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Carlos Cabezas: “Maljkovic fue muy duro, si podías con él, podías con todo”

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Contaba Felipe Reyes en el verano de 2006, en la preparación del que sería el mayor éxito de la historia del baloncesto de nuestro país, a través de una columna en el diario Marca, que Carlos Cabezas allá donde iba tenía su séquito. Siempre aparecía un grupo de amigos y fieles acompañantes de los que rodearse. Carlos es un tipo familiar, cercano y abierto al que no le cuesta causar afecto en la gente, como así profesa él hacia los demás. Y qué mejor prueba de ello es conocerle.

Un jugador que es leyenda del baloncesto patrio. Ha ganado casi todo por lo que ha competido (la Euroliga es el único título que le falta) siendo actor relevante de los mayores logros de nuestra selección nacional y de la época dorada de su añorado Unicaja de Málaga. De los grandes bases que este país puede presumir de haber traído al deporte de la canasta, Carlos es un jugador que ha triunfado siendo profeta en su tierra, no le ha importado hacer las maletas para conocer mundo, se ha enfrentado a retos más allá de su zona de confort, ha visto cómo algunos le querían enterrar… y ha resurgido de sus cenizas con muchas etapas aún por quemar y sobre todo, baloncesto que regalar. Tiene 35 años pero la ilusión que guarda es aún la de aquel chaval que echaba horas extra con su padre en la situación que se presentase. Y esto no es algo que se diga gratuitamente. Es algo que se nota en sus ojos y en cómo habla de su carrera y este bendito deporte.

Días antes de cumplir 500 partidos en ACB, después de firmar su mejor actuación de la temporada y en medio de una semana agotadora llena de compromisos como la Gala Gigantes y otras responsabilidades, Carlos saca un hueco para atender a SkyHook largo y tendido sin perder la sonrisa ni un ápice de amabilidad.

Bueno, lo primero de todo, enhorabuena por esos 500 partidos en ACB. ¿Al llegar a un número así piensas mucho en el trayecto, tus inicios…?
Muchas gracias, es muy bonito llegar a una cifra tan grande y redonda, algo de lo que sentirse orgulloso y afortunado. Y sí, se suele echar la vista para atrás, pero intentando no descentrarte del presente.

Tus inicios estuvieron muy marcados por tu padre, que sacaba tiempo de donde hiciera falta para hacer todo tipo de entrenamientos contigo, ¿verdad?
Sí, recuerdo cuando era niño que me llevaba al colegio y me ataba la mano derecha a la espalda para que botase con la izquierda, hacía juegos vendándome los ojos… era algo sacrificado en ese momento, pero luego te das cuenta de lo importante que fue y te sientes muy agradecido.

Llegas a la cantera de Unicaja y ya desde el primer día coincides con Berni Rodríguez y Germán Gabriel. Menuda generación…
Sí, yo llego allí en infantil de segundo año, desde Marbella. Me estuvo haciendo las pruebas Bernardo Rodríguez, el padre de Berni, que trabajaba en la cantera y era entrenador. Nos juntamos varios bases muy buenos allí y tuve la fortuna de entrar. Ya ese año quedamos subcampeones de España, perdiendo la final contra el Barça de Navarro, que nos metió 30 puntos el tío…

Y hablando de generaciones, la de los históricos Juniors de oro de que formaste parte, también con Berni y Germán. ¿Qué recuerdos te trae aquella selección?
Muy bonitos, fue una experiencia maravillosa. Recuerdo que había un grupo humano genial, desde el primero al último y muy bien entrenados por Charly Sainz de Aja. Además, para mí fue un torneo muy especial por aquel triple en la final contra Estados Unidos.

¿Una generación irrepetible?
Nunca se sabe, pero va a ser muy difícil. España ha seguido sacando buenos jugadores y hay jóvenes que aprietan fuerte, como Ricky Rubio o antes Sergio Rodríguez. Pero que salgan otros dos como Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, no lo creo. Es otro nivel.

En tu club, aún jugabas con la selección española torneos de junior pero habías empezado a coger dinámica ACB.
Sí, recuerdo que cuando estaba Javier Imbroda ya subíamos algunos jugadores a ayudar en los entrenamientos, me encantaba enfrentarme a Nacho Rodríguez y Curro Ávalos y tratar de ponerles las cosas difíciles. Había una competencia enorme por subir ahí y demostrar que valías. Pienso que antes era más difícil.

¿Por qué más difícil que ahora?
Creo que antes éramos mucho más competitivos. Estábamos muy centrados en el baloncesto y en ser mejores cada día, querer aprovechar cualquier oportunidad. Yo, cuando tenía un rato libre o los días que no entrenábamos, buscaba siempre cómo entrenarme por mi cuenta. Pero como yo, los demás también. Ahora no veo esas mismas ganas por llegar arriba, los jóvenes de ahora tienen muchas distracciones y están más acomodados, prefieren pasar su tiempo libre con las redes sociales, nuevas tecnologías… por eso, quien de verdad trabaja para llegar, se encuentra un camino sin tanta competencia.

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Foto: Alberto Escudero

Sin embargo, de aquella generación de jugadores nacidos en el 80 fuisteis varios los que llegasteis. ¿Qué recuerdos tienes de tus primeros días ACB? ¿Cómo se vivía aquello?
Bueno, es cierto que yo ya había entrenado con Javier Imbroda en el primer equipo de Unicaja, pero es Boza Maljkovic quien me da la oportunidad de debutar. Recuerdo con mucho cariño los entrenamientos junto a Nacho y Curro, el sentir que estás alcanzando tu sueño… Eso sí, fue muy duro. Maljkovic era durísimo con los jóvenes, sobre todo con Berni, Germán y conmigo. Lo mismo un día tenías la oportunidad y la aprovechabas haciendo un partidazo, que al siguiente te dejaba sin jugar. Y no veas cómo apretaba en los entrenamientos. Se hacía duro, pero en el fondo sabía que todo eso me iba a recompensar, y tenía la certeza de que si aguantaba el ritmo de Boza, me sería mucho más fácil todo lo que me viniese por delante. De hecho, a mí en Vitoria me entrenó Ivanovic y ni punto de comparación con aquello, así que imagínate

Te ibas asentando en Unicaja y al tiempo ya comenzaban tus experiencias con la selección absoluta. Eres convocado pero te quedas fuera en 2002, 2003 y 2004. Probablemente esta última la más dura, ¿verdad? En pleno relevo generacional el que parecía que iba a ser tu puesto es otorgado a Jaume Comas, que no había estado nunca antes con la selección y había sido antepenúltimo aquella temporada en ACB con Lleida…
Sin duda, aquello fue durísimo, un palo muy gordo. Me pilló un poco por sorpresa y los Juegos Olímpicos eran mi máxima ilusión, me apetecía mucho aparte de jugar mi primer torneo internacional con la selección experimentar esa convivencia con multitud de deportistas en un mismo ambiente. Pero bueno, fue la decisión de Mario Pesquera y qué le vamos a hacer, tocaba seguir adelante.

Tus primeras convocatorias con la selección coinciden con la época dorada de Unicaja. Los tres títulos de su historia (Korac en 2001, Copa en 2005 y Liga ACB en 2006), el subcampeonato de 2002 y la Final Four de 2007 fueron contigo en la plantilla y siendo partícipe importante.
Unicaja ya había tenido un gran crecimiento antes, como aquel año que casi gana la ACB en el famoso triple de Ansley. Pero sí, tuve la suerte de vivir Korac, Copa y Liga, y el sentimiento es indescriptible. Para mí, que soy de Málaga, estar jugando en el primer equipo de tu ciudad, donde tienes a tu familia y amigos, en el club en el que te formaste y quedar campeón… es increíble. La Final Four en la Euroliga de 2007 no la ganamos, pero es un éxito muy importante para el club y también lo recuerdo como algo muy bonito. Sergio Scariolo nos decía a Berni y a mí que nos tenía una envidia sana muy grande, porque él que es italiano, ha tenido éxitos en España y los ha disfrutado enormemente, pero ojalá pudiese tener ese algo especial que te da lograrlo todo en tu tierra.

