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Costa a costa

Agridulces dieciséis

zhahihd@yahoo.es'

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Supongo que a estas alturas ya sabrán que el Comité de Selección NCAA (es decir, ese ente abstracto que cada año se reúne el segundo domingo de marzo y establece qué equipos y en qué posiciones tendrán acceso al Madness) decidió esta temporada dar un salto cualitativo: trabajar otro día más, reconvertirse también en Comité de NO Selección, añadir a su habitual Selection Sunday un NO-Selection Saturday con un mes de antelación. O dicho de otra manera, decir cómo quedaría el cuadro en sus cuatro primeras posiciones de cada Región si esa selección se celebrara ahora, y no dentro de un mes. Supongo que es el signo de los tiempos, hacer que la gallina ponga huevos de oro hasta cuando no le toca ponerlos. Estos siempre fueron días de bracketólogos y burbujas, pero por alguna razón el Comité ha decidido invadir ahora ese proceloso territorio y (digámoslo así) oficializar la especulación. Ellos sabrán.

En cualquier caso entremos en el juego, a sabiendas de que esta (discutible) realidad de febrero nada tendrá que ver con la (no menos discutible) realidad de marzo. A continuación encontrarán a los dieciséis elegidos (iba a llamarlos dulces 16 pero por ahora son más bien agridulces, la dulzura aún tardará un mes), obviamente en el mismo orden que les otorgó el dichoso Comité. Ahí se los dejo para que vayan abriendo boca, para que (si así lo desean) empiecen a paladear ya en febrero el festín que les habrá de esperar en marzo. Si consigo despertarles (siquiera un poco) el apetito NCAA, lo daré por bien empleado.

(1) Villanova: No falla, cuando el partido se pone aburrido, gol de Alemania, solía decir Valdano en los Mundiales o Eurocopas. Tal cual, si me permiten la analogía: cuando el partido se pone aburrido, triunfo de Villanova. Villanova es ese equipo solvente, sólido y fiable como un coche (casualmente) alemán; ese equipo que raras veces enamora pero que casi nunca falla. Al cierre de estas líneas sólo han perdido dos partidos, en Butler y en Marquette, proeza más que suficiente para que casi todo dios les considere número 2 y para que el comité de (no) selección, en su afán de dar la nota, les haya concedido graciosamente su número 1. Con un Josh Hart sencillamente imperial, con un Brunson que poco a poco se va pareciendo al que esperábamos, con un Jenkins que empieza ya a afinar aquella muñeca que les dio un título. Dicen que el fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania, no diré que el baloncesto (versión universitaria) es un deporte que juegan cinco contra cinco y siempre gana Villanova, no lo diré porque no sería cierto… todavía. Por si acaso no les pongan a prueba, no vaya a ser que de aquí a dos meses estemos hablando del repeat.

(2) Kansas: El hotel de los líos. Extraños incidentes, acusaciones varias, denuncias por doquier, el suplente Lagerald Vick acumulando pleitos, el sophomore Carlton Bragg entrando y saliendo del equipo cada dos por tres (sanciones mediante), otros jugadores salpicados también en mayor o menor medida… Y sin embargo ahí siguen, venciendo y (a ratos incluso) convenciendo, encaminándose con paso firme hacia su enésimo título consecutivo de temporada regular de la Big XII sin que lesiones como la del freshman Azubuike o asuntos turbios como los antes expuestos parezcan hacerles mella, más allá de algún contratiempo puntual (perdieron en casa ante Iowa St. después de llevar más de tres años sin hacerlo) o algún sobresalto insospechado como el que padecieron este pasado lunes ante West Virginia. Con su base Frank Mason como principal candidato a jugador del año, con su alero Josh Jackson como legítimo candidato a novato del año si dicho galardón existiera (y si no existieran Lonzo Ball o Markelle Fultz, también): cada partido parece mejor jugador que el anterior, y aún mejor lo parecería si lograra mantener bajo control su precaria estabilidad emocional. Estos Jayhawks de Bill Self parecen haber hecho suyo aquel viejo dicho de que lo que no te mata te hace más fuerte, y en ello siguen: cuantas más cosas raras les pasen de aquí a marzo, más peligrosos (aún) serán.

(3) Baylor: Empezaron como un tiro. Ganando a Oregon, ganando a Louisville, Michigan State o Xavier, ganando a todo dios, poniéndose 15-0 y pareciendo el mejor equipo de baloncesto sobre la faz de la tierra… hasta que acudió la realidad a poner las cosas en su sitio. La realidad primero se llamó West Virginia y luego Kansas, Kansas State e incluso Texas Tech, culpables de las cuatro derrotas (por 22 victorias) que llevan a día de hoy. A día de hoy su flecha apunta claramente hacia abajo, pese a lo cual el comité de (no) selección (que no entiende tanto de tendencias como de resultados puros y duros) le ha seguido considerando el tercer mejor equipo del país, sólo por detrás de Villanova y Kansas y aún por delante de la invicta Gonzaga. Estos Bears parecen en ocasiones más un equipo NBA que NCAA, gracias a la efervescencia física que despliega un portento como Johnathan Motley y a la de su socio interior Lual-Acuil, sumado a la potencia de exteriores como Wainright, Freeman o McClure. Y estos Bears tienen además este año un base solvente y de maravillosa muñeca gracias a la llegada del belga Manu Lecomte, transfer desde Miami. Todo lo cual está muy bien, por supuesto, pero a mí a estas alturas me queda la duda (en base a esos últimos resultados, en base a lo que les he visto) de que no se les esté empezando a acabar el gas. Justo cuando más van a necesitarlo.

