La temporada llegó a su fin para el Unicaja y después de una más que digna semifinal contra el Barça, es hora de hacer balance y poner nota al segundo año de la era Plaza.

Durante la liga regular se pudo ver al Unicaja más eficiente, llegando a liderar la tabla clasificatoria durante 2/3 de la competición. Intratable en casa y con solo 4 derrotas fuera hasta mediados de abril. El Unicaja pasaba entonces por su mejor momento. El balance 24-4. Juego coral y efectivo fácilmente identificable con el estilo de Joan Plaza. Estas fechas coinciden con el adiós en Euroliga. El equipo se queda fuera del top 8 tras una participación discreta, quizás a remolque de los buenos resultados en la liga nacional. Este Unicaja prometía liarla como dijo Plaza a principio de temporada. Sin embargo, a partir de aquí y ya con solo 1 partido semanal, el Unicaja incomprensiblemente se viene abajo.

Cinco derrotas consecutivas (2 de ellas en casa) condenaron a los malagueños a la tercera plaza, perdiendo así el factor cancha en unas hipotéticas semifinales. Los resultados y sobretodo las sensaciones sobre el parqué hacían presagiar unos play-offs complicados y unos cuartos de final peligrosos ante Laboral Kutxa. Pero el equipo recuperó antiguas sensaciones al calor de su público y eliminó a los baskonistas por 2-1 con menos dificultades de las previstas. Esperaba el Barça en semifinales, y ya por entonces se intuía el protagonismo que cobraría en la eliminatoria el ansiado “factor cancha”.

Ni el más loco de los guionistas habría sido capaz de inventar una serie tan disparatada y llena de giros dramáticos. Se alargó hasta el último minuto del quinto partido dejando un final tan épico como cruel.

Los dos primeros partidos en Barcelona fueron entrenamientos con público para los de Pascual. +31 (con ventajas rondando los 40 puntos durante el partido) y +21 fueron las rentas de los catalanes en sendos choques. Un Unicaja desconocido y desdibujado levitó por el parqué del Palau. Y de reojo, la otra eliminatoria, donde Valencia le ponía muchas piedras en el camino al campeón de Europa.

Las sensaciones no podían ser peores y la serie viajó a Málaga disfrazada de puro trámite. Unos querían sentenciar por la vía rápida, otros al menos competir y recuperar la dignidad ante su gente. En la cabeza de Plaza se dibujaba la quimera de volver a Barcelona.

A partir de aquí los argumentos del equipo malagueño se sustentaban en la épica. Los viejos del lugar cuentan que el público del Carpena era capaz de empezar los partidos endosando parciales de 10 y hasta 20 puntos a 0 a cualquier rival. Y así empezó todo. La leyenda del “infierno verde” resucitó a los guerreros de Plaza y tiraron de orgullo para ganar el tercer partido. Eso sí, después de una prórroga que dejó a los malagueños extenuados.

El cuarto partido fue muy diferente. Otro giro. Unicaja parecía al límite de sus fuerzas y oteaba las vacaciones en el horizonte. Pocos sospechaban que el mejor Unicaja de la temporada reaparecería para, golpe a golpe, noquear al todopoderoso Barcelona antes del descanso. Partido casi perfecto, donde la diferencia en rebotes dejaba a las claras el nivel de esfuerzo y concentración de cada equipo. Unicaja iba en serio a por la final. El “infierno verde” remató la faena quemando el orgullo de los jugadores blaugranas.

De vuelta al Palau. Las espadas en todo lo alto. Era una final. 60 valientes en representación de 10.000 estaban convencidos de que sí se podía. Otros 5.000 vestidos de azul y grana no estaban muy de acuerdo. Como no podía ser de otra forma el partido fue tenso, con dos partes muy igualadas. La primera con dominio verde, la segunda con el Barça intentando abrir brecha sin éxito, ya que a cada envite respondían los malagueños apretando los dientes. Un Unicaja bravo y valiente puso al Palau boca abajo pero, el peso de la historia estaba en su contra. Nadie antes había remontado un 2-0 en semifinales. Todo se decidió en el último minuto. Unos cuantos segundos en zona más de la cuenta y un error defensivo, liberó a Navarro que sentenció las ilusiones de los insurrectos.

Tristeza y orgullo. La temporada acabó de la forma más cruel. Momentos de frustración y rabia por haberlo tenido tan cerca. Alguien más grande, más cachas y más rico te arranca en el último momento un tesoro que habías merecido y defendido con tu vida. Pero cada gesto hostil de la afición culé era un piropo. La cabeza bien alta y ese gen atractivo y místico de los perdedores. Unicaja vuelve a mostrar el camino como ya lo hiciera otras muchas veces. Solo tras el paso de los días o incluso semanas puedes empezar a comprender el valor de algunas derrotas.

 

Epílogo.

GRANGER. Líder ofensivo del equipo, tabla de salvación en los momentos obtusos. Componente del mejor quinteto de la liga. Gran temporada la suya que le hará ganarse un gran contrato. Valoración final 9 sobre 10.

TOOLSON. Le falta consistencia para ser un líder, aunque calidad a raudales. Necesita su físico al 100%. Valoración final 7 sobre 10.

KUZMINSKAS. Le ha faltado brillar en partidos importantes aunque su evolución ha sido buena. Valoración final 7 sobre 10.

GREEN. Venía con vitola de anotador y ha decepcionado. Pieza clave para el éxito del equipo que terminó de adaptarse. Valoración final 3 sobre 10.

GOLUBOVIC. No ha terminado de encajar en el sistema y su lentitud ha desesperado a muchos. Sin embargo ha aprovechado sus minutos aunque con mejores números que sensaciones. Valoración final 5 sobre 10.

MARKOVIC. Complemento perfecto para Granger. Ha sorprendido por su entrega y compromiso, jugándose el físico en multitud de ocasiones. Mejor en el tiro de lo que se esperaba. Valoración final 8 sobre 10.

STEFANSSON. Todo pundonor. El vikingo venía como quinto exterior y ha acabado jugando minutos importantes. Valoración 7.5 sobre 10.

SUÁREZ. Su cara a la salida del Palau lo decía todo. Comprometido hasta la médula, llevó su nivel de sacrificio al límite en estos play-offs. Puso el Carpena a sus pies. ¡Suárez selección! Valoración final 9 sobre 10.

THOMAS. Parte del quinteto guerrillero. Jugador de intendencia, complemento y trabajo sucio pero con momentos brillantes en la ofensiva para solucionar partidos. Valoración final 7.5 sobre 10.

VÁZQUEZ. Se crece en los momentos calientes de la temporada. Líder espiritual y pilar fundamental de cualquier equipo campeón. Valoración final 8 sobre 10.