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Si hiciéramos una encuesta entre nuestros amigos amantes del baloncesto NBA sobre sus preferencias en cuanto a equipos, probablemente los resultados serían adivinables a priori.

Todos tenemos conocidos que aman a los Bulls siguiendo la estela de Jordan primero y de Gasol después. Los ochenteros clásicos amantes de las Converse All Star se decantarán por Lakers o Celtics. El que nunca se pita a sí mismo las faltas en las pachangas seguramente añorará las épocas de los «Bad Boys» de Detroit. Y entre los noventeros seguro que se nos colará algún Rocket, Magic, muchos Spurs e incluso aquel amigo bajito que dice que el baloncesto es para inteligentes tendrá en su casa la camiseta de los Jazz de Stockton.  Por no hablar de quien se ha apuntado ahora al carro de un equipo que hasta ahora no había existido en su vida (léase Warriors).

Pero muy pocos sabremos de alguien que sea de los Hornets. Es raro ser un Hornet. ¿Para qué? Es una manera de asegurarte muy pocas alegrías en tu vida baloncestística. Un equipo que ha pasado sin pena ni gloria durante sus temporadas NBA, sirviendo de campo de pruebas para entrenadores de otras franquicias o para dar descanso a las estrellas antes de partidos importantes. Puede que lo más destacable de su historia sea haber tenido en sus filas a Tyrone «Muggsy» Bogues, un base de 160 centímetros con un rendimiento destacable. Simpática anécdota, pero con simpatía no se ganan partidos.

Pero las cosas están cambiando en Charlotte. Ahora el propietario del equipo es un tal Michael Jeffrey Jordan. Los Hornets son el mejor equipo de la NBA desde el All Star, excepción hecha de Warriors y Spurs y están peleando por tener el factor cancha a favor en «playoffs». La NBA mira hacia Carolina del Norte con respeto, y nosotros queremos saber cuales son las claves de todo esto.

Walker – Batum

Los dos exteriores han dado un evidente salto de calidad. Aunque Kemba Walker ya había dado muestras (52 puntos a los Jazz en enero, récord de la franquicia), ha adquirido una regularidad que le convierte en el jugdor más importante del equipo sin ningún tipo de discusión. Sin miedo a ejercer un liderazgo claro y a jugarse las bolas calientes. La clase de “rol” que se necesita en una plantilla para que todos jueguen más cómodos.

¿Y quien es el complemento ideal para este tipo de jugadores? Un escudero. Un Pippen de Jordan. Alguien que siempre cumpla y que pueda dar un paso adelante el día que sea necesario. Y ahí es donde Batum destaca. Un jugador que aparece entre los cinco primeros en la mayoría de apartados estadísticos de los Hornets. La amenaza que impide que las defensas solo se centren en Kemba. Súmale a eso su intensidad (en ocasiones excesiva) y te queda un jugador clave.

El nuevo papel de Jefferson

Las comparaciones son odiosas, y esto se acrecenta cuando comparas fútbol y baloncesto, pero por esta vez nos la vamos a jugar. Jefferson debe convertirse en el Henrik Larsson de los Hornets. Un jugador que sea capaz de distinguir lo mejor de ser un veterano y ponerlo al servicio del equipo.  Debido a su edad, lesiones y estilo de juego, parece que el bueno de Al debe adaptarse a ser el pívot suplente. Nadie puede recirminarle su trabajo durante estos últimos dos años, pero Zeller ha demostrado un buen ritmo durante la lesión de Al y parece que su estilo más dinámico se acopla mejor al juego de Batum y Walker. Jefferson puede tener un papel clave como pívot suplente al tener más calidad que la mayoría de los jugadores con los que se va a enfrentar, ya que no hay muchos equipos que tengan un hombre alto de sus características en el banquillo. Mantener la intensidad y liderar los minutos de los suplentes, esas deben ser sus misiones. Ser cabeza de ratón. Si lo consigue, seguirá siendo uno de los mejores valores del equipo aunque su papel sea distinto.

Foto: USA TODAY Sports

La paciencia de MJ

De todos es conocido el carácter eminentemente ganador de Jordan. Ese carácter en ocasiones podría llevar a pensar en cierta ansia, en cierta actitud de querer ver victorias YA. Pero ante todo Michael es inteligente y de baloncesto sabe algo. Y habiendo convivido con Phil Jackson tantos años, probablemente habrá aprendido que a un entrenador hay que dejarlo trabajar y que formar un equipo lleva tiempo. Y eso es lo que le ha dejado hacer a Steve Clifford, quien seguro que lo ha agradecido. ¿Os imagináis la presión que debe suponer trabajar para MJ? Los primeros resultados empiezan a verse ahora, pero pueden mejorar exponencialmente con un par de decisiones inteligentes de cara a la próxima temporada. Clifford ha demostrado saber exprimir a su plantilla de la manea más eficaz, así que con un par de buenos fichajes, esta inercia ganadora puede empezar desde el primer partido.

Hay más factores, que ayudan a todo esto, está claro, pero no nos caben todos. Lo que si es seguro es que parece que la dirección del viento ha cambiado, y los avispones han formado ya un enjambre sólido cuyo zumbido empieza a escucharse en la NBA y que miran con recelo el resto de equipos de cara al playoff.

Y es que cuando te ataca un grupo de estos animales es muy difícil escapar.