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Sergi Vidal: “Dusko es un entrenador duro y exigente. Pero también muy honesto”

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Foto: ACB Photo

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Para la gente que no le conozca, Sergi Vidal (Badalona, 1981) se ha convertido en todo un clásico del baloncesto nacional. Escolta con un físico privilegiado, a sus 34 años ejerce el papel de veterano en un equipo que derrocha un descaro que va en el ADN verdinegro. De su palmarés podríamos destacar ese 2009 en el que ganó en el TAU Cerámica de Dusko Ivanovic la Copa del Rey, la Supercopa de España, y el título de Liga, o ese subcampeonato en las ediciones  2001 y 2005 de la Euroliga.

Una carrera llena de éxitos, aunque nunca se saborea uno tanto como el primero. ¿cómo es esa sensación?

Muy satisfactorio. Por mucho trabajo que hagas, esa recompensa no es una garantía. Nunca se sabe en un deporte colectivo en el que no solo depende de ti. He tenido la suerte de estar rodeado de grandes compañeros y es lo que me ha permitido optar a ese gran premio. Que ya de por sí creo que dedicarte a lo que te gusta es bonito y realmente muy gratificante; y bueno, el siguiente escalón era ganar un título y por suerte lo he podido repetir unas cuantas veces.

¿Con cuál de esos títulos te quedarías?

Es muy difícil decidirse por uno, pero recuerdo con especial cariño esa Copa del Rey del 2002 porque fue el primer título. Cuando empiezas con esto deseas algún día empezar a ganar, y ese fue el primero y lo disfruté muchísimo porque tampoco sabía si tendría la suerte de repetir la sensación. No sabía si llegarían más y decidí disfrutarlo al máximo.

Vamos a hablar un poquito del pasado. ¿Con qué edad tocas por primera vez un balón con la intención de empezar en este deporte? Ese momento en el que sientes la ilusión que todos los que hemos jugado a esto sentimos cuando empezamos.

Pues la verdad es que no lo sé. No sé en qué momento me quería dedicar a esto porque desde que tengo uso de razón estoy con un balón en las manos. Mi padre jugaba, mi hermano jugaba y yo iba a verlos siempre. Me colocaba en la banda o en algún sitio cerca de ellos un poco a mi bola. Y no sé, desde que he podido jugar en algún equipo, federarme, siempre lo he hecho al momento.

Supongo que el hecho de estar rodeado en un ambiente baloncestístico ayudó a ser lo que eres ahora.

Sí, son los que te marcan un poco el camino, y tú decides después si te gusta o no. Y teniendo a estas dos figuras delante de ti supongo que te lleva también a imitarles. Y a partir de ahí, como te decía, ya entra la personalidad de cada uno. Pero realmente el inicio lo haces por eso, por el simple hecho de hacer lo mismo que hacen y después ya tomas tu camino.

Foto: ACB Photo

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Corrígeme si me equivoco, pero creo que tu primer partido ACB es contra el Estudiantes en el 99/00. ¿Cómo recuerdas ese primer partido en el que metiste 9 puntos en 9 minutos?

Pues de vez en cuando subía a entrenar con el primer equipo pero nunca me habían convocado, y por tema de lesiones ese fue el primero y el último en esa época que me convocaron con el primer equipo del Joventut. El partido no iba demasiado bien para el equipo y Alfred Julbe decidió darme entrada. Recuerdo que me dijo que jugara sin miedo como lo hacía normalmente y que no me preocupara mucho más y eso es lo que intenté. Bueno, con nervios, ilusión, varias sensaciones al mismo tiempo.

Tras ese partido en el que debutas con el Pinturas Bruger Badalona, te marchas al Tau Cerámica y pasas a compartir vestuario con nombres como Luis Scola, Andrés Nocioni, grandes figuras del baloncesto. Algo increíble para alguien que venía de una cantera grande pero basándose en la humildad deportiva. ¿Cuál fue tu primera sensación? Ese momento en el que te sientes dentro de un club muy importante con aspiraciones a título. ¿Alguna novatada?

No, en ese aspecto no. No hubo novatadas. Llegué allí con muchas ganas de trabajar. Además, con Dusko Ivanovic era la única manera de conseguir algo, sino no ibas a gozar de su favor. Y bueno, quería demostrarle que quería ganarme un sitio en un equipo profesional y poco a poco ir cogiendo experiencia para en unas temporadas poder gozar de minutos. Pero mi primera intención sobre todo era trabajar mucho, aprender día a día y el esfuerzo que supone entrenar con jugadores como estos e intentar estar al mismo nivel.

De Dusko te quería hablar ahora. Tiene la fama de que es muy duro, muy exigente, etc. ¿Qué tal fue esta etapa con Dusko?

Pues eso, muy duro, muy exigente, pero al menos es un entrenador honesto. Él te pide muchísimo pero si tú le das tu 100%, él lo va a valorar y siempre que pueda te dará minutos y te intentará dar la confianza. Pero como te digo, tienes que estar dispuesto a sufrir y a trabajar, y en el momento en el que eso no sucede, es cuando, con un entrenador de este estilo, las cosas no van a ir bien.

Pasas nueve increíbles temporadas en el TAU.  Te dan la oportunidad de entrar a compartir el vestuario del Real Madrid a las órdenes de Ettore Messina. Recuerdas el momento ese en el que te dicen: “Vas a jugar en el Real Madrid”.

Bueno, me llamó mi agente y me comentó que si me gustaría jugar en el Madrid, y le dije que obviamente era uno de los equipos grandes, que estaba configurando una gran plantilla, y que a priori había fichado a un entrenador que había ganado títulos de Euroliga y con mucho reconocimiento. Le dije que bien, pero que yo tenía contrato en Vitoria y no creía que me dejaran salir. Entonces él me comentó que había sido en Vitoria donde habían ofrecido la posibilidad de marchar y al final pues acepté.

¿Y cómo resultó esa etapa? ¿Fue tu época más dura como jugador?

Deportivamente, desde luego. La verdad es que fue una época complicada en la que a pesar de mucho trabajar no conseguía entrar en los planes del entrenador y al final pues eso te frustra un poco.

Después de dos temporadas duras en el  Real Madrid, Sito Alonso confía en ti para su proyecto en el Lagun Aro Bilbao GBC y pasas a hacer unos números de escándalo. 50% en tiros de 2, 67% en tiros de 3, etc.  ¿Qué puedes contarnos de esta temporada?

