Rudy Fernandez

Cuatro historias trazadas por dos líneas, una roja y otra negra, los colores característicos de la franquicia NBA que más españoles a albergado (junto con Memphis Grizzlies) en la historia del baloncesto profesional americano.

La historia de los Blazers está salpicada por continuas elecciones erróneas (véase draft de 1984 o 2007) o puros caso de mala suerte, como ese último cuarto del séptimo partido de las finales del oeste que los de Oregón tenían ganado (73-58) ante los Lakers y que acabaron perdiendo de forma estrepitosa, sepultando a uno de los equipos con más talento de la historia de la liga en el olvido.

Momentos que han cambiado para siempre la historia de la NBA, a la que solo han podido rendir en una ocasión, en los lejanos 70 de la mano de Bill Walton y su rojiza cabellera.

Pero esa maldición se ha acentúa cuando en el cocktail Blazer sumamos un apellido español, como si que un nativo de la piel de toro fracasase en el Rose Garden fuese una costumbre deportiva más, al estilo de la lluvia en Wimbledom o las averías estrambóticas de Carlos Sainz en un campeonato del Mundo de Rallyes.

Fernando Martín, el pionero invisible

Si Fernando Martín no hubiese sido el primer español en la NBA, y a cambio hubiese nacido en Cleveland, nadie revisaría su ficha ni estadísticas de un jugador marginal en un equipo que tenía como figuras a Kiki Vandeweghe y Clyde Drexler.

Pero lo cierto es que este madrileño había cambiado la historia del baloncesto patrio, alcanzado un universo paralelo hasta ese momento, un deporte que poco tenía que ver con el que se acostumbraba a ver en la recién creada liga ACB, y por eso los focos de la historia recaerían para siempre en él.

Pese a que la temporada de Martin fue una continua estancia en el ostracismo, hay que ser justos y decir que la preseason fomentó una serie de esperanzas que, como se vio una vez comenzó lo serie, no eran para nada reales. Y es que el ex jugador del Real Madrid fue el máximo anotador del equipo en puntos por minuto –junto con Sam Bowie, otro nombre maldito- y el

segundo con más minutos totales. Esta experiencia fue la continuación a la primera toma de contacto del madrileño en la NBA, que ya tuvo anteriormente otra oferta encima de la mesa -en este caso un contrato no garantizado – que rechazó para intentar un nuevo asalto a la Copa de Europa.

Pero volviendo a la temporada oficial, el protagonismo que Martín había disfrutado durante sus primeras semanas se evaporó una vez Mike Schuler, técnico de los Blazers, le excluyó de la rotación de forma tajante.

Mucha se ha hablado de la relación entre Schuler y el español, y si bien es cierto que el técnico no fue demasiado generoso en oportunidades con Fernando, siempre tuvo palabras de elogio hacia el internacional, que también se vio perjudicado por la guerra interna que sufrian los Blazers entre sus dos estrellas, Drexler y Vandeweghe, en rebelión por el enorme protagonismo que había cobrado esa temporada Jerome Kersey.

La temporada transcurrió, por tanto, con un equipo muy definido y que pese a los problemas internos, acabó alcanzando los playoff antes de ser barrido por los Rockets en primera ronda.

Fernando Martín acabó con un puñado de partidos jugados y una atmosfera de decepción rodeándole, creada sobre todo por los incipientes medios de comunicación especializados en España.

Sin embargo, esa corriente de decepción no afectaba al bravo pívot, que en una entrevista a El País justo al terminar su temporada de rookie ya manifestaba su intención de alargar su aventura americana:

“Al igual que el primer año es lógico que se rinda menos que cualquier americano formado allí, el segundo año es de consolidación, pero sólo para los muy buenos. Todo eso es muy complicado, hay gente, que tarda años, depende de dónde juegues… A lo mejor mi año de consolidación es el tercero o el cuarto. “

Sin embargo esas expectativas nunca se cumplieron. Ramón Mendoza se cruzó en el camino con una oferta irrechazable, y aunque el jugador alegaba que el dinero no era la causa de la marcha de la NBA, el suculento contrato -equiparable a las mejores fichas del equipo de fútbol- aderezado a las nulas perspectivas de minutos, y una inadaptación a ciertos aspectos de la vida americana, truncaron la posibilidad de una segunda experiencia en los Blazers.

Casi treinta años después, y analizando el caso con perspectiva, se puede afirmar que fueron dos los factores que desencadenaron la poca confianza de Mike Schuler y la posterior condena perpetua a banquillo.

Por un lado, una obsesión de los americanos desde que Martín arribó a Oregón fue la intención de que se empleara en el puesto de alero, posición para la cual el jugador no tenía recursos técnicos suficientes – no así físicos, habitualmente era de los más destacados del equipo en este aspecto- para poder pelear cara a cara ante sus compañeros de puesto.

