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Costa a costa

Carlos Delfino, el hombre que escapó del infierno

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“¿Adónde vas, papá?”, preguntó Carlos Italo, uno de los mellizos de la pareja Delfino. “A jugar al básquet”, respondió Carlos, el padre. “¿Vos jugás al básquet?”, retrucó incrédulo el pequeño. Lo que parece un diálogo de alguna película de Woody Allen fue un capítulo trascendental en la vida de Carlos Delfino. Para alguien que es un virtuoso de este deporte, que tiene colgados en su cuello un oro y un bronce olímpicos y que no solo tocó el cielo de la NBA, sino que lo apresó entre sus manos por ocho temporadas, ese nivel de desconocimiento resulta fulminante. Incluso si proviene de la inocencia y la juventud de un hijo. Incluso si el contexto de esa charla está plagado de lesiones y operaciones truncadas. Ocho en total, para ser exactos. E incluso si el retiro es una posibilidad más real que volver a jugar en una cancha por los puntos. Pero Delfino es una oda a la tenacidad y al amor por sus pasiones. Y cada obstáculo, por más doloroso que haya sido, le sirvió para demostrar que está hecho de algo diferente. A 35 años de su nacimiento, la voluntad y el valor para conseguir lo que se propone siguen latiendo en su cuerpo. Quizás, ahora más que nunca.

Ninguna historia que se presuma interesante prescinde de momentos oscuros. La de ‘Cabeza’, como ya todos lo conocen, se internó en la oscuridad tras esa primera mala noticia. “Fractura del hueso escafoides”, decía el parte médico. Había ocurrido tras el quinto partido de la primera ronda de Playoffs de 2013 entre Oklahoma City Thunder y Houston Rockets, en donde jugaba Delfino. Al realizar una volcada, Kevin Durant le cometió una falta en el aire y cayó sin poder afirmarse. Se perdería el resto de la postemporada. Existen dos tipos de tratamientos para ese tipo de lesión. Uno se basa en la cirugía inmediata para luego adentrarse en una recuperación definitiva. El otro demanda más paciencia y se trata de esperar a que el hueso se suelde por su cuenta. Pero en la NBA el tiempo es dinero. Y esa afinidad con la prontitud hizo que la primera opción fuera la elegida. Grave error. Una nueva recaída hizo que los plazos de rehabilitación se demoraran. Demora. Una palabra que Delfino escucharía muy seguido a partir de ese momento.

El 7 de julio firmaba un vínculo con Milwaukee Bucks, franquicia a la que le había regalado sus mejores años en la NBA. Sin embargo, las esperanzas de un nuevo comienzo se desvanecían con la noticia de que debía volver al quirófano. “Vas a estar fuera toda la temporada, Carlos”, le comentó Michael Gordon, traumatólogo del equipo. “Estoy frustrado porque hice todos los deberes, pero mi cuerpo no respondió como lo esperaba… sigo siendo optimista”. Palabras de un luchador. Delfino no es tonto ni lo era en ese entonces. Sabía que el problema se había transformado en una bola muy difícil de frenar. Aun así, poco le importaba. El fracaso está en abandonar.

Libros de medicina. Kinesiología, reiki, tratamientos alternativos. La habitación de Delfino durante esos meses de inactividad parecía un estudio médico. Quería interiorizarse, buscar soluciones. Algo se le estaba pasando por alto y necesitaba saber qué era. La espera se hacía eterna. Los días sin jugar se acumulaban inevitablemente. Un año y dos meses sin pisar el parqué. Pero todos los males se esfumaban con la posibilidad latente de volver a vestir su camiseta más amada: la de la selección argentina, en la Copa del Mundo de España 2014. Una caricia al alma de un jugador que siente como pocos los colores. Suficiente para seguir entrenando y no perder la cabeza. Delfino sentía que podía estar. Las semanas previas al inicio del certamen le demostraron lo contrario. “Traté de jugar y sentí dolores muy fuertes. Había venido el jefe de Milwaukee Bucks para verme y darme el OK para el Mundial o no, y terminamos hablando con los médicos de que necesitaba otro tipo de cirugía, más tornillos. Yo estaba rengueando. No quería ponerme más metales al pie, porque había sufrido mucho por las operaciones.”