Un año increíble. No solo por eso, sino por todo lo que se consiguió a nivel de equipo, por el grupo que había. Muchas cosas buenas para mi después de dos años sin jugar,  poder reivindicarme y poder demostrar que era un jugador que estaba para jugar, para poder hacerlo, clasificarnos por primera vez en la Copa del Rey, meternos por primera vez en Playoff. Para al club, para la ciudad fue espectacular. Como te digo tengo un recuerdo bárbaro.

Después de esos dos duros años, tenías ganas de reivindicarte y el Lagun Aro era una buena opción.

Sí, yo buscaba un club en el que poder jugar y divertirme. Volver a sentirme jugador, recuperar sensaciones. Entonces eso superó a las expectativas que tenía y fue increíble.

Después de dos años en el Lagun Aro, el Unicaja te ofrece una oferta de otros dos años en sus filas y pasas a compartir vestuario con Txemi Urtasun, Carlos Jiménez, etc. ¿Qué tal fue esa época?

Bien, el primer año junto a Jasmin Repesa, lo cortan y en el segundo año pasa a ser nuestro entrenador Joan Plaza. Joan decide cortarme a mí para la ACB y a Txemi Urtasun para la Euroliga, y excepto que no hubiera lesiones no participábamos cada uno en una de las competiciones, y eso me llevó a jugar poco ese último año.

Tras esos dos años, te contrata tu actual equipo, el FIATC Joventut. ¿Cómo te sientes ahora mismo como jugador?

Muy bien, me siento bien, me siento feliz, estoy en casa. Ya es mi segunda temporada aquí y la verdad es que  disfrutando como el anterior. Los resultados no están siendo tan buenos como el año pasado que estuvimos muy por encima de las expectativas, metiéndonos en Copa del Rey y llegando a semifinales pero la verdad es que me gusta mucho estar aquí y lo disfruto.

¿Crees que el FIATC Joventut puede entrar en Playoff?

Sí, claro. Pero para eso debemos hacer una gran segunda vuelta e intentar ganar más partidos que en la primera.

¿Quién crees que es el jugador más en forma de la Liga Endesa?

Si te tengo que ser honesto, no sigo mucho en este momento al resto de jugadores, por eso creo que no sabría decirte con cual me quedaría.

¿Qué jugador crees que es para ti el jugador más complicado de defender en tu carrera?

Pues igual que he tenido grandísimos compañeros de equipo, también he tenido a grandes rivales y quedarme con un es difícil. Así recordando un poco Marcus Brown, Louis Bullock, Juan Carlos Navarro, Tony Parker cuando estaba en Maccabi, etc. Hay muchísimos y de una calidad que es una pasada.

¿Y de los jugadores actuales o históricos cuál es tu preferido?

Siempre he dicho que Pau Gasol es el mejor jugador de la historia en España pero tengo especial debilidad, porque me ha tocado sufrirlo muchas veces, por Juan Carlos Navarro.

¿Qué sueles comer antes de un partido?

Esa es fácil, carne y pollo.

¿Y de música tienes algún estilo que prefieras?

No, la verdad es que me gusta prácticamente todo. No me atrevería a decantarme por un solo estilo, y depende del estado anímico o de si sale un CD de algún artista que me guste estoy un tiempo con eso, pero luego vuelvo a cambiar y voy variando, así que prácticamente todos.

Foto: Imquality

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¿Y tienes algún ritual prepartido, alguna manía…?

Bueno, manías tengo muchas, mejor dicho costumbres. Seguir un poco la rutina e intentar hacer siempre las mismas cosas antes y después de los partidos.

Para acabar te quería decir el nombre de tres jugadores con los que has compartido vestuario y que nos cuentes algo de ellos, y alguna anécdota. El primero es Pablo Prigioni.

Con Pablo es el jugador con el que más temporadas he jugado. Jugamos 8 temporadas consecutivas y para mi es una persona de las que he aprendido muchísimo. Como la mayoría de argentinos es un ganador y a parte de la calidad que tiene y lo buenos que hace a los demás. Y anécdotas es muy complicado decir así en frio de ningún jugador porque son muchos años con él y es como cuando te preguntan “¿Un restaurante?”

Te sabes cincuenta pero justo cuando te preguntan no caes en ninguno en concreto.

El segundo es Igor Rakocevic.

¿Igor Rakocevic? Mucha calidad. Un jugador que vino a Vitoria y creo que es el equipo donde más feliz ha estado. Pudimos juntarnos buenos compañeros, hicimos una piña allí y al final pudo mostrar su mejor juego.

Y por último. Raulzinho Neto.

Un chico introvertido, pero eso le ayudaba  a escuchar, a aprender, y a estar en un lado en el que parecía que no estaba pero aprendía de todo. Y con una capacidad de entrenar algún movimiento por la mañana y por la tarde aplicarlo en el 5 contra 5. Un chico con la mentalidad correcta para llegar donde ha llegado.

Tengo entendido que estás involucrado en un Campus de baloncesto junto a Albert Miralles. ¿En qué consiste esa propuesta?

Pues mira, llevamos 7 años. Albert y yo siempre hemos sido amigos, compartimos vestuario ya desde categorías inferiores en el Joventut, y bueno, siempre hemos tenido la intención de montar un Campus aprovechando un poco la experiencia de lo que a nosotros como chavales nos gustaba más o menos y además aportar ese granito del juego de los profesionales. Entonces empezamos a montar el Campus Vidimiri, lo montamos desde cero y estamos orgullosos de la familia que hemos creado y de los niños y niñas que año tras año participan en nuestro Campus

 

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Tanoka Beard: “De Manel Comas lo que más respetaba era que no escondía nada”

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Tanoka Dwight Beard (Ogden, Utah, 1971) fue una auténtica estrella del baloncesto nacional en España. Fuerte, anotador y carismático, paseó su inconfundible pañuelo por Badalona, Lugo, Madrid y Valencia, además de por media Europa. Dos veces MVP de la ACB, su afabilidad fuera de la pista contrasta con el carácter inflamable que demostraba sobre la pintura y que le costó más de un disgusto durante sus casi veinte años de jugador profesional.

¿A qué se dedica Tanoka Beard casi diez años después de su último partido como profesional?

