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Anicet Lavodrama: “No se pueden aceptar que ocurran cosas como las de Lalo García”

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anicet lavodrama

Foto: El País (2009)

Anicet Lavodrama (nacido el 4 de julio de 1963 en Bangui, República Centroafricana) es un tipo especial. Su voz profunda pronto te contagia de un optimismo natural, una mentalidad que llevó por las pistas de España en Valladolid, Badalona y sobre todo Ferrol, donde se convirtió en una leyenda de aquella tierra y en una figura emblemática de la ACB que todavía no sabemos donde se nos extravió.

Háblanos del comienzo de todo. Del chaval que juega al baloncesto en África a finales de los setenta.

En la República Centroafricana, el baloncesto era un deporte ya muy practicado, que se había implantado tanto en las escuelas secundarias como en las organizaciones religiosas. El deporte se utilizaba mucho como parte complementaria a la educación académica. Tendría unos doce o trece años, y por entonces mi padre trabajaba como diplomático en Costa de Marfil cuando empecé a jugar, animado porque mis dos hermanos mayores y mi hermana también lo practicaban.

¿Cuál es la reacción de tu familia cuando planteas la posibilidad de ir a EEUU?

Bueno, cuando hablamos en 2016 tenemos otros datos para entender la situación. Como te digo, en mi país, al igual que en otros países de África se practica mucho el baloncesto. En el año 73 nuestra selección participó en el Afrobasket, y un año a después en el Mundial. Aquello fueron unos logros extraordinarios para nuestra selección y para la nación.

Como muchos otros países africanos, existían muchos intercambios con distintos gobiernos. En nuestro país había con Francia, con Alemania, con Estados Unidos… A finales de los setenta llegó a la República Centroafricana para ser asesor deportivo un entrenador americano, Christopher Pond. Por aquel entonces yo estaba acabando el COU, y cuando me preguntó si quería seguir jugando baloncesto le dije que sí, pero que también quería estudiar. El me comentó la posibilidad de ir a estudiar a Estados Unidos con una beca, y fue algo que tanto a mí como a mis padres nos interesó mucho.

Y en 1981, pasas de vivir con tu familia en la República Centroafricana, a vivir solo en Houston.

No fue un cambio dramático. Mi padre era embajador y eso significaba estar destinado a un país durante cuatro años. Yo ya había viajado bastante por aquel entonces, no a Estados Unidos, pero sí a Europa. Llegué a Houston contento e ilusionado por una experiencia nueva.
Por aquel entonces se dio una casualidad muy interesante. Con nuestra selección junior jugamos contra Nigeria, en la que estaba Hakeen Olajuwon, y Christopher Pond también habló con él. Olajuwon acabaría también en Houston, pero en otra universidad

¿Crees que ese espíritu formativo y de respeto que siempre ha acompañado a la NCAA se ha perdido?

En España se habla muchas veces de este tema de forma tópica. Yo conozco el entorno, y es imposible que comparta esos tópicos. Para mi es la plataforma idónea para todo joven. El problema que tenemos aquí en España es que muchos jóvenes acaban la temporada junior, y en la ACB solo tenemos 18 equipos, con LEB no hay más de treinta, por lo que es muy difícil. Y para entonces muchos chavales han abandonando los estudios y no tiene una salida clara.

Anicet Lavodrama 3

Acabas tu periplo universitario y sales elegido en tercera ronda del draft del 85 por los Clippers. ¿Se queda una espina clavada cuando eres drafteado pero no llegas a ser un NBA?

Tú me conoces como un jugador de baloncesto, pero a decisión que yo tomé antes de irme a EEUU con mi familia no era con esa mentalidad. Era para ser médico, o ser corredor de bolsa, o trabajar en banca. Ése era mi objetivo.
Ser jugador profesional de baloncesto fue una casualidad. No fue hasta mi tercer año de universidad cuando me empezaron a decir que podía llegar a ser profesional. Pero mi objetivo real hasta entonces era el diploma universitaria.

Una de las razones por las que me quedé en Ferrol mucho tiempo fue esa la importancia del descubrimiento personal y cultural, más que los logros deportivos. No me quedó ninguna espina con la NBA, sé que lo podría haber hecho si hubiese sido mi objetivo personal, pero no lo era.

Llegas en noviembre del 85 a España, sustituyendo a Terry Martin ¿Por qué Ferrol?

Cuando me draftea los Clippers, me marcho de Houston a Los Ángeles para entrenar durante el verano del 85, y más tarde a las ligas de verano. Por allí apareció un señor alto, con mucho pelo, que se llamaba Moncho Monsalve, que me dijo: Anicet, vengo de España, y si no te quedas con los Clippers, tengo un equipo al que le gustaría firmarte. No tenía ni idea de donde estaba Ferrol, pero me quedé con la forma de ser de Moncho, encantadora. Es una persona que aprecio y quiero mucho.

La Galicia de finales de los 80 y principios de los 90 es un hervidero de huelgas, protestas sindicales, movimientos obreros… ¿Le llega todo eso al jugador?

Yo aprendí de mi padre y de mi madre que si eres un personaje público tienes que contribuir, tienes una responsabilidad con la gente. En esa época se vivía en un periodo de transición en España y en particular en Ferrol, que tenía un entorno social y político basado en los astilleros, en el movimiento obrero, con mucha construcción naval. Y por supuesto que todo esos movimientos sociales se notan. Me lo transmitían los compañeros, los directivos con los que hablaba. Para mi Ferrol era una ciudad con mucho potencial por su ubicación geográfica, de puerto.

Hablemos de baloncesto. Aquel Ferrol tenía una idiosincrasia muy particular, con jugadores de la tierra como Manolo Aller o Ricardo Aldrey, y extranjeros como tú o Nate Davis, que conectaban muy bien con el público.

Yo creo que uno de los aciertos de los clubes de aquella época, en Ferrol, en Zaragoza, en Valladolid, es que los directivos hacían que los clubes fueran como una familia. Yo llegué a un club en el que me integré de forma extraordinaria, por la forma de ser de mis compañeros, de Moncho Molsave y de la directiva.

Los jugadores de la tierra como Manolito Aller, que era de Ponferrada pero que llegó a Ferrol muy joven, eran gente que sentía lo que era la ciudad, por el gran apoyo que tenían de la gente. El grupo que yo me encontré era un grupo que comprendía la idiosincrasia de las familias de Ferrol, y aquello hacía que se viviese mucho.
Yo creo que hicimos un buen baloncesto con el cual el público de Ferrol se identificaba, incluso hasta hoy. Para mí fue junto a mi época universitaria uno de los momentos más importantes a nivel personal.

anicet lavodrama ferrol

Pero esa virtud de ser una familia y un club al mismo tiempo ¿No se convierte también en un pecado? Al final muchos clubes de aquella época, como Ferrol, como Salamanca, como Lliria, han acabado desapareciendo.