Cómo hacer para seguir después de chocar tantas veces contra la pared, es algo que solo quien lo vivió puede contestar. ‘Cabeza’ llegó a declarar que se sintió un jugador retirado, pero sus acciones lo rectifican. Volvió a su Santa Fe natal en 2014, ya sin equipo, responsabilidades ni nadie que le dijera lo que tenía que hacer con su pie. Relacionarse con sus orígenes le revitalizó. Acudió a un médico de confiaza, Raúl Theaux, el profesional de cabecera de la familia. Le habló de injertos, de colocar tejido óseo de su cadera en su tobillo. Delfino accedió. El procedimiento se haría en los inicios del 2015. “Raúl, lo único que te pido es jugar con mis mellizos, correr en una plaza y hacer una vida normal, no quedar rengo”. Fue más que eso, o al menos eso sintió cuando salió de la sala operatoria. “Me di cuenta de que esta cirugía había sido diferente a todas las otras”. Las sensaciones se reafirmaron cuando empezó a caminar, a moverse mejor.

Cuando todo parecía encaminarse, la familia recibió un duro revés. En enero, y tras una dura lucha contra el cáncer, la abuela del ‘Lancha’ perdía la vida. Tedy era como su segunda madre. “La vieja me decía que íbamos a caminar juntos, mientras ella estaba mal, en la cama. Yo le prometí que iba a volver a jugar. Cuando nos fue, quedé con la responsabilidad eterna de cumplir con mi promesa”. Y la vida le daba un escenario perfecto para hacerlo: el Preolímpico de 2015, que clasificaba a los finalistas a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Delfino puso sus ojos en él y comenzó a entrenar a un ritmo que le devolvía la fe en el tan ansiado regreso. Sergio Hernández, entrenador de Argentina, lo incluyó en una preselección. “Estoy nadando en la orilla, espero que nada me pase. Toco madera”. Pero el drama del escolta iba a tener un capítulo más. Un quiste en el tobillo le arrastraba nuevamente al quirófano y quedaba marginado del torneo. La sexta operación y todo seguía igual. Nada había mejorado y el tiempo corre para todos. 31 meses separaban a aquel Delfino que enterraba la pelota en la cara de Durant de este que se encontraba en un callejón sin aparente salida. Hay que ser de hierro para no doblarse ante tantos golpes.

Foto: CABB

La vida suele ser así. Los milagros, ciertas veces, ocurren. Y lo hacen en el lugar y el momento menos esperado. Carlitos fue a simplemente cortarse las uñas a un podólogo, viejo amigo de Bolonia, y recibió la mejor noticia en años. “¿Ya lo viste a Giannini? – ¿Quién es Giannini? – Es una eminencia en Italia. Da clases en la Universidad de Bolonia, un crack”. ¿Quién era Sandro Giannini y por qué iba a ser diferente a los demás? El ‘Lancha’ comenzó a investigar. Se trataba de un veterano de 78, especialista en pie, que ya no oficiaba como cirujano. Delfino logró reunirse con el hombre, más por inercia que por convicción. “Acá no hay que poner huesos, hay que sacar”, le dijo. Y la situación se puso patas para arriba. Era un método distinto, contrario a todos los anteriores. Lo convenció de que volviera a ejercer, que hiciera una excepción con él. Y Giannini aceptó. “Me desperté en el medio de la operación. Vi cómo el tipo sacaba huesos que eran como ceniza, estaban muertos”.

Estuvo tres semanas con yeso y, al reencontrarse con el médico, éste se lo sacó y le dijo que se fuera caminando. Al ex de Detroit Pistons no se le ocurrió otra cosa que reírse. Ni siquiera había llevado la zapatilla del pie derecho. Volvió al consultorio cuatro días antes de Nochebuena con muletas. Giannini le retó. “Te dije que caminaras, sin nada”. Pero el paciente comenzaba a pensar que estaba en manos de un loco. Algo que ratificó cuando en sus vacaciones en Punta del Este recibió un mensaje del doctor: “¿Ya has empezado a correr?, me mandó. Yo no entendía nada. Recién me animé a caminar largas distancias a mediado de febrero y en abril comencé a correr”.

