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Costa a costa

Walter Herrmann, el baloncesto en la palma de la mano

pablobaena93@gmail.com'

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“Siempre tuve una pelota naranja en las manos para picar contra el piso e intentar encestar en un aro”.

Walter Herrmann (26 de junio de 1979, Venado Tuerto, Argentina) siempre tuvo claro que sería jugador de baloncesto. Si todo iba bien, el baloncesto tendría la suerte de recibir a una persona que amaba el deporte de la canasta como nada en la vida. Una persona que daría todo por su sueño: jugar al baloncesto.

Todo está en tu mano.

[Cuando niño preguntaba 
si el río llegaría algún día al mar.
Una voz que andaba por ahí
me dijo: "tiempo al tiempo”.]

Y así fue, con sólo 17 años Herrmann empezó a jugar oficialmente en el equipo de su ciudad natal, el Olimpia Basketball Club. Allí coincidió, durante los cuatro años que estuvo (1996-2000) con otros jugadores míticos de Argentina como Alejandro Montecchia (desde el 1996 hasta el 1998) o Andrés Nocioni (96/97).

Las dos siguientes temporadas pasó a jugar en el Atenas de Córdoba (2000/2002) donde dio un gran paso en su carrera siendo nombrado MVP de las finales de la Liga Nacional de Básquet (LNB) en la temporada 01/02. Walter ya triunfaba en Argentina y su salto a Europa era más que evidente.

Este paso se dio de la mano del Jabones Pardo Fuenlabrada causando una gran impresión. Su primera temporada en Europa no dejó indiferente a nadie. Herrmann acabó como MVP de la Temporada 02/03 promediando 23 puntos y casi 10 rebotes por partido. Pero no fue este el único galardón que recibió. Fue, además, seis veces Jugador de la Semana, dos veces Jugador del Mes y, en el All-Star acabó como MVP. Su efectividad estaba fuera de toda duda, si bien, Hermmann llamaba la atención por algo más: cuando la bola tocaba las manos del argentino, la magia se personificaba en jugador de baloncesto y el espectáculo se abría camino en la cancha. Cuando Herrmann jugaba, todos miraban.

Walter causaba sensaciones en España y los equipos grandes se fijaban en él. El jugador argentino había triunfado nada más llegar, dando unos resultados increíbles a la par que espectaculares. En julio de 2003, Unicaja hacía oficial el fichaje de Herrmann que se pondría bajo el mando de Paco Alonso aunque por poco tiempo, ya que fue sustituido en los primeros meses de competición por Sergio Scariolo, quien llevaría grandes éxitos al conjunto malagueño. Pero todo eso viene después.

La superación como forma de vida.

[W[Well, sing, sing at the top of your voice,
Love without fear in your heart.
Feel, feel like you still have a choice
If we all light up we can scare away the dark.]em>

Para Herrmann sería un verano que seguro no querrá recordar. Justo un día después de anunciar su fichaje por un equipo de Euroliga, el 19 de julio de 2003 fallecieron su madre (Cristina Heinrich), su hermana (Bárbara Herrmann) y su novia (Yanina Garrone). Una tragedia que azotó a Walter, sus compañeros y al mundo cercano del baloncesto. Herrmann estaba convocado con su selección para el Campeonato Sudamericano de Baloncesto cuando la noticia se dio a conocer. La importancia fue tal que el amistoso que jugaría próximamente su selección ante Venezuela fue suspendido a causa del accidente y Herrmann se retiró del Campeonato.

A mediados del mes de agosto, el jugador argentino se ponía a disposición del Unicaja para preparar la temporada. En su presentación oficial, Herrmann daba una frase que desnudaba al completo sus intenciones: “Espero que el basket me llene la parte que me falta de la familia”. Estuvo a punto de dejarlo todo pero finalmente pensó que el deporte podría hacer que todo volviera a su cauce. Lo que estaba claro era que Herrmann iba a darlo todo en Málaga. Y así fue, Walter acabó la temporada siendo el tercer máximo anotador del equipo y el tercer mejor valorado. Unicaja conseguía la cuarta plaza en la competición nacional que le daba una plaza para disputar la máxima competición internacional, la Euroleague.

Walter herrman en Unicaja

Foto: ACB Photo

Su segunda temporada en Málaga empezaba con otra tragedia para el argentino. Justo un año después del accidente donde fallecieron su madre, su hermana y su novia, a Walter le llegaba una noticia fatal. Su padre había fallecido en Venado Tuerto a causa de un infarto. La noticia le llegaba horas después de convertirse en el protagonista de la victoria ante Brasil, aquella victoria que daba a Argentina el Campeonato Sudamericano de Baloncesto. Sin tiempo para recuperarse del fallecimiento de tres familiares, otra tragedia volvía a azotar a Herrmann. Un mes más tarde, Herrmann formaría parte de la plantilla que daría a Argentina la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. Era parte de la generación que marcaría un antes y un después en el país.

La desgracia no podía con Walter Herrmann. Volvió más fuerte que nunca a Málaga para luchar por todo. Durante la temporada y, en parte, debido a la llegada de Garbajosa a Málaga, Herrmann disminuyó considerablemente sus números. Pero quizás eso no fue lo más importante. En febrero de 2005 y tras clasificarse en la última jornada, Unicaja consigue su primer título nacional, la Copa del Rey disputada en Zaragoza.

