Stanley Kubrick ideó una de las películas de culto de ciencia ficción, que basaba su relato espacial en el año 2001. En ese momento, una nave abandona la Tierra rumbo a Júpiter, un lugar inexplorado. Un cambio radical, un experimento, un avance. Elementos, todos ellos, que experimentó un bisoño Pau Gasol ese mismo año. Llegó y explotó en la ACB sin avisar. Fue un auténtica revolución, se convirtió en un fugaz referente para el Barcelona y partió a la NBA, aún desconocida para muchos, con la nave cargada de razones para triunfar en el destino soñado. El añorado Andrés Montes le aludiría desde ese instante como E.T. Gasol. Un extraterrestre criado en Sant Boi, espigado, valiente y rápido, llegó a la cima del baloncesto mundial quemando etapas nacionales con unos números y una velocidad de vértigo. Si habrá otro marciano igual, tardaremos tiempo en encontrarlo.

El aterrizaje en la Tierra fue silencioso, desapercibido por todos. Apenas 29 segundos en Cáceres. Algunos más, fechas después, frente a Caja Cantabria y Girona. Era la temporada 98/99. Pau Gasol se convirtió en un fijo en el primer equipo del Barcelona el curso siguiente pero solo promedió 14 minutos y 4 puntos por partido, siendo el decimosegundo jugador con ficha en la primera plantilla. El de Sant Boi empezaba a ser conocido en las entrañas del club catalán, pero no despertaba las curiosidad de la mayoría de los aficionados al baloncesto español.

Para eso hubo que esperar un año más. Entonces sí, la aparición alienígena. El año 2001 de Pau fue inolvidable.

El caso Seikaly

El Barcelona de Aíto García Reneses había contratado al experimentado pívot NBA Rony Seikaly. El jugador de origen libanés, con diez años de experiencia en la mejor liga del mundo, llegaba al equipo con un rol importante, pero su aventura duró apenas tres partidos. Problemas físicos, mala adaptación y algún que otro agravante disciplinario terminaron con la brevísima etapa de Seikaly en el club. La temporada ya había comenzado y el Barcelona sufría un traspiés en su planificación. Lejos de buscar a un sustituto, Aíto fichó a un base, Michael Hawkins, y cedió el hueco de Seikaly a Pau Gasol. Una apuesta arriesgada del técnico que terminó siendo un auténtico descubrimiento. Una eclosión inesperada y veloz.

Sus minutos en el Barça no hicieron más que aumentar. Su primera gran demostración fue el 18 de octubre de 2000, cuando firmó 23 puntos para liderar la victoria de Euroliga del Barça en pista del Buducnost (77-85). En la competición doméstica, Pau Gasol pasaba de jugador secundario a dominante. Y el Real Madrid ya le sufría de manera directa. En el primer Clásico de la temporada 2000/2001 disputado a principios de diciembre, Gasol arrolló a los blancos con tantos puntos como años por entonces, veinte, a los que sumó ocho rebotes. 82-54 ganó el equipo catalán a su eterno rival. En la Ciudad Condal se frotaban las manos con su canterano.

La NBA tampoco era ajena a este crecimiento. Un chaval de 2,15, espigado y rápido, con carácter, control de balón y talento a raudales. Un perfil de jugador, ahora y entonces, suculento para los ojeadores. A Gasol ya se le seguía la pista desde las categorías inferiores de la selección, pero quedaba la duda de su adaptación al máximo nivel. Tras el magnífico año en el Barcelona, cuál sería su próximo destino no dejó lugar a dudas.

Mágico en Málaga

Un viaje a la NBA que tuvo dos episodios determinantes precedidos del peor momento de la temporada. Tal era la importancia de Pau Gasol en el Barcelona, que su ausencia por una operación de apendicitis fue causa principal de la eliminación de la Euroliga ante el Benneton.

Gasol se resarciría semanas más tarde en la Copa del Rey. Y de qué manera. El torneo de Málaga coronó a Pau Gasol como el mejor jugador del panorama nacional. Ni la presión de los ojeadores ni la responsabilidad que con 20 años tenía en el Barça hizo mella en él. El catalán fue fundamental -16 puntos, 8 rebotes y 20 de valoración- para derrotar al Fuenlabrada en el primer partido (98-76) y frente al Valencia, en semifinales, aportó unos destacables 13 puntos, 5 rebotes y 18 de valoración. El Barcelona llegaba a la final sin contemplaciones (69-95), dispuesto a ganar un torneo que no había levantado en siete años.

