fbpx
Síguenos también en...

Análisis

Top 5 del Draft 2015: Quiénes son, cómo juegan, fortalezas y debilidades

Publicado

-

Te presentamos a las cinco primeras elecciones del Draft 2015: quiénes son, cómo juegan, fortalezas, debilidades y qué pueden aportar a sus nuevos equipos.

 

  1. Karl-Anthony Towns (Minnesota Timberwolves)

Universidad: Kentucky

Altura: 2’11 m.

Posición: Ala-pívot / Pívot

Año de nacimiento: 1995

Karl-Anthony Towns, hijo de padre estadounidense y madre dominicana, ha sido el cantado número 1 de este Draft 2015 que, si bien en sus meses previos debatía el cetro de ‘top prospect’ entre él y Jahlil Okafor, ha terminado con el jugador de Kentucky tomando la delantera, confirmada por el propio Flip Saunders, general manager y entrenador de Minnesota Timberwolves, al calificar el entrenamiento privado del jugador con su franquicia como “lo más impresionante que jamás haya podido ver en toda mi carrera desde Kevin Garnett en 1995”. Tan claro dejó Saunders a Towns que él sería el elegido, que sólo los Timberwolves han tenido el placer de que este joven pívot entrenase para ellos.

Sexto número 1 del Draft consecutivo que llega a la NBA tras la fórmula del one-and-done (un año y listo) como carrera universitaria, Towns sin embargo ya cuenta en su currículum con experiencia senior por su participación con la selección de República Dominicana, con la que debutó a los 16 años en 2012 gracias a sus raíces maternales… y a la confianza de John Calipari, que por entonces compaginaba su cargo de entrenador en Kentucky con el de seleccionador dominicano, haciendo de este último desempeño una estrategia de reclutamiento perfecta en el caso de Towns.

Fortalezas

Lo tiene todo: o al menos, tiene asentada la base de todos los fundamentos y departamentos del juego, si bien se muestra verde aún en multitud de facetas, pero avistando una progresión y un potencial increíbles. De entrada, su físico, también aún por terminar de desarrollar, encaja a la perfección en el molde NBA. Tiene el tamaño, la fortaleza y la presencia necesarias para ser un pívot de referencia en la mejor liga del mundo. Tal vez algo falto de salto vertical a pies parados, pero lo camufla con su envergadura de 2’22 metros.

Versatilidad: en algo cada vez más protagonista en una liga poblada de ‘freaks’ físicos, Towns presenta una gran variedad de recursos que, unidos a su físico de ingeniería, le hacen modelo perfecto de este arquetipo. A pesar de medir 2’11 metros y pesar 112 kilos, corre la cancha con la gracilidad de un alero, puede jugar de cara al aro (puede incluso hacer más daño así que de espaldas), tirar desde fuera, defender a jugadores que van desde la posición del 3 a la del 5 y pasa muy bien el balón, sabiendo cambiar muy bien el balón desde el poste bajo hasta el lado débil donde queda el hombre abierto resultado de los dobles marcajes y ajustes que provoca.

Impacto defensivo: es en lo que más destaca a día de hoy y su principal con que llega a la NBA. Posee unas manos muy rápidas para robar o tocar balones en líneas de pase y en el bote del atacante, cierra de manera excelente el rebote defensivo y es muy difícil de mover al choque del jugador con balón, ya sea de cara al aro o al juego en el poste bajo. Tiene también un instinto taponador muy interesante, lo que le convierte en un temido intimidador, y su intensidad y actitud defensivas jamás dejan que desear.

Debilidades

Capacidad para generar sus propios tiros: seguramente se trate del grande debe de Towns en ataque, donde sabe moverse sin balón para recibir en posición ventajosa, jugar el pick and roll y rebañar rebotes ofensivos que convertir en canasta directas o segundas oportunidades. Sin embargo, es demasiado tosco como para, con el balón en sus manos, crear su propio tiro, encontrando dificultades sobre todo si intenta rebasar por el lado izquierdo o con su mano débil, también la zurda, lo que le hace de fácil scouting defensivo.

Ímpetu desmedido: como jugador joven hambriento y con un cuerpo como el suyo, Towns es en ocasiones un derroche de energía fuera de todo control, incluso del suyo. Eso le hace cometer errores defensivos, como picar con facilidad en fintas, cargarse de faltas innecesarias o descuidar su ubicuidad en la defensa 5 contra 5, si bien es casi imposible de rebasar en un hombre contra hombre.

No es una referencia ofensiva: tras lo comentado acerca de sus problemas para crear sus propios lanzamientos, se dirime fácilmente que no se trata de ‘go-to guy’ en el ataque. Encaja perfectamente en multitud de sistemas de juegos por su versatilidad y conocimiento del juego, pero no es alguien que pueda liderar un partido en ataque. No tanto una debilidad sino algo que le define como un jugador de equipo y no estrella individual, podría llegar a serlo en el futuro al poseer las capacidades para todo aquello que desee, aunque tal vez le pueda afectar que el gran público quiera ver en él lo estereotipado en un número 1 del Draft, más que lo que es como jugador.

¿Qué puede aportar a Minnesota Timberwolves?

Futuro, pero también presente. Futuro porque es un jugador con unas condiciones tremendas para este deporte y que cuenta con todo aquello necesario para hacer de él un jugador de proporciones astrales. Y presente porque hoy por hoy es un jugador que tiene como especialidad la parcela defensiva, yendo a recalar a unos Minnesota Timberwolves que esta última temporada han estado a la cola de la liga en eficiencia defensiva, rebotes defensivos y porcentaje de acierto permitido al rival en la zona restringida, un 67’5% que además es la peor marca de cualquier equipo en los últimos quince años.

En Minnesota sus virtudes podrán ser acentuadas y sus defectos, camuflados. No tendrá que generarse sus propios lanzamientos porque de ello se encargarán facilitadores como Rubio o jugadores que atraigan dobles defensas como Wiggins, que será sobre él sobre quien recaiga el peso de liderar ofensivamente al equipo, como número 1 del Draft 2014 y vigente rookie del año. Su llegada puede que frene la progresión del senegalés Gorgui Dieng, pero en Minny tienen claro que si hay que elegir entre Dieng (o Pekovic) o Towns, el beneficiado será el último en llegar.

Se trata de la pieza que le faltaba por posición a Minnesota Timberwolves para contar con una plantilla joven sobre la que cimentar, esta vez sí, un futuro ilusionante.

 

  1. D’Angelo Russell (Los Ángeles Lakers)

Universidad: Ohio State

Altura: 1’96 m.

Posición: Base / Escolta

Año de nacimiento: 1996

D’Angelo Russell es otro de esos jugadores jóvenes que llegan a la NBA henchidos de orgullo. Ha declarado ser el mejor jugador de este Draft y tener el coraje suficiente como para demostrarlo, y sus entrenamientos previos a la ceremonia no se han salido de esa línea. Los Lakers, que elegían en segunda posición y en un inicio estaban cerrados a usar su elección en Towns u Okafor, según lo que los Timberwolves les dejasen, terminaron por dejarse seducir por este talentoso base salido de Ohio State, en lugar de hacerse con un hombre interior para su futuro, a priori lo que necesita su plantilla, y no un jugador que puede chocar con la progresión de Jordan Clarkson, una de las pocas noticias agradables de la temporada pasada.

Sin embargo, la elección de Russell llega envuelta en un halo de misterio debido sobre todo a las intenciones de los Lakers por hacerse con DeMarcus Cousins, pívot de Sacramento Kings. Él sí es lo que necesita su plantilla y un jugador de presente, aquello que puede ayudar a Kobe Bryant a un último asalto al anillo. De fructificar negociaciones, Russell sería el mayor activo a traspasar. Además, habrá que ver en qué lugar le deja la pujanza de los Lakers por otros bases o escoltas como Rondo o Wade en la agencia libre. De permanecer, los de púrpura y oro se quedan con un escándalo de jugador sobre quien continuar su reconstrucción.