El entorno deportivo no es un entorno individual. Es decir, el deporte, la liga de baloncesto está dentro del entorno económico. Tiene que estar amparado por el ministerio correspondiente. Si los clubes no tienen éxito, o no sobreviven por su mala gestión, es porque no se llega a construir el entorno para que eso suceda.
Es una responsabilidad del ente organizador. Esos clubes han desaparecido no por ellos, sino por culpa de la ACB y del entorno de la ciudad, que ha fallado.

Preparando esta entrevista he revisado el célebre concurso de mates de Don Benito. Gradas de plástico, el público mezclándose con los americanos, la canasta al borde de desintegrarse en cada mate… Tan amateur como maravilloso.

Fue una época maravillosa, muy bonita. Me encontré con David Russell en Detroit y aquello lo recordamos con mucho cariño. El concurso para mí fue extraordinario. Me gusta que la gente me lo recuerde, aunque tendría que haber sido segundo, pero entonces no me conocían, era más famosos Russell y Wayne Robinson. Para el público fue algo extraordinario, supuso un algo muy excitante, y que sirvió para equiparse al espectáculo de la NBA.

Y tras casi diez años allí, el OAR Ferrol desaparece. ¿Qué supone para un jugador tan identificado con la ciudad y el club como tú?

Mucha tristeza y dolor. Yo había tenido propuestas de clubes de Italia y Francia, también de España, pero me identificaba con el público y la ciudad de Ferrol. Fue una gran tristeza, y siempre estamos con entre todos los antiguos compañeros, viendo la posibilidad de tener un club en la ciudad Ferrol, aunque no para recuperar ese nivel, ya que no sería económicamente sostenible.

Más tarde llegas al Forum de Valladolid, y compartes vestuario con otro mito, Lalo García, otro mito de la época.

Una personas extraordinaria. Un fabuloso embajador de su ciudad.
Para mí un fallo en el sistema es que hay muchos chavales que entre los 16 y los 18 años tienen la ilusión de llegar ser un profesional en la ACB. Sacrifican los estudios por el deporte, y eso no puede ser. Por eso, como te decía antes, es el modelo de la NCAA, que puede tener sus fallos, pero te da la oportunidad de poder formarte. Si luego escoges el camino del deporte, fantástico. Para mi Lalo es víctima del sistema. El tenía la responsabilidad de formarse, pero también el sistema tiene que ofrecer esa posibilidad.

Lalo era una persona con mucha energía, con mucha fuerza, que fue utilizado como hijo político de la ciudad para promover muchas cosas. Pero en el momento en el que tuvo que hacer su transición de deportista a ciudadano fue complicado, porque había dejado su formación académica. Perder a Lalo es algo que me duele mucho, por su familia, por la comunidad del baloncesto. No se puede aceptar que algo así ocurra.

Y después de quince años de baloncesto, llega un día que todo se acaba. ¿Cómo el primer día que te despiertas y sabes que no vas a jugar nunca más?

Es algo duro. No es fácil para el deportista, que ha sufrido lesiones, que ha estado con épocas en las que no cobrado durante meses…. Yo había ido a EEUU a estudiar, y cuando comencé en el deporte profesional, sabía que eso tenía un fin. Fui a la universidad y ese era mi objetivo, ir siempre a clase y aprobar los exámenes. No era convertirme en el Doctor J. o en Jabbar. Hice mi último trabajo de la universidad estando en el campus de verano con los Clippers, y es algo de lo que estoy orgulloso, y que siempre cuento a mis hijos o a los más jóvenes cuando tengo oportunidad.Cuando acabas tu época profesional, tienes que tener un plan para tu nueva identidad.

Años más tarde volvemos a saber de ti, cuando traes a España a un joven llamado Serge Ibaka…

Si, en 2005 y 2006 estuve trabajando como ojeador para los Cleveland Cavaliers, y acudí a un Afrobasket sub 18 en Sudáfrica en el que estaba él.

¿Quedan más Ibakas esperando en África?

Igual que en España solo tenemos un Pau Gasol o un Juan Carlos Navarro, hay poca gente que tenga un talento enorme y una personalidad tremenda como él. Pero también hay que entender que en África solo hay seis países que se practique baloncesto a un nivel profesional, y hay mucha gente alta, fuerte y coordinada. Sin embargo, tiene que existir una estrucutra que permita que se desarrolle.
Serge, con el talento y las ganas que tenía de trabajar, había que llevarlo a un entorno que le permitiera crecer. Yo sabía que él se podría haber quedado en Congo y acabaría siendo un jugador de su selección, pero veía en él un talento innato e inexcusable para ser un jugador NBA. Hice lo posible para que llegara su momento.

¿Desde que le ves crees que va ser un jugador NBA?

Tenía todas las características. El talento, el físico… le veías en la mirada algo especial. Era el que más animaba a sus compañeros. El primero para defender. Entonces ya tiraba bastante bien. Con su altura, su elegancia, su versatilidad, para mi tenía una proyección de muy alto. nivel. ¿Hay otros chicos así? Por supuesto, pero el entorno no lo permite. En África hay otras prioridades, hay que construir hospitales, carreteras… No existen los medios que hacen falta para que se puedan formar en deporte y descubrir más Ibakas.

En los últimos años estamos percibiendo el nacimiento de muchas agencias de representación de jugadores. Como alguien que conoce el sector de primera mano (Anicet trabajó para la agencia de representación U1st) ¿Esto es un paso adelante o un peligro para un jugador con entornos que en muchos casos es complicado?

No. Cuando llegué a España no había por ejemplo televisión por cable, ni secadora, que son cosas que tenía en Houston. El país ha ido evolucionando y creciendo, tanto a nivel social como a nivel económico. Es normal que haya también más agencias de este tipo porque hay más clubes profesionales tanto en España como en Europa. Es algo positivo.

Por cierto. Para un pívot con todas las letras como eras tú. ¿Están los grandes en la era del “Small Ball” más en peligro de extinción que nunca?