Baylor NCAA

Foto: ourdailybears.com

(4) Gonzaga: 26-0. 26 victorias y cero derrotas, que son dos menos de las que lleva Villanova, que son al menos tres menos de las que lleva cualquier otro equipo que podamos encontrar en este cuadro. Y vale que el calendario de su conferencia no es el más fuerte del mundo (y supongo que a eso se agarra el comité para rebajarlos al puesto 4, en contra de la opinión del resto de la humanidad), pero no estará de más recordar que en la primera mitad de la temporada se impusieron sin apenas apuros a Florida, Iowa State o Arizona; como no estará de más recordar que en lo que llevamos de West Coast ya han ganado dos veces sin despeinarse a un habitual del Top25 (y extraordinario equipo defensivo, además) como St. Mary’s, ya han apalizado también a su otro gran rival BYU. Mark Few tiene este año un plantillón como pocas veces ha tenido, con un perfecto equilibrio interior-exterior (por fin) gracias al temporadón que se está marcando el enorme (en todos los sentidos) polaco Przemek Karnowski y a la llegada de los transfers Jonathan Williams (desde Missouri), Jordan Matthews (desde California) y sobre todo el excelso base Nigel Williams-Goss (desde Washington). Número 1 para casi todo dios menos para quien tiene que serlo, el presente es suyo, el pasado también pero el futuro aún está por venir (lógicamente). Tienen más argumentos que nunca para no quedarse a las puertas de la Final Four como tantas otras veces, sólo esperemos que no les pase como les pasó en temporadas precedentes a Kentucky o Wichita State: que en llegando el Madness esa presunta imbatibilidad no les suponga una presión adicional.

(5) North Carolina: Buenos pero blandos, grandes pero inconsistentes, ese ha sido el tópico con el que demasiado a menudo hemos despachado a los Tar Heels en pasadas temporadas. Pero ese tópico hay que ponerlo en cuarentena, desde ya: porque con toda su presunta inconsistencia estuvieron en un tris de proclamarse campeones en abril (acaso lo serían si la muñeca de Jenkins no lo hubiera impedido), porque con toda su presunta blandura nadie rebotea más que ellos en toda la nación, nadie. Su porcentaje de rebote ofensivo anda en torno al 43 por ciento o lo que es lo mismo, recuperan casi la mitad de lo que fallan hasta el punto de que algún comentarista televisivo afirmara el otro día (medio en broma medio en serio) que casi les sale más rentable errar tiros que meterlos, ya que a menudo suele ser el pasaporte para anotar dos más unos o triples sin oposición. Hicks & Meeks son impagables en esta faceta a la que se suma desde el banquillo el freshman Bradley, y a la que también contribuye (como a tantas otras cosas) el maravilloso Justin Jackson, jugadorazo que si no fuera tan tímido y tan buen chaval tendría un cartel de estrella mucho mayor del que tiene. Eso sí, no obviemos que la otra pata fundamental de este equipo, es decir el base Joel Berry, parece andar sumido en una pequeña crisis últimamente. De su recuperación dependerá que estos Tar Heels miren otra vez de frente a la Final Four de abril.

(6) Florida State: Andaba últimamente Leonard Hamilton un poco en la cuerda floja, pero hete aquí que este año se ha sacado de la manga un equipazo. Equipazo en el sentido literal de la expresión porque nadie rota más que él, nadie, hasta trece tíos puede llegar a mover en un partido cualquiera, ni el Calipari aquél de los platoones se atrevió a tanto. Claro está, todavía hay clases, permítanme que destaque de entre ellos al talentoso sophomore Dwayne Bacon (ay, si su cómplice Malik Beaskey se hubiera quedado también en Tallahasee) y cómo no, al freshman-maravilla Jonathan Isaac: frágil, quebradizo y de aire lánguido a lo Ingram, inmenso saco de huesos de 6’10” de estatura pero que rebosa talento por los cuatro costados (suponiendo que se pueda hablar de costados con un cuerpo así); si mantuviera una mínima continuidad y perdiera esa costumbre de desaparecer en algunos partidos sería ya el acabose. Impecable en cualquier caso el año de estos Seminoles… hasta ahora; porque como en el caso de Baylor (y algún otro que veremos después) empiezan a emitir síntomas de que la temporada se les puede estar haciendo un poquito larga. Veremos qué pasa en este mes.

