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El laboratorio NBA: diseccionando a Russell Westbrook

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El curso 2016/2017 está resultando excitante en la NBA. El ritmo de juego y los promedios generales de anotación se sitúan en las cifras más altas desde principios de los noventa, los sistemas ofensivos y defensivos de muchos equipos gozan de un grado de sofisticación muy alto, y un número elevado de jugadores parecieran estar disputando algunas de sus mejores temporadas desde que llegaran a la liga. Uno de esos jugadores es, sin duda alguna, Russell Westbrook.

A fecha 17 de febrero de 2017, el explosivo base de los Thunder está promediando el tan ansiado triple-doble (hito que no se veía desde hacía más de medio siglo), y lo más importante de todo, tiene a su franquicia consolidada en puestos de Playoffs, a pesar de las duras bajas que sufrieron en verano con la partida de Kevin Durant y Serge Ibaka. Este año, más que nunca, las esperanzas de Oklahoma empiezan y terminan con Westbrook. Puede que ningún otro equipo en toda la liga (a excepción quizá de los Rockets de Harden) dependa tanto del rendimiento que ofrece su superestrella.

En este artículo nos proponemos analizar al detalle el juego de Westbrook, desde un punto de vista tanto técnico como táctico, para comprender así mejor las claves que están haciendo de él una figura absolutamente dominante y diferencial. Esta disección se llevará a cabo bajo tres apartados bien diferenciados: anotación, pase y defensa. Desglosaremos de manera individualizada cada una, y con los datos y conceptos que se extraigan, dibujaremos una conclusión final que abarque una visión global de su rendimiento.

Sin más dilación, empecemos.

ANOTACIÓN

Ahora mismo Westbrook se coloca en cabeza en la pelea por terminar como él máximo anotador de la liga, merced a sus promedios de casi 31 puntos/partido. Domina tantas facetas en lo referente a este apartado que resulta un jugador prácticamente indefendible. La mayor parte de las acciones ofensivas de Westbrook parten del juego con balón, haciendo de los movimientos sin balón un concepto casi marginal en su repertorio. Esta condición le convierte en un jugador menos portable (a diferencia de lo que pudiera representar Stephen Curry, por citar un ejemplo relativo a su posición); pero en un equipo construido para maximizar sus habilidades (como es el caso de estos Thunder), el resultado es demoledor. En este particular aspecto recuerda mucho al Lebron James de su primera etapa en Cleveland: menos portabilidad pero más capacidad de elevar el rendimiento de plantillas en principio mediocres (team lifting). Esto sólo es posible si tu estrella deja huella en numerosos aspectos del juego, y si cumple con los requisitos para dominar mucho el esférico, es decir, tomar un número elevado de decisiones acertadas que justifiquen dicho dominio.

En estos momentos, el usage percentage (porcentaje de uso) de Westbrook se sitúa en un astronómico 41.8 %, liderando claramente la liga y aventajando cómodamente al segundo (DeMarcus Cousins con 37.5 %), y todo ello a pesar de que promedia unos modestos 34.6 minutos/partido, una cifra que no es excesivamente elevada y prácticamente calcada a la de años anteriores. En otras palabras, cuando está en cancha parece evidente que todas las posesiones pasan indefectiblemente por sus manos.

Russell Westbrook

Todo eso se traduce en que Westbrook ha liderado a su equipo en anotación en 50 de los 57 partidos disputados, casi la totalidad de los mismos. Partiendo de ese dato, el análisis de su producción anotadora lo podemos dividir en dos subapartados: tiro y penetración.

TIRO

Tal vez uno de los aspectos donde se puede apreciar la constante evolución y mejora de Westbrook sea en su lanzamiento de media distancia, donde ha terminado por convertirse en un auténtico especialista de la NBA. Está tirando con un más que respetable 43 % desde los 3-5 metros, demostrando una mejora sustancial con respecto a la temporada anterior (40 %), y eso a pesar de que sin Durant las defensas rivales colapsan en mayor medida sobre él. Que solo el 14 % de esos lanzamientos sean asistidos demuestra lo que apuntábamos al principio: casi todo su caudal ofensivo es generado por si mismo. Lo cual, en esas circunstancias, ostenta un mérito enorme.

Uno de los movimientos favoritos del base de Oklahoma es, pronto en la posesión, utilizar el bloqueo y continuación frontal con Adams (su socio predilecto, y sobre el que volveremos a hablar más adelante) para abrirse espacio y lanzar un tiro relativamente cómodo.

De nuevo lo podemos ver en esta ocasión ante los Cavs, como Adams acude a poner el bloqueo cuando apenas han pasado 4-5 segundos en la posesión, y Westbrook lo utiliza hábilmente para lanzar. Es habitual verle ejecutar la acción utilizando dos botes secos: uno con la izquierda para avanzar y otro con la derecha para estabilizarse. Ha perfeccionado casi con maestría el arte de los espacios intermedios.

Otro de sus recursos recurrentes es el pull up jumper (levantarse para tirar) en transición. Resulta espectacular ver a Westbrook frenarse súbitamente en seco tras llegar en carrera, y sorprender a su defensor con el lanzamiento rápido. Una acción que ya lleva desarrollando desde hace años, y que parece haber alcanzado su cénit estructural conforme cumbre física y técnica se fusionan en una sola (lo que parece estar ocurriendo esta misma temporada).

En cuanto al lanzamiento lejano o de triple, todavía no constituye una especialidad en el repertorio ofensivo de Westbrook, aunque lo está lanzando con un correcto 33 %. De hecho, ahora mismo se coloca tercero entre los jugadores de Oklahoma que intentan más de tres triples/partido (Abrines, Oladipo y por último él). Si tenemos en cuenta que la mayoría de sus lanzamientos se producen tras bote con bloqueo frontal-lateral, y que los Thunder acusan unos problemas soslayables en cuanto a gestión de espacios (tema sobre el que también volveremos más adelante), no está del todo mal.