Pero lo más grande estaba por llegar. Era su tercera temporada en Málaga y, con la dirección de Sergio Scariolo, se formaba un equipo dispuesto a luchar contra los grandes. El proyecto funcionaba. En la Copa del Rey, Unicaja fue eliminado en semifinales y no pudo defender el trono que había conseguido el año anterior. En Europa, el equipo tuvo un comienzo increíble, con una racha de 11 partidos consecutivos que le sirvió para acabar primeros de grupo. Pero lo grande vino en España. El equipo consiguió acabar líder de la Liga Regular. Ese magnífico resultado se vio compensado al final de temporada cuando Unicaja se proclamaba campeón de la Liga ACB en el Buesa Arena de Vitoria. Herrmann siguió siendo de los grandes.

Un sueño de la mano de Michael Jordan.

 [D[De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.]em>

 

En el verano de 2006, Herrmann esperaba una importante cita. A finales de verano se jugaba en Japón el Mundobasket ’06. Su selección acabó sucumbiendo en semifinales ante la que iba a ser la campeona del torneo, la selección española. Herrmann había decidido no renovar con Unicaja y quedarse libre para firmar un buen contrato en septiembre durante el Mundial. Hubo rumores que lo situaban ya en la NBA -donde tenía intenciones de acabar-. El 30 de septiembre se hacía oficial su fichaje por los Charlotte Bobcats, cuyo dueño era Michael Jordan, uno de sus ídolos de la infancia. “El acuerdo estaba decidido desde hacía mucho tiempo pero hasta que no firmara no quería hablar del asunto”. No quiso hablar de su fichaje por los Bobcats, pero su llegada a la NBA sí dio que hablar.

A Herrmann le costó entrar en la rotación de los Bobcats. Consiguió jugar su primer partido el 10 de noviembre disputando tan sólo 6 minutos. No fue hasta finales de diciembre cuando se convirtió en parte imprescindible de la plantilla. Su explosión definitiva vino en el mes de marzo. Herrmann consiguió su primer doble-doble y fue nombrado Novato del Mes de marzo. Su progresión fue a más hasta el final de temporada, consiguiendo anotar hasta 30 puntos, su récord en la NBA. Además, como guinda al pastel, Herrmann conseguía entrar en el segundo equipo de Novatos de la NBA.

Foto: NBA

Foto: NBA

Su segunda temporada invitaba a la ilusión. Había terminado la anterior con un buen récord y la progresión iba a más. A principios de temporada Herrmann no conseguía asentarse. Tanto fue así que el 14 de diciembre los Bobcast lo traspasaban, junto a Primoz Brezec a la ciudad del motor, Detroit. La exigencia en Detroit era mayor y los minutos en una plantilla con gran talento estaban caros. En los Play-Offs, Herrmann sólo jugó 4 partidos en segunda ronda contra Orlando Magic. Los Pistons alcanzarían las Finales de Conferencia, cayendo derrotados ante los Celtics.

En la temporada 08/09, Herrmann jugó 59 partidos durante la Regular Season, aunque sólo lo hizo con 10 minutos de media por partido. Su equipo corrió menos suerte (39-43) y, aunque pasaron a Play-Offs, en primera ronda les esperaban los Cavaliers de LeBron James contra los que cayeron eliminados sin ganar ningún partido. Así, Walter Herrmann terminaba su tercera temporada en la NBA, donde no terminaba de adaptarse y no conseguía resultados. En 2006 cruzó el charco por segunda vez. De la mano de Michael Jordan confiaba en hacerse un hueco en la mejor liga del mundo, pero no fue así.

En agosto de 2009, Caja Laboral Baskonia presentaba una oferta por Walter Herrmann por cuatro temporadas. El equipo vitoriano quería traerse a aquel jugador que despertaba pasiones en Málaga. Y por Málaga pasaba la decisión. El equipo andaluz tenía la opción de igualar la oferta para que Herrmann jugara de verde, pero no fue así y al término del plazo, el 16 de agosto, se confirmaba que Walter Herrmann era nuevo jugador baskonista.

El de Venado Tuerto volvía para ponerse en manos de Dusko Ivanovic. Su sueño en la NBA no prosperó y volvió para recuperarse allá donde se hizo grande. Si bien, la fortuna no estaba del lado del argentino. Antes de comenzar la temporada, Herrmann tendría que pasar por el quirófano, lo que le llevaría a perderse casi media temporada. Tras volver a las pistas, ya en 2010, nada fue lo mismo. De Baskonia se llevaría un título más, volvió a ser campeón de la ACB. Pero no recuperó su juego, no volvió a ser el de siempre.

Su salida de Baskonia estaba pactada: durante el verano de 2010 se hacía oficial la no continuidad de Herrmann en Vitoria. Su final como jugador estaba cerca… O, al menos, eso parecía.

Gracias por volver, Walter Herrmann, gracias por volver.

[V[Vuelve a empezar,
aunque sientas el cansancio,
aunque el triunfo te abandone,
aunque el dolor te lastime,
vuelve a empezar.]/em>

“Cada persona tiene su lugar y el mío es Venado Tuerto. Ahora juego por hacer algo, juego para divertirme con mis amigos y nada más”. Tras 16 meses sin pisar una cancha, apartado del baloncesto, Walter Herrmann decide volver. Lo haría en el club de su ciudad natal, el Unión Deportiva de Venado Tuerto. Volver a empezar, a divertirse con los amigos.