El pívot típico quizás se ve ahora menos. Hay mejor trabajo táctico y técnico en todos los jugadores. El nivel ha subido mucho, y un jugador de mi altura que en mi época tenía que jugar de pívot, hoy en día podría haber sido base. El jugador ahora es más versátil. Ya no vamos a encontrar muchos Arvydas Sabonis ni Hakeen Olajuwon. Veremos más jugadores como Kevin Garnett o Luis Scola, gente que son diez centímetros más altos que yo, pero que pueden jugar también por fuera.

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Tanoka Beard: “De Manel Comas lo que más respetaba era que no escondía nada”

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Tanoka Dwight Beard (Ogden, Utah, 1971) fue una auténtica estrella del baloncesto nacional en España. Fuerte, anotador y carismático, paseó su inconfundible pañuelo por Badalona, Lugo, Madrid y Valencia, además de por media Europa. Dos veces MVP de la ACB, su afabilidad fuera de la pista contrasta con el carácter inflamable que demostraba sobre la pintura y que le costó más de un disgusto durante sus casi veinte años de jugador profesional.

¿A qué se dedica Tanoka Beard casi diez años después de su último partido como profesional?

Me dedico a la formación de jóvenes, enseñando y entrenando a niños en edad escolar. También estoy muy involucrado en un proyecto empresarial. Este año he lanzado una nueva bebida deportiva, que es una versión natural y saludable de Gatorade, llamada Maji: Premium Sports Beverage.

Nunca llegaste  a jugar profesionalmente en tu país. ¿Viste pronto que tu carrera iba a ir por Europa antes que en la CBA, aunque eso significara alejarte del sueño NBA?

Por aquel entonces esperaba que después de un par de años en Europa, y si lo hacía lo suficientemente bien, se abrieran las puertas de mi gran sueño, que era jugar en la NBA. Cuando comprendí que aquello no iba a suceder, decidí hacerlo lo mejor posible y aprovechar la oportunidad que Dios me dio para viajar por el mundo y que me pagaran por jugar al baloncesto.

Llegas al DYC Lugo en febrero de 1994 para jugar el tramo final de la temporada sustituyendo a Tony Martin.

¡Y recuerdo que nada más llegar me enfrenté a Sabonis! El momento de la llegada a España cambió para siempre mi vida y la de mi familia.

Precisamente habías sido cortado en Roma un mes antes. ¿Cómo es esa sensación de no tener claro dónde vas a estar jugando el mes que viene?

Es cierto. No tenía dudas de que tendría un sitio para volver a jugar, pero la cuestión era escoger el lugar correcto donde hacerlo. Fui cortado en Roma de una forma injusta, y que venía como consecuencia de no saber bien a dónde iba. Así que nos aseguramos de ahí en adelante de no repetir esa mala decisión nunca más.

Antes de regresar a España juegas en Francia, donde tienes problemas al defender a un compañero en una pelea con James Voskuil [1]. ¿Qué sucedió?

Fue un error mío. Estábamos jugando un partido amistoso que se volvió demasiado competitivo. Comencé a sufrir demasiadas faltas duras y después de una de ellas, acabé por golpear a James. También es cierto que al instante me arrepentí…

Volvemos a saber de ti en tu vuelta a España, a la Penya. ¿Cómo se gestó el fichaje? ¿Qué recuerdas de aquella época?
Por aquel entonces estaba esperando una oferta para volver a España, concretamente cerca de Barcelona, que es mi ciudad favorita de todo el mundo. Entonces me llama de Barcelona… Alfred Julbe. Y fue una conversación muy divertida. Me preguntó si yo podría defender como él quería que lo hiciera. Después de aquella conversación aceptó que firmara con ellos y regresé a España.

Una de las imágenes que más se recuerda de Tanoka en la ACB es la del día que te pitan una falta en ataque y destrozas la camiseta.

Durante aquella temporada habíamos construido una rivalidad bastante fuerte con Unicaja. Éramos dos equipos que nos respetábamos, pero al mismo tiempo existía una rivalidad especial. Durante aquel partido la sensación que teníamos era que los árbitros estaban impactando en el resultado de una forma que no les correspondía. El día que rompí la camiseta sentí que estábamos jugando un gran partido, a su nivel, y que por la forma en la que estaban arbitrando nos estaba afectando en el resultado de una forma injusta.

De aquel equipo de Andy Toolson, Andre Turner y tú queda la Copa del 97.

Durante aquellos días encontramos nuestro lugar como equipo. Creímos en que era posible y nos aferramos a esa lucha por un objetivo común. Recuerdo lo feliz que estaba Jordi Villacampa por el que sería su último título, el impacto que tuvieron Crespo y Villa pese a que no tuvieran en principio un rol protagonista. Definitivamente eso fue lo mejor de aquella Copa del Rey, y fue el gran mérito de Alfred Julbe, conseguir que fuéramos responsables de cada uno de nosotros y de que el compañero también cumpliese.

Con la perspectiva de casi dos décadas. ¿Cómo valoras tu paso por el Real Madrid?

Para ser sincero, no quería salir de Badalona. Sin embargo una persona de mi confianza me convenció de que era lo mejor, y llegamos a un acuerdo de forma bastante rápida con el Madrid. Después de casi veinte años de mi paso por el Real Madrid es el momento de ser honestos: no fuimos construidos como un equipo capacitado para ganar el campeonato. Nuestros bases no eran lo suficientemente veloces y yo tampoco era el mejor defensor de ayudas. Además, nunca sacamos lo mejor de jugadores tan importantes como Bobby Martin o Lucas Victoriano.

Foto: Real Madrid

En Madrid te acusaban de ser demasiado individualista. Que el equipo no ganaba a pesar de tus buenos números.

Tenía que cumplir con mi impacto ofensivo, esa era mi principal misión. En ese momento en el que las cosas no salían bien, era más fácil culpar a alguien que enfrentarse a la realidad.

En tu segunda época en Badalona coincides con Manel Comas, con el que tuviste una relación muy especial.

Siempre tuvimos una muy buena relación. Lo que más respeté de Manel fue que era directo y que no escondía nada. Hubo días frustrantes, por supuesto, cuando no llegamos al Playoff, pero pese a todo considero que ese año fue positivo. En Badalona me sentía como en casa.

¿Cuándo dejaste de usar el pañuelo?

Después de Pamesa.

¿Y el motivo?

Muy sencillo. Fiché por el Fenerbahçe y en Turquía había una norma que impedía utilizarlo. Me acostumbré a dejar de llevarlo, eso es todo.