Todo llegó de repente, como un premio a quien se hunde en el lodo pero sale a fuerza de voluntad. Y claro que Delfino lo merecía. Volver a sentirse competitivo era ya una retribución enorme, pero a una vida tan sacrificada le corresponde algo más. Pese a entrenarse en silencio en Bolonia y Santa Fe, un vídeo le llegó a Hernández. “No me avisaste, quedamos en que lo harías… Vení a la preselección, aunque no te voy a regalar nada. Vas a Río si le servís al equipo”. El ‘Oveja’, parte fundamental de la carrera del ‘Lancha’, entendía más que nadie lo que significaba para el escolta el simple hecho de ser tenido en cuenta.  Y allí fue, lleno de cicatrices y dolores, emocionó a todos y pisó profesionalmente una cancha tras tres años y medio en los Juegos Olímpicos. Luego, la llegada a la Liga Nacional, más precisamente a Boca Juniors, para salvar del descenso al equipo en el que juega Lucio, su hermano. Y finalmente -hasta ahora-, la contratación del Baskonia, temporalmente para la pretemporada, dirigido por su amigo Pablo Prigioni.

La carrera de Delfino es una película que ha pasado por todos los géneros. Ha sido épica, con logros gloriosos y momentos de brillantez. Se transformó en un drama, llena de problemas que atentaron contra su pasión. Fue suspense, en cada posoperatorio, tras cada recaída que lo alejaba de las canchas. Pero, más que todo, es la historia de alguien que siempre tuvo la fuerza para volver a escribir el guión.

Foto: Saski Baskonia

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A las puertas de lo imposible

sergiconcha@skyhook.es'

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El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

Foto: Luiggi García

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

Foto: Luiggi García

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Michael Porter y el dilema del Draft

periz.oscar@gmail.com'

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Nuevo entrenador, equipo renovado y con el mejor prospect de la nación. Eran los primeros instantes de una nueva e ilusionante era en Columbia, Missouri. Los Tigers empezaban un año esperanzador y con objetivos diferentes y opuestos a lo que estaban acostumbrados en los últimos años. Esa reconstrucción sin rumbo, con la llegada de Cuonzo Martin al banquillo, en Mizzou se empezó a ver algo de luz al final del túnel, pero aquello no sería lo único que cambiaría el programa de Columbia en verano.

Michael Porter Jr, considerado el mejor jugador de su generación, rompía su compromiso con la Universidad de Washington una vez conocida la noticia de que Lorenzo Romar era despedido como entrenador de los Huskies después de 15 temporadas en el cargo. Unos últimos años en la intemperie y más bien discretos pasaron factura. A la vez, con el despido de Romar, Michael Porter Sr, padre de Michael Jr. y miembro del staff técnico, tampoco continuaría en el proyecto de Washington. Ese sería un movimiento decisivo, porque con Michael Sr. uniéndose al staff de Cuonzo Martin, la posibilidad de que la estrella del instituto Nathan Hale recalara en Mizzou era una posibilidad más que real.

El siguiente paso de Porter ya estaba marcado. Regresaba a su tierra, Columbia, para unirse a los Tigers tal y como se especulaba una vez sabido que no acudiría a Washington. Todo quedaba en familia y en casa. Michael Jr coincidiría en Mizzou con su padre (Michael Sr), hermanas (Bri y Cierra) y también con su hermano menor (Jontay), que se comprometería con los Tigers un poco después de hacerlo Michael.

La llegada de un recruit de la talla de Michael Porter Jr catapultaba hacia arriba las aspiraciones de Missouri a corto plazo, porque todos –incluso él mismo- sabían que esa etapa no iba a durar mucho. Las cualidades de MPJ estaban muy bien consideradas por los scouts NBA incluso desde mucho antes de pisar la universidad, y su potencial, algo que se valora al alza en estos tiempos, ya era de súperestrella. Su dominio y sus números en Nathan Hale HS no hacían más que confirmarlo.

Llegó el día del gran estreno de los Tigers ante su afición. Missouri pasó por encima de una endeble Iowa State que no pasa sus mejores días, pero el triunfo de los de Cuonzo Martin quedó en un segundo plano. ¿El motivo? Michael Porter Jr, tras dos minutos de partido en los que anotó un mate, se sentó en el banquillo y no volvió a jugar. Sintió unas molestias que, por precaución, le dejaron sin jugar los siguientes partidos a la espera de obtener más pruebas.

Foto: NCAA.com

La peor de las noticias llegó: Michael Porter Jr. no jugaría más en su primer (y posiblemente último) año con Missouri. Se le diagnosticó un problema en dos vértebras que le dejarían en el dique seco hasta final de temporada, y dicha lesión requería pasar por el quirófano. La lesión de MPJ dejó, por otro lado, algunos frentes abiertos y libres para la especulación, como el de cómo habría sido su etapa en Mizzou o, por otra parte, cómo afectaría esta situación a su futuro más cercano: el Draft.