(7) Louisville: Otro equipo al que le acostumbra a pasar de todo, no ya este año sino en casi cualquier temporada. Lesiones inoportunas, jugadores que entran y salen, sanciones varias, escándalos extradeportivos por doquier… ¿Y qué? A veces pienso que Pitino se mueve mucho mejor en el barro que en terreno sólido, que cuanto más difícil se lo ponen (o se lo pone él a sí mismo, también) más saca a relucir su inmenso talento como entrenador. Tiene este año Pitino un equipo (digamos) coral, en el que no parece haber una verdadera estrella aunque Donovan Mitchell reivindique legítimamente ese galardón. A su vera brillan el base Quentin Snider (cuando no está averiado) y el ala Deng Adel (cuando no está castigado), a los que habría que añadir desde dentro al australiano Mathiang y el flaco egipcio Mahmoud, desde el banquillo al eficaz Spalding… Y a partir de ahí la magia de Pitino hace el resto, prolongando la rotación hasta extremos insospechados, incluso con pálidos walkones que casi ni dios sabe de dónde se saca. En resumidas cuentas, todo un ejército de pitinitos que da como resultado su habitual baloncesto ciclotímico, que a ratos te enamora y a otros te horroriza pero cuyo balance final está muy por encima de la media, a las pruebas me remito. Háganme caso, no apuesten nunca contra Pitino, por lo que pueda pasar. Y aún menos en marzo.

Louisville NCAA

Foto: thecrunchzone.com

(8) Oregon: Me atrevería a decir que cuando entran en trance nadie juega como ellos, nadie es capaz de poner sobre el parquet la catarata de baloncesto que despliegan estos Ducks cuando Pritchard, Dorsey y Ennis crean desde fuera, cuando Bell y Boucher se desatan desde dentro (en ambos lados, además) y cuando (sobre todo) Dillon Brooks se comporta como la estrella que puede llegar a ser, que acaso sea ya sin que nos hayamos dado cuenta. Su ausencia les sirvió de coartada en aquellas dos derrotas de comienzo de temporada (Baylor y Georgetown), su vuelta les permitió luego enlazar 17 victorias consecutivas. Claro está, nadie es perfecto, la racha se les truncó recientemente en Colorado y UCLA (quizá lo dieron por ganado antes de tiempo) pero por el medio apalizaron a Arizona en lo que fue una de las mayores exhibiciones de baloncesto que hayamos podido ver esta temporada. Pónganse sólo unos minutos de aquel partido, relájense, disfruten y comprueben por sus propios ojos lo que este equipo de Dana Altman puede llegar a hacer cuando le da por jugar.

(9) Arizona: Sí, Arizona fue arrasada por Oregon el pasado sábado 4 de febrero, pero no busquen muchos más lunares en su trayectoria de esta temporada porque no los van a encontrar. De hecho sus otras dos derrotas de este curso (Butler y Gonzaga) se remontan a finales de noviembre o primeros de diciembre, desde entonces apenas hay quien les tosa, Ducks aparte. Este grupo tiene evidentes carencias, por ejemplo en la dirección (Khadeem Allen ejerce de base, pero no lo es en absoluto) o en el tiro exterior; pero a cambio ofrece muchas más cosas que otros no tienen: el dinamismo del propio Allen, Cobi Simmons o Rawle Alkins, la versatilidad de Parker Jackson-Cartright, la bendición de haber recuperado por fin para la causa al eterno sancionado Allonzo Trier. Añadan por dentro al fantástico serbio Dusan Ristic (infinitamente más desarrollado técnicamente que su antecesor, el afamado tronco Kaleb Tarzcewski) y complétenlo con el freshman-maravilla finlandés Lauri Markkanen, prodigioso saco de fundamentos técnicos que aún sufre (y no poco) ante defensores eminentemente físicos, cuestión de tiempo que les pueda encarar de tú a tú. Pintan muy bien estos Wildcats, siempre y cuando a Sean Miller no le entren sus habituales sudores fríos de marzo. Y este año no le deberían entrar.

(10) Virginia: Si hace tres años fueron el equipo de Joe Harris, hace dos el de Justin Anderson y hace uno el de Malcolm Brogdon, no fuimos pocos los que miramos mal a estos Cavaliers 2016/2017 al no encontrar en ellos ninguna referencia anotadora. Craso error. Como si lo que marcara diferencias en Virginia fuese el ataque, y no esa maravillosa defensa made in Tony Bennett que un año más ejecutan rozando la perfección. Pero además London Perrantes sigue siendo uno de los bases más infravalorados de la Liga (y eso que su mero nombre ya debería ayudarle), además Shayok, Hall o Wilkins (de los Wilkins de toda la vida) siguen produciendo con regularidad, además desde el banquillo los freshmen Kyle Guy y Ty Jerome nos muestran ya bien a las claras quiénes serán sus referencias ofensivas en los próximos años. No lo duden, Virginia volverá a ser legítima aspirante a pelear los títulos de la ACC y a paladear las mieles de la Final Four… siempre y cuando su bestia negra (más bien naranja) no se vuelva a cruzar en su camino. Pero esa es otra historia…