En España fuiste dos veces MVP y siempre cumpliste en cada uno de los equipos a los que fuiste. Sin embargo, te pusieron la etiqueta de jugador individualista.

Siempre hay una etiqueta. No importa lo que hagas, alguien te pondrá una etiqueta. Estoy más feliz de haber sido etiquetado como un jugador individual que siempre ayudó a sus equipos a ser mejores que un temporero al que nadie quería. En ataque solo entendía una forma de jugar, y si no lo conseguía, intentaba rebotear y aumentar mi defensa. De una forma u otra quería dejar mi huella en cada partido. Eso causa problemas en alguna gente que no tiene esa mentalidad.

¿Sigues en contacto con algún jugador de tu época en ACB?

A través de Facebook muchos de nosotros todavía mantenemos algo de contacto. Sin embargo, sigo esperando contactar con Jackie Espinosa. A él y a Dre [2] son los tipos a los que más extraño.

Durante el primer año en Zalgiris coincides con un crepuscular Arvydas Sabonis, que apenas podía correr pero seguía siendo un jugador diferencial. ¿Cómo lo recuerdas?

Recuerdo la pretemporada de aquel año. Sabas estuvo allí dos días y luego no le volvimos a ver. No estaba demasiado claro, pero finalmente jugó con nosotros. Básicamente buscábamos que Sabas fuera parte importante del ataque, y la verdad es que resultó muy bien. De repente estaba con nosotros, en lo que fue un año mágico.

¿Sigues la actualidad de Zalgiris? ¿Cómo valoras el trabajo de Jasikevicius como entrenador?

Saras es exactamente igual como entrenador que como jugador. Posiblemente mejor.

¿Cómo encajaría el juego de Tanoka en una época en la que prevalece un tipo de jugador más polivalente?

Ahora la mayoría de los jugadores intentan adaptarse a un modelo, yo intentaría que sea el oponente el que se ajuste a mí. En mi juventud fui un poco más rápido de lo que la gente recuerda, así que creo que todavía podría formar parte de alguno de los mejores equipos de la actualidad.


[1] El autor se refiere a la agresión que cometió Tanoka sobre Voskuil durante un partido amistoso y que le costaría una fuerte sanción de la LNB.

[2] André Turner, base de la Penya durante la época de Tanoka en Badalona.

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Antonio Herrera: “La estadística avanzada es el siguiente paso a dar en Europa”

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El Martín Carpena permanece callado. Da sensación de soledad, incluso. De encontrarse de vacaciones. Antonio saluda a un empleado del pabellón y nos reconoce, entre risas, que el personal le conoce bien porque pasa “todo el día en la oficina”. El entrenador tiene una presencia imponente y una voz que abre oídos. No es muy alto, pero tampoco lo necesita. Sin saber por qué, de esos que se ganan la atención sin necesidad de esforzarse.

Decide enseñarnos su lugar de trabajo, equipado, cómo no, con sendas pizarras, imágenes motivacionales y material para trabajo de vídeo. Reconoce, después de pedirnos tuteo, ser lector de Skyhook Magazine y se muestra agradecido por que compartamos su experiencia como asistente de Sam Cassell en el equipo de los Clippers en la pasada Summer League de Las Vegas.

Para empezar veo obligatorio esto. ¿Cómo se fijan desde fuera en un entrenador asistente, que es un trabajo difícil de apreciar? ¿Cómo ven, en este caso, desde la NBA, su trabajo?

Yo creo que, a nivel general, la NBA está muy interesada en conocer cada vez más la metodología de trabajo que hay en Europa. Sus entrenadores y por supuesto sus jugadores, especialmente los más jóvenes. Cuando ellos contactan conmigo a través de haber tenido ya un cierto contacto en otras ligas de verano lo hacen precisamente por esto, por lo que ellos puedan ver que hace Unicaja, cómo es nuestro juego, nuestra metodología de trabajo. Ellos tienen scouts por toda Europa y, evidentemente, la mayoría de las franquicias envían sus scouts a los equipos NBA. Algunos de ellos incluso nos ven entrenar y están unos días aquí. Y ese ha sido un poco el motivo por el que ellos se fijan en mí, por el trabajo que hacemos en Unicaja, y me dan esa oportunidad.

Contactan con usted, ¿a través del club?

Ellos contactan conmigo directamente pero luego hay unos requisitos a cumplir a través del club. Hay un primer contacto para saber si estoy interesado y en cuanto empezamos a hablar sobre la posibilidad, ellos contactan con el club y van hablando desde finales de la temporada pasada. Cuando llegamos a un entendimiento por el que podía estar autorizado para ir, se formaliza todo.

Hay algo muy interesante. Antes nos has hablado de cómo la NBA busca expandirse en Europa. Es la experiencia de la Summer League y cómo jugadores europeos van a probarse.

Creo que los jugadores que destacan en Europa quieren estar en el mejor lugar posible y esto en el baloncesto es la NBA, Estados Unidos, y creo que una ambición lógica de cualquiera es probarse con los mejores. Y es allí donde están. Así pues, la liga de verano es un escaparate y una oportunidad para muchos jugadores que juegan en Europa de que estos scouts y estos general managers puedan verles en directo enfrentándose a jugadores que están en la NBA o a punto de entrar.

Foto: Alberto Tenorio

Otro aspecto importante de la Summer League es cómo se mezclan en los equipos jugadores que podríamos llamar currantes y otros que son casi estrellas, o incluso lo son. ¿Hay diferencia en el trato entre estos?

Sí. Hay aspectos muy interesantes. Este que tú dices es una de las inquietudes que yo tenía antes de ir. Ver cómo era el trato y la forma de trabajar con los que ya pertenecen a la franquicia o están a punto de entrar y los demás. Hay otro aspecto que me motivaba muchísimo, ver cómo ellos en ocho o diez días unificaban o intentaban aplicar la visión de juego que tenía el primer equipo con jugadores que no eran de la franquicia, que venían de distintos puntos.

En el caso que yo he observado en mi experiencia de Summer League, viviéndola ahora desde dentro, es que obviamente el jugador que pertenece a la franquicia directamente o alguno que estaba cedido en otro país o en otro equipo tiene más importancia en el entrenamiento y el juego. Es normal que en el entrenamiento tenga un trato diferente porque se conocen de todo el año. Bien porque han entrenado con ellos o bien porque están en otro sitio pero han tenido un seguimiento. Los demás vienen nuevos, así que es normal. En el juego también tiene sentido que los jugadores que más les interesan tengan más oportunidades.