El baloncesto recuperaba a un jugador que lo había dado absolutamente todo por disfrutar en una cancha. Aunque volviera para jugar a nivel local, Herrmann lo había dado todo por el baloncesto y eso nunca se olvida.

Su vuelta al mundo profesional estaba más cerca que su retiro. A pesar de todos los contratiempos durante su carrera, Herrmann vuelve a vestirse de corto. Y vuelve a sus inicios, otra vez. En 2013 se confirma su vuelta de la mano del Atenas de Córdoba. Allí se proclamó campeón de la LNB en la temporada 01/02 y allí volvía para hacerse más grande aún.

Una noche de marzo y vestida de verde, la magia volvía a personificarse como jugador de baloncesto. Había vuelto a elegir a Walter Herrmann. Sus 49 puntos, 7 rebotes y 59 de valoración llegaban al último rincón del planeta. Herrmann había vuelto, ahora sí. El Atenas de Córdoba, el club más laureado de Argentina, no conseguiría aquel año ningún título, pero sí tenía en plantilla al jugador que sería nombrado como MVP de la competición. Y no era otro que el ídolo de todo un club. Era Walter Herrmann.

Su gran temporada en uno de los clubes más importantes de Argentina le despejaba la pista para volver a vestir la albiceleste en el Mundial de España. Era 2014 y el argentino volvía a representar a su país tras 8 años, cuando desde Japón cumplió su sueño de la mano de Michael Jordan.

“Es una alegría enorme. Hoy siento como si el Mundial de Japón hubiera sido hace un par de años. No lo siento lejano en el calendario. En el caso mío, que estuve tanto tiempo fuera, tener la chance de volver a integrar una selección nacional es formidable”. La juventud de Herrmann, impropia de los mortales, se extendía más y más. Antes de disputar el Mundial en España, el argentino ya había llegado a un acuerdo para la próxima temporada. Su destino sería el Flamengo brasileño, donde compartiría equipo con Nico Laprovittola.

Nada más llegar a Brasil, la pareja argentina llevaría al Flamengo a proclamarse campeones de la Copa Intercontinental de 2014. Herrmann había vuelto a jugar, ahora volvía a saborear campeonatos. Tras la Intercontinental, llegaría el campeonato brasileño, la NBB. El argentino volvía a hacerse grande, esta vez en Brasil.

Tras ser bicampeón con el Flamengo, Herrmann volvería a su país natal en la temporada 15/16. Se incorporaba al San Lorenzo de Almagro, conjunto que acababa de comprar una de las plazas de la LNB, donde estaría a las órdenes de Julio Lamas. No sería una temporada más para el club de Buenos Aires. Herrmann se erigiría como líder del San Lorenzo, llevándolo a ser campeón, por primera vez en su historia, de la LNB. Por si fuera poco, Herrmann sería proclamado el MVP de aquellas finales. Seguía soñando baloncesto, seguía disfrutando. “Siempre viví en el interior y nunca imaginé que San Lorenzo armaría un equipo de Liga y que yo sería parte. Es un sueño”.

Un final de temporada más y vuelve a rondar, por enésima vez, la idea del retiro definitivo. Frente a frente, dejarlo todo o seguir en el baloncesto. “Ganas tengo, pero hace dos o tres meses pensé en el retiro nuevamente. Desde mi vuelta en Atenas siempre digo que es el último año y no…”. Y no, no será el último año de Herrmann.

Volverá, esta vez, bajo la camiseta del Obras. El retiro de Herrmann sigue aplazándose año tras año, temporada tras temporada.

A sus 37 años, Herrmann goza de una enorme trayectoria, de un gran número de títulos. De una historia fabulosa, repleta de altibajos y de momentos para recordar. Pero sin duda, para él, nada de esto es lo más importante. “La posibilidad de que mis hijos más chicos me vieran adentro de la cancha”. Porque siempre tuvo el baloncesto en su mano. No habrá jamás un revés que pueda detener la vida de Herrmann, aquel que desde Venado Tuerto desafió a la vida, desafió al baloncesto y además ganó la batalla. Y que sus hijos, como nosotros, disfruten de cada minuto que Walter pasa sobre la cancha.

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Costa a costa

Los tres segundos que pararon la Guerra Fría

Un atentado terrorista, un escenario sociopolítico de posguerra al borde del abismo nuclear y una jugada final que, al más puro estilo Simpsons, se repitió hasta tres veces.

Andres.weiss99@gmail.com'

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Hay lugares en el mundo que, por estar donde están, cuentan con un privilegio inesperado. Comunicación, recursos, disponibilidad y facilidad de movimiento. “Vecinos” que, en caso de necesidad, acuden a tu rescate. Aunque también lo harán en caso de necedad, sirviendo de rescate para el resto del continente. Y Alemania es uno de ellos, aunque no necesariamente en un escenario positivo, pues puedes estar en un lugar privilegiado, pero usar esta situación geográfica de forma incorrecta, equívoca o, simplemente, con maldad.

La historia de las Guerras Mundiales nos la sabemos todos. La de la unificación, quizá algunos menos. Pero el dominio que durante gran parte de la historia contemporánea ha ejercido Alemania, en lo militar, lo político y lo económico, ha marcado el devenir de Europa, tanto en los años de conflicto armado, con en la etapa de relaciones diplomáticas actual, en la que no gana quien más tanques tiene, sino quien mejor despliega sus influencias. En el caso del país bávaro, es un “don” que, además, se extiende a lo deportivo.