(11) Florida: La gran sorpresa de la temporada, en mi opinión. Nadie contaba con estos Gators, nadie esperaba que en su segunda temporada Mike White hiciera ya olvidar (relativamente) la pesada herencia dejada por Billy Donovan. Con una plantilla que así a priori no parece nada del otro mundo, con Kevaughn Allen en plan estelar, con los pequeños Casey Hill y Chiozza enredando desde el base, con Devin Robinson fabricándose un cartel NBA, con el enésimo hijo de Rick Barry (Canyon) metiendo tiros libres a cucharadas, con Leon o Egbunu (que se acaba de romper el cruzado, echando a perder su temporada) defendiendo la zona, con muy poco más Florida está de líder de la SEC. Sí, de esa misma SEC de la que algunos dijimos que sería un paseo militar para Kentucky, que los Wildcats estaban a años-luz de todos los demás y su único problema podría ser una especie de efecto Gonzaga al no encontrar siquiera un rival digno en toda su Conferencia. Y sin embargo esa misma Kentucky aterrizó el pasado 4 de febrero en el remozado Stephen O’Connell Center de Gainesville y se llevó un correctivo como casi no se recuerda otro en toda la era Calipari, 22 de diferencia que bien pudieron ser más. No lo tendrán fácil a partir de ahora (tanto más sin Egbunu) pero que les quiten lo bailao. Y que no me discutan (al menos por ahora) la legítima candidatura de Mike White a entrenador del año, que muy bien ganada se la tiene.

(12) Kentucky: Al Gabinete del Doctor Calipari la criatura de este año le está empezando a hacer aguas, acaso más de las que debiera. Quédense con que en un lapso de apenas doce días (los que van del 24 de enero al 4 de febrero) perdieron tres de los cuatro partidos que jugaron: perdieron en Tennessee (equipo manifiestamente inferior), perdieron en casa ante Kansas, ganaron en casa a Georgia (pero con prórroga, sufriendo penalidades insospechadas) y finalmente cayeron de paliza en su visita a Florida. ¿Qué pasa? Pasa que su defensa no es ni de lejos la que cabría esperar en un equipo de Calipari (97 les metió UCLA, 100 North Carolina, 88 Florida, incluso 85 les hizo el otro día un equipo tan lamentable como LSU); pasa que su vertiginoso base DeAaron Fox anda el hombre achacoso y no puede imponer el ritmo enloquecido al que nos acostumbró a comienzos de temporada; y pasa que la experiencia es un grado, también en NCAA: cuando las cosas van rodadas todo es jijí jajá pero cuando se tuercen necesitas un buen sénior al que agarrarte, algo que aquí brilla por su ausencia. Ahora bien, dicho lo cual no estará de más recordar que Fox es una máquina de crear baloncesto, Monk una máquina de meter puntos y Adebayo una fuerza de la naturaleza. Y que vale aquí también lo dicho para Kansas, lo que no les mata les hace más fuertes: ya han pasado un bache, no esperen que vayan a pasar muchos más.

(13) Butler: A veces pienso que en Butler no escogen tanto a sus jugadores por sus características técnicas o aún menos por las físicas como por las intelectuales; como si para reclutarlos no les hicieran una prueba de nivel baloncestístico sino un test de inteligencia. Nunca son los mejores ni los más altos ni los más fuertes pero siempre parecen saber exactamente lo que tienen que hacer, por dónde tienen que atacar o a quién se la tienen que pasar. Chris Holtmann (fiel continuador de la obra de Brad Stevens) maneja un grupo excelso de chavales que difícilmente se asomarán siquiera a la NBA (aunque habrá que seguir muy de cerca la evolución del freshman Kamar Baldwin) pero podrían ser impagables en Europa: pongamos por ejemplo Tyler Lewis, Kelan Martin, Kethan Savage, Tyler Wideman o sobre todo Andrew Chrabascz, imprescindible generador desde el poste (point-power-forward, como si dijéramos) por el que si yo tuviera un club ACB empezaría a pegarme desde ya (a Obradoiro por ejemplo le iría de maravilla, por su afortunada propensión a fichar rookies… y por su impronunciabilidad, también). Claro está, no todo ha de ser perfecto en el Hinkle, estos Bulldogs empiezan a emitir señales (como Baylor o Florida St., aunque por razones radicalmente distintas) de no ser ya lo que fueron en los primeros meses de competición, como si sus limitados físicos estuvieran acercándose peligrosamente al agotamiento. Ojalá no sea así, porque nada me gustaría más (y nada sería mejor para el baloncesto) que volver a encontrármelos muy arriba en marzo.

