Foto: ACB Photo

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Con el fracaso de la Copa del Rey, eliminado a manos del Bilbao Basket en cuartos, y el sonoro batacazo en el Top 8 contra el Lokomotiv Kuban el Barcelona llega al tramo final de temporada con la sensación que ni el título de liga salvaría un proyecto que está totalmente carcomido desde los cimientos hasta la planta noble del Palau.

La temporada pasada se firmó un año en blanco con una plantilla desequilibrada y sin carácter ni defensa para citas de envergadura. Se apostó por la continuidad de Xavi Pascual en el banquillo y llegaron seis refuerzos, siete si contamos la llegada a mitad de temporada de Dorsey, y nada de esto ha servido para enderezar el rumbo del equipo. Queda muy lejos la Supercopa ganada en los primeros compases del curso y sí muy reciente la imagen de equipo endeble y con la confianza muy cogida con alfileres como para pensar que este Barcelona puede aspirar de verdad a reconquistar la Liga Endesa.

El aroma que deja este equipo es que a la primera dificultad todo se resquebraja y se altera de forma incomprensible. La escena de Xavi Pascual descalificado en el partido contra Herbalife Gran Canaria por dos técnicas es el mejor dibujo de un equipo que anda sumido en una crisis de identidad profunda. La falta de feeling entre la pista y los despachos es un factor muy importante para explicar muchas decisiones y políticas de fichajes que, como mínimo, parecen incomprensibles.

Causas de un nuevo fracaso

Debilidad mental y ausencia de carácter

A pesar de que las bajas de Pau Ribas, Lawal o Dorsey en los momentos clave de la temporada han lastrado al Barcelona, el rendimiento de hombres como Carlos Arroyo , Oleson o Doellman no ha sido el esperado. Especialmente el base boricua que a sus 36 años no está demostrando ni nivel ni una actitud adecuada para un equipo aspirante a todo.
Tan sólo Perperoglu se salva entre los recién llegados al club esta temporada, ya que Vezenkov y Diagne apenas han participado. El caso del ex de Fuenlabrada es sumamente llamativo al ser un fichaje que se acerca más a un favor económico al conjunto madrileño que a una incorporación necesaria.

Carencia en posiciones claves

El Barcelona actual presenta una carencia muy evidente en cuanto a liderazgo en pista y en la posición de base. El primer aspecto recae sobre un Juan Carlos Navarro, que ve como nadie en el equipo coge su relevo. La dependencia del capitán es un síntoma inequívoco del desacierto en la planificación en los últimos años. Respecto a los bases, nadie duda que Satoransky debe ser uno de los pilares del futuro sobre los que se debe asentar el futuro proyecto pero la falta de un perfil complementario al checho se está pagando muy caro. En este sentido nadie en el entorno del club entiende cómo este verano se pudo dejar escapar a jugadores como Delaney, a la postre verdugo con el Lokomotiv, para decidirse por un jugador como Arroyo en el ocaso de su carrera.

Falta de feeling entre Joan Creus y Xavi Pascual

Los mejores años del Barça coincidieron con un proyecto sustentado en tres patas: Creus-Pascual-Navarro. Tres líderes en sus respectivos campos que auparon a la gloria al Barcelona. Lo que queda ahora mismo de los tres es un buen espejo para ilustrar el momento por el que atraviesa el conjunto azulgrana. La sintonía perfecta entre general manager y entrenador se ha perdido completamente, mientras que el capitán trata de apurar los últimos años de su carrera sin que el club haya regenerado el equipo ni encontrado un sustituto fiable.

La posible conquista de la Liga Endesa no debería frenar el cambio obligado que debería de acometer el Barcelona este verano sin demora. Viendo el discurrir de los acontecimientos da la sensación que ni es bueno para Xavi Pascual seguir en el Barça ni viceversa. Para el técnico de Gavá encontrar nuevos retos competitivos de primer nivel se hace necesario, mientras que para el club apostar por una nueva estructura técnica es imprescindible. Ni Raventós ni Joan Creus han dado con la tecla y los aires de renovación apremian en el Palau.