PENETRACIÓN

Es una de las grandes señas de identidad en el juego de Westbrook: su combinación única de explosividad, rapidez y energía que le permite estallar contra la zona rival en penetraciones imposibles y hasta suicidas.

Perder la concentración medio segundo ante un jugador de sus características equivale a la muerte porque posee un primer paso velocísimo. Además, y por si fuera poco, es capaz de finalizar con soltura utilizando ambas manos (una de las grandes claves de su éxito). Tanto es así que, a pesar de que utiliza la mano derecha para lanzar, la sensación que transmite en cancha es la de que sus finalizaciones con la izquierda (ya sean en bandeja o mate) son prácticamente igual de efectivas y asiduas que con la derecha. Un reportaje reciente del New York Times titulado ‘The Misunderstood Genius of Westbrook’ contaba que Westbrook en realidad escribe con su mano izquierda, a pesar de que en la guía oficial de la NBA se le considera diestro.

En esta jugada ante los Warriors, por ejemplo, recibe el bloqueo de Adams, caracolea para esquivar a los jugadores rivales, y finaliza a tabla con su mano izquierda.

O en esta, donde aprovecha la minúscula distracción de Andre Iguodala (fenomenal defensor) para lanzarse hacia el aro y de nuevo finalizar con la izquierda.

https://www.youtube.com/watch?v=1UtLeEXaQ_w&feature=youtu.be (4)

No obstante, y a pesar de que Westbrook es uno de los penetradores y finalizadores más espectaculares de la liga, lo cierto es que sus índices de eficiencia en este aspecto podrían ser incluso mejores. Según los datos que se manejan, su índice de penetraciones a canasta (11.5) se sitúa en un rango númerico similar al de jugadores como Thomas, Dragic, Schroder, Bledsoe o Harden; pero por contra, su acierto en este apartado es el menor de todos los jugadores nombrados con un 46.6 %. En el siguiente gráfico se pueden observar algunos de los penetradores más persistentes de la liga, y la efectividad con la que ejecutan dicha acción:

JUGADOR PENETRACIONES EFECTIVIDAD PORCENT. PUNTOS
Isaiah Thomas 13.1 52 % 75.6 %
Goran Dragic 12.7 51.7 % 49.5 %
Dennis Schroder 12.2 50.3 % 65.8 %
Russell Westbrook 11.5 46.6 % 65.9 %
John Wall 11.3 50.8 % 63.3 %
Eric Bledsoe 10.9 53.8 % 68.6 %
James Harden 10.6 54.6 % 71.8 %

Explicaciones a este fenómeno pueden haber muchas, desde una excesiva precipitación del propio Westbrook en numerosas ocasiones, diseños ofensivos menos sofisticados por parte de Oklahoma, hasta un abuso demasiado acusado de sus acciones individuales por parte de los Thunder (algo también aplicable a cualquier otro apartado técnico). Lo cierto es que una de las críticas que se le han hecho a este equipo, y a su entrenador Billy Donovan, es no haber sabido diversificar sus opciones de creación ofensiva y confiarlo todo a la permanente labor de Westbrook. Aunque es cierto que en la plantilla de los Thunder no abundan los perfiles de este tipo, existe un acompañante en el backcourt que podría ayudarle más en dicha tarea: Victor Oladipo. Para ello resulta imprescindible que el binomio Westbrook-Donovan logre involucrar más al jugador formado en Indiana, y que el propio Oladipo se convierta en un jugador más consistente y regular que le permita ganarse esa confianza.

En esta secuencia ante los Warriors, por ejemplo, Oklahoma consigue dos puntos fáciles (vía mate de Roberson) gracias a que Oladipo aprovecha sus opciones como generador, y a la atención defensiva que concentra Westbrook (señuelo).


PASE y CREACIÓN DE JUEGO

Tal vez el aspecto más a admirar de Westbrook esta temporada esté siendo su visión de juego y su capacidad para generar tiros fáciles que puedan ser aprovechados por sus compañeros. Históricamente criticado por su selección de tiro y por su poca destreza a la hora de involucrar al resto, lo cierto es que desde hace año y medio-dos años la mejora del playmaker angelino en este aspecto ha sido sustancial, hasta llegar al cúlmen de su expresión creadora en esta 2016-2017 (3º de la liga en asistencias/partido con 10.1).

Verle dominar todos los registros del pase, ya sea desde el juego en estático o en transición, y contemplar su visión periférica constante de lo que sucede en cancha, está resultando una auténtica delicia. Hoy día, más que nunca, se puede decir que Westbrook es por caudal, precision y refinamiento técnico en los pases, uno de los mejores mariscales de campo que tiene la NBA. Y a pesar de todo queda la sensación de que todavía está algo infravalorado en este aspecto, tal vez por la fama que arrastra como jugador de mala selección en el tiro (fantasma que aparece y desaparece según el partido, aunque es indudable dicha mejora existe).

A media cancha el primer y primordial recurso suele ser, como no podía ser de otra manera, el bloqueo y continuación frontal con Adams, que bien ejecutado se traduce en una acción demoledora e indefendible para el rival.