Coach NBA

Foto: Sports Illustrated

(14) West Virginia: Bob Huggins lo ha vuelto a hacer. West Virginia vuelve a ser Press Virginia, vuelve a recuperar y a presionar más y mejor que nadie en toda la nación, vuelve a ser un auténtico infierno para cualquier rival que ose jugarles de tú a tú. ¿Y todo eso, con quién? Jevon Alopecia Carter, Tarik Phillip, Daxter Miles, Esa Ahmad, el ídolo local Nathan Adrian, Elijah Macon, Sagaba Konate, Teyvon Myers… Jugadores técnicamente limitados en ataque (en líneas generales, aunque en algún caso cabría hacer alguna significativa matización) pero capaces de seguirte hasta el parking o hasta el baño con tal de robarte la bola. Llevan seis derrotas (por veinte victorias) a día de hoy, alguna un tanto inexplicable (Temple, Texas Tech, Oklahoma) pero que se compensa con sus arrolladores triunfos ante Virginia, Baylor, Iowa St. o Kansas pongamos por caso (y aún estuvieron a punto de volver a ganar a Kansas –en Kansas- este pasado lunes: a poco más de dos minutos para el final estaban catorce arriba, pero les pudo el miedo escénico). Háganme un favor (y háganselo a ustedes mismos, sobre todo), por nada del mundo se los pierdan en marzo: que podrán ser un infierno para tenerlos enfrente, pero son siempre un placer para tenerlos en nuestro monitor.

(15) UCLA: UCLA será lo que quiera ser. UCLA tiene equipo (y resultados, probablemente) para estar bastante más arriba de ese puesto 15 y ese seed 4 que le otorgó graciosamente el comité de (no) selección, y si no lo está es exclusivamente por su mala cabeza, la que a veces les lleva a olvidar que un partido se juega en ambos lados de la cancha y no sólo en uno. En Arizona o USC se limitaron a ver pasar a sus rivales como las vacas al tren, y así les fue. Y en su primera mitad de hace una semana ante Oregon hicieron exactamente lo mismo, quizás hasta que alguien les recordó que de vez en cuando no pasa nada por levantar los brazos, flexionar las rodillas y apretar un poco el culo, tanto más ante su público. Remontaron, claro. Porque en ataque van sobradísimos de casi todo (Alford, Hamilton, Holiday, Leaf, Welsch…), y porque quizá su juego colectivo no sea mucho mejor que el que perpetraron en pasadas temporadas pero este año al menos tienen al jugador que da sentido a todo lo demás: un director de juego como no hay otro en todo el baloncesto universitario (rechacen imitaciones aunque se las ofrezcan), el incomparable Lonzo Ball, acostúmbrense a su nombre (si no lo están ya) porque se van a cansar de escucharlo en los próximos años. Repito, estos Bruins serán lo que quieran ser: buscan la Final Four pero la Final Four cuesta, y para alcanzarla se la van a tener que trabajar, con sudor. Como todo dios, vamos.

(16) Duke: Sobre la bocina, con el control cerrado, con todas las metáforas que se les antojen han entrado los Blue Devils en este Top16, en detrimento de otros que no sé si lo merecían más pero que no creo que lo merecieran menos: pongamos Wisconsin o Purdue (¿han reparado en que en todo el cuadro no hay ni un solo equipo de la Big Ten?), o pongamos esa mismísima Cincinnati que hasta el domingo caminaba inmaculada por su conferencia. Cierto es que Duke parece haber dejado atrás su crisis, fruto de que Krzyzewski vuelve a estar al mando, de que sus freshmen ya están sanos y produciendo (especialmente Tatum), de que Kennard sigue en plan estelar y (sobe todo) de que Grayson Allen parece haber aparcado por un tiempo sus travesuras y estar dedicándose sólo a jugar (por fin) al baloncesto. Al cierre de estas líneas llevan cinco victorias consecutivas, incluida por supuesto la que le infligieron hace una semana a North Carolina en el derbi por antonomasia de la ACC (de toda la NCAA, en realidad). No nos engañemos, tienen un plantillón incomparable, y si llegan todos sanos y centrados a marzo serán tan favoritos como el que más (si no el que más) al triunfo final. Como ya lo fueron en noviembre, justo antes de que empezara el chou.

Duke NCAA

Foto: USA TODAY Sports

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A las puertas de lo imposible

sergiconcha@skyhook.es'

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El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

Foto: Luiggi García

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

Foto: Luiggi García

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Michael Porter y el dilema del Draft

periz.oscar@gmail.com'

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Nuevo entrenador, equipo renovado y con el mejor prospect de la nación. Eran los primeros instantes de una nueva e ilusionante era en Columbia, Missouri. Los Tigers empezaban un año esperanzador y con objetivos diferentes y opuestos a lo que estaban acostumbrados en los últimos años. Esa reconstrucción sin rumbo, con la llegada de Cuonzo Martin al banquillo, en Mizzou se empezó a ver algo de luz al final del túnel, pero aquello no sería lo único que cambiaría el programa de Columbia en verano.

Michael Porter Jr, considerado el mejor jugador de su generación, rompía su compromiso con la Universidad de Washington una vez conocida la noticia de que Lorenzo Romar era despedido como entrenador de los Huskies después de 15 temporadas en el cargo. Unos últimos años en la intemperie y más bien discretos pasaron factura. A la vez, con el despido de Romar, Michael Porter Sr, padre de Michael Jr. y miembro del staff técnico, tampoco continuaría en el proyecto de Washington. Ese sería un movimiento decisivo, porque con Michael Sr. uniéndose al staff de Cuonzo Martin, la posibilidad de que la estrella del instituto Nathan Hale recalara en Mizzou era una posibilidad más que real.

