pro 1, la liga francesa. Hace unas semanas que ha sufrido un varapalo tremendo con su selección, eliminada del Eurobasket por una España a la que resucitaron en la fase de grupos de forma incomprensible cuando estaba eliminada. Lo que menos necesita Sciarra en aquel momento es defender a aquel muchacho sin complejos y que por momentos parece imparable. Todavía no tiene ni idea de la magnitud del ejemplar que tiene delante.

El 14 de septiembre de 1999, Tony Parker debuta en la primera división francesa. Lo hace defendiendo a Randolph Childress, un base con pasado NBA que lleva unos cuantos años haciendo carrera en equipos de clase media europea. En el Halle Pierre de Coubertin no se alcanzaría los dos mil espectadores para ver al PSG frente a Cholet. Una cifra irrisoria años después si consideramos que ese día se presentó en sociedad el mejor jugador francés de la historia. Ante esa reducida cantidad de testigos, Tony juega 9 minutos y anota dos puntos. Lo pasa francamente mal para defender a Childress, que sabe perfectamente como hacer daño al joven a través de su peso y el juego soterrano. La victoria se queda en casa (73-71) pero Parker vería toda la segunda parte en el banquillo, idéntico lugar desde el que observaría el siguiente. Dos jornadas y el adolescente maravilla del que tanto se espera apenas ha jugado. Una situación que va a durar muy poco.

Parker da un aviso ante Montpellier, anotando diez puntos en doce minutos. Y explota definitivamente destrozando a Gravelines, con veinte puntos de todos los colores. Penetraciones, triples, media distancia… Con un repertorio infinito, el joven acaba de pintar su primer lienzo en la liga francesa, que de repente observa con atención a aquel chico mestizo nacido en Bruselas y que todavía no tiene carnet de conducir.

L´ Equipe

Su crecimiento choca con Sciarra, el hombre que ocupa su posición y que no se molesta demasiado en ocultar el poco feeling que existen entre ambos. “No tenemos la misma visión de las cosas en la vida, y eso incluye el baloncesto. Está claro que a nivel físico puede hacer lo que quiera , pero no vemos las cosas igual. No somos cómplices porque no somos amigos, y por supuesto que la diferencia de edad es importante. Me gustaría darle consejos a veces, pero no creo que los pida. Y no quiero forzar nada”. Estaba claro que con Sciarra las cosas nunca fluyeron demasiado bien, y el veterano base abandonaría el equipo al final de la  temporada. Tiempo después, con Parker convertido en el alfa y el omega del baloncesto galo, un rumor surgió con insistencia. Parker había presionado a la federación gala a retirar a Sciarra de los bleus. Parece que años después de París seguían viendo la vida de una forma muy distinta.

Esa primera temporada acabó con el PSG sexto, alcanzado un balance de 18 victorias y 12 derrotas, un récord no demasiado espectacular que le acabaría costando el puesto a Dobbels. Sin duda que los parisimos echaron de menos a Parker durante todo el mes de abril, presente en el Hoop Summit de Indianapolis, donde destaca con veinte puntos y 7 asistencias. La NBA comenzaba a poner mucho interés en las evoluciones del pequeño base, y Tony no era ajeno a esos cantos de sirena. “Pude jugar frente a la televisión estadounidense y sé que ahora me conocen. Tengo contactos con universidades de allí, como Duke o Carolina del Norte. pero por el momento, es probable que me quede en Francia a que juegue en la NCAA. Mi objetivo es la NBA”.

Ha nacido una estrella

Parker cumplió su propia predicción y acabó rechazando la opción de la liga universitaria. En el PSG el panorama cambia mucho con respecto a la temporada anterior. Ron Stewart sustituye a Didier Dobbels en el banquillo y tras la marcha de Sciarra, Parker se hace definitivamente con los mandos del equipo capitalino. El joven pasa a promediar más de 33 minutos por partido, y sus cifras anotadoras se disparan hasta más de 14 puntos por noche. Pero más allá de los números, la sensación que transmite en similar a la que en España se ha vivido unos meses atrás con Pau Gasol, o en Rusia con Andrei Kirilenko. La de estar asistiendo a un molde de jugador nunca visto antes en el continente.

“Lo hice titular nada más llegar, y no me importó su edad. Sabía que tenía talento y que jugaba para ganar, no para divertirse. En cada partido que disputó con nosotros estuvo a la altura.” Stewart alucinaba con su base, y no se molestaba en ocultarlo. Tampoco la corte de ojeadores que se dejaban ver en las gradas durante sus partidos, mientras la posibilidad de que se presentara en el draft de aquel año era cada día más sólida.

París finaliza la temporada regular 2000-2001 con 17 victorias y 13 derrotas. En cuartos de final espera Asvel, el nuevo equipo de Sciarra y sin lugar a dudas el mejor equipo de Francia. Los parisinos son barridos sin clemencia con derrotas muy abultadas en lo que sería una pequeña revancha de Laurent ante su ex equipo. Sin embargo, la mente de Tony Parker ya está en otro lugar.

Unos días antes de aquella serie, que resultaría completamente anecdótica en su carrera, anuncia su intención de acudir al draft de la NBA. “Hay franquicias que han venido a verme aquí hasta tres o cuatro veces durante la temporada, y según mi agente, habría una docena de clubes interesados ​​en elegir a un base. Haré entrenamientos y pruebas con algunos equipos. Todo dependerá de eso. Sé que todavía tengo tres años por delante y que puedo esperar, pero nunca se sabe lo que puede pasar. Puedo lesionarme o simplemente tener una mala temporada. Creo que es mi oportunidad.”

La oportunidad se haría real el 27 de junio de 2001, el día en el que los San Antonio Spurs escogen a Tony Parker con su elección de primera ronda, en la posición número 28 del draft. Aquello fue el comienzo de una de las relaciones de amor más grandes del baloncesto contemporáneo. Con los Spurs, con Popovich y con la NBA. Parker había llegado al lugar que quería en el momento indicado, y ahora solo quedaba por hacer una cosa. Historia.