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Liga ACB

La Era Querejeta en el Baskonia: Un club, una historia, un presidente

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Querejeta

El Saski Baskonia, o cómo ahora es conocido (Laboral Kutxa Baskonia) es una de las potencias baloncestísticas continentales de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Primero en el ámbito vasco, después en el español y finalmente en el europeo, el Baskonia se ha consolidado como una referencia vital, en gran medida debido a la gestión del que es su presidente desde 1990, Jose AntonioJoseanQuerejeta. Jugador vasco nacido en 1957, campeón de Liga en el 78 a las órdenes de Lolo Sainz en el Real Madrid, también militó en las filas de Joventut, CAI y Atlético San Sebastián (germen de lo que ahora sería tanto el CB Askatuak, de Liga EBA, y el Gipuzkoa Basket de ACB). En la temporada 87-88 deja la práctica profesional del baloncesto y en 1990 toma las riendas del Baskonia.

Un club camaleónico en temas de nomenclatura, por un lado administrativamente (Pasando del Vasconia inicial, a Basconia y finalmente a Baskonia, algo más vasco) y por otro lado deportivamente, adquiriendo casi siempre el nombre de su patrocinador principal (Caja de Álava, Taugrés, TAU Cerámica, Caja Laboral y últimamente Laboral Kutxa).

El Baskonia, inclusive, cuenta con una de las aficiones más notorias y fieles del panorama baloncestístico español, con más de 8.500 socios para las 15.500 localidades que tiene el Fernando Buesa Arena. Compitiendo por albergar eventos del máximo nivel baloncestístico con ciudades más grandes y con más medios, como Moscú, Atenas, París o Barcelona, el binomio Querejeta-Baskonia ha situado a la ciudad en los primeros puestos de este apartado.

Sin embargo, con Querejeta han llegado a Vitoria jugadores de alto perfil europeo como el alero serbio Nemanja Bjelica (2010-13), el pívot alemán Tibor Pleiss (2012-14), el escolta turco Serkan Erdogan (2005-07), o el tirador lituano Arvydas Macijauskas (2003-05).
Por el Baskonia han pasado jugadores tan rocambolescos como el pívot americano Abdul Jeelani, que jugaría en Vitoria durante tres años (1985-88). Jeelani, tan extravagante fuera de la cancha como inadvertido dentro de ella, ostenta el tan magno honor de anotar la primera canasta en la historia NBA de los Dallas Mavericks, en la temporada 1980-81.

Además, el Baskonia también ha sido caldo de cultivo para jugadores argentinos que con mayor o menor fortuna han dejado su impronta en el club y en el baloncesto español. Es el caso de iconos como Scola, Oberto, Nocioni o Prigioni, que han forjado su carrera gracias a maravillosas temporadas luciendo la elástica blanca/azulgrana del equipo vasco. Otros jugadores como Hugo Sconochini, Matías Nocedal, Ariel Eslava o Walter Herrmann tuvieron etapas más discretas, pero también son necesarios para entender la conexión del equipo con Argentina.
El club baskonista, por otro lado, tiene la fama de ser pasaporte NBA para muchos. Desde Scola, pasando por grandes jugadores como Garbajosa, Nocioni, Calderón, Teletovic o Splitter, ha sido el trampolín para la mejor liga del mundo e incluso ha sido capaz de realizar fuertes desembolsos económicos por traerse a jugadores de allí, algunos con mucho que dar todavía (Shengelia, Orlando Johnson…) y otros con carreras consolidadas (y ya como veteranos) en América como Odom o Ryan Gomes.

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Por Vitoria también hemos tenido el placer de ver por los banquillos a verdaderos técnicos de primer nivel como Zeljko Pavlicevic, que solo estuvo una temporada (1989-90), Boza Maljkovic (2007), Neven Spahija, actual asistente de los Hawks, que ganó una ACB con los baskonistas (2007-08) o Dusko Ivanovic, el artífice táctico en las canchas de muchos de los éxitos vitorianos (Dos etapas: 2000-05, 2008-12). También grandes entrenadores nacionales como Pedro Martínez (2005-06) o Manel Comas (1993-97) dejaron su impronta en el club azulgrana.

