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No había marcha atrás, la esperpéntica derrota en Eurocup ante el CSU Asesoft rumano hacía inevitable prolongar por más tiempo la agonía de Velimir Perasovic al frente del banquillo de Valencia Basket. El balance del técnico croata tres años después habla por sí solo: tres finales y un título de Eurocup, además de unas brillantes semifinales de Liga ACB que culminaron la mejor temporada regular de la historia taronja. Pero las 14 victorias y 17 derrotas de esta temporada son un lastre excesivo y el reflejo de un proyecto agotado que no pudo planificarse peor durante la época estival.

Es precisamente en el mes de julio cuando se empezó a fraguar la actual situación de Valencia Basket. Toda una concatenación de errores de difícil explicación. El primero de ellos fue sin duda la negativa a renovar a Toni Muedra, el verdadero arquitecto del éxito, por un puñado de euros, el segundo fue mover a Chechu Mulero de su puesto de segundo entrenador para hacerse cargo de la dirección deportiva. Se habían movido dos piezas clave de golpe y se dejaba a Perasovic sin su mano izquierda, la que controlaba el vestuario y atemperaba el carácter del croata.

La realidad es que al entrenador balcánico se le puede achacar lo sucedido en la pista, pero no la torpeza desde los despachos al tocar lo que funcionaba. El problema radica en que al técnico sí que se le pueden atribuir fichajes como el de Loncar, que no ha mejorado en nada el juego interior de Valencia, o el de Buycks que, a pesar de sus críticas en las ruedas de prensa, fue totalmente consensuado.

En el año de su retorno a la Euroliga Valencia Basket veía como perdía en el mismo verano a Doellman y Lafayette, un golpe enorme para el crecimiento de la entidad. Lejos de tratar de tapar esa situación con una planificación de riesgo cero, la situación ha acabado explotando con refuerzos fallidos, un juego muy pobre y un sonoro fracaso al no ser capaz ni de llegar al Top 16 en el año récord de abonados.

Todo un cóctel de errores en cadena que se ha visto aderezado por el hartazgo del vestuario hacia el propio Perasovic. De hecho, su destitución no puede servir de protección para una plantilla que en muchos partidos de la temporada ha tenido una actitud impropia de un equipo profesional. Los jugadores han echado de menos la presencia en el día a día de Mulero, pero sobre todo han acabado quemados fisica y mentalmente. En este sentido hay que reconocerle a Perasovic el mérito de haber construido un equipo ganador sin grandes presupuestos, pero al mismo tiempo nadie podrá negar que la gestión de la limitada plantilla actual ha sido un disparate en sesión continua.

Ahora mismo las sensaciones que deja la entidad es de pérdida de rumbo, entre otras cosas porque falta una estructura deportiva que sirva de guía en estos momentos de oscuridad e incertidumbre. El equipo lo asume Carles Durán, hasta ahora segundo entrenador, con una plantilla mermada por las lesiones, sin demasiada confianza y con puestos claves sin jugadores de garantías.