Sobre esto que hablamos de tener jugadores distintos y con distintos papeles, imagino que en la planificación tendrá un papel importante el desarrollo del jugador técnica y tácticamente. ¿Tu papel allí cuál era?

Creo que como todo el proceso que se realiza en Estados Unidos con los entrenadores ayudantes, no solo en NBA, también en NCAA, todo es progresivo. Este primer año hemos querido conocernos y sobre todo mi mayor aportación ha sido explicar cómo hacemos nosotros las cosas que ellos entrenan. Así, yo he estado presente en la vida de ellos, todas las horas que estaban en el pabellón, las sesiones de vídeo, las sesiones dobles…

Digamos que yo no tenía un trabajo específico, sino que estaba en todo; pre-entrenamiento, post-entrenamiento, edición de vídeo, etc. Y cuando explicaban o desarrollaban el entrenamiento querían que interviniese continuamente explicando ese tipo de defensa cómo la trabajamos nosotros, o tal ataque contra tal defensa específica. En el vídeo igual. Tienen un programa de vídeo diferente, ni mejor ni peor, y tanto en el scouting del rival como en el post-partido nuestro querían que les enseñase cómo hacia los vídeos. Yo creo que esa ha sido mi mayor función allí y en lo que más han invertido. Estoy convencido de que esto irá a más en años sucesivos. Espero que sea así.

Leí un artículo muy amplio que escribió en Solobasket en el que hablaba de grupos de trabajo, número de asistentes y entrenadores en general trabajando con cada franquicia. ¿Cómo se organiza eso?

Todo en la franquicia era muy meticuloso. Evidentemente estamos hablando de una realidad diferente. Tengo la fortuna de trabajar en un equipo de primer nivel, de Euroliga, pero hay un abismo respecto a recursos. Allí sí hay un cuerpo técnico muy amplio, pero cada uno con una tarea muy específica, y yo no he visto que ellos se salgan de ahí. Dentro de la distribución que ellos tenían había un entrenador jefe que era Sam Cassell, el primer asistente de Doc Rivers, y aparte de él había dos entrenadores dedicados al ataque, más otros entrenadores de fundamentos, de detalles, e incluso había uno mayor que estaba como asesor.

Pero ellos se limitaban a sus funciones, y cuando preparábamos el entrenamiento y hablábamos del mismo, cada entrenador en su área comentaba sus impreiones, o Sam Cassell les preguntaba a cada uno dentro sobre algún ejercicio determinado. Y en el entrenamiento igual. Si había un ejercicio de defensa lo explicaban los entrenadores de defensa y Sam intervenía en momentos determinados.

Sobre esa amplia ventaja que tienen respecto a sistemas y programas utilizados, me parece muy interesante la estadística avanzada, su uso allí. ¿La ves, de algún modo, implantada en Europa?

Evidentemente, para mí, el uso de estadística avanzada es el siguiente paso que tenemos que dar en Europa. Es probable que haya equipos que ya la estén utilizando o que estén a punto de utilizarlo, y hay empresas que van a apostar fuerte, pero es que ellos lo tienen en el día a día. A mí me sorprendía muchísimo cómo utilizaban la estadística para, no solo el equipo nuestro de Summer League, cuando había conversaciones sobre el primer equipo y claramente ellos tenían definido cuándo el equipo rendía en la pista, cuándo coincidían tres o dos jugadores concretos en pista, cuándo con un jugador el equipo recibía más puntos aunque él anotase… Y eso me parecía de un valor extraordinario a la hora de gestionar tu equipo y por supuesto a la hora de reclutar, para lo que utilizan muchos recursos.

Herrera, con el trofeo de la pasada EuroCup. Foto: Solobasket

Volviendo al número de asistentes, quería que me comentara, además de la cantidad, cómo de diferente es la planificación y el trabajo de un grupo norteamericano a un europeo.

La principal diferencia es el número. Cuando tienes en un cuerpo técnico ocho entrenadores y en Europa puedes tener tres, o hasta cuatro en el caso de un equipo de máximo nivel, la distribución del trabajo hace que se cuide más el detalle. Ellos tenían distribuidos jugadores a nivel individual, pues no es lo mismo distribuirse una plantilla entre tres entrenadores que entre siete, esto es obvio. Así se le puede dedicar más tiempo al jugador, más tiempo al post-partido para fijarte en jugadores. Nosotros, por ejemplo, en la Summer League, cuando un jugador era sustituido, un entrenador con un iPad podía sentarse a su lado porque le estaba haciendo un seguimiento exclusivo a ese jugador porque le interesaba a la franquicia. Creo que se abarca el mismo tipo de trabajo pero al distribuirlo más pues pueden ir más al detalle y estar más pendiente de un jugador en concreto.

Sobre el número, en Baskonia este año se ha firmado recientemente a un entrenador, Sergio Valdeolmillos, con incluso más nombre que el principal y Prigioni en una entrevista reciente habló de cómo tener más asistentes aumenta la eficiencia porque, por ejemplo, en un ejercicio de tiro hay más pases y por tanto más tiros. ¿Ve en este sentido una americanización en Europa?

Bueno, allí en los Clippers por ejemplo teníamos dos compañeros que ni siquiera intervenían en la pista. Estaban en la oficina, con una pantalla gigante, viendo el entrenamiento desde allí, con el programa de edición de vídeo iban cortando situaciones del entrenamiento que nos valían después en la reunión post-entrenamiento para preparar el del día siguiente. Entonces, aumentar el número de entrenadores hace que tu trabajo sea mejor, más detallista y con mayor rigor en la ejecución.

Luego, el caso de Baskonia no lo conozco desde dentro. Dices que hay un entrenador asistente que tiene incluso más nombre que el principal. Lo que no podemos ocultar es que un exjugador tiene evidentemente una credibilidad inicial, creada por la experiencia, que hace que tenga ese tipo de oportunidades como va a pasar en Baskonia con Pablo Prigioni. Creo que ellos muchas veces tienen esa capacidad de ponerse en lugar del jugador por haber estado allí, pero también, la gestión de grupo requiere una efectividad en el manejo de emociones, saber cuándo tomar distancia, etcétera. Si hay una apuesta por tener un cuerpo técnico más amplio, el resultado va a ser positivo siempre, y no solo en este ejemplo que es claro, el del tiro. A la hora de pasar, de contar, de exigir… Cuantos más haya, mejor. Si no, a la hora de estudiar al rival, porque si nos fijamos en Estados Unidos, que creo que es imprescindible, también del cuerpo técnico había entrenadores que solo se dedicaban al estudio del rival. No sé si Baskonia tiende a una americanización o no, pero bienvenido sea si hay una clara apuesta por tener más entrenadores.

