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Tanoka Beard: “De Manel Comas lo que más respetaba era que no escondía nada”

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Tanoka Dwight Beard (Ogden, Utah, 1971) fue una auténtica estrella del baloncesto nacional en España. Fuerte, anotador y carismático, paseó su inconfundible pañuelo por Badalona, Lugo, Madrid y Valencia, además de por media Europa. Dos veces MVP de la ACB, su afabilidad fuera de la pista contrasta con el carácter inflamable que demostraba sobre la pintura y que le costó más de un disgusto durante sus casi veinte años de jugador profesional.

¿A qué se dedica Tanoka Beard casi diez años después de su último partido como profesional?

Me dedico a la formación de jóvenes, enseñando y entrenando a niños en edad escolar. También estoy muy involucrado en un proyecto empresarial. Este año he lanzado una nueva bebida deportiva, que es una versión natural y saludable de Gatorade, llamada Maji: Premium Sports Beverage.

Nunca llegaste  a jugar profesionalmente en tu país. ¿Viste pronto que tu carrera iba a ir por Europa antes que en la CBA, aunque eso significara alejarte del sueño NBA?

Por aquel entonces esperaba que después de un par de años en Europa, y si lo hacía lo suficientemente bien, se abrieran las puertas de mi gran sueño, que era jugar en la NBA. Cuando comprendí que aquello no iba a suceder, decidí hacerlo lo mejor posible y aprovechar la oportunidad que Dios me dio para viajar por el mundo y que me pagaran por jugar al baloncesto.

Llegas al DYC Lugo en febrero de 1994 para jugar el tramo final de la temporada sustituyendo a Tony Martin.

¡Y recuerdo que nada más llegar me enfrenté a Sabonis! El momento de la llegada a España cambió para siempre mi vida y la de mi familia.

Precisamente habías sido cortado en Roma un mes antes. ¿Cómo es esa sensación de no tener claro dónde vas a estar jugando el mes que viene?

Es cierto. No tenía dudas de que tendría un sitio para volver a jugar, pero la cuestión era escoger el lugar correcto donde hacerlo. Fui cortado en Roma de una forma injusta, y que venía como consecuencia de no saber bien a dónde iba. Así que nos aseguramos de ahí en adelante de no repetir esa mala decisión nunca más.

Antes de regresar a España juegas en Francia, donde tienes problemas al defender a un compañero en una pelea con James Voskuil [1]. ¿Qué sucedió?

Fue un error mío. Estábamos jugando un partido amistoso que se volvió demasiado competitivo. Comencé a sufrir demasiadas faltas duras y después de una de ellas, acabé por golpear a James. También es cierto que al instante me arrepentí…

Volvemos a saber de ti en tu vuelta a España, a la Penya. ¿Cómo se gestó el fichaje? ¿Qué recuerdas de aquella época?

Por aquel entonces estaba esperando una oferta para volver a España, concretamente cerca de Barcelona, que es mi ciudad favorita de todo el mundo. Entonces me llama de Barcelona… Alfred Julbe. Y fue una conversación muy divertida. Me preguntó si yo podría defender como él quería que lo hiciera. Después de aquella conversación aceptó que firmara con ellos y regresé a España.

“Veinte años después hay que admitirlo. Mi Real Madrid no estaba construido como un equipo capacitado para ganar el campeonato.”

Una de las imágenes que más se recuerda de Tanoka en la ACB es la del día que te pitan una falta en ataque y destrozas la camiseta.

Durante aquella temporada habíamos construido una rivalidad bastante fuerte con Unicaja. Éramos dos equipos que nos respetábamos, pero al mismo tiempo existía una rivalidad especial. Durante aquel partido la sensación que teníamos era que los árbitros estaban impactando en el resultado de una forma que no les correspondía. El día que rompí la camiseta sentí que estábamos jugando un gran partido, a su nivel, y que por la forma en la que estaban arbitrando nos estaba afectando en el resultado de una forma injusta.

De aquel equipo de Andy Toolson, Andre Turner y tú queda la Copa del 97.

Durante aquellos días encontramos nuestro lugar como equipo. Creímos en que era posible y nos aferramos a esa lucha por un objetivo común. Recuerdo lo feliz que estaba Jordi Villacampa por el que sería su último título, el impacto que tuvieron Crespo y Villa pese a que no tuvieran en principio un rol protagonista. Definitivamente eso fue lo mejor de aquella Copa del Rey, y fue el gran mérito de Alfred Julbe, conseguir que fuéramos responsables de cada uno de nosotros y de que el compañero también cumpliese.

Con la perspectiva de casi dos décadas. ¿Cómo valoras tu paso por el Real Madrid?

Para ser sincero, no quería salir de Badalona. Sin embargo una persona de mi confianza me convenció de que era lo mejor, y llegamos a un acuerdo de forma bastante rápida con el Madrid. Después de casi veinte años de mi paso por el Real Madrid es el momento de ser honestos: no fuimos construidos como un equipo capacitado para ganar el campeonato. Nuestros bases no eran lo suficientemente veloces y yo tampoco era el mejor defensor de ayudas. Además, nunca sacamos lo mejor de jugadores tan importantes como Bobby Martin o Lucas Victoriano.

En Madrid te acusaban de ser demasiado individualista. Que el equipo no ganaba a pesar de tus buenos números.

Tenía que cumplir con mi impacto ofensivo, esa era mi principal misión. En ese momento en el que las cosas no salían bien, era más fácil culpar a alguien que enfrentarse a la realidad.

Foto: Real Madrid

En tu segunda época en Badalona coincides con Manel Comas, con el que tuviste una relación muy especial.

Siempre tuvimos una muy buena relación. Lo que más respeté de Manel fue que era directo y que no escondía nada. Hubo días frustrantes, por supuesto, cuando no llegamos al Playoff, pero pese a todo considero que ese año fue positivo. En Badalona me sentía como en casa.

¿Cuándo dejaste de usar el pañuelo?

Después de Pamesa.

¿Y el motivo?

Muy sencillo. Fiché por el Fenerbahçe y en Turquía había una norma que impedía utilizarlo. Me acostumbré a dejar de llevarlo, eso es todo.

En España fuiste dos veces MVP y siempre cumpliste en cada uno de los equipos a los que fuiste. Sin embargo, te pusieron la etiqueta de jugador individualista.

Siempre hay una etiqueta. No importa lo que hagas, alguien te pondrá una etiqueta. Estoy más feliz de haber sido etiquetado como un jugador individual que siempre ayudó a sus equipos a ser mejores que un temporero al que nadie quería. En ataque solo entendía una forma de jugar, y si no lo conseguía, intentaba rebotear y aumentar mi defensa. De una forma u otra quería dejar mi huella en cada partido. Eso causa problemas en alguna gente que no tiene esa mentalidad.

¿Sigues en contacto con algún jugador de tu época en ACB?

A través de Facebook muchos de nosotros todavía mantenemos algo de contacto. Sin embargo, sigo esperando contactar con Jackie Espinosa. A él y a Dre [2] son los tipos a los que más extraño.

“Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí.”

Durante el primer año en Zalgiris coincides con un crepuscular Arvydas Sabonis, que apenas podía correr pero seguía siendo un jugador diferencial. ¿Cómo lo recuerdas?

Recuerdo la pretemporada de aquel año. Sabas estuvo allí dos días y luego no le volvimos a ver. No estaba demasiado claro, pero finalmente jugó con nosotros. Básicamente buscábamos que Sabas fuera parte importante del ataque, y la verdad es que resultó muy bien. De repente estaba con nosotros, en lo que fue un año mágico.

¿Sigues la actualidad de Zalgiris? ¿Cómo valoras el trabajo de Jasikevicius como entrenador?

Saras es exactamente igual como entrenador que como jugador. Posiblemente mejor.

¿Cómo encajaría el juego de Tanoka en una época en la que prevalece un tipo de jugador más polivalente?

Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí. En mi juventud fui un poco más rápido de lo que la gente recuerda, así que creo que todavía podría formar parte de alguno de los mejores equipos de la actualidad.


[1] El autor se refiere a la agresión que cometió Tanoka sobre Voskuil durante un partido amistoso y que le costaría una fuerte sanción de la LNB.

[2] André Turner, base de la Penya durante la época de Tanoka en Badalona.

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Antonio Herrera: “La estadística avanzada es el siguiente paso a dar en Europa”

Antonio Herrera, entrenador asistente en Unicaja Baloncesto, ha estado viviendo la experiencia NBA desde dentro como parte del staff de Los Ángeles Clippers en la Summer League.

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Foto: Alberto Tenorio

El Martín Carpena permanece callado. Da sensación de soledad, incluso. De encontrarse de vacaciones. Antonio saluda a un empleado del pabellón y nos reconoce, entre risas, que el personal le conoce bien porque pasa “todo el día en la oficina”. El entrenador tiene una presencia imponente y una voz que abre oídos. No es muy alto, pero tampoco lo necesita. Sin saber por qué, de esos que se ganan la atención sin necesidad de esforzarse.

Decide enseñarnos su lugar de trabajo, equipado, cómo no, con sendas pizarras, imágenes motivacionales y material para trabajo de vídeo. Reconoce, después de pedirnos tuteo, ser lector de Skyhook Magazine y se muestra agradecido por que compartamos su experiencia como asistente de Sam Cassell en el equipo de los Clippers en la pasada Summer League de Las Vegas.

Para empezar veo obligatorio esto. ¿Cómo se fijan desde fuera en un entrenador asistente, que es un trabajo difícil de apreciar? ¿Cómo ven, en este caso, desde la NBA, su trabajo?

Yo creo que, a nivel general, la NBA está muy interesada en conocer cada vez más la metodología de trabajo que hay en Europa. Sus entrenadores y por supuesto sus jugadores, especialmente los más jóvenes. Cuando ellos contactan conmigo a través de haber tenido ya un cierto contacto en otras ligas de verano lo hacen precisamente por esto, por lo que ellos puedan ver que hace Unicaja, cómo es nuestro juego, nuestra metodología de trabajo. Ellos tienen scouts por toda Europa y, evidentemente, la mayoría de las franquicias envían sus scouts a los equipos NBA. Algunos de ellos incluso nos ven entrenar y están unos días aquí. Y ese ha sido un poco el motivo por el que ellos se fijan en mí, por el trabajo que hacemos en Unicaja, y me dan esa oportunidad.

Contactan con usted, ¿a través del club?

Ellos contactan conmigo directamente pero luego hay unos requisitos a cumplir a través del club. Hay un primer contacto para saber si estoy interesado y en cuanto empezamos a hablar sobre la posibilidad, ellos contactan con el club y van hablando desde finales de la temporada pasada. Cuando llegamos a un entendimiento por el que podía estar autorizado para ir, se formaliza todo.

Hay algo muy interesante. Antes nos has hablado de cómo la NBA busca expandirse en Europa. Es la experiencia de la Summer League y cómo jugadores europeos van a probarse.

Creo que los jugadores que destacan en Europa quieren estar en el mejor lugar posible y esto en el baloncesto es la NBA, Estados Unidos, y creo que una ambición lógica de cualquiera es probarse con los mejores. Y es allí donde están. Así pues, la liga de verano es un escaparate y una oportunidad para muchos jugadores que juegan en Europa de que estos scouts y estos general managers puedan verles en directo enfrentándose a jugadores que están en la NBA o a punto de entrar.

Otro aspecto importante de la Summer League es cómo se mezclan en los equipos jugadores que podríamos llamar currantes y otros que son casi estrellas, o incluso lo son. ¿Hay diferencia en el trato entre estos?

Sí. Hay aspectos muy interesantes. Este que tú dices es una de las inquietudes que yo tenía antes de ir. Ver cómo era el trato y la forma de trabajar con los que ya pertenecen a la franquicia o están a punto de entrar y los demás. Hay otro aspecto que me motivaba muchísimo, ver cómo ellos en ocho o diez días unificaban o intentaban aplicar la visión de juego que tenía el primer equipo con jugadores que no eran de la franquicia, que venían de distintos puntos.