Se suele decir que el fútbol es ese deporte en el que se enfrentan 11 contra 11 y siempre gana Alemania. Y el baloncesto es ese deporte en el que se enfrentan 5 contra 5 y suele suceder lo contrario. Estas son reglas no escritas que, a pesar de todo, llevan confirmándose desde que fueron impuestas con la creación del propio deporte. Y esta capacidad casual con la que cuenta Alemania no es innata del baloncesto o del fútbol, sino que toca todos los palos de la sociedad deportiva. A todos los atletas. Algo que las Olimpiadas del 72, que tuvieron lugar en Munich, dejaron ver con mucha facilidad. Y es que el contexto estaba ya creado, y la oportunidad servida.

La Guerra Fría en tiempos del cólera

Alemania, uno de los países que más sucesos catastróficos había protagonizado en toda Europa en lo que se llevaba de centuria, sería la anfitriona de un torneo deportivo internacional en el fulgor de la Guerra Fría. La ciudad escogida sería Munich, donde ambas potencias medirían sus fuerzas en un nuevo campo de batalla, el rectángulo del baloncesto, al que ambas llegaban como las dos selecciones más grandes del mundo, aunque con evidentes limitaciones que las diferenciaban.

Estados Unidos, siguiendo las normas de las federaciones, no podía llevar atletas profesionales. Especialmente, en el baloncesto, cabría añadir. Y es que más allá de ser los “divulgadores” del deporte ideado por John Naismith, tenían -y tienen- la liga más poderosa y a los mejores jugadores de todos los continentes. Y cada cuatro años enviaban a los mejores jugadores NCAA, es decir, amateurs, que aceptaban la invitación y se unían a un combinado que estaba siempre en constante reconstrucción. Pero la Unión Soviética había ideado la forma de ir un paso más allá.

Incluyendo a sus jugadores en el registro como soldados o obreros, podían mantener virgen su vitola de no-profesionales y continuar acudiendo a los torneos que se disputaban. Y así acababan acumulando internacionalidades, experiencias conjuntas y química, formando un vestuario unido y que había aprendido a jugar “de memoria”, pues la continuidad de un proyecto permitía que esto sucediera. Así habían vencido a los norteamericanos en los World University Games 2 años antes, y 8 de 9 partidos que disputaron en una gira por el país inglés durante 1971 con el combinado que disputaría las Olimpiadas.

Aún así, USA llegaba como favorita al torneo baloncestístico, pues en pocas cosas podía superar a una URSS que dominaba física -y burocráticamente- cada aspecto de la competición, y que buscaba alcanzar las 50 medallas en el torneo para conmemorar los 50 años de existencia del país comunista. Y por eso había hecho todo lo posible para que los regidores del torneo estuvieran de su parte. Sobornos, amenazas, chantajes… todo lo que estaba en su mano había sido pulsado para que los astros se alinearan y lograran su objetivo.

Y es que la competición estaba salpicada, manchada, corrompida en definitiva. Y entre toda la corrupción, se alzaba Renato Williams Jones. Inglés nacido en Italia, Jones había sido uno de los fundadores de la FIBA, el que había ideado la creación de una competición Mundial de baloncesto y el que había logrado que se creara un torneo ubicado dentro de la realización de los Juegos Olímpicos por primera vez en 1936 en Berlín. Otra ciudad alemana, aunque con diferencias sustanciales en su dominio, poder, control y funcionamiento.

Y 36 años después, el baloncesto había vuelto a Alemania. Bajo el lema del torneo, Die Heiteren Spiele -Los Juegos Joviales-, el gobierno de la República Federal Alemana (FDR), quería mostrar una Alemania democrática, controlada y optimista, por así decirlo, y con buenas perspectivas de futuro. Pero no fueron capaces, ya que la localización de la capital bávara, en la región inferior al territorio dominado por la DDR, pero perteneciente a la otra facción que controlaba el país, permitía a los soviéticos influir en ella sin necesidad de tener el control gubernamental de la misma.

Esto, unido al hecho de estar en el lugar -menos- adecuado en el momento -menos- oportuno tuvo consecuencias negativas para el baloncesto, el resto de atletas allí presentes y, en definitiva, el correcto devenir de la competición. Y es que el deporte es parte de la vida, y como tal, la vida afecta al deporte. Y cuando hay un conflicto de magnitudes considerables la actividad deportiva es tocada inevitablemente. Tal y como sucedió el día 5 de septiembre de 1972, en el Olympic Village de Munich.

Ocho miembros del grupo terrorista palestino Black September entraron en los apartamentos de los representantes israelíes, encontrando once miembros entre jugadores, oficiales y entrenadores, llevándose nueve con ellos al dejar a dos fallecidos que se resistieron a ser capturados. Entonces comenzó un absoluto infierno que terminó a la tarde en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck con los nueve israelís restantes asesinados junto a cinco de los terroristas. Los otros tres fueron capturados y usados como moneda de cambio en el rescate.

La decisión de cancelar los Juegos fue prácticamente unánime. Salvo Avery Brundage, el ambiente que rodeaba lo que restaba de competición se había enrarecido y entristecido. Pero al igual que Freddie Mercury, el presidente del COI alzó su voz y dictaminó que el show debía continuar.

