Como el Ave Fénix que resurge de sus cenizas, Valencia Basket ha sabido renacer, vencer a sus fantasmas y tener una cita con la historia. Nadie hubiera escogido mejor guion para culminar una temporada que no ha sido siempre amable con los taronja. Como si de un ciclón se tratase, con ganas y esfuerzo, Valencia fue muy superior a un Real Madrid arrasado en todas las facetas para añadir a su pequeña colección de títulos su primera liga.

Un partido soñado

Cuarto partido. De nuevo el escenario de la Fonteta, a una victoria de certificar un título. Lo pasado en la EuroCup sobrevolaba por las mentes de los aficionados. El miedo estaba latente en una pequeña parte del corazón, pero la ilusión era la dominante. Desde los instantes previos al comienzo del duelo, el público fiel del fortín valenciano se encargó de dar fuerza a sus jugadores, demostrando que son el mejor aliado que estos pueden tener.

Caras de concentración entre la plantilla, y entre un quinteto inicial que trataría de poner la primera piedra de la victoria. Un primer cuarto igualado, con el equipo blanco superior en breves momentos gracias al impecable tiro de tres de Rudy o el buen hacer de Reyes en la pintura. Los hombres de confianza del Real Madrid aparecían, pero los de Valencia tenían en Joan Sastre su mejor hombre, incombustible, con nueve puntos en diez minutos.

Y en el segundo cuarto, llegó la explosión. Los taronja jugaron el mejor baloncesto que se recuerda sobre el parqué del pabellón valenciano. Guiados por la veteranía de Sato y del incombustible capitán Rafa Martínez, el excelso liderazgo de Vives y Diot, y el enorme trabajo de Will Thomas, llegaron a poner los veinte puntos de diferencia en un marcador que invitaba a soñar.

La intensidad se bajó, pero la confianza y las ganas de salir victorioso pudieron más. El Real Madrid confiaba en su jugador franquicia, Sergio Llull, para intentar acometer una remontada más en la historia del club blanco. Gustavo Ayón o Jaycee Carroll le ayudaban; sin embargo, los taronja no iban a permitir que sucediera, y, para ello, Fernando San Emeterio, Joan Sastre y Pierre Oriola se pusieron manos a la obra.

La ventaja se acortaba, los minutos también, y paso a paso, Valencia se veía más cerca de la gloria liguera. Al ritmo de Antoine Diot, el equipo taronja encontró lo que necesitaba y Sato desde el triple aportó los puntos. Luke Sikma completó el engranaje gracias a su trabajo en el rebote, ese que los valencianos dominaron y que tan importante es, aunque, por momentos, no lo parezca.

Valencia Basket Sastre

Foto: Carlos Calvillo

Jaycee Carroll intentó añadir emoción al partido y aguar la fiesta local, pero ya era demasiado tarde. Nocioni, quien estaba ante su último partido como profesional, quiso dar lo máximo que pudo, acompañado, como no, del que siempre destaca en el cuadro blanco, Sergio Llull. Al Real Madrid le faltó físico, le faltó esfuerzo, pero fue en el terreno de la ilusión donde fueron vencidos por Valencia Basket.

Y sería Sastre, uno de los mejores de la noche, el que, con un contraataque que acabó en mate, se encargaría de consumar el triunfo más importante en los treinta años de historia taronja. La afición invadió el terreno de juego, los jugadores levantaron el trofeo ante la atenta mirada de estos, y, pronto, equipo y público se fundieron en una multitud eufórica. Una emoción máxima tras todo lo sufrido para llegar hasta ahí.

No fue fácil llegar

A pesar de que se podría decir que la temporada de Valencia es inmejorable y que muchos equipos firmarían por hacerla, ésta ha sido muy dura en algunos momentos clave, haciendo del camino hasta la liga un particular Vía Crucis para los taronja.

Su primer tropiezo sucedió en Copa del Rey, en una ruta con rivales difíciles. Ya en el primer enfrentamiento la suerte les juntó con sus verdugos en la anterior edición, Herbalife Gran Canaria, aunque supieron vengarse de buena manera. En semifinales ganaron al Barcelona, y en la final, primer duelo con el Real Madrid con título de por medio. Un partido en el que la polémica no faltó y en el que los taronja tuvieron sus opciones hasta el final. Dos puntos evitaron que la Copa viajara hasta Valencia.

La EuroCup, competición en la que el Valencia Basket posee mejores recuerdos con dos títulos en su historia, propinó el golpe más cruel. El inicio en la fase de grupos fue casi perfecto, en el Top 16 fueron el mejor equipo y hasta la final se aseguraron el factor cancha. Pero el camino hacia allí fue muy complicado. Su rival más clásico, el Khimki, se les cruzó en cuartos, en semifinales un hueso duro de roer como Hapoel, forzando el tercer partido en ambas series.

Y llegó la final. Nada parecía indicar que Valencia Basket tuviera problemas ante Unicaja, rival conocido y al que había ganado en liga regular, en las dos ocasiones. En una ronda al mejor de tres, el primer asalto fue para los taronja en la Fonteta, el segundo cayó del lado malagueño, y en el tercero y definitivo, Valencia perdió. Y de la peor manera. Los malagueños aprovecharon la menor presión para dar la campanada. El detonante fue la expulsión de Omic, la cual descolocó a los valencianos más que a Unicaja, y propició el elemento inesperado que decantó el título hacia los de Joan Plaza. Unicaja ganó en el último cuarto tras ir perdiendo por más de veinte tantos. Valencia Basket solo fue capaz de anotar tres puntos y ahí, en solo diez minutos se dejó el título ante su afición.

Valencia Joan Sastre

Foto: Rodolfo Molina

Desde entonces, Valencia Basket ha sabido ir poco a poco desligándose de ese molesto peso en la mochila. Esa amarga derrota hizo más fuerte al equipo. El mismo Pedro Martínez reconoció tras ganar la liga que de haber conquistado la EuroCup, seguramente no hubieran sido los campeones de liga.

Los fantasmas han tardado en desparecer, pero lo han hecho. El destino ha querido que el final feliz de este cuento se haya escrito en la liga, la que ha sido la competición más plácida para los de Pedro Martínez. Y no porque no haya costado, si no por los resultados cosechados. Solo dos derrotas en casa y las sufridas en calidad de visitante han llegado en canchas complicadas como las del Real Madrid, Barcelona Lassa, Baskonia o Joventut.

Los taronja han tocado el cielo. Las lágrimas aparecieron en los rostros de algunos jugadores. No ha sido un camino de rosas y la recompensa al esfuerzo de una plantilla que ha tenido que soportar varias lesiones importantes y duros contratiempos, ha aterrizado justo en el último partido de la temporada. Treinta años después de su creación, Valencia Basket es campeón de liga por primera vez. No ha sido fácil, nadie dijo que lo fuera, pero, al fin, el sueño de una afición y de un club se ha hecho realidad.