Estás en el mejor momento de tu carrera y en la temporada 2006/07 surgen algunos rumores que te vinculan con la NBA, destacando el interés de Dallas Mavericks y Utah Jazz. ¿Estuviste tan cerca?
Sí, es cierto que hubo cuatro o cinco franquicias que se interesaron por mi situación. Dos de ellas fueron las que mencionas, pero la que más cerca estuvo de ficharme fue Orlando Magic. Viajaron hasta Málaga para verme, hablaron mucho con mi agente y por momentos parecía que me iba a ir, pero me lo garantizaban todo menos el contrato, y lo que no quise fue, en ese momento tan importante de mi carrera con 26 años, arriesgarme a quedarme con una mano delante y la otra detrás con la temporada ya empezada.

Son esos los años en que te afianzas en la selección española, destacando cómo no el Mundial de 2006, y la dolorosa plata del Eurobasket de 2007 con un grupo irrepetible. ¿Lo mejor de todo era el ambiente, como tanto se dice?
Teníamos un grupo humano maravilloso, muchos nos conocíamos ya de haber coincidido en las categorías inferiores de la selección española o en nuestros clubes, otros por haber estado también en otras convocatorias… y sí, lo cierto es que contábamos con ese punto extra respecto a otros equipos de ser como una familia. Estábamos siempre de bromas, confiábamos los unos en los otros, nos apoyábamos en todo… pero también éramos muy disciplinados a la hora de trabajar, sabiendo ser serios cuando tocaba y con mucha hambre y humildad por llegar lo más lejos que pudiésemos.

¿Qué tal se te daba la pocha?
Si te digo la verdad yo nunca he sido muy de jugar a las cartas, cuando los de la pocha se ponían a lo suyo yo era más de picarme a la PlayStation con Rudy.

¿Puedes aun así confirmar que Felipe es el más tramposo, como va saliendo por ahí?
El más tramposo, sin duda.

Para Pepu Hernández fuiste un fijo. Es un entrenador que siempre ha transmitido cierta aura especial. ¿Qué recuerdo guardas de él?

Sí, Pepu es una persona especial y le tengo muchísimo cariño. No me entrenó mucho, porque fueron tan solo dos veranos, pero es un entrenador magnífico que sabe relacionarse muy bien con los jugadores y, sin duda, es una persona muy particular, muy auténtica.

Tremendo lo suyo, no revelando la muerte de su padre el día antes de la final del Mundial de Japón para que no os afectase lo más mínimo.
No lo sabía nadie, lo hizo por nosotros. Hay que tener mucha fuerza interior para sobreponerse a algo así.

En 2008 te quedas otra vez sin billete para los Juegos Olímpicos, pero en 2009 vuelves para ganar el Eurobasket.
Me hubiera encantado estar en Pekín, pero perderme los Juegos esta vez no fue tan doloroso como en 2004. La competencia de bases era mayor, también se cambiaba el seleccionador… había que entenderlo y aceptarlo. En 2009 podemos ganar afortunadamente en Polonia el Eurobasket que se nos escapa en casa, una gran alegría a la vez que una liberación.

Ese fue tu último verano con la selección. ¿Qué balance harías de tu paso por ella?
Estoy muy orgulloso de ese ciclo, como no podría ser de otra manera. Siempre tendré clavada la espina de los Juegos Olímpicos, pero pasado el tiempo lo que valoras es lo bueno, que fue mucho. No tuve un rol muy importante al haber bases NBA en nuestro equipo, pero casi siempre que he ido he “tocado pelo”.

Nos encontramos ahora en 2009, el año del gran cambio en tu carrera. Parecías destinado a ser el típico jugador que pasa toda la vida en el equipo de su tierra, pero la renovación se enquista y acabas marchándote ni más ni menos que al Khimki ruso, de donde salía Garbajosa, te esperaba Scariolo y llegas junto a Raül López.
Es un momento complicado, desde luego. Uno nunca siente un deseo expreso por marcharse de su equipo ni su ciudad, pero la realidad fue que mi antiguo agente, Gorka Arrinda, y Juanma Rodríguez y Berdi Pérez, por entonces los gerentes de Unicaja, no llegan a ningún entendimiento, a pesar de que yo siempre he estado muy a gusto allí, Aíto me quería y siempre me he sentido muy querido por la afición y la gente de Málaga. Toca explorar otras opciones y antes del Khimki quien se muestra muy interesado es el Montepaschi de Siena, que me ofrece un contrato de tres años para compartir la posición de base con Terrell McIntyre. Es una oferta muy buena y la vida en Italia me atrae, pero entonces surgió el Khimki, con una oferta económica superior y la posibilidad de irme con Raül hacia allá y jugar para Scariolo otra vez, con quien había estado muy bien en Unicaja y la selección, y me decido por ellos.

Salir fuera de casa es igualmente interesante, para el enriquecimiento personal. ¿Por esa parte te podía apetecer jugar en otro sitio?
Sí, eso sí me apetecía. Como digo, no es querer salir de Málaga, pero para el desarrollo personal salir de casa y de donde estás cómodo en busca de retos, es bueno también para la persona y no sólo para el jugador.

Firmas por dos temporadas y empiezas muy bien, pero sólo estás un año. ¿Qué tal allí? ¿Qué pasó?
Empiezo a un gran nivel, sintiéndome muy fuerte físicamente y con la suerte de que los resultados acompañan, como una victoria muy buena contra el Real Madrid para abrir la Euroliga. Pero bueno, luego entro en una racha de pequeñas lesiones que quitan continuidad y confianza, y la verdad es que me vengo un poco abajo y mi nivel de juego desciende. Tienen una liga que están intentando profesionalizar, pero todavía les falta mucho para tener una estructura como otras ligas europeas. La vida en Rusia en un momento duro no acompañaba, era un poco difícil, a pesar de que el club siempre se portó de lujo conmigo, ya que teníamos hasta chófer para lo que quisiéramos a cualquier hora del día, pero echaba de menos todo esto y decidí volver a España. El club se portó muy bien conmigo, lo entendió y no me puso trabas.

Foto: Alberto Escudero

Foto: Alberto Escudero

En 2010 te acercas mucho a Baskonia pero la negociación se alarga, se complica y finalmente no firmas, ¿por qué esperas tanto para fichar por otro club y lo haces por el CAI Zaragoza, que en aquel momento tenía como objetivo la permanencia? Tenías estatus para mucho más, con todos los respetos para Zaragoza…
Yo tenía muchas ganas de jugar en Vitoria, era un reto que me apetecía, pero lamentablemente las negociaciones no terminar de ir por donde deberían. El tiempo pasa, yo quiero esperar a que salga bien, pero no lo hace y al mismo tiempo otros clubes grandes van cerrando sus plantillas. Mientras tanto, yo sigo entrenándome por mi cuenta para estar a tope físicamente.
Recuerdo que el interés del CAI lo recibo personalmente, con una llamada de Willy Villar que me pilla haciendo la compra. Me cuenta que aunque ahora mismo sus objetivos son mantener la categoría, tienen mucha ambición por seguir creciendo, y me cuenta el proyecto que tienen, diciéndome que encajo allí a la perfección, y que aunque confían mucho en Van Rossom aún está muy verde. El caso es que me hacen sentir importante y querido, y allá que voy. La afición maña es muy exigente y eso es también un desafío bonito para un jugador de baloncesto que viene de fuera, ganarse a una grada así. Muy importante es también para mí la presencia de Darren Phillip, que está en Unicaja cuando empiezo mi trayectoria.

Y se convierte en una de las mejores etapas de tu carrera.
Sin duda. Ya empieza genial, con el debut ganando al Barça en el Palau, donde jugué mi primer partido ACB. Hicimos un primer año por encima de las expectativas, me entiendo muy bien con José Luis Abós, que en paz descanse, y en el segundo personalmente juego a un gran nivel, consiguiendo una regularidad que me lleva a ser el base más valorado de la liga. Así que sí, desde luego que muy contento de mi paso por Zaragoza, donde hice muchos amigos.