Allí en la Summer League tuvo la presencia de dos entrenadores jefe, como Sam Cassell y Doc Rivers con el que, aunque no trabajó, creo que tuvo contacto. Habiendo un grupo de trabajo tan amplio quizá no se entienda la importancia que tiene un entrenador jefe carismático.

Yo creo que en el volumen de partidos que hay en la NBA y que hay en Euroliga, el entrenador carismático es cada vez más importante. Porque el número de partidos hace que también aumente la preparación del partido, los detalles, los problemas, las lesiones, los jugadores, distintas dinámicas, la obligación de que el equipo reaccione a un mal o buen resultado, y esto lo tiene que hacer un entrenador carismático.

La figura del entrenador que abarca todo en el entrenamiento, en el partido, tiende a desaparecer por completo para que los entrenadores ayudantes cada vez asuman más papel. Y eso tengo la fortuna de vivirlo aquí desde el primer día. Allí, en la Summer League, Doc Rivers intervenía puntualmente y eran intervenciones excelentes. Puntualizaba lo que quería decir claramente, el mensaje adecuado en el tiempo adecuado, mientras Sam Cassell era quien llevaba al equipo con energía, con presión, con todos los detalles, etcétera. Me han parecido muy interesante esas dos características.

Antes hemos hablado sobre los jugadores que son casi estrellas. Los entrenadores carismáticos son, prácticamente, gestores de ego, ¿no?

Es muy importante. Ahora mismo hay un par de entrenadores en la NBA en los que me gusta fijarme mucho. Uno es Brad Stevens, que después de triunfar en una universidad muy pequeña, en Butler, y llevarlos a la Final Four, consigue entrar en una gran franquicia que apuesta por él claramente con un ejemplo de una nueva gestión de jugadores. Él maneja muy bien esos egos, incide mucho en el lado positivo del jugador, más que en los errores, y está llevando al equipo de una manera tan extraordinaria que llama la atención en toda la NBA.

Y hay otro entrenador que, yo creo, está marcando diferencias en esto, que es Erik Spoelstra. Es un entrenador con mucho carácter que lo gestiona, quizá, un poco diferente a Stevens, pero para mí ahora mismo son dos modelos de gestión de egos y, por supuesto, si nos fijamos en los grandes entrenadores europeos: Ettore Messina, Obradovic, Aíto, Joan Plaza, por supuesto… Son entrenadores que saben perfectamente cómo marcar los roles, gestionar los grupos, etc., porque hoy en día creo que esto es lo que realmente puede marcar la diferencia; la buena gestión del grupo. Y esto incluye los egos.

Foto: Alberto Tenorio

En Europa, sobre la NBA, también sobre el ego, hay muchos mitos. Viéndolo desde dentro, ¿qué puede decir sobre estos?

Creo que hay una tendencia clara en la NBA a buscar el espectáculo. Hay una presencia de los medios muy grande y quizá esa orientación tienda un poco hacia el individualismo y el físico. Allí en la Summer League habíamos estado diez días tranquilos en Los Ángeles. Con tranquilos quiero decir en nuestro pabellón, con el restaurante, con la cocina, con todo allí, pero fue llegar a Las Vegas y darse un aluvión de medios de comunicación en los entrenamientos y en los partidos tremendo. Eso es verdad, existe, pero también es cierto que ellos venden el producto de una manera extraordinaria y nosotros deberíamos aprender, porque en julio, en Las Vegas, con 45 grados, que una liga de verano en la que cobran 32$ la entrada tenga diez mil personas para ver a los Lakers cada día es increíble, increíble… Y de esto tenemos que aprender.

Yo tengo la fortuna de haber estado con una franquicia en la que el juego en equipo era importante, compartir el balón y defender bien. Y tanto Sam Cassell como Doc Rivers nos incidían mucho en que había que llevarlo así, y al jugador se le ha inculcado desde el primer momento que no queríamos individualismo, que podían ser estrellas en sus equipos, en otro lado, pero no tenían que demostrar más de lo que eran para convencer. Que haciendo lo que sabían hacer ya era suficiente.

Por tanto, yo creo que no son ciertos todos los mitos que hay sobre la NBA. Viéndolo de dentro me han parecido gente con una metodología de trabajo extraordinaria, con un gran cuidado por todos los detalles en la ejecución.

Ahora, sobre el entrenador español en Norteamérica. Tenemos allí a Jordi Fernández, asistente en los Nuggets, ahora tu experiencia. ¿Qué esperas de aquí a unos años vista?

Creo que nosotros estamos lo suficientemente formados como para triunfar en cualquier lugar del mundo, incluido Estados Unidos. Ellos también tienen una cultura en la que no les importa la nacionalidad, la raza, el color… Valoran el esfuerzo, la pasión, el conocimiento, la inteligencia. Y eso nosotros lo tenemos, afortunadamente. Hay una cultura muy fuerte de baloncesto en España y creo que estamos preparados para aportar mucho en la mejor liga del mundo. Ahora está Jordi pero seguro que van a haber más oportunidades para entrenadores españoles y europeos. Ettore Messina está al primer nivel ahí y siempre salen en los veranos rumores de que puede llevar a alguna franquicia, y sin duda la llevará algún día. Yo creo que puede ser una vía muy interesante para nosotros, el poder trabajar allí.

Dice que su papel allí fue, practicamente, exportar conceptos europeos y formas de trabajar. Pero si tuviera que quedarse con algo e importarlo, ¿qué sería?

Yo lo que importaría sería la metodología de trabajo a nivel de grupo, a nivel de staff. Vi mucha organización. Vi al psicólogo perfectamente coordinado con el entrenador para tratar a un jugador o a otro, las reuniones previas al entrenamiento muy bien organizadas con todo el entrenamiento preparado y cada uno interviniendo en su parte. Me quedaría con ese estudio del entrenamiento por parte de dos entrenadores dedicados exclusivamente a esto.

Creo que la estadística avanzada es algo que deberíamos importar aquí lo antes posible y que nuestros clubes y directores deportivos lo deberían valorar y tener en sus presupuestos como cualquier otra partida porque me parece muy importante.