El siguiente paso de Porter ya estaba marcado. Regresaba a su tierra, Columbia, para unirse a los Tigers tal y como se especulaba una vez sabido que no acudiría a Washington. Todo quedaba en familia y en casa. Michael Jr coincidiría en Mizzou con su padre (Michael Sr), hermanas (Bri y Cierra) y también con su hermano menor (Jontay), que se comprometería con los Tigers un poco después de hacerlo Michael.

La llegada de un recruit de la talla de Michael Porter Jr catapultaba hacia arriba las aspiraciones de Missouri a corto plazo, porque todos –incluso él mismo- sabían que esa etapa no iba a durar mucho. Las cualidades de MPJ estaban muy bien consideradas por los scouts NBA incluso desde mucho antes de pisar la universidad, y su potencial, algo que se valora al alza en estos tiempos, ya era de súperestrella. Su dominio y sus números en Nathan Hale HS no hacían más que confirmarlo.

Llegó el día del gran estreno de los Tigers ante su afición. Missouri pasó por encima de una endeble Iowa State que no pasa sus mejores días, pero el triunfo de los de Cuonzo Martin quedó en un segundo plano. ¿El motivo? Michael Porter Jr, tras dos minutos de partido en los que anotó un mate, se sentó en el banquillo y no volvió a jugar. Sintió unas molestias que, por precaución, le dejaron sin jugar los siguientes partidos a la espera de obtener más pruebas.

Foto: NCAA.com

La peor de las noticias llegó: Michael Porter Jr. no jugaría más en su primer (y posiblemente último) año con Missouri. Se le diagnosticó un problema en dos vértebras que le dejarían en el dique seco hasta final de temporada, y dicha lesión requería pasar por el quirófano. La lesión de MPJ dejó, por otro lado, algunos frentes abiertos y libres para la especulación, como el de cómo habría sido su etapa en Mizzou o, por otra parte, cómo afectaría esta situación a su futuro más cercano: el Draft.

Un caso familiar

Esta situación tiene sus paralelismos con el caso reciente de Ben Simmons en LSU, incluso como el de Markelle Fultz en Washington. Jugador TOP de la Class se compromete con una universidad fuera del universo de las powerhouse del estilo de Kentucky, Duke, Kansas o Arizona.

Estaba claro que el australiano iba a ser el jugador por el que iban a pasar prácticamente todos los balones, y el plan de juego tampoco sugería un cambio hacia otra dirección. En resumidas cuentas: un gameplan limitado y previsible centrado en la gran estrella. La falta de un ‘plan B’ y ‘plan C’ de Johnny Jones, entonces técnico de LSU, mermó seriamente a unos Tigers que, salvando a Simmons, ni siquiera pisaron el March Madness cuando las previsiones les situaban arriba. La realidad era otra.

Algo que nunca sabremos con Porter Jr bajo la batuta de Cuonzo Martin. Si jugamos a especular, es cierto que entre esa LSU y la actual Missouri existen ciertas similitudes justo antes de conocer el alcance de la lesión de Porter, pero la lesión del jugador distorsiona tal relato. Ambos casos contaban como objetivo llegar al March Madness, pero también es verdad que Mizzou cuenta con mejor presencia y reputación en el banquillo y, por inri, más (y mejor) talento en la plantilla que esa LSU, carente de otras figuras trascendentes.

Ser o no ser pick #1

Con Porter estando en plenitud de condiciones, el próximo número 1 del Draft no tenía color, fuese cual fuese el primer equipo en elegir. Michael Porter Jr representa el tipo de prospect ideal para el baloncesto moderno: gran técnica para jugar por fuera, con la altura y movilidad de un alero y con la envergadura de un pívot. Porter, junto a Ayton, es considerado el mejor proyecto de estrella de la próxima generación y es probable que su lesión afecte a su stock en el Draft, aunque de hacerlo, afectará mínimamente. Y en un escenario excepcional como este, Porter caería como mucho uno o dos puestos en el Draft.

Ante un proyecto de futuro de ese calibre, resulta improbable que Porter caiga más allá del ‘Top 3’ incluso a sabiendas de que ha jugado solamente dos minutos en toda la temporada y de las temporadas que están realizando DeAndre Ayton, Marvin Bagley, Luka Doncic o Mo Bamba, que son los otros candidatos que van a estar en las quinielas para estar entre los tres primeros. Cualquier otra cosa que no sea figurar entre los tres primeros picks sería una sorpresa mayúscula, y también un regalo.

Otra variante decisiva será la de si Porter se ha recuperado plenamente de su lesión o no, pero todo hace indicar que MPJ estará 100% recuperado una vez lleguen las fechas para realizar workouts con franquicias NBA.