Me dedico a la formación de jóvenes, enseñando y entrenando a niños en edad escolar. También estoy muy involucrado en un proyecto empresarial. Este año he lanzado una nueva bebida deportiva, que es una versión natural y saludable de Gatorade, llamada Maji: Premium Sports Beverage.

Nunca llegaste  a jugar profesionalmente en tu país. ¿Viste pronto que tu carrera iba a ir por Europa antes que en la CBA, aunque eso significara alejarte del sueño NBA?

Por aquel entonces esperaba que después de un par de años en Europa, y si lo hacía lo suficientemente bien, se abrieran las puertas de mi gran sueño, que era jugar en la NBA. Cuando comprendí que aquello no iba a suceder, decidí hacerlo lo mejor posible y aprovechar la oportunidad que Dios me dio para viajar por el mundo y que me pagaran por jugar al baloncesto.

Llegas al DYC Lugo en febrero de 1994 para jugar el tramo final de la temporada sustituyendo a Tony Martin.

¡Y recuerdo que nada más llegar me enfrenté a Sabonis! El momento de la llegada a España cambió para siempre mi vida y la de mi familia.

Precisamente habías sido cortado en Roma un mes antes. ¿Cómo es esa sensación de no tener claro dónde vas a estar jugando el mes que viene?

Es cierto. No tenía dudas de que tendría un sitio para volver a jugar, pero la cuestión era escoger el lugar correcto donde hacerlo. Fui cortado en Roma de una forma injusta, y que venía como consecuencia de no saber bien a dónde iba. Así que nos aseguramos de ahí en adelante de no repetir esa mala decisión nunca más.

Antes de regresar a España juegas en Francia, donde tienes problemas al defender a un compañero en una pelea con James Voskuil [1]. ¿Qué sucedió?

Fue un error mío. Estábamos jugando un partido amistoso que se volvió demasiado competitivo. Comencé a sufrir demasiadas faltas duras y después de una de ellas, acabé por golpear a James. También es cierto que al instante me arrepentí…

Volvemos a saber de ti en tu vuelta a España, a la Penya. ¿Cómo se gestó el fichaje? ¿Qué recuerdas de aquella época?

Por aquel entonces estaba esperando una oferta para volver a España, concretamente cerca de Barcelona, que es mi ciudad favorita de todo el mundo. Entonces me llama de Barcelona… Alfred Julbe. Y fue una conversación muy divertida. Me preguntó si yo podría defender como él quería que lo hiciera. Después de aquella conversación aceptó que firmara con ellos y regresé a España.

“Veinte años después hay que admitirlo. Mi Real Madrid no estaba construido como un equipo capacitado para ganar el campeonato.”

Una de las imágenes que más se recuerda de Tanoka en la ACB es la del día que te pitan una falta en ataque y destrozas la camiseta.

Durante aquella temporada habíamos construido una rivalidad bastante fuerte con Unicaja. Éramos dos equipos que nos respetábamos, pero al mismo tiempo existía una rivalidad especial. Durante aquel partido la sensación que teníamos era que los árbitros estaban impactando en el resultado de una forma que no les correspondía. El día que rompí la camiseta sentí que estábamos jugando un gran partido, a su nivel, y que por la forma en la que estaban arbitrando nos estaba afectando en el resultado de una forma injusta.

De aquel equipo de Andy Toolson, Andre Turner y tú queda la Copa del 97.

Durante aquellos días encontramos nuestro lugar como equipo. Creímos en que era posible y nos aferramos a esa lucha por un objetivo común. Recuerdo lo feliz que estaba Jordi Villacampa por el que sería su último título, el impacto que tuvieron Crespo y Villa pese a que no tuvieran en principio un rol protagonista. Definitivamente eso fue lo mejor de aquella Copa del Rey, y fue el gran mérito de Alfred Julbe, conseguir que fuéramos responsables de cada uno de nosotros y de que el compañero también cumpliese.

Con la perspectiva de casi dos décadas. ¿Cómo valoras tu paso por el Real Madrid?

Para ser sincero, no quería salir de Badalona. Sin embargo una persona de mi confianza me convenció de que era lo mejor, y llegamos a un acuerdo de forma bastante rápida con el Madrid. Después de casi veinte años de mi paso por el Real Madrid es el momento de ser honestos: no fuimos construidos como un equipo capacitado para ganar el campeonato. Nuestros bases no eran lo suficientemente veloces y yo tampoco era el mejor defensor de ayudas. Además, nunca sacamos lo mejor de jugadores tan importantes como Bobby Martin o Lucas Victoriano.

En Madrid te acusaban de ser demasiado individualista. Que el equipo no ganaba a pesar de tus buenos números.

Tenía que cumplir con mi impacto ofensivo, esa era mi principal misión. En ese momento en el que las cosas no salían bien, era más fácil culpar a alguien que enfrentarse a la realidad.

Foto: Real Madrid

En tu segunda época en Badalona coincides con Manel Comas, con el que tuviste una relación muy especial.

Siempre tuvimos una muy buena relación. Lo que más respeté de Manel fue que era directo y que no escondía nada. Hubo días frustrantes, por supuesto, cuando no llegamos al Playoff, pero pese a todo considero que ese año fue positivo. En Badalona me sentía como en casa.

¿Cuándo dejaste de usar el pañuelo?

Después de Pamesa.

¿Y el motivo?

Muy sencillo. Fiché por el Fenerbahçe y en Turquía había una norma que impedía utilizarlo. Me acostumbré a dejar de llevarlo, eso es todo.

En España fuiste dos veces MVP y siempre cumpliste en cada uno de los equipos a los que fuiste. Sin embargo, te pusieron la etiqueta de jugador individualista.

Siempre hay una etiqueta. No importa lo que hagas, alguien te pondrá una etiqueta. Estoy más feliz de haber sido etiquetado como un jugador individual que siempre ayudó a sus equipos a ser mejores que un temporero al que nadie quería. En ataque solo entendía una forma de jugar, y si no lo conseguía, intentaba rebotear y aumentar mi defensa. De una forma u otra quería dejar mi huella en cada partido. Eso causa problemas en alguna gente que no tiene esa mentalidad.

¿Sigues en contacto con algún jugador de tu época en ACB?

A través de Facebook muchos de nosotros todavía mantenemos algo de contacto. Sin embargo, sigo esperando contactar con Jackie Espinosa. A él y a Dre [2] son los tipos a los que más extraño.

“Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí.”