Al salir de Zaragoza, nuevos coqueteos con la NBA en el verano de 2012. ¿Qué faltó esta vez para jugar allí?
Termina la temporada y me sale la posibilidad de viajar allí a hacer unos workouts con los Grizzlies y los Knicks, pero el interés no va mucho más allá de eso. Cuando estuve realmente cerca de ir fue la vez anterior, esta no. Voy sobre todo por conocer la NBA un poco por dentro y vivir esa experiencia de los entrenamientos privados.

Te revalorizas y, esta vez sí, logras fichar por el Baskonia. Pero las cosas se tuercen con Tabak…
Como ya digo, sentía un gran interés por jugar en Vitoria desde hacía tiempo. Aunque estaba muy bien en Zaragoza y el equipo seguía creciendo, quería pelear por títulos y por eso decido ir allí, ahora que esta vez se puede. Con Dusko Ivanovic muy bien, o como mínimo bien, pero Zan decide no contar conmigo.

¿Habla contigo sobre tu cambio de rol? ¿No te dice que vas a jugar menos minutos ni nada por el estilo?
Hombre, un entrenador nunca te dice que te va a dejar fuera de la rotación, pero me hubiera gustado alguna explicación, antes de ser mi entrenador fuimos compañeros en Málaga. No influye el fichaje de Omar Cook, porque antes de su llegada a mí ya me había tocado pasarme varios partidos en el banco.

La realidad es que el equipo con Tabak empieza como un tiro, ganando diecisiete partidos seguidos entre ACB y Euroliga, pero en cuanto surgen complicaciones, pierde el respeto del grupo y el equipo entra un mal bache, tocando fondo con aquel famoso incidente en el que se dice que Nocioni le rompió una multa en la cara en el vestuario después de perder en Atenas contra Olympiacos.
De aquello se ha hablado mucho y se ha exagerado todo lo que pasó, pero sí, Tabak llega un punto en que no gestiona bien el vestuario y pierde el respeto de los jugadores. A partir de ahí ya todo sale mal.

Y contigo como gran damnificado.
Sí, es fácil señalarme a mí en ese momento porque era quien más había visto reducido su tiempo de juego desde la entrada de Tabak, pero estoy tranquilo conmigo mismo y es algo que ya he dejado atrás. Es una pena, porque tenía muchas expectativas puestas en mi fichaje por Vitoria, y lo que podía haber sido una gran temporada, también a nivel colectivo, se echa a perder.

Tu salida del equipo se hace oficial en febrero, pero por el contrato que firmaste con Baskonia se te imposibilita jugar esa temporada en ACB con ningún otro equipo. ¿No te tienta salir al extranjero, como ya habías hecho antes?
En España hay algunos equipos que preguntan a mi agente por mí, sobre todo Gipuzkoa, pero por las dificultades del contrato no se hace posible firmar por nadie en ACB. Del extranjero llega el interés de algunos equipos de Turquía, pero la verdad es que no me termina de convencer. Salgo dolido de Vitoria y necesito un poco de tiempo para mí, y aprovecho para hacer algunas cosas que siendo jugador no podía, como ir a la Feria de Abril de Sevilla, la de Jaén, pasar más tiempo rodeado de mi familia y mis amigos, algún viaje…

¿Cómo entrenas mientras tanto?
Mi padre es quien lleva mis entrenamientos, y además cuento con un preparador físico personal que se encarga de cuidar un poco más mi condición física.

Sorprende nuevamente el destino que eliges para continuar tu carrera la siguiente temporada, ya que cuando saliste de Zaragoza buscabas objetivos más grandes, y ahora llegas a Fuenlabrada. ¿Qué te convenció de allí?
Después de la mala experiencia de Vitoria quería jugar en un sitio tranquilo, y Fuenlabrada lo era. Hablan mucho conmigo, me dicen que voy a jugar muchos minutos porque el otro base va a ser Dani Pérez, que como es joven va a estar para aprender, y quieren ayudarme a relanzar mi carrera. También cuenta mucho que el entrenador fuese Chus Mateo, y aunque le echan, en su lugar llega Luis Casimiro, con quien me entiendo genial en todo momento y termino la temporada a un nivel muy alto.

¿Experimentas en Fuenlabrada un cambio de jugador en ti mismo? Por primera vez en tu carrera tiras más triples que tiros de dos, con un gran porcentaje de acierto, 45%. Y te toca hacer de tutor de Dani Pérez, ¿qué tal eso?
Una barbaridad, el mejor de mi carrera, con incluso varios partidos con 5/5 en triples, y es posible que ahí empiece a cambiar un poco. Voy ya teniendo una edad, el físico no te aguanta lo mismo que diez años antes y no te sientes con las mismas piernas para penetrar, así que poco a poco te vas saliendo para fuera, y si tienes confianza en el tiro como yo en ese momento, con más motivo.
En cuanto a ejercer de veterano, muy bien. Me gusta relacionarme con los jóvenes y darles consejos, como hizo conmigo en el pasado Nacho Rodríguez, por ejemplo.

Al terminar la temporada te ofrecen renovar por otras dos campañas, pero vienes a Murcia.
Tanto la directiva como Luis Casimiro acaban muy contentos conmigo y quieren que continúe, pero bueno, UCAM Murcia llevaba un tiempo detrás de mí, ya cuando estaba aquí Óscar Quintana me habían querido fichar, me reúno con Alejandro Gómez en Madrid y me lo presenta todo muy bien. Hablo con Berni, que había estado aquí los dos años anteriores, y me dice que es un club serio que lo paga todo en su momento, que tiene mucha ambición por seguir creciendo con un proyecto interesante entre manos… Lo mismo me dice Lima, a quien ya le conocía de cuando coincidimos en Unicaja, y aquí estoy.

¿La situación que te encuentras al llegar es parecida a la que te encontraste en Zaragoza? La temporada anterior se terminó luchando por no bajar, que ha sido históricamente el objetivo principal.
Puede ser, aunque la plantilla invitaba a soñar con algo más que conformarse con mantener la categoría. En Zaragoza pensaba lo mismo y es lo que hicimos, luchar por algo más. No peleas por títulos pero es igualmente bonito pelear por los objetivos, sean cuales sean.

Y tu primera temporada en Murcia, la mejor de la historia del club.
Fue una gran alegría formar parte de ello. Nos quedamos a un paso de la Copa del Rey y de los playoffs, pero el equipo dio un salto de calidad respecto a otras temporadas y en esas estamos, en seguir creciendo.

Foto: Alberto Escudero

Foto: Alberto Escudero

De la pasada temporada a la actual no hay muchos cambios, pero dos de ellos te tocan especialmente. Uno es el entrenador (como a todos), llegando Katsikaris, que había sido base como tú de jugador, y otro tu compañero en el timón, Campazzo por Neto, que hoy es titular en la NBA. ¿Qué diferencias ves en ambos cambios?
Fotis es probablemente un entrenador con más personalidad que Ocampo, creo que tiene más carácter y te exige más, aunque Diego no cabe duda que hizo un gran trabajo aquí. En lo deportivo, a Ocampo le gustaba mucho trabajar la técnica individual, mientras que Fotis trabaja más el cinco contra cinco.
Respecto a los bases, con Neto me entendí siempre muy bien. Nos complementábamos e hicimos buenas migas, y me alegro mucho de que le vaya bien en la NBA. De eso se trata, de tener suerte, estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, y demostrar lo que vales. Con Facu también muy bien, es joven al igual que Neto pero un jugador muy distinto, que tiene que crecer ahora en la pista lo que no pudo en el Real Madrid.

¿Le ves potencial NBA a él también?
No lo sé, es cierto que le falta altura pero todo eso lo suple con una potencia física tremenda, siendo muy intenso durante todo el partido.