Fortalezas

Pura atracción: Russell es uno de esos jugadores que, si te gusta el baloncesto, te gusta él. Irremediablemente. Bota el balón como si de un yoyó se tratase, su mecánica de tiro es perfecta y no sólo pasa bien sino que además lo hace de manera espectacular. Una técnica individual sin fisuras. No tiene miedo a equivocarse y eso le hace acertar más veces. Su estilo engancha, su creatividad enamora y su conocimiento del juego convence, y es que no se trata de un base espectacular más, sino que además es inteligente.

Anotador por instinto y aptitud: puede jugar tanto de base como de escolta porque su mentalidad baloncestística es una combinación de lo interpretado tradicionalmente en ambas posiciones. Su lanzamiento de larga distancia es excelente: por velocidad al armar el tiro, lo estético de su mecánica y, claro, efectividad. Puede hacerlo indistintamente sin problemas tras bote o en catch and shoot, dominando tanto la parada en uno como en dos tiempos. Es muy hábil driblando para penetrar a canasta y finalizar en tiro a media distancia, esto último de valor añadido ante su peligro de extinción.

Tamaño: es un base alto y de brazos largos, en el molde del jugador moderno, midiendo 1’96 y con una envergadura de 2’06. Su tamaño le da ventajas tanto defensivas, cortando muchos balones en línea de pase o tapando posibles huecos con una simple apertura de brazos; como ofensivas, pudiendo llevar su par al poste, poniendo el balón lejos del alcance del defensor, y haciendo que su lanzamiento sea muy difícil de puntear.

Debilidades

Capacidad atlética: presenta su tamaño con una ventaja, pero a la vez su físico puede situarle en posiciones de inferioridad por su falta de explosividad. No salta demasiado, tampoco es especialmente rápido para su posición, y en general su fuerza y velocidad de piernas pueden dejar que desear. Algo que en la NBA puede acentuarse, más en una ‘Edad de Oro’ de bases entre los que destacan portentos físicos como John Wall, Russell Westbrook o Damian Lillard, entre otros.

Jugar para él o ser uno más: en el dominio de este base zurdo por todas las facetas del juego ha influido el hecho de que lleva toda una vida, incluido su año en Ohio State, siendo la referencia del equipo en el que ha jugado. En la NBA no será así, y menos cuando tienes un compañero llamado Kobe Bryant. Deberá adaptarse a tener el balón menos tiempo en sus manos, saber cuándo el partido requiere velocidad y cuándo un juego más lento o cómo generar ventajas a sus compañeros sin necesidad de dar él el último pase. Más que desventaja, una incógnita a despejar.

Finalizar cerca del aro: debido a sus problemas de explosividad y salto, le cuesta acabar dejando la bandeja o machacando el aro. En situaciones de ataque posicional no supondrá un problema en la NBA porque no es lo que se le va a pedir, pero sí en contraataques y transiciones, donde andará falto de velocidad punta y habilidad para el cambio de ritmo.

¿Qué puede aportar a Los Ángeles Lakers?

Tal vez la pregunta debería ser si va a llegar a aportarles algo, o en caso de quedarse, qué puede aportar para Kobe Bryant, quien volverá la próxima temporada. Hasta la pretemporada no sabremos si empezará el curso vestido de amarillo, pero suponiendo que sí y sin saber quién más llegará a L.A., lo que puede aportar principalmente es solidez y confianza en el puesto de base, algo que no conocen en la histórica franquicia desde la salida de Derek Fisher en 2012. Algo que se preguntan los fans de los Lakers es sobre su compatibilidad con Jordan Clarkson, rookie la pasada temporada, pero el poder ambos ser intercambiables en los puestos de base y escolta les haría compartir funciones.

Además, posee una actitud trabajadora y realmente adora el baloncesto, pudiendo convertirse de la aprobación de Kobe Bryant, que recientemente reconoció haber “hecho llorar a algunos compañeros”.

 

  1. Jahlil Okafor (Philadelphia 76ers)

Universidad: Duke

Altura: 2’08 m.

Posición: Pívot

Año de nacimiento: 1995

Un pívot de la vieja escuela. Eso es Jahlil Okafor, un hombre grande del baloncesto clásico, con unos movimientos al poste bajo de pura exquisitez, tamaño, manos grandes, difícil de mover, cuerpo lento pero utilizado con inteligencia y que no se sale fuera a tirar desaprovechando sus virtudes. Tiene como principal punto débil su defensa, donde se le acusa de blando, pero no se trata de un melón por abrir y su buen rendimiento en la NBA se da por seguro.

Campeón nacional con Duke y jugador del año en la ACC de la NCAA, aterriza en la NBA en la franquicia con probablemente menos actitud ganadora del mapa, Philadelphia 76ers. Su elección, además, ha sido extraña. No quería jugar allí, de hecho no entrenó para los Sixers y había trascendido su deseo de bajar hasta la cuarta elección si no estaba entre los dos primeros. Por si fuera poco, en Philadelphia encuentra la competencia directa de Nerlens Noel (número 6 del Draft de 2013 que ha debutado esta temporada) y Joel Embiid (número 3 en 2014 y que todavía no ha debutado), los dos pívots y que habrían sido primera elección de sus generaciones de no haber sido por su historial de lesiones graves. Nadie entiende qué pretenden en Philadelphia, ni si quiera Okafor, que no es precisamente el hombre más sonriente del mundo estos días.

Fortalezas

Juego al poste bajo: virtuoso en su juego de pies, verle atacar de espaldas al aro da consciencia de lo realmente bueno que es, y asusta de lo que puede llegar a ser. Sus recursos en el poste bajo son ilimitados, dominando todo tipo de movimientos, sabiendo finalizar con ambas manos, pudiendo rebasar por izquierda o derecha, sabiendo fintar o pasar, provocando multitud de faltas… en definitiva, es harto complicado verle jugar al poste bajo y que no acabe generando alguna ventaja o sacando una acción positiva. Indefendible en el uno contra uno y una riqueza técnica inimaginable para un pívot de 19 años.

Uso de su cuerpo: Okafor no es especialmente alto y rápido, pero sí muy ancho y fuerte. Ocupa mucho espacio y sabe moverse muy bien. Utiliza tamaño y fuerza para recibir el balón en posiciones ventajosas, así como para obrar bloqueos y pantallas. Pero sobre todo, para dominar en el rebote. Destaca su habilidad para el ofensivo, tocando multitud de rechaces por intuición, inteligencia y claro, diámetro corporal.

Apuesta segura: como decimos, no se trata de un experimento, sino de una realidad. No sólo se le ven condiciones, sino que las ha demostrado. Su físico no está por desarrollar y no hay que jugar con la bola de cristal ni rezar por no haberse dado el trompazo padre, tan temido en las elecciones altas de Draft. Quien apuesta por él, apuesta por un pívot con un abanico de recursos ofensivos ilimitado, con enormes posibilidades de generar impacto desde su primer partido en la liga. Lo desconcertante, que esos han sido los Sixers.

Debilidades

Concentración defensiva: ya sólo por tamaño y espacio ocupado, se trata de un jugador muy difícil de superar en el uno contra uno por otros pívots en el poste bajo, pero sí encontrará problemas contra otros más ágiles y móviles que pretendan jugarle de cara y a cierta distancia de la canasta. Pero principalmente, su mayor problema en defensa se encuentre en que a veces es tachado de falta de actitud. Da la total sensación de que no le gusta defender, y cuando quiere aplicarse, se centra demasiado en su hombre, descuidando las ayudas.

Tiro exterior: no es el pívot moderno que tanto abunda estos últimos años, en los que parece que viene exigido de serie a un siete pies poder tirar triples. No es su caso, puesto que su hábitat natural y donde puede hacer daño es el poste bajo. Pero claro, su excelsa habilidad en esta zona le hace recibir muchas faltas, con su consiguiente viaje al tiro libre, donde sólo ha tenido un 51% de acierto en la NCAA.

Potencial físico: su físico resulta imponente, pero al mismo tiempo presenta algunas dudas. Por el tipo de jugador que es, no necesita de una explosividad y velocidad de gran atleta, pero bajo lo que exige la NBA, sí necesitará potenciarlas mínimamente, además de trabajar su cuerpo de manera constante.

¿Qué puede aportar a Philadelphia 76ers?

