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Costa a costa

Agridulces dieciséis

zhahihd@yahoo.es'

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Supongo que a estas alturas ya sabrán que el Comité de Selección NCAA (es decir, ese ente abstracto que cada año se reúne el segundo domingo de marzo y establece qué equipos y en qué posiciones tendrán acceso al Madness) decidió esta temporada dar un salto cualitativo: trabajar otro día más, reconvertirse también en Comité de NO Selección, añadir a su habitual Selection Sunday un NO-Selection Saturday con un mes de antelación. O dicho de otra manera, decir cómo quedaría el cuadro en sus cuatro primeras posiciones de cada Región si esa selección se celebrara ahora, y no dentro de un mes. Supongo que es el signo de los tiempos, hacer que la gallina ponga huevos de oro hasta cuando no le toca ponerlos. Estos siempre fueron días de bracketólogos y burbujas, pero por alguna razón el Comité ha decidido invadir ahora ese proceloso territorio y (digámoslo así) oficializar la especulación. Ellos sabrán.

En cualquier caso entremos en el juego, a sabiendas de que esta (discutible) realidad de febrero nada tendrá que ver con la (no menos discutible) realidad de marzo. A continuación encontrarán a los dieciséis elegidos (iba a llamarlos dulces 16 pero por ahora son más bien agridulces, la dulzura aún tardará un mes), obviamente en el mismo orden que les otorgó el dichoso Comité. Ahí se los dejo para que vayan abriendo boca, para que (si así lo desean) empiecen a paladear ya en febrero el festín que les habrá de esperar en marzo. Si consigo despertarles (siquiera un poco) el apetito NCAA, lo daré por bien empleado.

(1) Villanova: No falla, cuando el partido se pone aburrido, gol de Alemania, solía decir Valdano en los Mundiales o Eurocopas. Tal cual, si me permiten la analogía: cuando el partido se pone aburrido, triunfo de Villanova. Villanova es ese equipo solvente, sólido y fiable como un coche (casualmente) alemán; ese equipo que raras veces enamora pero que casi nunca falla. Al cierre de estas líneas sólo han perdido dos partidos, en Butler y en Marquette, proeza más que suficiente para que casi todo dios les considere número 2 y para que el comité de (no) selección, en su afán de dar la nota, les haya concedido graciosamente su número 1. Con un Josh Hart sencillamente imperial, con un Brunson que poco a poco se va pareciendo al que esperábamos, con un Jenkins que empieza ya a afinar aquella muñeca que les dio un título. Dicen que el fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania, no diré que el baloncesto (versión universitaria) es un deporte que juegan cinco contra cinco y siempre gana Villanova, no lo diré porque no sería cierto… todavía. Por si acaso no les pongan a prueba, no vaya a ser que de aquí a dos meses estemos hablando del repeat.

(2) Kansas: El hotel de los líos. Extraños incidentes, acusaciones varias, denuncias por doquier, el suplente Lagerald Vick acumulando pleitos, el sophomore Carlton Bragg entrando y saliendo del equipo cada dos por tres (sanciones mediante), otros jugadores salpicados también en mayor o menor medida… Y sin embargo ahí siguen, venciendo y (a ratos incluso) convenciendo, encaminándose con paso firme hacia su enésimo título consecutivo de temporada regular de la Big XII sin que lesiones como la del freshman Azubuike o asuntos turbios como los antes expuestos parezcan hacerles mella, más allá de algún contratiempo puntual (perdieron en casa ante Iowa St. después de llevar más de tres años sin hacerlo) o algún sobresalto insospechado como el que padecieron este pasado lunes ante West Virginia. Con su base Frank Mason como principal candidato a jugador del año, con su alero Josh Jackson como legítimo candidato a novato del año si dicho galardón existiera (y si no existieran Lonzo Ball o Markelle Fultz, también): cada partido parece mejor jugador que el anterior, y aún mejor lo parecería si lograra mantener bajo control su precaria estabilidad emocional. Estos Jayhawks de Bill Self parecen haber hecho suyo aquel viejo dicho de que lo que no te mata te hace más fuerte, y en ello siguen: cuantas más cosas raras les pasen de aquí a marzo, más peligrosos (aún) serán.

(3) Baylor: Empezaron como un tiro. Ganando a Oregon, ganando a Louisville, Michigan State o Xavier, ganando a todo dios, poniéndose 15-0 y pareciendo el mejor equipo de baloncesto sobre la faz de la tierra… hasta que acudió la realidad a poner las cosas en su sitio. La realidad primero se llamó West Virginia y luego Kansas, Kansas State e incluso Texas Tech, culpables de las cuatro derrotas (por 22 victorias) que llevan a día de hoy. A día de hoy su flecha apunta claramente hacia abajo, pese a lo cual el comité de (no) selección (que no entiende tanto de tendencias como de resultados puros y duros) le ha seguido considerando el tercer mejor equipo del país, sólo por detrás de Villanova y Kansas y aún por delante de la invicta Gonzaga. Estos Bears parecen en ocasiones más un equipo NBA que NCAA, gracias a la efervescencia física que despliega un portento como Johnathan Motley y a la de su socio interior Lual-Acuil, sumado a la potencia de exteriores como Wainright, Freeman o McClure. Y estos Bears tienen además este año un base solvente y de maravillosa muñeca gracias a la llegada del belga Manu Lecomte, transfer desde Miami. Todo lo cual está muy bien, por supuesto, pero a mí a estas alturas me queda la duda (en base a esos últimos resultados, en base a lo que les he visto) de que no se les esté empezando a acabar el gas. Justo cuando más van a necesitarlo.