Con la veteranía asegurada en el ámbito táctico, toca desvelar las claves para lograr jugadores experimentados a bajo coste. En palabras de Querejeta, el modelo principal del club es “fichar jugadores jóvenes de Argentina, Brasil o los Balcanes y ofrecerles jugar en otros equipos hasta que les vemos listos para dar el paso e incorporarlos”. Este proceso es dirigido cautelosamente por Alfredo Salazar, uno de los artífices principales del éxito Baskonia. Gran parte de los jugadores que encarnan los valores del “Carácter Baskonia”, de esa garra que caracteriza al equipo, como pudieron ser en su momento Scola, Nocioni o Splitter, no habrían llegado al equipo de no ser por el criterio del bueno de Salazar.
Así se explica el paso de Scola por Gijón Baloncesto (1998-00, una temporada en LEB y otra en ACB), el paso de Nocioni por Manresa en la temporada 2000-01 (en aquel momento en LEB) o el periplo de Calderón por Alicante y Fuenlabrada antes de retornar a Vitoria. Splitter también fue cedido al Bilbao Basket antes de recalar definitivamente en Baskonia (dos temporadas, 2001-03, en las que ascendió de LEB-2 a LEB)

Lo que funcionaba hace más de diez años se sigue llevando a cabo hoy en día, dado que jugadores muy talentosos como Daniel Bordignon, pívot brasileño de 1996, fue cedido la pasada temporada al Planasa Navarra de LEB Oro. Otros jugadores, como el lituano Tadas Sedekerskis o el español Carlos Martínez, jugaron el pasado curso en Araberri, equipo vasco vinculado al Baskonia, que disputa sus partidos en la LEB Plata.

Sedekerskis jugará esta temporada 2015-16 en LEB Oro (Peñas Huesca). Sin duda es un jugador interesantísimo, con altura (201 cm) y capacidad para asumir muchas facetas del juego desde su posición de alero/escolta. Impresionante también su habilidad para el tiro y el pase. Desde Vitoria se le está formando con mucha calma para que su progresión sea completa, pero es un jugador que ya tiene visos de gran estrella. Para muestra, un botón: el chico fue nombrado máximo anotador de los dos últimos Campeonatos de España júnior (2014, 2015). En el primero de ellos era todavía cadete.

Sedekerskis tras un partido con el primer equipo

Sedekerskis tras un partido con el primer equipo

Con otros nombres como Illmane Diop o Rinalds Malmanis, el futuro del club en cuanto a cantera está más que asegurado. Si estos proyectos se acompañan de grandes fichajes, como en su momento lo fue Fernando San Emeterio (fichado en 2008), Fabien Causeur, Davis Bertans o, este mismo año, el exobradoirista Alberto Corbacho, hacen que Baskonia sea siempre un equipo a tener en cuenta para todo. Ayer mismo, cerraron el fichaje de uno de los jugadores más interesantes de la LEGA italiana, el ala-pívot neoyorquino del Avellino O.D Anosike, quien ha sido máximo reboteador en dos ocasiones de la NCAA (2012, 2013) y de la LEGA (2014, 2015). Un verdadero jugador físico, esperemos que un acierto desde las oficinas baskonistas.

Pero es necesario hacer crítica, y aunque antes mencionamos la llegada de jugadores europeos excelentes (Bjelica, Pleiss, Erdogan, Macijauskas), en estas últimas temporadas ha primado la irregularidad, convirtiéndose el Baskonia en una plantilla muy cambiante donde se traspasaban, llegaban y venían jugadores como si de cromos se tratase. La contratación de Velimir Perasovic como entrenador por esta campaña y una más (opción del club) tratará de frenar esa sangría de contrataciones (21 jugadores en la 14/15) y volver a la senda de los éxitos.

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Retrospectivas ACB

El jinete pálido

Barba hirsuta, aspecto frailuno, mirada de fuego y nervios de hielo. No, no es Juego de Tronos, es Marko Popovic, el último referente histórico del Baloncesto Fuenlabrada.

theobaldphilips@hotmail.com'

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ACB Photo / Emilio Cobos

Y contemplé un caballo pálido; y el nombre de su jinete era La Muerte. Y el infierno le seguía.

(Apocalipsis, 6:8) 

Todo parecía desmoronarse. No solo estaban a punto de ser expulsados de lo que había sido su hogar durante los últimos diez años, sino que el clima interno se había vuelto prácticamente irrespirable, saturado de agrias y mutuas recriminaciones.

