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Perfiles NBA

Cabeza de ratón, cola de león

De titular al banquillo y del banquillo al cielo

Cabeza de ratón o cola de león. Un debate escuchado infinidad de veces sobre la piedra de las pistas de entrenamiento de los benjamines y forjado a fuego en el desarrollo personal de cada jugador. La NBA está repleta de historias, mentalidades, estilos, jugadores, personas, equipos, victorias, derrotas. Muy pocos son los elegidos capaces de liderar un equipo hacia el éxito, superestrellas de este deporte que acaban marcando la historia del baloncesto. Los grandes nombres brillan luciendo su cartel de luces, pero tras todo éxito se esconden jugadores secundarios que de vez en cuando consiguen sacar a relucir su dorsal con su trabajo. La NBA está repleta, en definitiva, de cabezas de ratón y colas de león.

El año 2020 nos ha cambiado la vida a todos por muchos motivos. La pandemia ha frenado nuestra vida durante meses y ha cambiado nuestra propia forma de ser y relacionarnos, pero por mucho que quieran hay cosas que nunca cambian. Andre Iguodala acaba de jugar sus sextas finales en seis años con unos Heat por los que nadie apostaba ni un centavo. Su trayectoria está repleta de altos y bajos más allá de la cancha, pero la realidad es que el factor Iggy se ha convertido en una constante que le ha llevado a ser considerado como uno de los jugadores de rol más determinantes de esta última década.  

Sixers, Nuggets, Warrios y ahora Heat. Andre ha marcado a base de trabajo la historia reciente de la liga en estos últimos años. Participante del concurso de mates, una vez All-Star, tres veces campeón de la liga y un Mejor Jugador de las Finales cargan las espaldas de este veterano infatigable nacido para hacer el trabajo que muy pocos están dispuestos a hacer. Aunque toda esa experiencia se consigue jugando y 16 temporadas en la NBA dan para mucho, pero para entender al jugador en el que se ha convertido hay que mirar hacia atrás. 

Cabeza de ratón

Un 24 de junio de 2004 comenzaría la carrera profesional de Andre Iguodala en la NBA. Fraguado en las calles de Springfield, Illinois, y más tarde en la Universidad de Arizona, en la que compartió vestuario con Channing Frye y Luke Walton, se ganó una buena reputación como un buen two-way player, capaz de rendir en ambos lados del parqué. Drafteado en la novena posición por los Philadelphia 76ers y lanzado a la pista desde el primer partido junto con Allen Iverson, Iggy comenzaría así a crecer como una pieza clave como bisagra entre el ataque y la defensa del equipo. 

Su etapa en la ciudad de Pennsylvania estaría repleta de altibajos tanto en lo deportivo como en lo extradeportivo. Los problemas comenzarían a llegar en 2007, cuando el equipo decidiría cambiar el rumbo del proyecto y traspasar a su mayor estrella reciente a los Denver Nuggets. Con las salidas de Iverson y Webber, Iguodala estaba obligado a dar un paso al frente en un equipo en plena reconstrucción. En su cuarto año en la liga pasaría a ser una de las cabezas de ratón de aquel barco rumbo a la nada. 

Las posibilidades de competir por el anillo se habían esfumado desde hace unos años, pero el giro completo del proyecto sirvió a Iguodala para posicionarse como uno de los líderes de aquel vestuario y contar con un mayor peso en las decisiones sobre el parqué. El jugador pasaría a ser una de las puntas de lanza de aquellos Sixers de Jrue Holiday, Elton Brand y Evan Turner. A pesar de todo, admitiría que muchos de sus problemas comenzarían a llegar con Doug Collins, un entrenador que según el propio jugador: “tenía un dominio tremendo del juego y entendía todos los movimientos a un nivel muy profundo, pero alrededor del segundo o tercer año, comienzas a notarlo. Te das cuenta de que la forma en que te conduce no es la correcta”.

“No disfruté del baloncesto en mis últimos años en Philly.

Andre Iguodala para la CBS

El 2012 cambiaría muchas cosas en la vida del jugador. Su historia con aquellos Sixers estaba a punto de llegar a su fin y en su última temporada tocando la campana de Philadelphia conseguiría su primera y única elección para el All-Star Game. En su libro, The Sixth Man, recoge sus curiosas últimas horas con el equipo que lo drafteó ocho temporadas atrás. “Collins estaba enviando mensajes de texto y me dijo lo emocionado que estaba por el próximo año y lo bien que había jugado. Un par de horas después, Jrue Holiday vino a mi habitación, parecía distante y molesto”. Finalmente, Holiday confesó que el entrenador le había transmitido que el equipo planeaba completar el traspaso de Andrew Bynum que envió a Iguodala a los Nuggets. Así, Iggy pasaría a lucir las montañas Denver en su pecho. 