Luego, por último, lo que también me ha marcado muchísimo es la importancia que ellos le dan a la confección del equipo. Por eso ellos invierten en tener scouts por todo el mundo, en tener informadores por todo el mundo, en dedicarle mucho tiempo al conocimiento del jugador. Y yo creo que eso nosotros, aun con menos medios, deberíamos tender a ello. No escatimar en esfuerzos para conocer personalmente y profesionalmente a los jugadores que podemos tener en el club.

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Lagarto De La Cruz: “En Madrid no me querían, pero Lolo Sáinz intentó ficharme dos veces”

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Recuperamos esta entrevista al Lagarto De La cruz, de#Skyhook7, un número en el que revelemos la relación histórica y actúal entre la liga ACB y Argentina y que todavía podéis conseguir aquí. 


Llegó a España de casualidad, y casi sin darse cuenta, formaba parte del juego interior de aquel Barcelona ochentero que tantas veces lo intentó en Europa. Le recordaremos siempre por ser miembro del mítico equipo español de Los Ángeles del 84. Tras retirarse, se asomó a los medios de comunicación en aquellas míticas retrasmisiones de La Sexta junto con Andrés Montes. Con Juan Domingo de la Cruz Fermanelli (Pasteur, Buenos Aires, 6 de febrero de 1954) podríamos hablar de una toda una época de nuestro baloncesto, y nos faltarían horas. Él fue el primer argentino en jugar aquí, cuando aquel salto todavía no era ni siquiera probable.

¿Te consideras un pionero?

Creo que al menos a  un nivel de primera división, creo que sí fui el primero. Para nosotros en Argentina en esa época el básquet era un deporte secundario, allí el fútbol , como en toda Sudamérica, era el deporte rey, por lo que no te planteabas jugar al baloncesto como profesional.

¿Se seguía por aquella época el baloncesto europeo en Argentina?

Si te soy sincero, cuando me dijeron Barcelona, miré en un mapa, porque pensaba que era un pueblo de Italia. En esa época, te lo juro, nos metían el NO-DO en Argentina, y todo era Real Madrid, Franco, el fútbol…. Yo no era demasiado seguidor del básquet, pero a raíz de que un tío mío me llevara a ver un torneo en el Luna Park en el que jugaban España y Argentina, tuve un primer contacto directo con el baloncesto. Recuerdo que estábamos allí y un señor, que luego resultó ser Manolo Padilla, el delegado de la selección española durante muchos años, me dio un pin que guardé durante años. En esa selección estaban Rullán, Santillana, Manolo Flores… Yo esa época no tenía pensado ni empezar a jugar, pero me vieron por la calle, me convencieron… y a los dos años estaba por España.

Cuéntame eso. A mitad de los setenta Eduardo Portela viaja a Argentina, a San Lorenzo, y vuelve con un chaval para España, que se pone a jugar con todo un Barcelona.

Yo por entonces jugaba en San Lorenzo de Almagro, éramos la sección del típico club de fútbol, pero por aquella época nos llamaban la catedral del básquet, porque era el equipo campeón. Fue cuando el Barcelona hizo una gira de varios partidos por Argentina, y en un torneo en Mar de Plata, se supone que teníamos que jugar contra ellos. Digo se supone porque no ganamos nuestra semifinal, y no llegué nunca a jugar contra el Barcelona.  El caso es que ahí me vino Ranko Žeravica, y estuvo hablando conmigo, me preguntó si tenía familia en España… Yo pensé que quedaría todo en nada, pero al poco tiempo El Gordo Portela se puso en contacto conmigo y me animó a dar el paso de venirme a Europa.

Y llegas a España como extranjero.

En un primer momento me tuvieron escondido, solo entrenaba, pero el tema de mi nacionalidad salió rapidito. En menos de mes y medio ya tenía los papeles porque era todo muy legal, muy trasparente. Mis abuelos eran de Salamanca, así que soy un oriundo, pero legal, no de los que aparecieron últimamente por aquí. Hubo uno que apareció diciendo que sus padres eran de Celta de Vigo […] En principio la idea era cederme al Manresa, pero Ranko quiso que me quedara en el equipo. Yo llegué con un año de contrato que enseguida se amplió a tres, y así hasta los doce años que estuve.

Llegas en 1975…

Venía con una idea distorsionada de España. Recuerdo que les dije a mis padres: “Tengo ilusión por conocer a Franco”. Fíjate como veníamos nosotros. Estuve diez días en un hotel y luego me metieron en una familia catalana. Entonces un día estoy viendo la tele y pasó lo que pasó. Hubo una fiesta en la casa, cava catalán… Yo estaba alucinando. Luego te vas dando cuenta de por qué te llaman polaco en Madrid, porque en el Palau cantaban un himno que no era el español… Todo eso que ya conocemos, pero para un tipo que viene de Argentina con veinte años, imagínate.

Foto: FC Barcelona

¿Y el salto a nivel baloncestístico?

En Argentina entrenábamos un par de horas por la tarde, después de trabajar. Recuerdo que ya en Barcelona nos regalaron dos pares de zapatillas de Converse, que nosotros no las veíamos ni en foto. Era otra historia. Y luego Ranko, que nos metía tres horas por la mañana y tres por la tarde. Fue un cambio total.

Fueron doce años en Barcelona con muchos cambios. De Liga Nacional a ACB, de la hegemonía del Madrid al Barça…

Yo tuve una etapa para mí que no fue buena, que fue la de Kucharski, en la que casi ni entrenábamos. Recuerdo que nos decía, “si queréis podéis venir a hacer un poquito de tiro, pero en vaqueros…”. Yo lo respeto por todo lo que fue, pero para mí fue muy negativo. Ganamos una Copa del Rey al Zaragoza que le sirvió para que siguiera un año más, que claro, no terminó, porque no hacíamos nada. El resto de etapas bien, yo no me puedo quejar, desde el club siempre he recibido buen trato a nivel directivo, y con los entrenadores, unos mejor, otro peor.  El problema de aquella época es que en la zona solo se fichaban extranjeros. No era normal que se fichara un americano para ser base o alero, así que yo me tenía que ganar el puesto contra ellos. Yo me hice la mentalidad de que tenía que hacerme ver en el campo, y al final casi siempre acababa jugando los minutos importantes.

Y esos últimos años con Aíto…

Fue la última etapa, en la que ya estaba claro que él no contaba conmigo. Lo que pasa es que las cosas hay que decirlas más claras. Cuando traen a Trumbo y se nacionaliza me dijeron que cualquiera se podía quedar fuera, hasta Epi, y eso no te lo comes…

¿Aíto no te llegó a decir directamente que no cuenta contigo?