Hemos llegado hasta el presente después de repasar tu carrera, en la que te has ganado una merecida fama por anotar canastas decisivas, honrando el dicho “Momento caliente, momento Cabezas”. ¿Tienes alguna favorita?
La verdad que he tenido esa habilidad de en un momento apretado anotar canastas importantes, siempre me ha gustado coger el balón cuando más quema, y en todos los equipos en los que he jugado tengo alguna. La última creo que fue con Fuenlabrada una bandeja para ganar en la cancha de Obradoiro, y la más especial, si tengo que elegir sólo una, el triple en el Mundial junior de Lisboa contra Estados Unidos, aunque también meto una significativa el año anterior en Mannheim. Aquí en Murcia creo que no tengo ninguna…

Pero se han levantado algunos partidos con tu participación, como aquel en casa contra el Real Madrid (+20 de Carlos en pista), al que se le gana después de veinte años.
Ah, es verdad. Momentos así sí que he tenido alguno. Estaba el pabellón a reventar y ganar en casa al mejor Madrid de siempre como lo hicimos fue tremendo.

Eres un jugador con 35 años y estás en la etapa final de tu carrera. Cada vez existe mayor preocupación por el “qué viene después” de los deportistas profesionales. ¿Qué vas a hacer con tu futuro?
Por lo pronto, mi carrera pienso estirarla todo el tiempo que pueda, me encanta jugar, disfruto mucho con ello y esta vida. Para el futuro…de momento la vena de entrenador no me ha salido, pero sí que me gustaría continuar vinculado al deporte. Aún no sé cómo exactamente, pero tengo claro que lo que me apetece es seguir ligado al baloncesto y ayudar a los jóvenes. Mientras tanto, tengo algún negocio que me llena de pasión, como un hotel en el centro de mi ciudad, Málaga (Alcazaba Premium Hostel).

Todos conocemos las luces que trae la vida de un deportista de tu categoría, pero, ¿cuáles son las sombras?
Probablemente el poder pasar poco tiempo con tu familia y amigos, muchas cosas que no puedes hacer o planes de los que borrarte porque tus responsabilidades no te lo permiten, tener que pensar en el futuro mientras te dedicas a tu carrera… De todas formas, no me gusta mucho pensar en eso. Considero que somos unos privilegiados, es mucha la gente que luchó por esto y pocos lo hemos logrado. Ganamos dinero haciendo lo que nos gusta, servimos de inspiración para los chavales… Creo que debemos quedarnos con eso y no quejarnos.

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Entrevistas

Tanoka Beard: “De Manel Comas lo que más respetaba era que no escondía nada”

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Tanoka Dwight Beard (Ogden, Utah, 1971) fue una auténtica estrella del baloncesto nacional en España. Fuerte, anotador y carismático, paseó su inconfundible pañuelo por Badalona, Lugo, Madrid y Valencia, además de por media Europa. Dos veces MVP de la ACB, su afabilidad fuera de la pista contrasta con el carácter inflamable que demostraba sobre la pintura y que le costó más de un disgusto durante sus casi veinte años de jugador profesional.

¿A qué se dedica Tanoka Beard casi diez años después de su último partido como profesional?

Me dedico a la formación de jóvenes, enseñando y entrenando a niños en edad escolar. También estoy muy involucrado en un proyecto empresarial. Este año he lanzado una nueva bebida deportiva, que es una versión natural y saludable de Gatorade, llamada Maji: Premium Sports Beverage.

Nunca llegaste  a jugar profesionalmente en tu país. ¿Viste pronto que tu carrera iba a ir por Europa antes que en la CBA, aunque eso significara alejarte del sueño NBA?

Por aquel entonces esperaba que después de un par de años en Europa, y si lo hacía lo suficientemente bien, se abrieran las puertas de mi gran sueño, que era jugar en la NBA. Cuando comprendí que aquello no iba a suceder, decidí hacerlo lo mejor posible y aprovechar la oportunidad que Dios me dio para viajar por el mundo y que me pagaran por jugar al baloncesto.

Llegas al DYC Lugo en febrero de 1994 para jugar el tramo final de la temporada sustituyendo a Tony Martin.

¡Y recuerdo que nada más llegar me enfrenté a Sabonis! El momento de la llegada a España cambió para siempre mi vida y la de mi familia.

Precisamente habías sido cortado en Roma un mes antes. ¿Cómo es esa sensación de no tener claro dónde vas a estar jugando el mes que viene?

Es cierto. No tenía dudas de que tendría un sitio para volver a jugar, pero la cuestión era escoger el lugar correcto donde hacerlo. Fui cortado en Roma de una forma injusta, y que venía como consecuencia de no saber bien a dónde iba. Así que nos aseguramos de ahí en adelante de no repetir esa mala decisión nunca más.

Antes de regresar a España juegas en Francia, donde tienes problemas al defender a un compañero en una pelea con James Voskuil [1]. ¿Qué sucedió?

Fue un error mío. Estábamos jugando un partido amistoso que se volvió demasiado competitivo. Comencé a sufrir demasiadas faltas duras y después de una de ellas, acabé por golpear a James. También es cierto que al instante me arrepentí…

Volvemos a saber de ti en tu vuelta a España, a la Penya. ¿Cómo se gestó el fichaje? ¿Qué recuerdas de aquella época?
Por aquel entonces estaba esperando una oferta para volver a España, concretamente cerca de Barcelona, que es mi ciudad favorita de todo el mundo. Entonces me llama de Barcelona… Alfred Julbe. Y fue una conversación muy divertida. Me preguntó si yo podría defender como él quería que lo hiciera. Después de aquella conversación aceptó que firmara con ellos y regresé a España.

Una de las imágenes que más se recuerda de Tanoka en la ACB es la del día que te pitan una falta en ataque y destrozas la camiseta.

Durante aquella temporada habíamos construido una rivalidad bastante fuerte con Unicaja. Éramos dos equipos que nos respetábamos, pero al mismo tiempo existía una rivalidad especial. Durante aquel partido la sensación que teníamos era que los árbitros estaban impactando en el resultado de una forma que no les correspondía. El día que rompí la camiseta sentí que estábamos jugando un gran partido, a su nivel, y que por la forma en la que estaban arbitrando nos estaba afectando en el resultado de una forma injusta.

De aquel equipo de Andy Toolson, Andre Turner y tú queda la Copa del 97.

Durante aquellos días encontramos nuestro lugar como equipo. Creímos en que era posible y nos aferramos a esa lucha por un objetivo común. Recuerdo lo feliz que estaba Jordi Villacampa por el que sería su último título, el impacto que tuvieron Crespo y Villa pese a que no tuvieran en principio un rol protagonista. Definitivamente eso fue lo mejor de aquella Copa del Rey, y fue el gran mérito de Alfred Julbe, conseguir que fuéramos responsables de cada uno de nosotros y de que el compañero también cumpliese.

Con la perspectiva de casi dos décadas. ¿Cómo valoras tu paso por el Real Madrid?

Para ser sincero, no quería salir de Badalona. Sin embargo una persona de mi confianza me convenció de que era lo mejor, y llegamos a un acuerdo de forma bastante rápida con el Madrid. Después de casi veinte años de mi paso por el Real Madrid es el momento de ser honestos: no fuimos construidos como un equipo capacitado para ganar el campeonato. Nuestros bases no eran lo suficientemente veloces y yo tampoco era el mejor defensor de ayudas. Además, nunca sacamos lo mejor de jugadores tan importantes como Bobby Martin o Lucas Victoriano.

Foto: Real Madrid

En Madrid te acusaban de ser demasiado individualista. Que el equipo no ganaba a pesar de tus buenos números.

Tenía que cumplir con mi impacto ofensivo, esa era mi principal misión. En ese momento en el que las cosas no salían bien, era más fácil culpar a alguien que enfrentarse a la realidad.

En tu segunda época en Badalona coincides con Manel Comas, con el que tuviste una relación muy especial.

Siempre tuvimos una muy buena relación. Lo que más respeté de Manel fue que era directo y que no escondía nada. Hubo días frustrantes, por supuesto, cuando no llegamos al Playoff, pero pese a todo considero que ese año fue positivo. En Badalona me sentía como en casa.

¿Cuándo dejaste de usar el pañuelo?

Después de Pamesa.

¿Y el motivo?

Muy sencillo. Fiché por el Fenerbahçe y en Turquía había una norma que impedía utilizarlo. Me acostumbré a dejar de llevarlo, eso es todo.

