La eliminación del FC Barcelona a manos de Olympiakos en el play-off de cuartos de la Euroliga abre la herida de una decepción que no se vivía desde 2011, cuando el Panathinaikos de Obradovic (Atenas se consolida como la ciudad maldita por excelencia del barcelonismo) les apeó de la Final Four del Sant Jordi. Desde entonces los azulgrana no habían faltado a la fase final de la máxima competición europea. En aquella ocasión, con Ricky y Navarro maniatados por la defensa ‘verde’, Xavi Pascual llegó a manifestar que el dolor de la derrota era comparable al que se siente cuando se pierde un familiar. Tras marcharse de vacío del pabellón de la Paz y la Amistad, el técnico de Gavá cargó sobre sus hombres el dolor y la decepción de todos los aficionados culés. La sensación es que el entrenador, recientemente renovado hasta 2017, no acaba de estar a gusto con su actual plantilla como si se tratara de un traje brillante pero sumamente estrecho e incómodo y tampoco queda muy claro a estas alturas si actúa por convicción o por no tener más remedio.

El cambio constante de roles y la mala suerte con las lesiones en momentos puntuales de la temporada han agravado la delicada situación de un equipo que rezuma inconsistencia e irregularidad por todos los poros. El FC Barcelona sólo ha sido capaz de vencer fuera de casa en el OAKA, dentro de lo que se puede considerar un campo de los importantes, porque en el resto directamente ha naufragado tanto en la competición doméstica como en Euroliga. Detrás de este desplome se esconde una permanente reconstrucción tras alcanzar el cetro europeo en 2010 contra su actual verdugo.

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Desde aquel éxito el conjunto culé ha ido perdiendo año tras año carácter e intimidación a partes iguales. Se ha pasado de tener un perímetro integrado por hombres como Basile, Grimau y Pete Mickael a una línea exterior veterana (Oleson con 32 y Navarro con 35 años) y con una presencia intermitente de jóvenes como Hezonja y Abrines. El caso del croata parece un dolor de cabeza interesante. El dalmata, sin la madurez necesaria para optar a ser un relevo 100% fiable, parece tener la cabeza muy distraída con los cantos de sirena procedentes de la NBA. El juego interior también invita a caer en la nostalgia de aquella inolvidable noche de París. La línea formada por Fran Vázquez, Terence Morris y Bonifance N´Dong contrasta con la ausencia de músculo y atletismo actual sin que los rectores azulgrana hayan podido encontrar recambios de garantías (más allá del acierto de Ante Tomic).

La sensación es que el FC Barcelona no ha encontrado desde 2010 una política de fichajes acertada, algo que se ha agravado con el progresivo dominio del Real Madrid desde la llegada de Pablo Laso. Con un núcleo duro formado por jugadores nacionales, los blancos se han llevado un botín de tres Supercopas, dos Copas del Rey y una Liga en poco tiempo. Enfrente el conjunto de Xavi Pascual ha luchado por mantener el tipo y cada año ha llegado hasta la Final Four y se ha llevado dos de las últimas tres Ligas, una cosecha nada desdeñable teniendo en cuenta que el eterno rival disfruta de una de las mejores plantillas de su historia.

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Las perspectivas de este verano apuntan necesariamente a una nueva limpieza y un nuevo rumbo que debe servir para poder atar a las primeras espadas y no conformarse con los planes B de cada posición, tal y como viene sucediendo en las últimas dos temporadas. Se fue Papanikolau y ni Gentile ni Datome aterrizaron y se tuvo que apostar por un inexperto pero eficiente Deshaun Thomas. Todo esto sin olvidar el gatillazo sufrido con Spanoulis o con la gestión del recambio de Joey Dorsey. Lo único que hoy por hoy parece claro es la continuidad de Xavi Pascual. No parece sensato desprenderse de un técnico que ya ha demostrado ser capaz de gestionar al equipo en situaciones de presión extrema y que tiene un alto índice de fiabilidad a la hora de competir (y ganar) por los títulos. Es cierto que el juego del equipo no entusiasma al Palau pero habría que preguntarse si la política de abonados del club es la correcta. Eso y que nadie debería de olvidar lo mal que la entidad catalana gestionó el final de las etapas de Aíto García Reneses y Svetislav Pesic y las posteriores consecuencias.