De hecho, el pívot neozelandés es el segundo jugador que más pases recibe por parte de Westbrook (11.3/partido) solo por detrás de Oladipo, con una efectividad en la conversión del 63 %, cifra astronómica que hace palidecer cualquier otra comparación dentro de la propia plantilla. Resulta interesante comparar estas cifras con lo que sucede en el caso de otras parejas que forman parte de equipos élite de la liga. Por ejemplo, Draymond Green recibe 14.6 pases/partido de Curry, convirtiendo con un 45 % de efectividad, mientras que Durant recibe 11.2/partido y convierte con un 51.1 %. Lebron James recibe 18.3 pases/partido de Irving y convierte con un 59.8 %. Por último, Ryan Anderson recibe 14.8 pases/partido de Harden y convierte con un 41.6 % de efectividad. Aunque es preciso aclarar que, salvo en el caso de Adams, todos los receptores nombrados son lanzadores habituales de tres, lo que ocasiona que dichas cifras deban ser contextualizadas adecuadamente.

Pero lo excepcional en Westbrook es que no solo necesita bloqueos constantes para generar espacios y encontrar abiertos a los compañeros, sino que puede crear oportunidades literalmente de la nada, aprovechando un mínimo despiste de la defensa rival como en este magnífico pase a Roberson.

Por otro lado, es menester recordar que los Oklahoma City Thunder no se caracterizan precisamente por ser un equipo repleto de tiradores de élite que puedan espaciar la cancha (son el 29º equipo de la NBA en cuanto a porcentaje de acierto en el tiro triple), lo cual habla a las claras de la excepcional habilidad que tiene Westbrook para generar espacios donde, en principio, no los hay. Su mérito estriba en su constante capacidad para generar tiros interiores liberados (ya sean bandejas o mates) para sus compañeros. De hecho, los Thunder son el 2º equipo de la liga que más anota en la pintura con 49.4 puntos/partido. La amplia mayoría de esos puntos son creados por Westbrook directa o indirectamente, y mucho más tras la baja de Kanter.

Un ejemplo. En la siguiente jugada, Westbrook penetra hacia el aro realizando un dribbling soberbio, atrae toda la defensa hacia él, y le devuelve el balón a Adams en el momento preciso para una conversión sencilla bajo canasta. Baloncesto bonito y efectivo.

Aunque Westbrook no cultiva en exceso su juego al poste (promedia 1.3 posteos/partido, cifras por debajo de otros bases all-star que no se caracterizan precisamente por postear demasiado, como puedan ser Curry o Irving), lo cierto es que a veces aprovecha su estatura y musculatura para sacar ventajas y repartir juego de espaldas a canasta. En esta ocasión ante Phoenix lleva al poste a un jugador más bajo como Bledsoe, y en el momento en el que Chandler amaga con hacer el doble-equipo, Westbrook aprovecha para colarle un balón preciso a Adams. El timing del pase es perfecto.

En cuanto a la capacidad de crear ataque en transición, tal vez sea este el apartado donde Westbrook brilla con más luz propia. La destreza del base a campo abierto está alcanzando niveles absolutamente históricos, comparables a prácticamente todas las grandes leyendas que han destacado en este aspecto. Eso se traduce en que los Thunder son terceros de la NBA anotando puntos en el fastbreak (17 por partido), solo por detrás de Golden State Warriors y Phoenix Suns.

Parte del secreto de Westbrook en el juego de transición deriva de la estrategia reboteadora que emplea Oklahoma. Desde diversos nichos de opinión se ha acusado a Westbrook de inflar sus estadísticas reboteadores a propósito, basándose en el hecho de que los interiores realizan el box-out y aclaran la zona para que el base pueda lanzarse a capturar los rebotes. Y es empíricamente comprobable que dicha estrategia se lleva a cabo. Lo que ignoran muchas de esas mismas críticas es que la maniobra táctica persigue un objetivo funcional y productivo: maximizar las oportunidades al contraataque. Ese segundo que Oklahoma pierde para armar la transición cuando el rebote ofensivo lo captura un interior y tiene que dárselo al base, se lo ahorran si este captura el rebote directamente y empuja la acción desde el principio. Es un diseño defensivo-ofensivo que ya se empleó en el pasado con otros playmakers, como por ejemplo los Lakers de Magic Johnson o los Nets de Jason Kidd.

Por otra parte, Westbrook también se ha convertido en uno de los mejores de la liga lanzando el football type pass, es decir, el pase largo a lo fútbol americano que cruza la cancha en una sola secuencia. Una forma rápida, efectiva y sencilla que tiene el conjunto de Billy Donovan de convertir canastas en transición.

En esta jugada lo podemos volver a apreciar, con Oladipo cumpliendo el rol habitual de primer destinatario:

 

DEFENSA

El rendimiento defensivo es quizá el aspecto más criticable y mejorable del base de los Thunder. Posee todos los recursos físicos para ser un defensor fantástico (especialmente en el 1v1), y durante su carrera ha mostrado flashes de poder serlo, pero al tener que asumir un caudal ofensivo tan mayúsculo, pareciera que la cantidad de esfuerzo destinada a tareas de contención se han reducido drásticamente. Y es que los problemas de Westbrook en este particular apartado se podrían resumir en dos: falta de concentración y esfuerzo inconstante (reserva de energía).

Aunque las estadísticas defensivas deben contextualizarse mucho porque dependen en gran medida de los sistemas empleados por cada equipo, resulta sorprendente el hecho de que Westbrook permite un mayor acierto por parte del rival defendido – 45 % – que un jugador habitualmente crucificado por su defensa como es James Harden – 44.6 %. También sale perdiendo en la comparación con Curry (44.3 %) e Irving (44.7 %). Se vuelve a incidir, en cualquier caso, en que las situaciones de Oklahoma, Golden State y Cleveland son diametralmente diferentes.

Como dije anteriormente, uno de los mayores problemas de Westbrook en el lado opuesto de la pista es su puntual falta de concentración. En esta posesión, por ejemplo, se bloquea protestando una acción al arbitro en vez de realizar la defensa de transición, lo que ocasiona que Curry arme un contraataque excesivamente sencillo.

