Todo son piropos y admiración en torno al mítico Dream Team de 1992, aquella constelación de estrellas que regaló al mundo uno de los momentos más espectaculares de la historia de los JJOO y del deporte por extensión. Pero no todo fue luz en el seno de aquel equipazo de videojuego, señalado por todos como el gran impulsor del imparable proceso de internacionalización de la NBA acaudillado por David Stern. Al contrario que las estrellas actuales del Team USA, que logran aparcar su rivalidad personal cuando comparten techo en el periodo estival, durante el proceso de selección de la mítica escuadra de los sueños aconteció un oscuro episodio, en el que viejas rencillas salieron a flote con influencia determinante en la configuración final del róster. Las declaraciones efectuadas por Isiah Thomas, con motivo del 50 cumpleaños de Michael Jordan hace un par de años, devolvieron a la palestra este hecho: no es cierto el que en aquel equipo figuraran los mejores de entre los mejores, una ausencia en particular destacó de forma flagrante.

Nuestra historia comienza con un supuesto boicot acaecido en el All Star de 1985. Michael Jordan, el rookie volador de los Bulls, llegaba a la gran cita con ganas de comerse el mundo… y acabaría saliendo de ella con la sensación de haber sido víctima de un complot por parte de los veteranos que, para proteger su estatus ante el arrollador empuje del novato, habrían consensuado no compartir la pelota naranja con Air. Y, de entre todos los boinas verdes, el joven Mike señaló a uno en particular, cuyo nombre figuraría desde aquel día en la primera página de su libro de agravios: el director de juego del combinado de la Conferencia Este, Isiah Thomas.

Volvemos a subirnos al Delorean para un nuevo salto temporal, hasta los playoffs del trienio 1988-89-90. Los Bulls de Jordan buscan hacer historia logrando el primer título colectivo para un Michael que ya tiranizaba la NBA en los apartados individuales. La tropa de la Windy City contaba durante aquella primavera del 88 con unos bisoños novatos, llamados a roles clave en el engranaje (Scottie Pippen y Horace Grant), y con un Air que aún trataba de descrifar la fórmula del liderazgo colectivo en las más altas cotas de exigencia. Mientras que, por el lado de Michigan, sobresalían un puñado de futuros integrantes del Hall of Fame ya en su madurez (Thomas, Dumars, Dantley, Rodman y el coach Daly) y varios excelentes jugadores de complemento (Laimbeer, Salley, Vinnie Johnson, Rick Mahorn…). Un extraordinario equipo contra el que, temporada tras temporada, los toros acababan estampándose. Un muro pétreo, de inabordable y granítica solidez. Los Detroit Pistons de Isiah Thomas: los míticos Bad Boys.

isiah thomas

Foto: NBA

Con las “Jordan Rules” de Chuck Daly como telón de fondo, la defensa al límite del reglamento y los dobles e incluso triples marcajes sobre el #23 dejaban una y otra vez en la cuneta a los de Illinois, con la consiguiente frustración de Air. Aquellas famosas reglas bebían de una variedad de tretas defensivas fuera de común en la época, encaminadas a desactivar (o postergar lo máximo posible) el flujo de juego de Jordan. Negar la recepción del balón al cañonero, obligarle a descargar en algún compañero ante el agobio generado por una pléyade de rivales orbitando en torno a él, traps constantes tanto sobre las alas como en la pintura, y siempre con el contacto como ingrediente principal. Un sistema de ayudas genial y adelantado a su tiempo, con un grado de sofisticación que lo convertiría en fuente de inspiración y objeto de estudio para las generaciones futuras de entrenadores.

Aquellos Pistons ganarían los anillos de 1989 y 1990, con Zeke (nacido en Chicago, ironías del destino) a un nivel estelar.

Jordan, como buen caníbal competitivo, nunca olvidaría aquellas afrentas y, pese a tomarse justa venganza deportiva contra los de la Mo-Town en los playoffs de 1991, encontraría el momento de canalizar su rencor acumulado sobre Thomas…

¿Llegó realmente a vetar Michael Jordan a Isiah Thomas?

La noticia de la exclusión del base a la hora de confeccionar la lista para los juegos de Barcelona careció de condicionantes objetivos desde el mismo momento de su anuncio. La carrera del point-guard (retirado un par de años después de aquel episodio), con 2 anillos de campeón (MVP de las finales ante los Lakers de Magic Johnson, promediando 27.6 puntos y 7 asistencias en aquellos 4 partidos), 12 All Stars (2 veces MVP del partido de las estrellas) y unos números de 19.2 puntos y 9.3 asistencias en sus 13 campañas como profesional, contaba con méritos más que de sobra para ingresar en aquella pléyade de colosos… Salvo que recibiera el veto directo del mismísimo Jordan.

Con Pippen y Magic de su lado (en un nuevo episodio de esa curiosa relación de amor-odio entre los legendarios playmakers de Lakers y Pistons), la amenaza de abandono de Jordan acabó imponiéndose, y Thomas no formó parte de la expedición que arrasó y dejó boquiabierta a la Ciudad Condal y al mundo.

Con motivo de los fastos por el citado 20 aniversario del mejor equipo que jamás ha pisado una cancha, los periodistas acudieron en el verano de 2012 en enjambre sobre Zeke que, en un honroso gesto, rehusó hacer declaraciones y esquivó elegantemente la polémica. Más tarde, de nuevo cuestionado por los expertos, Isiah declaró que la exhuberancia física de Lebron James se sitúa por encima de la del Jordan más pujante. Una opinión discutible, pero perfectamente respetable cuando se habla de un juggernaut como el alero de Cleveland.

El que escribe criticó con vehemencia la delirante etapa de Thomas entre banquillo y despacho en los New York Knicks, trufada de escándalos y charlotadas varias, pero en este punto la reflexión es clara: la foto de los 12 de Barcelona 92 nunca estará completa del todo. Siempre faltará la figura del explosivo caudillo de los Bad Boys. Al César lo que es del César.