En el caso que yo he observado en mi experiencia de Summer League, viviéndola ahora desde dentro, es que obviamente el jugador que pertenece a la franquicia directamente o alguno que estaba cedido en otro país o en otro equipo tiene más importancia en el entrenamiento y el juego. Es normal que en el entrenamiento tenga un trato diferente porque se conocen de todo el año. Bien porque han entrenado con ellos o bien porque están en otro sitio pero han tenido un seguimiento. Los demás vienen nuevos, así que es normal. En el juego también tiene sentido que los jugadores que más les interesan tengan más oportunidades.

Alberto Tenorio

Sobre esto que hablamos de tener jugadores distintos y con distintos papeles, imagino que en la planificación tendrá un papel importante el desarrollo del jugador técnica y tácticamente. ¿Tu papel allí cuál era?

Creo que como todo el proceso que se realiza en Estados Unidos con los entrenadores ayudantes, no solo en NBA, también en NCAA, todo es progresivo. Este primer año hemos querido conocernos y sobre todo mi mayor aportación ha sido explicar cómo hacemos nosotros las cosas que ellos entrenan. Así, yo he estado presente en la vida de ellos, todas las horas que estaban en el pabellón, las sesiones de vídeo, las sesiones dobles…

Digamos que yo no tenía un trabajo específico, sino que estaba en todo; pre-entrenamiento, post-entrenamiento, edición de vídeo, etc. Y cuando explicaban o desarrollaban el entrenamiento querían que interviniese continuamente explicando ese tipo de defensa cómo la trabajamos nosotros, o tal ataque contra tal defensa específica. En el vídeo igual. Tienen un programa de vídeo diferente, ni mejor ni peor, y tanto en el scouting del rival como en el post-partido nuestro querían que les enseñase cómo hacia los vídeos. Yo creo que esa ha sido mi mayor función allí y en lo que más han invertido. Estoy convencido de que esto irá a más en años sucesivos. Espero que sea así.

Leí un artículo muy amplio que escribió en Solobasket en el que hablaba de grupos de trabajo, número de asistentes y entrenadores en general trabajando con cada franquicia. ¿Cómo se organiza eso?

Todo en la franquicia era muy meticuloso. Evidentemente estamos hablando de una realidad diferente. Tengo la fortuna de trabajar en un equipo de primer nivel, de Euroliga, pero hay un abismo respecto a recursos. Allí sí hay un cuerpo técnico muy amplio, pero cada uno con una tarea muy específica, y yo no he visto que ellos se salgan de ahí. Dentro de la distribución que ellos tenían había un entrenador jefe que era Sam Cassell, el primer asistente de Doc Rivers, y aparte de él había dos entrenadores dedicados al ataque, más otros entrenadores de fundamentos, de detalles, e incluso había uno mayor que estaba como asesor.

Pero ellos se limitaban a sus funciones, y cuando preparábamos el entrenamiento y hablábamos del mismo, cada entrenador en su área comentaba sus impreiones, o Sam Cassell les preguntaba a cada uno dentro sobre algún ejercicio determinado. Y en el entrenamiento igual. Si había un ejercicio de defensa lo explicaban los entrenadores de defensa y Sam intervenía en momentos determinados.

Sobre esa amplia ventaja que tienen respecto a sistemas y programas utilizados, me parece muy interesante la estadística avanzada, su uso allí. ¿La ves, de algún modo, implantada en Europa?

Evidentemente, para mí, el uso de estadística avanzada es el siguiente paso que tenemos que dar en Europa. Es probable que haya equipos que ya la estén utilizando o que estén a punto de utilizarlo, y hay empresas que van a apostar fuerte, pero es que ellos lo tienen en el día a día. A mí me sorprendía muchísimo cómo utilizaban la estadística para, no solo el equipo nuestro de Summer League, cuando había conversaciones sobre el primer equipo y claramente ellos tenían definido cuándo el equipo rendía en la pista, cuándo coincidían tres o dos jugadores concretos en pista, cuándo con un jugador el equipo recibía más puntos aunque él anotase… Y eso me parecía de un valor extraordinario a la hora de gestionar tu equipo y por supuesto a la hora de reclutar, para lo que utilizan muchos recursos.

Volviendo al número de asistentes, quería que me comentara, además de la cantidad, cómo de diferente es la planificación y el trabajo de un grupo norteamericano a un europeo.

La principal diferencia es el número. Cuando tienes en un cuerpo técnico ocho entrenadores y en Europa puedes tener tres, o hasta cuatro en el caso de un equipo de máximo nivel, la distribución del trabajo hace que se cuide más el detalle. Ellos tenían distribuidos jugadores a nivel individual, pues no es lo mismo distribuirse una plantilla entre tres entrenadores que entre siete, esto es obvio. Así se le puede dedicar más tiempo al jugador, más tiempo al post-partido para fijarte en jugadores. Nosotros, por ejemplo, en la Summer League, cuando un jugador era sustituido, un entrenador con un iPad podía sentarse a su lado porque le estaba haciendo un seguimiento exclusivo a ese jugador porque le interesaba a la franquicia. Creo que se abarca el mismo tipo de trabajo pero al distribuirlo más pues pueden ir más al detalle y estar más pendiente de un jugador en concreto.

Sobre el número, en Baskonia este año se ha firmado recientemente a un entrenador, Sergio Valdeolmillos, con incluso más nombre que el principal y Prigioni en una entrevista reciente habló de cómo tener más asistentes aumenta la eficiencia porque, por ejemplo, en un ejercicio de tiro hay más pases y por tanto más tiros. ¿Ve en este sentido una americanización en Europa?

Bueno, allí en los Clippers por ejemplo teníamos dos compañeros que ni siquiera intervenían en la pista. Estaban en la oficina, con una pantalla gigante, viendo el entrenamiento desde allí, con el programa de edición de vídeo iban cortando situaciones del entrenamiento que nos valían después en la reunión post-entrenamiento para preparar el del día siguiente. Entonces, aumentar el número de entrenadores hace que tu trabajo sea mejor, más detallista y con mayor rigor en la ejecución.

Luego, el caso de Baskonia no lo conozco desde dentro. Dices que hay un entrenador asistente que tiene incluso más nombre que el principal. Lo que no podemos ocultar es que un exjugador tiene evidentemente una credibilidad inicial, creada por la experiencia, que hace que tenga ese tipo de oportunidades como va a pasar en Baskonia con Pablo Prigioni. Creo que ellos muchas veces tienen esa capacidad de ponerse en lugar del jugador por haber estado allí, pero también, la gestión de grupo requiere una efectividad en el manejo de emociones, saber cuándo tomar distancia, etcétera. Si hay una apuesta por tener un cuerpo técnico más amplio, el resultado va a ser positivo siempre, y no solo en este ejemplo que es claro, el del tiro. A la hora de pasar, de contar, de exigir… Cuantos más haya, mejor. Si no, a la hora de estudiar al rival, porque si nos fijamos en Estados Unidos, que creo que es imprescindible, también del cuerpo técnico había entrenadores que solo se dedicaban al estudio del rival. No sé si Baskonia tiende a una americanización o no, pero bienvenido sea si hay una clara apuesta por tener más entrenadores.

Allí en la Summer League tuvo la presencia de dos entrenadores jefe, como Sam Cassell y Doc Rivers con el que, aunque no trabajó, creo que tuvo contacto. Habiendo un grupo de trabajo tan amplio quizá no se entienda la importancia que tiene un entrenador jefe carismático.

Yo creo que en el volumen de partidos que hay en la NBA y que hay en Euroliga, el entrenador carismático es cada vez más importante. Porque el número de partidos hace que también aumente la preparación del partido, los detalles, los problemas, las lesiones, los jugadores, distintas dinámicas, la obligación de que el equipo reaccione a un mal o buen resultado, y esto lo tiene que hacer un entrenador carismático.

La figura del entrenador que abarca todo en el entrenamiento, en el partido, tiende a desaparecer por completo para que los entrenadores ayudantes cada vez asuman más papel. Y eso tengo la fortuna de vivirlo aquí desde el primer día. Allí, en la Summer League, Doc Rivers intervenía puntualmente y eran intervenciones excelentes. Puntualizaba lo que quería decir claramente, el mensaje adecuado en el tiempo adecuado, mientras Sam Cassell era quien llevaba al equipo con energía, con presión, con todos los detalles, etcétera. Me han parecido muy interesante esas dos características.

Antes hemos hablado sobre los jugadores que son casi estrellas. Los entrenadores carismáticos son, prácticamente, gestores de ego, ¿no?

Es muy importante. Ahora mismo hay un par de entrenadores en la NBA en los que me gusta fijarme mucho. Uno es Brad Stevens, que después de triunfar en una universidad muy pequeña, en Butler, y llevarlos a la Final Four, consigue entrar en una gran franquicia que apuesta por él claramente con un ejemplo de una nueva gestión de jugadores. Él maneja muy bien esos egos, incide mucho en el lado positivo del jugador, más que en los errores, y está llevando al equipo de una manera tan extraordinaria que llama la atención en toda la NBA.

Y hay otro entrenador que, yo creo, está marcando diferencias en esto, que es Erik Spoelstra. Es un entrenador con mucho carácter que lo gestiona, quizá, un poco diferente a Stevens, pero para mí ahora mismo son dos modelos de gestión de egos y, por supuesto, si nos fijamos en los grandes entrenadores europeos: Ettore Messina, Obradovic, Aíto, Joan Plaza, por supuesto… Son entrenadores que saben perfectamente cómo marcar los roles, gestionar los grupos, etc., porque hoy en día creo que esto es lo que realmente puede marcar la diferencia; la buena gestión del grupo. Y esto incluye los egos.

En Europa, sobre la NBA, también sobre el ego, hay muchos mitos. Viéndolo desde dentro, ¿qué puede decir sobre estos?

Creo que hay una tendencia clara en la NBA a buscar el espectáculo. Hay una presencia de los medios muy grande y quizá esa orientación tienda un poco hacia el individualismo y el físico. Allí en la Summer League habíamos estado diez días tranquilos en Los Ángeles. Con tranquilos quiero decir en nuestro pabellón, con el restaurante, con la cocina, con todo allí, pero fue llegar a Las Vegas y darse un aluvión de medios de comunicación en los entrenamientos y en los partidos tremendo. Eso es verdad, existe, pero también es cierto que ellos venden el producto de una manera extraordinaria y nosotros deberíamos aprender, porque en julio, en Las Vegas, con 45 grados, que una liga de verano en la que cobran 32$ la entrada tenga diez mil personas para ver a los Lakers cada día es increíble, increíble… Y de esto tenemos que aprender.

Yo tengo la fortuna de haber estado con una franquicia en la que el juego en equipo era importante, compartir el balón y defender bien. Y tanto Sam Cassell como Doc Rivers nos incidían mucho en que había que llevarlo así, y al jugador se le ha inculcado desde el primer momento que no queríamos individualismo, que podían ser estrellas en sus equipos, en otro lado, pero no tenían que demostrar más de lo que eran para convencer. Que haciendo lo que sabían hacer ya era suficiente.

Por tanto, yo creo que no son ciertos todos los mitos que hay sobre la NBA. Viéndolo de dentro me han parecido gente con una metodología de trabajo extraordinaria, con un gran cuidado por todos los detalles en la ejecución.

Ahora, sobre el entrenador español en Norteamérica. Tenemos allí a Jordi Fernández, asistente en los Nuggets, ahora tu experiencia. ¿Qué esperas de aquí a unos años vista?

Creo que nosotros estamos lo suficientemente formados como para triunfar en cualquier lugar del mundo, incluido Estados Unidos. Ellos también tienen una cultura en la que no les importa la nacionalidad, la raza, el color… Valoran el esfuerzo, la pasión, el conocimiento, la inteligencia. Y eso nosotros lo tenemos, afortunadamente. Hay una cultura muy fuerte de baloncesto en España y creo que estamos preparados para aportar mucho en la mejor liga del mundo. Ahora está Jordi pero seguro que van a haber más oportunidades para entrenadores españoles y europeos. Ettore Messina está al primer nivel ahí y siempre salen en los veranos rumores de que puede llevar a alguna franquicia, y sin duda la llevará algún día. Yo creo que puede ser una vía muy interesante para nosotros, el poder trabajar allí.

