“Now they always say congratulations. Worked so hard, forgot how to vacation. They ain’t never had the dedication. People hating say we changed, look we made it.”- Post Malone, Congratulations.

Ha cerrado el círculo. Lo ha hecho, además, del modo más curioso que se podía imaginar. Cambiando el camino de forma tanto voluntaria como involuntaria. Rompiendo con lo establecido, saliéndose del molde. Kevin Durant al fin tiene su anillo, aunque está lejos de donde empezó todo para él. Seattle le dijo hola. Oklahoma le exigió una brillantez de la que solo le separó el punto final. Oakland lo acogió para arroparle bajo la tormenta. No solo se había mudado, había dado un vuelco a la situación. La historia se escribió entre LeBron y él como titanes en constante duelo hasta que Golden State surgió. Curry, Klay, Dray, Iggy y el resto, apartaron de nuestras miras la guerra de estrellas para hacer de los Warriors el verdadero problema. KD quedaba en un segundo plano, mediático y deportivo. Empezaba una rivalidad; el dinástico jugador nacido en Akron contra la maravillosa irrupción revolucionaria de la Bahía de San Francisco. Y Durant volvió a ser objeto de portadas uniéndose, precisamente, a quienes le relevaron para, además, volverse a ver con quien evitó que el cielo fuera suyo.

Del “You are the real MVP” nos queda el recuerdo. El jugador es distinto, pero sobre todo, el contexto ha cambiado. Ha dado un vuelco de ciento ochenta grados. La perspectiva es diferente, más cruel, para evaluar cada paso que da. Pero eso solo fue el inicio de la culminación. El camino hizo que la meta se apreciara, y este empezó como el de casi todos. Entre reuniones, entrenamientos en pabellones y gimnasios. Sin embargo, hubo una experiencia vital que ejerció de gasolina para su motor. Un momento que activó su mecanismo, que encendió su furia. El comienzo de todo.

La de 2007 se presentaba como una más que interesante class. Jugadores con potencial de estrella y, muchos de ellos, llamados a ser alguien desde el principio. Al Horford, Nick Young, Joakim Noah, Greg Oden, Mike Conley, Arron Afflalo… Desde Texas, con fuerza, se presentaba un alero con más de siete pies de envergadura y unas habilidades especiales para anotar. Un mock del portal Bleacher Report predecía que serían los Supersonics quienes finalmente apostarían por él con el segundo pick. “Es una situación de pesadilla para Durant. Llenará el hueco de Rashard Lewis en un equipo sin talento que se adentra en un largo proceso de reconstrucción. La idea de KD en Oklahoma City es, simplemente, terrible.” Como vemos, no parecía lo ideal. Para sonreír primero debería esperar, sin darse un respiro.

Foto: SI.com

La sensación freshman (así le apodó Jonathan Givony, de DraftExpress) estaba destinada al top 3. Por talento no cabía duda alguna. Era capaz de crearse sus propios tiros con fluidez, tenía una habilidad especial para el triple y era una fuente de ventajas constantes gracias a su altura. Era el líder de un conjunto falto de mimbres en el que, a veces, podía percibirse con facilidad cierta necesidad de compañía que no llegaba. Solo Greg Oden parecía con posibilidades para situarse por encima, en los Blazers.

Antes de la gran noche hay una última prueba abierta. La perfecta oportunidad antes de escuchar los nombres en boca del comisionado para que el público conozca fortalezas y debilidades de aquellos llamados a dar el salto. Un conjunto de exámenes físicos bajo las atentas miradas de scouts General Managers. El draft combine es un escaparate para aquellos que tienen en el salto, la velocidad o la fuerza sus mejores prestaciones. Una forma de medir el atleticismo, como dicen los norteamericanos, en base a pulgadas y libras.

Vestido de azul, con el cuarenta y seis en la espalda, Durant se preparaba. Con manos sudorosas, tendría que poner sus casi 2,30 metros de envergadura a trabajar frente a decenas de cámaras y junto a numerosos compañeros en similar situación. Precisamente, fue la amplitud de brazos lo único que le separó del ridículo. El punto positivo en una tarde cuyas consecuencias se antojaban trágicas.