Tampoco está descartado el frente en el que MPJ decida seguir un año más en Missouri, pero a día de hoy es un escenario que parece difícil que se cumpla. Aunque su falta de ritmo competitivo puede ser un inconveniente en sus primeros días como profesional, su cartel en la NBA es elevado y será difícil dejar pasar ese tren.

Cualquier cosa que acabe sucediendo, una cosa es cierta: Michael Porter Jr. ya es, al igual que Kyrie Irving en su día o incluso Joel Embiid, uno de los grandes “qué hubiera pasado si…” de los últimos años en la NCAA. En una class tan abierta como la que se presenta próximamente, va a ser difícil dejar pasar a tal talento debido a una lesión.

La presión será para el primero en elegir. Y mientras, el resto ya se está frotando las manos.

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Costa a costa

Collin Sexton, el mundo a su merced

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Hay un popular dicho que dice que «donde menos se piensa, salta la liebre», algo que le viene como anillo a esta competición, y que nos podría valer para identificar la llegada a la liga de Collin Sexton. El de Atlanta se ha convertido en uno de los grandes atractivos de esta nueva temporada universitaria, y con apenas 18 años tiene todo lo necesario para triunfar al nivel que él mismo se exija.

Sexton no es el modelo de base anotador empedernido que buscar desquiciar a su rival para la canasta fácil, ni el típico jugador que busca destacar a base de highlights, y ni mucho menos un base sensato y sosegado que busca gestionar la distribución de balones a sus compañeros en ataque. Es más, no existe a día de hoy un modelo predeterminado para encasillar a Sexton como base. Es un artista con el balón en su poder, uno de esos jugadores anárquicos que parece que deambulan como pollo sin cabeza, pero con altas dosis de creatividad y talento en vena. Es, sencillamente, un jugador diferente a los demás.

Desde los suburbios de Atlanta a ser considerado uno de los grandes nombres del próximo draft de rookies. La historia de Collin Sexton comenzó a forjarse en su Pebblebrook High School, donde ya comenzaba a llamar la atención de muchos ojeadores de todo el país con apenas 16 años, un pequeño y rápido base de gran ética de trabajo y un físico demoledor que resultaba imparable para la defensa rival, y que ya había liderado con maestría a su High School a cotas importantes a nivel estatal. Pero fue una llamada la que realmente le hizo ver que podía aspirar a ser alguien relevante para su comunidad, su instituto y también para sí mismo.

La vida le dio un giro de 180 grados después de que la mismísima USA Basketball le invitase a formar parte del campus de entrenamiento para el próximo Mundial U17 que se iba a celebrar en España en 2016. Una oportunidad única a la que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso, y que a diferencia de otros compañeros de generación que ya habían hecho sus pinitos con el uniforme nacional, para Sexton era algo totalmente novedoso. Esto le motivó notablemente, y cambió su actitud y su forma de trabajar.


«Quería estar en ese equipo costase lo que costase», aseguraba su entrenador en el instituto, George Washington. «Muchos de esos jugadores ya eran conocidos, y tenían mucho ganado. Yo le decía a Collin: ‘tu trabajo es ser el más duro de todos, trabajar más que nadie, y así nadie te puede negar estar en ese equipo’».

Su duro entrenamiento personal para estar en Colorado Springs, lugar designado para el campus, fue tremendamente exigente. Su jornada constaba de tres entrenamientos diarios, comenzando el primero a las seis de la mañana con un trabajo específico en la cancha con un asistente del equipo de baloncesto, para retomarlo por la tarde para trabajar en el gimnasio con pesas y cardio y finalizar por la noche con ejercicios de tiro a canasta. Un menú que se repitió durante varios meses y al que Sexton no falló ni un solo día. Recordemos, todo esto viniendo de un chaval de 16 años que aún estaba en su año junior de instituto, y al que le había tocado madurar a la velocidad de la luz.

Cuando llegó a Colorado Springs, vio que todo el esfuerzo había merecido la pena, y su nombre era uno de los elegidos para defender a su país en Zaragoza ese mismo verano. Pero esto no iba a ser más que el comienzo de un ascenso en el que –a día de hoy– no ha visualizado todavía la cima.

Ese número 8 del combinado USA no pasó inadvertido para nadie en Zaragoza. Ese equipo orquestado por Donald Showalter estaba hecho a la medida de Sexton: jugadores muy abiertos con muchísimo espacio para correr, un ritmo de juego altísimo, una agresividad e intensidad en ataque y defensa inusitada y muchísimo poderío físico. Y hay que decirlo, un grupo de jugadores que también formaban una cohesión de grupo y una fuerza coral dignas de mención.

Lo más sorprendente de todo, es que Collin Sexton se había coronado en lo más alto de esa pirámide de talento y fama internacional en la que se había convertido este combinado USA. Su habilidad para romper la defensa rival a base de potencia de piernas, de transiciones donde tardaba nanosegundos en llegar a la pintura rival desde su propio campo, de intensidad en defensa para robar balones y también para lanzar desde cualquier punto de la pista. Pero, sobre todo, magia con el balón entre las manos y auténtico espectáculo destrozando el aro rival. Un MVP más que merecido.