En otras ocasiones se obsesiona demasiado con tratar de capturar el rebote ofensivo, dejando libre a su par y de nuevo permitiendo un contraataque rival muy cómodo.

Pero cuando Westbrook está verdaderamente centrado en defender a su par, resulta un jugador bastante útil y diferencial. En la siguiente secuencia se observa como sujeta muy bien a una gran amenaza exterior como Irving, acosándole con insistencia y anulando la ejecución del bloqueo y continuación con Tristan Thompson.

Otra característica positiva de Westbrook en defensa es su capacidad para sorprender llegando desde el lado débil, ya sea para forzar robos o deflections (desvíos). Su excelsa combinación de físico, anticipación y lectura de líneas de pase le permite ser un arma mortal en este aspecto, sobre todo cuando está verdaderamente determinado a aplicarse atrás.

De nuevo en esta secuencia ante New York sorprende con su increíble capacidad física para quebrar líneas de pase, demostrando un potencial defensivo aún no maximizado:

RECAPITULACIÓN

Como colofón a este análisis, no queda otra que concluir que Westbrook está experimentando una de las temporadas más dominantes que se han visto en tiempos recientes, ejerciendo un impacto enorme en el juego que se traduce en un balance inesperadamente positivo para los Thunder: ahora mismo la franquicia del trueno ostenta un record de 31 victorias y 25 derrotas, prácticamente asegurándose el puesto de Playoffs en un Oeste que concentra la mayor parte de los aspirantes reales al anillo (aunque bien es cierto que este año el octavo puesto no está demasiado caro).

A nivel individual, Westbrook sigue liderando, a cierre de estas páginas, algunos de los medidores más fiables de la producción individual que existen: es primero de la liga en PER (Player Efficiency Rating) con 29.2, es primero en Box Plus/Minus (+/-) con un espectacular e histórico 13.9, y es primero en Offensive Box Plus/Minus con 9.6. En los últimos 25 años, solo seis jugadores distintos han sido capaces de liderar las tres categorías estadísticas en una misma temporada: Michael Jordan (92-93), David Robinson (93-94), Tracy McGrady (02-03), Lebron James (08-13), Stephen Curry (15-16) y Russell Westbrook (16-17). Un testimonio que habla bien a las claras de sus hazañas y como se comparan con algunas de las grandes leyendas contemporáneas.

No obstante, y a pesar de dichos logros, todavía queda cierto margen para la mejora como hemos ido analizando anteriormente: un esfuerzo mayor y más equitativo en defensa, una corrección aún más profunda en la selección del tiro, y un intento por mejorar la eficiencia general finalizando alrededor del aro. Todos ellos objetivos plausibles para un jugador de su estatura. Los dos próximos meses de competición regular determinarán de algún modo su nivel real en la liga, y podría servir para calibrar fuerzas de cara a medirse contra los mejores equipos en postemporada.

Así que pasen y disfruten, aprovechen ahora que tienen tiempo. Están presenciando en riguroso directo a un jugador histórico. 

Russell Westbrook

Foto: NBA

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De Wade a Huerter: el último cruce de generaciones NBA

Asistimos a un momento de especial emotividad en la NBA. Una vez más, dos generaciones se dan la mano para pasarse el testigo. Los últimos coletazos de los 90 y los 2000 aún retumban entre milenialls y nativos digitales.

maanuf96@gmail.com'

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Los años 90… Qué bonitos tiempos para los amantes del baloncesto; quizá pudo ser la mejor época o, al menos, una de ellas. El deporte brillaba por encima de lo económico, permitiendo al espectador respirar un ambiente completamente distinto al actual. Lo que ocurría mientras el reloj de juego corría, siempre tuvo más valor que lo que pudiera pasar después, al contrario de lo que sucede hoy en día, con grandes nombres azotando la competición y otros incorporándose a la misma con ganas de crear su legado. Los que antes eran jóvenes promesas, hoy son conocidos y venerados como leyendas.

Algunas de estas legendarias figuras, que incluso compartieron los últimos coletazos de Michael Jordan, apuran su último aliento como profesionales. Tanto Vince Carter como Dirk Nowitzki han alargado sus carreras hasta el presente por puro amor al baloncesto. Dos hombres que han visto pasar, al menos, a tres generaciones por delante de sus ojos y ahora ejercen de mentores para enseñar lo que no se aprende en la escuela: el conocimiento de la experiencia. El caso del alemán quizá es más que evidente al compartir vestuario con sus dos sucesores europeos pero “Vinsanity” cumple casi con el rol de segundo entrenador en un equipo en plena reconstrucción.

En Atlanta, se encuentra un mentor que llegó a la liga en el año 1998, justo cuando nació uno de sus compañeros, Kevin Huerter. Un chaval que creció viendo jugar a gente como Kobe Bryant, LeBron James, Carmelo Anthony, o los dos ya mencionados anteriormente. El pelirrojo vive un sueño vistiendo la misma camiseta de uno de los referentes de la liga que seguía por la televisión. La sensación de vivir en primera persona lo que solamente disfrutabas detrás de la pantalla debe de ser muy difícil de describir con palabras después de todo el esfuerzo que supone conseguirlo.

Aunque Carter fuera un icono para todos los niños que nacieran cuando se presentaba eligible para el draft el jugador al que idolatraba el escolta de los Hawks, era como no, el más dominante en su posición de los primeros años en los que vio basket: Dwyane Wade. Quien sería su ejemplo a seguir, y no en estilo de juego, sino en la meta a cumplir cuando finalice su trayectoria. Como juega “Flash” es algo muy complicado de imitar, y más sin las características físicas necesarias para hacerlo, lo que aleja a Huerter la idea de intentar reflejar en la pista los movimientos del mágico número 3 de los Heat.