Durante el primer año en Zalgiris coincides con un crepuscular Arvydas Sabonis, que apenas podía correr pero seguía siendo un jugador diferencial. ¿Cómo lo recuerdas?

Recuerdo la pretemporada de aquel año. Sabas estuvo allí dos días y luego no le volvimos a ver. No estaba demasiado claro, pero finalmente jugó con nosotros. Básicamente buscábamos que Sabas fuera parte importante del ataque, y la verdad es que resultó muy bien. De repente estaba con nosotros, en lo que fue un año mágico.

¿Sigues la actualidad de Zalgiris? ¿Cómo valoras el trabajo de Jasikevicius como entrenador?

Saras es exactamente igual como entrenador que como jugador. Posiblemente mejor.

¿Cómo encajaría el juego de Tanoka en una época en la que prevalece un tipo de jugador más polivalente?

Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí. En mi juventud fui un poco más rápido de lo que la gente recuerda, así que creo que todavía podría formar parte de alguno de los mejores equipos de la actualidad.


[1] El autor se refiere a la agresión que cometió Tanoka sobre Voskuil durante un partido amistoso y que le costaría una fuerte sanción de la LNB.

[2] André Turner, base de la Penya durante la época de Tanoka en Badalona.

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Antonio Herrera: “La estadística avanzada es el siguiente paso a dar en Europa”

Antonio Herrera, entrenador asistente en Unicaja Baloncesto, ha estado viviendo la experiencia NBA desde dentro como parte del staff de Los Ángeles Clippers en la Summer League.

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Foto: Alberto Tenorio

El Martín Carpena permanece callado. Da sensación de soledad, incluso. De encontrarse de vacaciones. Antonio saluda a un empleado del pabellón y nos reconoce, entre risas, que el personal le conoce bien porque pasa “todo el día en la oficina”. El entrenador tiene una presencia imponente y una voz que abre oídos. No es muy alto, pero tampoco lo necesita. Sin saber por qué, de esos que se ganan la atención sin necesidad de esforzarse.

Decide enseñarnos su lugar de trabajo, equipado, cómo no, con sendas pizarras, imágenes motivacionales y material para trabajo de vídeo. Reconoce, después de pedirnos tuteo, ser lector de Skyhook Magazine y se muestra agradecido por que compartamos su experiencia como asistente de Sam Cassell en el equipo de los Clippers en la pasada Summer League de Las Vegas.

Para empezar veo obligatorio esto. ¿Cómo se fijan desde fuera en un entrenador asistente, que es un trabajo difícil de apreciar? ¿Cómo ven, en este caso, desde la NBA, su trabajo?

Yo creo que, a nivel general, la NBA está muy interesada en conocer cada vez más la metodología de trabajo que hay en Europa. Sus entrenadores y por supuesto sus jugadores, especialmente los más jóvenes. Cuando ellos contactan conmigo a través de haber tenido ya un cierto contacto en otras ligas de verano lo hacen precisamente por esto, por lo que ellos puedan ver que hace Unicaja, cómo es nuestro juego, nuestra metodología de trabajo. Ellos tienen scouts por toda Europa y, evidentemente, la mayoría de las franquicias envían sus scouts a los equipos NBA. Algunos de ellos incluso nos ven entrenar y están unos días aquí. Y ese ha sido un poco el motivo por el que ellos se fijan en mí, por el trabajo que hacemos en Unicaja, y me dan esa oportunidad.

Contactan con usted, ¿a través del club?

Ellos contactan conmigo directamente pero luego hay unos requisitos a cumplir a través del club. Hay un primer contacto para saber si estoy interesado y en cuanto empezamos a hablar sobre la posibilidad, ellos contactan con el club y van hablando desde finales de la temporada pasada. Cuando llegamos a un entendimiento por el que podía estar autorizado para ir, se formaliza todo.

Hay algo muy interesante. Antes nos has hablado de cómo la NBA busca expandirse en Europa. Es la experiencia de la Summer League y cómo jugadores europeos van a probarse.

Creo que los jugadores que destacan en Europa quieren estar en el mejor lugar posible y esto en el baloncesto es la NBA, Estados Unidos, y creo que una ambición lógica de cualquiera es probarse con los mejores. Y es allí donde están. Así pues, la liga de verano es un escaparate y una oportunidad para muchos jugadores que juegan en Europa de que estos scouts y estos general managers puedan verles en directo enfrentándose a jugadores que están en la NBA o a punto de entrar.

Otro aspecto importante de la Summer League es cómo se mezclan en los equipos jugadores que podríamos llamar currantes y otros que son casi estrellas, o incluso lo son. ¿Hay diferencia en el trato entre estos?

Sí. Hay aspectos muy interesantes. Este que tú dices es una de las inquietudes que yo tenía antes de ir. Ver cómo era el trato y la forma de trabajar con los que ya pertenecen a la franquicia o están a punto de entrar y los demás. Hay otro aspecto que me motivaba muchísimo, ver cómo ellos en ocho o diez días unificaban o intentaban aplicar la visión de juego que tenía el primer equipo con jugadores que no eran de la franquicia, que venían de distintos puntos.

En el caso que yo he observado en mi experiencia de Summer League, viviéndola ahora desde dentro, es que obviamente el jugador que pertenece a la franquicia directamente o alguno que estaba cedido en otro país o en otro equipo tiene más importancia en el entrenamiento y el juego. Es normal que en el entrenamiento tenga un trato diferente porque se conocen de todo el año. Bien porque han entrenado con ellos o bien porque están en otro sitio pero han tenido un seguimiento. Los demás vienen nuevos, así que es normal. En el juego también tiene sentido que los jugadores que más les interesan tengan más oportunidades.

Alberto Tenorio

Sobre esto que hablamos de tener jugadores distintos y con distintos papeles, imagino que en la planificación tendrá un papel importante el desarrollo del jugador técnica y tácticamente. ¿Tu papel allí cuál era?