Y en segundo lugar, el equipo, como un todo en sí mismo. Desde un clima enrarecido, con las estrellas medio enfadadas y una lucha de roles constante, junto a un técnico nuevo en el puesto que se alejaba de los experimentos a toda velocidad, crearon una atmosfera donde un europeo, blanco y novato, tenía prácticamente imposible destacar, tal y como se constató a lo largo de la primera temporada de un compatriota en la mejor liga del mundo.

El chocolate español llega a la NBA

Casi dos décadas después del testimonial paso de Fernando Martín por Oregón, los Blazers se hacen con los derecho, vía traspaso con Phoenix Suns, de Sergio Rodríguez, jovencísimo base formado en la cantera del desaparecido Club Siglo XXI y que había estallado en Estudiantes, sobre todo la temporada anterior a su aventura americana, llegando a esta como campeón del Mundo en un torneo en el que había tenido una importancia vital sobre todo en las semifinales ante Argentina.

Sergio Rodríguez, conocido como “El Chacho” estaría durante tres temporadas en los Blazers, desarrollando un rol distinto en cada uno de ellos, aunque siempre condicionados por un mismo factor común: el aparente distanciamiento entre su forma de ver el baloncesto y la de su técnico, Nate McMillan.

En su temporada como novato el base tuvo momentos brillantes, ciertos destellos que presagiaban el talento con el que contaba el actual jugador del Real Madrid, alternado con muchos partidos en los que apenas entraba en la rotación.

Antes de continuar analizando su trayectoria en la liga, hay que tener claro una cosa: El enorme deseo de Sergio de estar allí, incluso en las condiciones más adversas, motivación que incluso pudo resultar imprudente, ya que quizá un jugador con el talento natural de Rodríguez, pero si defectos tan sangrantes en el apartado físico y defensivo, hubieran dado como resultado una carrera mas tardía, pero posiblemente más completa.

Pese a esos defectos, el estilo electrizante y el carisma del jugador lo hacen uno de los más queridos por la grada del Rose Garde, que reclama más minutos para el español en detrimento del aseado guard Jarrett Jack, máximo competidor por el puesto de Sergio.

“La gente me empieza a reconocer cada vez más por la calle, pero ni mucho menos es algo agobiante… Los aficionados de aquí son muy educados y amables. Quizá menos efusivos que en España, aunque hasta ahora siempre me han tratado con mucha cortesía y cariño”

Esa primera temporada dejó un buen sabor de boca que no tendría su continuidad en la segunda, en la cual el canario seguiría contando muy poco para McMillan, obsesionado en equilibrar el talento ofensivo de un equipo con Roy y Aldridge a la cabeza, y que añadiría, para colmo, a otro base importante a la rotación, Steve Blake.

Pese a las cada vez mayores críticas de la prensa española a la decisión de poner rumbo a la NBA tan pronto, Rodríguez no desfallecía en su lucha por hacerse un hueco en la rotación, evidenciando una importante mejora en aspectos tales como el tiro o la potencia de piernas.

Sin embargo, el balance es casi un calco de la temporada anterior, con unos Blazers que van sumando piezas a su roster, para crear uno de los proyectos más ambiciosos de la década, y que sin embargo van dejando al margen al español, que estuvo a punto de entrar en varias operaciones de traspaso en más de una ocasión.

La tercera temporada traerían en cambio aires más optimistas para el base, que recibió dos buenas noticias: la extensión de su contrato por una temporada más, y la llegada al equipo de un compatriota con el que se entendía a la perfección, Rudy Fernández. Sin embargo, y pese a esas buenas noticias, el base alcanzó su mayor nivel de polémica tras solicitar públicamente el traspaso a otro equipo, algo que molestó a un McMillan que ejercía su puesto con mano de hierro: “Mis puertas están abiertas. Yo escucho y si es infeliz, que venga y me lo diga a mi y no a la prensa”

La nueva temporada devoró el conflicto y Rodríguez encadenó varios partidos a un gran nivel, con la spanish connection funcionando a las mil maravillas, gracias dos jugadores que levantaban al público y cambiaban el signo de los partidos cuando estos languidecían. Pero ese efecto gaseoso que imprimían a los partidos se contagió a su temporada, que fue de más a menos, volviendo a desaparecer de la rotación pese al protagonismo de comienzo de temporada. Ni la marcha de Jack el verano anterior, ni la conexión con Rudy habían logrado convencer a McMillan, lo que dejaba por zanjado el ciclo de Sergio en Portland, hecho que se consumó con su traspaso a los Sacramento Kings, a los que llegó a cambio del renombradísimo Jeff Pendergraph.

Rodríguez jugaría una temporada más en la NBA, con pasaje incluido por los knicks, antes de volver a España. Su fuerte voluntad de triunfar en la mejor liga del mundo finalmente tuvo que desfallecer ante la evidencia de una nula evolución como jugador, la cual le había apartado en poco tiempo incluso de la selección española.