En España fuiste dos veces MVP y siempre cumpliste en cada uno de los equipos a los que fuiste. Sin embargo, te pusieron la etiqueta de jugador individualista.

Siempre hay una etiqueta. No importa lo que hagas, alguien te pondrá una etiqueta. Estoy más feliz de haber sido etiquetado como un jugador individual que siempre ayudó a sus equipos a ser mejores que un temporero al que nadie quería. En ataque solo entendía una forma de jugar, y si no lo conseguía, intentaba rebotear y aumentar mi defensa. De una forma u otra quería dejar mi huella en cada partido. Eso causa problemas en alguna gente que no tiene esa mentalidad.

¿Sigues en contacto con algún jugador de tu época en ACB?

A través de Facebook muchos de nosotros todavía mantenemos algo de contacto. Sin embargo, sigo esperando contactar con Jackie Espinosa. A él y a Dre [2] son los tipos a los que más extraño.

Durante el primer año en Zalgiris coincides con un crepuscular Arvydas Sabonis, que apenas podía correr pero seguía siendo un jugador diferencial. ¿Cómo lo recuerdas?

Recuerdo la pretemporada de aquel año. Sabas estuvo allí dos días y luego no le volvimos a ver. No estaba demasiado claro, pero finalmente jugó con nosotros. Básicamente buscábamos que Sabas fuera parte importante del ataque, y la verdad es que resultó muy bien. De repente estaba con nosotros, en lo que fue un año mágico.

¿Sigues la actualidad de Zalgiris? ¿Cómo valoras el trabajo de Jasikevicius como entrenador?

Saras es exactamente igual como entrenador que como jugador. Posiblemente mejor.

¿Cómo encajaría el juego de Tanoka en una época en la que prevalece un tipo de jugador más polivalente?

Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí. En mi juventud fui un poco más rápido de lo que la gente recuerda, así que creo que todavía podría formar parte de alguno de los mejores equipos de la actualidad.


[1] El autor se refiere a la agresión que cometió Tanoka sobre Voskuil durante un partido amistoso y que le costaría una fuerte sanción de la LNB.

[2] André Turner, base de la Penya durante la época de Tanoka en Badalona.

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Entrevistas

Antonio Herrera: “La estadística avanzada es el siguiente paso a dar en Europa”

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El Martín Carpena permanece callado. Da sensación de soledad, incluso. De encontrarse de vacaciones. Antonio saluda a un empleado del pabellón y nos reconoce, entre risas, que el personal le conoce bien porque pasa “todo el día en la oficina”. El entrenador tiene una presencia imponente y una voz que abre oídos. No es muy alto, pero tampoco lo necesita. Sin saber por qué, de esos que se ganan la atención sin necesidad de esforzarse.

Decide enseñarnos su lugar de trabajo, equipado, cómo no, con sendas pizarras, imágenes motivacionales y material para trabajo de vídeo. Reconoce, después de pedirnos tuteo, ser lector de Skyhook Magazine y se muestra agradecido por que compartamos su experiencia como asistente de Sam Cassell en el equipo de los Clippers en la pasada Summer League de Las Vegas.

Para empezar veo obligatorio esto. ¿Cómo se fijan desde fuera en un entrenador asistente, que es un trabajo difícil de apreciar? ¿Cómo ven, en este caso, desde la NBA, su trabajo?

Yo creo que, a nivel general, la NBA está muy interesada en conocer cada vez más la metodología de trabajo que hay en Europa. Sus entrenadores y por supuesto sus jugadores, especialmente los más jóvenes. Cuando ellos contactan conmigo a través de haber tenido ya un cierto contacto en otras ligas de verano lo hacen precisamente por esto, por lo que ellos puedan ver que hace Unicaja, cómo es nuestro juego, nuestra metodología de trabajo. Ellos tienen scouts por toda Europa y, evidentemente, la mayoría de las franquicias envían sus scouts a los equipos NBA. Algunos de ellos incluso nos ven entrenar y están unos días aquí. Y ese ha sido un poco el motivo por el que ellos se fijan en mí, por el trabajo que hacemos en Unicaja, y me dan esa oportunidad.

Contactan con usted, ¿a través del club?

Ellos contactan conmigo directamente pero luego hay unos requisitos a cumplir a través del club. Hay un primer contacto para saber si estoy interesado y en cuanto empezamos a hablar sobre la posibilidad, ellos contactan con el club y van hablando desde finales de la temporada pasada. Cuando llegamos a un entendimiento por el que podía estar autorizado para ir, se formaliza todo.

Hay algo muy interesante. Antes nos has hablado de cómo la NBA busca expandirse en Europa. Es la experiencia de la Summer League y cómo jugadores europeos van a probarse.

Creo que los jugadores que destacan en Europa quieren estar en el mejor lugar posible y esto en el baloncesto es la NBA, Estados Unidos, y creo que una ambición lógica de cualquiera es probarse con los mejores. Y es allí donde están. Así pues, la liga de verano es un escaparate y una oportunidad para muchos jugadores que juegan en Europa de que estos scouts y estos general managers puedan verles en directo enfrentándose a jugadores que están en la NBA o a punto de entrar.

Foto: Alberto Tenorio

Otro aspecto importante de la Summer League es cómo se mezclan en los equipos jugadores que podríamos llamar currantes y otros que son casi estrellas, o incluso lo son. ¿Hay diferencia en el trato entre estos?

Sí. Hay aspectos muy interesantes. Este que tú dices es una de las inquietudes que yo tenía antes de ir. Ver cómo era el trato y la forma de trabajar con los que ya pertenecen a la franquicia o están a punto de entrar y los demás. Hay otro aspecto que me motivaba muchísimo, ver cómo ellos en ocho o diez días unificaban o intentaban aplicar la visión de juego que tenía el primer equipo con jugadores que no eran de la franquicia, que venían de distintos puntos.

En el caso que yo he observado en mi experiencia de Summer League, viviéndola ahora desde dentro, es que obviamente el jugador que pertenece a la franquicia directamente o alguno que estaba cedido en otro país o en otro equipo tiene más importancia en el entrenamiento y el juego. Es normal que en el entrenamiento tenga un trato diferente porque se conocen de todo el año. Bien porque han entrenado con ellos o bien porque están en otro sitio pero han tenido un seguimiento. Los demás vienen nuevos, así que es normal. En el juego también tiene sentido que los jugadores que más les interesan tengan más oportunidades.

Sobre esto que hablamos de tener jugadores distintos y con distintos papeles, imagino que en la planificación tendrá un papel importante el desarrollo del jugador técnica y tácticamente. ¿Tu papel allí cuál era?

Creo que como todo el proceso que se realiza en Estados Unidos con los entrenadores ayudantes, no solo en NBA, también en NCAA, todo es progresivo. Este primer año hemos querido conocernos y sobre todo mi mayor aportación ha sido explicar cómo hacemos nosotros las cosas que ellos entrenan. Así, yo he estado presente en la vida de ellos, todas las horas que estaban en el pabellón, las sesiones de vídeo, las sesiones dobles…

Digamos que yo no tenía un trabajo específico, sino que estaba en todo; pre-entrenamiento, post-entrenamiento, edición de vídeo, etc. Y cuando explicaban o desarrollaban el entrenamiento querían que interviniese continuamente explicando ese tipo de defensa cómo la trabajamos nosotros, o tal ataque contra tal defensa específica. En el vídeo igual. Tienen un programa de vídeo diferente, ni mejor ni peor, y tanto en el scouting del rival como en el post-partido nuestro querían que les enseñase cómo hacia los vídeos. Yo creo que esa ha sido mi mayor función allí y en lo que más han invertido. Estoy convencido de que esto irá a más en años sucesivos. Espero que sea así.

Leí un artículo muy amplio que escribió en Solobasket en el que hablaba de grupos de trabajo, número de asistentes y entrenadores en general trabajando con cada franquicia. ¿Cómo se organiza eso?