Dice que su papel allí fue, practicamente, exportar conceptos europeos y formas de trabajar. Pero si tuviera que quedarse con algo e importarlo, ¿qué sería?

Yo lo que importaría sería la metodología de trabajo a nivel de grupo, a nivel de staff. Vi mucha organización. Vi al psicólogo perfectamente coordinado con el entrenador para tratar a un jugador o a otro, las reuniones previas al entrenamiento muy bien organizadas con todo el entrenamiento preparado y cada uno interviniendo en su parte. Me quedaría con ese estudio del entrenamiento por parte de dos entrenadores dedicados exclusivamente a esto.

Creo que la estadística avanzada es algo que deberíamos importar aquí lo antes posible y que nuestros clubes y directores deportivos lo deberían valorar y tener en sus presupuestos como cualquier otra partida porque me parece muy importante.

Luego, por último, lo que también me ha marcado muchísimo es la importancia que ellos le dan a la confección del equipo. Por eso ellos invierten en tener scouts por todo el mundo, en tener informadores por todo el mundo, en dedicarle mucho tiempo al conocimiento del jugador. Y yo creo que eso nosotros, aun con menos medios, deberíamos tender a ello. No escatimar en esfuerzos para conocer personalmente y profesionalmente a los jugadores que podemos tener en el club.

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Lagarto De La Cruz: “En Madrid no me querían, pero Lolo Sáinz intentó ficharme dos veces”

Un caso atípico. Un hombre atípico. Entrevistamos al internacional español y mito del Barcelona, que nos cuenta su trayectoria vital desde Argentina hasta la España franquista.

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Recuperamos esta entrevista al Lagarto De La cruz, de#Skyhook7, un número en el que revelemos la relación histórica y actúal entre la liga ACB y Argentina y que todavía podéis conseguir aquí. 


Llegó a España de casualidad, y casi sin darse cuenta, formaba parte del juego interior de aquel Barcelona ochentero que tantas veces lo intentó en Europa. Le recordaremos siempre por ser miembro del mítico equipo español de Los Ángeles del 84. Tras retirarse, se asomó a los medios de comunicación en aquellas míticas retrasmisiones de La Sexta junto con Andrés Montes. Con Juan Domingo de la Cruz Fermanelli (Pasteur, Buenos Aires, 6 de febrero de 1954) podríamos hablar de una toda una época de nuestro baloncesto, y nos faltarían horas. Él fue el primer argentino en jugar aquí, cuando aquel salto todavía no era ni siquiera probable.

¿Te consideras un pionero?

Creo que al menos a  un nivel de primera división, creo que sí fui el primero. Para nosotros en Argentina en esa época el básquet era un deporte secundario, allí el fútbol , como en toda Sudamérica, era el deporte rey, por lo que no te planteabas jugar al baloncesto como profesional.

¿Se seguía por aquella época el baloncesto europeo en Argentina?

Si te soy sincero, cuando me dijeron Barcelona, miré en un mapa, porque pensaba que era un pueblo de Italia. En esa época, te lo juro, nos metían el NO-DO en Argentina, y todo era Real Madrid, Franco, el fútbol…. Yo no era demasiado seguidor del básquet, pero a raíz de que un tío mío me llevara a ver un torneo en el Luna Park en el que jugaban España y Argentina, tuve un primer contacto directo con el baloncesto. Recuerdo que estábamos allí y un señor, que luego resultó ser Manolo Padilla, el delegado de la selección española durante muchos años, me dio un pin que guardé durante años. En esa selección estaban Rullán, Santillana, Manolo Flores… Yo esa época no tenía pensado ni empezar a jugar, pero me vieron por la calle, me convencieron… y a los dos años estaba por España.

Cuéntame eso. A mitad de los setenta Eduardo Portela viaja a Argentina, a San Lorenzo, y vuelve con un chaval para España, que se pone a jugar con todo un Barcelona.

Yo por entonces jugaba en San Lorenzo de Almagro, éramos la sección del típico club de fútbol, pero por aquella época nos llamaban la catedral del básquet, porque era el equipo campeón. Fue cuando el Barcelona hizo una gira de varios partidos por Argentina, y en un torneo en Mar de Plata, se supone que teníamos que jugar contra ellos. Digo se supone porque no ganamos nuestra semifinal, y no llegué nunca a jugar contra el Barcelona.  El caso es que ahí me vino Ranko Žeravica, y estuvo hablando conmigo, me preguntó si tenía familia en España… Yo pensé que quedaría todo en nada, pero al poco tiempo El Gordo Portela se puso en contacto conmigo y me animó a dar el paso de venirme a Europa.

Y llegas a España como extranjero.

En un primer momento me tuvieron escondido, solo entrenaba, pero el tema de mi nacionalidad salió rapidito. En menos de mes y medio ya tenía los papeles porque era todo muy legal, muy trasparente. Mis abuelos eran de Salamanca, así que soy un oriundo, pero legal, no de los que aparecieron últimamente por aquí. Hubo uno que apareció diciendo que sus padres eran de Celta de Vigo […] En principio la idea era cederme al Manresa, pero Ranko quiso que me quedara en el equipo. Yo llegué con un año de contrato que enseguida se amplió a tres, y así hasta los doce años que estuve.

Llegas en 1975…

Venía con una idea distorsionada de España. Recuerdo que les dije a mis padres: “Tengo ilusión por conocer a Franco”. Fíjate como veníamos nosotros. Estuve diez días en un hotel y luego me metieron en una familia catalana. Entonces un día estoy viendo la tele y pasó lo que pasó. Hubo una fiesta en la casa, cava catalán… Yo estaba alucinando. Luego te vas dando cuenta de por qué te llaman polaco en Madrid, porque en el Palau cantaban un himno que no era el español… Todo eso que ya conocemos, pero para un tipo que viene de Argentina con veinte años, imagínate.

Foto: FC Barcelona

¿Y el salto a nivel baloncestístico?

En Argentina entrenábamos un par de horas por la tarde, después de trabajar. Recuerdo que ya en Barcelona nos regalaron dos pares de zapatillas de Converse, que nosotros no las veíamos ni en foto. Era otra historia. Y luego Ranko, que nos metía tres horas por la mañana y tres por la tarde. Fue un cambio total.

Fueron doce años en Barcelona con muchos cambios. De Liga Nacional a ACB, de la hegemonía del Madrid al Barça…

Yo tuve una etapa para mí que no fue buena, que fue la de Kucharski, en la que casi ni entrenábamos. Recuerdo que nos decía, “si queréis podéis venir a hacer un poquito de tiro, pero en vaqueros…”. Yo lo respeto por todo lo que fue, pero para mí fue muy negativo. Ganamos una Copa del Rey al Zaragoza que le sirvió para que siguiera un año más, que claro, no terminó, porque no hacíamos nada. El resto de etapas bien, yo no me puedo quejar, desde el club siempre he recibido buen trato a nivel directivo, y con los entrenadores, unos mejor, otro peor.  El problema de aquella época es que en la zona solo se fichaban extranjeros. No era normal que se fichara un americano para ser base o alero, así que yo me tenía que ganar el puesto contra ellos. Yo me hice la mentalidad de que tenía que hacerme ver en el campo, y al final casi siempre acababa jugando los minutos importantes.

Y esos últimos años con Aíto…

Fue la última etapa, en la que ya estaba claro que él no contaba conmigo. Lo que pasa es que las cosas hay que decirlas más claras. Cuando traen a Trumbo y se nacionaliza me dijeron que cualquiera se podía quedar fuera, hasta Epi, y eso no te lo comes…

¿Aíto no te llegó a decir directamente que no cuenta contigo?

No. Él me decía que no lo tenía decidido, cuando yo sabía que había hablado con periodistas de que con la llegada de Trumbo me iba a quedar fuera. Pero Núñez me convenció. Yo hablaba directamente con él, porque en esa época no había representantes. Él no entendía cómo yo, siendo internacional, me iba a quedar fuera. Recuerdo que Marcos Alonso, el padre de Marquitos Alonso, me dijo: “Te voy a dar un consejo, del Barcelona, que te echen, nunca te vayas tú”. Núñez me subió la ficha y me dijo que si al siguiente año me quedaba fuera me podía ir a cualquier otro equipo menos a la Penya o al Madrid.

Al final esa generación del Barcelona ha quedado un poco olvidada. Por ejemplo, te he leído en alguna ocasión reivindicando que la camiseta de Chicho Sibilio debería estar retirada.

Me saben mal casos como el suyo, que estuvo allí tantos años. Creo que se lo merecía. A lo mejor luego ves alguna camiseta por ahí que dices… Bien no se portaron. Por ejemplo, yo he tenido que ir a una Final Four en Turquía y acreditarme con una radio. Que no te digo que me paguen el pasaje, simplemente acreditarme para entrar al pabellón. Esos detalles me parecen bastante desagradables que tu club, habiendo estado doce años allí, no te digan, aquí tienes una acreditación…

Háblanos de la época de la selección.

Yo le debo mucho a Díaz Miguel. Me ayudó cuando en mi club no era muy reconocido. Es el entrenador que más me ha marcado, y te puedo decir a otros jugadores igual, como Fernando Romay. Para él los pívots eran sus jugadores, sus niños. Luego cuando me retiré me llevó de ayudante, a Barcelona, a Roma… Y eso es una experiencia que me sirvió para decidir que no quería ser entrenador.  No quiero ser entrenador de estos mamones de profesionales, entre los cuales yo me puedo incluir.

¿Cambia mucho ser un jugador de club, a de repente tener que ir cambiando de equipo casi cada año?

Ahí tuve que cambiar el chip, en el sentido de que tuve que hacer un trabajo específico de pesas para coger más peso, porque donde yo iba tenía que absorber más minutos y jugar en una posición más de cinco puro. Me fui a Valladolid, donde estaba Pesquera en el primer año, y en el segundo Laso. La primera temporada fue muy buena para nosotros. Recuerdo que incluso le ganamos al Barcelona en casa. Era un equipo de currantes. El segundo no estuvo tan bien, con muchos cambios de americanos. Luego me fui a Manresa y el último año… bueno, fue el año en el que me llamó Boza.

¿Y qué pasó?

Yo siempre cuento que Aíto me echó dos veces. Estaba Maljkovic en el Barça y entonces me llamó Manolo Flores, pidiéndome que fuera a entrenar con ellos. Aíto era el director deportivo y recuerdo que esos días estaba también Magic Johnson. Total, que voy a entrenar y al día siguiente veo en el periódico unas declaraciones de Maljkovic sobre mí, poniéndome como un jugador veterano que conoce el club, que si me pongo en forma contaba conmigo…  Yo no entendía nada. Es entonces cuando va a inaugurar el Sant Jordi con un Opel McDonald’s y Maljkovic me invita a jugar. Después de casi cuatro años fuera, era como un sueño.  Como todavía estaba relativamente reciente mi marcha, me encontré con todo el Sant Jordi aplaudiendo.  Yo no podía ni moverme. Para mí fue de las cosas más lindas de mi vida.

Después de ese torneo me llamó Aíto, y en la reunión me dijo: el yugoslavo te quiere, pero yo no lo veo factible. Te vamos a hacer ficha pero no la vamos a presentar.  Me dijo que no sabía si era bueno para el club que volviera a fichar. Al mismo tiempo yo estaba hablando con el Taugrés de Herb Brown, que al parecer estaba loco conmigo. Me comió la cabeza… y al final le digo a Aíto que le agradezco el esfuerzo, aunque no era ninguno, evidentemente, y me fui al Taugrés con Chicho, Arlauckas…

Un equipo mítico.

Pegamos el pelotazo de eliminar al Madrid. Recuerdo que le decía a Chicho que no me creía que volviéramos allí. “¡Con lo que me quieren a mí aquí!”, le decía. En Vitoria jugué mucho tiempo porque Ramón Rivas estaba medio tocado, y le ganamos como de quince.  Para mí eso fue un resurgir.