Eso le gustaría saber a él. Entre las razones que explican su extraña elección por la franquicia de Pennsylvania puede estar la recaída sufrida por Joel Embiid en la recuperación de su pie, llegándose a rumorear sobre un posible nuevo paso por el quirófano. Sam Hinkie, general manager, se desmarca alegando que el criterio que explica la elección de Okafor no está ligada al estado físico de Embiid y tampoco preocupa junta a tres ‘cincos’, incluido Noel, sino que se rigen por la norma de elegir “al mejor jugador disponible”. Pero la realidad es que Embiid lleva lesionado más de un año y que no estará listo para empezar la pretemporada 2015, habiendo trascendido también durante la temporada recién finalizada que su actitud no había sido la mejor en el proceso de recuperación, sobrepeso incluido. Rumores, pero con piezas que encajan.

A diferencia de Noel y Embiid, Okafor es un pívot esencialmente ofensivo. Sus carencias defensivas pueden ser ‘tapadas’ por Noel, que sin embargo puede quitarle espacio en el ataque, en caso de que Brett Brown quiera hacerles compatibles. Difícil saber qué puede aportar Okafor cuando no se entienden las razones de su elección por Philadelphia. Eso sí, sabe cómo ganar.

 

  1. Kristaps Porzingis (New York Knicks)

Equipo: Baloncesto Sevilla (Liga Endesa ACB)

Altura: 2’16 m.

Posición: Pívot

Año de nacimiento: 1995

El gran ‘freak’ de este Draft, o “Mystery man”, como ha sido bautizado. Ha sido la elección más alta por un jugador internacional y que no haya competido en la NCAA este año y como tal genera gran interés saber por qué este desconocido larguirucho ha llamado tanto la atención de scouts y general managers. En España ya le conocemos bien, con tres temporadas en la Liga Endesa ACB a sus espaldas (las dos últimas como jugador de pleno derecho y no vinculado) jugando para Baloncesto Sevilla, a donde llegó siendo un cadete. Su potencial es tremendo, pero su físico y tiempo de adaptación generan dudas, y más su condición de europeo desconocido, con los fantasmas de Andrea Bargnani, Nikoloz Tskitishvili o Darko Milicic sobrevolándole.

Phil Jackson, después de una temporada para olvidar como general manager de New York Knicks, ha decidido arriesgarse y ponerse a la afición en su contra por lo maravillado que le dejó Porzingis en los entrenamientos previos al Draft, sobre todo en los organizados por Impact Basketball en Las Vegas. No ha debutado en la NBA y ya es mucha la presión que tiene en su contra, como la necesidad de un rendimiento inmediato que satisfaga los deseos de Carmelo Anthony, sobre quien gira el rumbo de la franquicia, o cambiar la opinión de unos enojados fans de los Knicks a quien tiene en contra. Entre las voces discordantes, y sin ningún reparo en incluir faltas de respeto, las del famoso periodista Stephen A. Smith o el actor Michael Rapaport.

Fortalezas

El misterio fascina: en un Draft suele contar más las posibilidades que se pueden discernir sobre un jugador, que lo predecible o lo que ya es capaz de ofrecer. En estos cánones, ningún jugador puede acercarse a lo que Porzingis puede llegar a ser. Si bien está muy verde, la realidad es que mide 2’16 pero se mueve como un alero, su envergadura de 2’28 es inhumana y tira triples con total naturalidad. La NBA adora a los freaks y él ya está aquí, con un techo que ni él puede rascar.

Físico coordinado: ver a Porzingis correr la cancha, saltar o hacer rectificados en el aire es más propio de un documental de naturaleza salvaje que de un jugador de baloncesto. Es el hombre alto que mejor bota el balón de esta generación, y que un 2’16 pueda poner el balón en el suelo y atacar a su par es fascinante. Ágil, rápido y de brazos largos, puede ser muy difícil de defender de cara a canasta para sus teóricos defensores, grandes pero más lentos y menos móviles.

Amenaza exterior: se trata de un buen lanzador de media y larga distancia. En términos de frío porcentaje, no es un tirador excelso, pero sí es impresionante teniendo en cuenta su posición en la cancha y tamaño. Esta última temporada en ACB ha metido 0’7 triples por partido con un acierto del 31%. Suficiente como para, no sólo por tirar, sino por la posibilidad de jugar desde fuera, ser un valor de su juego muy destacable.

Debilidades

Físico endeble: si su coordinación es una ventaja, su peso y fuerza son todo lo contrario. Hay bases NBA más fuertes y con más kilos de músculo que él, que está en 95 midiendo más de siete pies. En Estados Unidos, con ese peso, simplemente, no puede jugar por dentro. Va a sufrir lo que no está escrito en defensa al poste y en la lucha por los rebotes, además de cuando tenga que atacar a jugadores también móviles pero más fuertes que él. El ejemplo en el que mirarse, Pau Gasol.

Perfil reboteador: perfil que no existe. A un 2’16 se le van a exigir muchos rebotes, y él no los puede garantizar. Nuevamente, por su físico. Va a ser un problema gordo porque las comparaciones con Bargnani van a estar a la orden del día en New York y la presión es muy difícil de soportar en una ciudad de esas características, donde su evolución va a estar observada con lupa por las críticas que ha levantado y las ganas que hay de echarse al cuello de Phil Jackson.

¿Es un 4 o un 5?: pesando 95 kilos no puede ser un ‘center’ en la NBA. Y un verano no es tiempo suficiente como para ganar todo aquello necesario que le falta. En una liga que tiene cada vez más de moda el small-ball (no hay más que ver las dos últimas Finales), ¿debería presentarse como un 4? Tiene tiro exterior, pero si le defiende un jugador algo más pequeño, podría no obtener la ventaja que teóricamente tiene sobre otros grandes más lentos y pesados. Por no hablar de sus problemas defensivos, a los que además de su poca fuerza habría que sumarse su falta de conceptos, no del todo asentados.

¿Qué puede aportar a New York Knicks?

Lo mismo que a cualquier otra franquicia: futuro y espectáculo, casi de origen circense por su físico y sus características como jugador, más que baloncestístico. El jugador que más curiosidad despierta de esta generación de novatos. Tiene muchas cosas en contra y tal vez el recalar en la Gran Manzana maximice sus problemas. La presión va a ser tremenda sobre un jugador extranjero número 4 del Draft del que muy difícilmente veremos un impacto inmediato en la liga, lo que exige la situación de los Knicks y la ciudad donde va a vivir.

La competencia directa que va a tener en su puesto no es gran cosa, por lo que poniendo de su parte no debería ser muy difícil que tenga buenos minutos de juego. Sin embargo, Jackson y Fisher siguen empeñados en jugar el triángulo ofensivo, más que un sistema, una filosofía de juego por conceptos altruista que requiere de habilidades como IQ baloncestística y capacidad de pase. Porzingis no anda sobrado en ninguna de estas dos facetas.

 

  1. Mario Hezonja (Orlando Magic)

Equipo: F.C. Barcelona (Liga Endesa ACB)

Altura: 2’02 m.

Posición: Alero

Año de nacimiento: 1995

El jugador que se cree capaz de ganar a su ídolo Kobe Bryant en un uno contra uno. El que puede hacer los mismos mates que Zach LaVine en el concurso de este 2015. El que dijo que si en vez de jugar en Europa lo hiciese en Kentucky (de donde tuvo una oferta cuando pasaba de junior a senior) probablemente sería número 1 del Draft. Super Mario. Quienes le conocen bien le quitan la etiqueta de gallito y lo atribuyen todo a una confianza desmedida en sí mismo, su trabajo y sus posibilidades. Un verdadero obseso del baloncesto, que sólo vive por y para ser el mejor del mundo, o al menos ser el mejor Mario Hezonja que pueda ser. Ni va a discotecas, ni a fiestas, ni a eventos sociales. Sólo baloncesto. Mentalidad y carácter 100% balcánico de un jugador que en verano se levanta a las 06:30 de la mañana para entrenar. Por todo eso, lo demostrado hasta ahora y lo que puede llegar a ser, no son pocos los que dicen que es el mayor talento nacido en el viejo continente desde el también croata Drazen Petrovic. Palabras mayores.