Creo que como todo el proceso que se realiza en Estados Unidos con los entrenadores ayudantes, no solo en NBA, también en NCAA, todo es progresivo. Este primer año hemos querido conocernos y sobre todo mi mayor aportación ha sido explicar cómo hacemos nosotros las cosas que ellos entrenan. Así, yo he estado presente en la vida de ellos, todas las horas que estaban en el pabellón, las sesiones de vídeo, las sesiones dobles…

Digamos que yo no tenía un trabajo específico, sino que estaba en todo; pre-entrenamiento, post-entrenamiento, edición de vídeo, etc. Y cuando explicaban o desarrollaban el entrenamiento querían que interviniese continuamente explicando ese tipo de defensa cómo la trabajamos nosotros, o tal ataque contra tal defensa específica. En el vídeo igual. Tienen un programa de vídeo diferente, ni mejor ni peor, y tanto en el scouting del rival como en el post-partido nuestro querían que les enseñase cómo hacia los vídeos. Yo creo que esa ha sido mi mayor función allí y en lo que más han invertido. Estoy convencido de que esto irá a más en años sucesivos. Espero que sea así.

Leí un artículo muy amplio que escribió en Solobasket en el que hablaba de grupos de trabajo, número de asistentes y entrenadores en general trabajando con cada franquicia. ¿Cómo se organiza eso?

Todo en la franquicia era muy meticuloso. Evidentemente estamos hablando de una realidad diferente. Tengo la fortuna de trabajar en un equipo de primer nivel, de Euroliga, pero hay un abismo respecto a recursos. Allí sí hay un cuerpo técnico muy amplio, pero cada uno con una tarea muy específica, y yo no he visto que ellos se salgan de ahí. Dentro de la distribución que ellos tenían había un entrenador jefe que era Sam Cassell, el primer asistente de Doc Rivers, y aparte de él había dos entrenadores dedicados al ataque, más otros entrenadores de fundamentos, de detalles, e incluso había uno mayor que estaba como asesor.

Pero ellos se limitaban a sus funciones, y cuando preparábamos el entrenamiento y hablábamos del mismo, cada entrenador en su área comentaba sus impreiones, o Sam Cassell les preguntaba a cada uno dentro sobre algún ejercicio determinado. Y en el entrenamiento igual. Si había un ejercicio de defensa lo explicaban los entrenadores de defensa y Sam intervenía en momentos determinados.

Sobre esa amplia ventaja que tienen respecto a sistemas y programas utilizados, me parece muy interesante la estadística avanzada, su uso allí. ¿La ves, de algún modo, implantada en Europa?

Evidentemente, para mí, el uso de estadística avanzada es el siguiente paso que tenemos que dar en Europa. Es probable que haya equipos que ya la estén utilizando o que estén a punto de utilizarlo, y hay empresas que van a apostar fuerte, pero es que ellos lo tienen en el día a día. A mí me sorprendía muchísimo cómo utilizaban la estadística para, no solo el equipo nuestro de Summer League, cuando había conversaciones sobre el primer equipo y claramente ellos tenían definido cuándo el equipo rendía en la pista, cuándo coincidían tres o dos jugadores concretos en pista, cuándo con un jugador el equipo recibía más puntos aunque él anotase… Y eso me parecía de un valor extraordinario a la hora de gestionar tu equipo y por supuesto a la hora de reclutar, para lo que utilizan muchos recursos.

Volviendo al número de asistentes, quería que me comentara, además de la cantidad, cómo de diferente es la planificación y el trabajo de un grupo norteamericano a un europeo.

La principal diferencia es el número. Cuando tienes en un cuerpo técnico ocho entrenadores y en Europa puedes tener tres, o hasta cuatro en el caso de un equipo de máximo nivel, la distribución del trabajo hace que se cuide más el detalle. Ellos tenían distribuidos jugadores a nivel individual, pues no es lo mismo distribuirse una plantilla entre tres entrenadores que entre siete, esto es obvio. Así se le puede dedicar más tiempo al jugador, más tiempo al post-partido para fijarte en jugadores. Nosotros, por ejemplo, en la Summer League, cuando un jugador era sustituido, un entrenador con un iPad podía sentarse a su lado porque le estaba haciendo un seguimiento exclusivo a ese jugador porque le interesaba a la franquicia. Creo que se abarca el mismo tipo de trabajo pero al distribuirlo más pues pueden ir más al detalle y estar más pendiente de un jugador en concreto.

Sobre el número, en Baskonia este año se ha firmado recientemente a un entrenador, Sergio Valdeolmillos, con incluso más nombre que el principal y Prigioni en una entrevista reciente habló de cómo tener más asistentes aumenta la eficiencia porque, por ejemplo, en un ejercicio de tiro hay más pases y por tanto más tiros. ¿Ve en este sentido una americanización en Europa?

Bueno, allí en los Clippers por ejemplo teníamos dos compañeros que ni siquiera intervenían en la pista. Estaban en la oficina, con una pantalla gigante, viendo el entrenamiento desde allí, con el programa de edición de vídeo iban cortando situaciones del entrenamiento que nos valían después en la reunión post-entrenamiento para preparar el del día siguiente. Entonces, aumentar el número de entrenadores hace que tu trabajo sea mejor, más detallista y con mayor rigor en la ejecución.

Luego, el caso de Baskonia no lo conozco desde dentro. Dices que hay un entrenador asistente que tiene incluso más nombre que el principal. Lo que no podemos ocultar es que un exjugador tiene evidentemente una credibilidad inicial, creada por la experiencia, que hace que tenga ese tipo de oportunidades como va a pasar en Baskonia con Pablo Prigioni. Creo que ellos muchas veces tienen esa capacidad de ponerse en lugar del jugador por haber estado allí, pero también, la gestión de grupo requiere una efectividad en el manejo de emociones, saber cuándo tomar distancia, etcétera. Si hay una apuesta por tener un cuerpo técnico más amplio, el resultado va a ser positivo siempre, y no solo en este ejemplo que es claro, el del tiro. A la hora de pasar, de contar, de exigir… Cuantos más haya, mejor. Si no, a la hora de estudiar al rival, porque si nos fijamos en Estados Unidos, que creo que es imprescindible, también del cuerpo técnico había entrenadores que solo se dedicaban al estudio del rival. No sé si Baskonia tiende a una americanización o no, pero bienvenido sea si hay una clara apuesta por tener más entrenadores.

Allí en la Summer League tuvo la presencia de dos entrenadores jefe, como Sam Cassell y Doc Rivers con el que, aunque no trabajó, creo que tuvo contacto. Habiendo un grupo de trabajo tan amplio quizá no se entienda la importancia que tiene un entrenador jefe carismático.