Kevin Huerter en el último partido de Wade en Atlanta | Foto: NBA

El día de cumplir un sueño

El 5 de marzo de 2019, los Hawks visitaban el American Airliness Arena en lo que parecía un partido sin transcendencia de la regular season. Un equipo se luchaba por entrar en los Playoffs y otro ya descolgado que solamente busca seguir dando la mejor imagen posible mientras sus jóvenes eclosionan. Un encuentro que para la mayoría de los componentes de los planteles no iba a ir más allá de una victoria o una derrota, como la mayor parte de la inagotable catarata de partidos de las temporadas regulares de la NBA que terminan sepultados por el peso de cada nuevo año.

Quien afrontaba la noche con otra idea totalmente distinta es el rookie de la Universidad de Maryland, que tenía delante a la persona que aparecía en los pósters de su habitación. Enfrentarse a Wade no podía ser un juego más para Huerter sabiendo que, además, sería “su último baile”. No todos los días se tiene la oportunidad de marcarse y mover las piernas un rato con tu deidad. Los de Miami se llevaron el triunfo por un punto, con un marcador de 114-113 con un partido bastante aceptable por parte de Kevin. El verdadero premio para el shooting guard de Atlanta iba más allá de lo que marcara el electrónico; él quería llevarse la camisa de su héroe como recuerdo de haberse visto las caras.

Un amigo de Dwyane le había comentado antes del cruce que el chaval de los Hawks llevaba el dorsal y las botas en su honor, y Wade fue directo en su búsqueda nada más acabar el encuentro para dar con su pupilo indirecto e intercambiar la elástica, algo a lo que el novato no supo como reaccionar. La cara de incredulidad de Huerter queda para la posteridad.

La sucesión de las estrellas

Ante las inminentes retiradas de los baloncestistas históricos que hemos ido nombrando, se podría decir que se van los últimos resquicios de una generación dorada para el baloncesto americano y mundial. Situación que dejó paso a que nuevas caras llegaran a conquistar lo que ellos defendieron hasta que la edad, o las ganas de competir en otros casos, les permitieron. Los mates o tapones eléctricos de Wade o esa determinación y fiabilidad en el tiro por parte de Nowitzki ya forman parte de los recuerdos y no de lo que se vive con sus actuaciones en los partidos.

Son otros como Stephen Curry, Giannis Antetokounmpo o James Harden los candidatos al premio del MVP y nos los habituales hace diez años. Las nuevas tendencias de juego han gobernado por encima de todo, quedando muchos nombres y formas de ver el baloncesto en los libros de historia. Lo que vimos hace una década, aunque parezca cercano en el tiempo, ya no es lo mismo que vemos. No debemos dejarnos engañar por el renacimiento de Derrick Rose, lo que era antaño la NBA no es sino un espejismo de la contemporánea al “Small ball”.

Los Golden State Warriors, como principales referentes de esta última era en el baloncesto de USA, se han convertido en una dinastía que será eterna. Estamos ante una situación de transición, lo que hace que los que ahora son candidatos a ser el mejor jugador del mundo son aspirantes a ser Hall of Fame y recordados en la memoria colectiva de los fanáticos. Los hombres que vemos como viejas glorias en su momento fueron lo que ahora puede ser Paul George, Kevin Durant, Joel Embiid o Chris Paul.

La cuarta generación del siglo

En el año 2000 existían grandes dominadores de la pintura como Shaquille O’Neal o Tim Duncan acompañados de grandes exteriores como Allen Iverson o Steve Nash. Los últimos supervivientes de los años 90 seguían siendo los reyes de la competición en las Finales año tras año, sin dejar hueco a otros. Teniendo que pasar varias temporadas hasta que nuevos guerreros levantaran a sus franquicias hasta la gloria.

Kobe Bryant, Paul Pierce, Derrick Rose o LeBron James son nombres que para el público de cualquier edad se encuentran muy presentes. Una segunda generación en el siglo XXI que marcó unas de las eras más bonitas de la NBA en toda su amplia galería de grandes equipos desde 1946 que se fundó. Una competitividad por el anillo entre Boston Celtics y Los Ángeles Lakers que se puede catalogar de mítica junto a otros muchos hitos que se sucedieron a la par.

Mientras los de oro púrpura y los verdes estaban en la élite del baloncesto viéndose de tú a tú, en las noches del draft se incorporaban a la liga los que iban a ser los nuevos soberanos hasta lo que conocemos ahora mismo por mejor competición de baloncesto. Unos veranos en los que llegaron Kawhi Leonard, los francotiradores de La Bahía o el jugador con mejor manejo de balón, Kyrie Irving. En resumen, los responsables de que el basket coetáneo a este texto sea el espectáculo que es y permitiendo a los novicios que tengan de quien aprender para seguir sus pasos.

Unos muchachos, que aunque alguno se encuentre a las puertas de ser una estrella como Ben Simmons, Jayson Tatum o Luka Doncic, son el futuro del deporte de la naranja. La cuarta metamorfosis del siglo viene cargada de talento con infinidad de nuevos apelativos, además de los tres anteriores, como Trae Young, Donovan Mitchell, Kyle Kuzma, De’Aaron Fox, o de menor calibre como el ya citado pelirrojo de Albany. Unos zagales que deben crecer hasta ser ellos sean los corrientes en la candidatura al MVP. Un proceso que puede ser muy complicado, ¿pero qué es el cielo para un pájaro con vértigo?.