Ya desvinculado oficialmente del F.C. Barcelona y liberado del yugo de Xavi Pascual, Hezonja vuela libre hacia la NBA. Una libertad que ansiaba como el pura sangre que es, a jugar en una liga en la que encajará perfectamente por su idea de baloncesto, con toda Europa pendiente de lo que pueda hacer, sobre todo por la sensación de habernos perdido en su tiempo aquí una delicia de jugador que se merecía muchas más oportunidades y minutos de los disfrutados. Capaz de finalizar un partido con 8/8 en triples o ser el máximo anotador de su equipo en un partido de Final ACB, también ha habido días en los que se quedó sin jugar por decisión técnica.

Fortalezas

Físico NBA: notará el cambio de liga, pero físicamente es de los novatos que mejor preparado llega, sobre todo tras un último año en el que ha trabajado mucho en aumentar el volumen de su cuerpo. Supera los dos metros, es muy atlético y coordinado y puede jugar en tres posiciones distintas sobre la pista. Por estándares físicos, sobre el papel cumple tanto en ataque como en defensa, como en transición como en posicional. Encaja en el molde.

Autoconfianza: no hay mejor ‘coach’ motivacional para Mario Hezonja que el propio Mario Hezonja. Cree que puede llegar a ser el mejor jugador de baloncesto del mundo y está empeñado en no parar hasta conseguirlo. Seguramente no llegue a ser el mejor, pero la NBA es una liga que premia actitudes como la suya, sobre todo si van unidas a un talento y físico como los que ya tiene.

Tiro exterior: Hezonja es un gran tirador, tanto en catch and shoot como en tiro tras bote, poseyendo una gran habilidad para generarse sus propios tiros con gran efectividad incluso con el defensor delante, ya que además suelta el balón desde muy arriba. También es capaz de lanzar tras pick and roll siendo él el generador, o en pick and pop como bloqueador, haciendo valer lo versátil de su físico. Hasta en Estados Unidos dicen que es capaz de ganar un concurso de triples y un concurso de mates, por lo que las expectativas en cuanto a su muñeca son muy altas.

Debilidades

Carácter indomable: el croata es un volcán siempre a punto de entrar en erupción. Muy exigente consigo mismo, no sabe gestionar óptimamente las frustraciones, y cuando un partido no lo empieza de la manera que a él le gustaría, desaparece con facilidad. Otras consecuencias de un mal día pueden ser malos gestos con los compañeros o desplantes a entrenadores, pero seguramente en la NBA esto sea más difícil de ver. Otra vía de escape indeseada de su carácter pueda ser el choque de mentalidades con otros jugadores sobrados de confianza, que abundan más a aquel lado del charco.

Primero su tiro, luego el pase: como todo jugador joven de gran futuro, y con grandes dosis de amor por sí mismo, Hezonja es en ocasiones egoísta sobre la cancha. Necesita destacar para sentirse cómodo, y eso él lo entiende por sus propios puntos, básicamente. Una vez le llega el balón, su deseo es anotar, cuando la jugada puede estar pidiendo ser macerada, tener otro compañero abierto, o encontrar la ventaja del equipo con una acción que no sea su lanzamiento. Va falto de conceptos colectivos, juego sin balón y toma acertada de decisiones.

Defensa con muchas manos: es un jugador muy pasional, también defendiendo, y no es raro verle cometer faltas innecesarias, cargándose muy rápido y pasándole ello factura en el devenir del partido. Es muy agresivo en las líneas de pase, pero a veces puede precipitarse (o al contrario, llegar tarde), estableciendo un prematuro contacto con el defensor. En el uno contra uno suele intentar robar el balón en el bote del atacante, lo que implica meter la mano con lo arriesgado que ello supone.

¿Qué puede aportar a Orlando Magic?

Principalmente, tiro exterior. En la temporada 2014/15 los Magic fueron el equipo de la NBA que menos triples convirtió. No tienen tiradores ni jugadores capaces de espaciar la cancha, o al menos no tan válidos como para jugar un rol importante en sus esquemas. Así pues, Hezonja parece encajar perfectamente en lo que buscan, jugadores que puedan abrir la cancha y aprovechar los tiros que faciliten penetradores (pero no tiradores) como Elfrid Payton o Víctor Oladipo. Su perfil es el de un anotador puro, algo que tampoco tienen los Magic entre sus jóvenes valores, por lo que Orlando parece el destino perfecto para él. Además, su presencia en cancha no tiene por qué chocar con la de Aaron Gordon, número 4 del Draft de 2014 y que queda llamado a jugar de ala-pívot.

De no haber apostado la franquicia de Florida por él, Vlade Divac estaba muy convencido a seleccionarle en la sexta posición para sus Sacramento Kings. En Estados Unidos quieren ver en él una mezcla de Peja Stojakovic y Manu Ginóbili, jugadores que llegaron mucho más preparados y con un currículum más largo que el suyo a la NBA.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Deja tu comentario

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Análisis

Vuelve la burbuja inmobiliaria a la NBA: la moda de las hipotecas

Concentración de mercado, hipotecas, proyectos de capital riesgo a corto plazo, sobrecostes en forma de impuestsos de lujo… La NBA se mueve y la burbuja del mercado no deja de crecer.

acarretero@skyhook.es'

Publicado

-

Allá por 2013, cuando los informativos aún nos recordaban que había una crisis económica, había una expresión que monopolizaba todas las conversaciones. Seguramente, el ciudadano de a pie no sabría definir a ciencia cierta qué era aquella burbuja inmobiliaria, pero qué más daba. Le habían inoculado el término y sabía lo que tenía que saber: era malo. Oda al simplismo de la sociedad.

Una vez más, nos remontamos a aquel fatídico traspaso, al que ahora, tras la reconstrucción de récord Guinness de Sean Marks, ya sí puede ser nombrado. Cuatro primeras rondas que viajaron a Boston y que hipotecaron el futuro a corto plazo de los Nets pero, sobre todo, cuatro picks que marcaron un punto de inflexión en la NBA. Nunca antes se habían evidenciado de forma tan salvaje las consecuencias de traspasar el máximo de rondas permitidas. Nunca… Salvo con los Cavaliers de los 80.

No son pocas las normas de la NBA que nacen bajo seudónimo, por la necesidad de adaptar la regulación a fenómenos sin precedentes en la liga. Desde La Jordan Rule, la Rose Rule… reglas que pasan a ser conocidas en el imaginario popular por el jugador que obligó a crearlas y que, dicho sea de paso, favorecen su recuerdo y asociación, en lugar de complejizar los términos. Ahora bien, para que una que limita el traspaso de rondas consecutivas de Draft lleve tu nombre, como sucedió entonces con Ted Stepien, hay que ser muy cenutrio.

El entonces propietario de los Cavs puso en el mercado cuatro picks seguidos, casi lleva el equipo a la quiebra y traspasó la hipoteca a otro dueño antes siquiera de acabar de pagarla. Más o menos, lo que intentó Prokhorov hace cinco años. Tras utilizar a los Nets como activo financiero para especular con otros negocios particulares quiso saltar el barco antes de que se hundiese hasta el fondo del mar.

Hasta aquellos Nets recién llegados a Brooklyn no hubo otro equipo que se atreviese a firmar una hipoteca de semejante magnitud. Como tampoco lo ha habido en estos últimos años. Pero, como siempre pasa en la economía capitalista, es cíclica; la burbuja siempre vuelve. Ahora, a cinco años vista y tras los últimos movimientos del mercado, se puede apreciar que no fue un hecho aislado, sólo desafortunado en su ejecución. Hasta 2018 nadie se ha atrevido a mover tantos activos a futuro por una estrella, acogiéndose al fracaso de los Nets.

Especulación, hipotecas y fondos buitre

El mercado financiero (de traspasos) de la NBA estaba marcado por la incertidumbre y por la presencia de dos fuerzas hegemónicas que aumentaban el riesgo de la inversión, como eran los Warriors y LeBron James, allá donde estuviera. No era, pues, la situación más propicia para pagar hipotecas a futuro, por lo que los proyectos deportivos apretaron el botón del pause hasta que mostrasen los primeros síntomas de debilidad. Y, efectivamente, así ha sido.