Aquellos nueve segundos

Cuatro días después, cerca de la medianoche, el misticismo sería citado para una noche que pasaría a la historia. La Guerra Fría, la eterna pelea de la Unión Soviética por ser mejor que nadie, su objetivo personal, la juventud de los estadounidenses, el trágico fallecimiento de los 11 israelís, y una grada que parecía estar en contra de los Estados Unidos eran el aderezo que llevaría este partido durante 40 minutos que, verdaderamente, parecerían 3 segundos. tres segundos que, en este caso, acabarían siendo nueve.

La URSS comenzó muy fuerte, sorprendiendo a un equipo entrenado por el exitoso pero “atrasado” Hank Iba, que no había conseguido adaptarse a las nuevas tácticas de los años 70. Y por eso los constantes cambios de ritmo de sus rivales les mantuvieron a distancia todo el partido. Hasta que en un esfuerzo mayúsculo en el último cuarto, donde Iba dio una vuelta de tuerca a su sistema estableciendo una presión a toda cancha y un juego veloz y sorprendente, se acercaron en el marcador. Y, a falta de tres segundos, se pusieron un punto por encima en el electrónico.

Aleksandr Belov, estrella y líder de los soviéticos, se disponía a recibir un balón cuando Doug Collins se hizo con el mismo, recibió una falta que le hizo lesionarse la muñeca, y acudió a la línea de personal. Estaban uno abajo, quedaban tres segundos, y tenía el oro, la cima de su carrera, a 4,60 metros. Tal y como había soñado cuando entrenaba en el patio de su casa, en Benton, Illinois. Imaginándose leyenda y salvador de su equipo, y sabiéndose un campeón. Algo más que un simple vencedor.

Olvidándose del dolor, siguió el mismo ritual que le había acompañado desde que comenzara a jugar al baloncesto, y certificó la momentánea victoria de su equipo. Y entonces comenzaron cinco minutos de desazón, rabia, desconcierto y dolor que terminaron con una decisión dictatorial, y con una historia de venganza.

La Unión Soviética puso en marcha el balón, fue robado y entonces el partido terminó, pero volvió a recibir tres segundos y un nuevo saque de fondo porque no se les había concedido un tiempo muerto. Nadie entendió aquella decisión, pero se reintentó la jugada. El balón voló de las manos de Ivan Edeshko a las de Modestas Paulaskas, que trató de dárselo a Belov, pero no le fue posible llegar y capturarlo, perdiendo así la posibilidad de efectuar un último lanzamiento. La URSS había perdido. Estados Unidos había certificado la remontada.

La locura, entonces, se abrió paso en el Rudi-Sedlmayer-Halle, con los 6.500 aficionados que estaban en las gradas ocupando lo que podían de pista y los jugadores americanos celebrando su victoria en el centro de la misma. Camisetas fueron robadas, lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos y parecía que todo el sufrimiento había llegado a su fin. Pero no era así. Y es que en un supuesto error, el encargado del marcador, Andre Chopard, había colocado 50 segundos restantes, cuando la cifra correcta debía haber sido 3.

Por ello, Renato William Jones, que ya se había puesto de parte de la Unión Soviética con la resolución de su tiempo muerto fallido previo, y se encontraba a pie de cancha, ordenó que se volviera a repetir la jugada por tercera vez. Saltándose, de esta forma, las reglas del Comité Olímpico, pues no tenía el poder ni la potestad para hacer algo de este calibre.

Se recobró el control de la cancha, los jugadores se dispusieron y Edeshko ejecutó un pase que, esta vez sí, pudo encontrar directamente a Belov, pues McMillen, su defensor en el saque anterior, había interpretado un gesto del árbitro como una orden de darle espacio a Edeshko. Algo que, en teoría, no podían hacer, pero no quería arriesgarse a recibir una técnica.

Belov, tras atrapar el balón y dejar atrás a la intensa defensa americana, estaba libre de marcajes, y anotó a placer una bandeja histórica y, ahora sí, absolutamente definitiva. La victoria americana había sido un sueño, la Unión Soviética sería galardonada con la medalla de oro.

La Federación estadounidense, incrédula y verdaderamente dolida, emitió una queja formal y un jurado de cinco miembros decretó, finalmente, la victoria soviética. Eran las tres de la mañana, y ya todo hacía sospechar. Aunque había motivos para ello. Y es que de estos 5 jueces, 3 eran de la URSS. El resultado podía haber sido amañado. Y Jones también había tenido algo que ver en ello.

Por tanto, la plata nunca sería aceptada por parte de los 12 jugadores, y sus técnicos, que conformaron la expedición estadounidense a Munich, y que aún a día de hoy, aguardan una resolución del asunto, en el Museo Olímpico de Suiza. Y así seguirá, hasta que el error sea solventado. Al fin y al cabo, sólo quieren descansar de una lucha que ha alargado 3 segundos a toda una vida, a toda una eternidad. Y que nunca les dejará estar en paz.