El ejercicio de salto vertical fue un auténtico desastre. Solo Josh McRoberts y Spencer Hawes lograron cifras menores a sus 33 pulgadas (es decir, unos 83 centímetros). Tampoco mejoraron las sensaciones en los tests de velocidad (el cuarto tiempo por la cola en esprint) ni en agilidad (último puesto). Aún peor le fue en los intentos de fuerza. Kevin puso la anécdota, una de las más llamativas que se recuerdan, en el ejercicio de press banca. Tumbado sobre un banco, debía levantar con el empuje de los pectorales unas ciento ochenta y cinco libras (algo menos de 84 kilogramos). La liga no establecía número determinado de repeticiones, quería ver cuántas veces eran sus atletas capaces de soportar el peso. La respuesta, en este caso, se resume en un rosco. Cero. No llegó a alzar la barra ni en una ocasión.

Rick Barnes, entrenador de los Longhorns, salió en defensa de su pupilo. “Si están buscando levantadores de peso, no es lo que producimos. Hay muchos otros chicos que pueden levantar 300 libras en la NBA que no podrían hacer de muerto en una película de cowboys. Kevin es el mejor jugador del draft en cualquier posición, y punto.”

“Afortunadamente para Durant, el baloncesto se juega en la cancha, no en el gimnasio. Aunque tuviera una actuación pobre, no debería afectar a su estatus en el draft como segunda elección.” La web NBADraft quitaba hierro al asunto. No se equivocaba. David Stern salió a la palestra para decir frente al micro su nombre. KD se pondría la gorra verde y amarilla. En la misma ceremonia, el flamante jugador de los Seattle Supersonics fue entrevistado por NBA TV. Fue preguntado por el dichoso combine. ¿Qué pensaría, si fuera un GM, sobre aquel suceso del banco y las pesas? “Quizá nada. Si el chico puede jugar al baloncesto, puede jugar al baloncesto. No estaba muy preocupado por aquello, me preocupaba más este día. Y estoy feliz por ir a Seattle.” A toro pasado, se mostró con confianza. Tampoco se vio nervioso al escuchar cómo Oden hacía las maletas a Portland. Afirma ser conocedor de tal anuncio desde antes de que se produjera.

Diez años después lo recuerda. En el mes de marzo, habló del tema con ESPN. Ya siendo una estrella, se tomó el lujo de aconsejar a aquellos que buscan serlo. ¿Asistir a aquellas pruebas? No si tenes la presencia en el top 10 asegurada. “Trabaja en tu juego y te verán en entrenamientos individuales. Te han estado viendo durante todo el año, así que tu cuerpo al completo trabajando es más importante que ir allí un par de días.”

Foto: USA Today

Clavado en su mente sigue ese día. Porque creía en sí mismo, pero todos hablaban sobre el tema, incluso dentro del propio gimnasio. “Todos los entrenadores de fuerza se estaban riendo de mí. Bromeaban entre sí porque no podía levantar 185 libras, y yo estaba como ‘Vale, seguid riendo. Seguid riendo.’ Era gracioso porque era el único que no podía levantarlo. Estaba avergonzado, pero me decía ‘Dame un balón. Dame un balón, por favor.'”

Hoy, es el protagonista de la actualidad deportiva mundial. El hombre que se pasó al bando rival buscando el dorado. El criticado niño bueno al que una decisión tornó en villano. El campeón de la NBA. El MVP de las finales. Y todo empezó en un desastroso combine.

“Sabía que nadie en ese draft podía defenderme en uno contra uno. Y sabía que no necesitas hacer press banca para levantar un balón. Sabía que esto no es fútbol, donde eso importa. Sabía que como jugador de baloncesto tenía muchas habilidades, más que nadie en el draft.” Dice hoy KD. “Estaba clasificado como el último del campamento. Era el peor jugador, y el mejor jugador no fue drafteado. Eso te dice mucho sobre la importancia de esa mierda.”