Con ambos ejes gravitacionales desplazados y con un tercio de jugadores de la NBA siendo agentes libres este verano, entre ellos cinco top ten de la liga y, al menos, otras diez superestrellas más, alguien tenía que romper la baraja. Ya no hay apuestas seguras, pero la incertidumbre tampoco es un lastre. El riesgo es inherente al nuevo mercado NBA y quienes mejor han sabido jugar con él, han sido los triunfadores.

Ya lo intentó Daryl Morey el año pasado, con sus cuatro picks por Jimmy Butler. Secos, como el vodka en Rusia. También lo previeron este año en Utah, que agilizaron el traspaso de Conley para que Dios cogiera a los mormones confesados en verano. Es cierto que la burbuja crece sin control y que la tendencia alarma a la propia NBA. Pero, por otro lado, qué éxtasis embarga a Silver y su equipo. La NBA más global, la reina del verano. Apenas ha terminado la temporada y no puede haber más expectación porque empiece de nuevo. A quién le importa ahora la burbuja, eso será problema de la futura NBA.

Empoderamiento: una nueva era

Uno a uno, los agentes libres han decidido su futuro en cascada, como un Fantasy Draft en el 2K, que deja tres lecturas claramente diferenciadas. Primero, y más reciente, la especulación, la inflación creciente del precio a pagar por las estrellas tras tres años a la baja. Proyectos corto y medioplacistas, con concentración de estrellas, que vuelven a hipotecar sin miedo el futuro más inmediato, como los Nets o los Clippers. Masai Ujiri y su “alquiler” de Kawhi Leonard han sentado cátedra, como lo hicieron sin suerte Paul George y los Thunder.

Segundo, las apuestas de capital riesgo ya no sólo vienen predeterminadas por el papel de propietarios y general managers, sino que son los propios jugadores los que fuerzan estas operaciones. Son ellos los que han comprendido que tienen el poder de negociación en sus manos, que son los verdaderos y únicos protagonistas; y que, al fin, en vez de ser tratados como meras inversiones inmobiliarias, casas sin caras, sin humanizar, ahora no sólo eligen su futuro, sino el de toda una franquicia. Estamos ante una nueva era de empoderamiento, que en este caso inició LeBron James allá por 2010, no de la mejor forma posible, pero que casi una década después ha alcanzado su clímax.

Finalmente, la tercera lectura y quizá la más destacada desde el punto de vista de las franquicias, es la necesidad de un proyecto. Ya no vale con ser un gran mercado. Las hermanas menores y tradicionalmente apestadas de New York y Los Angeles se han coronado reinas gracias a su gestión. Han saneado sus cuentas de inmuebles tóxicos como Chris Paul, DeAndre Jordan e incluso de los Mozgov y Crabbe para jugar su baza al presente más inmediato, con el futuro en entredicho. Otras como los Warriors decidieron pagar los sobrecostes en forma de impuesto de lujo para preservar su hegemonía. Pero con qué gusto se va a pagar la hipoteca del futuro si el presente sabe a gloria.

Ya lo dijo Homer Simpson, el oráculo omnisapiente de la sociedad moderna: “El futuro ha ganado, el pasado nunca tuvo una oportunidad”.

In memoriam: Sam Hinkie y su gerencia de capital riesgo. 

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Análisis

La iniciativa vengadores

No son superhéroes, ni llevan capa. Del Capitán América a Fun Guy, la revolución pasa por Toronto.

fontandelacruz@gmail.com'

Publicado

-

Foto cedida por Martín Santana (@marnsantana)

En la guerra siempre tuvimos vencedores y vencidos. Soldados en batallas épicas e historias legendarias. También se dieron masacres, noches para olvidar. Y las Finales de la NBA, aquello que disfrutamos desde más allá del charco y bien entrado junio, es la prueba de que la guerra tiene mil y una formas de manifestarse. Pero preparar una guerra nunca fue tan complicado, pues para Toronto el precio fue nada más y nada menos que descorazonar el núcleo del equipo para colocarle uno nuevo, lleno de vida y alternativas para un sistema algo desfasado en los tiempos que corren.

Construcción quirúrgica

En el seno de la gerencia Raptor’ surgió una idea. Una idea retorcida en términos sentimentales, pero con todo el trasfondo del mundo en materia deportiva. Con el hedor de la campaña pasada aún fresco, unos Playoffs tildados de fracaso y con la enésima caída frente a Cleveland Cavaliers, se puso en marcha el cambio. Traer a Kawhi Leonard y Danny Green en un único pack con la pérdida de Poeltl y DeRozan en el camino se presumía como un riesgo muy alto, pero con un beneficio posible tan elevado que materializarlo fue cuestión de segundos.

Un «alquiler» el de Kawhi que, con la temporada finalizada y los éxitos cosechados, merece ir acompañado de «el más barato jamás conocido en la historia del deporte». Pero esto no podría terminar aquí, añadir a Marc Gasol sería el plato fuerte preparado por la gerencia ya entrada la temporada, un nombre que cambiaría el sino del equipo en plena postemporada con una cobertura sobre Embiid de magnitudes históricas. Mención especial a la confianza otorgada a Nurse, que jamás dudo de su plan: negarse a seguir exprimiendo la pintura y poblar la media distancia. Él fue quien modernizó la estructura Raptor’ polarizando el uso de los dos interiores en pequeñas dosis y en casos muy concretos.

Todo esto lleva una firma grabada en oro, la de un militar con sangre helada y corazón de piedra: Masai Ujiri. El artífice de esta estructura de plantilla a todos los efectos, el encargado de apretar el gatillo siempre que fue requerido el uso de una mano imperturbable. Porque el negocio es el negocio, y en el negocio las amistades quedan a un lado.

Estructura y planteamiento en las Finales

Las Finales no dejaban de ser un terreno virgen para prácticamente toda la plantilla –a excepción de Leonard y Green, ya campeones en 2014-. Un escenario que sin duda puede catalogarse como el más grande al que se puede ver enfrentado un jugador de la NBA y al que accedían con una serie de cuatro victorias consecutivas frente a los Milwaukee Bucks. Nada desestimable dicho enfrentamiento, pues en él residiría una de las claves de estas Finales: llegar con rodaje y sin excesivo descanso para frenar el ritmo de competición.

El planteamiento de Nurse siempre vino dado por las circunstancias ofrecidas por la plantilla Warrior’, pues la ausencia de Kevin Durant invitó a Toronto, en tramos de descanso para Klay Thompson, a practicar defensas sobre Stephen Curry que le obligasen a sobrecargar su producción y terminasen por consumirle. La joya de la corona terminó por ser la defensa mixta box and one (caja y uno), que consiste en formar la zona con cuatro jugadores y liberar a uno de esta estructura para consumir a Steph. El fin era el de sobrecargarle como generador principal y provocar que sean el resto de piezas que componen el quinteto los que generen todo el juego posible con balón. Un repunte táctico tan dependiente del contexto como determinante en el desenlace general.

Otro de los elementos fundamentales en el buen desenlace Raptor’ consistió en una capacidad inigualable para amoldarse y aprovechar todos y cada uno de los contextos ofrecidos por Golden State Warriors, y hacer cumbre de ellos con la participación individual de todos los perfiles que atesora la plantilla. Gran ejemplo de esto fue el Game 1. Rebosante en acciones a campo abierto y con los balances defensivos de Warriors algo lejos de su mejor versión, una versión despótica de Pascal Siakam señaló el camino de a ritmo de transición.

Una vez más, se reafirmó como el jugador que mejor corre la cancha sin balón. Pero esta serie de ajustes generales no se redujeron única y exclusivamente a casos generales y partidos enteros, prueba de ello fue el reajuste realizado en la segunda mitad el cuarto partido, allí donde un Ibaka sobreexcitado sepultó a los de La Bahía a ritmo de pick and roll y recepciones cerca del aro. Un martillo que tuvo por objetivo castigar las carencias físicas de la pintura Warrior’ con un Looney que aún lastraba ciertos problemas físicos. Una condición camaleónica que le ha atribuido ese factor de mutabilidad, no solo en estas Finales, sino en todo el trayecto recorrido hasta las mismas.