Baylor NCAA

Foto: ourdailybears.com

(4) Gonzaga: 26-0. 26 victorias y cero derrotas, que son dos menos de las que lleva Villanova, que son al menos tres menos de las que lleva cualquier otro equipo que podamos encontrar en este cuadro. Y vale que el calendario de su conferencia no es el más fuerte del mundo (y supongo que a eso se agarra el comité para rebajarlos al puesto 4, en contra de la opinión del resto de la humanidad), pero no estará de más recordar que en la primera mitad de la temporada se impusieron sin apenas apuros a Florida, Iowa State o Arizona; como no estará de más recordar que en lo que llevamos de West Coast ya han ganado dos veces sin despeinarse a un habitual del Top25 (y extraordinario equipo defensivo, además) como St. Mary’s, ya han apalizado también a su otro gran rival BYU. Mark Few tiene este año un plantillón como pocas veces ha tenido, con un perfecto equilibrio interior-exterior (por fin) gracias al temporadón que se está marcando el enorme (en todos los sentidos) polaco Przemek Karnowski y a la llegada de los transfers Jonathan Williams (desde Missouri), Jordan Matthews (desde California) y sobre todo el excelso base Nigel Williams-Goss (desde Washington). Número 1 para casi todo dios menos para quien tiene que serlo, el presente es suyo, el pasado también pero el futuro aún está por venir (lógicamente). Tienen más argumentos que nunca para no quedarse a las puertas de la Final Four como tantas otras veces, sólo esperemos que no les pase como les pasó en temporadas precedentes a Kentucky o Wichita State: que en llegando el Madness esa presunta imbatibilidad no les suponga una presión adicional.

(5) North Carolina: Buenos pero blandos, grandes pero inconsistentes, ese ha sido el tópico con el que demasiado a menudo hemos despachado a los Tar Heels en pasadas temporadas. Pero ese tópico hay que ponerlo en cuarentena, desde ya: porque con toda su presunta inconsistencia estuvieron en un tris de proclamarse campeones en abril (acaso lo serían si la muñeca de Jenkins no lo hubiera impedido), porque con toda su presunta blandura nadie rebotea más que ellos en toda la nación, nadie. Su porcentaje de rebote ofensivo anda en torno al 43 por ciento o lo que es lo mismo, recuperan casi la mitad de lo que fallan hasta el punto de que algún comentarista televisivo afirmara el otro día (medio en broma medio en serio) que casi les sale más rentable errar tiros que meterlos, ya que a menudo suele ser el pasaporte para anotar dos más unos o triples sin oposición. Hicks & Meeks son impagables en esta faceta a la que se suma desde el banquillo el freshman Bradley, y a la que también contribuye (como a tantas otras cosas) el maravilloso Justin Jackson, jugadorazo que si no fuera tan tímido y tan buen chaval tendría un cartel de estrella mucho mayor del que tiene. Eso sí, no obviemos que la otra pata fundamental de este equipo, es decir el base Joel Berry, parece andar sumido en una pequeña crisis últimamente. De su recuperación dependerá que estos Tar Heels miren otra vez de frente a la Final Four de abril.

(6) Florida State: Andaba últimamente Leonard Hamilton un poco en la cuerda floja, pero hete aquí que este año se ha sacado de la manga un equipazo. Equipazo en el sentido literal de la expresión porque nadie rota más que él, nadie, hasta trece tíos puede llegar a mover en un partido cualquiera, ni el Calipari aquél de los platoones se atrevió a tanto. Claro está, todavía hay clases, permítanme que destaque de entre ellos al talentoso sophomore Dwayne Bacon (ay, si su cómplice Malik Beaskey se hubiera quedado también en Tallahasee) y cómo no, al freshman-maravilla Jonathan Isaac: frágil, quebradizo y de aire lánguido a lo Ingram, inmenso saco de huesos de 6’10” de estatura pero que rebosa talento por los cuatro costados (suponiendo que se pueda hablar de costados con un cuerpo así); si mantuviera una mínima continuidad y perdiera esa costumbre de desaparecer en algunos partidos sería ya el acabose. Impecable en cualquier caso el año de estos Seminoles… hasta ahora; porque como en el caso de Baylor (y algún otro que veremos después) empiezan a emitir síntomas de que la temporada se les puede estar haciendo un poquito larga. Veremos qué pasa en este mes.

(7) Louisville: Otro equipo al que le acostumbra a pasar de todo, no ya este año sino en casi cualquier temporada. Lesiones inoportunas, jugadores que entran y salen, sanciones varias, escándalos extradeportivos por doquier… ¿Y qué? A veces pienso que Pitino se mueve mucho mejor en el barro que en terreno sólido, que cuanto más difícil se lo ponen (o se lo pone él a sí mismo, también) más saca a relucir su inmenso talento como entrenador. Tiene este año Pitino un equipo (digamos) coral, en el que no parece haber una verdadera estrella aunque Donovan Mitchell reivindique legítimamente ese galardón. A su vera brillan el base Quentin Snider (cuando no está averiado) y el ala Deng Adel (cuando no está castigado), a los que habría que añadir desde dentro al australiano Mathiang y el flaco egipcio Mahmoud, desde el banquillo al eficaz Spalding… Y a partir de ahí la magia de Pitino hace el resto, prolongando la rotación hasta extremos insospechados, incluso con pálidos walkones que casi ni dios sabe de dónde se saca. En resumidas cuentas, todo un ejército de pitinitos que da como resultado su habitual baloncesto ciclotímico, que a ratos te enamora y a otros te horroriza pero cuyo balance final está muy por encima de la media, a las pruebas me remito. Háganme caso, no apuesten nunca contra Pitino, por lo que pueda pasar. Y aún menos en marzo.