Y, de repente, como si fuera la respuesta a una muda plegaria, apareció en el horizonte aquel tipo de barba hirsuta, aspecto frailuno, mirada de fuego y nervios de hielo. Traía bajo el brazo el pan de una esperanza recién nacida y su sola presencia, la fama que le precedía, hizo a muchos recobrar la fe perdida, como si la imagen de aquel pistolero infalible que nunca sonreía y que, muchos años antes, había sacado al pueblo del pozo, se hubiese bajado del pendón que adornaba las paredes y se hubiera hecho carne. Fue una inyección de ilusión que restañó definitivamente las heridas, la rúbrica de un armisticio que permitió que, en Fuenlabrada, todos remasen en la misma dirección y se pudiese aprovechar la oportunidad que los vericuetos administrativos les habían conferido.

Con el bagaje de mil batallas en los que su puntería había estado al servicio de grandes potencias europeas, con la culata de su revólver marcada por innumerables títulos colectivos y galardones individuales, era lógico que el de Zadar se convirtiese en la principal referencia del proyecto. Pero, muy pronto, Marko Popovic se convirtió en algo más que el go-to-guy de los del sur de Madrid. Como el reverendo de Eastwood, o el Shane de George Stevens del que aquel es trasunto, la importancia del escolta fue más allá de lo que sus balas podían hacer; se convirtió en el líder de aquel grupo, en el inspirador y guía de un espíritu y una cultura que consolidó en la cancha aquella ilusión que, entre los aficionados, nació de un simple titular de prensa. 

La primera temporada estuvo repleta de alegrías, con la estructura colectiva que diseñó Zan Tabak, y que luego Jota Cuspinera consolidó, jugando un baloncesto alegre en el que el protagonismo pasaba de mano en mano sin descanso, teniendo siempre detrás la seguridad de que, llegado el momento, si los problemas acuciaban, contaban con que su número 2 terminaría ejecutando. Popovic ejercía el liderazgo del ejemplo, corriendo más kilómetros que nadie en los partidos, fajándose atrás, donde más sufre, siendo casi un entrenador más cuando le tocaba sentarse, animando, aconsejando a jugadores y técnicos, haciendo equipo.

Era uno más de la falange, aunque consciente de que su puesto estaba en el lado derecho, el más desguarnecido y de más responsabilidad, siendo al que le toca sostener la línea cuando las cosas van mal dadas. ¡Bang, bang!, un triple en Zaragoza para ir a la Copa, ¡bang, bang!, otra victoria para alcanzar los playoffs; lejos del clasicismo y de la elegancia de la leyenda fundacional, el jinete pálido desenfundaba y disparaba como si le estuvieran dando un latigazo, como si cada acierto costara trabajo, como si proviniera de un parto o de una agonía, lo que daba casi a cada una de sus acciones un toque épico que, además de levantar a sus compañeros, conectaba directamente con el corazón de la gente y regaba con gasolina el fuego de aquella esperanza y aquella fe que su llegada había traído. 

El segundo año, sin embargo, fue muy distinto. Los resultados adversos, los problemas con las lesiones, rompieron la buena racha del equipo y llevaron a Marko Popovic a un tipo de liderazgo más negativo. Su compromiso era el mismo, su esfuerzo también, su calidad no había decaído, pero la luz de su faro no guiaba de la misma forma.

Ansioso por no haber podido ayudar a los suyos mientras los doctores no le permitieron pisar el parqué, se dedicó a amasar el balón en exceso, a cambiar la formación en falange por el singular combate, a agotar el oxígeno de un equipo que vivía del esfuerzo colectivo e ir, de forma inconsciente, agravando la desconfianza de sus compañeros. Sin quererlo, cuanto más se esforzaba en romper el círculo vicioso más perfilaba su diámetro. Aprendió, con los sinsabores de un año de muchos nervios, que no basta con ser el mejor para ser un buen líder. 

Y esas enseñanzas le valieron en la siguiente temporada para, a sus 35 años, mejorar. El jinete pálido que se encontró el equipo del Che García era otra vez aquel que, incluso en una plantilla con más calidad que aquel con el que había empezado su andadura en Fuenlabrada, el equipo necesitaba. Un líder generoso que, hasta hoy mismo, con su cuerpo cada vez más castigado, transmite a sus compañeros y a las gradas confianza y seguridad, un pistolero que no deja una gota de sudor por derramar y que hace con su ejemplo todavía más que con su puntería. 

