Foto: ACB PHOTO

 

Muchas y complejas razones son por las que Unicaja de Málaga acaba el año líder de la liga Endesa. Este logro, impensable hace unos años, no hace sino refrendar un cambio de tendencia en el club de los Guindos en los últimos tiempos. Y es que, este club alcanzó su cenit en la década de los 2000, cuando en tres años consecutivos consiguió ganar una Copa del Rey, una liga ACB y clasificarse para la Final Four. A partir de ahí, proyectos erráticos y desbandada general entre sus aficionados. Hasta que llegó la era Plaza.

Como hemos apuntado al principio, hay multitud de factores que encauzan las hechuras de un equipo grande y delgada es la línea que separa el éxito del fracaso. Sin embargo podemos pincelar algunas cuestiones claves que han devuelto a este Unicaja al estatus de aspirante. En primer lugar los inevitables ciclos, guiados por aspectos económicos. Aquel Unicaja campeón manejaba cifras imponentes que permitían fichar estrellas del viejo continente como Garbajosa, Pepe o Brown. Y aunque el dinero no lo es todo, casi siempre es decisivo a la hora de cosechar buenos resultados.

Y es que, para equipos que no dependen de otros deportes los resultados condicionan decisivamente el comportamiento de su masa social. Este “resultadismo” unido a una toma de decisiones cuanto menos cuestionable, derivó en un hartazgo general y caída a los abismos baloncestísticos. El peor síntoma las paupérrimas entradas registradas en el Martín Carpena. Con la llegada al banquillo malagueño de Joan Plaza en 2013 comienza un nuevo ciclo.

La era Plaza

Entre la duda y la desconfianza se movieron los primeros meses del nuevo proyecto, magullado a las primeras de cambio con el varapalo de la prematura eliminación de la Copa del Rey de Málaga. Sin embargo, aquel inesperado tropiezo no hizo sino fortalecer la determinación de un hombre obstinado en volver a llenar el pabellón. Y Plaza lo consiguió. Meses después el Carpena reconquistaría territorios mágicos y asistiría espléndido a una batalla de igual a igual contra el todopoderoso campeón de la liga regular, el Real Madrid. A tiro de prórroga de la final y con los guerreros despedidos como héroes al grito de ¡campeones, campeones!, el mensaje fue claro: “hemos vuelto”.

El discurso

Joan Plaza se ha convertido en su segundo año como entrenador de Unicaja en líder indiscutible y estrella del equipo. Es con diferencia el más ovacionado en la presentación de cada partido y es el paladín de una afición y una plantilla entregadas al catalán. Es cierto que tiene a su disposición un equipo compensado, y qué duda cabe, que por presupuesto y calidad está entre los mejores de la liga Endesa.

Pero lo realmente importante es su discurso. Plaza ha implantado una filosofía que ha calado hondo y que convence a todos por igual. Sus ruedas de prensa se han convertido en credo y sus ambiciones en dogma de fe. El intrépido Joan pretende disputarle los títulos a las grandes potencias de España y Europa, y su legión de incondicionales disputa cada balón como si fuera el último de sus vidas. Pero no podían faltar algunas críticas, por desconectar de partidos casi ganados y perder rentas de hasta 15 puntos.

Una de las consignas de Plaza es que este equipo jugando al 70% no deja de ser un equipo mediocre. Dar el 100% y competir cada partido, contra CSKA o contra Murcia, es una obligación.

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¡La vamos a liar!

Es una de las frases míticas extraídas de las ruedas de prensa de Joan Plaza. Contra el R.Madrid, en último partido del año se lio, volvió a explotar el Carpena y además del liderato, con dos victorias más que sus perseguidores, consiguieron otrasmetas igual o más importantes; convertir a los pocos indecisosque quedaban para la causa y presentar con un gran puñetazo sobre la mesa la solicitud de aspirante a todo.

Líderes, clasificados para la Copa y para el Top 16 de la Euroliga con relativa solvencia, son la carta de presentación de Unicaja para el 2015. Plaza y sus pupilos “sin sacar pecho y con los pies en el suelo” se han ganado el derecho a soñar y a ilusionar.