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‘Thadding’, la encarnación del glue guy

La figura del glue guy es una de las más valoradas dentro de la NBA. Thaddeus Young ha encontrado su sitio en unos Pacers necesitados de capitán, dentro y fuera de la pista.

fontandelacruz@gmail.com'

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Wikimedia

Sumergidos en una NBA en la que prácticamente por imposición todos los jugadores se han de adaptar al perímetro, los perfiles que sobreviven a esta dulce pandemia recobran un mayor valor sentimental. Y con el romanticismo a flor de piel tendemos a abrazarlos con mucho mimo, aunque no llegamos a ser del todo justos con el aporte menos tangible. El caso de Thaddeus Young merecería una filmografía entera, pero la síntesis de todo aquello que pone sobre el mapa del tesoro que guarda tras su cinturón de cuero Nate McMillan también merece un pedacito de nuestro tiempo, ya sea en cuestión de análisis, visionado o lectura.

Corría una despiadada madrugada el 24 de enero de este mismo año, y tras una descalabrada transición y lo que sería un banal intento de frenar a Pascal Siakam a campo abierto, la rodilla de Victor Oladipo decía basta. Ningún tipo de recuperación a medio o corto plazo habían surtido efecto sobre su mermada pierna. El vestuario al completo, incluido el propio Nate, no podían creer lo sucedido: Victor Oladipo se despedía de la presente campaña. Todos menos Thad.

Thad aglutinó al equipo al término del segundo cuarto en el vestuario y comprimió la niebla que cubría el vestuario en un discurso que a la larga dejaría huella en la propia temporada Pacer’.

Victor ha caído. Obviamente no va a volver en este partido, así que tenemos que ocuparnos nosotros del trabajo. Estamos aquí, así que debemos continuar ejecutando y haciendo lo que tenemos que hacer. Tendremos que imponernos al partido y ayudarnos mutuamente. Eso es lo más importante. Si estamos unidos es difícil derrotarnos, con o sin Victor.

Jim Ayello sobre Young

Y así fue: victoria frente a Toronto (rival directo) en ausencia de la rueda capital de la caravana Pacer’ y un mundo por recorrer sin su compañía sobre el parqué. Porque Thad lleva al extremo el concepto de glue guy, pues su asignación como capitán dentro del núcleo del equipo va más allá de sellar un par de firmas y voces sobre el parqué -que las da- tras un desajuste. Es el pegamento que mantiene todas las piezas unidas, y el respaldo de todo aquel que dude sobre el rumbo que ha de llevar la franquicia o de su propio estatus en el seno del equipo. El atril que sostiene la partitura sobre el piano.

En materia estrictamente deportiva, y a su consonancia con el sistema de McMillan me remito, podemos fragmentar su aportación en tres pilares fundamentales: como blindaje defensivo y su aporte tanto en la circulación como en la homogeneización de la propia ofensiva Pacer’.

El candado más férreo del viejo Nate

Toda estructura de lujo requiere unas medidas de seguridad a su altura. Una cobertura tan competente y poderosa que sea capaz de perseverar el contenido de la misma, y en la figura de Thaddeus Young encontramos todos los requisitos de un perfil que sepa canalizar, catalizar y ajustar el sistema defensivo planteado por McMillan.

En primera instancia, y remitiendome al molde en sí, nos encontramos con un rara avis entre los perfiles que abarcan tanto el tres como el cuatro (posicional), ya que su tallaje de corte medio se compensa la perfección con una envergadura interminable y de fisonomía gruesa. Su perfil físico es uno de los más ambiciosos para abarcar una de las situaciones más comunes e incómodas de toda la competición: el cambio.

Un tren inferior poderoso y más ágil de lo aparente se suman a una espectacular velocidad de brazos para poder acaparar cualquier perfil que se poste frente a él. Y ha sido en la prueba de fuego por excelencia en el este, con su cobertura sobre Giannis, cuando hemos podido disfrutar de la armonía absoluta de su rendimiento defensivo. El planteamiento a realizar sobre el griego debe llevar una consigna grabada a fuego previa al duelo: Giannis Antetokounmpo es irrefrenable en cualquiera de los carriles, y la única forma de contrarrestarlo es impedir que llegue a tomar esos carriles, es decir, coartar cualquier línea de penetración.

Y este pequeño mantra se lo hemos visto llevar al límite a Thad frente al griego -sin llegar a frenarlo ni en una tercera parte de su potencial, situación con escasos precedentes- con acciones defensivas a una distancia respetuosa, exprimiendo al máximo su envergadura, copando de paciencia la situación e invitándole a bailar al poste en una de las pocas situaciones en las que el griego es más intención y brutalismo que hechos.

Es en este apartado, el defensivo, donde inteligencia (Basketball IQ) y dotes físicas llegan a su pico de unión más elevado, ya que además de ser un fabuloso stopper individual también es la manifestación neta más útil dentro del bloque medio de ayudas que sustenta el sistema de Nate McMillan -más aún sin las piernas de Victor dentro del circuito-.

Es un maravilloso lector de ayudas cortas bajo tabla -algo menos al perímetro-, posee una perfecta concepción de su envergadura para cortar líneas de pase y dentro del encorsetado entramado Pacer’ es uno de los eslabones que mejor emplean los abandonos para robar y ejecutar a campo abierto en las pocas acciones que se prestan.

Por no olvidar el increíble valor intangible que tiene como corrector oral (y no tan oral) dentro de los escasos desajustes a los que se enfrenta el conjunto de Indianápolis cuando se sitúa, o bien Domantas como único interior puro frente a grandes de mucho peso en pintura, o bien se arroja a Collison o Holiday contra guards de corte físico. A fin de cuentas es la costura, gasa y medicamento del bloque defensivo Pacer’.