Louisville NCAA

Foto: thecrunchzone.com

(8) Oregon: Me atrevería a decir que cuando entran en trance nadie juega como ellos, nadie es capaz de poner sobre el parquet la catarata de baloncesto que despliegan estos Ducks cuando Pritchard, Dorsey y Ennis crean desde fuera, cuando Bell y Boucher se desatan desde dentro (en ambos lados, además) y cuando (sobre todo) Dillon Brooks se comporta como la estrella que puede llegar a ser, que acaso sea ya sin que nos hayamos dado cuenta. Su ausencia les sirvió de coartada en aquellas dos derrotas de comienzo de temporada (Baylor y Georgetown), su vuelta les permitió luego enlazar 17 victorias consecutivas. Claro está, nadie es perfecto, la racha se les truncó recientemente en Colorado y UCLA (quizá lo dieron por ganado antes de tiempo) pero por el medio apalizaron a Arizona en lo que fue una de las mayores exhibiciones de baloncesto que hayamos podido ver esta temporada. Pónganse sólo unos minutos de aquel partido, relájense, disfruten y comprueben por sus propios ojos lo que este equipo de Dana Altman puede llegar a hacer cuando le da por jugar.

(9) Arizona: Sí, Arizona fue arrasada por Oregon el pasado sábado 4 de febrero, pero no busquen muchos más lunares en su trayectoria de esta temporada porque no los van a encontrar. De hecho sus otras dos derrotas de este curso (Butler y Gonzaga) se remontan a finales de noviembre o primeros de diciembre, desde entonces apenas hay quien les tosa, Ducks aparte. Este grupo tiene evidentes carencias, por ejemplo en la dirección (Khadeem Allen ejerce de base, pero no lo es en absoluto) o en el tiro exterior; pero a cambio ofrece muchas más cosas que otros no tienen: el dinamismo del propio Allen, Cobi Simmons o Rawle Alkins, la versatilidad de Parker Jackson-Cartright, la bendición de haber recuperado por fin para la causa al eterno sancionado Allonzo Trier. Añadan por dentro al fantástico serbio Dusan Ristic (infinitamente más desarrollado técnicamente que su antecesor, el afamado tronco Kaleb Tarzcewski) y complétenlo con el freshman-maravilla finlandés Lauri Markkanen, prodigioso saco de fundamentos técnicos que aún sufre (y no poco) ante defensores eminentemente físicos, cuestión de tiempo que les pueda encarar de tú a tú. Pintan muy bien estos Wildcats, siempre y cuando a Sean Miller no le entren sus habituales sudores fríos de marzo. Y este año no le deberían entrar.

(10) Virginia: Si hace tres años fueron el equipo de Joe Harris, hace dos el de Justin Anderson y hace uno el de Malcolm Brogdon, no fuimos pocos los que miramos mal a estos Cavaliers 2016/2017 al no encontrar en ellos ninguna referencia anotadora. Craso error. Como si lo que marcara diferencias en Virginia fuese el ataque, y no esa maravillosa defensa made in Tony Bennett que un año más ejecutan rozando la perfección. Pero además London Perrantes sigue siendo uno de los bases más infravalorados de la Liga (y eso que su mero nombre ya debería ayudarle), además Shayok, Hall o Wilkins (de los Wilkins de toda la vida) siguen produciendo con regularidad, además desde el banquillo los freshmen Kyle Guy y Ty Jerome nos muestran ya bien a las claras quiénes serán sus referencias ofensivas en los próximos años. No lo duden, Virginia volverá a ser legítima aspirante a pelear los títulos de la ACC y a paladear las mieles de la Final Four… siempre y cuando su bestia negra (más bien naranja) no se vuelva a cruzar en su camino. Pero esa es otra historia…

(11) Florida: La gran sorpresa de la temporada, en mi opinión. Nadie contaba con estos Gators, nadie esperaba que en su segunda temporada Mike White hiciera ya olvidar (relativamente) la pesada herencia dejada por Billy Donovan. Con una plantilla que así a priori no parece nada del otro mundo, con Kevaughn Allen en plan estelar, con los pequeños Casey Hill y Chiozza enredando desde el base, con Devin Robinson fabricándose un cartel NBA, con el enésimo hijo de Rick Barry (Canyon) metiendo tiros libres a cucharadas, con Leon o Egbunu (que se acaba de romper el cruzado, echando a perder su temporada) defendiendo la zona, con muy poco más Florida está de líder de la SEC. Sí, de esa misma SEC de la que algunos dijimos que sería un paseo militar para Kentucky, que los Wildcats estaban a años-luz de todos los demás y su único problema podría ser una especie de efecto Gonzaga al no encontrar siquiera un rival digno en toda su Conferencia. Y sin embargo esa misma Kentucky aterrizó el pasado 4 de febrero en el remozado Stephen O’Connell Center de Gainesville y se llevó un correctivo como casi no se recuerda otro en toda la era Calipari, 22 de diferencia que bien pudieron ser más. No lo tendrán fácil a partir de ahora (tanto más sin Egbunu) pero que les quiten lo bailao. Y que no me discutan (al menos por ahora) la legítima candidatura de Mike White a entrenador del año, que muy bien ganada se la tiene.

(12) Kentucky: Al Gabinete del Doctor Calipari la criatura de este año le está empezando a hacer aguas, acaso más de las que debiera. Quédense con que en un lapso de apenas doce días (los que van del 24 de enero al 4 de febrero) perdieron tres de los cuatro partidos que jugaron: perdieron en Tennessee (equipo manifiestamente inferior), perdieron en casa ante Kansas, ganaron en casa a Georgia (pero con prórroga, sufriendo penalidades insospechadas) y finalmente cayeron de paliza en su visita a Florida. ¿Qué pasa? Pasa que su defensa no es ni de lejos la que cabría esperar en un equipo de Calipari (97 les metió UCLA, 100 North Carolina, 88 Florida, incluso 85 les hizo el otro día un equipo tan lamentable como LSU); pasa que su vertiginoso base DeAaron Fox anda el hombre achacoso y no puede imponer el ritmo enloquecido al que nos acostumbró a comienzos de temporada; y pasa que la experiencia es un grado, también en NCAA: cuando las cosas van rodadas todo es jijí jajá pero cuando se tuercen necesitas un buen sénior al que agarrarte, algo que aquí brilla por su ausencia. Ahora bien, dicho lo cual no estará de más recordar que Fox es una máquina de crear baloncesto, Monk una máquina de meter puntos y Adebayo una fuerza de la naturaleza. Y que vale aquí también lo dicho para Kansas, lo que no les mata les hace más fuertes: ya han pasado un bache, no esperen que vayan a pasar muchos más.