Todo en la franquicia era muy meticuloso. Evidentemente estamos hablando de una realidad diferente. Tengo la fortuna de trabajar en un equipo de primer nivel, de Euroliga, pero hay un abismo respecto a recursos. Allí sí hay un cuerpo técnico muy amplio, pero cada uno con una tarea muy específica, y yo no he visto que ellos se salgan de ahí. Dentro de la distribución que ellos tenían había un entrenador jefe que era Sam Cassell, el primer asistente de Doc Rivers, y aparte de él había dos entrenadores dedicados al ataque, más otros entrenadores de fundamentos, de detalles, e incluso había uno mayor que estaba como asesor.

Pero ellos se limitaban a sus funciones, y cuando preparábamos el entrenamiento y hablábamos del mismo, cada entrenador en su área comentaba sus impreiones, o Sam Cassell les preguntaba a cada uno dentro sobre algún ejercicio determinado. Y en el entrenamiento igual. Si había un ejercicio de defensa lo explicaban los entrenadores de defensa y Sam intervenía en momentos determinados.

Sobre esa amplia ventaja que tienen respecto a sistemas y programas utilizados, me parece muy interesante la estadística avanzada, su uso allí. ¿La ves, de algún modo, implantada en Europa?

Evidentemente, para mí, el uso de estadística avanzada es el siguiente paso que tenemos que dar en Europa. Es probable que haya equipos que ya la estén utilizando o que estén a punto de utilizarlo, y hay empresas que van a apostar fuerte, pero es que ellos lo tienen en el día a día. A mí me sorprendía muchísimo cómo utilizaban la estadística para, no solo el equipo nuestro de Summer League, cuando había conversaciones sobre el primer equipo y claramente ellos tenían definido cuándo el equipo rendía en la pista, cuándo coincidían tres o dos jugadores concretos en pista, cuándo con un jugador el equipo recibía más puntos aunque él anotase… Y eso me parecía de un valor extraordinario a la hora de gestionar tu equipo y por supuesto a la hora de reclutar, para lo que utilizan muchos recursos.

Herrera, con el trofeo de la pasada EuroCup. Foto: Solobasket

Volviendo al número de asistentes, quería que me comentara, además de la cantidad, cómo de diferente es la planificación y el trabajo de un grupo norteamericano a un europeo.

La principal diferencia es el número. Cuando tienes en un cuerpo técnico ocho entrenadores y en Europa puedes tener tres, o hasta cuatro en el caso de un equipo de máximo nivel, la distribución del trabajo hace que se cuide más el detalle. Ellos tenían distribuidos jugadores a nivel individual, pues no es lo mismo distribuirse una plantilla entre tres entrenadores que entre siete, esto es obvio. Así se le puede dedicar más tiempo al jugador, más tiempo al post-partido para fijarte en jugadores. Nosotros, por ejemplo, en la Summer League, cuando un jugador era sustituido, un entrenador con un iPad podía sentarse a su lado porque le estaba haciendo un seguimiento exclusivo a ese jugador porque le interesaba a la franquicia. Creo que se abarca el mismo tipo de trabajo pero al distribuirlo más pues pueden ir más al detalle y estar más pendiente de un jugador en concreto.

Sobre el número, en Baskonia este año se ha firmado recientemente a un entrenador, Sergio Valdeolmillos, con incluso más nombre que el principal y Prigioni en una entrevista reciente habló de cómo tener más asistentes aumenta la eficiencia porque, por ejemplo, en un ejercicio de tiro hay más pases y por tanto más tiros. ¿Ve en este sentido una americanización en Europa?

Bueno, allí en los Clippers por ejemplo teníamos dos compañeros que ni siquiera intervenían en la pista. Estaban en la oficina, con una pantalla gigante, viendo el entrenamiento desde allí, con el programa de edición de vídeo iban cortando situaciones del entrenamiento que nos valían después en la reunión post-entrenamiento para preparar el del día siguiente. Entonces, aumentar el número de entrenadores hace que tu trabajo sea mejor, más detallista y con mayor rigor en la ejecución.

Luego, el caso de Baskonia no lo conozco desde dentro. Dices que hay un entrenador asistente que tiene incluso más nombre que el principal. Lo que no podemos ocultar es que un exjugador tiene evidentemente una credibilidad inicial, creada por la experiencia, que hace que tenga ese tipo de oportunidades como va a pasar en Baskonia con Pablo Prigioni. Creo que ellos muchas veces tienen esa capacidad de ponerse en lugar del jugador por haber estado allí, pero también, la gestión de grupo requiere una efectividad en el manejo de emociones, saber cuándo tomar distancia, etcétera. Si hay una apuesta por tener un cuerpo técnico más amplio, el resultado va a ser positivo siempre, y no solo en este ejemplo que es claro, el del tiro. A la hora de pasar, de contar, de exigir… Cuantos más haya, mejor. Si no, a la hora de estudiar al rival, porque si nos fijamos en Estados Unidos, que creo que es imprescindible, también del cuerpo técnico había entrenadores que solo se dedicaban al estudio del rival. No sé si Baskonia tiende a una americanización o no, pero bienvenido sea si hay una clara apuesta por tener más entrenadores.

Allí en la Summer League tuvo la presencia de dos entrenadores jefe, como Sam Cassell y Doc Rivers con el que, aunque no trabajó, creo que tuvo contacto. Habiendo un grupo de trabajo tan amplio quizá no se entienda la importancia que tiene un entrenador jefe carismático.

Yo creo que en el volumen de partidos que hay en la NBA y que hay en Euroliga, el entrenador carismático es cada vez más importante. Porque el número de partidos hace que también aumente la preparación del partido, los detalles, los problemas, las lesiones, los jugadores, distintas dinámicas, la obligación de que el equipo reaccione a un mal o buen resultado, y esto lo tiene que hacer un entrenador carismático.

La figura del entrenador que abarca todo en el entrenamiento, en el partido, tiende a desaparecer por completo para que los entrenadores ayudantes cada vez asuman más papel. Y eso tengo la fortuna de vivirlo aquí desde el primer día. Allí, en la Summer League, Doc Rivers intervenía puntualmente y eran intervenciones excelentes. Puntualizaba lo que quería decir claramente, el mensaje adecuado en el tiempo adecuado, mientras Sam Cassell era quien llevaba al equipo con energía, con presión, con todos los detalles, etcétera. Me han parecido muy interesante esas dos características.

Antes hemos hablado sobre los jugadores que son casi estrellas. Los entrenadores carismáticos son, prácticamente, gestores de ego, ¿no?

Es muy importante. Ahora mismo hay un par de entrenadores en la NBA en los que me gusta fijarme mucho. Uno es Brad Stevens, que después de triunfar en una universidad muy pequeña, en Butler, y llevarlos a la Final Four, consigue entrar en una gran franquicia que apuesta por él claramente con un ejemplo de una nueva gestión de jugadores. Él maneja muy bien esos egos, incide mucho en el lado positivo del jugador, más que en los errores, y está llevando al equipo de una manera tan extraordinaria que llama la atención en toda la NBA.

Y hay otro entrenador que, yo creo, está marcando diferencias en esto, que es Erik Spoelstra. Es un entrenador con mucho carácter que lo gestiona, quizá, un poco diferente a Stevens, pero para mí ahora mismo son dos modelos de gestión de egos y, por supuesto, si nos fijamos en los grandes entrenadores europeos: Ettore Messina, Obradovic, Aíto, Joan Plaza, por supuesto… Son entrenadores que saben perfectamente cómo marcar los roles, gestionar los grupos, etc., porque hoy en día creo que esto es lo que realmente puede marcar la diferencia; la buena gestión del grupo. Y esto incluye los egos.

Foto: Alberto Tenorio

En Europa, sobre la NBA, también sobre el ego, hay muchos mitos. Viéndolo desde dentro, ¿qué puede decir sobre estos?