Martín Santana (@marnsantana)

Otra de las bases sobre las que se ha asentado la máquina de destrucción masiva que ha conformado Toronto es el liberado uso del combo guard –un doble base al uso-. Pilotado por Lowry e increíblemente bien acompañado por un VanVleet que decidió aterrizar en Playoffs llegadas las Finales, ha podido ser el arma más punzante de todas las poseídas por Nurse. La combinación de creatividad y spacing es todo aquello que les había faltado por tramos en las eliminatorias frente a Philly u Orlando, un repunte técnico que engrasaba la maquinaria a media pista y dotaba de alternativas y cerebros para producir en acciones tras bloqueo directo –ya sea en pick and roll o doblando al corte-. Un pulmón extra en ataque, para ser más exactos.

Pero la aportación de este recurso no se queda en un gran incremento en la creación, pues el verdadero valor de juntar a Kyle y Fred ha estado en la alternancia con y sin balón que ofrecían estos dos. Una combinación de bote y juego sin balón que hacía imposible a Golden State Warriors coartar con el incesante dos contra uno que recibía Leonard con balón, una carga que, si bien está plenamente justificada y resulta necesaria, con tanto arsenal disponible facilitaba la tarea al entorno.

Y conectando con la tarea de Leonard es como mejor se entiende todo lo sucedido hasta la fecha, pues salvo unos minutos de completa dominancia histórica en el quinto partido –diez, sí, diez puntos consecutivos para poner un +6 que terminaría por tener valor nulo tras la derrota-, las Finales de Leonard están por lo mucho que ha facilitado la tarea al entorno. Entró a la serie sin apenas poder bajar el balón por la inagotable lluvia de ayudas ofrecidas por Kerr para frenar cualquier vía de mirar al aro, corrigió alternando su juego en un sentido menos autosuficiente y llegó a nutrirse más que nunca de las recepciones y el catch-and-shoot –prácticamente un sueño inalcanzable vistos sus Playoff-.

Todo esto no le exentó de conseguir, por enésima vez, que todo espectador se replantease lo que podía llegar a ser una absorción de contacto en sus penetraciones. Pero sí, un 2×1 algo nocivo vista su mejoría en la toma de decisiones tras recibir el trap es lo que permitió a Leonard generar dos o tres espacios libres según se diese la ayuda (o doble ayuda llegados al caso), y que vista la tónica de las Finales, con polaridad absoluta en términos de porcentajes, jamás pudo ser más peligroso. No obstante, la ausencia cuasi general de Durant también facilitó la tarea defensiva a un Leonard que jamás tuvo que focalizarse al completo en una única figura y pudo entregarse al máximo en las ayudas no-puntuales sobre Curry al perímetro.

Una defensa, la llevada a cabo sobre Steph, que tampoco se puede resumir en el box and one, recurso con una utilidad muy puntual y que no serviría de alternativa con posibilidades tales como Klay Thompson o Kevin Durant sobre el parqué. El desgaste que conlleva una cobertura tan sumamente meticulosa y elevada en gasto de energía y recursos no se puede describir con palabras, es más, sería todo un crimen tatar de hacerlo, pero no deja de ser una proeza que socavar tan fondo en el trap, con la incalculable cantidad de recursos para generar que posee Golden State Warriors –Green o Iguodala como perfiles punteros en esta faceta-, haya terminado por ser la vía más eficiente para frenar a un Curry que, más allá de toda la tormenta que le rodea, ha hecho unas finales a la altura de lo que es: una leyenda de la NBA.

Porque la tarea de cubrir a uno de los perfiles más activos con y sin balón jamás vistos en la liga no puede encomendarse a un solo nombre, y es en este punto cuando salen a la palestra Kyle Lowry y Fred VanVleet. El primero de ellos, consabido y contrastado como defensor de primer nivel en emparejamientos perimetrales. El segundo, en cambio, no ha hecho más que agrandar su perfil y confirmar que más allá de ser un jugador muy notable en un lado de la cancha, es una pieza única en both sides. La cobertura off-ball de un jugador como Curry, que prácticamente promedia una media maratón por noche, solo se entiende con un sistema de ayudas generoso e inagotable.

Marc copó el trap tras bloqueo directo con un alarde de sacrificio y desgaste de piernas inimaginable, blindó también cualquier vía de escape en forma de línea de pase. Por su parte, las ayudas de Kawhi -algo más liberado por el contexto- y Green, entre otros, ponían la guinda a uno de los blindajes más inquebrantables en toda la campaña. Pero no todo podía ser perfecto, pues generar tanta atención abre una infinidad de vías explotables con una circulación rápida, espacios en pintura y en esquinas, un buffet libre de puntos liberados al servicio de una de las máquinas mejor preparadas para explotar desventajas.

Por último, es innegable que un campeonato no se gana solo con una batería de titulares repleta de grandes nombres. Y esta no iba a ser la excepción. Maestría de Nurse en el tacto a la hora de dar minutaje a un Ibaka que dinamitó por completo la eliminatoria en dosis pequeñas para exprimir al máximo el físico en pintura y cerrar el aro –para la historia quedará el cuarto con seis tapones y un flujo imparable de puntos en pintura-.

¿Y qué es de la historia?

La historia del deporte siempre ha sido ambiciosa y retorcida, egoísta por naturaleza, pero una tregua se la merece todo ser humano. Y toda institución, llegados al caso.

Por primera vez el Larry O’Brien sale de Estados Unidos con rumbo a Canadá. Un anillo histórico. Un anillo para la resistencia de aquellos que supieron caer una y mil veces frente al Rey en el Este; hasta que abdicó. Un anillo que lleva consigo la firma más grande jamás vista de jugadores que han pisado la liga de desarrollo, demostración del margen de mejora que posee casi cualquier perfil NBA si es tratado con mimo y a fuego lento. A fin de cuentas, un anillo que se antoja irrepetible.

El reconocimiento a Ujiri, fundirse en un abrazo con Lowry para reconocer lo que es suyo y la posterior entrevista junto a Kawhi solo es la guinda del pastel más sabroso jamás cocinado en el Norte. Porque nunca se llegó a ese extremo de antipatía que se daba por sentado tras dar puerta a DeMar DeRozan, es más, ambos ya maquinaban la idea de «hacer algo grande». Han forjado una amistad grandiosa, la química ha sido inmejorable y el equipo se ha nutrido de ella hasta límites insospechados. Ahora les toca disfrutar, a TODOS, y ya tendrá tiempo Kawhi para reflexionar sobre su futuro cuando no quedé champagne por descorchar en Toronto.
We won, Mr. DeMar. –Kyle Lowry-.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

Análisis

NBA y NCAA: conflicto abierto

La NBA volverá a permitir a jugadores de 18 años presentarse al Draft con el objetivo de dar el salto directamente a la liga profesional

Publicado

-

Flickr / NCAA Basketball

Treinta y tres segundos de juego y la zapatilla Nike de Zion Williamson reventó. El favorito al número 1 del Draft, lesionado, quizá de gravedad. Fue la imagen más icónica de la pasada temporada en la NCAA. La multinacional textil perdió más de 1.100 millones en bolsa (que posteriormente recuperó) pero, lejos de los perjuicios económicos, hubo más actores implicados. Indirectamente, en el despacho de Adam Silver resurgió un antiguo debate que atañe a su campo, la NBA, y a la competición universitaria.

Afortunadamente, la rodilla del jugador de Duke salió airosa del susto. Si no hubiese sido así, la carrera de Williamson en la NBA estaría en duda. Hubiera supuesto un serio traspiés para el futuro de la competición. Porque Zion estaba obligado a permanecer un año en la universidad. No tiene 19 años, no puede jugar en la NBA. Silver quiere eliminar ese año entre el instituto y la NBA. Una medida que permitiría dar el salto directo a los mejores jugadores, como hicieron en su día Kobe, Garnett o LeBron. En definitiva: el one and done, a escena; y el conflicto abierto.