Un caso familiar

Esta situación tiene sus paralelismos con el caso reciente de Ben Simmons en LSU, incluso como el de Markelle Fultz en Washington. Jugador TOP de la Class se compromete con una universidad fuera del universo de las powerhouse del estilo de Kentucky, Duke, Kansas o Arizona.

Estaba claro que el australiano iba a ser el jugador por el que iban a pasar prácticamente todos los balones, y el plan de juego tampoco sugería un cambio hacia otra dirección. En resumidas cuentas: un gameplan limitado y previsible centrado en la gran estrella. La falta de un ‘plan B’ y ‘plan C’ de Johnny Jones, entonces técnico de LSU, mermó seriamente a unos Tigers que, salvando a Simmons, ni siquiera pisaron el March Madness cuando las previsiones les situaban arriba. La realidad era otra.

Algo que nunca sabremos con Porter Jr bajo la batuta de Cuonzo Martin. Si jugamos a especular, es cierto que entre esa LSU y la actual Missouri existen ciertas similitudes justo antes de conocer el alcance de la lesión de Porter, pero la lesión del jugador distorsiona tal relato. Ambos casos contaban como objetivo llegar al March Madness, pero también es verdad que Mizzou cuenta con mejor presencia y reputación en el banquillo y, por inri, más (y mejor) talento en la plantilla que esa LSU, carente de otras figuras trascendentes.

Ser o no ser pick #1

Con Porter estando en plenitud de condiciones, el próximo número 1 del Draft no tenía color, fuese cual fuese el primer equipo en elegir. Michael Porter Jr representa el tipo de prospect ideal para el baloncesto moderno: gran técnica para jugar por fuera, con la altura y movilidad de un alero y con la envergadura de un pívot. Porter, junto a Ayton, es considerado el mejor proyecto de estrella de la próxima generación y es probable que su lesión afecte a su stock en el Draft, aunque de hacerlo, afectará mínimamente. Y en un escenario excepcional como este, Porter caería como mucho uno o dos puestos en el Draft.

Ante un proyecto de futuro de ese calibre, resulta improbable que Porter caiga más allá del ‘Top 3’ incluso a sabiendas de que ha jugado solamente dos minutos en toda la temporada y de las temporadas que están realizando DeAndre Ayton, Marvin Bagley, Luka Doncic o Mo Bamba, que son los otros candidatos que van a estar en las quinielas para estar entre los tres primeros. Cualquier otra cosa que no sea figurar entre los tres primeros picks sería una sorpresa mayúscula, y también un regalo.

Otra variante decisiva será la de si Porter se ha recuperado plenamente de su lesión o no, pero todo hace indicar que MPJ estará 100% recuperado una vez lleguen las fechas para realizar workouts con franquicias NBA.

Tampoco está descartado el frente en el que MPJ decida seguir un año más en Missouri, pero a día de hoy es un escenario que parece difícil que se cumpla. Aunque su falta de ritmo competitivo puede ser un inconveniente en sus primeros días como profesional, su cartel en la NBA es elevado y será difícil dejar pasar ese tren.

Cualquier cosa que acabe sucediendo, una cosa es cierta: Michael Porter Jr. ya es, al igual que Kyrie Irving en su día o incluso Joel Embiid, uno de los grandes “qué hubiera pasado si…” de los últimos años en la NCAA. En una class tan abierta como la que se presenta próximamente, va a ser difícil dejar pasar a tal talento debido a una lesión.

La presión será para el primero en elegir. Y mientras, el resto ya se está frotando las manos.

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Collin Sexton, el mundo a su merced

bryangn@gmail.com'

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Hay un popular dicho que dice que «donde menos se piensa, salta la liebre», algo que le viene como anillo a esta competición, y que nos podría valer para identificar la llegada a la liga de Collin Sexton. El de Atlanta se ha convertido en uno de los grandes atractivos de esta nueva temporada universitaria, y con apenas 18 años tiene todo lo necesario para triunfar al nivel que él mismo se exija.