Creo que hay una tendencia clara en la NBA a buscar el espectáculo. Hay una presencia de los medios muy grande y quizá esa orientación tienda un poco hacia el individualismo y el físico. Allí en la Summer League habíamos estado diez días tranquilos en Los Ángeles. Con tranquilos quiero decir en nuestro pabellón, con el restaurante, con la cocina, con todo allí, pero fue llegar a Las Vegas y darse un aluvión de medios de comunicación en los entrenamientos y en los partidos tremendo. Eso es verdad, existe, pero también es cierto que ellos venden el producto de una manera extraordinaria y nosotros deberíamos aprender, porque en julio, en Las Vegas, con 45 grados, que una liga de verano en la que cobran 32$ la entrada tenga diez mil personas para ver a los Lakers cada día es increíble, increíble… Y de esto tenemos que aprender.

Yo tengo la fortuna de haber estado con una franquicia en la que el juego en equipo era importante, compartir el balón y defender bien. Y tanto Sam Cassell como Doc Rivers nos incidían mucho en que había que llevarlo así, y al jugador se le ha inculcado desde el primer momento que no queríamos individualismo, que podían ser estrellas en sus equipos, en otro lado, pero no tenían que demostrar más de lo que eran para convencer. Que haciendo lo que sabían hacer ya era suficiente.

Por tanto, yo creo que no son ciertos todos los mitos que hay sobre la NBA. Viéndolo de dentro me han parecido gente con una metodología de trabajo extraordinaria, con un gran cuidado por todos los detalles en la ejecución.

Ahora, sobre el entrenador español en Norteamérica. Tenemos allí a Jordi Fernández, asistente en los Nuggets, ahora tu experiencia. ¿Qué esperas de aquí a unos años vista?

Creo que nosotros estamos lo suficientemente formados como para triunfar en cualquier lugar del mundo, incluido Estados Unidos. Ellos también tienen una cultura en la que no les importa la nacionalidad, la raza, el color… Valoran el esfuerzo, la pasión, el conocimiento, la inteligencia. Y eso nosotros lo tenemos, afortunadamente. Hay una cultura muy fuerte de baloncesto en España y creo que estamos preparados para aportar mucho en la mejor liga del mundo. Ahora está Jordi pero seguro que van a haber más oportunidades para entrenadores españoles y europeos. Ettore Messina está al primer nivel ahí y siempre salen en los veranos rumores de que puede llevar a alguna franquicia, y sin duda la llevará algún día. Yo creo que puede ser una vía muy interesante para nosotros, el poder trabajar allí.

Dice que su papel allí fue, practicamente, exportar conceptos europeos y formas de trabajar. Pero si tuviera que quedarse con algo e importarlo, ¿qué sería?

Yo lo que importaría sería la metodología de trabajo a nivel de grupo, a nivel de staff. Vi mucha organización. Vi al psicólogo perfectamente coordinado con el entrenador para tratar a un jugador o a otro, las reuniones previas al entrenamiento muy bien organizadas con todo el entrenamiento preparado y cada uno interviniendo en su parte. Me quedaría con ese estudio del entrenamiento por parte de dos entrenadores dedicados exclusivamente a esto.

Creo que la estadística avanzada es algo que deberíamos importar aquí lo antes posible y que nuestros clubes y directores deportivos lo deberían valorar y tener en sus presupuestos como cualquier otra partida porque me parece muy importante.

Luego, por último, lo que también me ha marcado muchísimo es la importancia que ellos le dan a la confección del equipo. Por eso ellos invierten en tener scouts por todo el mundo, en tener informadores por todo el mundo, en dedicarle mucho tiempo al conocimiento del jugador. Y yo creo que eso nosotros, aun con menos medios, deberíamos tender a ello. No escatimar en esfuerzos para conocer personalmente y profesionalmente a los jugadores que podemos tener en el club.

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Entrevistas

Lagarto De La Cruz: “En Madrid no me querían, pero Lolo Sáinz intentó ficharme dos veces”

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Recuperamos esta entrevista al Lagarto De La cruz, de#Skyhook7, un número en el que revelemos la relación histórica y actúal entre la liga ACB y Argentina y que todavía podéis conseguir aquí. 


Llegó a España de casualidad, y casi sin darse cuenta, formaba parte del juego interior de aquel Barcelona ochentero que tantas veces lo intentó en Europa. Le recordaremos siempre por ser miembro del mítico equipo español de Los Ángeles del 84. Tras retirarse, se asomó a los medios de comunicación en aquellas míticas retrasmisiones de La Sexta junto con Andrés Montes. Con Juan Domingo de la Cruz Fermanelli (Pasteur, Buenos Aires, 6 de febrero de 1954) podríamos hablar de una toda una época de nuestro baloncesto, y nos faltarían horas. Él fue el primer argentino en jugar aquí, cuando aquel salto todavía no era ni siquiera probable.

¿Te consideras un pionero?

Creo que al menos a  un nivel de primera división, creo que sí fui el primero. Para nosotros en Argentina en esa época el básquet era un deporte secundario, allí el fútbol , como en toda Sudamérica, era el deporte rey, por lo que no te planteabas jugar al baloncesto como profesional.

¿Se seguía por aquella época el baloncesto europeo en Argentina?

Si te soy sincero, cuando me dijeron Barcelona, miré en un mapa, porque pensaba que era un pueblo de Italia. En esa época, te lo juro, nos metían el NO-DO en Argentina, y todo era Real Madrid, Franco, el fútbol…. Yo no era demasiado seguidor del básquet, pero a raíz de que un tío mío me llevara a ver un torneo en el Luna Park en el que jugaban España y Argentina, tuve un primer contacto directo con el baloncesto. Recuerdo que estábamos allí y un señor, que luego resultó ser Manolo Padilla, el delegado de la selección española durante muchos años, me dio un pin que guardé durante años. En esa selección estaban Rullán, Santillana, Manolo Flores… Yo esa época no tenía pensado ni empezar a jugar, pero me vieron por la calle, me convencieron… y a los dos años estaba por España.

Cuéntame eso. A mitad de los setenta Eduardo Portela viaja a Argentina, a San Lorenzo, y vuelve con un chaval para España, que se pone a jugar con todo un Barcelona.

Yo por entonces jugaba en San Lorenzo de Almagro, éramos la sección del típico club de fútbol, pero por aquella época nos llamaban la catedral del básquet, porque era el equipo campeón. Fue cuando el Barcelona hizo una gira de varios partidos por Argentina, y en un torneo en Mar de Plata, se supone que teníamos que jugar contra ellos. Digo se supone porque no ganamos nuestra semifinal, y no llegué nunca a jugar contra el Barcelona.  El caso es que ahí me vino Ranko Žeravica, y estuvo hablando conmigo, me preguntó si tenía familia en España… Yo pensé que quedaría todo en nada, pero al poco tiempo El Gordo Portela se puso en contacto conmigo y me animó a dar el paso de venirme a Europa.

Y llegas a España como extranjero.

En un primer momento me tuvieron escondido, solo entrenaba, pero el tema de mi nacionalidad salió rapidito. En menos de mes y medio ya tenía los papeles porque era todo muy legal, muy trasparente. Mis abuelos eran de Salamanca, así que soy un oriundo, pero legal, no de los que aparecieron últimamente por aquí. Hubo uno que apareció diciendo que sus padres eran de Celta de Vigo […] En principio la idea era cederme al Manresa, pero Ranko quiso que me quedara en el equipo. Yo llegué con un año de contrato que enseguida se amplió a tres, y así hasta los doce años que estuve.

Llegas en 1975…

Venía con una idea distorsionada de España. Recuerdo que les dije a mis padres: “Tengo ilusión por conocer a Franco”. Fíjate como veníamos nosotros. Estuve diez días en un hotel y luego me metieron en una familia catalana. Entonces un día estoy viendo la tele y pasó lo que pasó. Hubo una fiesta en la casa, cava catalán… Yo estaba alucinando. Luego te vas dando cuenta de por qué te llaman polaco en Madrid, porque en el Palau cantaban un himno que no era el español… Todo eso que ya conocemos, pero para un tipo que viene de Argentina con veinte años, imagínate.

Foto: FC Barcelona

¿Y el salto a nivel baloncestístico?

En Argentina entrenábamos un par de horas por la tarde, después de trabajar. Recuerdo que ya en Barcelona nos regalaron dos pares de zapatillas de Converse, que nosotros no las veíamos ni en foto. Era otra historia. Y luego Ranko, que nos metía tres horas por la mañana y tres por la tarde. Fue un cambio total.

