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Reflejos

El guardián del Madison

La peregrinación de Spike Lee con los Knicks: De ilustre incondicional a marcharse por la puerta de atrás del Garden

El carácter peculiar y extravagante de Spike no resulta siempre del agrado de todos, su irreverencia a cualquier tipo de norma suele concitar, de vez en cuando, alguna que otra polémica. Lee declaró en marzo de este 2020 que estaba siendo acosado por el actual dueño de los Knicks. El máximo responsable de la franquicia, James Dolan, no lo traga, y viceversa la relación no es mucho mejor, lo que ha provocado más de una desavenencia. Durante un partido frente a los Rockets, tuvo una bronca con los miembros de seguridad por acceder a su asiento a través de un lugar que, en teoría, no le correspondía y al que había llegado por casualidad. La seguridad se mostró inflexible invitándolo a abandonar el recinto. El cineasta consideró que este proceder eran órdenes directas de la planta noble, con la que ha mostrado ciertas diferencias por una gestión que considera nefasta. En el momento, su cabreo fue brutal y tras tres décadas en la primera línea, tomó la decisión de no volver al Madison temporalmente.

Mantenerse fiel a un equipo no-ganador es meritorio. Animar a los Knicks resulta algo doloroso para algunos e incompresible para otros. Han pasado ya 50 años desde que los newyorkinos se hicieran con su primer anillo de campeón de la NBA. Comandados por Red Holzman en el banquillo y la histórica dupla Frazier – Reed en pista. El 8 de Mayo de 1970 triunfaron en el séptimo y definitivo partido por el titulo frente a los Lakers de Jerry West y Chamberlain entre otros.

En las gradas, aún alejado del foco mediático, un adolescente de tan solo 13 años, llegado a Brooklyn desde su Atlanta natal a los cinco de edad, disfrutaba del juego de su equipo. Hablamos de un adolescente Spike Lee que aquella noche rechazó asistir al concierto de jazz de su padre para ver a su equipo ganar la final. Obedeció al título de una de sus películas emblema: ‘Do the right thing’, ‘Haz lo que debas’ en castellano. El corazón lo guio hacia el Madison Square Garden y años más tarde confesó que ese partido quedó marcado como uno de los mejores momentos de su vida.

Aún hoy, en el cruce de la séptima y octava avenida de Manhattan, se mantiene atrapado el romanticismo desbocado de Spike y de los más nostálgicos, que añoran tiempos exitosos, o como mínimo, menos turbulentos. La ‘meca del baloncesto’, como comúnmente es conocido el domicilio de los Knickerbockers, transpira por sus cuatro costados un aura especial, casi hipnótico para los aficionados. Capaz de conjugar todo el glamour de la flor y nata yankee, con la cultura suburbana del hip-hop y la idiosincrasia que infieren los playground de Harlem o Brooklyn. Por eso el Madison es diferente.

Un ‘outsider’ de la gran pantalla

Plasmar esta realidad de los barrios del distrito de Brooklyn ha sido una de las obsesiones en la carrera cinematográfica de Spike, considerado como el principal representante del ‘new black cinema’. Su tono cómico ofrece una mirada atractiva y felizmente desequilibrada de la vida de los negros americanos. Pero esa perspectiva encierra en sí un inconformista y férreo compromiso con los derechos raciales y socioeconómicos de sus vecinos. Su forma irreverente de entender el cine rechaza la autocomplacencia del espectador para apartarlo de su zona de confort. Alentar a la reflexión desde la sátira es su máxima. A lo largo de su trayectoria, ‘the black Woody Allen’ -comparación que Spike desdeña- ha tratado de dibujar con virtuosismo la vida de los negros pero tratando de no dirigirse exclusivamente a los negros.

En ‘Do the right thing’ Lee, en el papel de Mookie, el repartidor de la pizzeria propiedad del italiano Sal, simbolizaba su propia posición en Hollywood en ese momento, como empleado de un negocio dirigido por blancos y mediador entre estos y la comunidad negra. Sin embargo, fue su personaje el detonador de lo que acabó siendo un motín contra los pizzeros italianos por golpear a un amigo afroamericano. En el cierre de la película, enlaza el fin de la pelea con una frase de Malcom X: “No estoy en contra de usar la violencia en defensa propia, ni siquiera lo llamo violencia cuando es defensa propia, sino inteligencia”. El largometraje, nominado a los Oscar, fue ampliamente criticado entre quienes sostenían que incitaba a la violencia contra los blancos.

En 2008 en una entrevista para New Yorker aclaraba: “La gente piensa que soy un negro que anda enfadado y en constante estado de rabia. Pero nada más lejos de la realidad” Tras su primera película en 1986 “She’s gotta have it” se ha enrolado en múltiples proyectos, ya sea como actor, director, guionista o productor. The ‘Spike Lee Joints’ (las fumadas de Spike Lee) han contribuido incuestionablemente a la evolución de las artes escénicas y de la cultura en general de la ciudad de New York.

El ‘trash-talker’ oficial de la NBA

Spike podría considerarse el amo de llaves del Madison. Si algo no se ha inmutado en las últimas tres décadas en la franquicia de baloncesto newyorkina es la mirada atenta y activa del cineasta desde la primera fila de asientos. Con el transcurso de los años y el ascenso de su reputación, él ha ido bajando escalones hasta sentarse en el mejor sitio de la casa. Cuál portero de una comunidad de vecinos ha podido recopilar cientos de anécdotas sobre los momentos en los que ha estado a centímetros de las estrellas de la NBA. Varias de ellas están recogidas en el libro ‘Best seat in the house; a basketball memoir’ que escribió junto con Ralph Wiley en 1998.