Sexton no es el modelo de base anotador empedernido que buscar desquiciar a su rival para la canasta fácil, ni el típico jugador que busca destacar a base de highlights, y ni mucho menos un base sensato y sosegado que busca gestionar la distribución de balones a sus compañeros en ataque. Es más, no existe a día de hoy un modelo predeterminado para encasillar a Sexton como base. Es un artista con el balón en su poder, uno de esos jugadores anárquicos que parece que deambulan como pollo sin cabeza, pero con altas dosis de creatividad y talento en vena. Es, sencillamente, un jugador diferente a los demás.

Desde los suburbios de Atlanta a ser considerado uno de los grandes nombres del próximo draft de rookies. La historia de Collin Sexton comenzó a forjarse en su Pebblebrook High School, donde ya comenzaba a llamar la atención de muchos ojeadores de todo el país con apenas 16 años, un pequeño y rápido base de gran ética de trabajo y un físico demoledor que resultaba imparable para la defensa rival, y que ya había liderado con maestría a su High School a cotas importantes a nivel estatal. Pero fue una llamada la que realmente le hizo ver que podía aspirar a ser alguien relevante para su comunidad, su instituto y también para sí mismo.

La vida le dio un giro de 180 grados después de que la mismísima USA Basketball le invitase a formar parte del campus de entrenamiento para el próximo Mundial U17 que se iba a celebrar en España en 2016. Una oportunidad única a la que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso, y que a diferencia de otros compañeros de generación que ya habían hecho sus pinitos con el uniforme nacional, para Sexton era algo totalmente novedoso. Esto le motivó notablemente, y cambió su actitud y su forma de trabajar.


«Quería estar en ese equipo costase lo que costase», aseguraba su entrenador en el instituto, George Washington. «Muchos de esos jugadores ya eran conocidos, y tenían mucho ganado. Yo le decía a Collin: ‘tu trabajo es ser el más duro de todos, trabajar más que nadie, y así nadie te puede negar estar en ese equipo’».

Su duro entrenamiento personal para estar en Colorado Springs, lugar designado para el campus, fue tremendamente exigente. Su jornada constaba de tres entrenamientos diarios, comenzando el primero a las seis de la mañana con un trabajo específico en la cancha con un asistente del equipo de baloncesto, para retomarlo por la tarde para trabajar en el gimnasio con pesas y cardio y finalizar por la noche con ejercicios de tiro a canasta. Un menú que se repitió durante varios meses y al que Sexton no falló ni un solo día. Recordemos, todo esto viniendo de un chaval de 16 años que aún estaba en su año junior de instituto, y al que le había tocado madurar a la velocidad de la luz.

Cuando llegó a Colorado Springs, vio que todo el esfuerzo había merecido la pena, y su nombre era uno de los elegidos para defender a su país en Zaragoza ese mismo verano. Pero esto no iba a ser más que el comienzo de un ascenso en el que –a día de hoy– no ha visualizado todavía la cima.

Ese número 8 del combinado USA no pasó inadvertido para nadie en Zaragoza. Ese equipo orquestado por Donald Showalter estaba hecho a la medida de Sexton: jugadores muy abiertos con muchísimo espacio para correr, un ritmo de juego altísimo, una agresividad e intensidad en ataque y defensa inusitada y muchísimo poderío físico. Y hay que decirlo, un grupo de jugadores que también formaban una cohesión de grupo y una fuerza coral dignas de mención.

Lo más sorprendente de todo, es que Collin Sexton se había coronado en lo más alto de esa pirámide de talento y fama internacional en la que se había convertido este combinado USA. Su habilidad para romper la defensa rival a base de potencia de piernas, de transiciones donde tardaba nanosegundos en llegar a la pintura rival desde su propio campo, de intensidad en defensa para robar balones y también para lanzar desde cualquier punto de la pista. Pero, sobre todo, magia con el balón entre las manos y auténtico espectáculo destrozando el aro rival. Un MVP más que merecido.

Sin lugar a dudas, Zaragoza fue la ciudad que encumbró definitivamente a Sexton y lo hizo saltar a la palestra de los nombres más destacado de la próxima clase de 2017, y su gran actuación posterior en el circuito EYBL –donde rompió el récord anotador del mismo de ese mismo año– no hizo más que confirmar que estábamos ante un talento en ciernes. Collin Sexton había pasado de ser un pequeño base unranked del que pocos habían oído hablar a ser un prodigioso base de cinco estrellas por el que las universidades se iban a dar golpes, todo en apenas doce meses.