Fueron doce años en Barcelona con muchos cambios. De Liga Nacional a ACB, de la hegemonía del Madrid al Barça…

Yo tuve una etapa para mí que no fue buena, que fue la de Kucharski, en la que casi ni entrenábamos. Recuerdo que nos decía, “si queréis podéis venir a hacer un poquito de tiro, pero en vaqueros…”. Yo lo respeto por todo lo que fue, pero para mí fue muy negativo. Ganamos una Copa del Rey al Zaragoza que le sirvió para que siguiera un año más, que claro, no terminó, porque no hacíamos nada. El resto de etapas bien, yo no me puedo quejar, desde el club siempre he recibido buen trato a nivel directivo, y con los entrenadores, unos mejor, otro peor.  El problema de aquella época es que en la zona solo se fichaban extranjeros. No era normal que se fichara un americano para ser base o alero, así que yo me tenía que ganar el puesto contra ellos. Yo me hice la mentalidad de que tenía que hacerme ver en el campo, y al final casi siempre acababa jugando los minutos importantes.

Y esos últimos años con Aíto…

Fue la última etapa, en la que ya estaba claro que él no contaba conmigo. Lo que pasa es que las cosas hay que decirlas más claras. Cuando traen a Trumbo y se nacionaliza me dijeron que cualquiera se podía quedar fuera, hasta Epi, y eso no te lo comes…

¿Aíto no te llegó a decir directamente que no cuenta contigo?

No. Él me decía que no lo tenía decidido, cuando yo sabía que había hablado con periodistas de que con la llegada de Trumbo me iba a quedar fuera. Pero Núñez me convenció. Yo hablaba directamente con él, porque en esa época no había representantes. Él no entendía cómo yo, siendo internacional, me iba a quedar fuera. Recuerdo que Marcos Alonso, el padre de Marquitos Alonso, me dijo: “Te voy a dar un consejo, del Barcelona, que te echen, nunca te vayas tú”. Núñez me subió la ficha y me dijo que si al siguiente año me quedaba fuera me podía ir a cualquier otro equipo menos a la Penya o al Madrid.

Al final esa generación del Barcelona ha quedado un poco olvidada. Por ejemplo, te he leído en alguna ocasión reivindicando que la camiseta de Chicho Sibilio debería estar retirada.

Me saben mal casos como el suyo, que estuvo allí tantos años. Creo que se lo merecía. A lo mejor luego ves alguna camiseta por ahí que dices… Bien no se portaron. Por ejemplo, yo he tenido que ir a una Final Four en Turquía y acreditarme con una radio. Que no te digo que me paguen el pasaje, simplemente acreditarme para entrar al pabellón. Esos detalles me parecen bastante desagradables que tu club, habiendo estado doce años allí, no te digan, aquí tienes una acreditación…

Háblanos de la época de la selección.

Yo le debo mucho a Díaz Miguel. Me ayudó cuando en mi club no era muy reconocido. Es el entrenador que más me ha marcado, y te puedo decir a otros jugadores igual, como Fernando Romay. Para él los pívots eran sus jugadores, sus niños. Luego cuando me retiré me llevó de ayudante, a Barcelona, a Roma… Y eso es una experiencia que me sirvió para decidir que no quería ser entrenador.  No quiero ser entrenador de estos mamones de profesionales, entre los cuales yo me puedo incluir.

¿Cambia mucho ser un jugador de club, a de repente tener que ir cambiando de equipo casi cada año?

Ahí tuve que cambiar el chip, en el sentido de que tuve que hacer un trabajo específico de pesas para coger más peso, porque donde yo iba tenía que absorber más minutos y jugar en una posición más de cinco puro. Me fui a Valladolid, donde estaba Pesquera en el primer año, y en el segundo Laso. La primera temporada fue muy buena para nosotros. Recuerdo que incluso le ganamos al Barcelona en casa. Era un equipo de currantes. El segundo no estuvo tan bien, con muchos cambios de americanos. Luego me fui a Manresa y el último año… bueno, fue el año en el que me llamó Boza.

¿Y qué pasó?

Yo siempre cuento que Aíto me echó dos veces. Estaba Maljkovic en el Barça y entonces me llamó Manolo Flores, pidiéndome que fuera a entrenar con ellos. Aíto era el director deportivo y recuerdo que esos días estaba también Magic Johnson. Total, que voy a entrenar y al día siguiente veo en el periódico unas declaraciones de Maljkovic sobre mí, poniéndome como un jugador veterano que conoce el club, que si me pongo en forma contaba conmigo…  Yo no entendía nada. Es entonces cuando va a inaugurar el Sant Jordi con un Opel McDonald’s y Maljkovic me invita a jugar. Después de casi cuatro años fuera, era como un sueño.  Como todavía estaba relativamente reciente mi marcha, me encontré con todo el Sant Jordi aplaudiendo.  Yo no podía ni moverme. Para mí fue de las cosas más lindas de mi vida.

Después de ese torneo me llamó Aíto, y en la reunión me dijo: el yugoslavo te quiere, pero yo no lo veo factible. Te vamos a hacer ficha pero no la vamos a presentar.  Me dijo que no sabía si era bueno para el club que volviera a fichar. Al mismo tiempo yo estaba hablando con el Taugrés de Herb Brown, que al parecer estaba loco conmigo. Me comió la cabeza… y al final le digo a Aíto que le agradezco el esfuerzo, aunque no era ninguno, evidentemente, y me fui al Taugrés con Chicho, Arlauckas…

Un equipo mítico.

Pegamos el pelotazo de eliminar al Madrid. Recuerdo que le decía a Chicho que no me creía que volviéramos allí. “¡Con lo que me quieren a mí aquí!”, le decía. En Vitoria jugué mucho tiempo porque Ramón Rivas estaba medio tocado, y le ganamos como de quince.  Para mí eso fue un resurgir.

Foto: FC Barcelona

Hoy le he dicho a un amigo, acérrimo del Madrid, que te iba a entrevistar. Me ha contestado con un el cabrón ese…

¿Sabes qué me pasó a mí? Yo en mi equipo tenía a Chicho o a Epi, que absorbían el 60% del juego del equipo. Luego tenía a los americanos… Me dije, o te despiertas y haces algo más, o no te vas a comer nada. Yo me especialicé en la defensa, en el americano de turno. Recuerdo que un día cogí a Óscar, que metía sesenta por partido. A mí me hizo veinticinco, no me jodas. Defender supone contactar más contra el rival. Pero yo no empezaba la guerra, no era sucio, ni daba codazos. Yo sabía que a los americanos les molestaba mucho que fuera pegajoso. Si no hubiera hecho eso habría jugado muchos menos minutos. A mí en Madrid no me quería la gente, pero yo tuve el honor de que Lolo Sáinz me quiso fichar dos años. El año en que Fernando Martín se fue a la NBA, que Antonio se fue a Pepperdine, ellos necesitaban un pívot  más. Y me ofrecieron, y además bien.

Ha habido épocas de hasta veinte argentinos en la liga, y ahora solo hay cinco. ¿A qué se debe?

Creo que tuvimos la suerte de que coincidió con que tuvimos a la Generación Dorada, y que la mayoría pasaron por España, en el Taugrés, lo que al jugador argentino le dio un plus de reconocimiento. El argentino, ya sea en fútbol o básquet, tiene una garra especial, y ahora además vienen con una clase muy importante. ¿Que ahora falta otra generación? Es ley de vida, y también puede pasar aquí.

¿Qué diferencias ves en uno u otro caso?

Yo lo veo más difícil para Argentina. En España hay más jugadores jóvenes, lo que pasa es que tengo el miedo que tenemos todos cuando ves que en la ACB el jugador joven y con futuro se tiene que buscar la vida en otro sitio, como en las universidades americanas, porque aquí ven a uno o dos jugadores nacionales en cada equipo de ACB con suerte. Eso creo que puede afectar al futuro de la selección.

Foto: FC Barcelona

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SKYHOOK #16

 

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