La presencia de Spike en los partidos no ha sido de mera observación y disfrute como cabría esperarse de un espectador cualquiera. En este filme que se ha convertido su estancia en la pista le ha tocado enrolarse en el divertido y estrafalario papel del rey del ‘trash- talking’. Siempre al acecho de las grandes estrellas, tratando de inmiscuirse en su juego y paz interior para desestabilizar con sus fogosas consignas al que pretendiera arrancarle la victoria al conjunto de Nueva York.

Una de las más peripecias más recordadas data del primero de junio del 94. Knicks y Pacers luchaban por llevarse el quinto partido de las finales de la conferencia este. El marcador a inicios del último cuarto mostraba un 70-58 favorable para los locales. Reggie Miller, estrella de Indiana, no tenía buenas sensaciones y cada acción errada por el escolta era inmediatamente replicada con mofas desde uno de los asientos a pie de pista. Spike Lee, un asiduo en tomarla con el mejor jugador del equipo contrario, estaba en plena función. Sin pretenderlo, esa noche fue el protagonista encubierto de aquel partido. Sus risas, solo duraron tres cuartos.

Burlarse del que para muchos el mejor tirador de la historia, cuando no está todo lo fino que acostumbra, resulta cuanto menos contraproducente. Aquella noche, el cineasta no dejo de increpar a Reggie y compararle con su hermana, Cheryl Miller, exjugadora de la WNBA. El foco del partido se dirigía hacia el pique entre ambos. Reggie, frustrado hasta el momento, quería redimirse por lo que estaba escuchando y al comienzo del último periodo, entró en estado de catarsis. Comenzó a enchufar, triple tras triple. Anotó 25 puntos dejando mudo al graderío. Tras una canasta, se giró al tendido y, mirando fijamente a Lee, se llevó las manos al cuello y tras ello a la entrepierna. Indiana le dio la vuelta al partido y tomaba ventaja en una serie, que acabó perdiendo en el séptimo envite. Al día siguiente, la prensa de New York lo hizo responsable de encabritar a Miller. De hecho, la cabecera ‘Daily News’ abrió en su portada con un irónico “Muchas gracias Spike”.

Las Jordan como emblema

La contribución de Spike al mundo de la canasta no se ha limitado, ni mucho menos, a ser el pesado de turno de la primera fila. A él se le considera el responsable de encumbrar la línea de zapatillas Jordan de Nike. No es relevante en la trama de la película, pero es significativo como en una mítica escena en ‘Do the right thing’, éstas adquieren un carácter casi ancestral. En dicha secuencia aparece un hombre andando con la equipación Celtic de Larry Bird y pisa de refilón unas flamantes Air Jordan. El manchurrón en las zapatillas desencadena la gresca entre el seguidor de los Celtics y el dueño, que las considera su calzado fetiche.

El amor de Lee por estas zapatillas ha conseguido que algunos modelos especiales lleven su firma. Son ejemplos de ello las Jordan Spiz’ike unión de los nombres de Spike y Mike (Michael Jordan) y las Jordan Son of Mars, que hacen referencia a Mars Blackmons el personaje seguidor de los Knicks interpretado por Spike en “She’s gotta have it” que incluso rodó comerciales de las zapatillas junto a Michael Jordan.

Las Jordan no podían dejar de aparecer en “He got game”, la película más baloncestística de las que Spike ha guionizado y dirigido. Es Jake Shuttlesworth (Denzel Washington) el que nada más salir de la prisión compra las zapatillas para volver a jugar en las canchas de Long Island con su hijo, Jesus Shuttlesworth, interpretado por Ray Allen. El jugador de los Supersonics por aquel entonces, se enrola en el papel del jugador de instituto más prometedor del país, rifándoselo todas las universidades y equipos profesionales. Jake es un preso al que el gobernador del estado le ofrece un trato: reducir su estancia en la cárcel si logra convencer a su hijo Jesus, para que fiche por el equipo local. Lee creó una referencia cinematográfica bastante potable para los aficionados de la canasta, evitando la mayoría de clichés de las películas deportivas.

Una carta de amor a Nueva York

El bueno de Spike, año tras año, y ya van más de treinta, invierte 300.000 dólares de su bolsillo en renovar su asiento a pie de pista en el Madison. Los Knicks han ingresado por uno de los abonados más rentables de la liga unos 10 millones a lo largo de todas estas temporadas. Si hacemos una comparación con un poquito de mala baba, la cantidad que se ha gastado es más o menos la misma que les costó a los Knicks el salario del número 1 del draft Andrea ‘Il mago’ Bargnani en la temporada 13-14.

Hablar de Nueva York y más concretamente de los Knicks y no proyectar automáticamente en el subconsciente una imagen de Spike Lee es una tarea casi imposible, porque son almas inherentes la una de la otra. La presencia entusiasta y en ocasiones exacerbadamente protagonista de Lee desde la primera fila ha seguido inmutable. Además, la escasa proliferación de estrellas y el nulo éxito grupal desde comienzos de siglo han sido claves para que éste se erija como uno de los símbolos y emblemas más reconocibles de la franquicia, pese a no haber metido nunca una canasta.

Es un secreto a voces que, pese a sus discrepancias con el propietario, volverá a vibrar con el baloncesto desde el lugar que le corresponde. Spike es el guardián de las esencias de un equipo que lleva en el lomo más costaladas que caricias en su particular paseo por el desierto de las últimas décadas. Más que un amante del baloncesto puede considerarse como un adicto al equipo menos prolífico de la gran manzana. Francamente, no hubiera tenido tantas ilusiones en balde si fuera tan ferviente seguidor de los Yankees como de los Knicks. Pero uno no elige de quién se enamora.

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