Jaque a la NCAA

Fue en 2005 cuando el entonces comisionado David Stern implementó la norma: todo jugador que quisiera entrar en la NBA debería esperar un año desde su graduación, es decir, haber cumplido los 19 años. Los jugadores que terminaban el college debían permanecer un año como mínimo en una universidad, o buscar fortuna en una liga profesional extranjera, tal y como hicieron Brandon Jennings (Italia) y Emmanuel Mudiay (China), aunque ésta es una tendencia minoritaria.

La mayoría optan por seguir en Estados Unidos, en la NCAA, que ha experimentado un continuo crecimiento de audiencias en los últimos años. El one and done tiene buen parte de la culpa, ya que coloca en el escaparate, al menos durante una temporada, a futuras estrellas del baloncesto americano, como en su día fueron Anthony Davis, Kyrie Irving, Derrick Rose, John Wall o Kevin Durant, entre otros.

Pero lejos de estos nombres, los críticos sostienen que el one and done ha propulsado la corrupción y la desvergüenza en el sistema universitario, acabando con la mentalidad deportiva del amateurismo norteamericano. Sonados son los casos de Lousville y Rick Pitino, con el FBI investigando a programas y a jugadores universitarios que recibían dinero negro. Las universidades se disputaban a los mejores prospects para tan solo un año de relación contractual. Jugadores ya relevantes en la NBA como Markell Fultz, Kyle Kuzma o Dennis Smith fueron investigados.

Mientras, la NBA no dejaba de reclutar a ‘freshmens’ o jugadores de primer año. En 2018, los equipos de la NBA eligieron en el Draft a 18 estudiantes de primer año universitario, casi 1 de cada 3. La misma cifra en 2017: ocho de las 10 mejores selecciones de draft fueron estudiantes de primer año. Y esta no es una afluencia anómala de jóvenes talentos: desde 2010, el número 1 del Draft lo ha ostentado un jugador de primer año.

Número de jugadores de primer año elegidos en el Draft.
Fuente y elaboración | NBADRAFT.NET

En este otro gráfico se puede observar la tendencia: los jugadores de primer año dominan sobre otras clases en las elecciones del Draft desde la entrada del one and done.

Clases de jugadores elegidos en el Draft. Fuente y elaboración:
NBADRAFT.NET

Pugna de intereses y pensamientos

Han sido muchas las voces, con más o menos credibilidad, que han opinado sobre la cuestión: ¿deben los talentos más jóvenes esperar a cumplir 19 años para ingresar en la NBA?, ¿es recomendable que cambien el collage por la mejor liga del mundo sin pasar por la universidad?, ¿existe alguna solución intermedia?

Como todo debate que se atañe, encontramos opiniones diversas según el campo en el que busquemos. En la planta noble de la NBA, y más tras el susto de Zion Williamson, Adam Silver fue contundente:

“Mi sensación actual, es que este reglamento no está funcionando para nadie. He hablado con entrenadores y directores deportivos de universidades y me aseguran que no están satisfechos con el sistema actual. También tengo conocimiento de miembros de numerosas franquicias NBA que tampoco están felices con estos jugadores, ya que no creen que estén recibiendo el tipo de entrenamiento que necesitan y que esperan ver en profesionales. Mi visión personal es que estamos listos para bajar a los 18 años la edad mínima para entrar en la NBA.

Adam Silver

Leyendas del baloncesto también se han pronunciado en ese aspecto, siendo aún directos. Karim Abdul-Jabbar, por ejemplo:

“Los chicos están allí menos de seis meses. Bueno, ni siquiera seis meses, y se van. Es una farsa, creo que sólo están usando el sistema de la universidad como un trampolín para la NBA, y eso es realmente lamentable. Creo que una educación es vital para tener una buena vida, y estos chicos no están recibiendo esa oportunidad. Es triste.”

Kareem Abdul Jabbar en TNT.

La falta de educación y madurez que adquieren los jugadores en la NCAA es un argumento recurrente, incluso fuera de Estados Unidos

“Muchos de los equipos de la NBA piensan que los jugadores que optan por el one and done no están recibiendo el entrenamiento necesario que se espera en las elecciones altas del Draft”. Según el directivo, “la importancia de entrar en la NBA con suficiente base de desarrollo de baloncesto, así como de madurez física y emocional, no debería ser subestimada”.

Chus Bueno, vicepresidente de la NBA en Europa, África y Oriente Medio

Uno de los firmes defensores del one and done es Mike Krzyzewski. Voz autorizada y practicante confeso de esta estrategia con la universidad de Duke. Desde 2013, dicha universidad ha incorporado un ‘freshmen’ en las cinco primeras posiciones del Draft. En 2015, Krysewski se alzó con el título con tres one an done en su roster: Jahlil Okafor, Justise Winslow y Tyus Jones. Coack K defiende la norma:

“Jugar en la universidad aporta al jugador madurez y crecimiento, pero también le enseña su exposición, el aspecto de marketing que un programa de alto nivel le da a un joven. Jayson Tatum saliendo de St. Louis Chaminade justo después de la escuela secundaria no sería el mismo Jayson Tatum que estuvo allí después de un año”.

Coach K.

El ex seleccionador estadounidense está convencido del avance de la liga universitaria, aún si el one and done queda eliminado:

“Todavía habrá chicos que vendrán a la universidad y que se irán después de un año, de dos, o tres. Para ser sincero, no veo por qué la NBA cambiaría el límite de edad. Pero hagan lo que hagan, reaccionaremos. Así que todos los que digan que la NCAA saldrá perjudicada, están completamente equivocados”.

Mike Krzyzewski

En esa teoría se sitúa también Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA:

“Hay más jugadores que están mejor preparados físicamente (más fuertes, más grandes, más rápidos, mejores habilidades) y logran desarrollar a lo largo de su carrera universitaria unas facultades mentales y emocionales adecuadas para ser un atleta profesional y para lidiar con lo que viene después. No son productos terminados en ningún caso, pero hace 20-25 años podías contar con los dedos de una mano a los jugadores que salían preparados de la universidad”.

Gavitt se muestra tajante, aunque se olvida de otros como LeBron o Kobe:

“Los mejores jugadores en la historia de este deporte han sido parte de la universidad”. Y enumera: “Michael Jordan, Larry Bird, Kareem Abdul-Jabbar, Oscar Robinson”.

El vicepresidente cambia el gesto cuando le preguntan por los salarios. En la liga universitaria, los jugadores no reciben nada, pese a la gran suma de ingresos que genera la competición (891 millones de euros en 2018). Mientras, hay 47 entrenadores que cobran más de 2 millones de dólares al año.

Pero los jugadores, por su condición de amateurs, tienen prohibido recibir pagos de las universidades y de las empresas vinculadas a estas, como pueden ser Nike, Under Armour o Adidas.

“Los salarios y, sin duda, el potencial de ganancias a largo plazo, son tan cambiantes que es algo difícil de resolver para un jugador y su familia. Hace muchos, muchos años, la diferencia en el valor de jugar en la universidad y jugar en la NBA era diferente, pero no dramáticamente diferente. Ahora es dramáticamente diferente”.

Gavitt

Stan Van Gundy, que entrenó un año a la Universidad de Wisconsin (94/95), dispara:

“La NCAA es una de las peores organizaciones del mundo del deporte. Puede que la peor. Desde luego no les importa nada el atleta. La gente que estuvo en contra de que los jugadores llegaran directamente desde el instituto inventó muchas excusas, pero creo que en gran parte fue racismo. Nunca he visto a nadie levantarse a protestar sobre las ligas menores de béisbol o Hockey. Allí no ganan muchísimo dinero y suelen ser chicos blancos, así que nadie tiene ningún problema. Pero de repente tienes a un chico negro que quiere salir del instituto y ganar millones y eso sí es una mala decisión. Pero saltarse la universidad para ganar 800 dólares al mes en una liga menor de béisbol es una buena decisión. ¿Qué narices está pasando?”, expresa el ex técnico de Miami, Orlando y Detroit.