Yo creo que en el volumen de partidos que hay en la NBA y que hay en Euroliga, el entrenador carismático es cada vez más importante. Porque el número de partidos hace que también aumente la preparación del partido, los detalles, los problemas, las lesiones, los jugadores, distintas dinámicas, la obligación de que el equipo reaccione a un mal o buen resultado, y esto lo tiene que hacer un entrenador carismático.

La figura del entrenador que abarca todo en el entrenamiento, en el partido, tiende a desaparecer por completo para que los entrenadores ayudantes cada vez asuman más papel. Y eso tengo la fortuna de vivirlo aquí desde el primer día. Allí, en la Summer League, Doc Rivers intervenía puntualmente y eran intervenciones excelentes. Puntualizaba lo que quería decir claramente, el mensaje adecuado en el tiempo adecuado, mientras Sam Cassell era quien llevaba al equipo con energía, con presión, con todos los detalles, etcétera. Me han parecido muy interesante esas dos características.

Antes hemos hablado sobre los jugadores que son casi estrellas. Los entrenadores carismáticos son, prácticamente, gestores de ego, ¿no?

Es muy importante. Ahora mismo hay un par de entrenadores en la NBA en los que me gusta fijarme mucho. Uno es Brad Stevens, que después de triunfar en una universidad muy pequeña, en Butler, y llevarlos a la Final Four, consigue entrar en una gran franquicia que apuesta por él claramente con un ejemplo de una nueva gestión de jugadores. Él maneja muy bien esos egos, incide mucho en el lado positivo del jugador, más que en los errores, y está llevando al equipo de una manera tan extraordinaria que llama la atención en toda la NBA.

Y hay otro entrenador que, yo creo, está marcando diferencias en esto, que es Erik Spoelstra. Es un entrenador con mucho carácter que lo gestiona, quizá, un poco diferente a Stevens, pero para mí ahora mismo son dos modelos de gestión de egos y, por supuesto, si nos fijamos en los grandes entrenadores europeos: Ettore Messina, Obradovic, Aíto, Joan Plaza, por supuesto… Son entrenadores que saben perfectamente cómo marcar los roles, gestionar los grupos, etc., porque hoy en día creo que esto es lo que realmente puede marcar la diferencia; la buena gestión del grupo. Y esto incluye los egos.

En Europa, sobre la NBA, también sobre el ego, hay muchos mitos. Viéndolo desde dentro, ¿qué puede decir sobre estos?

Creo que hay una tendencia clara en la NBA a buscar el espectáculo. Hay una presencia de los medios muy grande y quizá esa orientación tienda un poco hacia el individualismo y el físico. Allí en la Summer League habíamos estado diez días tranquilos en Los Ángeles. Con tranquilos quiero decir en nuestro pabellón, con el restaurante, con la cocina, con todo allí, pero fue llegar a Las Vegas y darse un aluvión de medios de comunicación en los entrenamientos y en los partidos tremendo. Eso es verdad, existe, pero también es cierto que ellos venden el producto de una manera extraordinaria y nosotros deberíamos aprender, porque en julio, en Las Vegas, con 45 grados, que una liga de verano en la que cobran 32$ la entrada tenga diez mil personas para ver a los Lakers cada día es increíble, increíble… Y de esto tenemos que aprender.

Yo tengo la fortuna de haber estado con una franquicia en la que el juego en equipo era importante, compartir el balón y defender bien. Y tanto Sam Cassell como Doc Rivers nos incidían mucho en que había que llevarlo así, y al jugador se le ha inculcado desde el primer momento que no queríamos individualismo, que podían ser estrellas en sus equipos, en otro lado, pero no tenían que demostrar más de lo que eran para convencer. Que haciendo lo que sabían hacer ya era suficiente.

Por tanto, yo creo que no son ciertos todos los mitos que hay sobre la NBA. Viéndolo de dentro me han parecido gente con una metodología de trabajo extraordinaria, con un gran cuidado por todos los detalles en la ejecución.

Ahora, sobre el entrenador español en Norteamérica. Tenemos allí a Jordi Fernández, asistente en los Nuggets, ahora tu experiencia. ¿Qué esperas de aquí a unos años vista?

Creo que nosotros estamos lo suficientemente formados como para triunfar en cualquier lugar del mundo, incluido Estados Unidos. Ellos también tienen una cultura en la que no les importa la nacionalidad, la raza, el color… Valoran el esfuerzo, la pasión, el conocimiento, la inteligencia. Y eso nosotros lo tenemos, afortunadamente. Hay una cultura muy fuerte de baloncesto en España y creo que estamos preparados para aportar mucho en la mejor liga del mundo. Ahora está Jordi pero seguro que van a haber más oportunidades para entrenadores españoles y europeos. Ettore Messina está al primer nivel ahí y siempre salen en los veranos rumores de que puede llevar a alguna franquicia, y sin duda la llevará algún día. Yo creo que puede ser una vía muy interesante para nosotros, el poder trabajar allí.

Dice que su papel allí fue, practicamente, exportar conceptos europeos y formas de trabajar. Pero si tuviera que quedarse con algo e importarlo, ¿qué sería?

Yo lo que importaría sería la metodología de trabajo a nivel de grupo, a nivel de staff. Vi mucha organización. Vi al psicólogo perfectamente coordinado con el entrenador para tratar a un jugador o a otro, las reuniones previas al entrenamiento muy bien organizadas con todo el entrenamiento preparado y cada uno interviniendo en su parte. Me quedaría con ese estudio del entrenamiento por parte de dos entrenadores dedicados exclusivamente a esto.

Creo que la estadística avanzada es algo que deberíamos importar aquí lo antes posible y que nuestros clubes y directores deportivos lo deberían valorar y tener en sus presupuestos como cualquier otra partida porque me parece muy importante.

Luego, por último, lo que también me ha marcado muchísimo es la importancia que ellos le dan a la confección del equipo. Por eso ellos invierten en tener scouts por todo el mundo, en tener informadores por todo el mundo, en dedicarle mucho tiempo al conocimiento del jugador. Y yo creo que eso nosotros, aun con menos medios, deberíamos tender a ello. No escatimar en esfuerzos para conocer personalmente y profesionalmente a los jugadores que podemos tener en el club.

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Entrevistas

Lagarto De La Cruz: “En Madrid no me querían, pero Lolo Sáinz intentó ficharme dos veces”

Un caso atípico. Un hombre atípico. Entrevistamos al internacional español y mito del Barcelona, que nos cuenta su trayectoria vital desde Argentina hasta la España franquista.