Concepción del pase y lectura a los tres niveles

Si bien el perfil de Young, básicamente por dotes técnicas y molde, no invita a pensar en un jugador con cuotas elevadas en lo que a creación y lectura se refiere, es este otro apartado en el reluce aún más el codicioso concepto de Basketball IQ.

En Thad se reúnen las tres alturas de lectura ofensiva en el baloncesto: poste bajo, medio y alto, cada una con su grado y calidad de uso, pero ninguna se queda exenta de ser empleada vía pase. En acciones de poste bajo nos hemos encontrado con una increíble gestión a la hora de interpretar y nutrir los cortes tras indirecto de perfiles como Bojan o McDermott, que se encargan de producir alternativas off-ball de forma continuada. Y en estas acciones la concepción de los espacios y la creación de los mismos mediante contundentes y ligeros movimientos de espalda son elementales para generar líneas de pase limpias y evitar la reacción de su par.

Es en el poste medio donde vemos a un Thad menos sobreexplotado por McMillan, salvo en acciones de codos, donde también exprime realmente bien su percepción de los espacios y los carriles, o en prolongaciones tras penetrar a otro cortador o abrir a las esquinas, acciones de marca registrada para un Thad que marca realmente bien los pasos y siempre se presta a la posibilidad del extra-pass, la presencia de Young está más orientada a ejecutar que a facilitar la ejecución de sus compañeros.

El pico como generador, más por dificultad que por volumen, llega en el poste alto y perímetro, donde ha demostrado que su visión de juego es bastante más que una determinante gestión de los espacios vacíos, ya que sin ser un excelso facilitador es capaz de proyectar auténticos misiles a los cortes desde las esquinas o lanzadores tras el indirecto en poste alto. Siempre agota hasta el último pedazo de su valor físico, ya que por altura y envergadura accede a determinados ángulos y líneas de pase a las que otros generadores no llegarían sin ser predecibles o sobreemplearse.

Porque se puede generar vía pase sin poseer un arsenal de recursos infinito, y se puede sumar a la circulación sin sobrecargar tu aportación.

Homogeneidad del sistema y pegamento ofensivo

Hablar de Thaddeus Young como ejecutor es hablar de seguridad, soporte y apoyos. Es un permanente salvavidas en acciones sin rumbo o segundas oportunidades, y todo nace de su condición de no-protagonista. Sin llegar a copar un volumen alto de acciones primarias ejecutadas sigue siendo un activo de un valor incalculable para finalizar por aglutinar el binomio de piernas y manos; tren inferior y superior.

El primer paso es prácticamente cultura para Thad en términos de penetración o corte, y no tanto por la velocidad del mismo sino por su potencia, el torrente que acompaña a ese primer paso es lo que hace imposible a la mayoría de sus defensores recuperar tras recepción. Porque sin tener un bote técnico si lo es perforante, y esto complica infinitamente la tarea de soltar la mano en el momento adecuado.

Y la envergadura; una vez más la envergadura es un factor diferencial dentro de su arsenal (tanto ofensivo como defensivo), ya que complementa a la perfección las dos características previas y hace de sus penetraciones acciones más cortas de lo normal. Además, minimiza al máximo la posibilidad de cerrar el aro a su par. Un ‘slasher’ bajo el radar, pero efectivo hasta lo grotesco y que brinda un abanico de alternativas -porque al fin y al cabo no son primeras opciones en su mayoría, a no ser que sean autóctonas- a la ofensiva Pacer’.

Y la cima como perfil homogeneizador llega a la hora de reparar o reactivar acciones malgastadas por sus compañeros, pues en Thaddeus Young reside uno de los activos más diferenciales en situaciones de diferencial corto en el marcador: el putback. Thad es una máquina expendedora de segundas oportunidades, acción que se complementa a la perfección con su condición de finalizador bajo seguro.

Pero es que la gama de recursos tras rebote ofensivo -no todos ellos ortodoxos en esencia- es inagotable, desde un semigancho hasta un mate a dos manos sobre los dos interiores rivales. La contundencia de estas acciones es tal que frenarlas tiende más a ser un fallo del propio Thad que un acierto de su par. Y por último, el ansiado perímetro. Una larga distancia a la que sin ser su mayor adepto, también se ha logrado adaptar e incluso hemos podido llegar a ver en acciones de pick and pop como alternativa de eficiencia media. Porque la modernización también entraba dentro de los ambiciosos planes de Young.

Thad es alma, pero también talento y eficiencia. Porque además de un pegamento sentimental también lo es sobre el parqué. Y lo que es más importante: Thaddeus Young es la prolongación más fidedigna de lo que es McMillan en el banquillo. Thadding.

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Polivalencia. Polivalencia y ritmo. Polivalencia, ritmo y espacio. Una sucesión de tres palabras que no deja de rebotar en los tabiques del cerebro de cualquier entrenador de la NBA. La primera de ellas porque, ineludiblemente, economizar personas en favor de sus aptitudes es una prioridad a día de hoy, pues quién no gozaría de un arma de destrucción masiva que realizase las tareas de tres o cuatro jugadores. Todo un lujo, vaya. La segunda tiene que ver con la inyección de ritmo que vive el baloncesto americano. Un dopaje en las revoluciones del juego que roza el colapso. La última de ellas se define por sí sola: espacio (‘spacing’). El espacio o espaciado es un elemento fundamental en la composición de una ofensiva completa en la NBA. Y que todo jugador sobre el parqué sea capaz de explotar cualquiera de los rangos habidos y por haber es, más que un complemento, una necesidad.

Tratar de contextualizar estos conceptos era necesario para definir con todo lujo de detalles la figura de Pascal Siakam. Y la realidad es, además de empírica, aún más compleja en todos los aspectos, pues el forward camerunés aglutina estas características en un molde digno de un robot.

