Talento y eficiencia no siempre van de la mano: está claro que el contar en el arsenal con la capacidad innata de encontrar vías para embocar el balón en el aro rival facilita y mucho la tarea, pero en la historia del baloncesto han sido muchos los casos de anotadores de volumen y discutible eficacia, a poco que buceemos en los números con cierta mirada analítica.

Genios que conocían el sendero, pero a ratos perdían la brújula.

Miembro destacado de este paradigmático club es Carmelo Anthony, un tipo que en 14 temporadas NBA consecutivas nunca faltó a su cita con los 20/+ puntos por partido. A la decimoquinta fue la vencida, ya con un rol de tercera espada en los Oklahoma City Thunder de Westbrook y Paul George y a los 33 años de edad.

Un orgía indiscriminada de puntos e ineficiencia que se perpetuó en el tiempo.

“Carmelo es el mejor jugador ofensivo al que he entrenado jamás. Pero también era adicto a los focos, y compartirlos le hacía muy infeliz.” George Karl

Los 28.9 puntos por noche firmados por Melo durante el curso 2008/09 (con los Denver Nuggets, tope de su carrera) llegaron con un pobre 48.9% de acierto real en tiros (el proverbial true shooting percentage, que toma en consideración y de manera diferenciada tiros de dos, triples y tiros libres). A efectos comparativos, otro anotador de volumen como el legendario Kobe Bryant firmó un 49.1% durante su histórica campaña de los 35.4 puntos por partido. James Harden, máximo anotador de la temporada pasada (30.1 puntos), acreditó un 54.1%.

Fuente: nba.com

Más allá de un incremento irresistible en el número de triples lanzados (de los 2.6 por partido de su año rookie o los 1.9 del tercer año en la NBA a los 6.1 del último, superando el 38% de acierto desde la larga distancia únicamente en dos de sus 15 campañas como profesional), el juego de Carmelo Anthony no ha variado demasiado con respecto al que mostrara en su triunfal año universitario en Syracuse: aclarados desde la media distancia, sin movimiento de pelota (promedia en su carrera casi tantas asistencias -3- como pérdidas de balón -2.7) y estancando el ritmo del equipo. En una muy mejorable selección de tiro anida el problema de la ineficiencia en un tipo de talento ofensivo desbordante y con excelentes promedios de acierto en los llamados “buenos tiros”: Anthony ha edificado una carrera con los lanzamientos en el 1vs1 tras aclarado (y a una distancia de 12.7 pies de promedio) como pilares fundacionales, quedando cortes a canastas, catch&shoot, bloqueo y continuación y demás situaciones en ventaja muy lejos cuantitativamente hablando.

Su habilidad fuera de lo normal le ha permitido asegurar promedios de extraordinario anotador durante toda una vida deportiva, con los problemas de estadística avanzada subyaciendo tras el brillo incandescente de la pirotecnica.

Y ello ha lastrado el éxito de los grupos liderados por Anthony, cuyo mayor logro siguen siendo las Finales de Conferencia de 2009 entre sus Nuggets y los Lakers de Kobe Bryant y Pau Gasol. Adelantando ya que desde esta humilde tribuna no se compra el argumento de que el cañonero de Baltimore no ha contado con equipos de verdadero nivel competitivo, ha llegado el momento de desmontarlo desde ejemplos prácticos: en los Knicks de la temporada 2012/13, Melo contó a su lado con el Mejor Defensor del Año (Tyson Chandler), el Mejor Sexto Hombre (J.R. Smith) y un veterano curtido en mil batallas como Jason Kidd. Allen Iverson, otro anotador de volumen y discreta eficiencia, llegó a las finales de la NBA en 2001 con un róster muy similar al de aquellos Knicks (con Mutombo como Mejor Defensor y McKie como Mejor Sexto Hombre), mientras que Anthony cayó en la segunda ronda de los playoffs de 2013 ante los Indiana Pacers. Y un par de años antes de la aventura de los Knicks de Melo y Woodson, Dirk Nowitzki se engarzó el anillo de campeón de la NBA acaudillando un róster en el que también figuraban Kidd y Chandler, además de un buen anotador desde el banquillo como Jason Terry y con Shawn Marion como stopper desde las alas.

Y en el estudio pormenorizado de las grandes explosiones anotadores de la carrera de Carmelo encontramos otro argumento que sostiene la disertación: 14 veces en su trayectoria como profesional ha anotado el alero 45/+ puntos, con las derrotas (8) superando a las victorias (6). Bryant alcanzó tales cifras en 45 ocasiones (33 victorias – 12 derrotas), por las 16 de James Harden, máximo anotador de la última campaña (13 victorias – 3 derrotas). Significativo.

El aterrizaje en Oklahoma parecía abrir una nueva etapa en la carrera de Anthony, al abrigo de Westbrook y George. Como previsible tercera opción en ataque del equipo de Billy Donovan, el sistema podría aprovechar la infrautilizada capacidad del ex de los Knicks en el catch&shoot y en los triples desde las esquinas, potenciada por la atención que los dos líderes del equipo reclamaban de la defensa rival. Pero ni el jugador puso de su parte ni el entrenador logró imponerse y buscar potenciar sus recursos desde el sistema, y el 40.4% de acierto en tiros de dos firmado por Carmelo figura como el más bajo de toda su carrera, para completar un mediocre true shooting del 47.6%. La aventura del big three acabó en fracaso en los playoffs ante unos mucho más trabajados Utah Jazz de Quin Snyder, y Carmelo ejecutó su suculenta opción de jugador este verano (27.9 millones de dólares) para después buscar con la franquicia la mejor salida en el mercado.

Sin entrar en su evidente debilidad defensiva -que los Jazz explotaron en cada ataque con Melo en la pista-, en la capacidad de Anthony para asumir su rol a estas alturas de su trayectoria y acometer un saneamiento de sus eternos vicios ofensivos radicará la clave en su nuevo destino.

Aunque, a los 34 años y con 15 de experiencia en la mejor competición deportiva del planeta, esperar cambios drásticos pueda sonar a utopía.