El tiempo pasa inexorable y, en esta 2018-2019, está pasando a nuestro protagonista una factura cada vez más alta que nos está impidiendo verle con la asiduidad que queremos los que amamos el baloncesto. Disfrutemos de cada lección que le queda por darnos porque, desgraciadamente para nosotros, está cada vez más cercana la fecha en la que, como Shane en “Raíces profundas”, como el jinete pálido, Marko Popovic se alejará cabalgando en el horizonte, convirtiéndose en leyenda y dejándonos con la sensación de estar perdiendo algo precioso.  

ACB Photo / Emilio Cobos

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Retrospectivas ACB

Ante Tomic, el hombre desenfocado

De las comparaciones con Pau Gasol al estigma de frío. Ante Tomic ha echado una carrera al baloncesto moderno y ha terminado por encontrar el foco en su carrera.

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En el largometraje “Deconstructing Harry” (Woody Allen, 1997), nota del articulista: sí, otra referencia cinéfila, qué pasa, Robin Williams encarna a un personaje perteneciente a una ficción dentro de la ficción, una especie de inception actoral: en uno de los relatos cortos del escritor protagonista (Harry Block, interpretado por el propio Allen), Williams es un actor que se vuelve borroso, cuya imagen se muestra desenfocada tanto dentro como fuera de plano.

La única solución a corto plazo que le ofrece el médico al que acude para solucionar el problema es darle unas gafas especiales a su familia para que, por lo menos ellos, le puedan ver correctamente. El psicólogo del protagonista infiere de este relato que el autor, el susodicho Harry Block, pretende que el resto del mundo se adecúe a su manera de pensar y proceder.

Probablemente el Woody Allen director y guionista buscaba una interpretación distinta, pero esto no es el Fotogramas y yo no soy Carlos Boyero, así que no voy a profundizar en ello. Saco a colación este sector de esta película en concreto porque, de alguna manera, se presentó en mi cabeza al día siguiente de la final de Copa de este 2019 (“¡baloncesto! ¡por fin!”, recitó el coro griego de lectores del artículo con renovada energía), mientras trataba de entender las últimas decisiones arbitrales de aquel partido a través de unas sencillas operaciones matemáticas (una derivada fraccional por aquí, una integral trigonométrica por allá) y la lectura recitada de “El libro rojo” de Carl Gustav Jung.

Y llegó a mi cerebro al caer en la cuenta de que Ante Tomic, el vilipendiado, fustigado, ninguneado, ridiculizado y menospreciado por buena parte de la afición madridista Ante Tomic, había conseguido lo que en cualquier otra circunstancia, o cúmulo de circunstancias, habría significado no solo una venganza en toda regla, un majestuoso “yippee-ki-yay, motherfuckers”, sino una jugada, una canasta que le habría trasladado a un olimpo imaginario de héroes, en este caso azulgranas, que parecía serle vetado para siempre por causas que serán desarrolladas (lo juro por el protector bucal de don Stephen) en posteriores párrafos.

En lugar de ello, el guardián de dicho olimpo le objetó a Tomic no sé qué de unos calcetines blancos y le impidió el paso; y aceptó, sin embargo, a un tal Instant Replay, un extraño infraser que se presentó con apenas dos de sus once extremidades sanas.

Y así, de esta rocambolesca manera, el jugador croata, cuya final fue destacable (incluyendo un tremebundo mate sobre Ayón a 40” del final, absolutamente fuera de guion) volvía a quedar apartado de un foco que en sus inicios de carrera parecía inevitable que abarcara, y que le ha estado esquivando y lacerando durante su trayecto en la élite.

Apartado de un foco.

Desenfocado.

¿Lo pilláis ahora?

(“Que no seamos suscriptores de Skyhook/no significa que seamos idiotas”, canta, resignado, el coro griego)

Vale, vale, perdón. Un puntito y aparte y desarrollamos.

Ante Tomic en la última Copa del Rey | ACB Photo

El Gasol de Dubrovnik

Me permitirá el paciente lector que corretee de puntillas sobre la vida y milagros de Ante Tomic, alumbrado hace 32 años en la ciudad croata de Dubrovnik, la “Atenas dálmata”, lugar de nacimiento de otras personalidades destacadas de la pelota naranja tales como Nikola Prkacin, Andro Knego (y su legendaria alfombra de pelo pegada a la espalda), y un tal Mario Hezonja que aparecerá como estrella invitada dentro de un rato.

