¿Quién no querría en su equipo a un jugador capaz de anotar desde fuera y desde dentro, de rebotear, de asistir, de botar, de entender el juego con inteligencia y que además es un excelente defensor? Éste es el lujo con el que cuentan este año los Golden State Warriors de Steve Kerr.

Draymond  Green se ha convertido, en su tercer año en la liga, en  uno de los principales artífices de la genial temporada que están cuajando los Warriors. No en vano es considerado uno de los mejores defensores de la liga y uno de los que más ha progresado en su juego. Así lo confirman sus segundos puestos en las votaciones al Most Improved Player y al Defensive Player of the Year, sólo por detrás de Jimmy Butler y Kawhi Leonard respectivamente.

Nacido hace 25 años en la pequeña ciudad de Saginaw, en el estado de Michigan, recibió toda su formación cerca de casa. Primero en el high school de su ciudad natal, dónde su gran papel le valió para recibir ofertas de las universidades de Michigan y Kentucky, aunque finalmente se decidió por Michigan State. En los Spartans completó los cuatro años de ciclo universitario a las órdenes del prestigioso Tom Izzo, y a pesar de contar con pocas oportunidades en la primera temporada, su gran aportación saliendo desde el banquillo  como sophomore le hizo conseguir el premio al mejor sexto hombre de la Big Ten. En los dos últimos años, ya con el papel de protagonista, lideró a su equipo y se llevó el premio al Big Ten Player of The Year, además de lograr unirse a Oscar Robertson y Magic  Johnson en la lista de únicos jugadores que han logrado más de un triple-doble en el torneo final de la NCAA.

A pesar de su gran carrera en el baloncesto universitario, las dudas en cuanto a su adaptación a la liga, sobre todo en lo que se refiere a su altura (2,01) para jugar de power forward, y al exceso de peso que en aquel momento tenía, le hicieron caer hasta el puesto 35 del Draft del 2012, en una elección que llegó vía Brooklyn a  los Golden State Warriors.

En su primera temporada como profesional no consiguió hacerse un hueco como titular en la rotación de Mark Jackson. La gran temporada de David Lee y la falta de experiencia en el puesto de alero, no le permitieron contar con muchas oportunidades en temporada regular y su aportación fue escasa. El hecho de no tener un rol específico en el equipo bajó su rendimiento y sus porcentajes de tiro fueron realmente pobres. En los playoffs contó con más minutos en pista y pudo cuajar buenas actuaciones en las series ante Denver Nuggets y posteriormente San Antonio Spurs, dónde cayeron eliminados.  Fue una temporada de formación  y rodaje para el ex de los Spartans.

En el verano de 2013 trabajó su físico y perdió más de 10 kg para mejorar su rendimiento en la cancha. Como sophomore, fue ganando confianza con el paso de los partidos, y con ello llegaron más minutos y una mejora sustancial en su acierto en el tiro. Se convirtió en pieza importante en la rotación aportando siempre desde el banquillo. Con la llegada de la post-temporada, Green dio un paso adelante y fue uno de los jugadores clave del equipo en la eliminatoria ante los Clippers. Pese a que el equipo cayó en una igualadísima serie que se fue hasta el séptimo partido, el forward de Michigan contó con más de 30 minutos por partido y cuajó grandes actuaciones cimentadas sobre todo en una excelente defensa. La continua progresión a lo largo de la temporada, sobre todo en el tramo final, hacía presagiar que podría ser un jugador muy a tener en cuenta la siguiente temporada. Y así ha sido.

En la presente temporada, ya con Steve Kerr como entrenador, Draymond Green ha sido una de las sensaciones de la  liga. Su polivalencia y su gran cantidad de herramientas en ataque y en defensa, unidas a un carácter que le ha hecho conectar completamente con el público que llena día tras día el Oracle Arena de Oakland le convierten en uno de esos nombres que hay poner en negrita cuando hablamos de rendimiento en el presente curso. Saliendo desde la posición de ala-pívot, ya totalmente afianzado como titular, es un escudero de auténtico lujo para los Splash Brothers. Green no es ni será una súper estrella ni un jugador franquicia, pero es el tipo de jugador que cualquier equipo con aspiración al anillo querría al lado de su líder. Ha realizado excelentes defensas ante los mejores aleros y ala-pívot de la liga, ha taponado tiros, ha robado balones y ha capturado más rebotes que nunca. Probablemente sea el jugador más completo en defensa de la NBA actualmente. No da por perdido ningún balón y su esfuerzo y sacrificio son realmente encomiables.

Steve Kerr no ha tenido dudas respecto al potencial de Green, y ya desde los primeros partidos le dio la confianza y protagonismo que se había ganado la pasada temporada.  No defraudó ante las expectativas de su entrenador y se acopló rápidamente a su nuevo rol en el equipo. Es de sobra sabido que el potencial ofensivo de los de la bahía de San Francisco es brutal. Con Curry y Thompson formando el mejor backcourt ofensivo de la liga, no debemos engañarnos pensando que son un equipo que simplemente se dedica a atacar y descuida la defensa. Es posible que a los Warriors de pasadas temporadas les faltase subir ese punto de intensidad en defensa para convertirse en firmes candidatos al anillo. Y eso ha sido lo que ha traído Steve Kerr. A los Splash Brothers no se les puede pedir que, aparte de anotar 45 puntos por noche, hagan una defensa asfixiante, así que eligió a Draymond Green para subir el nivel atrás e imponer esa ética de trabajo en defensa. Dicho y hecho. El plan de darle los galones en defensa ha salido a la perfección y ahora son un equipo más fuerte que nunca. Espectaculares y eficaces en ataque, pero también intensos en la defensa.

Si hubiese que describir a Draymond Green cómo jugador, bastarían tres palabras: Intensidad, Inteligencia y Polivalencia. Intensidad cada segundo que está en cancha, es un jugador de raza. Mucho coraje y mucho sacrificio, unidos a un carácter fuerte y extrovertido, es lo que ha hecho que haya encajado tan bien con la filosofía de éste equipo. Ésta cualidad es la que le permite también un rendimiento tan alto en defensa. También es evidente que goza de una gran inteligencia para ver el baloncesto (basketball IQ). Sabe cuándo tiene que tirar, cuando tiene que trabajar para Curry o Thompson, y además tiene una gran visión de juego. Es capaz de dar el pase acertado y encontrar al compañero mejor colocado. Y por último, una gran polivalencia. Esto es lo que le permite ser un jugador determinante. Aporta en todos los aspectos del juego, y puede jugar como small o power forward. Sus números no mienten; este año ha promediado 11.7 puntos, 8.2 rebotes, 3.7 asistencias, 1.3 tapones y 1.6 robos por noche, y en playoffs está mejorando esos números. Casi 14 puntos, más de 10 rebotes y más de 5 asistencias por noche en lo que llevamos de post-temporada. Quién sabe qué futuro le espera al bueno de Green si mantiene ésta progresión constante. Desde luego que si los pupilos de Kerr consiguen el anillo, tendrán en Draymond Jamal Green a uno de los artífices de esta gloriosa temporada.

A todo ésto hay que añadir que éste verano se convertirá en agente libre. Todo hace pensar que su sitio está en Golden State, pero sin duda será una de las piezas más deseadas del mercado.