(13) Butler: A veces pienso que en Butler no escogen tanto a sus jugadores por sus características técnicas o aún menos por las físicas como por las intelectuales; como si para reclutarlos no les hicieran una prueba de nivel baloncestístico sino un test de inteligencia. Nunca son los mejores ni los más altos ni los más fuertes pero siempre parecen saber exactamente lo que tienen que hacer, por dónde tienen que atacar o a quién se la tienen que pasar. Chris Holtmann (fiel continuador de la obra de Brad Stevens) maneja un grupo excelso de chavales que difícilmente se asomarán siquiera a la NBA (aunque habrá que seguir muy de cerca la evolución del freshman Kamar Baldwin) pero podrían ser impagables en Europa: pongamos por ejemplo Tyler Lewis, Kelan Martin, Kethan Savage, Tyler Wideman o sobre todo Andrew Chrabascz, imprescindible generador desde el poste (point-power-forward, como si dijéramos) por el que si yo tuviera un club ACB empezaría a pegarme desde ya (a Obradoiro por ejemplo le iría de maravilla, por su afortunada propensión a fichar rookies… y por su impronunciabilidad, también). Claro está, no todo ha de ser perfecto en el Hinkle, estos Bulldogs empiezan a emitir señales (como Baylor o Florida St., aunque por razones radicalmente distintas) de no ser ya lo que fueron en los primeros meses de competición, como si sus limitados físicos estuvieran acercándose peligrosamente al agotamiento. Ojalá no sea así, porque nada me gustaría más (y nada sería mejor para el baloncesto) que volver a encontrármelos muy arriba en marzo.

Coach NBA

Foto: Sports Illustrated

(14) West Virginia: Bob Huggins lo ha vuelto a hacer. West Virginia vuelve a ser Press Virginia, vuelve a recuperar y a presionar más y mejor que nadie en toda la nación, vuelve a ser un auténtico infierno para cualquier rival que ose jugarles de tú a tú. ¿Y todo eso, con quién? Jevon Alopecia Carter, Tarik Phillip, Daxter Miles, Esa Ahmad, el ídolo local Nathan Adrian, Elijah Macon, Sagaba Konate, Teyvon Myers… Jugadores técnicamente limitados en ataque (en líneas generales, aunque en algún caso cabría hacer alguna significativa matización) pero capaces de seguirte hasta el parking o hasta el baño con tal de robarte la bola. Llevan seis derrotas (por veinte victorias) a día de hoy, alguna un tanto inexplicable (Temple, Texas Tech, Oklahoma) pero que se compensa con sus arrolladores triunfos ante Virginia, Baylor, Iowa St. o Kansas pongamos por caso (y aún estuvieron a punto de volver a ganar a Kansas –en Kansas- este pasado lunes: a poco más de dos minutos para el final estaban catorce arriba, pero les pudo el miedo escénico). Háganme un favor (y háganselo a ustedes mismos, sobre todo), por nada del mundo se los pierdan en marzo: que podrán ser un infierno para tenerlos enfrente, pero son siempre un placer para tenerlos en nuestro monitor.

(15) UCLA: UCLA será lo que quiera ser. UCLA tiene equipo (y resultados, probablemente) para estar bastante más arriba de ese puesto 15 y ese seed 4 que le otorgó graciosamente el comité de (no) selección, y si no lo está es exclusivamente por su mala cabeza, la que a veces les lleva a olvidar que un partido se juega en ambos lados de la cancha y no sólo en uno. En Arizona o USC se limitaron a ver pasar a sus rivales como las vacas al tren, y así les fue. Y en su primera mitad de hace una semana ante Oregon hicieron exactamente lo mismo, quizás hasta que alguien les recordó que de vez en cuando no pasa nada por levantar los brazos, flexionar las rodillas y apretar un poco el culo, tanto más ante su público. Remontaron, claro. Porque en ataque van sobradísimos de casi todo (Alford, Hamilton, Holiday, Leaf, Welsch…), y porque quizá su juego colectivo no sea mucho mejor que el que perpetraron en pasadas temporadas pero este año al menos tienen al jugador que da sentido a todo lo demás: un director de juego como no hay otro en todo el baloncesto universitario (rechacen imitaciones aunque se las ofrezcan), el incomparable Lonzo Ball, acostúmbrense a su nombre (si no lo están ya) porque se van a cansar de escucharlo en los próximos años. Repito, estos Bruins serán lo que quieran ser: buscan la Final Four pero la Final Four cuesta, y para alcanzarla se la van a tener que trabajar, con sudor. Como todo dios, vamos.

(16) Duke: Sobre la bocina, con el control cerrado, con todas las metáforas que se les antojen han entrado los Blue Devils en este Top16, en detrimento de otros que no sé si lo merecían más pero que no creo que lo merecieran menos: pongamos Wisconsin o Purdue (¿han reparado en que en todo el cuadro no hay ni un solo equipo de la Big Ten?), o pongamos esa mismísima Cincinnati que hasta el domingo caminaba inmaculada por su conferencia. Cierto es que Duke parece haber dejado atrás su crisis, fruto de que Krzyzewski vuelve a estar al mando, de que sus freshmen ya están sanos y produciendo (especialmente Tatum), de que Kennard sigue en plan estelar y (sobe todo) de que Grayson Allen parece haber aparcado por un tiempo sus travesuras y estar dedicándose sólo a jugar (por fin) al baloncesto. Al cierre de estas líneas llevan cinco victorias consecutivas, incluida por supuesto la que le infligieron hace una semana a North Carolina en el derbi por antonomasia de la ACC (de toda la NCAA, en realidad). No nos engañemos, tienen un plantillón incomparable, y si llegan todos sanos y centrados a marzo serán tan favoritos como el que más (si no el que más) al triunfo final. Como ya lo fueron en noviembre, justo antes de que empezara el chou.