Foto: FC Barcelona

Hoy le he dicho a un amigo, acérrimo del Madrid, que te iba a entrevistar. Me ha contestado con un el cabrón ese…

¿Sabes qué me pasó a mí? Yo en mi equipo tenía a Chicho o a Epi, que absorbían el 60% del juego del equipo. Luego tenía a los americanos… Me dije, o te despiertas y haces algo más, o no te vas a comer nada. Yo me especialicé en la defensa, en el americano de turno. Recuerdo que un día cogí a Óscar, que metía sesenta por partido. A mí me hizo veinticinco, no me jodas. Defender supone contactar más contra el rival. Pero yo no empezaba la guerra, no era sucio, ni daba codazos. Yo sabía que a los americanos les molestaba mucho que fuera pegajoso. Si no hubiera hecho eso habría jugado muchos menos minutos. A mí en Madrid no me quería la gente, pero yo tuve el honor de que Lolo Sáinz me quiso fichar dos años. El año en que Fernando Martín se fue a la NBA, que Antonio se fue a Pepperdine, ellos necesitaban un pívot  más. Y me ofrecieron, y además bien.

Ha habido épocas de hasta veinte argentinos en la liga, y ahora solo hay cinco. ¿A qué se debe?

Creo que tuvimos la suerte de que coincidió con que tuvimos a la Generación Dorada, y que la mayoría pasaron por España, en el Taugrés, lo que al jugador argentino le dio un plus de reconocimiento. El argentino, ya sea en fútbol o básquet, tiene una garra especial, y ahora además vienen con una clase muy importante. ¿Que ahora falta otra generación? Es ley de vida, y también puede pasar aquí.

¿Qué diferencias ves en uno u otro caso?

Yo lo veo más difícil para Argentina. En España hay más jugadores jóvenes, lo que pasa es que tengo el miedo que tenemos todos cuando ves que en la ACB el jugador joven y con futuro se tiene que buscar la vida en otro sitio, como en las universidades americanas, porque aquí ven a uno o dos jugadores nacionales en cada equipo de ACB con suerte. Eso creo que puede afectar al futuro de la selección.

Foto: FC Barcelona

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Entrevistas

Fotis Katsikaris: “Yo era un petardo hasta que Cosic me cambió por completo”

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Justo una semana antes de anunciarse oficialmente su vuelta al banquillo de UCAM Murcia, Fotis Katsikaris nos concede su única entrevista desde el pasado verano.  Conciencia tranquila, mirada limpia y unos valores que le han llevado a ser reconocido como entrenador de primer orden europeo. Desde el primer momento nos recibe simpático, incluso bromista, para crear un clima de confianza que convierte una entrevista en una charla en la que uno imparte y dos aprenden. De baloncesto y vida.

Ahora mismo sin equipo, ¿por decisión personal o porque no ha llegado el tipo de oferta que te gustaría?

En la vida de un entrenador tienes que estar preparado para cualquier cosa que te pueda suceder. Después de la temporada pasada y el Preolímpico con la selección llega la oferta de Lokomotiv Kuban –tarde, puedo decir-, que me genera ilusión por poder competir en las dos competiciones y, sobre todo, crear un proyecto. Soy un entrenador de proyectos, que pueden ser de uno, dos, tres o más años, como ha sucedido en Bilbao, por ejemplo. Pero la idea era esa, en un equipo con muchos cambios respecto al año pasado, formar un proyecto e invertir mi trabajo, como siempre he hecho en todos los clubes en que he estado.

Desafortunadamente, no ha salido bien porque no ha habido la paciencia suficiente por parte del club. Fueron sólo ocho partidos oficiales los que disputé, en un equipo con tantos cambios, y hasta encontrar una química, conocer a los jugadores y aunar todo, nos encontramos con malos resultados. No ha salido como esperaba, pero es algo que puede pasar. Pero sí, me gustaría trabajar, me gustaría estar en un banquillo lo antes posible.

Te sorprendió, por tanto, que Lokomotiv quisiera acabar con vuestra relación tan pronto. El acuerdo era por tres años y supongo que cuando te ofrecen eso están convencidos de que eres el entrenador ideal y que lo vuestro para largo.

Siempre depende mucho de la química. Me baso mucho en la relación química que se puede crear dentro de un entorno, y parece que no estábamos en la misma línea el presidente y yo.

¿Detectaste eso muy pronto?

Sí, ya en el primer mes vi ideas diferentes, que no estábamos en la misma sintonía. El equipo estaba hecho, yo sólo hice tres fichajes y, la verdad, el equipo no tenía forjada una identidad, no podías aún valorar hasta dónde podía llegar. El presidente quería volver a la Euroliga, y eso es fácil decirlo, pero hay mucho trabajo detrás que no se puede hacer con tanto nerviosismo. Hay que tener mucha paciencia, encontrar a cada uno su rol, juntar todas las piezas…

Ahora mismo tienes 49 años, y llevas 19 entrenando. Supongo que tenías muy claro que quería ser entrenador.

Sí, y no desde que terminara mi carrera como jugador, sino desde mucho antes, y en mis últimos años ya lo tenía clarísimo. Esa pasión me la han transmitido la experiencia y la suerte que he vivido de tener como entrenador a Kresimir Cosic, una leyenda no sólo del baloncesto europeo, sino mundial. Es él quien me cambió. Primero como jugador, porque yo fui un petardo que jugaba de base y sólo miraba la canasta, haciendo locuras con el balón en mis manos, y me transformó a un jugador con mucha cabeza, lectura de juego y pensando en lo que un base debía hacer para sus compañeros y el equipo. Me cambió totalmente el chip y me hizo ver el baloncesto desde otro ángulo.

Siempre cuento esto cuando me preguntan. En Atenas tengo mi casa en el sur de la ciudad, y el pabellón del AEK está en el norte. Entre tráfico y demás tardaba prácticamente una hora en llegar desde mi casa al pabellón. Esa hora me la pasaba entera pensando en el entrenamiento: los errores de la sesión anterior, qué tengo que hacer para mejorar… Pasé de estar siempre muy nervioso a que antes de empezar a entrenar ya estaba preparado mentalmente. Ahí fue cuando vi el baloncesto de una manera diferente, con mayor detenimiento. En esa época el baloncesto en Grecia no era profesional, era medio amateur. Tenías un sueldo, pero no contrato, y no era algo a lo que pensaras que te podías dedicar.

Hablamos que yo tenía 22 o 23 años, que lo normal es disfrutar y simplemente pensar en jugar, entrenar y ya está. Y este señor –Cosic- me cambió completamente. Me enseñó también a ser mejor compañero, y un lema que siempre digo es que lo más grande que puede conseguir un jugador es ser mejor compañero. Hay jugadorazos, hay estrellas, pero hay muy pocos buenos compañeros. Tener respeto dentro del vestuario, igual sin tanto reconocimiento de cara al público, pero conseguir que estén todos unidos, es la clave para conseguir los objetivos. Pasé a convertirme en un líder de equipo, pero de esa manera, hasta que en mis últimos años mis entrenadores me llamaban coach, porque fui muy pesado: siempre con preguntas, queriendo tener el control, sugiriendo para quién debíamos jugar o dónde obtener ventajas… No tenía talento puro, pero sí ese control de juego.

Miki Rodríguez / Skyhook Magazine

Cuando salgo de AEK la oferta que tengo es de Iraklio, en segunda división y con intención de hacer un equipo para subir a primera, pero en el verano entre mi primer y segundo año allí me lesiono la rodilla y digo “ya está, se acabó”. Tenía muy claro que quería ser entrenador y decidí terminar mi carrera como jugador en alto nivel, no sufriendo por lesiones.

Te retiraste muy joven, sobre todo teniendo en cuenta que ahora cada vez se retiran más tarde los jugadores.

Sí, con 29 años, porque tenía claro que no podía dar más como jugador y llevaba dentro el virus de ser entrenador, así que era el momento de pasar a ello.

Al comentar ese cambio de jugador que sólo veía la canasta a pensar más en los compañeros me has recordado al trabajo que, supongo, pretenderías hacer el año pasado con Facu Campazzo.

Sí, por supuesto, porque cuando te pasa a ti luego lo ves mucho más fácil. Cuando ves a un jugador con esas características como las de Facundo –o como hice con Aaron Jackson en Bilbao-, sin quitar lo bueno que tiene, ves que con ese talento tan especial el jugador puede hacer muchas más cosas para que su equipo gane. No quitar o limitar su juego porque yo sea así como entrenador, sino que por las virtudes que tiene, podrá estar preparado para que si en un partido ha de meter 30 puntos para ganar, lo hará. O en otros partidos, como el de Estudiantes el año pasado, que era muy crítico, será capaz de dar 15 asistencias –como hizo-, 25 o las que hagan falta. Convertirle en un jugador polivalente, que tenga esa capacidad. Tiene el talento, tiene el carácter y, aunque sea impulsivo y eso a veces le supera, es su naturaleza.

¿Te has sentido alguna vez identificado con algún jugador que hayas entrenado?

Hay uno, al que conozco muy bien porque además le he reclutado yo y he estado con él desde muy joven en el AEK: Nikos Zisis. No sé si soy muy objetivo, porque he pasado mucho tiempo con él trabajando individualmente, pero era un jugador muy anotador en categorías inferiores que supo ver mucho baloncesto más allá de ser un goleador. Por supuesto, con mucho más talento y físico que yo, pero es un muy buen ejemplo porque es un jugador nada egoísta, siempre piensa primero en el equipo antes que en él, y es por eso por lo que ha triunfado y está triunfando. Lleva muchos años en Euroliga y ganando títulos con casi todos sus equipos, menos Bilbao.

Volviendo ahora a tu primera etapa como entrenador jefe, esta llega después de haber sido asistente de Kostas Politis, Dusan Ivkovic y Dragan Sakota, y de haber vivido la época con más títulos del AEK –dos Copas de Grecia, una Liga y una Copa Saporta-. Te toca una etapa tal vez de transición, ¿verdad?

Bueno, aunque no aparezca en mi currículum, en mi primer año no estaba Politis, sino mi amigo y excompañero Giorgos Kalafatakis, que llegaba desde Iraklio para sustituir a Ioannidis, con quien no terminó de salir bien el tema. Antes de eso, recuerdo que el presidente de AEK me decía que cuando me retirase tenía la puerta abierta, pero eso lo escuchas tantas veces que no lo terminas de creer. Pero sí era cierto, porque en el primer momento que dije que me iba a retirar, me llamó.

Después de Politis tuve a Ivkovic, que ya sabéis lo que significa en el baloncesto griego y europeo. Yo era muy joven y le tenía –y le tengo- un respeto total, porque aprendí mucho de él. Cuando llegó, él tenía un asistente y un preparador físico desde hacía muchos años, pero un problema con el delegado. Me acuerdo cuando él estaba con Obradovic y la selección yugoslava en el Eurobasket de Francia ’99, que me llamó por teléfono y me dijo: “Tú eres muy educado, eres guapo, tal y cual… De basket no necesitamos tanto, pero sí un buen delegado”. Menuda noche pasé, toda sufriendo, pensando que si le decía que no, me podía echar. Hablé con su ayudante de confianza y le dije que lo que yo quería era entrenar. Le gustó que dijera las cosas a la cara, porque yo no iba a ser feliz siendo el delegado, así que Ivkovic vino un día que estábamos trabajando con los jóvenes en verano a Atenas para hablar conmigo y le dije: “Coach, yo quiero ser entrenador”. Sin hacer la pelota ni diciéndole que quería aprender de él. Directamente. Al final logramos tener una relación muy buena, pese a que no es nada fácil estar con él por lo exigente que es, no sólo con los jugadores sino con todo aquel que le rodea. Es el mejor a la hora de preparar un partido hasta el más mínimo detalle. Pero aprendí muchísimo, una parte de baloncesto, aunque creo que yo soy más flexible que él, pero sobre todo a manejar la euforia, porque no vas a estar ganando siempre, y a gestionar las crisis. Tuve la suerte de hacer, digamos, todos mis cursos universitarios y de formación con Ivkovic, y luego ponerlo en práctica con Sakota, que me daba tanta libertad que le estoy muy agradecido. Esos dos entrenadores me han preparado mejor que nadie.