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Recuperamos esta entrevista al Lagarto De La cruz, de#Skyhook7, un número en el que revelemos la relación histórica y actúal entre la liga ACB y Argentina y que todavía podéis conseguir aquí. 


Llegó a España de casualidad, y casi sin darse cuenta, formaba parte del juego interior de aquel Barcelona ochentero que tantas veces lo intentó en Europa. Le recordaremos siempre por ser miembro del mítico equipo español de Los Ángeles del 84. Tras retirarse, se asomó a los medios de comunicación en aquellas míticas retrasmisiones de La Sexta junto con Andrés Montes. Con Juan Domingo de la Cruz Fermanelli (Pasteur, Buenos Aires, 6 de febrero de 1954) podríamos hablar de una toda una época de nuestro baloncesto, y nos faltarían horas. Él fue el primer argentino en jugar aquí, cuando aquel salto todavía no era ni siquiera probable.

¿Te consideras un pionero?

Creo que al menos a  un nivel de primera división, creo que sí fui el primero. Para nosotros en Argentina en esa época el básquet era un deporte secundario, allí el fútbol , como en toda Sudamérica, era el deporte rey, por lo que no te planteabas jugar al baloncesto como profesional.

¿Se seguía por aquella época el baloncesto europeo en Argentina?

Si te soy sincero, cuando me dijeron Barcelona, miré en un mapa, porque pensaba que era un pueblo de Italia. En esa época, te lo juro, nos metían el NO-DO en Argentina, y todo era Real Madrid, Franco, el fútbol…. Yo no era demasiado seguidor del básquet, pero a raíz de que un tío mío me llevara a ver un torneo en el Luna Park en el que jugaban España y Argentina, tuve un primer contacto directo con el baloncesto. Recuerdo que estábamos allí y un señor, que luego resultó ser Manolo Padilla, el delegado de la selección española durante muchos años, me dio un pin que guardé durante años. En esa selección estaban Rullán, Santillana, Manolo Flores… Yo esa época no tenía pensado ni empezar a jugar, pero me vieron por la calle, me convencieron… y a los dos años estaba por España.

Cuéntame eso. A mitad de los setenta Eduardo Portela viaja a Argentina, a San Lorenzo, y vuelve con un chaval para España, que se pone a jugar con todo un Barcelona.

Yo por entonces jugaba en San Lorenzo de Almagro, éramos la sección del típico club de fútbol, pero por aquella época nos llamaban la catedral del básquet, porque era el equipo campeón. Fue cuando el Barcelona hizo una gira de varios partidos por Argentina, y en un torneo en Mar de Plata, se supone que teníamos que jugar contra ellos. Digo se supone porque no ganamos nuestra semifinal, y no llegué nunca a jugar contra el Barcelona.  El caso es que ahí me vino Ranko Žeravica, y estuvo hablando conmigo, me preguntó si tenía familia en España… Yo pensé que quedaría todo en nada, pero al poco tiempo El Gordo Portela se puso en contacto conmigo y me animó a dar el paso de venirme a Europa.

Y llegas a España como extranjero.

En un primer momento me tuvieron escondido, solo entrenaba, pero el tema de mi nacionalidad salió rapidito. En menos de mes y medio ya tenía los papeles porque era todo muy legal, muy trasparente. Mis abuelos eran de Salamanca, así que soy un oriundo, pero legal, no de los que aparecieron últimamente por aquí. Hubo uno que apareció diciendo que sus padres eran de Celta de Vigo […] En principio la idea era cederme al Manresa, pero Ranko quiso que me quedara en el equipo. Yo llegué con un año de contrato que enseguida se amplió a tres, y así hasta los doce años que estuve.

Llegas en 1975…

Venía con una idea distorsionada de España. Recuerdo que les dije a mis padres: “Tengo ilusión por conocer a Franco”. Fíjate como veníamos nosotros. Estuve diez días en un hotel y luego me metieron en una familia catalana. Entonces un día estoy viendo la tele y pasó lo que pasó. Hubo una fiesta en la casa, cava catalán… Yo estaba alucinando. Luego te vas dando cuenta de por qué te llaman polaco en Madrid, porque en el Palau cantaban un himno que no era el español… Todo eso que ya conocemos, pero para un tipo que viene de Argentina con veinte años, imagínate.

Foto: FC Barcelona

¿Y el salto a nivel baloncestístico?

En Argentina entrenábamos un par de horas por la tarde, después de trabajar. Recuerdo que ya en Barcelona nos regalaron dos pares de zapatillas de Converse, que nosotros no las veíamos ni en foto. Era otra historia. Y luego Ranko, que nos metía tres horas por la mañana y tres por la tarde. Fue un cambio total.

Fueron doce años en Barcelona con muchos cambios. De Liga Nacional a ACB, de la hegemonía del Madrid al Barça…

Yo tuve una etapa para mí que no fue buena, que fue la de Kucharski, en la que casi ni entrenábamos. Recuerdo que nos decía, “si queréis podéis venir a hacer un poquito de tiro, pero en vaqueros…”. Yo lo respeto por todo lo que fue, pero para mí fue muy negativo. Ganamos una Copa del Rey al Zaragoza que le sirvió para que siguiera un año más, que claro, no terminó, porque no hacíamos nada. El resto de etapas bien, yo no me puedo quejar, desde el club siempre he recibido buen trato a nivel directivo, y con los entrenadores, unos mejor, otro peor.  El problema de aquella época es que en la zona solo se fichaban extranjeros. No era normal que se fichara un americano para ser base o alero, así que yo me tenía que ganar el puesto contra ellos. Yo me hice la mentalidad de que tenía que hacerme ver en el campo, y al final casi siempre acababa jugando los minutos importantes.

Y esos últimos años con Aíto…

Fue la última etapa, en la que ya estaba claro que él no contaba conmigo. Lo que pasa es que las cosas hay que decirlas más claras. Cuando traen a Trumbo y se nacionaliza me dijeron que cualquiera se podía quedar fuera, hasta Epi, y eso no te lo comes…

¿Aíto no te llegó a decir directamente que no cuenta contigo?