Duke NCAA

Foto: USA TODAY Sports

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Costa a costa

Los tres segundos que pararon la Guerra Fría

Un atentado terrorista, un escenario sociopolítico de posguerra al borde del abismo nuclear y una jugada final que, al más puro estilo Simpsons, se repitió hasta tres veces.

Andres.weiss99@gmail.com'

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Hay lugares en el mundo que, por estar donde están, cuentan con un privilegio inesperado. Comunicación, recursos, disponibilidad y facilidad de movimiento. “Vecinos” que, en caso de necesidad, acuden a tu rescate. Aunque también lo harán en caso de necedad, sirviendo de rescate para el resto del continente. Y Alemania es uno de ellos, aunque no necesariamente en un escenario positivo, pues puedes estar en un lugar privilegiado, pero usar esta situación geográfica de forma incorrecta, equívoca o, simplemente, con maldad.

La historia de las Guerras Mundiales nos la sabemos todos. La de la unificación, quizá algunos menos. Pero el dominio que durante gran parte de la historia contemporánea ha ejercido Alemania, en lo militar, lo político y lo económico, ha marcado el devenir de Europa, tanto en los años de conflicto armado, con en la etapa de relaciones diplomáticas actual, en la que no gana quien más tanques tiene, sino quien mejor despliega sus influencias. En el caso del país bávaro, es un “don” que, además, se extiende a lo deportivo.

Se suele decir que el fútbol es ese deporte en el que se enfrentan 11 contra 11 y siempre gana Alemania. Y el baloncesto es ese deporte en el que se enfrentan 5 contra 5 y suele suceder lo contrario. Estas son reglas no escritas que, a pesar de todo, llevan confirmándose desde que fueron impuestas con la creación del propio deporte. Y esta capacidad casual con la que cuenta Alemania no es innata del baloncesto o del fútbol, sino que toca todos los palos de la sociedad deportiva. A todos los atletas. Algo que las Olimpiadas del 72, que tuvieron lugar en Munich, dejaron ver con mucha facilidad. Y es que el contexto estaba ya creado, y la oportunidad servida.

La Guerra Fría en tiempos del cólera

Alemania, uno de los países que más sucesos catastróficos había protagonizado en toda Europa en lo que se llevaba de centuria, sería la anfitriona de un torneo deportivo internacional en el fulgor de la Guerra Fría. La ciudad escogida sería Munich, donde ambas potencias medirían sus fuerzas en un nuevo campo de batalla, el rectángulo del baloncesto, al que ambas llegaban como las dos selecciones más grandes del mundo, aunque con evidentes limitaciones que las diferenciaban.

Estados Unidos, siguiendo las normas de las federaciones, no podía llevar atletas profesionales. Especialmente, en el baloncesto, cabría añadir. Y es que más allá de ser los “divulgadores” del deporte ideado por John Naismith, tenían -y tienen- la liga más poderosa y a los mejores jugadores de todos los continentes. Y cada cuatro años enviaban a los mejores jugadores NCAA, es decir, amateurs, que aceptaban la invitación y se unían a un combinado que estaba siempre en constante reconstrucción. Pero la Unión Soviética había ideado la forma de ir un paso más allá.

Incluyendo a sus jugadores en el registro como soldados o obreros, podían mantener virgen su vitola de no-profesionales y continuar acudiendo a los torneos que se disputaban. Y así acababan acumulando internacionalidades, experiencias conjuntas y química, formando un vestuario unido y que había aprendido a jugar “de memoria”, pues la continuidad de un proyecto permitía que esto sucediera. Así habían vencido a los norteamericanos en los World University Games 2 años antes, y 8 de 9 partidos que disputaron en una gira por el país inglés durante 1971 con el combinado que disputaría las Olimpiadas.

Aún así, USA llegaba como favorita al torneo baloncestístico, pues en pocas cosas podía superar a una URSS que dominaba física -y burocráticamente- cada aspecto de la competición, y que buscaba alcanzar las 50 medallas en el torneo para conmemorar los 50 años de existencia del país comunista. Y por eso había hecho todo lo posible para que los regidores del torneo estuvieran de su parte. Sobornos, amenazas, chantajes… todo lo que estaba en su mano había sido pulsado para que los astros se alinearan y lograran su objetivo.

Y es que la competición estaba salpicada, manchada, corrompida en definitiva. Y entre toda la corrupción, se alzaba Renato Williams Jones. Inglés nacido en Italia, Jones había sido uno de los fundadores de la FIBA, el que había ideado la creación de una competición Mundial de baloncesto y el que había logrado que se creara un torneo ubicado dentro de la realización de los Juegos Olímpicos por primera vez en 1936 en Berlín. Otra ciudad alemana, aunque con diferencias sustanciales en su dominio, poder, control y funcionamiento.

Y 36 años después, el baloncesto había vuelto a Alemania. Bajo el lema del torneo, Die Heiteren Spiele -Los Juegos Joviales-, el gobierno de la República Federal Alemana (FDR), quería mostrar una Alemania democrática, controlada y optimista, por así decirlo, y con buenas perspectivas de futuro. Pero no fueron capaces, ya que la localización de la capital bávara, en la región inferior al territorio dominado por la DDR, pero perteneciente a la otra facción que controlaba el país, permitía a los soviéticos influir en ella sin necesidad de tener el control gubernamental de la misma.