No. Él me decía que no lo tenía decidido, cuando yo sabía que había hablado con periodistas de que con la llegada de Trumbo me iba a quedar fuera. Pero Núñez me convenció. Yo hablaba directamente con él, porque en esa época no había representantes. Él no entendía cómo yo, siendo internacional, me iba a quedar fuera. Recuerdo que Marcos Alonso, el padre de Marquitos Alonso, me dijo: “Te voy a dar un consejo, del Barcelona, que te echen, nunca te vayas tú”. Núñez me subió la ficha y me dijo que si al siguiente año me quedaba fuera me podía ir a cualquier otro equipo menos a la Penya o al Madrid.

Al final esa generación del Barcelona ha quedado un poco olvidada. Por ejemplo, te he leído en alguna ocasión reivindicando que la camiseta de Chicho Sibilio debería estar retirada.

Me saben mal casos como el suyo, que estuvo allí tantos años. Creo que se lo merecía. A lo mejor luego ves alguna camiseta por ahí que dices… Bien no se portaron. Por ejemplo, yo he tenido que ir a una Final Four en Turquía y acreditarme con una radio. Que no te digo que me paguen el pasaje, simplemente acreditarme para entrar al pabellón. Esos detalles me parecen bastante desagradables que tu club, habiendo estado doce años allí, no te digan, aquí tienes una acreditación…

Háblanos de la época de la selección.

Yo le debo mucho a Díaz Miguel. Me ayudó cuando en mi club no era muy reconocido. Es el entrenador que más me ha marcado, y te puedo decir a otros jugadores igual, como Fernando Romay. Para él los pívots eran sus jugadores, sus niños. Luego cuando me retiré me llevó de ayudante, a Barcelona, a Roma… Y eso es una experiencia que me sirvió para decidir que no quería ser entrenador.  No quiero ser entrenador de estos mamones de profesionales, entre los cuales yo me puedo incluir.

¿Cambia mucho ser un jugador de club, a de repente tener que ir cambiando de equipo casi cada año?

Ahí tuve que cambiar el chip, en el sentido de que tuve que hacer un trabajo específico de pesas para coger más peso, porque donde yo iba tenía que absorber más minutos y jugar en una posición más de cinco puro. Me fui a Valladolid, donde estaba Pesquera en el primer año, y en el segundo Laso. La primera temporada fue muy buena para nosotros. Recuerdo que incluso le ganamos al Barcelona en casa. Era un equipo de currantes. El segundo no estuvo tan bien, con muchos cambios de americanos. Luego me fui a Manresa y el último año… bueno, fue el año en el que me llamó Boza.

¿Y qué pasó?

Yo siempre cuento que Aíto me echó dos veces. Estaba Maljkovic en el Barça y entonces me llamó Manolo Flores, pidiéndome que fuera a entrenar con ellos. Aíto era el director deportivo y recuerdo que esos días estaba también Magic Johnson. Total, que voy a entrenar y al día siguiente veo en el periódico unas declaraciones de Maljkovic sobre mí, poniéndome como un jugador veterano que conoce el club, que si me pongo en forma contaba conmigo…  Yo no entendía nada. Es entonces cuando va a inaugurar el Sant Jordi con un Opel McDonald’s y Maljkovic me invita a jugar. Después de casi cuatro años fuera, era como un sueño.  Como todavía estaba relativamente reciente mi marcha, me encontré con todo el Sant Jordi aplaudiendo.  Yo no podía ni moverme. Para mí fue de las cosas más lindas de mi vida.

Después de ese torneo me llamó Aíto, y en la reunión me dijo: el yugoslavo te quiere, pero yo no lo veo factible. Te vamos a hacer ficha pero no la vamos a presentar.  Me dijo que no sabía si era bueno para el club que volviera a fichar. Al mismo tiempo yo estaba hablando con el Taugrés de Herb Brown, que al parecer estaba loco conmigo. Me comió la cabeza… y al final le digo a Aíto que le agradezco el esfuerzo, aunque no era ninguno, evidentemente, y me fui al Taugrés con Chicho, Arlauckas…

Un equipo mítico.

Pegamos el pelotazo de eliminar al Madrid. Recuerdo que le decía a Chicho que no me creía que volviéramos allí. “¡Con lo que me quieren a mí aquí!”, le decía. En Vitoria jugué mucho tiempo porque Ramón Rivas estaba medio tocado, y le ganamos como de quince.  Para mí eso fue un resurgir.

Foto: FC Barcelona

Hoy le he dicho a un amigo, acérrimo del Madrid, que te iba a entrevistar. Me ha contestado con un el cabrón ese…

¿Sabes qué me pasó a mí? Yo en mi equipo tenía a Chicho o a Epi, que absorbían el 60% del juego del equipo. Luego tenía a los americanos… Me dije, o te despiertas y haces algo más, o no te vas a comer nada. Yo me especialicé en la defensa, en el americano de turno. Recuerdo que un día cogí a Óscar, que metía sesenta por partido. A mí me hizo veinticinco, no me jodas. Defender supone contactar más contra el rival. Pero yo no empezaba la guerra, no era sucio, ni daba codazos. Yo sabía que a los americanos les molestaba mucho que fuera pegajoso. Si no hubiera hecho eso habría jugado muchos menos minutos. A mí en Madrid no me quería la gente, pero yo tuve el honor de que Lolo Sáinz me quiso fichar dos años. El año en que Fernando Martín se fue a la NBA, que Antonio se fue a Pepperdine, ellos necesitaban un pívot  más. Y me ofrecieron, y además bien.

Ha habido épocas de hasta veinte argentinos en la liga, y ahora solo hay cinco. ¿A qué se debe?

Creo que tuvimos la suerte de que coincidió con que tuvimos a la Generación Dorada, y que la mayoría pasaron por España, en el Taugrés, lo que al jugador argentino le dio un plus de reconocimiento. El argentino, ya sea en fútbol o básquet, tiene una garra especial, y ahora además vienen con una clase muy importante. ¿Que ahora falta otra generación? Es ley de vida, y también puede pasar aquí.

¿Qué diferencias ves en uno u otro caso?

Yo lo veo más difícil para Argentina. En España hay más jugadores jóvenes, lo que pasa es que tengo el miedo que tenemos todos cuando ves que en la ACB el jugador joven y con futuro se tiene que buscar la vida en otro sitio, como en las universidades americanas, porque aquí ven a uno o dos jugadores nacionales en cada equipo de ACB con suerte. Eso creo que puede afectar al futuro de la selección.

Foto: FC Barcelona

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