Fuentes: LA Times, NY Times, ESPN Classic, Bleacher Report, Huffington Post

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Todo lo que nos dejó el Mundial de China

Dos semanas de baloncesto dan para mucho. Repasamos lo que nos han dejado los treinta y dos participantes del Mundial de Baloncesto de China 2019

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El mundial más numeroso de la historia también ha sido el que más sorpresas por metro cuadrado ha deparado, fruto de un sistema de competición que apenas permitía los errores y los partidos para administrar el desgaste de otras ediciones. España sumó trece año después su segundo título, Argentina tomó una máquina del tiempo para revivir los sentimientos olvidados de la Generación Dorada, mientras que Estados Unidos se veía fuera del torneo en cuartos tras reunir al equipo más vulgar de los últimos quince años. Esto fue todo lo que pasó en el Mundial de China 2019

Alemania (18º)

Batacazo del baloncesto teutón en la cita asiática. Con una plantilla con a priori que contaba con buenos mimbres, y un grupo no excesivamente complicado, quedaron eliminados el segundo día, dando serias muestras de ser un equipo poco trabajado y dependiente de la inspiración de Dennis Schroder, principal foco de las críticas (40% en tiros de campo). Estarán en el Preolímpico.

Angola (27º)

Tenía muy complicado pasar de ronda en un grupo con Serbia e Italia, y al menos pudo llevarse una honorífica victoria ante Filipinas, aunque eso sí, se echó en falta que pudiera competir ante los favoritos. El objetivo era ser el mejor africano y tampoco estuvo cerca de conseguirlo. Urge un relevo de garantías para una generación agotada.

Argentina (Subcampeones)

Un milagro. Los argentinos retrocedieron una década atrás en el tiempo y se volvieron a mostrar como un equipo bravo… que además jugaba al baloncesto de forma maravillosa. Un inconmensurable Scola guió a los suyos en unos cuartos de final históricos ante Serbia. Después eliminarían a Francia de forma brillante para llegar desfondados a la gran final. Histórico.

Australia (4º)

Puede que estemos ante la gran perdedora del torneo. Se plantaron en semifinales sin sufrimiento, y en un duelo a vida o muerte contra España, perdieron tras dos prorrogas. Posiblemente sean la mayor amenaza a día de hoy para un Estados Unidos de primer nivel, pero siguen dejando dudas de su capacidad de sufrimiento en los partidos de pierde paga.

Brasil (13º)

Dejaron una buena imagen, ofreciendo un buen nivel competitivo durante gran parte del torneo. Esa es la buena noticia, la mala, es que lo hicieron tirando de un equipo envejecido y que necesita una renovación urgente. Tendrá complicado estar en la cita olímpica el verano que viene.


Canadá (21º)

Estarán en el Preolímpico, y si para entonces logran reunir a todo el talento que su suponen atesoran, será un equipo distinto completamente. Con todas sus bajas, nadie esperaba nada de ellos, aún así, pobre rendimiento siendo apalizados porLituania y Australia en la primera fase.

China (24º)

Otra decepción. En un grupo hecho a su medida, naufragaron en los partidos clave de Venezuela y Nigeria, perdiendo sus opciones de Juegos. Toca reflexionar en un país del que se esperaba fuera la gran potencia asiática, y que solo ha conseguido tapar el talento nacional en su liga a base de jugadores extranjeros pagados a precio de oro.

Corea del Sur (26º) y Costa de Marfil (29º)

Dos de esos equipos intrascendentes que demuestran el error deportivo de un mundial de treinta y dos equipos.

España (Campeones del Mundo)

Nadie contaba con esto. Trece años después, campeones del mundo. La transición desde los Juniors de Oro se ha culminado de la forma más sorprendente y grandiosa imaginable. Ricky Rubio (MVP), Marc Gasol (partido clave ante Australia) y las labores de intendencia de Llull, Rudy y Víctor Claver, indispensables. Lección de planteamiento y scouting de Sergio Scariolo, que -parece mentira- queda consagrado como una leyenda de nuestro baloncesto tras el mundial. Enormes.

Estados Unidos (7º)

Eran, pese a las innumerables bajas, el máximo favorito al oro. Sin embargo, y pese a que no se atisbó poco trabajo o prepotencia, los americanos vieron enormemente penalizadas sus carencias interiores en el choque de cuartos de final ante Francia, con Rudy Gobert como verdugo. La duda de qué equipo podrán reunir de cara a Tokio condicionará el torneo.

Filipinas (32º)

Paso atrás del baloncesto filipino. Con un Andray Blatche ya muy lejos de su mejor versión, el estilo de juego del combinado asiático demostró ser poco trasladable a una competición de alto nivel. Pese a todo, deberían seguir creciendo si logran una buena política de nacionalizados.

Francia (medalla de bronce)

Irregulares. Ofrecieron su mejor cara en el histórico partido ante Estados Unidos de cuartos, para después volver al suelo en semifinales, donde mostraron las mismas carencias de los últimos años: escaso acierto en el tiro y pobre capacidad de sufrimiento. Evan Fournier realizó su mejor torneo con la selección gala, mientras que Batum certificó su defunción como élite, anunciada previamente en la NBA.

Grecia (11º)

Siguen sin tener ni la más remota idea de como aprovechar todo el potencial de Giannis Antetokounmpo. Da la impresión de que hay dos estilos de juego en la selección helena que luchan por imponerse, y hasta que no se de respuesta a eso llevando un equipo hecho a la medida de su estrella, no llegarán a ninguna parte. Por favor, que Nick Calathes y Giannis no vuelvan a coincidir nunca más sobre una pista de baloncesto.


Irán (23º)

Premio gordo para Irán, que consigue billete olímpico como mejor equipo asiático, donde posiblemente sean el rival más asequible de todo el torneo de lejos. Los de Hamed Haddadi practican un baloncesto arcaico, casi entrañable, pero saben disimular sus carencias ante equipos de similar nivel. Y eso en un torneo un tanto flojo como este tiene mucho valor.