Stan Van Gundy

En un tono más distendido opina Jim Haney, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Entrenadores de Baloncesto, piensa que un año de universidad es muy productivo para los jugadores:

“La gran mayoría de los chicos que ingresan no han aprendido en el baloncesto escolar cómo jugar duro dentro del concepto de equipo porque siempre han sido mejores que los otros niños. Su idea de jugar duro es: ‘Voy a tirar más o voy a conducir más hacia la canasta‘. Eso es un enfoque individual y no colectivo. En la NCAA se demuestra que se necesitan cinco hombres en la cancha trabajando juntos para ser realmente un equipo productivo”.

Jim Haney

Otro de los seguidores confesos del one and done es John Calipari, gran reclutador de talentos. Por sus manos pasaron decenas de jugadores listos para la NBA: Derrick Rose, John Wall, Eric Bledsoe, DeMarcus Cousins, Anthony Davis, Julius Randle , Karl-Anthony Towns y Devin Booker, por ejemplo. El entrenador de Kentucky defiende el contacto directo con el jugador desde edades muy tempranas:

“No les prometemos tiempo de juego, tiros o cuánto tiempo estarán en la universidad. Todos tienen su propio horario, y se lo decimos a todos y cada uno de los chicos y sus familias. Para algunos, eso significa un año; para otros, dos, tres o cuatro. Pero nuestro enfoque es poner a nuestros hijos en la mejor posición para tener éxito en el siguiente nivel, ya sea en la NBA o en algún otro campo, cuando llegue el momento de eso. Creo sinceramente que no hay mejor lugar para crecer, especialmente en el factor humano, que la NCAA”.

Calipari.

Si bien es cierto que son muchos los que eligen seguir desarrollando sus capacidades en cualquiera de las tres divisiones de la NCAA, el número de jugadores dedicados finalmente al baloncesto es mínimo. Según un informe de la revista oficial de la NCAA, Champions Magazine, poco menos de tres cuartas partes de los jugadores de la División I creen que jugarán profesionalmente en la NBA, en la G-League o en el extranjero.

En la División II la cifra no llega al 50%, mientras que solo un 27% de los jugadores en la División III creen que jugaran de manera profesional. Las cifras finales otorgan cierta razón al desazón de los jugadores universitario: solo un 48% de División I llegan a jugar en un equipo profesional, 1 de cada 5 entre todas las divisiones.

Calipari prefiere centrarse en los casos de éxito, y pone como ejemplo a Willie Cauley-Stein, con el que también coincidió:

“Cuando llegó al campus me dijo ‘Odio la escuela’ y cuando se fue lo hizo llorando. Estuvo tres años aquí en Kentucky. Apreció la educación que se le dio, creció emocionalmente y aún hoy está inscrito en el club de lectura de la facultad. Todo eso también es la liga universitaria”.

Willie Cauley Stein

Dan Gavitt también incide en ese argumento romántico de los campus:

“Hemos tenido jugadores de un año que han regresado a su campus de manera regular, que han donado a sus instituciones, que han estado en contacto cercano con sus entrenadores y ex compañeros de equipo y realmente han aceptado ser parte de la comunidad. Incluso si no son graduados de la institución, sigue siendo una gran parte de sus vidas”.

Dan Gavitt, vicepresidente senior de la NCAA.

El comisionado de la Conferencia del Sureste, Greg Sankey, es más práctico.

“Debemos hacer una NCAA más fuerte. El debate del one and done no es asunto de un solo deporte. Debemos parecernos más a la NFL o a la MBL”.

Sankey.

En la liga de fútbol es obligatorio jugar tres años con la universidad, mientras que en el béisbol se permite a los jugadores que se conviertan en profesionales directamente de la escuela secundaria, pero si van a la universidad tienen que quedarse tres años allí.

Tres soluciones sobre la mesa

El debate es creciente y las negociaciones constantes. Por ello no hay una vía de acuerdo oficial entre todas las partes. Eso sí, todo parece indicar que el one and done tal y como lo conocemos hoy, desaparecerá.

La opción preferida de Adam Silver es unificar a los prospects de high-school y a los one-and-done en una sola categoría, que les permitiera o bien presentarse al Draft desde el collegue o bien desarrollarse en la G-League.

Aquí radica la idea de Silver: dotar de una mayor profesionalidad a la G-League. Una expansión que debe permitir sueldos mayores a los 26.000 dólares de máximo que existen ahora mismo. Contratos que alcancen los 125.000 dólares a jugadores que salgan del instituto y eviten así pasar un año sin cobrar en la liga universitaria.

“Condoleezza Rice y su comisión han recomendado a la NBA que los jugadores que están haciendo el llamado one and done entren directamente en la liga, por lo que creo que debemos considerar la reducción de nuestra edad a 18 años”.

Adam Silver

El comisionado de la NBA explico que la idea incluiría iniciar el contacto con los mejores jugadores en sus años de instituto. Un seguimiento pormenorizado del atleta, entrenando y desarrollando sus condiciones tanto dentro como fuera de la cancha con la mirada puesta en un futuro mejor tanto para ellos como para la NBA.

Existe una segunda vía que requiere mucho esfuerzo y coordinación en el tiempo. El pasado verano, la NBA y el Sindicato de Jugadores anunciaron un acuerdo con la Federación (USA Basketball) para ojear y aumentar el número de jugadores juveniles de élite a su equipo nacional junior a más de 80 de una tacada. Los jugadores recibirán atención sanitaria y psicológica, además de entrenamientos específicos y de rendimiento deportivo gestionados por expertos.

Getty Images

A su vez, los jugadores tendrán que enviar informes médicos y deportivos a los equipos de la NBA, a fin de que ingresen directamente en la liga (con 18 años) o utilicen un paso intermedio como la G-League. Por otro lado, la NBA solicita que los jugadores tuvieran que tener cierta asistencia obligatoria a las sesiones de Draft. En estas pruebas previas, los jugadores tienen ocasión de mostrar sus habilidades delante de los principales scouts de las franquicias.

“Llevamos mucho tiempo intentando involucrarnos más en el baloncesto de élite de categorías inferiores. Realmente existe un sentido de urgencia al respecto. Este programa es exactamente lo que hemos estado diciendo que debíamos hacer”.

Kathy Behrens, presidenta de responsabilidad social en la NBA.

Pero claro, estas dos iniciativas olvida por completo el papel de la NCAA en la negociación. Por ello, son más los rumores que apuntan a un simple cambio de regla. Del one and done al zero and two, una idea del sindicato de jugadores (NBPA) que gusta a ambas partes.

Zero and two sería una opción viable para todos los jugadores que decidan dar el salto desde el instituto a la NBA, pero los que se decanten por la universidad, no podrían ser drafteados hasta el final de su segundo curso. La medida no está recogida en el último convenio colectivo presentado por la NBA y la Asociación de Jugadores, pero, según fuentes de la negociación, es una opción muy viable.

¿Y para cuándo?

Adam Silver desveló hace unas semanas que cualquier medida definitiva no entraría en vigor antes de 2022:

“Hay un montón de problemas que deben resolverse entre nosotros y la asociación de jugadores, por lo que es algo sobre lo que estamos en discusiones activas”.

El comisionado aclaró que cambiar el one and done antes de 2022 no sería justo para las franquicias que han realizado intercambios con selecciones de draft: “Me faltan unos años, creo”. Y avisa:

“Esto afectará a las negociaciones entre las franquicias sobre intercambios en puestos del Draft. Espero que sepan elegir bien”.

Conflicto abierto, largo y lleno de interrogantes.

Suscríbete a nuestra lista de correo y no te pierdas nada de SKYHOOK. Greg Ostertag ya lo ha hecho, y no vas a ser menos que Greg. ¿O sí?

Continue Reading

SKYHOOK #16

 

Dossier Gigantes: pasado, presente y futuro de una profesión en peligro

De toscos gigantes a hábiles figuras capaces de hacer casi todo dentro de una pista. La figura del pívot marca el ritmo de su deporte y condiciona épocas, estilos y recuerdos, y a través de ellos viajamos en una travesía de casi ochenta años en el tiempo.

Ya a la venta en papel y digital 

RESUCITA A TUS MITOS

Publicidad

Quinteto Ideal