La polivalencia, por Pascal Siakam

La polivalencia desde su definición más primitiva nos evoca a la siguiente palabra: polivalente. Y esta, a su vez, trae consigo un significado muy revelador: que vale para muchas cosas. Ahí se encuentra clave de Pascal Siakam en el engranaje, tanto ofensivo como defensivo, de Toronto, en esa capacidad para producir efectos en diferentes puntos de la estructura.

Siendo más específico y apuntando de forma directa al objetivo es crucial señalar un aspecto en el que Siakam es diferencial para el sistema Raptor’:

Cambios de asignación de defensa. Esta situación o lance del partido por el cual, y tras sufrir una alteración en la propia jugada, el defensor decide, por voluntad propia u orden del técnico, cambiar la asignación defensiva, es tan esencial dentro de un esquema completo que puede llegar a condicionar la composición de un quinteto. Aquí es donde entra de lleno la figura de Siakam, un forward de 206cm y más de 104 kilos con una velocidad de manos y pies impropia en un jugador de su talla y peso. Y si a esto le sumamos un desplazamiento lateral prodigioso obtenemos la fórmula perfecta que defina al defensor que vale para muchas cosas. Su nivel para mutar de una defensa perimetral frente a un guard de primer nivel a un enfrentamiento al poste bajo contra un interior de siete pies es asombroso. Y salvando las secuencias, que al fin y al cabo se vive de los resultados y no de las sensaciones.

El continuo contacto visual para no perder los estímulos de atacante; la posición de los pies, sin llegar a un ángulo que impida rectificar tras un movimiento de su par, y la permanente extensión del brazo, con el fin de exprimir su envergadura — 2.22m, propia de un dibujo animado— para dificultar la visión y un posterior lanzamiento. Todo, absolutamente todo, aglutinado en un perfil que podría asemejarse a un antiaéreo en el apartado defensivo.

El ritmo, por Pascal Siakam

El ritmo (pace) como dato que refleja el número de posesiones que juega un equipo en cada partido estableciendo una media entre todos ellos, también es otro de los pilares sobre los que se sostiene la liga en estos últimos tiempos. Y sí, el camerunés también es determinante en esta parcela. Quizás no lo sea de forma directa, pues él no interviene de forma directa en el número de posesiones que juega Toronto, pero sí en la calidad de las mismas.

Retomando el apartado del ritmo como concepto, es necesario resaltar que la liga vive en un constante exponente en lo referido al número de veces que el crono se reinicia para cada uno de los equipos, y Toronto, a pesar de no multiplicar este número tanto como otros combinados (entorno a cien posesiones por noche), también sufre esta revolución en sus propias carnes. Ahora bien, ¿en qué influye este apartado a la figura de Siakam? Sencillo: la transición. Y en ambos lados la cancha, faltaría más. Pues Pascal Siakam es, con casi total seguridad, el jugador que mejor dinamiza las transiciones ofensivas sin balón. Es un proyectil tras intercepción, un cohete con dirección al aro y un final anticipado.

La velocidad con la que abarca todo el campo es inverosímil, hace de cualquier intento de balance defensivo eso, un intento. Y la inteligencia con la que se emplea, con la vista puesta sobre el esférico en todo momento para, llegado el momento de la captura, poder corregir la carrera y poner rumbo a la red. Es un dinamizador único en la liga, el comodín
—o arma, puesto el caso— de mayor fiabiliad para las transiciones planteadas por Nurse. A fin de cuentas, un seguro de vida.

El spacing, por Pascal Siakam

Llegados a este punto toca tratar un tema que podría considerarse la cúspide del jugador NBA, pues indudablemente la liga, tal y como la conocemos, desprende un aroma a perímetro como nunca antes había pasado. Es prácticamente una ley que todo roster esté plagado de nombres con la capacidad para poblar todos los rangos, incluido, como no, el triple.

Recién llegado a la máxima competición del baloncesto americano, Siakam arrastraba ciertas dudas en lo referido a sus capacidades para abrir la pista y atacar las distancias largas. Y el aterrizaje a la liga con vistas al perímetro, como no podía ser de otra forma, fue un tanto rocambolesco, ya sea como catch-and-shooter o en situaciones de lanzamiento tras bote. Ahora bien, su incesante hacer por mejorar ha terminado por cincelar un perfil que permite al equipo ganar en imprevisión, peligro y riqueza ofensiva. Tal es esta mejoría que, sin llegar a ser un lanzador medio-alto, la confianza de sus compañeros en él es plena.

Acompaña las secuencias respetando la visión del jugador que inicia, complementa con una postura ideal para el catch-and-shoot y finaliza con el reloj sobre los hombros. Un uso de las esquinas que hace de su arsenal un elemento esencial en la composición de la estructura Raptor’, pues en estas situaciones es donde reside el verdadero valor de cada jugador en el espaciado de su equipo. Concreto, sí, pero efectivo en su apartado.

El broche de su figura llega en el gimnasio, los vestuarios y las horas de más, pues un perfil no se construye en temporada regular —época para purificar y ejercer la puesta en escena—. Siakam es (y era) un molde físico soñado por cualquier jugador y para cualquier director, pero sin un trabajo desmesurado detrás de las cámaras jamás hubiéramos conocido esta versión, que, sin querer sonar presuntuoso, aún la concebimos como una fase beta del proyecto final. Porque con esmero, confianza y talento, como cantaba una y otra vez el difunto rapero Christopher George Latore Wallace (The Notorius B.I.G.): Sky’s The Limit.

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Skyhook #17 | Objetivo Canadá

El éxito de los Raptors es también el éxito del baloncesto. Repasamos como un país que miraba con extrañeza al deporte de las canastas hace un par de décadas, ha conseguido un éxito histórico.

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