Italia (10º)

La generación de los Belinelli, Gallinari y Datome se nos han hecho mayores sin apenas ningún indicio de evolución en su nivel competitivo. Se cruzaron con dos rivales importantes -Serbia y España- y antes los dos naufragaron. Especialmente hiriente resultó con los que campeones, con los que empataban a tres minutos para el final del partido y acabaron sin competir. Pocas opciones de estar en Tokio 2020

Japón (31º)

Mucho que progresar y poco tiempo para hacerlo. Los nipones perdieron todos sus partidos, algunos de forma escandalosa, y dejaron pocas notas para el optimismo, a excepción del NBA Hachimura. Será interesante comprobar el plan que hay de cara a la cita olímpica, si es que existe alguno.

Jordania (28º)

Consiguieron una histórica victoria ante Senegal en un partidazo de Dar Tucker. Básicamente eso es lo único reseñable de uno de los equipos más débiles de los presentes en China, y que debería tardar en volver a asomarse en una cita de primer nivel.

Lituania (9º)

De acuerdo, los echaron del Mundial en parte a un fallo arbitral ridículo, pero eso no debería servir como obstáculo para advertir que el nivel del baloncesto lituano sigue descendiendo inexorablemente desde hace años. Decepcionante torneo de Sabonis en su primera gran cita internacional con galones de jugador importante.

Montenegro (25º)

Vucevic en torneos FIBA es un jugador mucho mejor que el que solemos ver en la NBA, y el segundo hombre de mayor nivel es su suplente, lo cual es un serio problema. Poca brillantez y menos acierto, justo lo que no necesitaban en un grupo complicado.

Nigeria (17º)

Billete olímpico para un grupo que llegó con problemas extra deportivos a China y sale con una sonrisa. Brillante torneo del joven Josh Okogie, que será la gran referencia ofensiva en Tokio.

Nueva Zelanda (19º)

Lejos queda ya la edad dorada de los kiwis, sin embargo, siguen siendo un grupo de guerreros al que hay que matar mil veces. Estuvieron a centímetros de dar la sorpresa del torneo dejando a Grecia fuera en la primera fase, en uno de los mejores partidos de toda la primera fase.

Polonia (8º)

Una de las sensaciones del torneo, si no por juego, sí por resultado. El equipo polaco mostró un gran sentido del juego colectivo y alcanzó unos sorprendentes cuartos de final con un equipo sin apenas individualidades. El objetivo (complicado) será refrendar la hazaña llegando a los Juegos.

Puerto Rico (15º)

Talento e irregularidad. Puerto Rico cumplió llegando a segunda fase, el máximo que por nivel podían alcanzar. Estupenda actuación de David Huertas, un anotador que ha alcanzado el punto más alto de su carrera a los 32 años. Sería interesante ver que papel asume en un equipo europeo.

República Checa (6º)

La gran sorpresa. Los de Tomas Satoranski se cargaron en su camino a Turquí y Grecia, alcanzado un histórico sexto puesto. Atentos a este equipo si sigue su progresión y logran añadir a Jan Vesely a la plantilla, tienen capacidad de dar un susto en los cruces de un gran torneo.

República Dominicana (16º)

La gran pregunta del torneo. ¿Hasta dónde podría llegar los del Ché Guevara Dominicana con sus NBA en pista? Quizás- o quizás no- lo comprobemos en el torneo PreOlímpico del próximo verano. Por lo pronto, alcanzaron de forma brillante la segunda fase, muro natural para sus limitaciones en el juego interior.

Rusia (12º)

Salvaron los muebles llegando a la segunda fase, que viendo el nivel mostrado, no está nada mal. La travesía por el desierto del baloncesto ruso se antoja todavía muy larga, sin que la nueva generación haya dado un paso adelante… ni parezca que lo vaya a dar.

Senegal (30º)

Otra de esas selecciones que por nivel, jamás debería pisar nada parecido a una competición que se llame Copa del Mundo. Relleno.

Serbia (5º)

En Serbia iba todo bien… hasta que se cruzaron con España. Arrasaron en la primera fase, pero el sistema de dos interiores grandes se estrelló a la hora de la verdad. Djordjevic, muy señalado, dejará de ser seleccionador de un equipo al que se le intuyen serios problemas de carácter y competitividad en los momentos claves.

Túnez (20º)

Al menos sacaron billete para el Preolímpico, premio de consolación para el que quizás sea el equipo más sólido del continente africano. Su falta de talento exterior les penaliza demasiado en torneos de primer nivel.

Turquía (22º)

De estar a punto de tocar la gloria con cuatro tiros libres fallados ante Estados Unidos, a volverse a casa tras caer con la República Checa en un partido depresivo. Turquía ha resultado una de las grandes perdedoras de este mundial. Tocará revolución si no hay billete a Tokio.

Venezuela (14º)

Aceptable papel de la vino tinto, a la que le faltó un poco más de suerte en la segunda fase. Tienen calidad y sobre todo un estilo. Notable torneo del interior Michael Carrera, otro jugador al que sería interesante volver a tener por Europa de nuevo.