Cola de león

Las historias acaban estando marcadas por las decisiones, pequeñas o grandes, y la agencia libre de la NBA termina señalando el devenir más inmediato de muchas franquicias. Tras aquella parada temporal en los Nuggets, en la que formó parte del equipo que registró el mejor récord de la franquicia hasta aquel momento, la decisión más importante de su carrera se abría ante sus ojos. Aquel año firmaría un contrato por 48 millones por tres temporadas que marcaría su vida. Los Golden State Warriors consiguieron hacerse con los servicios del alero y el resto de la historia ya lo conocemos.  

Las primeras dudas comenzaron en la segunda temporada con el equipo de Steve Kerr, cuando Draymond Green y Harrison Barnes se pusieron por delante en la rotación. Hasta ese momento, Iguodala había jugado 758 partidos en la NBA y en cada uno de ellos había comenzado como titular. Su nuevo rol era un interrogante en la química del equipo, pero aquel cambio completó su evolución y lo llevó a jugar su mejor baloncesto de equipo. “Nunca pregunté si iba a salir de titular o no, es simplemente “Sal ahí y compite”, para mí la titularidad no fue algo que pasara por mi cabeza”, explicaba en una entrevista. 

Su aportación desde el banquillo se convirtió en una de las herramientas que llevaron a los Golden State Warrior a alcanzar su primera final desde que lo hicieran en el año 75. Ese duelo frente a los Cavaliers de LeBron, que también se convertiría en una tradición, supuso la confirmación definitiva de la trascendencia de Iguodala en aquel equipo. Su trabajo en defensa y sus grandes minutos en ataque le valieron para conseguir lo que nadie había conseguido hasta la fecha: convertirse en MVP de las Finales sin haber disputado ni un solo partido como titular en la temporada regular. 

Aquellos Warriors pasarán a ser uno de los mejores equipos de toda la historia y la labor por mantener la química de aquel roster repleto de estrellas se le atribuye muchas veces a Iguodala.  Su trabajo desde el banquillo traspasó las líneas del campo y la experiencia acumulada de todas sus aventuras por la liga sirvieron para ser uno de los líderes de un vestuario con Curry, Thompson, Durant y Green, casi nada. Iggy comprendió que había pasado a formar parte de aquel león y que su labor debía ir más allá de su trabajo sobre la pista. 

Cuatro años de éxito más tarde, su glorioso camino con los Warriors llegaría a su fin en 2019 y no sin alguna polémica que otra, al igual que ocurrió con los Sixers. La gestión de las lesiones en las Finales frente a Toronto y la puerta de salida que le habían señalado desde la oficina llevaron a Iguodala a poner en el punto de mira muchas de las últimas decisiones de la dirección de su antiguo equipo. La transformación de aquel titular en el jugador de rol definitivo se había completado y ambos caminos tenían que separarse. A sus 36 años, muchos auguraban que no podría seguir ofreciendo un buen nivel y cuando fue traspasado contra su voluntad a los Grizzlies el final de su carrera parecía estar más cerca que nunca. 

Una nueva oportunidad

Dieciséis temporadas en la liga no las consigue cualquiera y mucho menos con el palmarés que tiene en su estantería Andre Iguodala. Su traspaso a Memphis para liberar espacio salarial y su negativa a jugar con el equipo entrenado por Taylor Jenkins ponían en el horizonte el final de una carrera en la que la etapa de éxitos había llegado a su fin y en la que sus minutos en la rotación iban a ir decayendo con el tiempo. Es entonces cuando Miami entra en escena. Tras varios meses de desprecio y problemas entre la franquicia de los Grizzlies y él, la mejor opción para ambos es que se llevara a cabo un traspaso que hiciera feliz a ambas partes. 

Miami es el lugar perfecto. Han hecho que vuelva a emocionarme con este deporte.

Iguodala para ESPN

El 6 de febrero de 2020 se consumaría lo que se estaba rumoreando durante meses. Iguodala se sumaba al proyecto de los Miami Heat en busca de competir por el campeonato y su ambición por mantener el gen competitivo que creció con él también. El equipo de Jimmy Butler se convertía en una nueva vía para seguir peleando por cotas altas y su llegada aportaba una veteranía necesaria en Playoffs. Se presentaba una nueva oportunidad de seguir agrandando su leyenda labrada a base de trabajo. Caer contra el favorito no está prohibido, caer sin pelear es innegociable.

Miami Heat ha demostrado que su proyecto tiene mucho más futuro del que muchos le auguraban y, pese a la derrota, la imagen del equipo sale reforzada. Una gesta casi consumada, un sueño casi imposible cumplido. Andre Iguodala tiene contrato vigente y continuar demostrando que su aportación desde el banquillo puede seguir siendo importante es un factor que se garantiza Miami en los últimos coleteos de una carrera fascinante. Un jugador todoterreno forjado ante todas las situaciones imaginables y capaz de adaptarse a cada una de ellas para ofrecer su máximo. Competir es inevitable.

Ni cabeza de ratón ni cola de león. Andre dejó atrás aquel debate hace tiempo.

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Canadian Jesus

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