Me ahorraré que salió de Dubrovnik para empezar a destacar en el KK Zagreb, donde desarrolló su juego y se ganó convocatorias para las selecciones inferiores croatas (vaya, al final no me lo he ahorrado); y saltaré a enero de 2010, donde unos magníficos promedios de 18 puntos y 9 rebotes deciden al Madrid de Messina y Maceiras a pagar un millón de euros de buyout para que palie la larga lesión de Van den Spiegel y adelantar un fichaje acordado para junio. En su presentación, el propio Maceiras empieza a anudarle las cadenas que el bueno de Ante va a arrastrar durante toda su carrera deportiva:

“Tiene una gran versatilidad, aunque su peso puede no ser lo que necesita el equipo; pero tiene una gran perspectiva de futuro”.

Él, por su parte, ya despejaba balones cuando le comparaban con Pau: “es una exageración compararme con él”.

Sí, claro. El archivo sonoro de los deportistas de élite está lleno de obviedades de este tipo, pero lo cierto es que en aquellos momentos lo de “El Gasol del Este” sonaba bastante. Por supuesto que era una exageración, pero las primeras impresiones fueron positivas y permitían que el nuevo batacazo masivo de aquella temporada no opacara las esperanzas puestas en el joven Tomic. El siguiente curso confirmó las buenas impresiones del jugador, pero no las del equipo, que a pesar de cargarse a Messina en marzo volvió a quedarse en blanco.

En 2011 llegaban Pablo Laso y Sergio Rodríguez, y el periplo blanco de Ante iba a decolorarse hacia un inerte gris. Sus números bajaron, las sensaciones aún más, y el peso de su falta de físico, la escasa potencia de su tren inferior y un lenguaje gestual más bien plañidero se imponían en la psique baloncestística generalizada; el estilo de juego instalado por Laso, y, por ende, el toque de corneta impuesto por los Sergios, superaban a un Tomic que para explayarse requería de tiempo, espacio y dedicación. Su nefasta final contra el Barcelona acabó por sentenciarle, pero el destino le iba a ofrecer un jugoso requiebro.

Ante Tomic a su paso por el Real Madrid | ACB Photo

De Troya a Grecia

Pervive cierto relato según el cual Ante Tomic dejó el Real Madrid por el Barcelona para, según sus palabras, ganar los títulos que hasta entonces se le habían negado. Dicho relato se utiliza una y otra vez para atizar al de Dubrovnik, pero basta repasar sus declaraciones de aquella época para comprobar que fue el club blanco el que no le quiso, y que él tan solo expresó su voluntad de ganar trofeos con su nuevo club. Solo faltaría. Ante estaba convencido de que su juego, con Xavi Pascual, mejoraría sustancialmente, y así fue.

Por otra parte, Pablo Laso estaba convencido de que sin Tomic el juego de su equipo mejoraría sustancialmente, y así fue, hasta el punto de que se dio inicio a la época más exitosa del club en la era moderna. Justo mientras, coincidiendo con la llegada del pívot croata, el Barcelona entraba en una espiral de descomposición de la que, a pesar de los decentes resultados de esta temporada, no tengo nada claro que haya salido.

¿Era culpable Tomic de los malos resultados del Madrid hasta su despedida? No. ¿Ayudó su salida a mejorar el equipo? Sí, puesto que no encajaba con el estilo de juego que pretendía imponer su técnico. ¿Es culpable Tomic de los irregulares resultados del Barcelona desde su llegada? No, en absoluto. ¿Voy a cerrar este bucle de preguntas y respuestas en el que he entrado y voy a pasar de una puñetera vez al siguiente párrafo? Sí, antes de que venga el coro griego a dar por saco.

Deconstructing Tomic

El momento elegido, o forzado a elegir, para saltar de Real Madrid a Barcelona ejemplifica a la perfección mi metáfora woodyalleniana: justo cuando el foco se trasladaba a la capital española, Ante Tomic se apartaba de él en la catalana. Pero no es el único desenfoque apreciable en su carrera. Su mismísimo perfil de jugador, un center poco móvil, muy alto, con facilidad para el juego de espaldas al aro y con una inestimable capacidad para el pase, de la estirpe de los Sabonis, Tomasevic o Vujcic, resulta muy a contracorriente del que prevalece, desde algunos años, en el baloncesto europeo.