Esto, unido al hecho de estar en el lugar -menos- adecuado en el momento -menos- oportuno tuvo consecuencias negativas para el baloncesto, el resto de atletas allí presentes y, en definitiva, el correcto devenir de la competición. Y es que el deporte es parte de la vida, y como tal, la vida afecta al deporte. Y cuando hay un conflicto de magnitudes considerables la actividad deportiva es tocada inevitablemente. Tal y como sucedió el día 5 de septiembre de 1972, en el Olympic Village de Munich.

Ocho miembros del grupo terrorista palestino Black September entraron en los apartamentos de los representantes israelíes, encontrando once miembros entre jugadores, oficiales y entrenadores, llevándose nueve con ellos al dejar a dos fallecidos que se resistieron a ser capturados. Entonces comenzó un absoluto infierno que terminó a la tarde en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck con los nueve israelís restantes asesinados junto a cinco de los terroristas. Los otros tres fueron capturados y usados como moneda de cambio en el rescate.

La decisión de cancelar los Juegos fue prácticamente unánime. Salvo Avery Brundage, el ambiente que rodeaba lo que restaba de competición se había enrarecido y entristecido. Pero al igual que Freddie Mercury, el presidente del COI alzó su voz y dictaminó que el show debía continuar.

Aquellos nueve segundos

Cuatro días después, cerca de la medianoche, el misticismo sería citado para una noche que pasaría a la historia. La Guerra Fría, la eterna pelea de la Unión Soviética por ser mejor que nadie, su objetivo personal, la juventud de los estadounidenses, el trágico fallecimiento de los 11 israelís, y una grada que parecía estar en contra de los Estados Unidos eran el aderezo que llevaría este partido durante 40 minutos que, verdaderamente, parecerían 3 segundos. tres segundos que, en este caso, acabarían siendo nueve.

La URSS comenzó muy fuerte, sorprendiendo a un equipo entrenado por el exitoso pero “atrasado” Hank Iba, que no había conseguido adaptarse a las nuevas tácticas de los años 70. Y por eso los constantes cambios de ritmo de sus rivales les mantuvieron a distancia todo el partido. Hasta que en un esfuerzo mayúsculo en el último cuarto, donde Iba dio una vuelta de tuerca a su sistema estableciendo una presión a toda cancha y un juego veloz y sorprendente, se acercaron en el marcador. Y, a falta de tres segundos, se pusieron un punto por encima en el electrónico.

Aleksandr Belov, estrella y líder de los soviéticos, se disponía a recibir un balón cuando Doug Collins se hizo con el mismo, recibió una falta que le hizo lesionarse la muñeca, y acudió a la línea de personal. Estaban uno abajo, quedaban tres segundos, y tenía el oro, la cima de su carrera, a 4,60 metros. Tal y como había soñado cuando entrenaba en el patio de su casa, en Benton, Illinois. Imaginándose leyenda y salvador de su equipo, y sabiéndose un campeón. Algo más que un simple vencedor.

Olvidándose del dolor, siguió el mismo ritual que le había acompañado desde que comenzara a jugar al baloncesto, y certificó la momentánea victoria de su equipo. Y entonces comenzaron cinco minutos de desazón, rabia, desconcierto y dolor que terminaron con una decisión dictatorial, y con una historia de venganza.

La Unión Soviética puso en marcha el balón, fue robado y entonces el partido terminó, pero volvió a recibir tres segundos y un nuevo saque de fondo porque no se les había concedido un tiempo muerto. Nadie entendió aquella decisión, pero se reintentó la jugada. El balón voló de las manos de Ivan Edeshko a las de Modestas Paulaskas, que trató de dárselo a Belov, pero no le fue posible llegar y capturarlo, perdiendo así la posibilidad de efectuar un último lanzamiento. La URSS había perdido. Estados Unidos había certificado la remontada.

La locura, entonces, se abrió paso en el Rudi-Sedlmayer-Halle, con los 6.500 aficionados que estaban en las gradas ocupando lo que podían de pista y los jugadores americanos celebrando su victoria en el centro de la misma. Camisetas fueron robadas, lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos y parecía que todo el sufrimiento había llegado a su fin. Pero no era así. Y es que en un supuesto error, el encargado del marcador, Andre Chopard, había colocado 50 segundos restantes, cuando la cifra correcta debía haber sido 3.

Por ello, Renato William Jones, que ya se había puesto de parte de la Unión Soviética con la resolución de su tiempo muerto fallido previo, y se encontraba a pie de cancha, ordenó que se volviera a repetir la jugada por tercera vez. Saltándose, de esta forma, las reglas del Comité Olímpico, pues no tenía el poder ni la potestad para hacer algo de este calibre.

Se recobró el control de la cancha, los jugadores se dispusieron y Edeshko ejecutó un pase que, esta vez sí, pudo encontrar directamente a Belov, pues McMillen, su defensor en el saque anterior, había interpretado un gesto del árbitro como una orden de darle espacio a Edeshko. Algo que, en teoría, no podían hacer, pero no quería arriesgarse a recibir una técnica.

Belov, tras atrapar el balón y dejar atrás a la intensa defensa americana, estaba libre de marcajes, y anotó a placer una bandeja histórica y, ahora sí, absolutamente definitiva. La victoria americana había sido un sueño, la Unión Soviética sería galardonada con la medalla de oro.

La Federación estadounidense, incrédula y verdaderamente dolida, emitió una queja formal y un jurado de cinco miembros decretó, finalmente, la victoria soviética. Eran las tres de la mañana, y ya todo hacía sospechar. Aunque había motivos para ello. Y es que de estos 5 jueces, 3 eran de la URSS. El resultado podía haber sido amañado. Y Jones también había tenido algo que ver en ello.