«Nada ha cambiado», dijo Sexton en una entrevista el pasado verano. «Solo tenía que ponerme en frente de las personas adecuadas para mostrar mis talentos y hacer lo que mejor hago: jugar duro todo el tiempo».

Como era de esperar, muchas fueron las universidades que llamaron a su puerta, restringiendo su interés en seis programas: Alabama, Georgia, Georgia Tech, Kansas, North Carolina State y Oklahoma State, para finalmente decantarse entre los Crimson Tide y los Jayhawks en un programa especial de televisión emitido a nivel nacional por ESPNU, donde finalmente Sexton sorprendería escogiendo al conjunto de Avery Johnson.

«Son geniales y tienen un gran ambiente“, dijo Sexton en una entrevista a 247Sports. “El entrenador Avery Johnson es un entrenador muy bueno, me dijo cómo podía encajar en el programa y cómo podía ayudarme. Heredó el equipo el año pasado, por lo que no pudo traer a sus jugadores, pero fue capaz de convertir a los jugadores que no lo estaban haciendo bien en buenos jugadores. Es algo especial».

El compromiso de Sexton siguió ipso facto el de John Petty, otro talentazo exterior de la clase de 2017 al que John Calipari ya tenía echado el lazo desde hace tiempo. Así, Alabama volvería a resurgir a nivel nacional con estas dos pequeñas perlas comprometidas bajo el estricto Avery Johnson.

Foto: www.hoopseen.com

El último año de Collin en el instituto con Pebblebrook High School fue un paseo militar en lo personal, promediando casi 30 puntos por encuentro y guiando a su instituto al campeonato estatal, donde finalmente acabaría perdiendo. Pero eso sí, conseguiría ese pasado verano sus tres grandes objetivos que se había marcado: liderar la EYBL en anotación, volver a ser invitado por la USA Basketball para defender la camiseta nacional y ser nombrado McDonald’s All-American. Sexton ya lo tenía todo para ir al siguiente nivel.

Sin embargo, la reciente investigación del FBI por corrupción en varios programas universitarios de la NCAA Division I acabó afectando también a su debut como freshman en la competición. El ya ex-administrador de la universidad, Kobie Baker, fue acusado por el FBI de tener un trato ilegal con un asesor financiero para ayudar a ciertos jugadores económicamente a cambio de que éstos firmasen con dicho asesor durante su travesía universitaria y profesional. Según los documentos del FBI, se produjo una cena en un restaurante del área de Atlanta –de donde es Sexton– entre Baker, el asesor financiero y «el padre de un gran jugador de esta clase de reclutamiento», aunque nunca fue probado públicamente que fuese el padre de Collin Sexton.

La NCAA no lo dudó un instante, y suspendió la elegibilidad de Sexton indefinidamente hasta que se esclareciese este hecho.

Por fortuna para los fans de Sexton y de la NCAA, el prometedor base de Atlanta únicamente se perdió el debut oficial ante la universidad de Memphis, además de todos los encuentros de pretemporada, y este año estamos disfrutando de él a pleno interés.

Su paso por los Tide está siendo de todo menos previsible. Promediando más de 20 puntos por noche, su gran actuación personal la tuvo en un partido de locos ante la universidad de Minnesota, donde Alabama acabó jugando durante muchísimos minutos con solo tres jugadores en pista –uno de ellos Sexton– por diversas expulsiones que dejaron en cuadro a los Tide. Sexton se echó el equipo a sus espaldas y mantuvo la tensión del encuentro hasta pocos segundos antes del final, donde finalmente cedió la victoria.

Pero Sexton hizo historia esa noche, ya que sus 40 puntos –31 de ellos en la segunda mitad– son ahora el récord anotador de un jugador de Alabama de primer año desde los 43 de todo un Reggie King en 1973. Y, sobre todo, ha dejado constancia a toda la competición de que este año va en serio en la búsqueda del Bob Cousy Award y de una plaza de privilegio en el próximo draft de rookies.

Su agresividad con el balón, su pasión por el juego y su determinación en la pista son impropias de un jugador de su edad. Su instinto ganador y de superación le puede catapultar entre los cinco mejores de su generación, y la ausencia de bases de gran nivel en este draft puede hacerle subir algún puesto extra en el ranking. Sin techo en el horizonte, es una de las grandes perlas que la NBA explotará en los próximos meses.

 

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