No. Él me decía que no lo tenía decidido, cuando yo sabía que había hablado con periodistas de que con la llegada de Trumbo me iba a quedar fuera. Pero Núñez me convenció. Yo hablaba directamente con él, porque en esa época no había representantes. Él no entendía cómo yo, siendo internacional, me iba a quedar fuera. Recuerdo que Marcos Alonso, el padre de Marquitos Alonso, me dijo: “Te voy a dar un consejo, del Barcelona, que te echen, nunca te vayas tú”. Núñez me subió la ficha y me dijo que si al siguiente año me quedaba fuera me podía ir a cualquier otro equipo menos a la Penya o al Madrid.

Al final esa generación del Barcelona ha quedado un poco olvidada. Por ejemplo, te he leído en alguna ocasión reivindicando que la camiseta de Chicho Sibilio debería estar retirada.

Me saben mal casos como el suyo, que estuvo allí tantos años. Creo que se lo merecía. A lo mejor luego ves alguna camiseta por ahí que dices… Bien no se portaron. Por ejemplo, yo he tenido que ir a una Final Four en Turquía y acreditarme con una radio. Que no te digo que me paguen el pasaje, simplemente acreditarme para entrar al pabellón. Esos detalles me parecen bastante desagradables que tu club, habiendo estado doce años allí, no te digan, aquí tienes una acreditación…

Háblanos de la época de la selección.

Yo le debo mucho a Díaz Miguel. Me ayudó cuando en mi club no era muy reconocido. Es el entrenador que más me ha marcado, y te puedo decir a otros jugadores igual, como Fernando Romay. Para él los pívots eran sus jugadores, sus niños. Luego cuando me retiré me llevó de ayudante, a Barcelona, a Roma… Y eso es una experiencia que me sirvió para decidir que no quería ser entrenador.  No quiero ser entrenador de estos mamones de profesionales, entre los cuales yo me puedo incluir.

¿Cambia mucho ser un jugador de club, a de repente tener que ir cambiando de equipo casi cada año?

Ahí tuve que cambiar el chip, en el sentido de que tuve que hacer un trabajo específico de pesas para coger más peso, porque donde yo iba tenía que absorber más minutos y jugar en una posición más de cinco puro. Me fui a Valladolid, donde estaba Pesquera en el primer año, y en el segundo Laso. La primera temporada fue muy buena para nosotros. Recuerdo que incluso le ganamos al Barcelona en casa. Era un equipo de currantes. El segundo no estuvo tan bien, con muchos cambios de americanos. Luego me fui a Manresa y el último año… bueno, fue el año en el que me llamó Boza.

¿Y qué pasó?

Yo siempre cuento que Aíto me echó dos veces. Estaba Maljkovic en el Barça y entonces me llamó Manolo Flores, pidiéndome que fuera a entrenar con ellos. Aíto era el director deportivo y recuerdo que esos días estaba también Magic Johnson. Total, que voy a entrenar y al día siguiente veo en el periódico unas declaraciones de Maljkovic sobre mí, poniéndome como un jugador veterano que conoce el club, que si me pongo en forma contaba conmigo…  Yo no entendía nada. Es entonces cuando va a inaugurar el Sant Jordi con un Opel McDonald’s y Maljkovic me invita a jugar. Después de casi cuatro años fuera, era como un sueño.  Como todavía estaba relativamente reciente mi marcha, me encontré con todo el Sant Jordi aplaudiendo.  Yo no podía ni moverme. Para mí fue de las cosas más lindas de mi vida.

Después de ese torneo me llamó Aíto, y en la reunión me dijo: el yugoslavo te quiere, pero yo no lo veo factible. Te vamos a hacer ficha pero no la vamos a presentar.  Me dijo que no sabía si era bueno para el club que volviera a fichar. Al mismo tiempo yo estaba hablando con el Taugrés de Herb Brown, que al parecer estaba loco conmigo. Me comió la cabeza… y al final le digo a Aíto que le agradezco el esfuerzo, aunque no era ninguno, evidentemente, y me fui al Taugrés con Chicho, Arlauckas…

Un equipo mítico.

Pegamos el pelotazo de eliminar al Madrid. Recuerdo que le decía a Chicho que no me creía que volviéramos allí. “¡Con lo que me quieren a mí aquí!”, le decía. En Vitoria jugué mucho tiempo porque Ramón Rivas estaba medio tocado, y le ganamos como de quince.  Para mí eso fue un resurgir.

Foto: FC Barcelona

Hoy le he dicho a un amigo, acérrimo del Madrid, que te iba a entrevistar. Me ha contestado con un el cabrón ese…

¿Sabes qué me pasó a mí? Yo en mi equipo tenía a Chicho o a Epi, que absorbían el 60% del juego del equipo. Luego tenía a los americanos… Me dije, o te despiertas y haces algo más, o no te vas a comer nada. Yo me especialicé en la defensa, en el americano de turno. Recuerdo que un día cogí a Óscar, que metía sesenta por partido. A mí me hizo veinticinco, no me jodas. Defender supone contactar más contra el rival. Pero yo no empezaba la guerra, no era sucio, ni daba codazos. Yo sabía que a los americanos les molestaba mucho que fuera pegajoso. Si no hubiera hecho eso habría jugado muchos menos minutos. A mí en Madrid no me quería la gente, pero yo tuve el honor de que Lolo Sáinz me quiso fichar dos años. El año en que Fernando Martín se fue a la NBA, que Antonio se fue a Pepperdine, ellos necesitaban un pívot  más. Y me ofrecieron, y además bien.

Ha habido épocas de hasta veinte argentinos en la liga, y ahora solo hay cinco. ¿A qué se debe?

Creo que tuvimos la suerte de que coincidió con que tuvimos a la Generación Dorada, y que la mayoría pasaron por España, en el Taugrés, lo que al jugador argentino le dio un plus de reconocimiento. El argentino, ya sea en fútbol o básquet, tiene una garra especial, y ahora además vienen con una clase muy importante. ¿Que ahora falta otra generación? Es ley de vida, y también puede pasar aquí.

¿Qué diferencias ves en uno u otro caso?

Yo lo veo más difícil para Argentina. En España hay más jugadores jóvenes, lo que pasa es que tengo el miedo que tenemos todos cuando ves que en la ACB el jugador joven y con futuro se tiene que buscar la vida en otro sitio, como en las universidades americanas, porque aquí ven a uno o dos jugadores nacionales en cada equipo de ACB con suerte. Eso creo que puede afectar al futuro de la selección.

Foto: FC Barcelona

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