Un baloncesto que requiere de cincos móviles que puedan cambiar en defensa con cierta facilidad y se desplacen veloces en el pick&roll (Hines, Dunston, Ayón); o, en todo caso, torres que dominen defensivamente (Vesely, Tavares). Un baloncesto que permite a Tomic ser considerado uno de los mejores centers del continente pero no dominarlo, bajo la creencia, basada en estadísticas avanzadas, de que el juego al poste es menos eficaz, más defendible, que cualquier otra opción ofensiva. Esto, junto a las perennes y estigmatizadas acusaciones de blandura e incapacidad defensiva, nos han llevado a todos a proclamar, y ahora por fin el coro griego me resulta útil:

“¡No se puede edificar/un proyecto sobre Tomic!”

Gracias majos, e id a lavar las túnicas, haced el favor.

Sí, a Ante Tomic probablemente no le da para aguantar sobre sus espaldas una estructura dominante en Europa, pero eso no valida necesariamente los demás mantras que le persiguen. Por ejemplo, con los años se ha convertido en un gran defensor y se le reconoce muy poco. Su tren inferior da para lo que da, su capacidad de salto e intimidación es endeble; pero ha conseguido ser bastante difícil de superar en el 1×1, sabe cuándo y cómo lanzar flashes y es un gran reboteador defensivo. A base de IQ y constancia ha conseguido mejorar drásticamente sus prestaciones en este sentido, hasta el punto de que, le traigan a quien le traigan como compañero de posición, él siempre es el mejor center defensivo de la plantilla. Sí, también con Joey Dorsey.

Por otro lado, afirmar que Ante Tomic tiene un problema de carácter es, de nuevo, simplificar el asunto y adherirse al relato establecido, basándose en sus carencias físicas y su lenguaje gestual (declaraciones de Pesic, hace nada: “Tomic tiene calidad, táctica y cojones”). En la opinión de este perpetrador de artículos, el mayor déficit de su talante es la necesidad de sentirse importante para dar un rendimiento acorde a su capacidad.

Lo hemos visto no hace mucho, al inicio de la temporada pasada, cuando la llegada de Seraphin parecía quitarle minutos y protagonismo, y decayeron sus prestaciones; fue llegar Pesic y entregarle galones, junto a la grave lesión del francés, y Ante retornó a sus números y rendimiento de todos estos años. También lo hemos podido comprobar durante su periplo en la selección croata, donde, rodeado de una atmósfera de caos, desorden, terroristas del aquí llego y aquí me la tiro, y entrenadores que lo permitían, ha sido incapaz de siquiera acercarse a un nivel cercano a su capacidad.

El tenebroso Eurobasket de 2015 fue su canto del cisne; renunció a ser seleccionado para el preolímpico de 2016, sin que se conocieran las razones concretas, y no ha vuelto a la selección. Pero esto no significa que carezca de personalidad ni predicamento en un vestuario: eran épicas las broncas con las que reprendía, en la misma pista, a su conciudadano Mario Hezonja. Además, su constancia en cuanto a números (siempre entre los jugadores más valorados de cualquier competición en la que participe), presencias en pista (no ha tenido ninguna lesión larga, no falla casi nunca, una rara avis en el basket europeo tan sobrecargado de hoy en día) y aguante en un club tan inestable, da a entender una resiliencia que no por desenfocada deja de ser genuina.

Ante Tomic con Croacia | FIBA Photo

Epílogo, porque ya, total…

Volvemos a la final de Copa. El plano master televisivo acompaña el vuelo del último balón lanzado por Llull desde su campo a la desesperada; Tomic es el único jugador azulgrana en su mitad de pista, y observa el arco que dibuja la pelota con los brazos en jarra, aceptando el designio del destino con cierta resignación, porque la dirección es la correcta y podría acabar dentro del aro. El balón se regodea antes de salirse enérgicamente; el Barça es campeón, pero Ante no reacciona. Se queda contemplando el otro lado de la cancha, quizás resoplando internamente, o puede que alcanzando una paz interior que se le ha estado negando durante demasiado tiempo. No sabemos si se dispone a abrazarse a sus compañeros, a bailar reggaetón o a levitar presa de un trance chamánico, porque la cámara decide, una vez más, retirarle el foco.