Aunque antes de esta puesta en práctica, el presidente del AEK, que es un empresario de productos lácteos muy fuerte en Grecia, me dijo, después de Ivkovic y antes de Sakota, que podía coger el equipo como entrenador principal. Pero le dije que no estaba preparado. Puedes sacarte una licencia de piloto y en unos meses llevar un Jumbo desde Atenas hasta Nueva York, pero si a la vuelta hace mal tiempo, lo más probable es que te estrelles.

Y después de tomar las riendas en el AEK, al incipiente Dynamo de San Petersburgo. ¿Qué paso allí, un club que nace y muere en dos años por bancarrota?

Antes de esto, en AEK habíamos estado reclutando con Ivkovic todos los jóvenes de proyección que había en Grecia: Bourousis, Zisis, Antic, Dikoudis, Kakiouzis, Tsakalidis, Chatzis –que era un tirador como ya no hay-… Era un grupo que a día de hoy podía haber ocupado el lugar de Olympiacos, todos jugadores de 19 o 20 años que queríamos que explotasen y de ahí tirar para arriba, pero desafortunadamente el proyecto se cae al perder el presidente el interés por el baloncesto. Los jugadores se empiezan a ir y el club queda en manos de uno de los hijos del presidente, que comienza a hacer cosas que a mí no me gustan y, quedándome aún otro año de contrato, decidí dimitir a mediados de julio de 2005, cuando casi todos los equipos tenían ya entrenador. Creo que fue la primera decisión dura de mi carrera. Tenía a mi familia, estaba en casa, con un contrato muy bueno, jugando Euroliga… Pero todo se tiró por la borda en una reunión. No era sólo una cuestión de química. Si un cristal se rompe no lo puedes arreglar, tienes que comprar uno nuevo.

Ahí tuve la suerte de que una semana después, David Blatt, que era el entrenador de Dynamo, alcanza un acuerdo con la Benetton de Treviso, y deciden llamarme. Me toca otra vez una decisión fuerte, porque mi familia se viene al completo conmigo y vamos a un club sin historia, sin recorrido, sin nada; y mi mujer también tiene sus negocios familiares en Grecia, es un pilar y tiene que dejar todo eso. Hacemos un año muy bueno quedando segundos de la liga rusa, tenemos un equipo preparado para competir en la entonces conocida como Copa ULEB, en mi familia nos mantenemos juntos, los niños aprenden inglés… y nos fuimos para allá sin siquiera pensar la posibilidad de que me podían echar, fuimos para triunfar, sin ningún miedo. No fue algo en plan “te vas tú, a ver qué pasa”. Y eso a mí me ha ayudado mucho, me ha dado confianza en mi trabajo y me ha hecho creer que lo puedo conseguir, sin tener dudas. Y cuando un entrenador tiene dudas es todo muy complicado.

Sin embargo, Dynamo entra en bancarrota y te quedas sin equipo.

Sí, pero ese año nos ayudó mucho a todos como familia. Salí de Grecia con todo el mundo diciéndome que dónde iba, porque por entonces la liga griega estaba muy bien, no era como hoy.

Tú que lo conoces, ¿qué pasa en Rusia? Porque desde fuera se ve mucho dinero pero luego pabellones vacíos, proyectos que se estrellan…

Bueno, los rusos son diferentes, creo yo. Son ganadores, quieren demostrar que tienen poder en plan “esto en un año lo saco”. Dinero. Pum, pum, pum. Ha cambiado ahora, creo, no existe el mismo dinero que en esta época de 2004 o 2005, para ir para allá tenían que pagar un 30% por encima de tu valor y luego además te daban alrededor de otro 30% de tu contrato por adelantado y otras condiciones. Pero no tienen la paciencia suficiente, es difícil trabajar allí. Aparte de CSKA, que es un club donde sí se pueden hacer proyectos una vez pasadas sus tormentas de los 90, su mentalidad es de que “si metemos tanto o cuánto dinero somos favoritos y tenemos que ganar, y si no ganamos, echamos al entrenador”. En el CSKA, después de su derrota en la Final Four de Madrid 2015, mantienen al mismo grupo, al entrenador, siguen confiando en Teodosic y un año después sí ganan. Los rusos son diferentes, pero si superas esa prueba luego puedes entrenar en cualquier sitio. Pero como jugador es distinto, los jugadores lo disfrutan mucho porque lo único que tienen que hacer es jugar, cobrar y nada más.

Miki Rodríguez / Skyhook Magazine

Carlos Cabezas y Raül López comentaban que tenían chófer a cualquier hora del día para lo que quisieran.

Y lo del chófer no es algo extravagante, es normal para ellos. No dejan conducir a los extranjeros en Rusia por muchas razones: conducen muy a lo loco, las condiciones climatológicas… En Krasnodar sí te dejan, pero en Moscú y San Petersburgo no. Pero no es algo tan bueno, porque al final tu vida puede depender de un borracho, y no es broma, eh. Yo en San Petersburgo cambié tres conductores.

Cambio radical al pasar de Rusia a España, para entrenar en Valencia Basket, uno de los banquillos más calientes de la ACB.

Sí, es verdad que se creó esa fama de poca paciencia con los entrenadores. Era un equipo un poco diferente. Tenía a Juan Roig por detrás, con la seguridad que eso da en el tema económico, habían pasado por él grandes jugadores, ganaron una ULEB, llegaron a una final ACB… Querían ser muy pronto candidatos a ganar la liga, pero sin saber la manera de cómo crear la base para hacerlo. Y bueno, me pilló en ese impasse en el que sí que había capacidad para competir, presupuesto para fichar buenos jugadores, pero era un poco que sí, que no, había algunas expectativas no muy reales… Pero para mí personalmente, entrar en ACB era un sueño, siempre la seguía y cuando jugaba contra equipos de aquí decía que cuando pudiese me vendría para acá. Al final, Johnny Rogers y Víctor Sendra me conceden esa oportunidad, y diría que el balance final es bueno.

Cuando tú llegas, llevan dos años seguidos sin entrar en playoffs.

Sí, y me extrañó mucho que cuando me llaman para sustituir a Ricard Casas eran penúltimos en la sexta jornada, pero acabamos séptimos y quien nos elimina es el Real Madrid de Plaza, que gana la liga. Al año siguiente tenemos la pesadilla de la Penya, porque nos eliminaron de la Copa del Rey y en la Final Eight de la ULEB en Turín.

Supongo que ahora te dará cierta envidia sana la estabilidad que han logrado en Valencia.

Ahora sí, es un club diferente. Pero bueno, todo pasa por una razón y tiene que ser así. Tengo muchas amistades en Valencia, siempre le tendré mucho respeto al club, porque es quien me da la oportunidad de llegar a la ACB, y me quedo solo con lo positivo.

Allí entrenaste a Víctor Claver, que parece que no termina de ser el jugador que todo el mundo quiere en España. ¿Crees que le falta algo o que somos injustos con él?

Las dos cosas. Recuerdo que cuando llegué él tenía 18 años y un físico muy potente para su edad. Si recordáis, jugamos en playoffs contra el Real Madrid y le pongo a jugar de 4, con toda la prensa de Valencia machacándome porque dicen que es un 3 y tal, pero como 4 tiene unos números espectaculares y es una posición en la que para él es más fácil entrar en el juego colectivo, porque podemos aprovechar su físico y su tiro con confianza. En aquel momento debía mejorar su juego en el poste bajo y eso luego emplearlo como 3, estar preparado para los cambios y demás. Cuando entró en el equipo lo hizo desde el mismo momento con responsabilidades.

Es un jugador con talento y con físico. Lo que tiene que hacer Víctor, y por supuesto ahora es mucho más maduro, es quitar todo lo negativo que pasa por su cabeza: pensar cómo le miran, qué piensa la gente… Tiene que abstraerse, disfrutar y jugar.

Da la impresión de que le viene bien el segundo plano, y por eso tal vez ha rendido tan bien en Rusia, sin tanta presión.

Sí, por supuesto. Las expectativas que había sobre él no le deberían preocupar. El año pasado en Kuban estaban Delaney, Randolph, Singleton y luego él. Y le vino muy bien. (…) Cabrón, me has hecho daño con Claver. Mucho daño. Sí, porque cuando jugamos contra ellos en el Eurobasket de 2015 estamos que si Pau mete 27, que si Mirotic 18, tal y cual, pero es Víctor quien cambia el partido. Teníamos problemas para defender los bloqueos directos con Chacho y Llull, puse a Antetokounmpo a defender a estos y luego Spanoulis se quedaba con Claver. Tenía que arriesgar y eso nos hizo mucho daño.

Es un jugador que puede ser importante en cualquier equipo, pero se le mira como a una estrella o, el gran error, pensando la pasta que nos gastamos en este u otro fichaje… Son muchos los factores que influyen.

Avanzando en tu carrera, cuando dejas Valencia llegas a un Aris de Salónica del que dimites a media temporada diciendo que has llegado en el momento equivocado y que no has sabido cómo motivar a los jugadores. Es un ejercicio de honestidad muy difícil de ver en un entrenador.

En el caso de Kuban también soy honesto, y no quiero echar la culpa al presidente, porque seguro que cometemos errores todos. Claro, es raro de ver porque los entrenadores, que somos muy diferentes o muy egoístas, parece que si salimos públicamente a decir que nos hemos equivocado la gente lo va a ver como una debilidad. En ese caso me entró pánico. Salí de Valencia en noviembre, no encontré equipo, pasó el verano y tampoco… Ahí ya estás con que si eres malo, no vales para nada, ahora qué… Porque no tenía la experiencia de manejar eso, la paciencia de llevar la situación de que no hubiera un equipo para mí. Y bueno, estuve en un campus en Chipre y Aris jugaba la eliminatoria para entrar en Euroliga contra el Alba de Berlín. Perdieron y, el presidente, con quien yo tenía muy buena relación, me llamó. La plantilla, sobre el papel, era buena y muy conocida incluso aquí en España, con Kakiouzis, Hatzivrettas, Andy Betts, Dikoudis… Yo seguía viviendo en Valencia y ahora estaba de vuelta, pero mentalmente era como si no estuviese por el ansia que tenía por coger un equipo y no quedarme fuera, así que no estaba al 100%. Estuve allí trabajando y veía que no podía, llegaba un momento en que jugábamos bien en EuroCup y mal en liga, con gente que yo tenía como jugador de quien había sido compañero en AEK como Kakiouzis, Betts también fue mi jugador en AEK… Pero no encontramos una química y un feeling todos juntos, y el 6 de enero, cuando perdemos un partido feísimo en casa creo que contra Panellinios, dije que no podía ayudar más. Si me quedaba un día más, era un problema. Querían que me quedase y me propusieron hacer cambios en la plantilla, como el loco de Juan Dixon, pero no, porque me conozco y no podía ayudar más. No era bueno para Aris ni para mí.

Lo que pasa en Grecia, y todavía lo creen, es que yo dejé el Aris por Bilbao. Pero eso surgió en cuestión de tres o cuatro días y, de verdad, fue casualidad. Un sábado jugábamos nosotros, la noche que dimití, y ese mismo sábado perdía Bilbao con Txus Vidorreta en Valladolid. En cuestión de días me llamaron Gorka Arrinda y José Cobelo.

Encadenas dos decepciones como Valencia y Aris, pero llega la mejor etapa de tu carrera como entrenador, Bilbao.

Lo que pasa en Valencia te duele, porque no puedes acabar lo que estás trabajando. Era la sexta jornada, el récord que teníamos era 3-3, no 0-6 o 1-5, y cuando empiezas una temporada te reúnes con los responsables, hablas de los objetivos y trabajas para ello, pero si la temporada acaba tan pronto para ti, ¿cómo vas a valorar tu trabajo? Lo mismo con Aris, pero con la diferencia de que yo era muy consciente de que no podía ayudar al equipo, y estuve ahí exactamente 100 días. Pasado eso, salí de allí mucho más fuerte y preparado para un equipo que estaba hundido psicológicamente como Bilbao.