Sin lugar a dudas, Zaragoza fue la ciudad que encumbró definitivamente a Sexton y lo hizo saltar a la palestra de los nombres más destacado de la próxima clase de 2017, y su gran actuación posterior en el circuito EYBL –donde rompió el récord anotador del mismo de ese mismo año– no hizo más que confirmar que estábamos ante un talento en ciernes. Collin Sexton había pasado de ser un pequeño base unranked del que pocos habían oído hablar a ser un prodigioso base de cinco estrellas por el que las universidades se iban a dar golpes, todo en apenas doce meses.

«Nada ha cambiado», dijo Sexton en una entrevista el pasado verano. «Solo tenía que ponerme en frente de las personas adecuadas para mostrar mis talentos y hacer lo que mejor hago: jugar duro todo el tiempo».

Como era de esperar, muchas fueron las universidades que llamaron a su puerta, restringiendo su interés en seis programas: Alabama, Georgia, Georgia Tech, Kansas, North Carolina State y Oklahoma State, para finalmente decantarse entre los Crimson Tide y los Jayhawks en un programa especial de televisión emitido a nivel nacional por ESPNU, donde finalmente Sexton sorprendería escogiendo al conjunto de Avery Johnson.

«Son geniales y tienen un gran ambiente“, dijo Sexton en una entrevista a 247Sports. “El entrenador Avery Johnson es un entrenador muy bueno, me dijo cómo podía encajar en el programa y cómo podía ayudarme. Heredó el equipo el año pasado, por lo que no pudo traer a sus jugadores, pero fue capaz de convertir a los jugadores que no lo estaban haciendo bien en buenos jugadores. Es algo especial».

El compromiso de Sexton siguió ipso facto el de John Petty, otro talentazo exterior de la clase de 2017 al que John Calipari ya tenía echado el lazo desde hace tiempo. Así, Alabama volvería a resurgir a nivel nacional con estas dos pequeñas perlas comprometidas bajo el estricto Avery Johnson.

Foto: www.hoopseen.com

El último año de Collin en el instituto con Pebblebrook High School fue un paseo militar en lo personal, promediando casi 30 puntos por encuentro y guiando a su instituto al campeonato estatal, donde finalmente acabaría perdiendo. Pero eso sí, conseguiría ese pasado verano sus tres grandes objetivos que se había marcado: liderar la EYBL en anotación, volver a ser invitado por la USA Basketball para defender la camiseta nacional y ser nombrado McDonald’s All-American. Sexton ya lo tenía todo para ir al siguiente nivel.

Sin embargo, la reciente investigación del FBI por corrupción en varios programas universitarios de la NCAA Division I acabó afectando también a su debut como freshman en la competición. El ya ex-administrador de la universidad, Kobie Baker, fue acusado por el FBI de tener un trato ilegal con un asesor financiero para ayudar a ciertos jugadores económicamente a cambio de que éstos firmasen con dicho asesor durante su travesía universitaria y profesional. Según los documentos del FBI, se produjo una cena en un restaurante del área de Atlanta –de donde es Sexton– entre Baker, el asesor financiero y «el padre de un gran jugador de esta clase de reclutamiento», aunque nunca fue probado públicamente que fuese el padre de Collin Sexton.

La NCAA no lo dudó un instante, y suspendió la elegibilidad de Sexton indefinidamente hasta que se esclareciese este hecho.

Por fortuna para los fans de Sexton y de la NCAA, el prometedor base de Atlanta únicamente se perdió el debut oficial ante la universidad de Memphis, además de todos los encuentros de pretemporada, y este año estamos disfrutando de él a pleno interés.

Su paso por los Tide está siendo de todo menos previsible. Promediando más de 20 puntos por noche, su gran actuación personal la tuvo en un partido de locos ante la universidad de Minnesota, donde Alabama acabó jugando durante muchísimos minutos con solo tres jugadores en pista –uno de ellos Sexton– por diversas expulsiones que dejaron en cuadro a los Tide. Sexton se echó el equipo a sus espaldas y mantuvo la tensión del encuentro hasta pocos segundos antes del final, donde finalmente cedió la victoria.

Pero Sexton hizo historia esa noche, ya que sus 40 puntos –31 de ellos en la segunda mitad– son ahora el récord anotador de un jugador de Alabama de primer año desde los 43 de todo un Reggie King en 1973. Y, sobre todo, ha dejado constancia a toda la competición de que este año va en serio en la búsqueda del Bob Cousy Award y de una plaza de privilegio en el próximo draft de rookies.

Su agresividad con el balón, su pasión por el juego y su determinación en la pista son impropias de un jugador de su edad. Su instinto ganador y de superación le puede catapultar entre los cinco mejores de su generación, y la ausencia de bases de gran nivel en este draft puede hacerle subir algún puesto extra en el ranking. Sin techo en el horizonte, es una de las grandes perlas que la NBA explotará en los próximos meses.

 

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