LeBron, decidido a postear a Curry

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El Quicken Loans Arena de Cleveland vibraba como nunca. Ante los ojos de los aficionados de los Cavaliers se presentaba una ocasión histórica, un partido que acabaría siendo memorable porque, gracias a la victoria del equipo liderado por Lebron James, los Cavaliers conseguirían una oportunidad única de hacerse con su primer título de campeones de la NBA. El séptimo y decisivo partido se jugará el domingo, pero esto es lo que podemos anticipar tras el intenso sexto partido del jueves en Cleveland.

Los Warriors, como decía Antoni Daimiel, venían con las camisetas de campeones preparadas, con el champán bien fresquito para ser servido tras la posible (y a priori probable) victoria de su equipo, que ya desperdició un “match-ball” en el quinto partido jugado en casa, con Kyrie Irving y Lebron James como grandes protagonistas (41 puntos cada uno).

Sin embargo, los Cavaliers dejaron claro desde el principio que ninguna botella de champán se descorcharía la noche del jueves, dando a los Warriors a probar de su propia medicina con una defensa asfixiante y una toma de decisiones que derrochaba eficiencia. Los de Tyronn Lue impusieron un ritmo frenético y a la vez incómodo para los Warriors desde el salto inicial. Stephen Curry, la gran referencia de los Warriors, no supo liderar a su equipo durante los primeros instantes del partido, cayendo en la segunda falta personal tras sólo 6 minutos de encuentro. El marcador, 32-13 al final del primer cuarto, reflejaba fielmente lo que se veía sobre la pista: un dominio absoluto de los Cleveland Cavaliers. Los Warriors, por su parte, protagonizaron un paupérrimo 5 de 22 en tiros de campo tras el primer parcial.

En el segundo cuarto, por el contrario, llegaría la reacción de los de Oakland, comandados por un Curry que parecía negarse a volver a casa para jugar un séptimo partido. El MVP devolvió la esperanza a los Warriors como ya es habitual en él: a base de triples espectaculares y asistencias inteligentes a sus compañeros, que comenzaban a mover el balón y a parecerse a los imparables Warriors de la temporada regular, a ese equipo que ha firmado el mejor registro de la historia en 82 partidos con 73 victorias y tan sólo 9 derrotas.

A pesar de la exhibición de Curry y los atisbos de remontada por parte de los Warriors, el número 30 cometió la tercera falta personal antes del descanso y como consecuencia limitó su juego y su intensidad a partir de este momento, sobre todo en defensa; sus compañeros, además, no asumían la responsabilidad necesaria para mantener a su equipo en el partido, obstaculizados por la gran presión defensiva y efectividad de los Cavaliers en el juego de contraataque. Tyronn Lue introdujo novedades que sorprendieron a nivel táctico y físico, como Dahntay Jones o Mo Williams, que protagonizaron mini-revoluciones en el partido, mostrando un gran rendimiento durante los escasos minutos que jugaron, y provocando incertidumbre en la defensa rival.

Stephen Curry

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En el tercer cuarto haría su aparición el escudero de lujo de Stephen Curry, Klay Thompson, muy irregular durante la primera parte del partido (tan sólo 7 puntos), pero como siempre capaz de entrar en racha y dinamitar el partido desde la línea de triple y también con sus penetraciones entre las ayudas defensivas rivales. Gracias a sus 15 puntos en el tercer periodo, los Warriors se aferraron a las opciones que tenían de remontar, pero sin llegar nunca a acercarse a menos de 5 puntos de desventaja. El marcador parcial decía mucho de la labor de los jugadores de Steve Kerr: 28-21 a su favor, y la esperanza de hacerse con el anillo de campeones. Pero Lebron y los Cavaliers ya habían reservado su billete de avión para volver a San Francisco y no estaban dispuestos a cambiar de planes. El de Akron anotó 18 puntos de manera consecutiva para su equipo entre el final del tercer cuarto y el comienzo del último, ofreciendo una exhibición difícilmente repetible.

El último cuarto ejemplificó perfectamente el transcurso de los dos últimos partidos de la serie: primero, tras una buena defensa de Draymond Green, los Warriors sacaron el balón con velocidad al contraataque y el propio Green se disponía a anotar cuando Lebron, sin caer en la finta, midió perfectamente los tiempos para taponar la bandeja. Pocos minutos después, Lebron volvía a taponar otra bandeja, esta vez de Curry, a quien dedicó unas palabras “amistosas” tras mandar el balón fuera del campo con su contundente intimidación. Finalmente, asistimos a una serie de decisiones arbitrales más que cuestionables que provocaron la expulsión de Stephen Curry por seis faltas personales y dos faltas técnicas (posteriormente fue multado con $25.000 por lanzar su protector bucal a la primera fila de espectadores), lo que provocó la burla y la euforia de los aficionados de los Cavaliers, que veían como su equipo empataba las finales a 3 victorias tras haber realizado un partido muy completo.

Preparémonos ahora para asistir a otro duelo de proporciones épicas; en primer lugar, por lo que implica proclamarse ganador de la NBA tras una durísima temporada regular de 82 partidos y unos Playoffs muy exigentes a todos los niveles, y en segundo lugar porque no es frecuente que se produzca un empate a 3 en las finales de la NBA (sólo se ha producido este empate en 3 ocasiones en los últimos 20 años, siendo el último de ellos en 2013).  Señores, vayan calentando, prepárense, y, sobre todo, disfruten de este maravilloso espectáculo, porque este partido se hallará en la cumbre de los partidos decisivos, será la ocasión única de decidir un partido y a la vez una temporada, el summum del espectáculo del mejor baloncesto del mundo. Será la hora de los valientes.