Están en descenso cuando tú llegas, pero ganáis 12 de 17 partidos en ACB y os metéis en la Final Four de la EuroCup. ¿Qué química tan especial surge entre ti, club y afición?

Sí, eso es fundamental. Esa suerte que tuve espero tenerla en muchos clubes, porque a veces dices que es difícil, pero aquello es irrepetible. Todo se basó en una relación muy honesta entre club, equipo, afición, yo… Aquello fue algo espectacular. Creo que me ayudó que, cuando estuve mal en el Aris, y siempre se lo digo a mi mujer, cuando vuelvo en avión de Salónica a Atenas y me encuentro a la prensa, no puedo ni respirar. En mi casa, en mi país. Y lo contrario en Bilbao, un respiro tan profundo, tan puro…

Hablamos en nuestro anterior número con Paco Vázquez, un tío que ya ganó títulos aquí distintos equipos, y guarda un recuerdo muy especial de aquel grupo.

El padrino del ‘efecto Miribilla’ es él, ¿sabes? Es que aquello era algo más que baloncesto, como que te tenías que superar siempre a ti mismo, cada día y dentro de un grupo. Y eso es lo máximo que te puede pasar como entrenador, porque era algo de todos, hasta el utilero. No era en plan de que te lo pide Mumbrú, te llama Katsikaris, te dice no sé qué Arrinda… Era una cuestión de cada uno de nosotros, querer superarnos respecto al día anterior, y no hablo sólo de partidos. ¿Sabes eso que se dice de que “el cielo es nuestro límite”, “no tenemos techo” y demás? Vale, nos gustaría, pero es que eso nosotros lo hemos vivido de verdad. Ganábamos los partidos y no era en plan de guau, al día siguiente íbamos a entrenar, llevábamos cuarenta minutos de 5×5 y era lo mismo. Y vaya partidos. Me acuerdo, en 2011, del partido en que eliminamos a Valencia, que fue un partido perfecto: táctica, carácter, personalidad, basket… Todo.

Miki Rodríguez / Skyhook Magazine

Aquel año que os metéis en la Final de la ACB después de eliminar a Valencia Basket y Real Madrid, ambas eliminatorias con el factor cancha en contra. Mucho carácter.

No sólo eso. Antes, perdemos contra Fuenlabrada en casa faltando cinco jornadas de liga y nos quedamos fuera de playoffs. Ahí es cuando yo creo que nace todo. Coincidimos en un restaurante –ya tarde-, Gorka, Cobelo y yo con Mumbrú y Hervelle, que estaban ya allí. Y en ese momento parecía que ya no íbamos a hacer nada, teníamos tres de los cinco partidos fuera y existía un poco el miedo de fracasar, porque nuestras expectativas eran de entrar en los playoffs, era para lo que habíamos trabajado. Pero empezamos a ganar, vamos partido a partido, ganamos los cinco y quedamos sextos.

Cinco seguidos para entrar en playoffs, igual que el año pasado en Murcia.

Sí, lo mismo. Y además en Murcia nos toca el Madrid, y tú estás en plan de “¿te imaginas que puede pasar lo mismo?”. Pero en fin, aquello de Bilbao creo que no era baloncesto. Nada de tema táctico, era una cuestión de corazón, de fe. Y cada vez más.

¿Es Bilbao el ambiente más ‘griego’ que has visto aquí en España? Pabellón lleno, mucho carácter, un modo de vida algo distinto…

Sí, seguramente, pero en Bilbao cuando pierdes no te abuchean como en Grecia (tono de broma). Pero sí, en cuanto a animar, empujar, apretar al rival y a los árbitros, sí que es muy parecido.

De aquel grupo destaca tu gestión con los bases. Aaron Jackson llega joven, con una gran proyección y toda su carrera por hacer, y Raül López viene de Madrid ahora teniendo que llevar un rol diferente, tal vez: más cerebral, mirando mucho por el compañero, siendo un tutor para Jackson… ¿Es especial para ti esa combinación, dado que es un poco el punto intermedio en que te encuentras tú como jugador cuando cambia tu carrera?

Sí. Cuando tuvimos la oportunidad de fichar a Raül López, Aaron Jackson no tenía experiencia en Euroliga aunque había hecho una temporada muy buena llegando a la final de la ACB, pero ahora le venía un paso adelante, para el equipo y para él necesitábamos un jugador experimentado y Raül López era un ‘regalo’. El momento, el timing, era perfecto tener estos dos bases. Aparte del carácter que tenían los dos, porque son dos profesionales pero también dos chicos muy positivos entre los que había ninguna actitud rara. A partir de ahí, logramos hacer un equipo para poder competir tanto en ACB como en Euroliga, lo cual no era nada fácil, pero hacemos una Euroliga espectacular. ¿Quién lo podía creer? Perdemos por 16 en Madrid, necesitamos luego ganar de más para pasar al Top 8, y ganamos por 24.

Unos cuartos de final espectaculares contra el CSKA, a quien casi empatáis en Bilbao la eliminatoria de acceso a la Final Four siendo un equipo debutante.

Sí, pero de las dos palizas allí en Rusia me fui muy enfadado, porque fue como en una pelea de boxeo en la que te pegan, te pegan y tú tienes que reaccionar. Y respetábamos tanto al CSKA –porque tenían un equipazo-, que estábamos como atenazados. Recuerdo que terminamos de allí un viernes a la una de la madrugada y luego el domingo por la mañana jugábamos en Sevilla. Teníamos que emplear todo el sábado en llegar a Madrid, y de ahí en tren hasta Sevilla, a donde llegamos a las nueve de la noche y de ahí vamos a entrenar, y aquí es donde creo que se ve cómo está el equipo. Tuvimos una reunión muy fuerte, pero no yo gritando y ellos escuchando, sino hablándonos entre nosotros, mirándonos a las caras, y diciendo que les íbamos a pegar, que no iban a pasar por Bilbao así como así. Les ganamos por 13 y luego en el cuarto partido lo de los árbitros de verdad que fue increíble, pero perdimos por dos puntos y con tiro para empatar de Aaron.

Fue una Euroliga espectacular, la disfrutamos y la aprovechamos todos muchísimo. Siempre le digo a los jugadores, de cualquier equipo en que he estado, que si piensas cada día en mejorar, ser positivo, mirar por el equipo, ser buen compañero… Al final, sin querer y sin buscarlo, te beneficia mucho. Y te llegarán las mejores ofertas. Pero si estás todos los días con el yo, yo y yo, que si mis puntos, mis tiros y tal, no te va a llegar nada. Nada. Y de lo que pasó en Bilbao salimos todos beneficiados. Además, el último año, que estábamos con problemas económicos, tenía yo que mantener el equipo –y gracias a los chicos, la verdad- sin cobrar durante seis meses. Y estamos en Bilbao, que es un pueblo. Y nadie lo sabía. Pero ahí estamos, entrenando, pensando en lo nuestro y de cara a una final de EuroCup. Ya después de eso se hace difícil mantenerlo en secreto. Pero lo que quiero decir es que éramos un equipo. Y es un equipo va a quedar en la historia. Era un ejemplo.

Y acabada esa etapa, te toca tu particular pesadilla como seleccionador de Rusia.

Llega una oferta de Rusia que, igual, es para mis bisnietos, fíjate lo que te digo. Y además un proyecto muy grande por parte de la federación rusa, con todo lo que representa. Ahí me siento que estoy a punto de tocar el cielo, en mi mejor momento profesional como entrenador. Pero otra vez, por cómo soy yo, no. No podía aceptar algo que empieza una semana antes de la concentración, con la dimisión del presidente –Alexander Krasnenkov-, que es con quien yo había formado el proyecto, harto de presiones internas que no tenía ninguna necesidad de aguantar, porque era uno de los dirigentes de Gazprom. Yo ahí podía taparme oídos y ojos para cobrar, mirando por mi familia, mi futuro y tal. Pero como no puedo funcionar así, dimití y lo dejé todo, aun estando a finales de julio y sin equipo. Ya había dejado Bilbao, con quien me quedaba otro año, pero debí rescindir mi contrato para estar con la selección, y acabé quedándome fuera un año, sin equipo.

Se han leído muchas barbaridades de aquello. Una lucha de egos en la federación rusa que te tiene a ti como chivo expiatorio.

Sí, empiezan con que si no queremos un entrenador extranjero, que debe ser ruso… en fin. Dimito porque, hablando con la presidenta en funciones –Julia Anikeeva- por teléfono, me dice que un entrenador asistente mío que se iba a encargar del scouting ha dimitido. Yo, ni idea de qué estaba pasando. Le digo que quiero este otro, pero me dice que tiene que ser Vasily Karasev, pero yo no quiero porque es padre de un jugador –Sergey-, es sólo un año lo que tiene de experiencia y yo no quiero otro primer entrenador, quiero uno para el scouting, y él no puede hacer eso. Terminamos de hablar y me llega un mensaje al teléfono con el anuncio oficial, hasta con declaraciones suyas diciendo lo orgulloso que estaba y las ganas que tenía de trabajar. Así que yo no podía seguir con eso. Me manipularon.

¿Hablaste con los jugadores de todo aquello?

Sí. Además, uno de los más importantes y un gran profesional como Sergey Monia me pidió perdón y disculpas. Y todos los jugadores me escribían con un mismo mensaje: no queremos que pienses que todos los rusos somos así. Monia fue especialmente duro hablando de todo esto ante la prensa en Rusia, pero allí los periodistas guardan silencio.

Dijeron que querías cobrar doce veces más que Blatt, anterior seleccionador.

Sí, eso dijo ella. Quería mancharme, pero no tenía argumentos.

Miki Rodríguez / Skyhook Magazine

Después de dimitir dijiste que cualquier entrenador con honestidad habría hecho lo mismo. ¿No crees que esa honestidad al final puede ser contraproducente para la carrera de un entrenador?

Tomamos buenas decisiones con instinto, lógicas, intereses… ¿Es esta una profesión normal? No, si lo piensas, no es una profesional normal. Porque no depende de mí, depende de ti: si no metes un tiro libre, si se te escapa el balón… ¿Entiendes? Y te voy a decir más: podemos un ganar un título con mil errores míos, nada de táctica ni historias porque vas y metes 30 puntos. Te digo ambas cosas. Por tanto, pienso que cada uno debe tomar la decisión según cómo es su personalidad, no sólo por las necesidades que tiene. Porque yo también tengo dos hijos, no es que esté solo, sea súper rico y no me importe nada. Pero no puedo. Tengo al dinero aquí –abajo- y a Fotis aquí –arriba-. El dinero no es mi prioridad. He rechazado ofertas de equipos muy buenos, de Euroliga, por no sentir feeling con la gente con la que me siento, y todo el mundo me dice que si estoy tonto. Y en parte tienen razón, porque por romántico o lo que sea, me quedo un año fuera, o me pasa algo como lo de Kuban y ya sabemos cómo va esto de los entrenadores. Pero estoy bien, me siento muy bien conmigo mismo.

Después de esa fallida etapa en Rusia, uno de los nombres a los que se te liga mucho es el Real Madrid, en un momento en el que Laso está muy discutido. ¿Problemas de ese feeling del que hablas?