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Actualidad

La Bomba Navarro, ahora en formato audiovisual

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Hay jugadores que marcan una era, eso es innegable. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, LeBron James o Karl Malone serán recordados hasta por aquellos para los que el baloncesto solo es un deporte más. Hay otros que van un paso más allá y ya han escrito su nombre en la historia. Michael Jordan es, sin lugar a dudas, el hombre que lidera este segundo grupo de jugadores. Su trayectoria ha sido tan espectacular, que para muchos es el mejor jugador que la NBA tendrá nunca. Su leyenda es tal, que se ha convertido en el protagonista de videojuegos, libros o cómics y se han hecho infinidad de documentales sobre él, el último de ellos se espera para 2020 y ahondará no solo en su carrera deportiva sino en la vida personal del jugador, en el ámbito más íntimo de una estrella conocida en todo el planeta. “The Last Dance”, apuntaros el título porque esta producción de ESPN dará mucho de qué hablar el próximo año.

En el caso del baloncesto español es más complicado encontrar jugadores que se engloben en este segundo grupo, pero sí que contamos con deportistas que marcaron toda una época en este deporte. Uno de ellos es Juan Carlos Navarro, a quien su equipo de toda la vida acaba de homenajear con un documental sobre toda su carrera deportiva bajo el título de “Es la bomba”.

Navarro comenzó dando sus primeros pases en la cantera del FC Barcelona de baloncesto para dar el salto al primer equipo de la ACB en 1998. Fue precisamente durante su paso por las categorías inferiores cuando se ganó el apodo de “La bomba”, gracias a su capacidad de cambiar la ruta del partido con tiros lejanos. Conocido ahora como Barça Lassa y situado entre los favoritos para hacerse con el título según medios especializados como Oddschecker, el equipo lo vio crecer como jugador durante 10 temporadas en las que coincidió con otro grande del baloncesto español, Pau Gasol. Fue precisamente el de Sant Boi el que lo animó a dar el salto a la NBA y en la temporada 2007-2008 Navarro pasó a formar parte de los Memphis Grizzlies, el mismo equipo en el que militaba Gasol. Fue una decisión muy comentada en su día, puesto que el experto en triples contrajo una deuda millonaria con el FC Barcelona para poder marcharse a la liga americana, lo que lo convirtió en uno de los jugadores peor pagados de la NBA. No obstante, la estancia de Navarro al otro lado del charco no fue muy dilata en el tiempo, y es que solo duró en la liga americana esa temporada. Aunque muchos aluden a cuestiones económicas como el principal motor de la vuelta de Navarro a España, el jugador afirmó en varias entrevistas que el motivo de su regreso había sido más bien sentimental. De esta forma, en la temporada 2008-2009 la Bomba volvió a lucir la camiseta del FC Barcelona sobre las pistas, y lo haría así en las siguientes 9 campañas. En total fueron 20 las temporadas que el catalán jugó con el equipo que lo formó desde pequeño, años en los que consiguió un total de 35 títulos, entre ellos 8 Ligas, 7 Copas y 2 Euroligas.

En agosto de 2018 el club anunció su retirada y un mes más tarde el Palau Blaugrana se llenó de aficionados, directivos del club, antiguos compañeros y diversas personalidades del mundo del deporte para despedir al que ya ha sido bautizado como el jugador de basket más importante del Barcelona. Fue precisamente durante este homenaje cuando el presidente del club anunció que Navarro contaría con una estatua ante la puerta del Palau y con un documental.

La primera de las promesas del presidente todavía no se ha hecho realidad, pero sí la segunda. El pasado 7 de marzo el canal de televisión del club, Barça TV, estrenó “Es la Bomba”. En poco más de una hora, el documental hace un repaso por la trayectoria profesional del jugador explicada por el propio Navarro. Además, su discurso se apoya en las intervenciones de diferentes jugadores y entrenadores que coincidieron con él durante sus años en el Barça, como Pau y Marc Gasol, Víctor Sada, Gianluca Basile, Miguelito López Abril, Xavi Pascual o Joan Montes.

Tras su estreno, y su reposición los días 8 y 9 de marzo en diversos eventos, “Es la Bomba” está disponible en el sitio web del club para que cualquier persona pueda disfrutar de él. Sin duda una muy buena oportunidad de acercarse a una de las leyendas del baloncesto español.

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