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Costa a costa

A las puertas de lo imposible

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Publicado

el

Luiggi García

El 22 de junio de 2017, el CB Prat anunció la contratación de Arturo Álvarez como entrenador principal. Un técnico con experiencia incluso en Brasil y Portugal que llegaba con una gran temporada en Araberri bajo el brazo. Ese 22 de junio, aunque nadie lo podría suponer, cambió la historia reciente de un club con 86 años a sus espaldas y que ha llegado en este curso a su cénit deportivo.

Esta era la cuarta temporada consecutiva del equipo en LEB Oro, una competición exigente con un gran nivel de jugadores ilustres como Jordi Trias, Dani Rodríguez, Ricardo Úriz o Nacho Martín, junto a jóvenes promesas que esperan un trampolín para alcanzar la ACB. Hasta la fecha, el mejor resultado obtenido por el conjunto potablava (nombre de un ave muy común en el Prat) había sido un decimotercer puesto, logrado el pasado curso todavía bajo el paraguas de una estrecha colaboración con el Joventut de Badalona, una colaboración que este año se puso en stand-by con miras a retomarla en un futuro cercano. La realidad de la entidad, con el presupuesto más bajo de la competición, era luchar por salvar la categoría, como lo ha venido haciendo desde que consumaron el ascenso en 2014, pero Arturo ha catapultado al equipo a un nivel jamás visto que les ha situado en el foco del baloncesto español y a estar a un paso de disputar la gran final por el ascenso a la mejor competición europea de clubes.

Dentro de unos parámetros muy marcados y unas pretensiones muy ajustadas, el técnico asturiano, junto a la directiva, confeccionó una plantilla de nivel con una mezcla entre jugadores jóvenes y veteranos que ha resultado decisiva. Al proyecto se unieron nombres del calibre de: Josep Pérez, Marc Blanch, Emanuel Cate y Martynas Andriuskevicius, ya con experiencia en España o jugadores que aterrizaban aquí por primera vez como: Alex Campbell, Marlon Johnson y Caleb Agada. El inicio de curso fue fulgurante y aúpo al equipo catalán a la primera plaza con once victorias en los primeros doce encuentros.

A medida que la temporada avanzaba y el objetivo de mantener la categoría ya parecía encaminado, era cuestión de batir récords. A mediados de enero el equipo ya había superado los 13 triunfos cosechados en la 16/17, justo antes de quedar apeados, solo por el basket average, de disputar la Copa Princesa, que enfrentó casualmente a los dos equipos que han logrado el ascenso: Breogán y Manresa. En vistas que los playoffs eran un hito alcanzable, el club se reforzó en miras de un crecimiento inesperado con Saúl Blanco y Pep Ortega, que cumplía su tercera etapa en el equipo.

La temporada regular acabó con 25 victorias y solo 9 derrotas, doce más que la anterior y un segundo puesto histórico que les otorgaba el factor cancha a favor en todas las eliminatorias por el ascenso. “Es algo irrepetible”, se escuchaba entre los aficionados que acudían al pabellón Joan Busquets a animar a su equipo. Una cancha, que con una capacidad cercana a las 600 personas, era la más pequeña de la categoría. Desde su humilde morada, el equipo liderado en la cancha por Agada y Cate, dos jugadores que veremos en categorías superiores muy pronto, se impuso 3-0 a Carramimbre Valladolid y compraba así su ticket para semifinales.

Allí esperaba todo un portentoso Melilla Baloncesto, uno de los equipos históricos de la LEB Oro que disputaba su sexta semifinal con Mamadou Samb, Diego Kapelan, Fran Guerra o Dani Rodríguez en sus filas. Tras ganar cada uno un partido en casa y a domicilio, el decisivo encuentro se iba a disputar en un Busquets que prácticamente doblaba su aforo permitido, registrando la mejor entrada de su historia por encima de las 800 personas. Caprichoso el destino, el partido iba a decidirse en los últimos segundos a favor de un Melilla que fue perdiendo durante más de 39 minutos, pero que tuvo la suerte y experiencia necesaria para darle la vuelta al marcador y apear del sueño a un Prat que había obrado por encima de sus expectativas.

Pese a quedar a las puertas de disputar la final por el ascenso a ACB, las posibilidades eran remotas. “No tenemos ninguna opción de jugar en ACB, es imposible. Si acabamos subiendo, renunciaremos”. Declaraba el presidente del club, Arseni Conde, cuando todavía se estaban disputando las semifinales al Diari Ara. Para la temporada que viene, el club deberá volver a reinventarse una vez despertados del sueño. Arturo Álvarez ya ha hecho oficial que no seguirá en el club, en parte debido a un presupuesto que debe ajustarse más si cabe tras el esfuerzo presente. Además, muchos de los jugadores importantes cuentan con ofertas muy superiores tras brillar en un Prat que ha escrito una de las páginas más bonitas del baloncesto español este año.

“Hay que hacer un paréntesis en la historia del club para valorar este año”, decía Arturo en su última rueda de prensa. Una historia que ha llevado a jugadores como: Guillem Vives, Pau Ribas, Henk Norel o Christian Eyenga, a defender los colores del CB Prat gracias a un vínculo con la Penya que empezó en 2004. Curiosidades del baloncesto, ha sido el año de la desvinculación cuando el proyecto ha tocado techo para ahora quedar en un futuro incierto, donde al menos ya se han ganado el respeto de toda la competición y donde ahora los aficionados esperan poder seguir celebrando victorias hasta que algún día, quien sabe, puedan derrumbar la barrera imposible de jugar en ACB.

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