Y es que nunca habían contado con un jugador tan decisivo y precoz como Pau Gasol. Como si jugará en el patio de su casa, el pívot ofreció una final para la historia ante el Real Madrid el 18 de marzo de 2001. Fue el jugador culé que más minutos estuvo en pista, 31, para firmar 39 de valoración como consecuencia de sus 25 puntos, seis rebotes, tres asistencias, tres recuperaciones, un tapón y ocho faltas recibidas. Nada pudo hacer el Real Madrid para detener al extraterrestre. Ni siquiera le tembló el pulso en sus visitas a la línea de personal (12/14) en los instantes finales del partido. Estábamos ante un jugador único. Por supuesto, el Barcelona venció (80-77) y Pau fue nombrado el MVP de aquella Copa.

Pau Gasol Gigantes

Foto: Gigantes

Incluso el entrenador del Real Madrid, Sergio Scariolo, se rindió a Gasol tras el partido: “Lo hemos intentado todo para frenarle, con una zona, con una mixta, con distintos hombres sobre él. Pero no ha habido manera. Desde los tiempos de Drazen Petrovic el baloncesto europeo no había tenido un jugador de estas características, capaz de hacer tantas cosas en una final”, declaró el italiano.

El propio jugador recuerda con entusiasmo esa Copa: “Jugamos un torneo increíble y la final contra el Madrid fue muy emocionante. Siempre será uno de los momentos más significativos en mi carrera y que recuerdo con especial cariño”. Gasol declaró tras la final que veía “casi imposible” jugar en la NBA la temporada siguiente. Sin embargo, años más tarde reconoció que la Copa del Rey fue un punto de inflexión y el escaparte principal para su desembarco en Estados Unidos: “A partir de ese momento cogí mucha confianza y no quería dejar de seguir mejorando como jugador. La verdad es que teníamos un grandísimo equipo que me ayudó mucho en mi progresión”.

De Madrid al cielo

El “casi imposible” de la NBA se fue transformando en una idea real a medida que transcurría el resto de la temporada. El Barcelona fue el líder de la liga regular con un balance de 29-5 y en Playoffs arrasó con un 9-0. Los últimos tres partidos, tres exhibiciones ante el Real Madrid en la Final de la ACB de aquel año. El Barcelona devolvió el envite del año anterior a los madrileños por medio de su joven adalid.

Pau evidenció en esas finales una madurez extraordinaria para su edad. Ya nadie dudaba de su liderazgo en la plantilla azulgrana, y a Gasol le sentaba bien cualquier traje que le tocara ponerse. Como ejemplo, el primer partido, donde cedió protagonismo a sus compañeros y se preocupó del trabajo en la pintura. Pau capturó 11 rebotes, sumó 12 puntos y valoró 20. El Barcelona encarrilaba el título al vencer a los blancos 81-73 en un abarrotado Palau Blaugrana.

El mismo escenario volvió a disfrutar de la victoria de los suyos en el segundo partido. Ahora sí, Gasol adquirió el papel protagonista para sumar 17 puntos, 6 rebotes y 24 de valoración. El Barça ganó con un ajustado 80-77.

Por último, la guinda al pastel en Madrid. El último partido de Pau Gasol con la camiseta del Barcelona. 22+10 y 37 dígitos de valoración. Así de grande fue la huella final del alienígena. Gasol daba el título al Barcelona (84-96) y se convertía en el mejor jugador de los Playoffs.

La NBA ya no era una quimera: esperaba con las puertas abiertas al mejor joven español, miembro también del segundo mejor quinteto de la Euroliga. Pau, por su condición de menor de 22 años, solicitó por carta su inclusión en el Draft de ese mismo año 2001. Su crecimiento exponencial le otorgaba un puesto alto y un futuro prometedor. No iba a América a calentar el banquillo y agitar la toalla.

El 27 de junio de 2001, Atlanta Hawks eligió al de Sant Boi en el tercer puesto. El ‘pick’ más alto hasta el momento para un europeo sin pasar por una universidad americana (el holandés Rik Smits fue elegido en segunda posición en 1988 pero poseía esa condición). Los Hawks, ilusos ellos, le traspasaron a Memphis Grizzlies a cambio de Shareef Abdur-Rahim. Aún se están lamentando.

El resto es leyenda viva del baloncesto español y mundial. Hoy se escriben sus últimas páginas, y en Barcelona sueñan con mirar al cielo y volver a ver la nave de Pau aparecer en el Palau. Sería el epílogo perfecto para cerrar un círculo indeleble al paso del tiempo.

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