¿Qué quieres que te diga? Algún día voy a escribir un libro, seguro. Creo que va a ser interesante. Divertido e interesante. Y creo que vamos a abrir un capítulo muy grande, no del tema del Madrid, sino de los clubes que están buscando un entrenador de un perfil o un entrenador de moda. Cuando digo de moda, hablo de que hacen una temporada buena. Cada verano hay hot names de entrenadores, ¿por qué? Porque hacen una buena temporada, pero hace dos años parece que no eran buenos. O al contrario, también hay entrenadores que a lo mejor hace tres años hacen una buena temporada, luego otra medio OK, y luego otra vez abajo. Es muy curioso todo el sistema este que existe para los entrenadores por parte de los clubes. Porque un club que tiene una filosofía no puede tener una lista con todos los entrenadores que hay, en plan “vamos a por Phil Jackson, y si no, a por Doc Rivers, y si no, a por el siguiente”. Eso no puede ser así, tienes que ver primero como club qué baloncesto quieres jugar, conocer a ese entrenador que te interesa y ver cuál es la línea de trabajo que vais a seguir juntos, el perfil de los jugadores… Y no hablo sólo de España, hablo de todo el mundo. Entonces, pues bueno, hablar de esto del Madrid pasados los años… Hubo contactos, pero tampoco merece la pena hablar de eso ahora. El verano pasado también –estar ligado a clubes grandes-, pero es algo que no puedes controlar y es lo que te toca.

Sorprende que para continuar tu carrera elijas un sitio como Murcia, que realmente nunca había hecho nada importante.

Sí, pero lo de Murcia era lo que te decía antes. Hablé con Alejandro Gómez y José Miguel Garrido, aparte de que les conocía de unos años antes porque habíamos coincidido en varios eventos, y me cayeron muy bien, como personas primero y luego hablando de basket. Y puedo decir que no tengo ningún reparo ni me da ninguna vergüenza venir a Murcia. Además, yo estaba con la selección griega y ellos no tenían problema, con el riesgo que supone llegar más tarde a la pretemporada. Seguimos hablando y me gustó mucho el reto de dar ese salto que tan cerca que se estaban quedando de dar, y eso requería un esfuerzo tremendo. Sorprendió a mucha gente, cada uno con su interpretación: que no tenía equipo, que quería volver a España… Pero al final ha sido un año que he disfrutado mucho, ¿y sabes qué es lo que la gente no entiende? Que desde el mismo día en que yo era oficialmente entrenador de UCAM Murcia teníamos un cartel: favoritos para los playoffs. En uno de los equipos de media tabla, y no puedes fallar. Y eso pesa. A mí personalmente no, porque ya lo sabía y me gustó el reto.

Pero a algunos jugadores sí podía pesarle ese cartel, porque coges un equipo que el año anterior se había quedado a punto y contigo siguen nueve de esos jugadores.

Claro, porque vienen de hacer ya una gran temporada, pero en esta partes de que tienes que estar sí o sí. ¿Por qué? Porque tú eres un entrenador con currículum, se mantiene en bloque de jugadores, etc. Pero no puedo estar desde el primer día en la pretemporada, vuelvo de la selección con un grupo que está entrenando, pero con una mentalidad diferente, y hasta que aprendemos lo que queremos hacer, o lo que estaba queriendo yo, y conozco a mis jugadores para sacarle rendimiento… Todo esa lleva tiempo. Pero no lo teníamos. Uno de los objetivos era entrar en la Copa del Rey, pero por uno o dos partidos y otra tontería no entramos, y nos encontramos con que si esto es un fracaso, que si tal…

¿Te sorprende precisamente eso, que la gente se pueda echar encima pese a que nunca se había entrado en Copa ni playoffs?

No, no me sorprendió para nada, de verdad. Lo que me sorprendió positivamente fue la reacción del público, con mucha paciencia conmigo a pesar de que perder es culpa del entrenador, y con mi equipo. Y cada vez teníamos más apoyo, sin conseguir buenos resultados. Eso creo que es la clave, y la gente no lo sabe. A mí la afición me ha apoyado y me ha arropado tanto que les estoy muy agradecido, igual con el equipo, que no jugaba nada nervioso en Murcia. Cuando empezamos la liga nos toca un calendario muy complicado, con los equipos de Euroliga en las primeras jornadas, perdido con polémica el primer partido… Pero no bajamos los brazos, y después de cada derrota la gente tenía más argumentos para poder hablar de algunos jugadores o del grupo en general, pero apoyaba. Y en el proceso es un año que yo he disfrutado mucho y en que he aprendido mucho también. Luego al final desde fuera es muy fácil decir que si este jugador vale, este otro no, este vale para Euroliga, aquel nada, tal… Pero trabajamos cada día con estos jugadores, como Antelo, y lo digo en su favor porque ya sabemos cómo es, que le cuesta mucho soltar el balón y dar ese pase extra a la esquina, pero al acabar la temporada es algo que tiene en su repertorio. Y no me quedo con uno solo, sino que todos estos jugadores, dentro del proceso de jugar como equipo y en colectivo, van mejorando.

Hay jugadores a los que sacas mucho rendimiento: Antelo, Facu, Radovic…

Radovic llega un poco bajo de forma, nervioso por querer dar un paso adelante. Pero una vez cogido el ritmo, en la competencia que había entre él y Antelo por el mismo puesto, se ayudaron mutuamente los dos, y eso nos hizo crecer mucho equipo. Luego con otros como Scott Wood, con quien trabajamos mucho individualmente porque yo creo que en esta liga debía jugar de 2, podíamos haber obtenido mejor resultado, pero entra también el factor de cómo es cada uno.

¿Tal vez muy introvertido, difícil de conocer?

Pero eso es algo normal. Me refiero a que uno reacciona o no. Pero repito, no es nada fácil que a un equipo como UCAM Murcia le digan “tienes que estar sí o sí en los playoffs”. Y hablamos de la ACB, no de cualquier liga. Eso te exige mucho como jugador, como entrenador, como profesional y como todo. Y ese reto me gustó realmente mucho. Pero para mí no es ninguna sorpresa, tienes que currar todos los días y trabajar como equipo por ello, porque estar en los playoffs por primera vez en tu historia no es nada fácil.

Entre medias te toca gestionar la difícil papeleta de la salida de Lima y la entrada de Faverani casi al mismo tiempo, dos jugadores que son muy distintos.

Sí, era una dificultad con la que trabajamos ya desde el principio, porque a mí me hubiera gustado que Lima se quedara, y a veces era pesado con la dirección deportiva porque jamás me relajo, nunca disfruto en plan “qué bueno es Benite”, vamos a tirar cohetes y tal. Siempre estoy pidiendo más cosas. Lo hablábamos con Alejandro y José Miguel, que en muy pocos momentos hemos estado relajados, tomando un café y simplemente disfrutando, porque siempre estábamos pensando en cómo mejorar –también es la manera de crecer-. Era muy difícil, porque Faverani estaba en proceso de recuperación y aún por coger la forma, Lishchuk tenía problemas para seguir dando todo lo que estaba haciendo… El cambio también llega en el momento en que parece que estamos pillando cómo defender los bloqueos directos, saltando con Lima, y otra vez tienes que adaptarte a una nueva manera defensiva, esperando atrás y buscando cómo tapar tus debilidades.

Pero el equipo estaba ahí, con todas las carencias que podíamos tener y la regularidad que nos faltaba a veces, estábamos compitiendo. Y además, éramos un equipo del que todos los entrenadores se estaban quejando. Era muy curioso, me sorprendió mucho, porque llegaba en las previas, no después. Pero si vamos por la plantilla del año pasado, jugador por jugador, aparte de Facu –que no es un jugador que pegue pero es muy pegajoso- y Rojas, ¿quién más? Lishchuk era fuerte pero muy noble. ¿Scott Wood? ¿Benite? ¿Cabezas? ¿Antelo? Pero no me disgustó, porque si nos veían así es porque nos tenían respeto y que nosotros teníamos una identidad como equipo.

¿Esa identidad o esa dureza mental era uno de tus retos con este equipo? Al principio de la temporada pedías al grupo que se quitara complejos de encima, que el parqué y las canastas son iguales en todos sitios.

Eso fue lo más difícil. Porque no es que no me escucharan o que no me oían. Igual no lo creían. ¿Cuál es mi trabajo? Convencerles. Vamos a probar eso, como mínimo vamos a perder menos balones. Pero por favor, lo que no quiero es salir a una cancha blanditos, que nos pasen volando por encima. A mí me duele mucho eso, porque al final acaba el partido y estás pensando “podía haber hecho eso”, “podía haber intentado aquello”, y así es como peor te puedes ir de un partido. Sí que puedes salir a por todas y que te pasen por encima igual, pero que sea luchando y dando todo lo que tenía cada uno. ¿No meter? Bien. ¿Cometer errores? Bien. ¿Pero ser blando, sin sangre y estar deseando que acabe el partido? Da igual contra quien sea, siempre te tocará contra algún equipo que tenga un pedazo de entrenador, una estrella que no hay quien la pare, un tirador que no falla ninguna, etc. Pero cuando después de jugar contra ti se van pensando “qué pesados estos cabrones”, tú te has creado una identidad.

Es lo que hicimos en Bilbao. Había partidos que jugábamos fatal, pero podíamos llegar a los dos últimos minutos del partido con opciones que si no hubiésemos forjado esa identidad no habríamos tenido. Y hemos ganado partidos sólo por eso.

El año pasado se ve a otro UCAM Murcia en los partidos apretados, sobre todo en la segunda vuelta, y parece definido que en ese tipo de finales juegan Cabezas y Campazzo juntos, con Carlos de 1 y Facu de 2. ¿Crees que este fue un aspecto muy clave en la mejora final del equipo?

¿Qué te he dicho? Fíjate la diferencia entre mis dos últimos equipos, la paciencia que había en Murcia y la prisa que tenían en Kuban. Y yo sé que me he equivocado con algunos jugadores. Cuando digo que los jugadores tienen que conocerme, también tengo yo que conocerles a ellos. En Murcia llegó un momento en la segunda vuelta que vi que los momentos más críticos tenía que jugarlos con los dos bases en la cancha. En la primera vuelta no. ¿Por qué? Porque no había conocido tanto a mis jugadores. En Kuban no he tenido la oportunidad de hacerlo, y repito que yo me he equivocado, ahora están jugando de maravilla y ganando partidos, pero me hubiera gustado tener tiempo para conocerles. Yo no digo que sea perfecto y que lo sepa todo, estoy hablando de algo que llega con el día a día. El año pasado al principio vi que tenía a mi base, mi tirador, mi especialista defensivo… Podías ganar partidos así, pero al final tienes que probarlo todo. Y además, cuando pierdes es cuando te salen las ideas, cuando tienes que morder, probar cosas… Si pierdes siempre de la misma manera tienes que cambiar algo, y fue así como llegamos hasta el esquema ideal para nosotros.

¿Cuándo sabes que no sigues en Murcia?

Fue tan tenso y bonito el modo de acabar la temporada… Perdiendo en casa contra Manresa y la manera de como perdimos en Santiago contra Obradoiro, pudimos pensar que habíamos tirado la temporada, con todo el trabajo que habíamos hecho, y la lástima y la decepción nos inundaban a todos. Pero ni ahí, ni luego entrando en playoffs, ni después de jugar contra el Real Madrid, pasaba por mi cabeza si iba a seguir o no. Además, apenas tenía tiempo de pensar, porque tenía que salir muy rápido al Preolímpico con la selección, no tuve muchos días en Murcia para quedar con la gente y no tenían claro lo que querían hacer –y muchos pensaban que tenía un contrato más largo, no por sólo un año-, así que fui agente libre. Yo esperaba –lo he dicho en algunas entrevistas y he sido siempre sincero- que un equipo como Murcia, que iba a jugar dos competiciones, hiciese un esfuerzo, aunque no sé cómo quedaron mis palabras, porque me han dicho que al presidente no le gustaron.

Hace no mucho dijo que no volverías a entrenar a UCAM Murcia mientras él fuese el presidente.

Ya, pero lo que quiero decir es que ni el club tenía claro de qué presupuesto dispondría, qué equipo hacer, los cambios, etc. Creo que también se iba a partir con el mismo presupuesto, y si no me equivoco ahora es de menos. Cuando hablé con Alejandro Gómez le dije que, para yo seguir y hacer algo en EuroCup, tenía que haber un proyecto de verdad, hacer un esfuerzo por mejorar la fisionomía del equipo y mantener el nivel en las dos competiciones, que no es nada fácil. Sin hablar de dinero, ni del mío ni del equipo. No hubo noticias, tampoco una vez acabado el Preolímpico, así que tampoco entramos en una negociación.