Por tanto, la plata nunca sería aceptada por parte de los 12 jugadores, y sus técnicos, que conformaron la expedición estadounidense a Munich, y que aún a día de hoy, aguardan una resolución del asunto, en el Museo Olímpico de Suiza. Y así seguirá, hasta que el error sea solventado. Al fin y al cabo, sólo quieren descansar de una lucha que ha alargado 3 segundos a toda una vida, a toda una eternidad. Y que nunca les dejará estar en paz.

Fuentes: LA Times, NY Times, ESPN Classic, Bleacher Report, Huffington Post

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Todo lo que nos dejó el Mundial de China

Dos semanas de baloncesto dan para mucho. Repasamos lo que nos han dejado los treinta y dos participantes del Mundial de Baloncesto de China 2019

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El mundial más numeroso de la historia también ha sido el que más sorpresas por metro cuadrado ha deparado, fruto de un sistema de competición que apenas permitía los errores y los partidos para administrar el desgaste de otras ediciones. España sumó trece año después su segundo título, Argentina tomó una máquina del tiempo para revivir los sentimientos olvidados de la Generación Dorada, mientras que Estados Unidos se veía fuera del torneo en cuartos tras reunir al equipo más vulgar de los últimos quince años. Esto fue todo lo que pasó en el Mundial de China 2019

Alemania (18º)

Batacazo del baloncesto teutón en la cita asiática. Con una plantilla con a priori que contaba con buenos mimbres, y un grupo no excesivamente complicado, quedaron eliminados el segundo día, dando serias muestras de ser un equipo poco trabajado y dependiente de la inspiración de Dennis Schroder, principal foco de las críticas (40% en tiros de campo). Estarán en el Preolímpico.

Angola (27º)

Tenía muy complicado pasar de ronda en un grupo con Serbia e Italia, y al menos pudo llevarse una honorífica victoria ante Filipinas, aunque eso sí, se echó en falta que pudiera competir ante los favoritos. El objetivo era ser el mejor africano y tampoco estuvo cerca de conseguirlo. Urge un relevo de garantías para una generación agotada.

Argentina (Subcampeones)

Un milagro. Los argentinos retrocedieron una década atrás en el tiempo y se volvieron a mostrar como un equipo bravo… que además jugaba al baloncesto de forma maravillosa. Un inconmensurable Scola guió a los suyos en unos cuartos de final históricos ante Serbia. Después eliminarían a Francia de forma brillante para llegar desfondados a la gran final. Histórico.

Australia (4º)

Puede que estemos ante la gran perdedora del torneo. Se plantaron en semifinales sin sufrimiento, y en un duelo a vida o muerte contra España, perdieron tras dos prorrogas. Posiblemente sean la mayor amenaza a día de hoy para un Estados Unidos de primer nivel, pero siguen dejando dudas de su capacidad de sufrimiento en los partidos de pierde paga.

Brasil (13º)

Dejaron una buena imagen, ofreciendo un buen nivel competitivo durante gran parte del torneo. Esa es la buena noticia, la mala, es que lo hicieron tirando de un equipo envejecido y que necesita una renovación urgente. Tendrá complicado estar en la cita olímpica el verano que viene.


Canadá (21º)

Estarán en el Preolímpico, y si para entonces logran reunir a todo el talento que su suponen atesoran, será un equipo distinto completamente. Con todas sus bajas, nadie esperaba nada de ellos, aún así, pobre rendimiento siendo apalizados porLituania y Australia en la primera fase.

China (24º)

Otra decepción. En un grupo hecho a su medida, naufragaron en los partidos clave de Venezuela y Nigeria, perdiendo sus opciones de Juegos. Toca reflexionar en un país del que se esperaba fuera la gran potencia asiática, y que solo ha conseguido tapar el talento nacional en su liga a base de jugadores extranjeros pagados a precio de oro.

Corea del Sur (26º) y Costa de Marfil (29º)

Dos de esos equipos intrascendentes que demuestran el error deportivo de un mundial de treinta y dos equipos.

España (Campeones del Mundo)

Nadie contaba con esto. Trece años después, campeones del mundo. La transición desde los Juniors de Oro se ha culminado de la forma más sorprendente y grandiosa imaginable. Ricky Rubio (MVP), Marc Gasol (partido clave ante Australia) y las labores de intendencia de Llull, Rudy y Víctor Claver, indispensables. Lección de planteamiento y scouting de Sergio Scariolo, que -parece mentira- queda consagrado como una leyenda de nuestro baloncesto tras el mundial. Enormes.

Estados Unidos (7º)

Eran, pese a las innumerables bajas, el máximo favorito al oro. Sin embargo, y pese a que no se atisbó poco trabajo o prepotencia, los americanos vieron enormemente penalizadas sus carencias interiores en el choque de cuartos de final ante Francia, con Rudy Gobert como verdugo. La duda de qué equipo podrán reunir de cara a Tokio condicionará el torneo.

Filipinas (32º)

Paso atrás del baloncesto filipino. Con un Andray Blatche ya muy lejos de su mejor versión, el estilo de juego del combinado asiático demostró ser poco trasladable a una competición de alto nivel. Pese a todo, deberían seguir creciendo si logran una buena política de nacionalizados.

Francia (medalla de bronce)

Irregulares. Ofrecieron su mejor cara en el histórico partido ante Estados Unidos de cuartos, para después volver al suelo en semifinales, donde mostraron las mismas carencias de los últimos años: escaso acierto en el tiro y pobre capacidad de sufrimiento. Evan Fournier realizó su mejor torneo con la selección gala, mientras que Batum certificó su defunción como élite, anunciada previamente en la NBA.

