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En las películas no siempre las ganan los buenos. En ocasiones, aquellos personajes que se ganan el odio del público salen como vencedores de la historia. En el estado de Michigan conocen perfectamente este tipo de relatos, y la ciudad de Detroit vio llegar al cielo baloncestístico a unos ‘chicos malos’ que manejaron a la perfección todos los aspectos del deporte de la canasta. Pero el guión terminó gracias a la intervención de Dios disfrazado de jugador de baloncesto, y la ciudad del motor rodó durante muchos años por una travesía inhóspita, sin más abrigo que el de un público deseoso de volver a ver a su equipo alcanzar la gloria.

Quince años después, el testigo de esos ‘Bad Boys’ lo recogió una serie de jugadores con un marcado perfil defensivo, encabezados por dos Wallace que no gritaron libertad pero que hicieron de la intensidad y el carácter su principal virtud, y que les llevó a probar las mieles de la victoria tras derrotar en la final de la NBA a unos Lakers repletos de estrellas pero sin luces que alumbraran en los momentos oscuros. Esta vez, el guión con final feliz terminó para los Pistons de manera paulatina, pero la sensación que transmitieron fue la de ir retrocediendo en su juego hasta que, en la temporada 2008/2009, alcanzaron por última vez los Playoffs, donde fueron barridos por el talento y la calidad de un joven Lebron James.

Pero no hay mal que dure cien años, y tras varias campañas navegando a la deriva, Detroit Pistons ha vuelto a encontrar al capitán del barco, al guía de un equipo que está devolviendo la ilusión a una afición que había perdido la confianza en la franquicia en las últimas temporadas. El timón de la nave lo maneja un hombre con voz aguda y bigote frondoso, que tiene la experiencia de haber llevado a un buen equipo a la última eliminatoria de la mejor liga de baloncesto del mundo. Stan Van Gundy es el líder del nuevo proyecto del equipo de Michigan, un reto apasionante que está comenzando a dar sus frutos esta temporada tras sembrar durante el verano.

En 2009, Van Gundy llevó de manera sorprendente a Orlando Magic a la final de la NBA, consiguiendo una buena mezcla de jóvenes y veteranos que sólo se vieron superados por el triángulo ofensivo de Phil Jackson y Los Angeles Lakers. Ahora, el entrenador californiano está consiguiendo que los Pistons se parezcan cada vez más a aquel equipo del Estado de Florida que asombró en la Conferencia Este. Stan llegó a la franquicia de Michigan en el tramo final de la temporada pasada, pero la diferencia con respecto a un cambio de entrenador normal fue las funciones que pasó a desempeñar, pues se convirtió en entrenador, director de operaciones y mánager general, situación que favoreció su fichaje por un equipo que parecía no encontrar un rumbo hacia las victorias.

Y poco a poco, con algunas decisiones criticadas por diferentes sectores, Stan Van Gundy ha ido moldeando a estos Detroit Pistons hasta asemejarse a ‘sus’ Orlando Magic. Para ello, ha reunido a una buena combinación de jóvenes jugadores y otros más veteranos, capaces no sólo de aceptar sus roles de secundarios sin problemas, sino también de dar ese plus de competitividad al equipo en partidos incómodos y dond hay que bajar al barro para conseguir la victoria. Además, esta experiencia contribuye sobremanera a que un equipo en construcción avance a pasos agigantados, por lo que nadie pone en cuestión en este inicio de temporada los movimientos realizados por el californiano al frente de la franquicia de Michigan.

En la era del small-ball y el crecimiento del triple, Stan Van Gundy centra su juego en la figura de un hombre alto, un pívot dominante. Andre Drummond es la referencia de los Pistons en el equipo del californiano, el hombre al que considerar y a partir del cual se vertebra el sistema de juego. Tras la marcha de Greg Monroe en verano, el pívot estadounidense tiene la oportunidad y la obligación de ejercer un papel capital, y ya el año pasado dio muestras de hasta dónde puede llegar. Con sólo veintidós años, Drummond fue el segundo máximo reboteador de la liga, además de terminar también en la segunda posición en la clasificación de dobles-dobles, consiguiendo un total de cuarenta y ocho.

Stan Van Gundy tiene muy clara la dirección que debe tomar al equipo y la primera característica para lograr su objetivo: rodear a Andre Drummond de tiradores que abran el campo. Por ello, la línea exterior cuenta con jugadores versátiles, capaces de crear problemas a la defensa rival por dentro y por fuera. La pareja de bases la conforman Reggie Jackson y Brandon Jennings, si bien este último aún se encuentra lesionado y es probable que no vuelva a las pistas hasta mediados de diciembre. Los dos encargados de construir el juego son jugadores de marcado perfil ofensivo, con una elevada capacidad para penetrar y crearse las canastas, aprovechando así los espacios que deje Drummond en la zona.

Otros jugadores como los jóvenes Caldwell-Pope y el ‘rookie’ Stanley Johnson tienen una buena proyección y Van Gundy confía en que ambos crezcan lo suficiente para aportar puntos e intensidad defensiva. Uno de los hombres que han llegado a esta franquicia es Marcus Morris, que ha comenzado la temporada a un nivel excelso (19,3 puntos por partido) y que puede hacer daño desde el poste bajo y desde el triple, emulando al Hedo Turkoglu de los Magic del año 2009.

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En el juego interior, Stan Van Gundy también ha reunido a una serie de jugadores que parecen mezclar a la perfección. La figura del ‘4’ abierto y anotador recae en las manos de Ersan Ilyasova, que sí logra rendir como Rashard Lewis hace siete temporada, conseguirá buena parte del objetivo marcado por su entrenador de abrir la pista y amenazar desde la larga distancia. Otra llegada ha sido la de Aron Baynes, que recala en la franquicia de Michigan para dar descanso a Drummond y mantener el nivel defensivo cuando la principal estrella del equipo necesite recuperar el aliento.

Con una apuesta decidida por convertir a Detroit Pistons en los Orlando Magic de 2009, Stan Van Gundy va encontrando con el paso de los partidos la fórmula que buscaba en un equipo que cogió sin rumbo y que ya se postula como candidato a entrar en la fase por el título. Con Andre Drummond como ancla ofensiva y defensiva, rodeado de jugadores que pueden anotar desde la larga distancia, y todo ello combinado para mostrar una excelente actitud defensiva, Detroit Pistons sueña con volver a repetir la historia, aquella en la que unos chicos rudos y defensivos lograron llegar a los más alto de la NBA y lucir en su dedo el anillo de campeones.