Desde que mismo termina la liga se comienza a ligar tu nombre a grandes de aquí. Se habla especialmente de Baskonia y Barcelona, así que Murcia también te sirve a ti para revalorizarte como entrenador. Digo esto porque el hecho de llegar a un club de menor entidad no es algo a lo que se atrevan muchos entrenadores de primer nivel, pero a ti te refuerza.

Pero si yo fuese a Murcia con la mentalidad de recuperar mi nombre en ACB y pensando sólo en eso, fracasaría. Seguro. Y yo cuando digo que sí a Murcia, voy con todo: mi piel, mi corazón… Todo. Me gustó lo que me contaron y vine. No busqué aprovecharme de Murcia porque así luego podría estar mejor, ni estuve pensando en acabar bien la temporada para después esto o lo otro. Si hubiese pensando eso habría salido mal todo, y lo digo por experiencia, porque me ha pasado, y además a mí se me nota mucho en la cara si no estoy entregado. Pero hace ya diez años que la gente me conoce en España y los clubes saben cómo soy como entrenador e incluso como persona, porque no es difícil. Con una entrevista ya puedes hacer una radiografía de más o menos cómo soy.

Antes de dejar Murcia. El verano de 2015, antes de incorporarte al equipo, estás con la selección, pero antes de eso estás como entrenador asistente de Indiana Pacers en la Summer League de la NBA. Y más de diez años antes has sido scout internacional para Boston Celtics. ¿Hay un sueño NBA?

Hay un sueño, la verdad es que sí, y si mañana tengo la oportunidad de ir allí, iré.

Da la impresión de que igual que hace veinte años se abren las fronteras para los jugadores, ahora lo hacen para los entrenadores.

Claro. Y es normal, porque los americanos son listos. Cada vez hay más jugadores internacionales, y así para ellos es imprescindible ahora tener un entrenador internacional, y si es europeo, mejor. ¿Cuál es el problema a veces? Que hay muchos entrenadores para los que es muy difícil dejar su estatus económico y profesional en Europa e ir allí con otras condiciones, y tienen miedo. Estamos hablando de que es cerrar un ciclo, porque aquello es otro mundo, y empezar una nueva etapa desde cero en Estados Unidos. Porque sí que hay entrenadores europeos, pero no de los que han entrenado a altísimo nivel en Europa –salvando casos en los últimos años como los de Messina en Spurs, Spahija en Hawks o Chris Fleming en Nets, aunque él es americano-. De ese tipo de entrenadores hay un hueco.

Pasa un poco como con los jugadores, que pueden ser grandes estrellas aquí pero allí son otro rookie más.

Sí, pero con los entrenadores es distinto, aparte de que cada equipo no trabaja lo mismo y el grupo de trabajo de los entrenadores es diferente. Pero ir allí y adaptarse a la mentalidad que tienen los jugadores americanos –que no tiene nada que ver con la de aquí- es difícil, porque allí quienes tienen el control y mandan son los jugadores, no los entrenadores, salvo Popovich.

El mismo verano de la selección de Rusia tuve una oferta para ser primer entrenador de los Vipers en la NBDL, el filial de Houston Rockets. Lo pensé mucho, pero al final dije que no. Entrar en D-League no era algo que quería, aunque también es una puerta como la que ha tomado Jordi Fernández -asistente en los Nuggets-, y que también está muy bien como camino para entrar en la NBA. Es un sueño. Y lo estoy buscando.

Así pues, ¿no sería extraño verte otra vez este verano en Summer League?

Depende. Ahora sin la selección parece que voy a tener más tiempo, aunque creo que mi hijo va a acabar el último año del colegio allí en Estados Unidos y tengo asuntos que arreglar, pero sí, lo más seguro es que esté en Summer League como parte del cuerpo técnico de algún equipo.

Cambiando futuro por presente, ¿cómo ves a la selección griega en esta nueva etapa?

Es complicado hablar de la selección. Son horas y horas de trabajo y por algunas cosillas no puedes sacar conclusiones. Es una combinación de mucho. Fue una experiencia muy bonita para mí y de la que estoy muy orgulloso, de verdad. No tengo palabras. Ser entrenador y llegar a dirigir una selección como la griega, que es tu país, sabemos perfectamente lo que significa. La conclusión que yo puedo sacar es que ni te hace mejor entrenador, ni te hace peor entrenador, porque son muchas las cosas que pueden pasar en un torneo. Lo primero, es que no sabes desde el principio quién va a estar disponible. Luego, que la suerte influye en los sorteos de grupos y los cruces. Hay muchos factores implicados, por eso digo que o eres un entrenador experto que ha estado muchos años con la misma selección, o no es un torneo lo que te hace mejor o peor entrenador.

Tengo un récord de 14-3, tres derrotas que nos dolieron mucho porque fueron en los cruces, y contra qué equipos: primero Serbia, que llega a la final del Mundial contra Estados Unidos; luego España, que gana el Eurobasket; y luego Croacia, que gana en la final del Preolímpico a la favorita Italia para ir a los Juegos.

¿Mala suerte?

No me gusta hablar de suerte o no en este caso. Pero lo mejor que saco es sin duda la entrada de Antetokounmpo.

¿Le ves como la próxima superestrella europea, como Nowitzki o Gasol?

Sí, seguro que va a ser uno de esos grandes jugadores, sobre todo por su carácter. No es sólo su juego. Es un chico que la primera vez que le tuve tenía 20 años y parecía que tenía 30. Es muy trabajador, muy analítico en sí mismo, muy serio, pendiente de todo el mundo, siempre centrado… No es un niño, y no hace con 22 años las tonterías que debería hacer, se comporta como un profesional veterano.

Recuerda lo que dices a Doncic, que parece el siguiente que va a alcanzar algo similar y ya se le nota muy maduro en las entrevistas.

A mí me gustaría, y sé que no es fácil ahora mismo, que hiciesen con él como la Penya hizo con Ricky en su día, que no le dejaba dar entrevistas ni declarar ante los medios hasta cumplir los 18. Digo que a mí me gustaría, soy ahí muy romántico, ya sé que el chico es un fenómeno, es el Real Madrid y todo, pero una cosa es la cancha y otra fuera, y es difícil para un chico de 17 años que hasta sale en portadas manejar todo eso. Además, es muy gracioso cuando termina un partido en el que se ha salido y han ganado, cuando le preguntan “¿cómo te sientes?”. ¿Pues cómo se va a sentir?

Para lo difícil de Grecia hago un comentario genérico. Hemos tenido grandes jugadores, algo más de una década –desde los Juegos de Atenas 2004, con la entrada de Spanoulis- en la que hemos tenido el mejor trío de jugadores de siempre en el baloncesto europeo -Papaloukas, Diamantidis y Spanoulis- haciendo un juego brutal y diferente, pero en el sentido de un baloncesto listo, pensativo. Tenemos a todos los periodistas en Grecia diciendo que si el baloncesto pensativo nuestro de siempre y tal, pero no. Eran esos tres jugadores. Sí que es verdad que por lo general los griegos entienden muy bien el juego, y creo que ese es el mayor talento que tiene nuestro jugador, saber ubicarse muy bien en la cancha, entender el tema táctico, oler rápido y reaccionar también rápido. Con estos tres que digo jugábamos un baloncesto yoyó, con mucho control del balón. Pero ahora ha entrado Antetokounmpo, que es un caballo, y tal y cómo evoluciona el baloncesto hacia lo físico y la velocidad, lo que nos falta son tiradores, y ni en lo que hay ahora ni en lo que viene encontramos lanzadores puros. Kostas Vasileiadis es el último.

Y a Antetokounmpo hay que rodearle de tiradores que le generen espacio.

Ahí está el debate interno en la selección. ¿Qué rol puede tener Giannis en la selección si no tiene tiradores? ¿Jugar de falso base como en Milwaukee? Vale, sí, pero cuando penetra y se le cierran todos, necesita tener alguien abierto a quien pasar y que vaya a meter. Es muy fácil jugar contra nosotros así, desde que sube el balón te puedes ver a todo el equipo cerrado en la zona, y así nos cuesta encontrar espacios también para pívots como Bourousis.

¿Y Nick Calathes en ese rol de espaciador?

Sí, pero realmente no tiene tiro. Ahí está lo que digo, que a quien le toca hacer de tirador no es realmente eso. Los rivales lo saben y están esperando eso, no les importa que metas un triple porque saben que no les vas a ganar en base a eso. Y Nick Calathes es muy bueno, como también lo es un 2’14 muy rápido como Kosta Koufos, un Papanikolaou que se está recuperando ahora, Papapetrou que para mí es un jugadorazo, Sloukas que desborda muy bien… Pero falta esa amenaza. Y es muy complicado jugar hoy día sin eso.

Con esta nueva generación de jugadores griegos como los hermanos Antetokounmpo, Sloukas y Papanikolau que todavía son jóvenes, Charalampopoulos, etc., ¿debe Grecia renunciar a su clásico basket-control en favor de un juego más dinámico y con cabida a la improvisación en que estos jugadores se sientan más cómodos?

Sin ninguna duda. Y la idea de la federación cuando me ficharon era esa, combinar y con el tiempo pasar de un baloncesto clásico ultra griego a un juego más dinámico porque yo había estado en la ACB, que es una liga mucho más rápida que la griega. Y creo que, sobre todo en el Mundial de 2014, jugamos un baloncesto muy bueno. Según los expertos de Grecia, la selección nunca había jugado un baloncesto de ese tipo porque estaba acostumbrada a llevar los partidos a marcadores de 60 puntos, pero para ser efectivo y ganar se necesitaba un cambio. Pero están obsesionados con ganar una medalla, y eso creo que no hace ningún bien, porque todas las que hemos ganado han sido sin ir de favoritos.

¿Y en cuanto a tu gusto personal? ¿Te sientes identificado con el tópico griego de entrenador defensivo y controlador?

No. El tema de la defensa se asocia demasiado a cómo va el marcador. A veces partidos de 60 puntos consecuencia de que, simplemente, se están fallando tiros abiertos o bandejas fáciles. Y otras veces, te encuentras partidos de más de 80 puntos que tienen defensas espectaculares pero en los que entra todo por talento como el de gente como Llull. Cuando hablo de defensa no soy dogmático de decir que nos metan menos de 60 puntos. Digo que es lo primero. Para mí, la defensa es como el banco, donde tienes tu dinero con seguridad; y el ataque es como la bolsa, donde apuestas por algo y ganas o pierdes. Son los principios que veo en la defensa y el ataque, pero lo que a mí me gusta es el buen baloncesto, que sea polivalente. Y quiero decir, que no sea “vamos a 100 puntos”, porque si pasa algo en un partido que no va como queríamos, yo quiero que mi equipo sepa jugar y ganar ese propio partido.

Me gusta como filosofía, y jugando lo que quiero es que movamos mucho el balón pero siendo verticales, porque en baloncesto no se gana jugando lateral. Y pase extra. Siempre doy mucho crédito a un pase extra, porque hay buenos tiros, pero hay mejores, y si tienes un buen tiro pero puedes encontrar con un pase a tu compañero que está mejor situado, ahí generas muchas cosas. Por eso dije antes lo de Antelo, porque tenía buenos tiros, pero si tienes a Scott Wood allí en la esquina… Un pase extra te hace feliz a ti, al compañero y a todo el equipo.

Y de mi equipo quiero sobre todo que tenga corazón. No quiero un equipo blando, sin olor y sin color. No me gusta, no puedo entrenar un equipo así. Por lo demás, considero que me adapto a los jugadores y no tengo, por ejemplo, sólo un tipo de defensa –y no hablo de individual o zona-. Soy flexible pero eso a veces no es muy bueno, porque hay jugadores a los que nos les gustan los cambios, y si están acostumbrados a defender el bloqueo directo con flash siempre pero les dices que vamos a saltar cuando el del balón sea Calathes –por ejemplo-, para ellos es demasiado.

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