Rudy estrecha el cerco

Si había un jugador capacitado, tanto por facultados físicas y técnicas, y por el momento de su llegada a Portland, destinado a triunfar, ese era Rudy Fernández.

El jugador menorquín llegaba a la NBA tras deslumbrar en el Joventut de Reneses, convertido en uno de los mejores escoltas del viejo continente, y listo para compartir minutos con la gran estrella del equipo, el super anotador Brandon Roy.

Además la llegada de Rudy llegó con el mayor momento de optimismo de la franquicia en más de quince años, ya que a la consolidación de Roy y Aldridge se sumaba la llegada del número 1 del anterior draft, un Greg Oden que parecía ser el pívot destinado a marcar las diferencias en el próximo lustro.

Pero, como suele pasar en el deporte, los pronósticos los carga el diablo, y nada más comenzar la temporada Oden se lesiona de gravedad (y hasta la fecha ha ido encadenando lesión tras lesión) trastocando los planes de los Blazers para esa temporada y las sucesivas.

Rudy cuajó una notable temporada, especializándose en el tiro exterior y en ágiles vuelos, que lo llevaron a participar en el concurso de mates, portando una camiseta del ya fallecido Fernando Martín. El escolta acabó con buenas sensaciones, y con un rol muy superior al que nunca tuvieron Rodríguez y Martín, mucho más marginales en su carrera NBA.

Tal fue el inicio apabullante del internacional, que hubo voces al principio de temporada que reclamaban el premio al novato del año, algo disparatado como se vio conforme discurría la temporada. Si llegó en cambio el recor de más triples anotados para un rookie, uno de esos hitos que no se sabe muy bien para que sirven ni quién se entretiene en contarlos.

Los Blazers alcanzaron los playoff después de una larga travesía por el desierto, aunque cayeron de forma clara (4-2) ante los Rockets de Yao Ming y un centrado Ron Artest.

La siguiente temporada fue muy distinta para Fernández. Encasillado en su rol de tirador y limitado en cuanto a su juego, debido a una lesión de espalda consecuencia de una falta criminal de Trevor Ariza, Rudy no pareció estar tan cómodo con su juego como la temporada anterior.

Además el equipo, que tanto había ilusionado la temporada anterior pese a la temprana eliminación, empezó a dar signos de esa mala suerte que siempre ha perseguido a la franquicia. Brandon Roy comenzó a lidiar con serios problemas físicos, al igual que Nico Batum y ¿adivinan? Greg Oden. Además, la última apuesta de los de Oregon, Bayless, estaba lejos de confirmar unos buenos presagios, y acabaría marchándose poco tiempo después. Pero la peor parte se la llevó McMillan, que empezaba a sufrir los efectos negativos de su mano de hierro, con filtraciones a la prensa de varios jugadores, y miradas asesinas por parte de varios miembros de la plantilla cuando el técnico ejecutaba sus rotaciones cuadriculadas.

El resultado de todos estos factores fue un equipo tocado, que empeoró con respecto a la temporada anterior y que volvió a naufragar en la primera ronda del playoff, esta vez ante Phoenix.

Rudy, que había empeorado sus números y perdido su sitio en la rotación, regresó a descansar en España destrozado física y mentalmente. La decisión estaba tomada, el jugador quería regresar a Europa cuanto antes.

“Espero y creo que todos los fans de Portland me puedan entender. Si en algún momento he dicho algo incorrecto pido disculpas. Nate McMillan es un buen entrenador y he aprendido muchas cosas de él pero mi estilo de juego se adapta más a Europa que al sistema de la NBA y por eso prefiero volver a casa.”

El escolta acabo traspasado a Dallas poco después, cerrando un ciclo de dos temporadas que acabó con un sabor amargo tras una primera temporada en la que a punto estuvo de acabar con la maldición de Portland.

Víctor Claver, la saga continúa

Víctor Claver, alero formado en las categorías inferiores del Valencia Basket, no ha hecho más que continuar la senda emprendida por sus antecesores en el conjunto de Oregón.

Claver, internacional de escasa relevancia, es de largo el jugador español con menos nombre de los que ha llegado a los Blazers, y probablemente, junto con Fernando Martín, el que menos opciones tenga de triunfar.

Dotado de un gran físico y una buena movilidad para su altura, pero con enormes defectos de motivación y aparente falta de comprensión del juego,su sitio en la rotación del equipo es muy cuestionable y tras una temporada rookie alternando el primer equipo con la NBDL, en la segunda sus minutos se redujeron todavía más, lo que llevó al jugador que quizá una salida sea lo más conveniente para él y el equipo.

Parece que el valenciano tampoco podrá con la maldición.

Españoles en los Portland Trail Blazers