Grecia (11º)

Siguen sin tener ni la más remota idea de como aprovechar todo el potencial de Giannis Antetokounmpo. Da la impresión de que hay dos estilos de juego en la selección helena que luchan por imponerse, y hasta que no se de respuesta a eso llevando un equipo hecho a la medida de su estrella, no llegarán a ninguna parte. Por favor, que Nick Calathes y Giannis no vuelvan a coincidir nunca más sobre una pista de baloncesto.


Irán (23º)

Premio gordo para Irán, que consigue billete olímpico como mejor equipo asiático, donde posiblemente sean el rival más asequible de todo el torneo de lejos. Los de Hamed Haddadi practican un baloncesto arcaico, casi entrañable, pero saben disimular sus carencias ante equipos de similar nivel. Y eso en un torneo un tanto flojo como este tiene mucho valor.

Italia (10º)

La generación de los Belinelli, Gallinari y Datome se nos han hecho mayores sin apenas ningún indicio de evolución en su nivel competitivo. Se cruzaron con dos rivales importantes -Serbia y España- y antes los dos naufragaron. Especialmente hiriente resultó con los que campeones, con los que empataban a tres minutos para el final del partido y acabaron sin competir. Pocas opciones de estar en Tokio 2020

Japón (31º)

Mucho que progresar y poco tiempo para hacerlo. Los nipones perdieron todos sus partidos, algunos de forma escandalosa, y dejaron pocas notas para el optimismo, a excepción del NBA Hachimura. Será interesante comprobar el plan que hay de cara a la cita olímpica, si es que existe alguno.

Jordania (28º)

Consiguieron una histórica victoria ante Senegal en un partidazo de Dar Tucker. Básicamente eso es lo único reseñable de uno de los equipos más débiles de los presentes en China, y que debería tardar en volver a asomarse en una cita de primer nivel.

Lituania (9º)

De acuerdo, los echaron del Mundial en parte a un fallo arbitral ridículo, pero eso no debería servir como obstáculo para advertir que el nivel del baloncesto lituano sigue descendiendo inexorablemente desde hace años. Decepcionante torneo de Sabonis en su primera gran cita internacional con galones de jugador importante.

Montenegro (25º)

Vucevic en torneos FIBA es un jugador mucho mejor que el que solemos ver en la NBA, y el segundo hombre de mayor nivel es su suplente, lo cual es un serio problema. Poca brillantez y menos acierto, justo lo que no necesitaban en un grupo complicado.

Nigeria (17º)

Billete olímpico para un grupo que llegó con problemas extra deportivos a China y sale con una sonrisa. Brillante torneo del joven Josh Okogie, que será la gran referencia ofensiva en Tokio.

Nueva Zelanda (19º)

Lejos queda ya la edad dorada de los kiwis, sin embargo, siguen siendo un grupo de guerreros al que hay que matar mil veces. Estuvieron a centímetros de dar la sorpresa del torneo dejando a Grecia fuera en la primera fase, en uno de los mejores partidos de toda la primera fase.

Polonia (8º)

Una de las sensaciones del torneo, si no por juego, sí por resultado. El equipo polaco mostró un gran sentido del juego colectivo y alcanzó unos sorprendentes cuartos de final con un equipo sin apenas individualidades. El objetivo (complicado) será refrendar la hazaña llegando a los Juegos.

Puerto Rico (15º)

Talento e irregularidad. Puerto Rico cumplió llegando a segunda fase, el máximo que por nivel podían alcanzar. Estupenda actuación de David Huertas, un anotador que ha alcanzado el punto más alto de su carrera a los 32 años. Sería interesante ver que papel asume en un equipo europeo.

República Checa (6º)

La gran sorpresa. Los de Tomas Satoranski se cargaron en su camino a Turquí y Grecia, alcanzado un histórico sexto puesto. Atentos a este equipo si sigue su progresión y logran añadir a Jan Vesely a la plantilla, tienen capacidad de dar un susto en los cruces de un gran torneo.

República Dominicana (16º)

La gran pregunta del torneo. ¿Hasta dónde podría llegar los del Ché Guevara Dominicana con sus NBA en pista? Quizás- o quizás no- lo comprobemos en el torneo PreOlímpico del próximo verano. Por lo pronto, alcanzaron de forma brillante la segunda fase, muro natural para sus limitaciones en el juego interior.

Rusia (12º)

Salvaron los muebles llegando a la segunda fase, que viendo el nivel mostrado, no está nada mal. La travesía por el desierto del baloncesto ruso se antoja todavía muy larga, sin que la nueva generación haya dado un paso adelante… ni parezca que lo vaya a dar.

Senegal (30º)

Otra de esas selecciones que por nivel, jamás debería pisar nada parecido a una competición que se llame Copa del Mundo. Relleno.

Serbia (5º)

En Serbia iba todo bien… hasta que se cruzaron con España. Arrasaron en la primera fase, pero el sistema de dos interiores grandes se estrelló a la hora de la verdad. Djordjevic, muy señalado, dejará de ser seleccionador de un equipo al que se le intuyen serios problemas de carácter y competitividad en los momentos claves.

Túnez (20º)

Al menos sacaron billete para el Preolímpico, premio de consolación para el que quizás sea el equipo más sólido del continente africano. Su falta de talento exterior les penaliza demasiado en torneos de primer nivel.

Turquía (22º)

De estar a punto de tocar la gloria con cuatro tiros libres fallados ante Estados Unidos, a volverse a casa tras caer con la República Checa en un partido depresivo. Turquía ha resultado una de las grandes perdedoras de este mundial. Tocará revolución si no hay billete a Tokio.

Venezuela (14º)

Aceptable papel de la vino tinto, a la que le faltó un poco más de suerte en la segunda fase. Tienen calidad y sobre todo un estilo. Notable torneo del interior Michael Carrera, otro jugador al que sería interesante volver a tener por Europa de nuevo.

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A las puertas de lo imposible

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Luiggi García

El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

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